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Haiga 4

Son muchos los poetas de haiku que acompañaban algunos de sus poemas con una imagen. Éstas podían complementar o simplemente ilustrarlos. A estos dibujos, como ya hemos visto, se les conoce como Haiga (俳画), “pinturas de Haiku” y surgieron durante el período Edo (1600-1868).

 

 

 

 

 

Haiga de Yosa Buson

Un lugar destacado lo tiene Yosa Buson por ser uno de los grandes maestros del haiku quien previamente se había destacado como pintor. No hay mucha información detallada de su vida, sin embargo contamos con los datos suficientes como para contextualizarlo. Vivió entre 1716 y 1783.

         Comenzó llamándose Taniguchi. En realidad ese era su apellido y Buson era el nombre de pila (en Japón se antepone el apellido al nombre). Como pintor firmaba sus obras como Chootoo, Shain y Shunsei. Como haijin llegó a firmar sus poemas bajo los nombres: Saichoo, Keisoo, Shikoan y Yahantei. Recién a sus 28 años adoptó el nombre que lo trascendió: Yosa Buson.

 

Como destacado pintor, sus pinceladas con gran destreza y dinamismo sumados a su percepción y manera de estar en el mundo, le permitió generar obras que se distinguen de entre otros. La mirada de Buson, previamente pintor a poeta, se manifiesta en haiku como estos:

遠山に夕日一すじ時雨哉

Tôyama ni yûhi hitosuji shigure kana

 

En una montaña lejana

un trazo de luz de atardecer

Lluvia repentina de invierno

                                                                       Buson

Traducción: Keiko Kawabe

 

En su calidad de haijin y pintor, Buson expresa maravillosamente en el haiku esa luz de la tarde; se perciben cada uno de los colores aunque lo pinte con sumi o escriba con kanjis. Desde lejos, esa pincelada de luz de atardecer nos conmueve porque aún la nieve deja de ser blanca con la puesta del sol. Ese “trazo de luz” tiene la fuerza de cambiarle el color a la nieve, a la montaña incluso le otorga tonalidad al frío.

 

Línea de gansos en vuelo

al pie de la colina

la luna puesta por sello

 

Esa comparación interna entre la luna y el sello da cuenta de su faceta de pintor. Las obras orientales incluyen la firma y el sello de su autor. Ese sello tiene un lugar especial, no se coloca en forma arbitraria.

Estos sellos son parte compositiva de la obra, por esa razón el lugar que ocupa no debe descompensar el equilibrio dinámico de la imagen. Cuando Buson coloca la luna por sello, sabe muy bien lo que dice. Esa mirada de pintor está en él.

El sello rojo característico, representa el nombre del autor de la obra. Generalmente es tallado en piedra o madera con kanjis antiguos. Cuando un discípulo adquiere la técnica y su maestro lo considera oportuno, le otorga un nombre artístico con el que firmará y sellará sus obras. Hay otros sellos que también pueden acompañar, como el sello familiar, por ejemplo. Las obras antiguas de gran calidad tienen varios, adquiriendo con ello prestigio. Cada galerista puede aportar el suyo.

         Si bien las obras pictóricas cuentan con algunos de ellos, un haiga no suele tener más que uno. Esto es acorde al valor espontáneo y despojado que constituye un haiga.

Según las encuestas sobre los grandes poetas y pintores de la historia de Japón, Buson fue considerado el segundo maestro de haiku, luego de Basho. sin embargo al momento de comparar sus haiga, Busón sin dudas ocupa el primer lugar.

“Con un ojo en el haiku, otro en la pintura y el corazón en ambos”.

HAIGA 3. CON EL MISMO PINCEL

El haiku se caracteriza por su brevedad, por la simpleza de sus palabras, por transmitir un sentimiento auténtico y profundo. La pintura que lo acompañe en la construcción del haiga deberá también contar con esas características.

