Archivo de la categoría: Bashou y los clásicos (Marcela Chandía)

Enero 2023

¡Akemashite omedetou gozaimasu! ¡Muy Feliz Año Nuevo! Estoy dichosa de estar con ustedes un año más gracias al maravilloso equipo de El Rincón del Haiku; hermosa comunidad que ha reunido a tantos y tantos a través de los años, y en diversos países, en torno al amor por esta magnífica contribución poética nipona que es el haiku. Este 2023 continuaré presentándoles mes a mes, siguiendo el paso de las estaciones, haikus de Matsuo Bashou, y las inspiraciones en diversas obras clásicas que tomó al componerlos.

Comenzaré con un bellísimo poema de Año Nuevo que nos permitirá reflexionar, como de seguro lo hizo el maestro hace siglos.

La primera referencia la encontramos en la sección 19 del Tsuredzure gusa de Kenkou Houshi, zuihitsu ―crónica autobiográfica ensayística― del año 1331. En ella, el autor habla sobre el paso de las estaciones y las características que reflejan la belleza de cada una, tanto las naturales como las humanas. Al final de esta sección llega al periodo que abarca el fin del año viejo y comienzo del nuevo:

“Y así, viendo el nuevo año amanecer en el cielo, te conmueve una sensación de absoluta novedad, a pesar de que el cielo no se ve diferente al de ayer. Es también conmovedora la visión de los pinos de año nuevo bellamente decorando las casas por toda la avenida principal.”

Este “pino de año nuevo” al que se refiere Kenkou, es el “kadomatsu” 門松, literalmente, el “pino de la puerta”, que hasta el día de hoy se utiliza como decoración de Año Nuevo, colocándose en las entradas de los hogares y también de las empresas, tiendas e instituciones públicas o privadas. Se consideran “shintai” 神体, o sea, hogares temporales para las deidades, ya que las celebraciones de Año Nuevo tienen como función principal recibir al “toshigami” 年神 o “dios del año” que traerá abundancia y bendiciones. Y es este objeto, hecho en la antigüedad, de ramas de pino y actualmente también de bambú, el que Bashou toma como una de las inspiraciones para su haiku.

門松やおもへば一夜三十年

kadomatsu ya omoheba ichiya sanjuu nen

el pino de la puerta, si lo pienso esta noche son treinta años

Por otra parte, “ichiya” 一夜 o “una noche”, hace referencia a una leyenda que figura en el Taiheiki, gunki o crónica guerrera del año 1364, sobre Sugawara no Michizane, poeta y estatista que tuvo gran influencia en el trabajo de Bashou. Allí se menciona cómo tras la muerte de Michizane, en una noche crecieron mil pinos en Ukon no Baba, Kitano, Kyoto. Uno de los tantos sucesos sobrenaturales que dice la leyenda, ocurrieron tras su muerte, la cual sucedió lejos de la capital, en Dazaifu, por hechos injustos, según refleja la historia, y que llevaron a deificar a Sugawara no Michizane como Tenjin, el dios de la sabiduría.

Bashou compuso este haiku en 1677, año en que, se dice, decidió convertirse en haijin profesional, a la edad de 34 años. Si consideramos el kadomatsu, que representa la festividad del cambio de año y la noche de la leyenda de Sugawara, se comprende que Bashou haya querido conmemorar su cambio de rumbo y la edad en la que lo estaba haciendo, con este haiku.

Y así como Bashou reflexiona sobre su vida pasada y futura, estoy segura de que todos lo hemos hecho en estos días. Quiero aprovechar de desearles a todos y cada uno de ustedes que este 2023 sea un año pleno, lleno de bendiciones, y agradecerles desde ya su compañía en este camino de aventuras de la mano de un gran viajero, Matsuo Bashou.

DICIEMBRE 2022

Llegamos al último mes del año y también al último artículo, en el que les traigo un haiku invernal, con una sensación de calma, paz y esperanza incluso. Perfecto, en mi opinión, para esta época.

Este haiku es un 画讃句 gasanku o poema escrito en una pintura, la que en este caso muestra un bosque de bambúes inmóviles, pues el bosque pacifica el caos del mundo exterior absorbiendo el viento glacial.

