Magnolias. Un tejido ecopoético

Flores de magnolia:

Kobushi, Shimokuren, Hoonoki, Yoloxochitl

 

Del tamaño del corazón humano

son las flores de magnolia

¿será que mi corazón florece?

 

A finales de mayo

florecían las magnolias
en Tsukuba, pero todavía
vimos los troncos desnudos
de los kobushi del monte Hokkyō

 

Las magnolias, Magnoliaceae,
forman una red de nombres
genealogías, tribus, parientes
en América y Asia

 

También cruzaron el estrecho mar

 

Magnolia, Mokuren
en caracteres kanji se escribe
木蓮

“árbol de lotos”

 

Lotos del bodhi
que emerge del corazón

 

Magnolia, Yoloxochitl
en la lengua nahuatl es

“flor que es como el corazón”

 

Cosmos en movimiento
que emerge del corazón

 

Busco en mis recuerdos
los hilos que tejo

La que llaman kobushi
viene después del ume
y antes de los cerezos
efímero es el florecer
del árbol de lotos blancos

La que llaman shimokuren
es color violeta
y la vi florecer
en la casa del poeta
de Yakushima

La que llaman hoonoki
¡qué grande es!
y ahora florece
en Ichinoya

La que llaman yoloxochitl
la vi esculpida
en la piedra mexica
y la vi florecer
en Chapultepec
La probé
en dulce bebida
de maíz y cacao
que llamaba el tianguero
Xochiquetzal

Yoloxochitl (M. grandiflora, M.mexicana)

Kobushi (M. kobus)

Shimokuren (M. liliflora)

Hoonoki (M.obovata)

 

Magnolia, flor de la Virgen de Guadalupe

Flor de Tonantzin

“mezcladas con cáscaras de cacáoatl
fortalecen el corazón
y el estómago”

Escribió el doctor Francisco Hernández
en la época de la colonia

“Son estas flores de dos maneras
unas que se llaman tlacaiolloxochitl,
son grandes y muy hermosas,
úsanlas los señores
y gente de arte:
hay otras que llaman
itzcuiniolloxochitl
que como está dicho
es muy medicinal
y la beben también
en cacao, que le da
muy buen sabor”

 

Dijeron los antiguos mexicas
a Fray Bernarnido de Sahagún
quien lo asentó en el Códice Florentino

 

Ah, yoloxochitl
en la receta del atole
en la medicina
y en el poema,

habrías de estar
en la lotería

 

“Tehuatzin, Yoloxochitl
no tonalxochitzin
no chalchihuitzin
no quetzalxochitzin
cualtzin chalchihuitl:

¡Xiseli no xochitzihuan
xiseli no cuicatzitzin!”

“A ti, Yoloxochitl
flor de mi alma,
pequeña flor de jade,
joya preciosa,
verde maravilloso

¡Te entrego mis flores,
te entrego mis cantos!”

Ha escrito el poeta Natalio Hernández
y ya pronto
comenzará el taller
de conciencia ecológica de Andrés

 

Entonces comprendo
en la ecología del corazón
todo se conecta
porque está en todo
y cada quien
hace su trabajo
pues quien vive sus días
no tiene aflicciones
en su corazón

 

Magnolia, árbol de loto:

 

木蓮

見葉初疑柿

看花又是蓮

可憐無定相

不落兩頭邊

 

“Por el brote de sus hojas dirías que es un árbol caqui,
pero al ver sus flores, pensarías que es un loto.

Su inconstancia es asombrosa.
No caiga en ninguno de los géneros.”

 

Escribió el monje Hyesim
del antiguo reino de Goryeo

 

Tú que pones en un canasto
las flores
encontrarás estos versos:

 

花籠に皆蕾なる辛夷かな

Hanakago ni mina tsubomi naru kobushi kana

Para el cesto de flores
todos son capullos
Flores del kobushi

 

En el haiku de Shiki

Magnolia, flores muy antiguas
polinizadas por escarabajos
medicina tradicional
que se llama kōboku 厚朴 en la medicina de raíz china
su corteza sirve para la barriga y el espíritu
compuestos: polifenoles, honokiol, antioxidantes
Magnolia, tus grandes hojas envuelven las comidas
también en Nagano

 

Hablando con el poeta
esto escribo
pues desde mi humilde ermita
me dedico a enlazar

los mundos
con estas flores

Porque se ha hecho fuerte
mi corazón
y porque así
son las cuentas floridas
del quipu verde.

Hanabatake, 9 de junio, 2020.

 

Kobushi en Ichinoya, marzo de 2020

 

Hoonoki en Ichinoya, mayo de 2020

 

* tianguero, mexicanismo que significa la persona que vende sus productos en el mercado ambulante o tianguis.

 

Bibliografía de las obras citadas:

Francisco Hernándezc. CAPITULO XVIII En Obras completas de Francisco Hernández. Universidad Nacional Autónoma de México. http://www.franciscohernandez.unam.mx/tomos/03_TOMO/tomo003_11/tomo003_011_018.html

Fray Bernardino de Sahagún. Historia General de las Cosas de la Nueva España, Volumen 3. Imprenta del ciudadano Alejandro Valdés, Ciudad de México, 1830.

Natalio Hernández. Xopantla xochimeh, flores de primavera. Fundación Cultural Macuixochitl A.C. Ciudad de México, 2012.

