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HAIGA 11

“Si pudiéramos percibir todo lo que hay ahí,

reventaríamos”. (Pintor japonés)

En todo aprendizaje, entendido como un proceso individual, los logros obtenidos no se miden solamente con el resultado. El proceso de producción adquiere un valor fundamental para el desarrollo personal. En el caso de una obra sumie, no importa tanto el cuadro acabado como el proceso que se llevó a cabo para cumplimentar el trabajo. Un cuadro muy bello puede ser colgado o guardado, sin embargo el bagaje aprendido en su elaboración, está en el interior del pintor y pasa a formar parte de su ser.

Una pintura refleja solo el producto final o una parte del proceso que llevó adelante el artista. El aprendizaje de las técnicas y los conocimientos se van adquiriendo con el tiempo y especialmente es un proceso de crecimiento hacia afuera y hacia adentro.

En ese sentido uno podría decir que de la misma manera que existe un haiku do, también se podría hablar de un sumie do. Es un camino que permite entrar en el mundo, de tomar de conciencia, de estar atentos, de crecer pata transformar, para sentir más.

En la naturaleza la energía fluye, nos envuelve y atraviesa. Desde el interior de cada uno, a través del pincel, esa energía fluye y va dejando su huella en el papel.   Y también deja huella en un papel el haijin que registra los instantes, ese “notario mal pagado de la existencia”.         En ambos casos, el pintor y el haijin no hablan de sí mismos sino de lo que han tenido el privilegio de presenciar. Dejan plasmado un instante del que han sido testigos; estuvieron ahí y dan cuenta de ello. Nos acercan esas relaciones entre los elementos que son invisibles ante nuestra mirada, salvo que se conviertan en sus obras.

¡Cuánto perderíamos si los haijines no dieran a conocer sus haiku! No es su objetivo al escribirlos, pero sí casi una obligación compartirlos una vez acabado.         En este camino de crecimiento interior, de haijin, de pintor de sumie, se trata de captar la esencia dinámica de la realidad y poder cambiar con lo que cambia. Como dice Vicente Haya, el yo es un portero que bloquea la entrada para que el mundo no pueda entrar. Se encierra en sí mismo y no deja entrar lo sagrado del mundo. Es necesario transformarse, dejar de ser un espectador para ser parte del mundo sin ser protagonista. La idea no es eliminar el yo, sino expandirlo.

Si alguien con la mirada puesta en una obra haiga es capaz de percibir una parte de la esencia y se deja atravesar por ella, es que se ha logrado el objetivo. Ese instante captado en el papel, ahora está en el interior de quien lo pintó y de quien lo miró.

 

Haiga 10

Nihonga es el nombre que recibe la pintura tradicional japonesa en general. Su traducción más literal es “pintura al estilo japonés”. Según los materiales, especialmente las tintas y pigmentos que se empleen, existen distintas técnicas japonesas con características propias.

