Archivo de la categoría: SERIES EN CURSO 2

series abiertas que se van actualizando, generalmente al mes

Siguen cayendo flores

Llega del mar
un negror de tormenta.
Cerezos en flor.

Paco Ayala “lentisco” (España)

 

Flores de boniato
El falso de la saya
mojado de rocío

Mayra Rosa Soris “Diáfana” (Cuba)

 

Primavera –
Los charcos del dienteperro*
al atardecer

*diente de perro: rocas filosas de la costa norte de Cuba.

Lázaro Orihuela “manglerojo” (Cuba)

 

Desciende una pluma
Quedan pocas flores
en la jacaranda

Jaspe Uriel Martínez “Ajenjo” (México)

 

Casi la noche
el canto del cardenal rojo
entre las magnolias

Miguel González “William Cue” (Cuba)

 

florecillas blancas:
de repente se eleva
la mariposa

Frutos Soriano (España)

 

Ya canta el mirlo.
Se deshojan las flores
de los cerezos…

Epifanía Pérez “fany.pb” (España)

 

Implume aún
el pajarillo muerto.
Granado en flor

Luis Plaquin (Argentina)

 

olor a azahar
y a orines de gato
jardín de nadie

Eva Comas (España)

 

Atardecer nublado
Ha vuelto a los encinos
la primavera*

*primavera: turdus grayi

Jorge Moreno Bulbarela (México)

 

cesa la lluvia –
siguen cayendo
flores de jacarandá

Israel López Balan (México)

Cerezo en flor…
nadan algunas carpas
en su reflejo.

Sandra Pérez “Hachi Dori” (Argentina)

 

trepa hasta un pétalo
de la rosa de té
la mariquita

José Antonio González (España)

Niños cantando
El viento de esta noche
huele a magnolias

Jorge Braulio Rodríguez (Cuba)

 

Robles jóvenes.
A contra viento,
la mariposa.

José Manuel González “karaboudjan” (España)

Almendro en flor;
algunos de los pájaros
vienen y van.

María Dech “Annur” (España)

 

Un gato al sol
Erguidas e inmóviles
las flores de ajo

Encarna Ortiz (España)

 

En el recodo,
lirios en el camino
cubiertos de rocío

José Manuel Aspas “Caberete” (España)

 

Campo de almendros.
Algunas flores caen
en los charcos

Piluca Carmona “Piluca C.P.” (España)

 

Bandada de garzas
De cara al norte florece
la magnolia

Idalberto Tamayo (USA)

 

El zonda* silba
entre los arrayanes.
Cumbres nevadas

* zonda: viento cordillerano en Argentina.

Rodolfo Langer (Argentina)

 

se alza torpe la vaca
y deja en el pasto
marcado su lomo

Santiago Larreta (España)

 

Alguien le dice
que ha parido una oveja.
Ciruelo rojo en flor

María Ángeles Millán “Hikari” (España)

 

Atardece;
trinos de petirrojos
en el cementerio.

Robert Rodríguez “Vanni Fucci” (España)

 

Almendros en flor.
Lagrimea al alba
el jornalero.

José Luis Carcas “jlcarcas” (España)

 

Bocas de dragón;
con medio cuerpo fuera
un abejorro

María Jesús Pérez “Marya Jesús” (España)

 

El goteo
de un caño al mediodía.
Flores de almendro

Juan Francisco Ramos (España)

 

Bosque de encinas.
Olisquea una orquídea
un gato negro.

Juana María Fernández (España)

 

llampega
les flors de la magnòlia
en la penombra

 relampaguea
las flores de la magnolia
en la penumbra

Joan Anton Mencos “mencs6” (España)

 

camino a la escuela
las ramas del almendro
llenas de brotes

Luis Herrero “luisherrero” (España)

 

¡Cerezos en flor!
Un jardinero poda
arbustos secos.

Javier Miranda “Higurashi” (España)

 

Al alba,
las flores del flamboyán
resplandecientes

Roberto Miguel Escaño (República Dominicana)

 

Cerezo en flor.
Vuelve a posarse
el herrerillo.

Leticia Sicilia “Hadaverde” (España)

 

puesta de sol-
la telaraña une
dos yemas del cerezo

Juan Carlos Moreno (España)

Pasan las nubes:
En la grieta del patio
las florecillas.

Carmen Conesa (España)

 

Cubren la charca
pétalos de ciruelo.
Bebe un gorrión

María Isabel Vidal “Mary Vidal” (Argentina)

 

musgo en la senda;
se deshielan las flores
de los almendros

Xaro Ortolá “Destellos” (España)

 

Aún más blanco
tras la suave lluvia,
cerezo en flor

Radoslav Ivélic (Chile)

 

Cielo sin nubes.
Entre los jacarandas
un espinillo.

