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La bella verdad del mundo. Haikus de insectos y otros animales de Issa Kobayashi.

Primera parte. Introducción y la mística campesina de Issa.

 

“El débil necesita del fuerte para que le proteja
y el fuerte necesita del débil para que le enseñe a ver
la bella verdad del mundo

Pedro Favaron

Estatua de Issa Kobayashi en el templo Entenji en Tokio, donde se dice que compuso su famoso haiku de las ranas que compiten en sumo. Foto: Yaxkin

No cabe duda que Kobayashi Issa (1763-1827) es un excepcional poeta de haiku: su influencia en el haiku es profunda y su legado escrito es muy vasto. Su obra reunida consta de aproximadamente 18 mil haikus. De éstos, la mayoría se han recopilado en sus “Obras completas”, el Issa Zenshū (1979), aunque siguen encontrándose nuevos poemas. Los haikus de Issa, escritos en diarios durante la época Edo, a finales del siglo XVII y principios del XIX, cuentan sobre los numerosos viajes del poeta y la vida en su pueblo natal de Kashiwabara, en las montañas de Nagano. La vida de Issa está marcada por la pobreza y la muerte: cuando era niño perdió a su madre, y en la edad adulta a cuatro de sus hijos y a su primera esposa; y también por su compromiso con la vía compasiva budista, y la compañía de plantas y animales del campo.
La poesía del maestro “Una taza de té” (significado del nombre artístico Issa [一茶]) se estima como un tesoro en la tradición poética japonesa, entre varias razones, por haber ampliado la visión del haiku a los habitantes del campo y hacer sentir a este mundo de humanos y seres animados con una familiaridad llena de humor, ternura y compasión. En sus poemas hay un camino a la sensibilidad del corazón japonés que está formado por una atención esmerada de la naturaleza, una inclinación a ver el mundo con una lupa, y una apertura a apreciar la vida de los seres pequeños y caseros de manera parecida a la vida de los seres humanos.

Podríamos afirmar que Issa ha dejado en herencia una visión japonesa y universal del mundo que llamamos hogar, una visión en la que los seres cotidianos como los insectos y otros pequeños animales y plantas comparten con una intensidad igual a la nuestra la experiencia de vivir. El énfasis en estos sujetos como si fueran humanos y en sus maneras de relacionarse con la primera persona (la voz poética) es su legado excepcional dentro del mundo del haiku y, sin duda, es un legado que ha cruzado más allá de la lengua japonesa y resuena en distintas sensibilidades.

Podríamos decir que su visión tiende a la “antropomorfización”, pero no se trata de una orientación didáctica o moral como la de las fábulas, sino de una orientación espiritual que es parte de la vía místico-poética de Issa. En ella resuenan las tradiciones populares, las leyendas sobre animales, las fiestas campesinas y los preceptos budistas, los cuales, dicho sea de paso, han contribuido a formar la vía espiritual del haiku desde la diversidad de los budismos japoneses.

Al igual que Bashō y otros haijines que recorrieron el país hablando de las cosas de la vida cotidiana, como las costumbres, comidas y profesiones de quienes no eran militares ni aristócratas, Issa amplió el registro de seres vivientes, lugares y personas en la tradición poética japonesa sobre la naturaleza. Sin embargo, la óptica espiritual del haiku, o el andar del camino —haiku-dō como lo llama Vicente Haya— de Issa es muy distinto al de Bashō. Aunque ahondar en las diferencias entre uno y otro rebasa mis capacidades, quisiera sólo mencionar algunas de ellas a modo de pequeñas marcas que nos recuerdan que debemos evitar el error de colocarlo en un molde del haikudō del zen-chan inspirado en Bashō.

Bashō, aunque fue un poeta proveniente de una familia samurai humilde, creció en el ambiente de una familia de mayor rango y residió la mayor parte de su vida en la gran ciudad de Edo (Tokio). en el contexto privilegiado de la clase samurai. Issa, quien nació un siglo después de Bashō, nació en el seno de una familia campesina y muy joven, motivado por la pobreza y la aventura, fue a Tokio a ganarse la vida. Los años en Tokio y sus viajes por el país lo pusieron en contactos con varias escuelas de haiku, pero sin haberse podido arraigar en la ciudad, a los 50 años regresó a su pueblo natal de Kashiwabara, en una zona montañosa de la provincia de Shinano (actualmente Nagano).

