Tainí

En el bosque junto al río Isabela hay un árbol excepcional. No mucha gente sabe de su existencia y los que lo conocen no visitan el lugar con frecuencia.

El árbol es una ceiba, robusta y callada. Para abarcar su tronco deben unir manos y brazos unas nueve personas. Tiene ramas que se alejan horizontalmente del tronco unos 40 pies.

Esta ceiba se llama Tainí pues pertenece a un tiempo antiguo cuando, como ahora los ríos, todas las ceibas tenían su nombre.

Tainí vive casi al borde del agua, de hecho ayuda con sus formidables raíces a sostener esa orilla que el río socava en sus periódicas crecidas.

Tainí, a pesar de su edad, es asiento de muchas otras vidas que hacen hábitat en su fronda: plantas parásitas, aves, insectos, batracios…

Estoy sentado sobre la yerba al amparo de Tainí, viendo pasar las garzas por el río. En la otra orilla, no tan lejos, se ve el ramaje de Pairiní, otra ceiba.

 

 

Zumban y pican

numerosos mosquitos.

Atardecer.