Hyesim “Siete poemas del monje desnudo. Poesía budista Seon del monje Hyesim” traducción de José Gabriel Dávila en Revista Otro Paramo (Colombia) http://www.otroparamo.com/web/articulo.php?ed=63&ar=517&fbclid=IwAR0GAWdGFPUfuXr_jzbgq0GaSxjPxDyxGgIOeFznoFQrRI7ul-cREEYdCaQ

Masaoka Shiki “Kobushi 辛夷” en Kigosai Saijiki 『きごさい歳時記』(Japón)

http://kigosai.sub.jp/?s=%E8%BE%9B%E5%A4%B7&x=0&y=0

Haiku 16

捨やらで柳さしけり雨のひま

Suteyarade yanagi sashikeri ame no hima

Planto las ramas del sauce

que guardé,

después de la lluvia.

 

Buson, de camino a casa, tenía una rama de sauce en la mano y parece plantarla en el suelo.

El profesor Shimizu (en Buson zenshu) considera que se trata de unas ramas del sauce dispuestas en un jarrón: aprovechando el receso de la lluvia, Buson sale al campo y planta en la tierra las raíces sobre la tierra húmeda.

[sute, del verbo suteru: tirar, arrojar, desechar, abandonar, con “de” se transforma en acción negativa –no tirar-, es decir, conservar, guardar], けり[keri: indica la continuación de un verbo en pasado (no tirar) con otro en presente (plantar); permite cerrar el ciclo de la acción], [ame: lluvia. Se trata de un kanji muy visual (al principio eran más simples y cercanos al concepto “pictograma”: incorpora cuatro “gotas de agua”], ひま [hima: libre, es decir, el tiempo entre uno y otro suceso, en este caso el “tiempo sin lluvia”, cuando escampa].

Buson también presentó una variante de este poema, cambiando el último verso:

 

捨やらで柳さしけり雨の音

suteyarade yanagi sashikeri ame no oto

Planto la rama de sauce

que guardé;

el sonido de la lluvia.

 

El carácter sagrado, ancestral del agua y su sonido es una constante en la mentalidad japonesa.

UNA MELODÍA EN DESCOMPOSICIÓN

A veces nos olvidamos de qué somos realmente. Es entonces cuando nos sentimos pletóricos o indignos de nosotros. Nos avocamos así a sobrevivir en los extremos de la existencia, en aquellos lugares o parámetros con los que nos han enseñado a etiquetar todo cuanto existe a nuestro alrededor: blanco, negro, felicidad, tristeza, éxito, fracaso… El consabido paso que se ejecuta a continuación solo posee dos posibles alternativas: aferrar o rechazar, en función del extremo que estemos pululando. Necesitamos sacarle el mayor provecho a nuestra existencia.
Y es que, a veces, nos olvidamos de qué somos realmente. Porque, sacarle el mayor provecho a nuestra existencia significa que aún no lo tiene; que aún no se lo hemos otorgado; y que siempre habrá algo más que tengamos que hacer para poder alcanzar nuestra “mejor meta”… Siempre será el momento de hacer “algo por algo”: “algo para salir de esto” o “algo para seguir como hasta ahora” o “algo para mejorar eso”. Jamás se nos pasará por la mente que merezca la pena contemplar qué ocurre a nuestro alrededor, sin más, siendo un testigo agradecido en medio de un prodigio: cómo nacen las flores del jazmín o cómo las hormigas se alimentan del cuerpo de una abeja muerta… Esas cosas, claramente, nos estorbarían en nuestros esfuerzos por alcanzar nuestros propósitos. Justamente, porque aún no somos lo que tenemos que ser…

Otras veces, no nos olvidamos de qué somos realmente.

No tengo dinero, no tengo cosas, 
No tengo dientes…
Estoy completamente solo1

¿Acaso el dinero que poseemos ahora se quedará con nosotros? ¿Acaso las cosas que protegemos no se desgastarán? ¿Acaso nuestro cuerpo no irá mermando sus facultades? ¿Hasta dónde, hasta cuándo queremos que nuestras “cosas” y nuestros “logros” persistan? ¿Por qué correr tras ellos como locos? ¿Por qué nos hemos de sentir vacíos sin ellos? Tan sólo deberíamos de sentir con el corazón esta melodía que se está descomponiendo.
Deberíamos sentarnos, “completamente solos”, sin miedo de convivir con nosotros mismos y lo que somos, y comenzar a apreciar verdaderamente este conjunto del que formamos parte: sin olvidar un solo instante qué somos realmente. Somos Todo lo que existe, porque Todo lo que existe es Una misma cosa: Existencia, Energía,

Buda, Dios… No importa el nombre que le queramos dar… ¿Acaso hay algo “fuera” de este Universo?¿Algo que no sea ya este Universo?

El Tao que puede ser expresado
no es el verdadero Tao.
El nombre que se le puede dar 
no es su verdadero nombre.
Sin nombre, es el principio del universo; 
y con nombre, es la madre de todas las cosas2.

Entre otras notas, que flotan en esta brisa, nos estamos descomponiendo: ¿qué alcanzar?

¿Esperar qué?
Día a día se amontonan 
las hojas caídas3

Estas pocas palabras han sido escritas pensando en esos momentos en los que olvidamos qué somos, realmente. Quizás, en ese instante, podamos sentir un haiku.

Para el beneficio y la felicidad de todos mis amigos de “El Rincón del Haiku”.

Viento.

 

1 SANTÔKA, Taneda, en “Soledad del hombre”, en El monje desnudo. 100 haikus , Miraguano Ediciones. Libro de los Malos Tiempos, edición y tra-ducción de Vicente Haya, Akiko Yamada y José Manuel Martín Portales, p. 35.
2 Lao Tse, Tao Te King .
3 SANTÔKA, Taneda, en “Las hojas caídas”, en Idem , p. 63.