En un mundo como el del haiku en el que la vida y la poesía tienden a fundirse, estas diferencias apuntan a visiones distintas. Quizá la marca más significativa es la inclinación de la mirada religiosa, pues mientras que para Bashō fue el zen, muy ligado a la disciplina de la meditación sentada (zazen) y las enseñanzas daoístas de Chuang Tzu, Issa se mantuvo en el orbe de las enseñanzas de la salvación compasiva en la Tierra del Buda Amida (Jōdō Shinshū), que era la forma de fe budista más popular en las zonas campesinas. Aunque la figura de Bashō es el principal modelo desde el cual el mundo hispanoparlante se ha hecho una imagen del haijin errante, conviene hacer notar estas diferencias como puntos de partida para comprender los matices del mundo del haiku en Japón. Frente a los solemnes seguidores de Bashō, Issa se apresura a zambullirse en este mundo con irreverencia.

 

古池や先御先へととぶ蛙

furu ike ya mazu o-saki he to tobu kawazu

El viejo estanque…
¡déjenme adelantarme!
ranas que saltan.

La mística campesina de Issa.

 

En posible afirmar que Issa es en muchos de sus haikus un místico de la naturaleza. En este sentido, el lugar de su mística es el vecindario poético del campo y su expresión es el humor y la identificación. Aunque se trata de un humor simple y casero no se agota en la superficie, pues su mística de la naturaleza es la expresión de un corazón (en el sentido japonés de kokoro, 心, mente y corazón) refinado en la capacidad de ver más allá de lo grande y lo chico, lo débil y lo fuerte, lo macro y lo micro.

Desde un punto de vista ecológico ligado a lo espiritual y la capacidad de identificarse y gozar con aquello que llamamos naturaleza, los poemas de Issa pueden ser una pieza clave para revisar las maneras en que pensamos el mundo de la naturaleza en relación con el mundo del hogar. Podríamos decir que en su poética la naturaleza es el hogar y viceversa, pues su óptica no es la del paseante afanado en penetrar en una naturaleza idealizada fuera de la urbe, sino la del campesino que tranquilamente observa y cuida con ternura del misterio que lo rodea. En la poesía de Issa, la ecología moderna tiene una visión que hermana al ser humano con todos los seres sin importar sus formas y que puede ser la base o un repertorio para cultivar un acercamiento y compresión ecológica menos antropocéntrica, con un toque de humor, asombro y ternura.

A continuación apunto tres legados de Issa a la visión de la naturaleza. El primero es hacer notar la vida y comportamientos de los animales pequeños y de la granja (desde las moscas a las gallinas) que habían sido marginados de la poesía clásica japonesa, o por lo menos, de la “corriente dominante” que identificamos como la poética de la naturaleza ligada a las cuatro estaciones.[i] El segundo es la contemplación poética del mundo rural con mirada de asombro, pero también con familiaridad y ternura, es decir, una mirada que tiene la suavidad de la de un niño. Esta contribución es una razón por la cual es ampliamente leído y presentado a los niños en las escuelas japonesas. El tercero es la hondura mística inherente al mundo natural. Issa es un hombre de fe que ahonda en las enseñanzas budistas hacia el mundo vivo, las cuales coinciden en la compasión del bodisatva hacia todos los seres por igual.

Antes de continuar, quiero decir que la tradición poética “campesina” del Japón es una corriente distinta a la corriente aristocrática-guerrera, la de los jardines, el cambio de estaciones y las formas románticas y refinadas con las que se identifica gran parte del imaginario poético de Japón en el extranjero. La tradición campesina también incluye cerezos y pájaros cantores, pero su entorno es la humildad del paisaje casero. Esto Issa nos lo hace notar en uno de sus haikus.

苗代は菴のかざりに青みけり
nawashiro ha iori no kazari ni aomikeri 
 

Almácigo de arroz.
¡Ah! tu verdor es
la decoración de mi cabaña.