Felisa Zicari (Argentina)

 

Ciruelo en flor.
El mirlo por el prado
picoteando

María Argentina “marymontaña” (España)

 

las nubes en la montaña-
las flores caídas de la buganvilla

Rogelio Rodríguez “Viento” (España)

 

cientos de grullas
sin nubes por delante –
almendro en flor

Rubén Marín “Benrû” (España)

 

Aún con vida
en las patas de la mantis,
la mariposa.

Roxana Dávila Peña (México)

 

almendros en flor –
una anciana de luto
baja del cementerio

Antonio Martínez (España)

 

En el silencio
de la siesta formoseña
el canto del zorzal

Julia Guzmán (Argentina)

bajando la cuesta
esas flores tan rojas
¡un tulípero!

Toñi Sánchez “Diente de león” (España)

 

Almendro en flor;
hace ya un año
que el gato no vuelve.

Manuel Díez “Orzas” (España)

 

Canta el cenzontle,
la copa del almendro
resplandeciente.

José Luis Solís “joseluisol” (México)

 

periquitos en flor…
también a manzanillas
huele el aire

Claudia Bakún (Argentina)

 

Rezando,
un mugido de vacas,
un zumbido de abejas.

Genaro Ortega (España)

 

Se pone el sol
en la flor del granado.
Veleta roja.

Susana Benet “Palmira” (España)

 

Tabacales.
En el brocal del pozo
flores de mimosa

Mercedes Pérez (España)

 

gotas de lluvia;
el viento trae
pétalos de geranio.

Maribel Núñez (España)

 

sombra del sauce.
al ras de los reflejos
las golondrinas

Ariel Bartolini (Argentina)

 

hiela la brisa –
en las flores de mimosa
el color del sol

Mirta Gili (Argentina)

 

Viento de abril.
La abeja no acierta
a posarse en el tojo.

Luis Carril (España)

 

volcándose
sobre la verja herrumbrada
almendro en flor

Luis Corrales (España)

 

de camino al cerezo,
fluye el agua
junto al carraspique

Elías Rovira (España)

 

Cementerio.
Deja atrás el cortejo
un ceibo en flor

Jorge Giallorenzi “Hitotsu” (Argentina)

 

sobre la mesa
la sombra de las flores;
amanecer

Anna María Santolaria “Estela” (España)

reposa el te –
la verdor del jardí
a cada tassa

 reposa el té –
el verdor del jardín
en cada taza

Jordi Climent “jclimentb” (España)

 

Ropa tendida
Un ciruelo florece
junto a la verja

Elsa Pascual (España)

 

los deditos
del color amarillo
de la mariposa

Sergio Abadía (España)

 

Barranco de Huebro;
se esconde en las adelfas
una oropéndola.

José Manuel Gómez (España)

 

Remolinillos
en el borde del río;
cantan dos tordos.

Héctor González “GonzálezGonzález” (México)

 

almendros en flor-
el rocío que dejan
sobre mi ropa

Ángeles Hidalgo “Kaur” (España)

 

Un mangangá*
La luz en el violeta
de los cardos

*mangangá: insecto himenóptero de cuerpo grueso y velludo que al volar produce un zumbido.

Lilí Balladares (Argentina)

 

Junto al cerezo
acariciando una yegua
antes de la lluvia

Gorka Arellano (España)

 

en el erial
los amarillos de las flores –
vuelo de cotorras

José Luis Vicent “J.L.Vicent” (España)

 

Una cometa
entre los guayabos.
Frío en primavera.

Esteban Sánchez Agudelo “estebansa.iearm” (Colombia)

 

cauquenes.
el humo de las chozas
no se deshace

Nicolás Gallego (Argentina)

 

Entre el granizo,
las flores de azahar
caen de hoja en hoja.

Juan Francisco Pérez “Raijo” (España)

 

Escarcha…
en el rosal
una crisálida.

Sandra Galarza “Pukara” (Ecuador)

 

Tierra en el viento.
Uno de los almendros
no florecía

María Victoria Porras “Mavi” (España)

 

 

 

De Nochebuena a Reyes

Navidad
Las orquídeas rosadas
detrás del humo.

Jorge Braulio Rodríguez

 

Flores de Pascua.
Nadie a quien regalar
–dice el anciano

Mari Ángels Millán “Hikari”

 

La nochebuena;
una luz en la mesita
por los que no están

Xaro Ortolá

 

El año nuevo.
Vuela un zorzal por los
olivos arrancados.