La utilización del sumi (tinta negra) no es exclusividad del sumie. Tambíen se utiliza para pintar obras Suibokuga y Tarashikomi. La diferencia entre el sumie y el Suibokuga radica específicamente en la cantidad de agua. Mientras el primero se pinta sobre el washi seco (papel absorbente de arroz) la técnica Suibokuga se ejecuta sobre el washi previamente humedecido o sea húmedo sobre húmedo, obteniendo así efectos más atmosféricos, más esfumados; aguados y sutiles. El Tarashikomi se realiza sobre washi encolado o cocido no permitiendo una absorción plena, por eso se puede regular la mancha a partir de la cantidad de agua. Otro soporte también utilizado es el papel de algodón (300 gramos aprox, el mismo que se usa para acuarela). Esta técnica se ejecuta colocando el agua previamente sobre el papel en el sector a pintar. Luego se vierte sobre ella la tinta en pequeñas gotas y con el pincel se va llevando el sumi al sector que se desee, dando más o menos intensidad dependiendo del sumi. Si bien el Tarashikomi cambia el soporte respecto al Sumie y Suibokuga, las tres técnicas utilizan el sumi, la tinta negra como único color.Si en vez de utilizar el sumi se utiliza el color que brindan las pinturas gansai, que son acuarelas japonesas un poco más densas que las acuarelas comunes y menos que las témperas, encontramos dos técnicas posibles. Por un lado las obras Saibokuga y por otro las Kohitsuga. Las primeras se pintan sobre washi con las mismas pinceladas que se emplean en el sumie pero con color. Las Kohitsuga utilizan como soporte el mismo papel que el Tarashikomi, pero en este caso la particularidad es el uso de dos pinceles simultáneos. Con uno se coloca la tinta y con el otro, que solo tiene agua, se va esfumando el color para obtener más transparencia. Se pinta capa sobre capa pudiendo superar las treinta. En este caso puede dibujarse el motivo previamente y admite retoques. Por tal razón se la conoce como “pintura detalle”.Cuando ambas técnicas, Saibokuga y Kohitsuga se ejecutan con pigmentos naturales, polvo de piedras preciosas o concha de ostra molidas, o polen de algunas flores; se les denomina Nihonga. Como su nombre es igual a las pinturas en general, se han generado algunas confusiones en las técnicas y sus nombres.

Por último están las obras Yoga, “pinturas al estilo occidental” que ilustran temáticas japonesas pintadas con óleos y acrílicos. Sin embargo por no respetar las características compositivas de la pintura oriental y sí poseer muchas características de la pintura occidental, se las reconoce fácilmente. Uno de los puntos más notorios es el lienzo totalmente pintado sin respetar los vacíos tan característicos.

Ahora bien, independientemente de los pigmentos y las técnicas, hay un factor fundamental que hace que a simple vista una obra se reconozca como oriental. Sería lo equivalente a saborear el haimi en un haiku que no está presente en otras expresiones.

La sugerencia, los vacíos / lo no dicho, lo incompleto, la ausencia del yo son algunos de los aspectos que dan constitución a la pintura tradicional japonesa, y también al haiku.

Pintor de rosas.

Las flores no son difíciles

y las hojas peliagudas.

Shiki

 

Haiga 9

Los principios energéticos yin y yang que en Japón corresponde a onmyō 陰陽 (in – yō) son dos conceptos del taoísmo que se refieren a la dualidad existente en el universo. La pintura sumi-e proveniente de China trajo consigo estos principio fundantes.

Ellos nos hablan del permanente fluir, de que nada es estático. La existencia de estas dos fuerzas opuestas pero complementarias son esenciales en el universo. El yin (陰 in) representa lo femenino, la pasividad, la luna, la tierra entre otras cosas y el yang (陽 yō) se relaciona con lo masculino, lo activo, el cielo, etc. Siempre complementándose uno con otro. Nada es total ni definitivamente IN ni nada lo es Yō. Como ejemplo para representar lo dicho se pueden observar los elementos del pintor. El suzuri, el tintero construido con una dura piedra abrasiva, es Yō cuando la barra de sumi IN es frotada sobre él para obtener la tinta. Cuando agregamos agua al tintero, la barra que era IN pasa a ser Yō en relación al agua que es IN. Por lo tanto la barra de sumi es IN y también Yō . Hay un fluir permanente de estos dos principios energéticos.

La transmisión de la energía interna al papel se logra a través de la naturalidad de la modulación de la pincelada del trazo, que es una de las características más destacable de la Pintura Oriental, debiendo ser expresivo y vital.

El estilo de Pintura Contemplativa trata de captar la síntesis de la naturaleza y a través de la contemplación encontrar el medio de sentirse uno mismo, descubriendo lo externo y expresando la vida interior en un lenguaje plástico. Su objetivo es la integración del hombre como un elemento más del universo, como medio de expresión de los valores naturales y espirituales.

El haiku do también busca la integración del hombre, persigue como fin entrar en el mundo, sentirse parte de él, estar y ser en él. Es una expresión básicamente relacional, da cuenta de esas vinculaciones existentes entre los seres.