木枯やたけにかくれてしづまりぬ

kogarashi ya take ni kakurete shidzumarinu

viento invernal, escondido en el bambú se calma

El primer verso “木枯や, kogarashi ya: viento invernal” está inspirado en una frase del Sumiyoshi monogatari, texto de fines del período Heian (794-1185), considerado junto al Ochikubo monogatari uno de los primeros representantes del género monogatari o cuento ficticio, y que relata, al igual que ese, una historia tipo Cenicienta. Atormentada por las maquinaciones de su madrastra, la protagonista, Himejime, huye a refugiarse con la antigua acompañante de su fallecida madre ―quien es ahora una monja― al santuario de Sumiyoshi. Cuando tiempo después, el Shoushou, interés romántico de la protagonista, se entera de lo sucedido a través de un sueño y corre a buscarla, al llegar a Sumiyoshi oye a alguien que canta junto a un koto “en la playa de Sumiyoshi sopla el viento entre los pinos, y espera, siempre espera, por quien llega a esta playa, a la que nunca el hombre viene”, reconoce entonces la voz de Himejime y comprende que por fin ha encontrado a su amada.

El segundo verso “たけにかくれて, take ni kakurete: escondido en el bambú” hace referencia a los Siete Sabios del Bosque de Bambú, grupo de filósofos, poetas y músicos chinos del tercer siglo de nuestra era, varios de ellos relacionados con la escuela Qingtan de Taoísmo. Según la tradición, ellos querían escapar de las intrigas, la corrupción y las maniobras políticas de la vida en la corte durante el período de los Tres Reinos. Se reunían en un bosquecillo de bambú cerca del hogar de uno de ellos, Ji Kang, donde disfrutaban de la poesía, del elogio de sus obras y de la vida simple y rústica. Es interesante el contraste entre la imagen de este grupo de hombres divirtiéndose en el bosque de bambú, con el silencio y la calma de el del haiku.

En este poema Bashou utiliza personificación, y representa de forma tan precisa y completa la sensación de movimiento del viento y el paso del tiempo, que es perfectamente comprensible incluso sin la pintura a la que acompaña.

Y así terminamos un año más de haiku, literatura y los cambios en la naturaleza que nos traen las estaciones, y que nos acompañan en nuestro diario vivir. Gracias por acompañarme mes a mes en esta aventura en la cual vamos viajando a través de los siglos y los textos, de la mano del maestro Matsuo Bashou.

Les deseo a todos unas hermosas Fiestas de Fin de Año desde Santiago de Chile.

Noviembre 2022

Si bien en el hemisferio norte están recién entrando a otoño, según el calendario lunar, desde el décimo mes hasta el doceavo correspondía a invierno. Dado que era el calendario que se utilizaba en la época de Bashou, el haiku que les traigo para noviembre pertenece a esta estación.

Comencemos por el tanka en el cual se inspira Matsuo Bashou, y que pertenece a Gokyougoku Sesshou Saki no Daijou Daijin (su cargo en la Corte), quien vivió entre 1169 y 1206 y cuyo nombre era Fujiwara no Yoshitsune. Fue hijo del Consejero Jefe Kujou Kanesada y sobrino del monje poeta Jien. Estudió poesía con los grandes maestros de fines de la era Heian e inicios de Kamakura, Fujiwara no Toshinari y su hijo Sadaie. El emperador Go-Toba le encomendó que fuera uno de los compiladores del Shin Kokin Wakashuu, la octava antología imperial del año 1205.

El poema que sirve de inspiración al haiku que analizaremos este mes es uno de otoño, dado el uso de きりぎりす “kirigirisu” o “grillos”, en el cual el poeta expresa la tristeza de dormir sin la amada. Está compilado en el rollo 5 del Shin Kokin Wakashuu, que es el Segundo rollo de Otoño, con el número 518, y también en la antología privada del año 1235 compilada por Fujiwara no Sadaie Ogura Hyakunin Isshu con el número 91.