INTERCAMBIOS Y RELACIONES ENTRE ASIA Y EUROPA E INFLUENCIA EN LA TRANSFORMACIÓN DEL HAIKU.

El pino vive cien años,
el suave viento de la montaña solo un día.
Pero ambos cumplen su destino
(Poema Zen, anónimo).

Este artículo pretende continuar con la presentación de la evolución del haiku, así como su conocimiento y estudio en el momento en que Occidente y Japón establecieron sus primeros contactos en época de la Restauración Meiji (“gobierno de las luces o gobierno ilustrado”).
En la segunda mitad del S. XIX fue cuando los escritores japoneses sintieron inquietud por experimentar con estilos y motivos tomados de Occidente; de este modo, comienzan por familiarizarse con diferentes estéticas como la del realismo ruso, la poesía inglesa del S. XIX y especialmente Shakespeare, Cervantes…; fue en este momento, en el que Yosano Tekkan[1] comienza a defender la occidentalización del haiku y apoya la subjetividad de la voz poética, así como la expresión individualista, alejándose de este modo de voces interpersonales.
Masaoka Shiki por su parte, también apoya los cambios en la escritura del haiku y propugna en él, un realismo de corte occidental; de este modo la obra del haijin pasaba a ser una pintura de las cosas. Por lo tanto, requería de una lectura más mimética en la cual, el texto se encontraba total o parcialmente desprovisto de referentes externos y, era a través de la lengua y lo expresado con ella como se lograba esclarecer semejanzas inmateriales. De ahí, proviene el prolífico uso de las onomatopeyas en los haikus japoneses donde el lenguaje pasa a adquirir matices imitativos por encima de los simbólicos. En ocasiones, este haiku modernizado también podía carecer del kire y el kireji.

Comiendo kaki
replicó la campana
templo Hōryūji

Shiki

Muu, muu, muu…,
Muge la vaca, y sale
de entre la niebla.
Issa

A su vez, Taneda Santōka (1882-1940) y Ozaki Hōsai (1885-1926) muestran una consideración moderna de la naturaleza, en su poesía el individuo establece una contienda por la autosuperación y la sinceridad de espíritu.

Mojada hasta los huesos…
la piedra que señala
el camino.
Santōka

Mientras más me adentro…
más me adentro…
verdes montañas.
Santōka

En la penumbra de un pozo
reconozco mi cara.
Hōsai

Pero, a finales del S.XIX y a principios del S.XX, las corrientes de vanguardia japonesas encabezadas por el poeta Tekkan vuelven la vista nuevamente a la tradición, tanto oriental como occidental; aunque aclarando que no pueden “cavar campos ya cultivados” y, dejan de publicar en la revista literaria Myōjō [2] adaptaciones de géneros literarios occidentales para pasar a actualizar los géneros y las formas clásicos como el haiku.
El arte y en este caso el haiku, ha sido siempre un puente entre culturas, Mientras los japoneses se occidentalizaban y usaban vestimentas ajenas a sus costumbres ancestrales, adoptaban el verso libre y surgían las vanguardias; los occidentales exploraban la renovación de las formas y el pensamiento mirando hacia los enfoques artísticos orientales.
Resumiendo lo planteado, cabe destacar que a principios del S. XX sucederá una reversión de la corriente intercultural y la estética asiático-japonesa ejercerá una mayor influencia en occidente y no viceversa.

[1] Yosano fue discípulo de Ochiai Naobumi, y un destacado miembro fundador de la sociedad Asaka.
En 1900, Yosano fundó la revista literaria Myojo fue discípulo de Ochiai Naobumi.
[2] Myojo ( 明星Myojo ) era una revista mensual literaria publicada en Japón entre febrero de 1900 y noviembre de 1908. El
nombre Myojo significaba“estrella de la mañana”. La revista fue inmediatamente popular entre los poetas jóvenes que
compartieron el entusiasmo de Yosano por revitalizar el waka a través de la poesía de tanka.

 

BIBLIOGRAFÍA
– Arevalos, M. (1998). Fernando Ortiz: La Historia en una perspectiva transcultural. Cuadernos de literatura, Vol. 4, no. 7-8, 9, 146-155.
– Barthes, Roland; Adolfo García Ortega, (traduccíon e introducción). (1991). El imperio de los signos. Madrid. Mondadori.
– Bermejo, J. M. (2009). Instantes. Nueva antología del haiku japonés. Madrid: Hiperión.
– Blyth, R. H. (1968): A History of Haiku. Tokyo: Hokuseido, vol, I.
– Brower, G. L. (1968): «Brief note. The Japanese haiku in Hispanic Poetry». En: Monumenta Nipponica, XI–XII, 1-2.
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– Haya, V. (2002). El corazón del haiku. La expresión de lo sagrado. Madrid. Mandala Ediciones.
– Haya, Vicente 4). El espacio interior del haiku. Barcelona, Shinden Ediciones
– Haya, V, Yamada, Akiko. (2007). Haiku-dô. El haiku como camino espiritual Madrid. Kairós.
– Haya, V. (2008). Haiku Tsumami-Gokoro 150 haikus inmortales. Barcelona. Shinden.
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– Watanabe, J. (1997). Path Through the Canefield. (DeLomellini, C.A., Tipton, D.Trads.) Edinburgh: White Adder Press.

Poética del haiku (I). Palabra, conciencia, existencia.