Gorka Arellano

 

Navidad;
en el tendal unas gotas
llenas de sol

María Jesús Pérez

 

noche de lluvia –
el llanto de un cachorro…
después de Reyes

Mirta Gili

 

Víspera de navidad
En el umbral de la iglesia
duerme un mendigo

Idalberto Tamayo

 

Suenan campanas.
Sobre el pueblo nevado
cientos de estrellas

Piluca Carmona

 

El vaho que echan
los auroros cantando.
Sol de Año Nuevo

Mavi Porras

 

Nieve en la sierra.
Trabado en el tejado
un globo de Reyes.

Roxana Dávila

 

noche de fin de año –
dos babosas subiendo
por la leñera

José Luis Vicent

 

Nochevieja.
La perra mira al niño
comer las uvas.

Marga Alcalá

 

Los trinos
en la Fuente Garcíez –
Mañana de Año Nuevo

Juan Francisco Ramos

 

el sonido de la hojarasca
al cruzar la calle –
brisa de Navidad

Israel López Balan

 

Una tras otra
las montañas nevadas.
Luz de año nuevo

Rubén Marín Salvador

 

fin de año-
el graznido de una corneja
bajo la lluvia

Luis Herrero

 

Día de Reyes.
Las yerbas de los Monegros
escarchadas

Mercedes Pérez

 

Nochebuena…
También rumor del viento
entre los pinos

María Isabel Vidal

 

Luz del ocaso.
El abrazo de la abuela
en Navidad

Robert Rodríguez

 

Any Nou –
cauen de les branques
gotes de boira

Año Nuevo –
caen de las ramas
gotas de niebla

Joan Anton Mencos

 

se acerca el solsticio –
el frío en el arañazo
del cardo santo

Jorge Moreno Bulbarela

 

Atardecer –
El canturrear del mendigo
en Navidad.

Javier Sánchez

 

año nuevo,
gotea en el poyete
la Flor de Pascua

Elías Rovira

 

Nochebuena
con gotas de rocío
el pan casero.

Bibi Gibb

 

Año nuevo;
mientras crepita la leña
hablan de los ausentes.

Manuel Díez Orzas

 

(senryû)

Ya reunidos
junto al árbol de navidad.
Pedo del perro

Rodolfo Langer

EL PUENTE

Antes de abordar el tema de la mística oriental, quisiera compartir el hallazgo de unas líneas que me sorprendieron por su lenguaje sencillo, directo, y con un cierto aire de travesura:

<Si antes de tratar nuestro tema detenidamente, dijéramos, como en broma, que todos los seres desean contemplar y miran a este fin, tanto los racionales como los irracionales, y aun las plantas y la tierra que la engendra; y que todos estos seres llegan a este fin en cuanto ellos son capaces, de acuerdo con su naturaleza; pero que ellos contemplan cada uno a su manera (…)

Digamos cuál sea su contemplación, y cómo podemos reducir las cosas producidas por la tierra y salidas de ella a su actividad contemplativa; cómo la naturaleza que se dice carecer de fantasía y de razón, posee en sí contemplación y lo que hace lo produce por la contemplación que, [según algunos dicen], ella no posee.

Si uno le preguntara [a la naturaleza] por qué produce, ella le respondería, si pudiera entender la cuestión y hablar: “No es necesario preguntar, sino comprender y callar, como yo misma callo, pues no tengo la costumbre de hablar”. 

¿Qué quieren decir estas palabras? (…) ella tiene en sí una contemplación silenciosa, que no está dirigida ni hacia [los seres] de arriba, ni hacia [los de] abajo, permaneciendo en donde está, en el reposo y en el conocimiento de sí misma>.  

Si a la experiencia de Plotino, en tanto mística, se le puede dar una gran variedad de sentidos, de acuerdo con el criterio de Scholem; entonces, es válido acercarse a las líneas de su discurso, (emanadas de dicha experiencia), desde cualquier ángulo. Plotino, al hablar de la contemplación se sitúa en el plano metafísico; yo hago un enfoque estético-poético, mas no a través de otro esquema de ideas, sino que me atengo a la experiencia con los vegetales:

Cuando estuve en la costa aquella donde aportaba la “Nao de la China”, tomé unas semillas de estropajo, (Luffa aegyptiaca), y se me ocurrió, curiosidad infantil, sembrarlas en el jardín. Lo hice a hurtadillas porque se me había advertido que no era planta de ornato. Brotó una plantita de hojas gruesas, ásperas, vellosas. Esperaban que la arrancara de inmediato; preferí observar cómo crecía. El tallo sarmentoso llegó hasta la tapia. Sus zarcillos se fueron adhiriendo a la pared a lo largo del pasillo. Trepó al almendro de la entrada y, desde las ramas, pasó al cable de teléfono. Cuando llegó el fin de semana en que se vencía el plazo para cortarla, empezó a florecer: unas corolas amarillas de cinco pétalos se mecían al frente de la casa. Pedí prórroga para contemplarlas, y la prolongué porque aparecieron unos frutos verdes que se alargaron hasta adquirir la forma de pepinos de gran tamaño. Esperé a que se secara la planta para retirarla de los cables, y tuve suficientes estropajos para compartir con la familia y los vecinos.