きりぎりす 鳴くや霜夜の さむしろに
衣かたしき ひとりかも寝む

kirigirisu     naku ya shimo yo no     samu shiro ni
koromo katashiki     hitori kamo nemu

los grillos     cantan y en la escarchada noche     sobre la fría estera abro la mitad de mi túnica      a solas dormiré

 

En los encuentros amorosos los amantes colocaban sus túnicas abiertas en el piso y se acostaban sobre ellas, por lo que la imagen de extender la mitad implica que se está durmiendo a solas. Este tanka, esencialmente romántico, es la base para el siguiente haiku:

霜を着て風を敷寝の捨子哉

shimo wo kite kaze wo shiki ne no sutego kana

vistiendo la escarcha y el viento como cobijas el niño abandonado

 

En él, Bashou cambia de estación a invierno, ya que el kigo es 霜 “shimo” o “escarcha”. También cambia el foco de una escena amorosa a la visión de un niño abandonado. Muchos estudiosos consideran este último cambio como una estrategia poética propia de la escuela Danrin, en la cual se toma un poema muy conocido y se contrasta con una imagen más cotidiana, por lo tanto, el niño en el caso de este haiku puede ser imaginario.

En otro haiku que Bashou incluye en su Nozarashi kikou, el cual compone en la presencia de un niño real: 猿を聞く人捨子に秋の風いかに “saru wo kiku hito sutego ni aki no kaze ika ni” “aquellos que escuchan a los monos ¿qué de este niño abandonado en el viento otoñal?”, se puede percibir una crítica más directa utilizando la famosa leyenda china y japonesa de que los viajeros lloraban al escuchar los gritos de los monos, contrastando esa actitud con la indiferencia frente a estos niños. También es importante considerar que en el período Edo (1603 – 1868) los niños abandonados eran un paisaje común dada la pobre economía del país.

Y así, viajando de texto en texto, de poema en poema, actividad ideal para los meses más fríos, me despido deseándoles un maravilloso noviembre desde un Santiago de Chile cada vez más primaveral.

Octubre 2022

Durante octubre, que es también mi mes de cumpleaños, llegan los poemas de fines de otoño al mundo del haiku. Y el de esta ocasión, como sucede a menudo en las escasas líneas que utiliza el haijin, es simple, con un toque de humor, tal vez, pero de una profundidad insospechada.

Para este haiku, Bashou se inspira en un zuihitsu ―género literario incomprendido en occidente, que yo defino como crónica autobiográfica ensayística― el Tsuredzure gusa de Kenko Houshi ―escrito entre el 1330 y el 1332― uno de los tres grandes zuihitsu junto al Makura no soushi de Sei Shonagon y el Houjouki de Kamo no Choumei. En esta obra que se compone de un prefacio y 243 pasajes, Kenko relata su vida como monje budista retirado en las montañas, junto con pensamientos sobre el budismo, la muerte y la impermanencia, aunque también incluye pasajes dedicados a la belleza de la naturaleza, o alguna anécdota jocosa.

Hoy nos centraremos en el pasaje 98, en el que habla sobre las lecciones que le dejó la lectura del Ichigon Houdan (Magníficos Pequeños Sermones), de inicios del siglo XIV. La segunda reflexión que menciona es: “Aquel con sus pensamientos fijos en el mundo por venir no debe poseer ni siquiera un pote de encurtir”; esto último se refiere a un pote de cerámica para almacenar vegetales preservados en salvado de arroz y sal. Y es este pote de pasta de salvado de arroz el que Bashou utiliza en este haiku que compuso a sus 48 años, en el templo Yoshinaka-dera.

秋の色ぬかみそつぼもなかりけり

aki no iro nukamiso tsubomu nakari keri

colores otoñales, ni un pote de pasta de salvado de arroz queda

Se dice que Bashou compuso este haiku mientras contemplaba un retrato de Kenko en Yoshinaka-dera. Queda a nuestra interpretación decidir si el significado que quiso expresar es una queja, dado que el final de la estación trae consigo escasez; si es una reflexión sobre la importancia de la frugalidad en un mundo materialista; o simplemente, un bello poema para una tarde otoñal.

Me despido deseándoles un excelente comienzo de estación, ya sea otoño o primavera dependiendo del lugar del mundo en que lean estas palabras, y que cada día les traiga un poema para confortar el alma. ¡Hasta el próximo mes!