Como apunté al final de la anterior entrega, voy a intentar una aproximación general a lo que yo entiendo que podría ser una poética del haiku, desde el punto de vista de la conciencia de la pregunta que vengo exponiendo. La sencilla palabra que allí se dice posee para mí un doble alcance: por un lado, tiene que ver con la salida del relato (desde la perspectiva del haijín), y por otro con la salida de la facticidad (desde la perspectiva de la naturaleza-existencia). En esta entrega de junio voy a centrarme en este segundo aspecto, e intentaré abordar en la próxima qué significa la salida del relato y qué implicaciones tiene para el hombre y su historia.

Debo subrayar, antes de todo, que la experiencia poética que aquí estoy defendiendo, como capacidad de la conciencia para asumir la pregunta como pregunta, ha de generar un pensamiento poético del que carecemos, que sería la verdadera herramienta para construir una crítica global de la racionalidad de la supervivencia y, más allá de eso, recolocar al hombre de cara a un horizonte de sentido completamente diferente del establecido. Estos breves apuntes no pueden pretender algo tan ambicioso. Solo está en mi mano apuntar algunos principios que considero básicos. Es obvio que tal pensamiento poético (un pensar desde el no saber), no puede establecerse como una reflexión racional de la experiencia poética o un estudio científico de la obra resultante (que es lo que hace la tradición cultural en la que nos encontramos). Sería, más bien, un intento de la propia experiencia poética de la conciencia por dar cuenta de sí misma y, quizá en ese esfuerzo, mostrar otra forma de pensar, generar otra forma de enjuiciar lo que está pasando con el hombre, la vida, la naturaleza, la existencia, la Totalidad…, de manera que pudiéramos verdaderamente darnos cuenta de que estamos siendo reos de una interpretación, de que somos, nos movemos y existimos dentro de la interpretación racional, por muchos matices secundarios que esta tenga.

Desde mi punto de vista, si la experiencia poética de la conciencia no supone una alternativa radical a la interpretación racional de la realidad y la existencia, entonces carece de verdadera significación, no deja de ser un subproducto de la magna racionalidad omnipresente: acaso una experiencia de la subjetividad psicológica, un alegato de la sentimentalidad, una habilidad alcanzada tras la deriva simbólica del lenguaje, una artesanía que coloca de manera novedosa las piezas que el acervo va multiplicando sobre la mesa de la cultura… Pero he de señalar que el verdadero problema radica en que estamos inconscientemente convencidos de que no podemos vivir fuera de un relato, fuera de una interpretación, con lo que se supone que la hipotética posibilidad de alcanzar un pensamiento estrictamente poético lo que nos reportaría sería otra interpretación desde la que poder configurar nuestra experiencia de la vida. En rigor, lo que intento transmitir es que la experiencia poética no configura en sí misma ninguna interpretación, es precisamente la posibilidad de alcanzar una experiencia de la existencia no interpretable, radicalmente abierta, radicalmente enfrentada a cualquier interpretación: lo que he llamado la experiencia de la pregunta como pregunta.

No es posible, en efecto, crear un ‘relato’ alternativo de sentido para dar cuenta de la experiencia poética tal como la concibo. Solo es posible abundar en la pregunta como pregunta, es decir, desvincular la pregunta de todo discurso de sentido, desvincular la pregunta de toda estrategia de respuesta. Pero para hacer esto tendríamos que empezar por desactivar la lógica racional inherente a los ‘conceptos’ concretos que estamos manejando. Cuando hablo de ‘poética’, por ejemplo, no estoy refiriéndome a un hacer del haijín, a una creación personal del yo poético autor de una obra (el haiku). Ese es el planteamiento racionalista que desde el inicio de la filosofía viene orientando todas las poéticas que se han ido configurando a los largo de la historia. En próximas entregas intentaré referirme a algunas de esas poéticas (al menos la de Aristóteles, Kant, Heidegger y Zambrano) para poder comprobar hasta qué punto se encuentran en las antípodas de lo que estoy proponiendo. Cuando hablo de ‘poética’, por tanto, no estoy hablando de un quehacer creativo del poeta autor, de la forma de una obra y el particular modo en que queda ensamblada junto a otras obras en el acervo. ‘Poética’, como ya he dicho, es la manera precisa en que la conciencia se reconoce como estadio de la pregunta en el seno de la existencia. El surgimiento de la pregunta como pregunta es advertido en su particularidad con respecto al movimiento racional de la pregunta como respuesta. Cuando una pregunta nos abre a un horizonte de sentido solo transitable cuando permanece como pregunta, entonces estamos, a mi juicio, ante una experiencia ‘poética’ de la conciencia. Cuando una pregunta nos abre a un horizonte de respuesta, entonces estamos ante una experiencia de la racionalidad. La poética, por tanto, abre el horizonte, que como tal no orienta ni dirige, es pura posibilidad de transitar un no saber. Porque el no saber puede ser transitado. Puede serlo por la conciencia, no por la razón. La conciencia sí puede transitarlo como no saber. Y puede decir algo, un algo que no lleve al saber sino que profundice en la apertura, en el horizonte. Intuyo que la palabra del haiku es de este calibre. Y también lo es parte de la experiencia poética que se encuentra diseminada a lo largo de la historia, desde las más antiguas composiciones de los indios americanos a los poemas con los que muchos de nuestros contemporáneos se enfrentan a la dolorosa identidad que les impone la cultura; versos, en este caso, diluidos en la configuración general de la ‘obra’ creativa del yo-poético de la racionalidad, irreconocibles por la crítica especializada, auténtica policía del imperialismo racionalista, cuando no mera criada de los amos del comercio.