En este camino, el del haiku y el de la práctica del sumie, no se trata de representar o simbolizar a la realidad. Ella misma es la naturaleza, es el ki (energía vital que la anima).

En la pintura japonesa la inmediatez, la espiritualidad, plenitud, creatividad es la vida misma que está aquí y ahora, lo que llamaríamos “el sentido místico del pintor”.

En una obra haiga el haiku se complementa con la pintura haciendo referencia a la alternancia de los Principios del IN (Yin) y del Yō (Yang) siendo necesario el reconocimiento de las características distintivas de la simplicidad, naturalidad y el vacío como parte integrante y armonioso del universo que nos rodea.

 

Haiga 8

En la pintura oriental, el Vacío está presente de una forma notoriamente clara, expresado por medio del espacio no pintado. Éste es un elemento constitutivo de la obra, no es la mera falta de pintura. Este Vacío se complementa equilibradamente con lo pintado, relacionando de esta manera lo visible con lo invisible.

Tal vez sea ese espacio no pintado una de las características más visibles en una obra sumie. Más allá de las temáticas representadas, a simple vista se percibe la blancura de los fondos y la ausencia de multiplicidad de imágenes. La simpleza y la sencillez de unos pocos trazos realizados con el negro-gris le dan esa impronta tan sabi wabi.

Si se observan las obras orientales de sumie, podrán notarse que hay un desplazamiento fuera del centro del papel de los motivos pintados. Este lugar central, total o parcialmente se le otorga al vacío ya que es la fuente desde donde surge la creación de la obra, el lugar por donde fluye el KI, la energía.

Los elementos pintados, por su parte se ubicarán en posiciones más laterales, incluso de manera incompleta y asimétrica. De esa manera el ojo observador irá recorriendo toda la obra fluyendo dinámicamente con la energía entre los elementos plasmados en el papel. El vacío es además el continente de la obra.

De la misma manera ocurre con el haiku, el Vacío se expresa en el silencio, está presente en lo no dicho, pero esa presencia silenciosa es una presencia dinámica. El haiku surge del silencio y las palabras de un haiku dicen mucho menos que el silencio que las rodea.

A diferencia de otro tipo de poemas en el que el lector es “espectador – receptor” de la construcción del poeta, en el haiku hay una invitación al lector a participar. El haiku con su silencio evoca, moviliza, sugiere, coloca al lector en presencia de lo invisible y éste, por su parte, siente y complementa haciendo visible lo invisible.

No debemos caer en la tentación de pensar que el haiku es una especie de adivinanza que el autor le juega al lector, ni que lo no dicho sea algo expresamente omitido para generar una especie de ola de misterio transformando el haiku en un indescifrable.

Lo no dicho es inherente al momento haiku, no es algo que el haijin deliberadamente omite para hacerlo más interesante o misterioso. El haijin es el que debe ser capaz de percibir en el aquí y ahora, en el instante haiku, ese misterio que encierra el suceso en sí mismo y que tan solo se muestra ante él para darlo a conocer tal como lo ha percibido.

 

 

 

 

Haiga 7

From old China, «The Four Gentlemen» is a term used to refer to four specific subjects (orchid, bamboo, plum blossom, chrysanthemum) which are traditonally some of the first subjects the student learns.

“Pintar fantasmas es fácil” es el nombre de un cuento tradicional chino. Se dice que pertenece a Han Fei Zi. Aquí su relato:

         Fei Ling era un artista que pintaba para el príncipe Zhao. El palacio estaba cerca de los montes Taijang y Wangwu en la China.

         Cierta vez el príncipe Zhao le preguntó a Fei Ling cuáles eran las cosas más difíciles de pintar. El pintor, sin dudarlo un instante le respondió:

-Lo más complicado es pintar perros, caballos y cosas semejantes.

         Luego de escuchar y meditar su respuesta, el príncipe le preguntó cuáles eran entonces las más fáciles.