En este poema Issa nos muestra su cabaña humilde, la cual tiene por única decoración el almácigo de arroz (donde se cultivan las plantas antes de trasplantarse). En vez de un jardín o una vista sublime, nos presenta cultivo modesto que le dará de comer y lo convierte a algo digno de belleza.

Esta corriente rural o campesina, de la cual Issa forma parte, es la que Shirane llama la Tradición del satoyama (里山), es decir la del pueblo al pie de la montaña. Satoyama refiere a las tierras cultivables al pie de las montañas y entre las que se asientan aldeas, villas y pequeños pueblos. En términos generales, Shirane identifica la Tradición del satoyama como la de las poéticas agrícolas, del bosque y las pequeñas islas de pueblos pescadores. Se trata de poéticas que vienen del campo interior y de la provincia marítima de las islas, todo ese universo japonés que siempre ha existido y se le llama inaka (田舎). La voz del inaka ha sido y aún es la voz de la gente letrada en la escritura o versada en la oralidad y su tradición de voces semeja a afluentes que desde la época de Manyōshū vierten continuamente sus aguas en la tradición japonesa de la escritura de la naturaleza.
El vecindario poético de Issa es este mundo del satoyama, de su gente y la naturaleza, visto con una mirada gentil y con profundidad espiritual. En cuanto a los animales, el haijin retrató a muchos animales de la granja y del interior de las casas, a veces gozando de sus propios juegos, preocupándose por el día a día o viviendo transformaciones llenas de belleza y misterio. Es decir, de una manera semejante a la de los humanos.

He dividido la selección en tres, la primera es sobre perros y gallinas, la segunda, más amplia, es sobre los insectos y la tercera sobre ranas o sapos. Acompañan esta selección algunas fotografías que tomé en el Entenji en 2016, un templo de la zona suburbana de Tokio dedicado al poeta, para dar una idea de la importancia de Issa en el corazón japonés.

Selección de poemas de perros y gallinas

 

鶏の番をしているつぎ木哉
niwatori no ban wo shite iru tsugiki kana

Mi árbol injerto,
las gallinas alrededor
te hacen guardia.

 

 

鶏の抱かれて見たるぼたん哉

niwatori no dakarete mitaru botan kana

La gallina
sentada en su huevo
contempla la peonía.

 

 

けさ秋としらぬ狗が仏哉

kesa aki to shiranu enoko ga hotoke kana

El cachorro no sabe
que el otoño ha llegado.
Aun así, es un Buda!*

*Versión de Andrés González

 

 

親犬が瀬踏してけり雪げ川

oya inu ga sebumi shite keri yukigegawa

Río nevado…
Una madre perra tantea
la profundidad.

 

 

犬の声ぱつたり止て蓮の花
inu no koe pattari yamete hasu no hana

Y de repente
cesaron los ladridos.
Flores de loto.

 

 

狗の夢見て鳴か夜のせみ

enokoro no yume mite naku ka yoru no semi

Canta la cigarra en la noche,
¿habrá visto
el sueño del cachorrito?

 

[i] Sobre la naturaleza de las cuatro estaciones como segunda naturaleza veáse el libro de Haruo Shirane, Japan and the culture of the four seasons (Columbia University Press, 2012).

 

Feliz Año Nuevo, con Onitsura

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Así como la Navidad en Japón porta un tinte de festividad extranjera en el ambiente general del país –aunque otra cosa sea para los cristianos-, celebrar el Año Nuevo goza allí de una secular tradición para todos; aunque en el antiguo Japón se hacía coincidir el Año Nuevo con los primeros atisbos de la Primavera, hacia fines de Febrero. Con la modernización de Japón promovida por la era Meiji, el Año Nuevo japonés se ha identificado ya con el del calendario occidental; siendo allí sin embargo una solemne festividad que dura tres días (1, 2 y 3 de Enero) para acentuar así su significado vitalista de renovación. Lo cual es, por cierto, muy afín con la mentalidad shintoísta: en Año Nuevo se conmemora –a grandes rasgos- que los “kami” o espíritus divinizados de los ancestros velan especialmente por los vivos.

Tal inspiración la recoge Onitsura (1660-1738), coetáneo con Bashoo –siendo dieciocho años más joven que dicho maestro-, en el siguiente haiku (ver icono):

        ooashita /

mukashi fukinishi /

    matsu no kaze

 

     La gran mañana:

aires de antaño llegan

   de entre los pinos.