En la pintura oriental, el Vacío está presente de una forma notoriamente clara, expresado por medio del espacio no pintado. Éste es un elemento constitutivo de la obra, no es la mera falta de pintura. Este Vacío se complementa equilibradamente con lo pintado, relacionando de esta manera lo visible con lo invisible.

De la misma manera ocurre con el haiku, el Vacío se expresa en el silencio, está presente en lo no dicho, pero esa presencia silenciosa es una presencia dinámica. El haiku surge del silencio y las palabras de un haiku dicen mucho menos que el silencio que las rodea.

A diferencia de otro tipo de poemas en el que el lector es “espectador” de la construcción del poeta, en el haiku hay una invitación al lector a participar. El haiku con su silencio evoca, moviliza, sugiere, coloca al lector en presencia de lo invisible y éste, por su parte, siente y complementa haciendo visible lo invisible.

La pintura que acompañe al haiku o viceversa, también deberá contar con esa invitación para que el observador y lector, ambos en este caso, sean también protagonistas del momento, del aware que transmite el haiga.

Nihonga es una palabra que puede traducirse como pintura japonesa. En la actualidad también se utiliza para denominar a una técnica de pintura que utiliza para su implementación, pigmentos que se obtienen puliendo minerales y piedras preciosas. Debido al alto costo esta técnica es bastante exclusiva.

Cada uno de los creadores de haiga tenía su propio estilo respondiendo los distintos tipos de Nihonga. En su mayoría respondían a escuelas, cada una con sus características. Escuela Nanga o Bunjinga, Escuela Kano y Escuela Tosa como las principalales.

Durante el período Edo la escuela Nanga tuvo gran aceptación, en parte porque a muchos artistas se les consideraba letrados o intelectuales. Tenían puesta la mirada en China y representaban generalmente paisajes. El nombre de nanga es la abreviación de nanshūga, referido a las escuelas de pinturas chinas del Sur. Utilizaban la tinta negra y ocasionalmente un toque de color. Este tipo de pintura era más utilizado para un estilo poético que aún tenía identidad china.

         La escuela Kanō ya fue una escuela con identidad más japonesa que se practicó desde el siglo XV hasta el XIX abarcando los períodos Muromachi y Edo. Esta escuela también usaba el negro y sus matices. Los famosos biombos y grandes paneles que separaban los ambientes de los castillos son de ese período. Este tipo de pintura está más ligada a los poemas waka o tanka.

Para acompañar los haiku, lo más común era el tipo de pintura zenga. Compatían con el haiku más de una característica: era real, simple, despojada y espontánea.

La Escuela Tosa  abarcó los períodos Muromachi (13331573),  Momoyama (15731615) y Edo (16151868). Se caracterizaba por la luz, los colores vivos y brillantes, las líneas simples y  geométricas.  Fue fundada oficialmente por Tosa Mitsunobu. Primero se dedicó a temáticas épicas pero, finalmente en los últimos tiempos incluyó  aves y flores.

También los grabados Ukiyo-e (grabados en madera) fueron soporte para los haiga.

Pese a la gran difusión y popularidad que alcanzó el haiku en esos períodos, solo algunos haijines se lanzaron a producir haiga.

HAIGA 2. CON EL MISMO PINCEL

Con el mismo pincel que los kanji se trazan en el papel, aparecen las distintas pinceladas que configurarán las imágenes para un haiga.

Sumi-e y suibokuga son las técnicas más utilizadas para acompañar un haiku ya que sus trazos simples, tanto lineales como manchas, tienen las características adecuadas para acompañarlos. Ambas técnicas utilizan la tinta negra como único color, permitiendo la síntesis y la sugerencia. La diferencia entre el “sumi-e” que significa pintura con tinta negra y la técnica “suibokuga” no es el color, sino la cantidad de agua. Un suibokuga se pinta húmedo sobre húmedo o sea que requiere de una hoja humedecida previamente.