-Las más fáciles son los monstruos y fantasmas – le aseguró Fei Lin.

         Asombrado por su respuesta, Zhao quiso saber a qué se debía tal facilidad y tal dificultad. El artista entonces se explayó:

-Todos conocemos a los perros y a los caballos y los vemos todos los días; pero es difícil pintarlos como son. Por eso son temas complicados. Pero los fantasmas y los monstruos no tienen forma precisa y nadie los ha visto nunca, por eso es fácil hacerlo.          “Pintarlos como son”, eso es lo difícil, dice Fei Ling en el cuento y también quienes se le animan a la pintura sumie. Tan difícil como lo es escribir un haiku plasmando la realidad, tal y como aparece ante nosotros.

Sintetizar en un par de pinceladas la esencia de lo se quiere pintar implica realizar un proceso de despojamiento para poder representar con unas líneas y unas manchas aquello que deseamos plasmar.

En palabras de Cristina Ishikawa: “se debe pensar en qué es lo que se ha de pintar, es necesario poder llegar a sentirse eso mismo que se va a pintar. Es decir, hay una transformación del sujeto al objeto a ser pintado; uno es lo que va a pintar, si va a hacer un bambú, tiene que ser y sentirse bambú.” 

Este proceso de síntesis no difiere demasiado del que se realiza cuando se seleccionan los elementos que aparecerán en el haiku. De todo lo que constituye el momento en el que se percibe el aware, solo algunos estarán presentes en el texto. La elección de cada una de las palabras y la combinación entre ellas será la clave para lograr que el haiku transmita el aware a quien lo lea o escuche.

Esta brevedad está presente tanto en un sumie como en el haiku. Por esa razón habrá que elegir cada una de las pinceladas/ palabras para que el que se encuentre frente a un sumie/haiku pueda percibir lo que percibió el pintor/haijin.

La economía de las pinceladas del sumie se asemeja a la economía de palabras de un haiku. Nada de más, nada que agregar. Menos es más en estos casos.

         Todo haiga, aunque el mismo sea un complemento entre sumie y haiku, deberá contar con las mismas características que ambos poseen por separado: brevedad y síntesis.

El trabajo de eliminar lo superfluo y plasmar la esencia de las cosas, tanto al realizar un sumie como al construir un haiku, conduce al autor a un proceso similar en su interior; por esa razón, al terminar ya no será el mismo que era antes de comenzar.

 

 

Haiga 6

       From old China, «The Four Gentlemen»

is a term used to refer to four specific subjects

(orchid, bamboo, plum blossom, chrysanthemum)

which are traditonally some of the first subjects

the student learns

 

Shikunshi es un término utilizado para referirse a cuatro temas tradicionales y característicos de la pintura oriental. En castellano se les denomina “Los cuatro caballeros”.

 

KIKU, el crisantemo

UME, el ciruelo en flor

RAN, la orquídea silvestre

TAKE, el bambú

 

Esta comparación se remonta a muchos siglos atrás, cuando los “señores” o “caballeros” eran ejemplos a seguir. En ellos se plasmaba la forma de pensar, los rasgos de carácter deseables y las cualidades de los hombres y mujeres.

Cada uno representa una de las cuatro estaciones y a su vez cuatro rasgos de personalidad. Ellos poseen características particulares que son identificadas con cada estación, como si fuesen los kigos de un haiku.

El crisantemo (kiku) refiere al otoño. En él está representado la modestia y la lealtad.   Su lema dice: «Desafiante de las heladas y triunfante en el otoño» Esta flor simboliza la robustez ya que florece en el aire frío de otoño y predice la llegada del invierno. Se asocian a las plantas fragantes con altos ideales morales de comportamiento.