Septiembre 2022

Entramos en septiembre al corazón del otoño, y nada más otoñal que imágenes de cultivos. Con el haiku de este mes, Bashou nos lleva no sólo al centro de esta estación, sino también, al centro de la literatura nipona, e incluso, del propio haiku como estilo poético.

Cuando hablamos del corazón de la literatura japonesa no podemos referirnos a otra cosa que no sea el Genji monogatari, escrito por Murasaki Shikibu en el año 1008 y considerada la primera novela del mundo. Por más vueltas que nos demos a través del tiempo y la historia, una y otra vez volvemos a ella, tal como lo hace Bashou en esta ocasión.

En el capítulo llamado “Utsusemi”, Genji continúa persiguiendo a la dama de este nombre, el cual significa “caparazón de cigarra”, quien se le resiste. Consigue una noche, gracias a la ayuda del pequeño hermano de la dama, entrar en los aposentos de ella, pero al estar oscuro se confunde y se acuesta junto a otra dama, Nokiba no Ogi (que significa “miscanto del alero”). Es en este episodio que Bashou basa hábilmente su haiku.

唐きびや軒端の荻のとりちがへ

toukibi ya nokiba no ogi no torichigae

mijo, en el borde del alero en vez de miscanto

El error del haiku se da porque las espigas de ambas plantas se parecen, pero en el fondo es un juego de palabras, ya que Bashou toma el nombre de la dama “equivocada” de la historia de Genji.

Y aquí encontramos el corazón del haiku. El nombre original de este estilo poético es 俳諧 haikai, y es el que se utilizó durante todo el período Edo (1603 – 1868), hasta que Shiki Masaoka lo cambia a 俳句 haiku a inicios del periodo Meiji (1868 – 1912). Si analizamos los kanjis de haikai俳諧 tenemos 俳: actor, divertirse, jugar, bromear; y 諧: armonizar. En haiku 俳句, el primer kanji es el mismo, y el segundo significa verso. Es decir, en ambas definiciones tenemos el concepto de “broma”, y, de hecho, es fácil encontrar como definición de haiku: “poema humorístico”. Pero el humor no consistía en tratar algo gracioso o risible. Una de las técnicas que introdujo el “haikai renga” 俳諧連歌, y que heredó el haiku, es la mezcla del lenguaje poético o “uta kotoba” 歌言葉 (季語 “kigo” en el haiku) con el 俳言 “haigon” o lenguaje coloquial, y era esta mixtura, no utilizada previamente en la poesía clásica, la que confería sorpresa o humor al poema. En Occidente a veces pecamos de serios cuando nos enfrentamos al haiku, queriendo ocultarlo tras un velo casi mítico o sobrenatural, olvidando que también podemos hallar en él diversión, la diversión de la incongruencia de una situación, pero también la de utilizar nuestras capacidades y conocimientos en su máximo potencial. Vean cómo el maestro de este estilo se da la maña de recordar un pasaje de la obra cumbre de la literatura clásica japonesa, el conocimiento de la flora, el uso lingüístico ―ya que 唐きび toukibi o mijo es kigo de otoño, específicamente de septiembre―, todo en 17 sílabas. ¿No es acaso digno de que sonriamos maravillados de tanta habilidad?

Y quiero despedirme así de ustedes este mes, dejándoles como mensaje la importancia de divertirnos, de encontrar una sonrisa en el mundo que observamos. ¡Qué tengan un maravilloso septiembre!

Agosto 2022

Les saludo este mes con un haiku cuya inspiración, a diferencia de otros que hemos visto, se encuentra en diversas obras.

En primer lugar, establezcamos el kigo, en este caso, 月 tsuki = luna, que pertenece a la estación de otoño. Según el calendario lunar que se utilizaba todavía en el tiempo de Bashou, el otoño iba desde el séptimo mes, hasta fines del noveno, lo que vendría siendo en nuestro calendario desde el 07 de agosto al 06 de noviembre. De hecho, la luna es uno de los kigo más representativos de esta estación, y podemos encontrar incontables haiku que lo utilizan. No por nada se da la celebración del Tsukimi o contemplación de la luna.