 

He aquí una traducción palabra por palabra, siguiendo los tres versos japoneses:

Gran-mañana/ (desde) antiguo-sopla / pino(-s)-de-viento//

El último verso ha de interpretarse como ‘viento de (los) pinos’, invirtiendo nuestro orden léxico, según la sintaxis japonesa. Obviamente, quiere significar ‘el viento que sopla entre los pinos’. La métrica de este haiku es impecable, según la conocida pauta 5/7/5 sílabas.

   “La gran mañana” se refiere a los albores de la solemne fiesta de Año Nuevo. El segundo verso –coincidente con el de la traducción-, mediante su frase “aires de antaño” puede evocar a los japoneses los “kami” o deidades de la naturaleza, así como a todos nos hace recordar a nuestros antepasados.

   Aunque el viento sea invisible, se hace visible en el vibrar de las ramitas y agujas verdes de los pinos, e incluso posiblemente se nos hace audible, mediante un tenue silbo al rozar entre las ramas. Es de notar también el contraste temporal entre “de antiguo” y “gran mañana” presente.

El verbo “fuku” ‘soplar’ (2º verso) aparece sufijado por “-nishi”, posiblemente una insinuada perífrasis verbal factitiva: ‘fuki-ni-suru” ‘hacer soplar’, expresión reducida en este contexto a “fuki-ni-shi”. La función de dicho sufijo puede ser intensiva: enfatizar el verbo “fuku” en su semántica visual y auditiva ya comentada.

   En plena naturaleza, desde un pinar acariciado por el viento, Onitsura nos invita pues a celebrar en grande la entrada del año, que se nos presenta aquí como ese aire campestre que nos llega, trayendo nueva vida a nuestros pulmones, y mostrándonos también una nueva imagen sumamente grata a la vista.

 

                                                        Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala. Universidad de Sevilla.

Entrega nº 122. 11 de septiembre

– Tan solo en un día, toda la parte inferior de mis demacradas piernas, de repente comenzó a inflamarse, y esta inflamación sobre la zona ya hinchada, se parece a una garrafa de sake colgando al final de un palo. A mis preguntas, el médico respondió que este es un fenómeno común entre los pacientes, relacionado con la mala circulación de la sangre. En cualquier caso, no es algo muy agradable.

Parece que Shihoda es un lector habitual de los Ocho Comodines (Hasshôjin). ¡Como lo entiendo! Entre aquellos a los que solo les seducen las novelas románticas, es raro encontrar un seguidor de Rijô.

Shihoda fue al mar, en Shinagawa, y atrapó doce pescados, tres de los cuales escaparon y saltaron del bote para volver al agua. Finalmente, parece que en total llegaron a pescar cuarenta por persona. ¡Qué gran pesca! Y ayer, en el Sumida, pescó cincuenta gobios, mientras que los que lo acompañaban solo pescaron diez. Como él dice, pescar es elegir bien un anzuelo, su cebo, y no andar cambiándolo.

Sachio me cuenta: una mala vaca patea cuando se ordeña. Si te enojas y la azotas, o si le atas las patas para ordeñarla a la fuerza, entonces la vaca ya no dará leche. Pasa igual con las personas, si se les pega para criarlas con el pretexto de que su naturaleza es mala, entonces poco a poco se irá dañando esa naturaleza y la pervertimos. Y así continuará.

Takashi se pregunta: ¿desbrozo un bosque con varias especies o quito la hiedra para apreciar el púrpura oscuro de los viñedos?

Notas del traductor y las fuentes

– Shiki ya refirió esos síntomas en algunas entregas anteriores, luego, va contando cosas sobre sus conversaciones con quienes le acompañan, casi como un ejercicio para mantener su mente en forma.

Sakamoto Shihoda –Shota- (Sakamoto Shoboto, 1873-1917), es un haijin, discípulo de Shiki, al que ya nos referimos en las entregas 26 de 7 de junio y en la entrega 20 de 1 de junio.