Ante el crisantemo blanco

las tijeras

dudan un instante

                     BUSON

 

La flor del ciruelo (ume) expresa el resurgimiento y la continuidad de la vida. Representa al invierno. Los troncos retorcidos y rugosos muestran una apariencia de dureza, en especial a principios de la estación más fría, sin embargo dentro de sí tiene la suavidad, el misterio y la belleza; la promesa de la primavera. El ciruelo florece en cada invierno aún bajo las heladas. Simboliza la esperanza y la resistencia, la fuerza, y la integridad.

viejo ciruelo:

flor a flor se va haciendo

todo más cálido

                          RANSETSU

 

La orquídea (Ran) representa la primavera. Es considerada la madre de la pintura Sumie. La orquídea silvestre crece en lo que se considera la inspiración de la mayoría de los lugares, donde la montaña se reúne con el agua o cuando se reúne al in y el yôu (principios energéticos yin /yang). La orquídea está en la puerta de entrada de la primavera invitando a todos a sumarse a la celebración de la vida. Es símbolo de las virtudes femeninas.

En néctar de orquídeas

la mariposa

perfuma sus alas.

                   BASHO

 

El bambú representa el verano y es el tema más pintado en Oriente. Representa la fuerza y las virtudes de los hombres, lo que refleja un sentido de equilibrio perfecto. Cuando se encuentra en posición vertical representa la integridad debido a su fortaleza. A su vez, en las tormentas y fuertes vientos, la enorme flexibilidad le permite adaptarse sin siquiera quebrarse. Es el «Perfecto señor» con muchas cualidades admirables. El centro de la planta de bambú es hueco, lo que sugiere la humildad.   El bambú representa la simplicidad de la vida y un espíritu humilde.   Se le atribuye el carácter de integridad moral, la modestia, la lealtad y la capacidad de sobreponernos a las adversidades sin perder nuestra integridad individual.

Primer chubasco –

Cualquiera sabe dónde está el bambú

al alba.

                CHIYO

 

Cada tema, cada uno de ellos, se centra en una técnica diferente del uso del pincel y establece las bases de las pinceladas que luego el pintor usará para plasmar cualquiera de los motivos de su obra sobre el papel.

Haiga 5

Hemos escuchado muchas veces la frase: “tanto o más difícil que escribir un haiku es saber leerlo”, y seguramente damos fe que es así. Saborear un haiku requiere de un proceso que va más allá del impacto inicial. Queda resonando en nuestro interior y vamos completando lo sugerido, lo que no está dicho. Aparecen nuestros propios sentidos al servicio del haiku. Muchas veces el aware no nos llega hasta descubrirlo en el interior de sus versos. Un proceso que el lector realiza minuciosamente, paladeando cada palabra.

         Algo similar ocurre con la pintura oriental tradicional, aquella que también sugiere y no nos muestra todo. La que nos hace estar presentes en la obra, la que también completamos como espectadores y nos hace transformar en co-autores de la misma pintura.

En el libro “101 CUENTOS CLÁSICOS DE LA CHINA” Recopilación de Chang Shiru y Ramiro Calle, hay uno en particular que da cuenta de esto que hoy quisiera compartir:

El emperador de la Dinastía Song decretó un concurso nacional a fin de seleccionar a los mejores pintores para la Academia Imperial de Bellas Artes. El mismo monarca escribió un verso para que los concursantes crearan su obra bajo ese título. El verso decía:

 «Un templo antiguo en la profundidad de las montañas.»

          Miles de pintores participaron en el concurso, desarrollando su imaginación para interpretar el verso del emperador. Algunos de ellos dibujaron un templo antiguo en la falda de la montaña. Otros dibujaron un bosque del que se destacaba parte del tejado de una construcción antigua. Había quienes pintaron los muros rojos de los templos sobre un fondo de montañas, etc.

          Aunque el estilo pictórico marcaba dos tendencias fundamentales: la detallista y la esencial, en las obras presentadas al concurso se apreciaban dos denominadores comunes: el templo y las montañas.