La planta de estropajo estuvo absorta en su labor. Se dedicó a lo suyo: absorber agua, luz solar, crecer, trepar, extenderse. Dio flor y fruto, sin hacer caso de las opiniones del vecindario. Su contemplación fue acción creadora.

Yûgao ni
mitoruru ya mi mo
ukari-hyon

(Bashô)

Ante la flor del yugao,
pasmado hasta ausentarme
de mi propio cuerpo

(Trad. Vicente Haya)

Los párrafos de Plotino son parte de una selección de las Enéadas que tradujo Ismael Quiles (1906-1993), filósofo español radicado en Argentina, pionero de los estudios orientales en América Latina.

Ismael Quiles viajó al Oriente: India, Japón, Taiwán. Filósofo de la interioridad, escribió sobre yoga y budismo. Fue también, un impulsor del yoga. Es, pues, parte de ese ir y venir entre Oriente y Occidente que ha venido a conformar esa especie de ruta que, a diferencia de la “ruta de la seda”, en vez de productos materiales, ha traído cosmovisiones, mística y poesía.

Otro de los que fueron al Oriente, es Xavier Escalada; periodista, escritor e historiador religioso, nacido en España y nacionalizado mexicano (1934-2006).  Escribió sobre yoga y difundió su práctica, asimismo escribió sobre las técnicas budistas de concentración.

Víctor Becerril Montekio, mexicano, trajo el Taiji Quan y el taoísmo. Y no necesitó trasladarse al Oriente para entrar en contacto con esa legendaria región. Mientras estudiaba sociología en París entró en contacto con hombres que traían el Oriente en el cuerpo-mente, porque, ya lo decía Alan Watts: <Cada vez más “el Oriente”, como fuente de sabiduría, significa algo no geográfico, sino interno>.

Puede considerarse a Vivekananda como el iniciador de esta ruta de sabiduría. En 1893 participó en el Parlamento Mundial de las Religiones, celebrado en Chicago. Permaneció tres años dando cursos y conferencias; con base en ellas, publicó libros sobre Yoga y Vedanta, que incluyen una traducción comentada de los Sutras de Patanjali.

Las aportaciones del Swami Vivekananda, de fines del siglo XIX, siguen teniendo vigencia. Más adelante veremos esto. De momento me limito a señalar que, en sus lecciones de Raya Yoga, presenta esta disciplina de una manera asequible a las mentes occidentales, y podemos afirmar que es una especie de ultra fenomenología que va más allá de la epojé, la imagen y el concepto. Es el yoga de los contemplativos; pero, hay también un yoga de la acción o Karma Yoga, que consiste en cumplir con el propio dharma o deber que nos corresponde, sin apetecer los frutos de la acción, es decir, actuando con desapego. Este yoga nos permite entender la aplicación del budismo a las diferentes actividades de las personas.

Por parte del budismo, Taisen Deshimaru fue a Francia a enseñar el zazen. Y, de los que llegaron a los Estados Unidos, destaco a Shunryu Suzuki, que fundó un monasterio en California y, entre sus lecciones, tradujo y comentó el Sandokai de Sekito Kisén, un poema chino que arroja luz sobre el Yogacara de Asanga y Vasubandhu, aclara el concepto de eso que llamamos “realidad”, y nos acerca a las relaciones de esa “realidad” y el lenguaje manejado por Bashô.

De los viajeros que han cruzado tierras y océanos para entablar un diálogo de arte y sabiduría, no puedo dejar de mencionar a Yogananda y D.T.Suzuki. Y, de los occidentales, a Percival Lowell, Lafcadio Hearn, Blyth, Donald Keene, Enrique Gómez Carrillo. Este ir y venir de los humanos tiene su contrapunto numinoso en la antigüedad. Antes de que Mitra y otras divinidades asiáticas llegaran a Roma, Alejandro y sus falanges fueron al Oriente acompañados por unos filósofos, y también por los númenes. Ahí está el testimonio de Palas Atenea blandiendo el rayo en las monedas de Menandro, rey indo-griego. Y Apolo, haciendo visible al Buda, en Gandhara, al darle rostro y figura con todo y halo solar.