Los ocho comodines del almanaque de las flores (Hana-goyomi hasshôjin) es una novela cómica de Ryûtei Rijô (muerto en 1841), publicada en quince fascículos entre 1820 y 1849.

Shinagawa es una zona de Tokio que forma parte de su bahía.

– El Sumida es el río que atraviesa Tokio y desemboca en su bahía.

– Recordemos que de Itô Sachio (1864-1913) ya se ha hablado en numerosas entregas. Poeta y novelista que cultivó waka y tanka, y uno de los amigos que cuidaron de Shiki hasta el final.

– De Nagatsuka Takashi (1879-1915) ya se habló en la entrega 7 de 13 de mayo y en la 99 de 19 de agosto. Fue poeta y novelista de la vida campesina (La Tierra –Tsuchi-, 1910). Permaneció y se formó con Shiki desde 1900 hasta 1902, cuando murió el maestro, resultando ser un brillante discípulo en el campo de la waka.

Entrega nº 121. 10 de septiembre

– En el go, como en el ajedrez japonés, hay jugadas legales o limpias y jugadas tramposas. Curiosamente no dependen necesariamente de la personalidad del jugador, por lo que hay algo bastante extraordinario en todo ello. En el go, como en el ajedrez, una persona de naturaleza pacífica, un verdadero buen hombre en la vida ordinaria puede ser feliz atormentando a su adversario con jugadas marrulleras. Y, en el juego, alguien que da la impresión de poder robar o defraudar en la vida cotidiana puede transformarse por completo y actuar como un buen hombre. Hay algunos que nunca harán trampas e incluso jugarán de una manera noble y distinguida. Por supuesto, hay todo tipo de jugadores de ajedrez que han mostrado con él su carácter. Hay varias explicaciones para esto y creo que un análisis psicológico podría dar resultados interesantes. Por mencionar solo un aspecto: está claro, por ejemplo, que muchos jugadores inexpertos, mientras lo son, hacen trampas, y cuando progresan en su arte y aprenden a jugar correctamente, son muchos menos los que las siguen haciendo.

Notas del traductor y las fuentes

  • Cuatro entregas atrás, Shiki también hablaba del go.

Entrega nº 120. 9 de septiembre

En la sección “El mundo del haiku en Tokio”, en el número 10 de la 5ª serie de la revista Hototogisu:

 

Shigeyama no

Shizuku ya korite

Ayu to nari

 

En las laderas frondosas

Las gotas se van juntando

He aquí los peces de un año

(Kôson)

 

Hekigotô, al comentar este poema, concluye: “¿Y no es una exageración poner los caracteres chinos <<shigeyama>> cuando normalmente se usa <<mozan>>?”. Pero esa es una crítica muy fantasiosa. De hecho, hay un famoso y viejo poema:

 

Tsukubayama

Hayama shigeyama

Shigekeredo

Omoiiru ni wa

Sawarazarikeri

 

Montes Tsukuba,

Sus frondosas faldas y laderas

Son muy exuberantes (pobladas de miradas)

Pero para penetrar allí (pensar en ti)

Nada me detiene

 

 

¿Y no encontramos también este poema de Buson?

 

Shigeyama ya

Sate wa ie aru

Kaki wakaba

 

En la montaña frondosa

¡se adivina una casa!

hojas nuevas de caqui

(Buson)

 

 

Notas del traductor y las fuentes

– El famoso viejo poema que alude Shiki sobre el Monte Tsukuba, es un poema de Minamoto no Shigeyuki, recogido en Shin Kokinshû (Colección de poemas antiguos y modernos, recopilada alrededor de 920), con el número 1013. Una traducción inglesa es: «Kokinshû, traducido y editado por Laurel Rasplica Rodd, Princeton, Princeton University Press, 1984». También hay dos traducciones al español: “Poesía clásica japonesa, por Torquil Duthie, Madrid, Trotta, 2005”, y “Kokinshuu. Colección de poemas japoneses antiguos y modernos (el canon del clasicismo), traducido y editado por Carlos Rubio, Madrid, Hiperión, 2005”.