Poética’, por tanto, es para mí experiencia de la pregunta como pregunta. Y llamo ‘conciencia’ no a un saber especial sobre algo, sino al estadio en que aparece la pregunta como pregunta. Saber un no saber es lo que ‘sabe’ la conciencia. Y esto no tiene nada que ver con la antigua máxima socrática. La racionalidad dice “solo sé que no sé nada” en un gesto de honestidad, contra los engreídos y prepotentes, ante el inmenso camino que va hacía el pleno conocimiento de las cosas, hacia la respuesta como tal. Porque el camino de la respuesta, hacia la meta de la Verdad, es realmente arduo y apasionante. Pero la conciencia poética es otra cosa: el estadio de la existencia donde se ha alcanzado la pregunta como pregunta. Por tanto no es una cualidad del homo sapiens sapiens como especie animal, sino un estadio que se encuentra más allá de la determinación biológica. Lo que quiero decir es que la vida ha surgido en el proceso fáctico de la existencia material, y que la conciencia no pertenece ya a ese estadio de la existencia que llamamos vida, sino que supone un estadio diferente, completamente ‘sin sentido’ en el ámbito de los procesos fácticos que han llevado, por ejemplo, al hierro desde las estrellas hasta las células. No hay duda de que de la latencia a la energía, de la energía a la materia, y de la materia a la vida se han producido saltos cualitativos. Lo que intuyo es que de la vida a la conciencia se está produciendo un salto cualitativo aún de mayor calibre que los experimentados en el proceso de la existencia hasta ahora, porque este nuevo estadio ha aparecido como pura posibilidad, como horizonte abierto, es un estadio de extrañamiento radical. Podemos afirmar que no se ha producido de manera fáctica precisamente porque no responde a ningún desarrollo previsible de la supervivencia, porque no aparece en continuidad con la vida, porque, antes bien, parece colocar a la supervivencia en una delicada tesitura: si la supervivencia fuese la etapa culminante del desarrollo de la vida, tal estadio existencial quedaría automáticamente encerrado en sí mismo, porque el ciclo de la existencia fáctica habría llegado a su autoconocimiento pleno en eso que llamamos racionalidad. Pero la aparición de la conciencia no ratifica la supervivencia sino todo lo contrario. Por eso decimos que el desarrollo del estadio de la conciencia no se va a realizar fácticamente, sino que solo aparece como pura posibilidad, como extrañamiento radical en el orden de lo fáctico.

Es cierto que el extrañamiento que supone la aparición de la conciencia no pulula por el aire como un fantasma invisible, sino que está dentro del corazón humano, en su punzada más honda e indescifrable. Pero ha sido sistemáticamente racionalizado. Y la racionalidad no ha hecho sino lo que podía hacer: configurar respuestas. Y lo que ha conseguido es crear el sentido en lugar de pensar el sin sentido; en lugar de asumir la sospecha, fabricar una respuesta aparentemente diversificada: la metafísica, la filosofía, la ciencia, la religión, la espiritualidad… todas ellas basadas en la idea de que la salida de la vida ha de ser fáctica, como lo fue la entrada. Una salida hacia la Nada, hacia el Todo, hacia Dios, hacia el Ser… La conciencia, sin embargo, no puede concebir una salida fáctica de la vida. La respuesta de la racionalidad ha colocado la extrañeza a la altura de la racionalidad, la ha configurado a su manera, hasta lograr que quede insertada en el proceso fáctico global que está a su alcance proponer. Todo, Ser, Verdad, Dios, Bien, Espíritu, Nada… son las configuraciones de la respuesta que le es posible concebir a la racionalidad fáctica. Si la ‘experiencia poética’ no supone una alternativa radical a este planteamiento, entonces tal experiencia carece de significación. Pero insisto en que esa ‘alternativa’ solo podría transitarse desde el no saber, no es un camino hacia el conocimiento o hacia la Verdad.

Podemos intuir que en el desarrollo de la vida biológica ha surgido una extrañeza radical: la capacidad de preguntar por el sentido no tiene sentido dentro de lo fáctico. Lo que quiere decir que la capacidad de preguntar por el sentido de la existencia (latencia, energía, materia, vida) nos advierte de que el proceso fáctico desarrollado hasta aquí se ha visto drásticamente problematizado por la aparición de esta pregunta radical. La aparición de la pregunta como pregunta abre a un horizonte de posibilidad, pues si estuviéramos ante una pregunta como respuesta nos encontraríamos en un horizonte fáctico: la respuesta ya existiría en el germen de la pregunta, la pregunta solo sería una etapa del proceso de realización de la respuesta. Si lo que está planteando la conciencia es una pregunta como pregunta, entonces se ha producido un horizonte sin realización, un no saber, una pura posibilidad de transitar, y el desarrollo posible de lo existente a partir de aquí es absolutamente inconcebible, no hay referencias, no hay señales, no hay previsiones, no hay proyecto… La experiencia poética es la experiencia de la pregunta como pregunta. Y llamo estadio de la conciencia precisamente a este en el que hemos comenzado a tener la posibilidad de experiencia poética.