          Después de las primeras selecciones, quedaban cien pinturas para el final del concurso nacional. El mismo emperador formó parte del jurado. Los organizadores enseñaban uno a uno los cuadros al tribunal, a fin de obtener sus calificaciones. Al emperador no le llamaron la atención ninguna de las obras que le enseñaron, porque no le gustaba la expresión pictórica demasiado directa y realista. Dijo:

-La reproducción gráfica de un templo entre las montañas aminora el sentido poético del título y empobrece la imaginación y la espiritualidad del  verso.-

          Cuando iba a retirarse desanimado, los cortesanos abrieron una pintura muy original: Allí no se veía ningún templo ni nada por el estilo. Sólo había un viejo monje que cargaba dos cubos de agua con un palanquín caminando por entre un bosque silencioso. El emperador se quedó mirando este cuadro con sorpresa y gran satisfacción. Al cabo de un buen rato, exclamó:

– ¡Magnifico! Este es el que más me gusta. No se ve ningún templo, pero te parece que está cerca. Lo antiguo del monasterio está en la edad del monje. Ni hay montañas, pero el bosque lo evoca. Aparentemente falta una relación entre la pintura y el verso, pero el lenguaje alegórico del pintor invita a desarrollar nuestra imaginación, pensando en ese templo antiguo y las montañas que no se ven en el cuadro. Si el verso da una imagen del templo entre las montañas, la pintura sugiere un ambiente poético nada común.

          Los demás miembros del jurado manifestaron su sincera conformidad con el criterio del emperador, eligiendo por unanimidad al autor de esta original obra como el primer ganador de este concurso.

         Dice el emperador: “Aparentemente falta una relación”, y no, no falta. Son precisamente esas relaciones invisibles las que forman parte de la obra, parte del haiga y parte del haiku. De eso se trata.

 

Haiga 4

Son muchos los poetas de haiku que acompañaban algunos de sus poemas con una imagen. Éstas podían complementar o simplemente ilustrarlos. A estos dibujos, como ya hemos visto, se les conoce como Haiga (俳画), “pinturas de Haiku” y surgieron durante el período Edo (1600-1868).

 

 

 

 

 

Haiga de Yosa Buson

Un lugar destacado lo tiene Yosa Buson por ser uno de los grandes maestros del haiku quien previamente se había destacado como pintor. No hay mucha información detallada de su vida, sin embargo contamos con los datos suficientes como para contextualizarlo. Vivió entre 1716 y 1783.

         Comenzó llamándose Taniguchi. En realidad ese era su apellido y Buson era el nombre de pila (en Japón se antepone el apellido al nombre). Como pintor firmaba sus obras como Chootoo, Shain y Shunsei. Como haijin llegó a firmar sus poemas bajo los nombres: Saichoo, Keisoo, Shikoan y Yahantei. Recién a sus 28 años adoptó el nombre que lo trascendió: Yosa Buson.

 

Como destacado pintor, sus pinceladas con gran destreza y dinamismo sumados a su percepción y manera de estar en el mundo, le permitió generar obras que se distinguen de entre otros. La mirada de Buson, previamente pintor a poeta, se manifiesta en haiku como estos:

遠山に夕日一すじ時雨哉

Tôyama ni yûhi hitosuji shigure kana

 

En una montaña lejana

un trazo de luz de atardecer

Lluvia repentina de invierno

                                                                       Buson

Traducción: Keiko Kawabe

 

En su calidad de haijin y pintor, Buson expresa maravillosamente en el haiku esa luz de la tarde; se perciben cada uno de los colores aunque lo pinte con sumi o escriba con kanjis. Desde lejos, esa pincelada de luz de atardecer nos conmueve porque aún la nieve deja de ser blanca con la puesta del sol. Ese “trazo de luz” tiene la fuerza de cambiarle el color a la nieve, a la montaña incluso le otorga tonalidad al frío.

 

Línea de gansos en vuelo

al pie de la colina

la luna puesta por sello

 

Esa comparación interna entre la luna y el sello da cuenta de su faceta de pintor. Las obras orientales incluyen la firma y el sello de su autor. Ese sello tiene un lugar especial, no se coloca en forma arbitraria.