¡Cuántas personas
han pasado a través de la lluvia de otoño
por el puente de Seta!

(Jôco)

La flor de la chumbera

Barranco de Lújar –
Que suave la flor
de la chumbera

Pilar Carmona

 

Cientos de estrellas
De aquí allá un maullido
en la nopalera

Jaspe Uriel Martínez

 

Almendro en flor;
la chumbera ya llega
hasta las ramas.

Manuel Díez Orzas

 

Chorreando lluvia,
al borde del barranco
la palera en flor

Juan Francisco Pérez

 

en los nopales
semillas del dandelión –
nubes oscuras

Cecilia Iunniso

 

Chumberas de higos verdes –
Tierra adentro
las nubes se juntan

Mavi Porras

 

Fin del invierno.
Se retuerce sin vida
la palera

Paco Ayala

 

brisa nocturna-
llega hasta las chumberas
aroma de yerbabuena

Juan Carlos Moreno

 

 

 

SHIKI: ÁLBUM FAMILIAR (3 DE 3)

Y aquí va la última entrega, al menos de momento. Nos seguimos encontrando con algunas conocidísimas imágenes y otras, apenas vistas y muy curiosas.


5 de abril de 1900

En la cama escribiendo haikus y tankas. Una imagen que refleja el entorno diario de la vida de Shiki.

 

1900 Tradicional Busonki de diciembre.

Sería el último del que queda constancia en imágenes. Como ya explicó en la entrada sobre las reuniones, en este encuentro Shiki ya no pudo salir al jardín a hacerse la fotografía de grupo, haciéndose una en privado (la que se añade a continuación) que luego sería añadida a la imagen oficial definitiva, situándola, como puede apreciarse, en el ángulo superior derecho de la imagen.

 

 

24 de diciembre de 1900. Última fotografía de Shiki.

Como se explica en la imagen anterior, al no poder posar con el grupo, a Shiki se le hizo esta fotografía individual que luego sería añadida a la del grupo del Busonki de ese año (así era el photoshop de la época). A la postre, sería la última fotografía que se hiciera del maestro y a su vez, la más extendida y conocida.

Yae en septiembre de1911

Yae, la madre de Shiki, aparece relajada observando, frente al jardín, las crestas de gallo en flor que tanto gustaba pintar a su hijo y sobre las que escribió varias veces en los últimos meses de su vida . Ella compraba semillas para que Shiki al menos disfrutara de algo de naturaleza, y Ritsu trabajó duro para cultivar y cuidar esas plantas con flores. Los alumnos y amigos de Shiki, especialmente Fusetsu, Ogai, una hija de Katsunan Kuga, el dueño de Nippon, el periódico donde trabajaba Shiki, que vivía al lado, y el amigo barbero  que visitaba a Shiki y a quien dedica un dibujo y un senryu en su diario privado Gyouga Manroku, también llevaban semillas de flores a Shikian. Esta imagen fue tomada por Hekigotō Kawahigashi, el famoso discípulo de Shiki.

 

1914. Ritsu, la hermana de Shiki  (izquierda), Chuzaburo, «de primo a sobrino póstumo» de Shiki  (centro) y Yae, su madre  (derecha).

Esta fotografía fue tomada poco después de la adopción del niño. La familia Masaoka adoptó a Chuzaburo, el tercer hijo de Tsunetada Kato, hermano de Yae (la madre de Shiki), quien también era responsable de la familia Masaoka, como cabeza de familia.

1916. Madre Yae en el centro, tío Tsunenori a la derecha y tío Takugawa a la izquierda

 

1918. La madre de Shiki, Yae 八重 (73 años) y su hermana menor Ritsu と律 (48 años).

Con la ayuda de algunos discípulos y amigos, ellas dos cuidaron principalmente de Shiki cuando pasó sus últimos años de vida postrado en una cama de enfermo de 6 pies de largo, inactivo físicamente, hiperactivo intelectualmente.

 

1920 Ritsu と律 y Sokotsu Samukawa 寒川 鼠骨.

Fueron ellos  dos quienes quienes desde el primer momento secan, manejan y preservan los manuscritos de Shiki, que cuando se apilan, como puede observarse en esta fotografía tomada 18 años después de su muerte, superaban con creces la altura de una persona. Samukawa era paisano, amigo y discípulo de Shiki, le atendió en su lecho de enfermo, cuidó de su afligida familia y se dedicó a preservar su obra y sus restos.