Podemos decir que el hombre es el momento de la existencia biológica donde se abre esta posibilidad. Podemos afirmar que esta posibilidad no pertenece al hombre como si constituyese un mérito de su capacidad biológica, sino que pertenece, insisto, al proceso de la existencia (latencia, energía, materia, vida), que parece estar inaugurando un estadio totalmente desconcertante que incumbe a lo existente como tal. Al ser la existencia, entonces, la que se muestra ahora como pregunta radical, esto nos indica que tal pregunta se está produciendo en el seno de la Totalidad. No puede darse un fenómeno de conciencia de la pregunta sin que la Totalidad quede radicalmente problematizada. Para la racionalidad, la Totalidad (que puede asumir muchos nombres, como hemos visto) es fáctica por definición. Solo esa facticidad garantiza su correlato racionalista. O dicho de otra forma: la racionalidad solo puede concebir una Totalidad fáctica, le dé el nombre que le dé. Si es concebible la pregunta como pregunta en el seno de la existencia, entonces es la propia Totalidad la que queda abierta a un proceso de identidad, por decirlo así, no fáctico.

Es posible que algún lector piense que estoy deambulando por los cerros de Úbeda. No es así. Si no concebimos la experiencia del haijín y la palabra del haiku en este contexto, entonces la tradición del haiku carece de significación ‘poética’, a mí entender. Pero he de aclarar de inmediato algo fundamental: ni la tradición del haiku está desprovista de innumerables significaciones culturales, espirituales, literarias, etc., ni yo estoy proponiendo una visión unívoca del fenómeno. Solo estoy proponiendo la posibilidad de pensar el haiku de otra manera: desde la conciencia y la pregunta. Y solo pretendo que esta modesta perspectiva alimente el debate y ensanche, si acaso, la posibilidad de una comprensión más global de lo que está sucediendo en el haijín, por más que su propia racionalidad cultural, literaria, filosófica, espiritual, estética o religiosa ya le hayan ofrecido los parámetros desde los que interpretar lo que está haciendo. Tampoco san Juan de la Cruz –lo he comentado en otras ocasiones– pudo interpretar los versos de su propio Cántico Espiritual sino con las herramientas de la teología tridentina que acababa de estudiar en la universidad de Salamanca.

Es muy importante entender que si bien, desde el punto de vista de la racionalidad cultural, el haiku es una tradición japonesa cuya génesis se encuentra vinculada a las culturas orientales de las que tal tradición se alimentó durante siglos, desde el punto de vista de la experiencia poética que aquí mantengo el haiku es un signo de la conciencia, una experiencia de la pregunta como pregunta, y que por tanto aunque ocupe un lugar eminente de la tradición nipona que ha llegado a nosotros por derroteros estrictamente culturales, desde el punto de vista de la conciencia que aquí mantengo la identidad del haiku no se encuentra en su pasado sino en su porvenir, no le viene de su manantial sino de su horizonte. El haiku todavía no ha alcanzado su verdadera dimensión, no ha llegado a su horizonte, por eso a nuestra aproximación ‘científica’ en torno a su historia y despliegue cultural, ha de sumarse una decidida indagación de los caminos que abre como experiencia de la conciencia. Y sería, a mi modo de ver, ciertamente frustrante que una de las experiencias más desnudamente poéticas, más evidentemente desconcertantes para la racionalidad, se quedase precisamente en el cajón de la racionalidad cultural.

El haiku es una de las más evidentes manifestaciones de la conciencia poética. Aunque el haijín, como hombre de su tiempo condicionado por la cultura dominante, pueda interpretar que está realizando una descripción de lo que está ahí en la naturaleza, lo que ‘poéticamente’ está sucediendo es otra cosa: es el propio haijín el que emana de aquello que está sucediendo, acaba de salir de allí, como si brotara del propio aparecer de lo que está dando testimonio. Por eso el haiku es un testimonio del nacimiento del haijín desde lo que acaba de suceder en la naturaleza. Volvamos al haiku de Bashô que nos viene sirviendo de ejemplo: “Un viejo estanque; / se zambulle una rana, / ruido de agua”. Desde la perspectiva poética que propongo, lo que hemos de entender es que junto al “ruido de agua” lo que aparece es el propio Bashô, lo que trae el ruido del agua es al propio Bashô. Bashô ‘aparece’ tras el ruido del agua, es el propio ruido, el propio acontecer de lo que ha acontecido, porque sin Bashô ese ruido habría quedado perdido en la fenomenología fáctica de la naturaleza, en el silencio de lo que no cambia. Por tanto, lo que ocurre en este haiku es Bashô mismo, una extraña identidad que no busca reconocimiento ‘literario’, que no busca autoafirmación personal, que no construye belleza ni ofrece información, ni nada por el estilo. La acción de Bashô, su acto de escritura, ese apunte mínimo en su cuadernillo, es en realidad la manifestación de que Bashô acaba de surgir desde el ruido del agua que ha provocado la rana al saltar sobre el viejo estanque. Y ese nacimiento es la conciencia, y yo llamo ‘experiencia poética’ a la que permite que nos demos cuenta de que estamos verdaderamente ante la conciencia y no ante un supuesto mecanismo racional de creatividad artística o cualquier otra intencionalidad subjetiva.

Lo que aparece en el haiku de Bashô no es el ruido del agua del estanque tras el salto de la rana, porque eso ya estaba allí y se había producido millones de veces a lo largo del desarrollo de la facticidad. La ‘novedad’ es Bashô mismo, la palabra, la conciencia. Que eso que estaba ahí ahora está en otro nivel, en otro estadio, ahora ha accedido a la palabra, a la conciencia. Esta realidad estrictamente ‘poética’ es anterior a cualquier otra consideración de lo que está sucediendo en el haiku, aunque suele quedar sepultada por la engreída racionalidad que le concede al ‘autor’ un protagonismo patético, aduciendo su capacidad artística, su categoría espiritual, su conocimiento de las artes tradicionales, etc. Abundantes baratijas al lado del sencillo y desconcertante hecho de que él es, sencillamente, la conciencia de lo existente, el momento en el que lo existente alcanza el estadio de conciencia.