– Lozerand advierte sobre el contenido de ese poema: Las llamadas kake kotoba (“palabras clave”, “palabras de enlace”, o “palabras gancho”) se superponen, como una lectura fonética de una agrupación de kanji para sugerir varias interpretaciones: primero en el nivel literal y luego en niveles homofónicos subsidiarios. Aquí, con “Shigeru (Shigekeredo)”, tenemos el doble significado de “exuberante” y “pobladas de miradas”.

– De la misma manera, aquí “omoiiru” tiene el doble significado de “Penetrar” y “pensar profundamente”. Así, el poema superpone la idea de entrar en una montaña densa y la de pensar en un ser querido en medio de los ojos de todos.

– En el haiku de Buson, es necesario imaginar al poeta en un sendero de montaña cada vez más frondosa. La sospecha de una casa cercana, con sus árboles de caqui, puede ser la esperanza de una parada refrescante.

– Sobre su último verso “Kaki wakaba” (hojas nuevas -jóvenes- de caqui), cabe decir que puede encontrase en casi todos los saijiki (diccionarios de kigos) como un kigo de principios de verano.

 

 

 

 

Entrega nº 119. 8 de septiembre

– Recientemente, como no puedo comer bien, probablemente porque estoy débil, todo lo que veo, todo lo que oigo, me enoja mucho. De repente, sin siquiera hablar de política o negocios, en los periódicos y revistas todo me molesta.

No he leído cada uno de los textos que Rogetsu publicó en «La estrella del haiku» (Haiséi) y, por lo tanto, no sé con exactitud por dónde va, pero, sí puedo decir que me parece curioso que haya leído ahora por primera vez libros haikai de la era Genroku, y que eso, más sorprendentemente si cabe, lo anuncie a los cuatro vientos. Cuando lo veo escribir diez poemas de esa guisa, como le place, para pedir después críticas a sus poetas amigos de Tokio, y acabar publicando sin pudor sus comentarios negativos en esa revista, valoro su ausencia de sesgo; pero, sin embargo, no avergonzarse de un nivel tan bajo supondría un problema hasta para un general de la Armada. Nos gustaría un poco más de imaginación.

Por otra parte, no nos sorprende que Seisei, que está extraordinariamente dotado para la poesía, haya compuesto con toda ingenuidad doscientos poemas sobre el tema del cuco, pero, si él considera que lo que ha escrito son haikus, peca de una completa falta de experiencia en este campo. Se comprende ¿verdad?, ¡nada que ver con el tema!, atrapar doscientos cuclillos es como no atrapar ninguno.

 

Notas del traductor y las fuentes

– En la primera entrega, de 5 de mayo, Shiki ya hablaba de cuán molesto estaba y del enfado que a veces le provocaba simplemente cualquier cosa que pusiera en un diario. Reconoce su mal humor (por el dolor) y continúa apurando sus últimos días criticando duramente, para instruirlos, a sus discípulos y más cercanos seguidores.

Ishii Rogetsu (1873-1928) era un haijin seguidor de Shiki, médico, de origen campesino. En 1900 fundó la revista «La estrella del haiku» (Haiséi), cuyo nombre fue elegido por Shiki. Unos haikus suyos son:

Croan las minúsculas ranas

Las hojas recién brotadas

Una lluvia pasajera

(Trad. V Haya)

 

Fuerte tormenta otoñal.

En lo alto del cielo

¡las nubes quietas!

 

La era Genroku (1688-1704) es famosa porque en ella vivieron Ihara Saikaku (1642-1693), el gran novelista, Matsuo Bashô (1644-1694), el poeta y Chikamatsu Monzaemon (1653-1725), el autor de teatro. Es la primera edad de oro de la literatura del período Edo.

– De Matsuse Seisei (1869-1937), ya se habló en las entregas 71 y 74 de 22 y 25 de julio. Fue haijin, se convirtió en uno de los colaboradores que fomentaban la participación y los debates de la revista Hototogisu. Desde 1899 trabajó para el diario Ôsaka Asahi Shinbun, donde pronto se hizo cargo de la sección de haiku. En 1901 fundó la revista Takarabune. Unos haikus suyos son:

Hogareña,

sigue los rayos de sol

la mosca de invierno

(Trad. M Coyaud)

 

Tormenta de invierno.