Estos sellos son parte compositiva de la obra, por esa razón el lugar que ocupa no debe descompensar el equilibrio dinámico de la imagen. Cuando Buson coloca la luna por sello, sabe muy bien lo que dice. Esa mirada de pintor está en él.

El sello rojo característico, representa el nombre del autor de la obra. Generalmente es tallado en piedra o madera con kanjis antiguos. Cuando un discípulo adquiere la técnica y su maestro lo considera oportuno, le otorga un nombre artístico con el que firmará y sellará sus obras. Hay otros sellos que también pueden acompañar, como el sello familiar, por ejemplo. Las obras antiguas de gran calidad tienen varios, adquiriendo con ello prestigio. Cada galerista puede aportar el suyo.

         Si bien las obras pictóricas cuentan con algunos de ellos, un haiga no suele tener más que uno. Esto es acorde al valor espontáneo y despojado que constituye un haiga.

Según las encuestas sobre los grandes poetas y pintores de la historia de Japón, Buson fue considerado el segundo maestro de haiku, luego de Basho. sin embargo al momento de comparar sus haiga, Busón sin dudas ocupa el primer lugar.

“Con un ojo en el haiku, otro en la pintura y el corazón en ambos”.

HAIGA 3. CON EL MISMO PINCEL

El haiku se caracteriza por su brevedad, por la simpleza de sus palabras, por transmitir un sentimiento auténtico y profundo. La pintura que lo acompañe en la construcción del haiga deberá también contar con esas características.

En la pintura oriental, el Vacío está presente de una forma notoriamente clara, expresado por medio del espacio no pintado. Éste es un elemento constitutivo de la obra, no es la mera falta de pintura. Este Vacío se complementa equilibradamente con lo pintado, relacionando de esta manera lo visible con lo invisible.

De la misma manera ocurre con el haiku, el Vacío se expresa en el silencio, está presente en lo no dicho, pero esa presencia silenciosa es una presencia dinámica. El haiku surge del silencio y las palabras de un haiku dicen mucho menos que el silencio que las rodea.

A diferencia de otro tipo de poemas en el que el lector es “espectador” de la construcción del poeta, en el haiku hay una invitación al lector a participar. El haiku con su silencio evoca, moviliza, sugiere, coloca al lector en presencia de lo invisible y éste, por su parte, siente y complementa haciendo visible lo invisible.

La pintura que acompañe al haiku o viceversa, también deberá contar con esa invitación para que el observador y lector, ambos en este caso, sean también protagonistas del momento, del aware que transmite el haiga.

Nihonga es una palabra que puede traducirse como pintura japonesa. En la actualidad también se utiliza para denominar a una técnica de pintura que utiliza para su implementación, pigmentos que se obtienen puliendo minerales y piedras preciosas. Debido al alto costo esta técnica es bastante exclusiva.

Cada uno de los creadores de haiga tenía su propio estilo respondiendo los distintos tipos de Nihonga. En su mayoría respondían a escuelas, cada una con sus características. Escuela Nanga o Bunjinga, Escuela Kano y Escuela Tosa como las principalales.

Durante el período Edo la escuela Nanga tuvo gran aceptación, en parte porque a muchos artistas se les consideraba letrados o intelectuales. Tenían puesta la mirada en China y representaban generalmente paisajes. El nombre de nanga es la abreviación de nanshūga, referido a las escuelas de pinturas chinas del Sur. Utilizaban la tinta negra y ocasionalmente un toque de color. Este tipo de pintura era más utilizado para un estilo poético que aún tenía identidad china.

         La escuela Kanō ya fue una escuela con identidad más japonesa que se practicó desde el siglo XV hasta el XIX abarcando los períodos Muromachi y Edo. Esta escuela también usaba el negro y sus matices. Los famosos biombos y grandes paneles que separaban los ambientes de los castillos son de ese período. Este tipo de pintura está más ligada a los poemas waka o tanka.