Cada obra puede tener distintas pinceladas. Pueden ser trazos lineales, de contorno; estos reciben el nombre “sembio”. Se realizan con el “fude”, pincel de punta cónica con pelos naturales y mango de bambú. Éste se utiliza en posición vertical para asegurar una línea delgada independientemente del tamaño del pincel. Se usa para delimitar los contornos y crear un dibujo lineal. Puede combinarse con otros trazos diferentes.

También hay pinceladas de manchas en degradé monocromas. A éstas se las llama pinceladas “mokkotsu”. En este caso el pincel se apoya sobre el papel en forma oblicua para que la mancha tenga el tamaño deseado de acuerdo al largo de los pelos del pincel.

Para lograr el degradé característico de las pinceladas mokkotsu”, se debe preparar una tinta aguada, denominada “media tinta”. Al pincel mojado con agua sin exceso, se lo moja aproximadamente tres cuartos del largo del pelo con la media tinta. Por último en la punta se lo carga con la tinta negra sin diluir. Al apoyar en forma oblicua el pincel y deslizarlo sobre el papel, se obtiene una pincelada que va desde el blanco hasta el negro intenso pasando por los distintos matices de gris.

Si ésta misma técnica se realizara con color ya no se denominaría sumi-e. Recordemos que “sumi” significa tinta negra. Tampoco es correcto llamarlo “sumicolor” ya que en sí mismo es algo contadictorio. En este caso el nombre es “saibokuga” o sea pinceladas sembio y mokkotsu aplicadas con color.

Hay otro tipo de pinceladas como la “pincelada de hacha” que se realiza con el pincel casi seco, apenas entintado. Se pinta dando pequeños y suaves golpes que se deslizan en el papel generando rugosidad y asperezas. Estas pinceladas suelen utilizarse para dar textura a troncos, ramas, piedras, montañas, etc.

Kohitsuga es otra técnica de pintura pero en este caso de detalle. Se pinta con dos pinceles en la misma mano. Uno se carga con agua y otro con tinta. Se coloca el color e inmediatamente se esfuma con agua. Ese efecto se va realizando superponiendo capa sobre capa. El pelaje y las plumas se pintan uno a uno con sumo detalle utilizando un pincel delgado también cónico. Este tipo de pintura es poco frecuente en los haiga debido a la falta de sugerencia y síntesis además de perder la espontaneidad. Lo mismo sucede con la técnica Tarashikomi que requiere de bastante agua y el papel de arroz no es el más adecuado para estas obras.

HAIGA 1. CON EL MISMO PINCEL

Con el mismo pincel que un haijin escribe su haiku en el papel, también puede pintar lo que ha percibido en ese instante de conmoción ante un suceso que no lo dejó indiferente en el mundo. Ambas pinceladas, escritura e imagen, se convierten en una obra única que potencia el aware percibido. Así es una obra HAIGA, al menos así, en sus inicios.

HAIGA es un término compuesto por dos palabras:    HAI que refiere al poema haiku y GA, a imagen, pintura. Si bien es una práctica muy antigua, el término haiga es bastante moderno. En su obra, Blyth, dice que no se usaba ese término ni en la época de Shiki.

Una obra haiga entonces, es una expresión japonesa compuesta por una pintura y un haiku. Si bien constituyen una obra presentada en un mismo espacio, ambos se complementan entre sí. De esta manera el aware que es el basamento del haiku es también el mismo que se expresará en la pintura.

         La obra se fundamenta en una simple pero profunda emoción que intenta transmitir. Por lo tanto, la escena que se expresa, conforma una unidad entre el haiku y la imagen representada.

La pintura con tinta negra, sumi-e, es una técnica de pintura que utiliza los mismos elementos que se usan en la escritura: papel artesanal de arroz, pincel, tinta negra y tintero (los cuatro tesoros del pintor).