Que el haiku manifieste de una manera tan radical y desnuda que la naturaleza-existencia ha alcanzado el estadio de la conciencia, es un hecho desconcertante de extraordinaria relevancia. ¿Qué necesidad tiene la naturaleza fáctica de alcanzar un estadio de conciencia? ¿Conocerse a sí misma? ¿Necesita acaso lo fáctico conocerse a sí mismo? ¿No es precisamente lo fáctico aquello que ya es como es y siempre será como será? ¿No da cuenta de ese modo de ‘ser’ la propia racionalidad? Un pensamiento poético sería aquel que intentase transitar por el horizonte abierto por esta perplejidad: que la conciencia no le pertenece al hombre (no es un saber sobre las cosas) sino que es el estadio en el que la existencia muestra un desfondamiento sin sentido en el orden de la facticidad. Porque la palabra del haiku es precisamente (desde el punto de vista de la experiencia poética que aquí mantengo), el momento de ruptura entre el origen fáctico y el horizonte abierto de lo existente. Para la racionalidad fáctica (como tendremos ocasión de comprobar en las distintas ‘poéticas’ que comentaremos más adelante), el horizonte es solo un despliegue del origen. En rigor, no hay horizonte. El círculo está cerrado desde siempre. El haiku del haijín se limita a reconocer y certificar esa facticidad. La experiencia poética, sin embargo, es la que está intuyendo una salida de lo fáctico, es decir, la que está intuyendo que el sentido de la existencia se encuentra en su horizonte, no en su origen. Y que ese horizonte no está determinado, y por eso no podemos ‘saber’ sobre él.

Si desde la perspectiva de la racionalidad la palabra del haiku queda encerrada en el relato de la existencia fáctica, traduce a lenguaje lo que ya es como es, desde el punto de vista ‘poético’ que aquí mantengo, la palabra del haiku significa que eso que estaba sucediendo en la existencia fáctica ha pasado a suceder en el estadio de la conciencia. Que la palabra acaba de emerger sin intencionalidad de nombrar, que la palabra se ha vuelto contralingüística, porque la palabra no designa un objeto, no nos dice lo que hay ahí, sino que manifiesta que lo que hay ahí ha pasado de ahí a la conciencia. A ese tránsito, a esa conmoción profunda que hace nacer el haiku, la tradición le llama ‘aware’. Desde la experiencia ‘poética’ el aware sería justamente el modo de experimentar el momento del ‘tránsito a la palabra’, un dolor de parto que surge en la propia naturaleza y que es sentido en el corazón del haijín. Esa especie de doloroso júbilo de la naturaleza por hacerse palabra es la conmoción propia del aware, aunque sea ‘lógico’ que la interpretación racionalista se quede en el aspecto sicosomático del fenómeno, y a partir de ahí valore su intensidad espiritual, su destreza literaria, etc., todo ello haciendo hincapié en la capacidad del haijín y olvidando por completo a la naturaleza, que permanece inmóvil y estática esperando que el haijín la contemple y diga lo que ve y oye. Este olvido de la naturaleza, este increíble protagonismo del haijín como autor, es muy propio de la racionalidad, incapaz de entender que la conciencia no pertenece al hombre sino que es un estadio de la existencia. Y ese protagonismo racionalista del haijín explica el devenir del haiku como forma literaria y su empaquetado en los comercios culturales de todo el mundo, y la desoladora evidencia de que tal vez estemos perdiendo, nuevamente, la oportunidad de salir del relato, a pesar de que muy pocas veces nos hayamos encontrado ante una manifestación tan cuestionadora.

Si el haijín es lo que sucede en el haiku, y no al contrario, entonces quizá debamos desmontar el papel no solo del ‘autor’, sino del hombre mismo. Parece que desde la conciencia poética el relato de la racionalidad superviviente pudiera encontrar una salida. Pero si la conciencia no puede ofrecer un relato de reemplazo, sabemos de antemano que la racionalidad la tachará de pura aporía. Ese horizonte carece de camino. Sea como fuere, intentaremos seguir hacia el no saber.

 

Junio 2020

CONSTRUIR

 En el paseo,

miró atrás y sonrió.

La primavera.

 DECONSTRUIR

Los que escribimos haikus en español tenemos la suerte de no precisar escribir los pronombres personales. En japonés antiguamente apenas se usaban; y todo el mundo entendía (aunque fuera sin “entender”) quién ejecutaba la acción verbal.

Para mi coleto, en este haiku, el sujeto de “mirar” y “sonreír” es “ella”, “una joven”. Es decir, pienso en una muchacha, consciente de su belleza, que, ante el estímulo que sea, gira la cabeza y sonríe adorablemente (aunque, oh, sea con la mascarilla puesta). Ahora bien, para quienquiera que lea estos versos, podría tratarse de otro sujeto verbal, un hombre, un anciano, un niño, qué sé yo.  Y estaría también muy bien así que así fuera.

Y es que la impersonalidad del haiku es, para mí, uno de los grandes tesoros de esta forma poética que tanto nos gusta a quienes nos acercamos a El Rincón del Haiku. También la naturaleza es impersonal, ¿verdad?

 La impersonalidad es un puente vaporoso uno  de cuyos finales está suspendido, en el aire. Y esto es cosa de maravilla. Pura magia de la poesía. La personalidad, por el contrario, el corsé del “tú”, “yo” y otros pronombres, me parece que limita la dimensión poética. En fin, cuestión de gustos, ¿verdad?