Veamos ahora el haiku, el cual encontramos compilado en la colección Zokuyamanoi, editada por Kitamura Koharu a inicios del período Edo:

影は天の下てる姫か月のかほ

kage wa ame no shitateru hime la tsuki no kao

luz del cielo ¿será Shitateru quién brilla? rostro de la luna

Este poema es una de las obras de juventud de Bashou, quien lo compuso a los 24 años. En el segundo verso se menciona a “shitateru hime” o la Princesa Shitateru, referencia que Bashou toma del Kanajo o “Prefacio en japonés” del Kokin Wakashuu (el Prefacio en chino se llama Manajo), primera antología imperial de poesía waka, compilada por Ki no Tsurayuki en el año 905.

Luego de explicar los fundamentos de lo que él, Tsurayuki, considera es la poesía japonesa, continúa con un párrafo en que da una suerte de historia en clave poética de cómo esta nació: “La poesía nació cuando los cielos y la tierra comenzaron a abrirse. Sin embargo, lo que fue transmitido al mundo comenzó con la Princesa Shitateru en los Cielos, y se originó de Susanoo no mikoto en la tierra.” Esta cita del Kokin Wakashuu debemos rastrearla hasta su origen en los mitos fundacionales de Japón en el Kojiki y el Nihon shoki. Allí se cuenta la leyenda de la Princesa Shitateru, hija del dios Ookuninushi no mikoto y esposa de la deidad Ame no wakahiko, quien es enviado a pacificar Ashihara. Cuando este es muerto por una flecha devuelta desde Takamanohara, el llanto de Shitateru alcanza el cielo y el padre de Ame no wakahiko desciende y construye un túmulo en su honor. Sin embargo, al visitar el funeral la deidad Ajisukitakahikone, quien se parecía extremadamente al difunto, el padre de este le confunde creyendo que su hijo ha resucitado. Ajisukitakahikone, ofendido al ser confundido con un ser impuro, un muerto, destruye a pisotones el túmulo. Shitateru escribe un poema revelando lo sucedido, el que recibe el nombre de “hinaburi” o “poema rústico”.

En cuanto al verso final del haiku, 月のかほ “tsuki no kao o rostro de la luna” es una expresión convencional para referirse al rostro de una persona iluminado por la luz de la luna. Cabe mencionar el uso de la palabra 影 “kage” que aparece en el primer verso, la que muchas veces se interpreta como sombra. Pero en japonés, “kage = sombra” es aquello que un objeto refleja sobre otro, por lo tanto, si es un objeto oscuro será sombra, y si es un objeto luminoso, como la luna, será luz.

Finalmente, una observación sobre el nombre de la Princesa Shitateru; este se escribe 下照姫 lo que podría traducirse como “la princesa que brilla abajo”, es decir, en la tierra, en contraste a la diosa Amaterasu 天照 quien es la que “brilla en el cielo”. Algunas leyendas las relacionan como hermanas; otras como representaciones duales de un mismo arquetipo.

Y así, viajando junto a Matsuo Bashou, de texto en texto y de era en era, me despido por esta ocasión maravillándome del poder de la poesía que en tan poco puede decir tanto.

Julio 2022

Mientras en el hemisferio norte disfrutan del verano, acá en Santiago de Chile oímos la lluvia caer al lado de la estufa. Pero de verano es el bello e interesante haiku con que nos deleitaremos este mes, comenzando con lo que inspiró al maestro Bashou.

El Tsuredzure gusa, compuesto en el año 1331 por Kenko Houshi, es considerado uno de los tres grandes zuihitsu ―crónica autobiográfica ensayística― de la literatura japonesa. La sección 55 comienza con la frase 「家の作りやうは夏をむねとすべし」 (ie no tsukuriyau wa natsu wo mune to subeshi), que en español sería: “al construir una casa, esta debiera adecuarse al verano”. Bashou se inspira en este principio para componer el siguiente haiku:

