Un año por delante, confiemos en que fecundo de fotohaikus. Lo será.
Los de Kotori y Momiji los envía nuestra compañera Xaro Ortolá de su parte. Dos grandes haijines, bien conocidos por nuestra comunidad, que aportan sendos fotohaikus con la sencillez como emblema. En el de Kotori asombra especialmente la permanencia de lo efímero, un don cotidiano de la naturaleza, como plasma también el de Momiji, cuya mirada trasciende el golpe de vista en el golpe de viento que propicia la visión sutil de lo desapercibido.
En el fotohaiku de Franvier, nuevamente sin haiku pero iluminado por otro de Chiyo al que nos apunta, despierta la emoción ese bello contraste entre luces y sombras.
Contraste luces-luna/ sombras-nubes que refleja la foto que ilustra el haiku de Hikari. Se siente el helor invernal de enero.
Todo luz lo que descuella en el fotohaiku de Encarna. Luz poniente, fulgor último de lo que decae hacia lo oscuro acentuando el arrebol.
El fotohaiku de Carmen plantea un cierto desequilibrio entre la foto algo plana y estereotipada y el haiku más rico en matices y detalles. Pero, en todo caso, abunda en el tema estrella del conjunto: la luz que se enseñorea del paisaje, de la haijín y de los lectores. Y de eso se trata.
No en vano estamos combinando fotografías, el arte de la luz, con haikus, el arte connatural al verbo. El fruto: aquí lo tenéis, queridos lectores, para vuestro íntimo disfrute.
Gracias mil a los participantes. Paco Ayala.