 La verdad es que esos versos me los inspiraron dos hermosos tankas sobre la primavera de la gran poetisa japonesa Akiko Yosano, una mujer valiente, que en 1901 revolucionó la poesía japonesa del tanka –creo que en mayor grado que hizo Masaoka Shiki con el haikai– con su libro Midaragemi (Cabello alborotado). Un apasionado himno a la belleza de la entrega amorosa y del cuerpo femenino. Un himno que antes, en Japón, simplemente no se llevaba.

 Los dos poemas de la gran Akiko los comenté recientemente en el curso online que esta extraña primavera del 2020 imparto, todos los martes por la tarde, en Casa Asia titulado “Escritoras japonesas del siglo XX y XXI”. Además tuvimos la fortuna de que  nos fueron leídos en la propia voz declamatoria de Akiko Yosano, gracias a la generosidad de una de las participantes al curso, Begoña Castro, que también los interpreta con su danza. En fin, los dos poemas en cuestión son estos:

 “«La primavera es corta,
¿Quieres sentir su eternidad˛», le dije,
Y, tomando sus manos,
Las hundí en mis pechos
Rebosantes de vida”.

 Y el otro:

 Pregunta al verso
Quién osa rechazar
El rojo de las flores.
¡Oh, qué encantadoras
las chicas pecando en primavera.

 

 De ambos ofrezco la versión original en El pájaro y la flor (Alianza, 2011).

En mi siguiente entrega de CONDES hablaré de las ideas de Akiko Yosano sobre poesía que publica en un ensayo de 1931 titulado “La mente de un poeta”.

 

Junio 2020

HAIBUN 05

Notas para un video clip

   Ir por la vida deslizándonos por entrecalles, cargándonos de cualquier aguacero, todos los aguaceros, sin guarecernos bajo portal o bajo alero, sin detenernos a esperar que cese el asalto de las aguas sobre avenidas y calzadas, dejando atrás a quienes sí esperan, guarecidos mal que bien, sin importarnos la piel, la ropa, el pelo ensopados, sacándonos los zapatos chorreantes de pisar cualquier charco, todos los charcos, atravesando esquinas y parques en inundación, duchándonos bajo desagües y bajo tejados, o a cielo abierto, cual chiquillada que revienta apenas irrumpe el asalto de las aguas.

Una perra comiendo

sobras en la esquina.

Llovió temprano.

 

   Chiquillada que fuéramos, que fuimos dentro de aguaceros, deslizándonos por entrecalles de la vida, ya reventando sin nadie más que saliera, que salga a ensoparse ni a chorrear.

Jaulas de pájaros

en la ventana enrejada.

Sol tras la lluvia.

 

   Sin ser más uno entre la chiquillada, el chiquillo que soy, el que seré o el que definitivamente dejaré de ser o habré dejado de ser, apenas cesó, apenas cese, apenas haya cesado el asalto de las aguas.

 

De lleno el sol

en las calles llovidas.

Volando un aura.

 

 

                                                                                          Lester Flores López

                                                                                          La Habana, Cuba

 

HAIBUN 6

En casa, por razones especiales, llevamos más días de lo que ha dado en llamarse ‘cuarentena’. El estar en casa, ¿encerrados? no nos resulta pesado para nada, estamos acostumbrados a estar acompañados por nuestra propia humanidad, en silencio, con apenas el murmullo, casi inaudible de la radio… Un pequeño lugar es un gran mundo con un sinfín de rincones, de sorpresas, de ‘traspieses’, con sus propias rutinas, con obligaciones, con ocio. Te relajas, higienizas y diviertes con tu ducha, tu espacio. Descartas sentir como una obligación el motivo de alimentarte, te relajas, desarrollas tu creatividad en la cocina y haces magia con lo mínimo que va quedando en la alacena, en la heladera…

 

aroman…

guisadas las lentejas

de hace dos años…

 

Caminas, limpias, descansas. Recorres las mismas baldosas con más frecuencia, eso es todo.

 

…se agotó la pila

del cuentapasos

 

Miras por la puerta, por la ventana, lo que el planeta cercano te ofrece. Escucha, quizás antes no habías reparado que en el barrio habitan benteveos que te cantan a su paso… El árbol del vecino va cambiando de color en estos días y tienes la fortuna de verlo día a día… La enredadera está cubriendo el tinglado y el viento de hoy ondula su verdor… En el zócalo, el montoncito de arenilla crece, por mucho que lo quites cada día. Ya ves, las hormigas siguen con su actividad aunque estés encerrado en casa. Tu mascota te mira extrañado por tus vacaciones que se hacen más largas que de costumbre, te mira con dulzura porque no tiene que verte cerrar la puerta y quedar con su silencio en espera de tu regreso. Por un momento imagina cuánto va a extrañar estos días, cuando vuelvas a la felicidad de tus rutinas…

 

tampoco sale el gato…

hasta dejarlo quieto…

muerde al gran grillo

 

Siempre hay un momento para todo, para todos… Hoy se les impone el mayor esfuerzo a quienes cuidan de nuestros huesos recubiertos de carne, que nos dan vida. No te quejes, siempre habrá oportunidad de ser solidario, sólo recuerda que estarás ahí para ofrecerla. Hoy hay mucha nube en este día de otoño y los mates matutinos han acompañado las primeras horas del domingo. Las noticias se repiten, las cifras suben y la incertidumbre quiere atraparme… Me levanto, sí, a recorrer las mismas baldosas…

 

Domingo de Ramos.

pocas sombras de sol

al mediodía . . .

 

Mirta Gili Gili (Argentina)