 

1937. Ritsu と律, la hermana menor de Shiki, con 67 años.

 

Fuentes de la serie:

  • Casa de Shiki (Shikian)
  • Museo de Shiki en Matsuyama
  • Museo Memorial de Kyoshi
  • Las citadas puntualmente en algunas imágenes

8. La percepción: el gran umbral

Verbos como aniquilar, matar, silenciar, apagar, callar el “yo” no son quizás las expresiones más adecuadas para referirnos a las maneras saludables de construir nuestra realidad o de escribir haiku. Como seres humanos, deudores de nuestra condición de seres sociales, inevitablemente siempre estaremos actuando como “yoes” que se comunican y trabajan en conjunción con los “yoes” de otros seres humanos. En el camino del haiku tanto como en el zen, el abandono del núcleo cerrado del “yo” sigue otro camino. En palabras del maestro zen Eihei Dogen en el Genjo Koan:

 

“Estudiar la vía del Buda es estudiar al sí mismo.
Estudiar al sí mismo es olvidar al sí mismo.
Olvidar al sí mismo es ser manifestado por miríada de cosas.
Cuando estás manifestado por miríada de cosas
tu cuerpo–mente tanto como el de los otros son abandonados”                                                                                                     (dejados caer…).”

 

Así como el haiku, el yo también es un asunto de creación responsable, o mejor, de cocreación por todos los elementos “no-yo” de los que estamos hechos. Como ningún ser humano cuando aparece en este mundo es tabula rasa, la invitación a conocerse a sí mismo, pero, ante todo, a tomar cuidado de sí mismo, es el inicio del “olvido del yo”. Porque el que no se conoce no podrá tomar decisiones saludables sobre qué y cómo ser; sin saberlo, siempre estará respondiendo a condiciones que se salen de su control.

A partir de esto, surge entonces la necesidad de actuar con cuidado, de hacerse responsable de las palabras y discursos que usamos, de apreciar la vida, de elegir sabiamente todo lo que hacemos, conscientes de las consecuencias, de los daños que los actos descuidados y egoístas conllevan. Nada peor que un “yo” arrastrado, secuestrado por sus emociones y pasiones ingobernables. Por eso el Buda consideraba esencial para el camino del Despertar, el cultivo de una vida ética.

Cultivar un yo con sentido ético implica evitar el sufrimiento propio y ajeno por medio de acciones hábiles: ahimsa, no violencia, no dañar físicamente; no dañar con la palabra; no tomar lo que no se nos ofrece; no intoxicar la conciencia propia o ajena; no hacer daño con la energía sexual… Pero también nos recuerda, que podemos y debemos cultivar una alegría constante, un contento y una profunda y satisfactoria felicidad compartida fruto del desaferramiento y del reconocimiento del bienestar y la felicidad que todos los seres anhelan. Esto último podría definirse como el cultivo de un sentido ético del no-yo.

Fotografía de Luis Bernardo Cano Jaramillo

El camino que enseñó el Buda nos invita a trabajar por la salud de nuestros “yoes” que estamos creando continuamente, para que al tener “yoes” sanos y saludables podamos ver, entender y aceptar todos los elementos “no-yo” que nos mantienen y hacen posible nuestra existencia instante tras instante. Finalmente, ni unos ni otros son permanentes, no son indispensables ni satisfactorios y nuestra mayor felicidad es poderlos soltar, dejarlos ir sin sufrimiento.

Ver que el “yo” es una ilusión, no implica la disolución. El camino del haiku como el camino budista son caminos que siguen seres humanos que se expresan como “yoes”. Olvidarse del “yo” es aprender a perder la importancia personal, aprender a ser lo que realmente somos: vacío, el más allá de toda racionalidad, la ruptura con una identidad auto centrada que nos endurece y atenaza.

Pero el vacío del que se habla en el budismo no es vacío, no es ausencia ni falta. Como lo expresa bellamente el maestro Thich Nhat Hanh en una magistral ecuación de la vida:

VACÍO = TODO- YO.

La equivalencia de los términos a los dos lados de la ecuación nos descubre la realidad que nunca nos ha faltado, la presencia del todo del que nunca hemos sido excluidos, la experiencia plena de lo sagrado manifiesta en todo lo que percibimos.

*     *     *

No servimos para nada
Ni yo ni este arbusto…
¡Pero el cuco!