Todos guardan silencio

en el barco anclado

 

Entrega nº 118. 7 de septiembre

-Hoy, mientras hojeaba una revisión, me encontré con publicaciones recientes sobre extractos de una antología de haikus seleccionada y comentada por el Viejo Meisetsu. Recojo aquí algunos de esos poemas y sus comentarios:

Shirozake ni

You mo mikka ya

Kusa no yado

 

Borracho tres días

De sake blanco-

Posada de las hierbas

 

Comentario: damas y caballeros nobles, se pasan el año festejando felizmente.

 

Na no hana no

Anata ni miyuru

Imo ga ie

 

Surgiendo algo más allá

Unas flores de colza

La casa de mi amor

 

Comentario: infinitas nubes doradas y la Vía Láctea para cruzar.

 

Yoki kinu ni

Yoki obi shimete

Atsui nari

 

Hermoso atuendo

Y hermoso fajín anudado

¡Qué calor!

 

Comentario: con el sudor, el polvo blanco se disolverá.

 

Inakabito no

Tsukitobasareshi

Matsuri kana

 

En la aldea

Los cuatro hierros en el aire.

¡Es la fiesta!

 

Comentario: “¡guau! ¡eso si que es una sorpresa!”, exclamó.

 

Yakunin no

Fuda tatete saru

Aota kana

 

El funcionario

Coloca su cartelito y se va

¡Verdes arrozales!

 

Comentario: ¿cómo? ¿de qué trata esto?

No hablaré aquí de la calidad de estos poemas, pero estoy un poco sorprendido por el mal gusto y la vulgaridad de los comentarios. El Viejo Meisetsu se suele burlar de las personas con críticas breves, y en menos que canta un gallo se mofa de sus poemas y sus prosas: es su gran especialidad. Sin embargo, los comentarios que hizo a esta selección de haikus son realmente infantiles y nunca imaginé que él podría ser el autor. Es cierto que los poemas extractados pueden haber sido mal elegidos y, por lo tanto, solo contienen versos torpes, pero si la gente se basara en esto para apreciar el talento del Viejo, podrían criticarlo injustamente.

 

Notas del traductor y las fuentes

– De Naitô Meisetsu (1847-1926), ya se habló en la entrega 24 de 5 de junio. Estudioso de Buson, fue un haijin de la escuela de Shiki, de Matsuyama, aun así, considerado uno de los pocos de la generación anterior.

– El comentario de Meisetsu que alude a la Vía Láctea, es sin duda una referencia a la famosa leyenda china de Niulang y Zhinü, (las estrellas Altaïr y Vega), amantes que no se encuentran hasta el séptimo día del séptimo mes (la noche de los sietes, Qi xi), cruzando la Vía Láctea que los separa. Ese día supone lo que en occidente “el día de los enamorados”. Para conocer a fondo el Qi Xi puedes clicar aquí.

– Para el comentario de la aldea, el Viejo Meisetsu utiliza unos términos del dialecto propio de la región de Nagasaki, y para el del funcionario, unos de la región de Gunma.

Entrega nº 117. 6 de septiembre

Aunque se trabaje en el puesto más humilde, es necesario tener un poco de tiempo libre para jugar al go”. Y ahí se ve a algunos que se dan aires de caballeros, pero, cuando los miras jugando, ¡están muy orgullosos de su primera partida ganada!, y luego, se apresuran a volver a querer jugar, como si estuvieran atormentados por un fuego ardiente tras perder dos o tres partidas seguidas. Pasan noches sin dormir, y hasta hacen crujir las fichas, sin respirar, sin pensar en los golpetazos que dan. Vistos desde fuera, parecen enloquecidos. Así, en estas condiciones, ¡es más que una cuestión de ocio!

Notas del traductor y las fuentes

– Ya se hizo alguna referencia al juego del go en las entregas 33 y 59 de 14 de junio y 10 de julio respectivamente. El go (gô) es un juego de tablero de estrategia para dos personas (en cada país oriental varía su nombre). Se originó en China hace más de 2500 años. Fue considerado una de las cuatro artes esenciales de la antigüedad China. Los textos más antiguos que hacen referencia al go son las analectas de Confucio. Los tableros pueden ser de 7×7, 9×9, 13×13 y 19×19. Cuantas más intersecciones, mayor la dificultad. Lo más normal es de 19×19. Se sabe que originalmente se jugaba en tableros de 17×17 pero cuando el juego llegó a Corea y Japón en los siglos V y VII d.C., los tableros de 19×19 ya se habían vuelto la norma. El go es muy popular en Asia Oriental, pero también ha ganado cierta popularidad en otras partes del mundo. Llegó a Europa a través de Japón, por lo cual se conoce por su nombre allí, go, del japonés igo.