Para acompañar los haiku, lo más común era el tipo de pintura zenga. Compatían con el haiku más de una característica: era real, simple, despojada y espontánea.

La Escuela Tosa  abarcó los períodos Muromachi (13331573),  Momoyama (15731615) y Edo (16151868). Se caracterizaba por la luz, los colores vivos y brillantes, las líneas simples y  geométricas.  Fue fundada oficialmente por Tosa Mitsunobu. Primero se dedicó a temáticas épicas pero, finalmente en los últimos tiempos incluyó  aves y flores.

También los grabados Ukiyo-e (grabados en madera) fueron soporte para los haiga.

Pese a la gran difusión y popularidad que alcanzó el haiku en esos períodos, solo algunos haijines se lanzaron a producir haiga.

HAIGA 2. CON EL MISMO PINCEL

Con el mismo pincel que los kanji se trazan en el papel, aparecen las distintas pinceladas que configurarán las imágenes para un haiga.

Sumi-e y suibokuga son las técnicas más utilizadas para acompañar un haiku ya que sus trazos simples, tanto lineales como manchas, tienen las características adecuadas para acompañarlos. Ambas técnicas utilizan la tinta negra como único color, permitiendo la síntesis y la sugerencia. La diferencia entre el “sumi-e” que significa pintura con tinta negra y la técnica “suibokuga” no es el color, sino la cantidad de agua. Un suibokuga se pinta húmedo sobre húmedo o sea que requiere de una hoja humedecida previamente.

Cada obra puede tener distintas pinceladas. Pueden ser trazos lineales, de contorno; estos reciben el nombre “sembio”. Se realizan con el “fude”, pincel de punta cónica con pelos naturales y mango de bambú. Éste se utiliza en posición vertical para asegurar una línea delgada independientemente del tamaño del pincel. Se usa para delimitar los contornos y crear un dibujo lineal. Puede combinarse con otros trazos diferentes.

También hay pinceladas de manchas en degradé monocromas. A éstas se las llama pinceladas “mokkotsu”. En este caso el pincel se apoya sobre el papel en forma oblicua para que la mancha tenga el tamaño deseado de acuerdo al largo de los pelos del pincel.

Para lograr el degradé característico de las pinceladas mokkotsu”, se debe preparar una tinta aguada, denominada “media tinta”. Al pincel mojado con agua sin exceso, se lo moja aproximadamente tres cuartos del largo del pelo con la media tinta. Por último en la punta se lo carga con la tinta negra sin diluir. Al apoyar en forma oblicua el pincel y deslizarlo sobre el papel, se obtiene una pincelada que va desde el blanco hasta el negro intenso pasando por los distintos matices de gris.

Si ésta misma técnica se realizara con color ya no se denominaría sumi-e. Recordemos que “sumi” significa tinta negra. Tampoco es correcto llamarlo “sumicolor” ya que en sí mismo es algo contadictorio. En este caso el nombre es “saibokuga” o sea pinceladas sembio y mokkotsu aplicadas con color.

Hay otro tipo de pinceladas como la “pincelada de hacha” que se realiza con el pincel casi seco, apenas entintado. Se pinta dando pequeños y suaves golpes que se deslizan en el papel generando rugosidad y asperezas. Estas pinceladas suelen utilizarse para dar textura a troncos, ramas, piedras, montañas, etc.

Kohitsuga es otra técnica de pintura pero en este caso de detalle. Se pinta con dos pinceles en la misma mano. Uno se carga con agua y otro con tinta. Se coloca el color e inmediatamente se esfuma con agua. Ese efecto se va realizando superponiendo capa sobre capa. El pelaje y las plumas se pintan uno a uno con sumo detalle utilizando un pincel delgado también cónico. Este tipo de pintura es poco frecuente en los haiga debido a la falta de sugerencia y síntesis además de perder la espontaneidad. Lo mismo sucede con la técnica Tarashikomi que requiere de bastante agua y el papel de arroz no es el más adecuado para estas obras.