 Santoka

Santoka el transgresor, Santoka el errabundo, el sin hogar, el despojado; su “yo” como un guijarro arrastrado por la corriente de un arroyo en la montaña o como una hoja de hierba mecida por la briza de la tarde, es un testigo atento de la impermanencia y la disolución; la voz de Santoka siempre nos engancha, nos hace cómplices de su itinerario desnudo, desposeído, vibrante… Un “yo” que abraza, que se entremezcla, que se diluye. 99 HAIKUS DE MU-I, traducción de Vicente Haya y Keiko Kawabe, p. 93, MANDALA Ediciones, Madrid, 2010.

  

yo, cáscara…
reza
la voz de la cigarra

 Yayu (m. 1783)

Como las serpientes o las cigarras, la vida y el crecimiento del “yo” se dan por medio de “mudas”, algunas imperceptibles, otras dolorosas… La piel humana esta de muda constante, pero imperceptible. Yuya percibe la revelación de la cigarra cuando abandona su viejo caparazón que quizás, le recuerda sus propias “mudas”, los cambios a lo largo de su vida. Este haiku péndula entre una visión intimista, melancólica de un yo desgarrado y una comprensión muy profunda de lo sagrado que se reconoce en el cambio.

Esta es una versión personal de la traducción que aparece en HAIKUS DEL YO, M. Concepción Cabrera G. Tesis de grado, U. de Sevilla, p. 22.

SHIKI: ÁLBUM FAMILIAR (2 DE 3)

Nueva serie de fotografías. Nuevamente algunas archiconocidas y otras casi inéditas en nuestro ámbito. Se pretende crear una buena fuente a la que recurrir cuando se necesiten imágenes sobre Shiki y su entorno.

1892. Shiki en una fotografía muy típica de la época

 

1892. En pose similar, su controvertido primo Kohaku Fujino

 

14 de octubre de 1892, con atuendo tradicional de viaje durante una salida de senderismo a Hakone

 

30 de marzo de 1895, en Hiroshima, a punto de incorporarse al ejército en china como corresponsal de guerra del periódico Nippon

 

24 de diciembre de 1897,  (también en la entrada del mes de febrero) la primera reunión de haiku de «Busonki», o reunión por aniversario de la muerte de Yosa Buson.

Una fotografía conmemorativa tomada en el porche de una habitación de invitados de Shikian. Shiki se sentó en el medio de la fila del medio. Shiki era un ferviente admirador de Buson Yosa. Escribió «Haijin Buson» y «Haikaku Taiyo», y estableció «Shasei Shugi», o poema haiku de realismo, que citaba el dibujo de la naturaleza en el arte occidental. Estos logros llevaron a la fundación de «Hototogisu», una revista de haiku, y «Araragi», una revista de tanka, en la que participó Takashi Nagatsuka, poeta y novelista de tanka, que quedó profundamente impresionado por el Shasei Shugi de Shiki.

 

El mismo día, con 31 años, en solitario delante su casa frente jardín, en esa primera celebración sobre el poeta Buson

 

Diciembre de 1899. Una nueva celebración del Busonki. Esta foto fue tomada frente a la cerca de pizarra en el lado oeste. Shiki se apoyó en un reposabrazos en el medio.

 

19 de junio de 1899, en la galería de su casa Neghisi, frente al jardín

 

1899 Shiki, en su cama de enfermo con materiales de trabajo

7. Los cinco agregados del apego

El yo no es un entidad permanente. Se mantiene en cambio continuo, no solo como consecuencia del entrenamiento y la formación, sino por la naturaleza misma de los elementos que la componen, ellos mismos sujetos al cambio.

Según el budismo son cinco los elementos que se entremezclan para construir el yo, los cinco agregados (skandhas), según el budismo: formas materiales, sensaciones, percepciones, construcciones mentales y conciencia.

El mundo se nos revela a través de las puertas de los sentidos, A los cinco sentidos bien conocidos (ojos, oídos, lengua, nariz y piel), el budismo añade la mente en su condición de integradora y auto perceptora (propiocepción).

A través de cada uno de nuestros sentidos entramos en relación y conocimiento de nosotros mismos, de los seres que nos rodean y de los múltiples sucesos a través de los cuales nos manifestamos y encontramos, compartiendo nuestra presencia momentánea, transitoria.

A través de este contacto, mediado por nuestros sentidos, se produce el fulgor, la primera impresión que hace posible un haiku.

Este primer chispazo que nos depara el mundo enciende nuestra red neuronal donde se transforma en sensaciones, las que en un primer momento solo se definen en términos de un me gusta, no me gusta, o no me interesa. Importante para la vida, pues en el plano básico de la supervivencia, se requieren respuestas inmediatas.