Entrega nº 116. 5 de septiembre

Un día caluroso, penoso y melancólico está llegando a su fin, y de repente, las molestas voces de los carpinteros y escayolistas ya no se escuchan ahí al lado.

Aunque todavía no había desechado mi bandeja de la tarde, con su deliciosa berenjena en salmuera que me ha hecho chascar la lengua, me entregan una planta en una maceta que llega desde Mukojima. Entre las amplias hojas verdes, eclosionan generosamente flores blancas de siete u ocho pulgadas, ondulan y su aroma y frescura es indescriptible. En el tallo, hay atado un trozo de papel donde está escrito “yakaisô (planta de reunión vespertina)”, que es un nombre decepcionante para una planta, pero al lado, en letra más pequeña dice: “En otras palabras, yûgao”. En el dintel de la hornacina, completamente en el lado opuesto, en lugar del sempiterno paraguas, han colgado dos banderolas marrones ofrecidas a Rokkotsu de Tianjin por algunas personalidades. He hecho que cambien la planta que recibí de Mukojima de lugar y la sitúen debajo. Ahora, mientras contemplaba todo junto, descubrí otras posibilidades… ¿qué pasaría si bordamos esas flores sobre esas sedas?

Kurenai no

Hata ugokashite

Yûkaze no

Fukiiru nae ni

Shiroki mono

Yurayura yuragu

Tatsu wa dare

Yuragu wa nan zo

Kaguwashimi

Hito ka hana ka mo

Hana no yûgao

 

Escarlatas,

ondean las banderolas

con las ráfagas

del viento del anochecer.

Unas blancuras

ondulan y se balancean

¿Qué es eso que aparece?

¿Qué es eso que se balancea?

Esta dulce fragancia…

¿Es una mujer o es una flor?

Flor de yûgao, flor entre las flores.

 

 

Notas del traductor y las fuentes

Chascar la lengua, así, traducido literalmente al castellano, es una expresión que la RAE pone como ejemplo en su diccionario para el verbo chascar, pero en japonés, la expresión se usa como un giro para referirse a que alguna comida nos gusta mucho o que “se nos hace la boca agua”.

– Mukojima (de donde Shiki recibe la planta) está en Sumida, en el noreste de Tokio. Cuenta con el Mukojima Hyakkaen, un pequeño, encantador e histórico jardín de paseo del periodo Edo.

– Como se dijo en las notas de la entrega 92 de 12 de agosto, “yûgao” es un tipo de calabaza, de flor blanca. Se trata de la planta llamada lagenaria vulgaris o lagenaria siceraria, conocida como calabaza del peregrino.

– Lo del “sempiterno paraguas” es una traducción conjetural … Lozerand explica que el texto japonés mannen-gasa, parece haber sido acuñado por el propio Shiki. Se interpreta como “paraguas (kasa) que siempre están ahí (mannen)”.

– Satô Rokkotsu (1871-1944), fue un soldado apasionado por China, donde permaneció durante mucho tiempo con su cargo. Era un gran bibliófilo y un haijin.

Un poema suyo es:

 

Entristece este viento de primavera.

Fuera de la casa de té,

una geisha con un obi rojo.

(El obi es una faja ancha de tela fuerte que se lleva sobre el kimono y se ata a la espalda. Imprescindible en la vestimenta clásica japonesa, y por supuesto, en el atuendo de una geisha)

Tianjin es una gran ciudad en el noreste de China, a orillas del río Hai en su desembocadura en el golfo de Bohai.

– Lozerand hace notar con extrañeza que para hablar de algunas personalidades (los llamados notables del lugar), Shiki usa una palabra china, no registrada en japonés.

– El poema final es nuevamente un largo poema (chôka), del tipo de los de la entrega 99 de 19 de agosto.