涼しさを飛騨のたくみが指図書哉

suzushisa wo hida no takumi ga sashizu kana

apuntando a la frescura el carpintero de Hida diseña

En este caso, el kigo, 涼しさ suzushisa o “frescura”, se refiere a esta sensación que se anhela en la estación estival. Pero Bashou no se limita a esa referencia, e incorpora otra en el poema: el carpintero de Hida. Ya en la época del Konjaku monogatari shuu ―colección de “setsuwa” que reúne cuentos folclóricos y leyendas de India, China y Japón, compilada alrededor del 1120― nos encontramos con la asociación entre el pueblo de Hida y este oficio. En el cuento número 5 del rollo 24: “Kudara no Kawanari, el pintor que compite con un carpintero de Hida”, queda de manifiesto la habilidad que se le confería a sus artesanos ya en aquellos tiempos. Incluso en la actualidad encontramos en este pueblo un museo dedicado a este verdadero arte, en el cual se explica la historia del lugar y se pueden ver tallas y maquetas de casas. Y de la misma forma que los afamados carpinteros de Hida construían sus edificaciones, Bashou, de manera exquisita, une poesía, literatura e historia con su pincel.

Me despido, al lado de la estufa, soñando con ese verano que ustedes disfrutan ¡Hasta el próximo mes!

Junio 2022

Llegamos, casi sin darnos cuenta, a la mitad del 2022, y con junio llega también el verano en el hemisferio norte. El haiku de este mes tiene por kigo la palabra 蛍 “hotaru, luciérnaga”, elemento que encontramos desde la antigüedad en poesía japonesa, como vemos en los dos tankas que siguen. El primero, de Ki no Tomonori, viene compilado con el número 562 en el Kokin Wakashuu, la primera antología imperial.

夕されば蛍よりけに燃ゆれども光見ねばやひとのつれなき

yuu sareba hotaru yori ke ni moyure domo hikari mineba ya hito no tsurenaki

al anochecer más que las luciérnagas ardo y sin embargo no alumbro ¿seguirá mi amor indiferente?

 

El siguiente, perteneciente a Izumi Shikibu, lo encontramos en el Go Shuui Wakashuu, cuarta antología imperial, con el número 1162.

もの思へば沢の蛍もわが身よりあくがれ出づる魂かとぞ見る

mono omoeba sawa no hotaru mo wa ga mi yori akugare idzuru tama ka to zo miru

pensando en aquello, vi las luciérnagas volar en el pantano, y parecía como si mi alma se alejase de mí

Dos hermosos poemas románticos de la segunda mitad del período Heian (794-1185). Pero a Bashou siempre le gustaba darle una vuelta a las cosas; verlas de forma distinta, y esta vez se basa en las enseñanzas de Zhuang Zhou, también conocido como Chuang Tzu, filósofo chino del siglo IV, de gran influencia no sólo en Asia, sino también en Europa. Él establece, a través de sus alegorías, lo que considera un tonto: “aquel quien pierde de vista el Tao y se aleja de su naturaleza innata”. Bashou lo expresa en el siguiente haiku.

愚に暗く茨をつかむ蛍哉

gu ni kuraku ibara wo tsukamu hotaru kana

tontamente en la oscuridad atrapo las espinas ¡oh, luciérnagas!

El haiku muestra una típica actividad veraniega que se realiza hasta nuestros días, la caza de luciérnagas. Pero el autor no sólo se deleita con la escena en la que se percibe la ceguera humana de buscar la satisfacción inmediata sin ponderar consecuencias; además, juega con los kanjis del primer verso 愚に暗く que, reordenados, forman la palabra 暗愚 “angu”, imbecilidad. Por lo tanto, no sólo tenemos la oscuridad en el sentido de la ausencia de luz, sino de inteligencia o perspicacia.

Y así, con la ironía tan propia de Bashou, me despido esperando tengan todos un maravilloso verano. Yo por mi parte, en Santiago de Chile, pasaré el invierno soñando con la tibieza de una noche estival.