Haciendo historia, el japonés era una lengua sin escritura hasta la llegada de los ideogramas chinos, que en japonés reciben el nombre de kanji. Recién hay testimonio de escritura japonesa a partir del año 538. Con su avance, los poetas fueron de los primeros en dejar plasmado por escrito sus producciones. El “Kokinwakashu”, más conocido como “Kokinshu”, compiló 1.111 poemas antes del fin del primer milenio, alrededor del año 900.

La aparición del sumi-e en Japón se produjo una centuria antes, pero su difusión mayor y esplendor se realizó en el período Muromachi (siglo XIV-XVI). Este tipo de pintura había llegado de la mano de los monjes budistas.

Muchos denominan erróneamente al haiku como “poema zen”, tal vez la confusión se deba a la amplia difusión que tuvo esta expresión poética entre quienes practicaban el budismo. Sumado a ello, la práctica del ZEN GA o “pintura zen” se difundió junto con el budismo desde los monjes hasta los granjeros y miembros de la corte. Todo esto generó la combinación justa para la práctica conjunta: texto y pintura.

En el haiku  las imágenes internas se yuxtaponen entre sí. Igualmente una obra haiga contiene una yuxtaposición entre el haiku y la pintura. Esta imagen no es necesariamente una representación del haiku ni viceversa, sino que ambas haiku e imagen se complementan entre sí constituyendo una unidad, una obra en sí misma que es más que la suma del haiku y la pintura. La obra única resultante, amplía la posibilidad de percibir el aware expresado.

En sus inicios los haiga eran dibujados y escritos por el mismo autor. Hirata Shusui, artista japonés del siglo pasado, consideraba que lo ideal en el haiga es que una persona escriba el haiku y otra distinta realice la pintura. En este caso es fundamental que el aware expresado en el haiku sea percibido por el pintor que complementará la obra. La interacción que se dará entre ellos debe ser lo suficientemente estrecha para que la obra resultante no pierda la emoción, el sentimiento que generó el haiku.

         Desde principios del siglo XVII cuando comienza la difusión del haiku durante el período Edo, comenzaron también a crearse los primeros haiga de la mano de quienes practicaban el arte del haiku.

Un ejemplo de ello son los realizados por Basho. Él tenía un alumno, Morikawa Kyoriku, quien a su vez le enseñaba pintura. Entre ambos fueron creando haiga en los que compartían haiku y pintura.

Sin embargo es Nonoguchi Ryūho el que fue considerado como el fundador de los haiga. Si bien desde mucho tiempo antes ya había algunos autores que pintaban y escribían sus haiku en el mismo papel, es Ryūho el que comenzó a realizar este tipo de obra con frecuencia al principio del siglo XVII.

Entre los autores de haiga reconocidos además de Matsuo Bashō, encontramos a Kobayashi Issa, Matsumura Goshun, Kaga no Chiyo, Sakai Hōitsu, Sengai Gibon, Enomoto Kikaku, Hakuin Ekaku, Yosa Buson y Nonoguchi Ryūho entre otros.

 

 

 

Diciembre

Este mes concluye mi colaboración con la revista digital “El Rincón del Haiku” con la sección “Haikus de motocicleta”. Ha sido un reto y también un placer poder colaborar durante todo un año con la revista a través de la composición mes a mes de haikus y el dibujo de “haigas” (nombre japonés para los haikus ilustrados)

Agradezco a la revista ERDH que haya querido contar con mi colaboración durante este año y también agradezco de una forma muy especial a todo el equipo de redacción de la revista su excelente labor en la maquetación y en la divulgación del camino del haiku a nivel internacional.

Para clausurar este periodo de creación y constante he querido celebrarlo diseñando esta exposición virtual llamada “Haikus de motocicleta”.

Para acceder a la exposición haz clic en el siguiente enlace:

http://www.peopleartfactory.com/g/9760

 

Un abrazo a todos y bendiciones

Tatewari