Pero, al continuar su recorrido en nuestro interior, las sensaciones puras o los tonos emocionales se transforman en percepción, en paladeo, en reconocimiento, en identificación, en atribución… A este nivel, aún no se requiere una elaboración conceptual compleja, con ideas o pensamientos. Aquí funciona ante todo la memoria coloreada con las emociones que acompañan la formación de los recuerdos. Nuestras memorias han sido tejidas con hilos de palabras cargadas de significados fruto de acuerdos renovables en esta vida de interacciones sociales continuas. El espíritu es el lenguaje, como sugería bellamente Walter Benjamin.

Fruto de estos laboriosos acuerdos humanos, de manera provisoria, un árbol se percibe como árbol, una nube como nube, un mosquito como mosquito, etc. Sin pretender agotar todo los significados posibles, pues todo árbol o nube o mosquito siempre será mucho más que el nombre que los designa.

Es a este nivel en el que los practicantes de haiku-dô estamos invitados a esforzamos por depurar nuestra relación con el mundo, a reeducar nuestra percepción dada su cercanía con los sentidos y el mundo que se nos presenta. Pues lo que sigue, termina por convertirse en una compleja y pegajosa tela en la que indefectiblemente la mayoría de nosotros terminamos atrapados.

La arquitectura de nuestro sistema nervioso incluye un nivel superior de exquisita complejidad:  el neocórtex, la parte más externa y nueva de nuestro cerebro, que nos diferencia del resto de especies animales en las que no se han desarrollado los lenguajes verbales y simbólicos que nos caracterizan como seres humanos sapiens sapiens. En este nivel se da la interpretación final más elaborada de la información que recibimos del mundo y que procesamos inicialmente en las redes externas del sistema nervioso y en la base de nuestro cerebro (sistema límbico). En la corteza cerebral transformamos las sensaciones y percepciones en ideas, argumentos, historias, pensamientos, acciones programadas o voliciones… Este nivel corresponde al cuarto agregado, el de las fabricaciones mentales.

Fotografía: Luis Bernardo Cano Jaramillo

El quinto y último agregado es la conciencia o la mente que discierne, que discrimina, que se concreta y define como un yo separado, independiente… Es el lugar de la actividad incontrolada de la mente que se proyecta en el tiempo y el espacio, el lugar en el que se deposita y almacena la información procesada por los otros agregados, donde se establece una identidad, donde se visibilizan las ideas del “yo” que cada individuo construye y procesa a partir de su herencia genética y cultural tanto como de su experiencia personal en esta vida de paso.

Sin embargo, el proceso de manejo de la información es de doble flujo, del mundo va hasta la conciencia a través de nuestro árbol nervioso; pero, en sentido contrario, desde la conciencia todas las representaciones elaboradas y guardadas en nuestro cerebro-cuerpo van hacia el mundo a través de nuestras acciones, algunas de ellas racionales y consciente. El proceso es tan complejo y costoso vitalmente que hace todo lo posible por permanecer “cerrado” (ordenado) y coherente. Lo que apenas logra de forma modera, frágil.

He ahí la fuente de la creación del “yo”, esa máscara o máscaras que nos representan y que se sostienen a partir del reconocimiento (el elogio y la fama).

Por esta razón, en el haiku tanto como en el budismo, la invitación es a ser conscientes de esta tendencia endurecedora de la actividad mental, a cuidarnos de los mecanismos que nos fijan en un “yo”, en una sombra, en una especie de ser deforme que genera y se conforma al sufrimiento.

Comprender que el “yo” no es otra cosa que los procesos dinámicos con los que gestionamos nuestras relaciones con el mundo, que no hay nada permanente dentro ni fuera, que el apego o aferramiento a cualquier idea solo ocasiona oscuridad y confusión mental, dificultad para percibir lo que es como es, que este es el modo de crear el sufrimiento, etc., ese es el camino de liberación que siguen tanto los practicantes del dharma budista como los haijines de haiku-dô cuya elección es aprender a soltar, a estar presentes, a vivir atentos, con un corazón cálido y agradecido por todo lo que se nos ofrece, instante tras instante, conscientes de la impermanencia y de la interconexión de todo lo que existe.

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No se mueve ni una hoja…
¡Qué temor siento!
La arboleda de verano

 Buson

La persona de Buson se encuentra atrapada en un momento dramático para todo el entorno, uno más que se ve amenazado por la intensidad del estío, por el temor y el respeto que infunde una intensa ola de calor. Se trata de un “yo” conmovido por el entorno, que está por debajo del suceso que el lector alcanza a apreciar como lo realmente significativo. 99 HAIKUS DE MU-I, traducción de Vicente Haya y Keiko Kawabe, p. 44, MANDALA Ediciones, Madrid, 2010.