Mayo 2022

Este mes de mayo les traigo un poema inusual de Bashou, pero intensamente japonés, cargado de historia y tradiciones. Y para comenzar, también de forma inusual, lo haremos por el haiku:

あやめ生り軒の鰯のされかうべ

ayame oikeri noki no iwashi no sarekau be

crece el iris en el alero con el cráneo de la sardina

Partamos por el kigo: ayame, que significa iris, el cual hace referencia al Kodomo no hi o Día del niño, que se celebra el 5 de mayo. En esta festividad, que en la antigüedad estaba reservada a los varones, una de las costumbres era decorar con esta flor los aleros en contra de la mala suerte y la enfermedad. Luego tenemos otra referencia a una celebración tradicional: el Setsubun, que en el antiguo calendario era el último día antes de primavera y en la actualidad se festeja el 3 de febrero. En ella se pone énfasis en la “limpieza” de la energía para comenzar un nuevo ciclo. Uno de sus rituales consistía en colocar cabezas de sardinas, o iwashi, en ramas que se insertaban en dinteles de puertas o aleros de casas para ahuyentar a los demonios. Dado que transcurren un par de meses entre una celebración y otra, sólo queda el cráneo cuando comienzan a crecer los iris. Bashou une así estas dos festividades en su haiku.

Pero Bashou no sólo se basa en costumbres relacionadas con los festivales, sino que busca en las tradiciones literarias también. Cuando se habla de cráneos, uno famoso desde tiempos antiguos es el de Ono no Komachi, única mujer del selecto grupo de los Rokkasen o Seis Poetas Magistrales. De hecho, Kamo no Choumei, en su Mumyoushou, texto de teoría poética del período Kamakura, cuenta la siguiente anécdota sobre Ariwara no Narihira, otro de los Magistrales: “cuando Narihira secuestra a Takako y va con ella a cuestas por el campo, de pronto escucha una voz diciendo ‘cada vez que el viento otoñal sopla, oh, duelen mis ojos…’ pero por más que miraba quién podría estar hablando, sólo encontró un cráneo de cuyos ojos salían iris, por lo que pensó que sería un juego del viento pasando por lo orificios. Narihira pensó que este era un buen signo, y luego al preguntar a los lugareños, estos le dijeron que probablemente era el cráneo de Ono no Komachi, quien alguna vez había viajado por esa zona. Narihira, conmovido, dijo: Komachi debe ser, dado que crecen iris.”

Y así, con este haiku inusual, hemos podido realizar un viaje fantástico y misterioso, a través de siglos de lenguaje, tradiciones, leyendas y personajes. Si me preguntan a mí, una buenísima forma de comenzar un nuevo mes.

Abril 2022

En la época en que en Japón se utilizaba el calendario lunar, el cuarto mes marcaba el fin de la primavera. Así, mientras en la actualidad, en el hemisferio norte se le da la bienvenida, Bashou le da la despedida en el haiku que revisaremos este mes.

La inspiración de este poema viene del final de la primera sección del capítulo “Waka Murasaki” del Genji monogatari, aquel en el que Genji conoce por vez primera al amor de su vida ―o a uno de los más puros que tuvo―. En él, durante una fiesta improvisada a las afueras de un templo rural, se le pide que toque el koto con el siguiente comentario: 「みてひとつあそばして山の鳥をも驚かし給へ」’Basta una melodía… para sorprender a las aves de la montaña’. De ahí toma Bashou la inspiración para el siguiente haiku.

 

散る花や鳥もおどろく琴の塵

chiru hana ya tori mo odoroku koto no chiri

flores que caen y aves sorprendidas, polvo del koto

 

El último verso, 琴の塵 “koto no chiri”: polvo del koto, a su vez, hace referencia a una leyenda china sobre un noble que cantaba tan bello que la vibración de su voz movía el polvo en la viga que sostenía el tejado.

Un aspecto interesante de este haiku es el vuelco direccional de la sorpresa: habitualmente, en poesía, es el hombre el que se siente conmovido por la naturaleza, pero en esta ocasión, es el mundo natural el que es estremecido.

Así, con la despedida de Bashou, saludamos a esta nueva estación. Y para mover aun más el torbellino del tiempo, incorporamos la geografía en la ecuación, pues desde donde estoy escribiendo este artículo; Santiago de Chile, le damos la bienvenida al otoño.

Cómo diría Bécquer, sin importar el cuándo o el cómo, ¡habrá poesía!