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Julio de 2026

CONSTRUIR

Puerta cerrada.
Salen manitas verdes
Al cielo azul.

DECONSTRUIR

No es fácil imaginar lo que dice este haiku sin la foto. La saqué en un viaje reciente por Galicia: un muro, unas jambas y un dintel hechos con buenas piedras de sillería enmarcaban una puerta negra y cerrada; detrás, un terreno abandonado donde crecían con profusión hierbas y zarzas. Nada extraordinario, ¿verdad?

   Lo que me llamó la atención fue el vigor irresistible de las zarzas en buscar espacio fuera del terreno. Sus puntas, como los dedos de las manos de un humano que se estuviera ahogando y que buscara con desesperación aire, asomaban por las rendijas que había entre la puerta y las piedras. Me pareció que el cielo azul, arriba, sonreía al ver este ejercicio de supervivencia.

    Esta visión me inspiró varios haikus:

  Felices brotan
Las hierbas del olvido.
La puerta negra.

El cielo azul.
Desesperadas buscan
Las zarzas aire.

Puerta negra.
Las zarzas detrás asoman
¿buscando qué?

Cerrada puerta.
Y las hierbas que sueñan
Con cielo azul.

Pero ninguno me gustaba. Me di cuenta de que eran construcciones demasiado tamizadas por un intelecto empeñado en hallar significados: el olvido, la desesperación, la búsqueda, el sueño. Artificios intelectuales. ¡Fuera con ellos!

    Son conceptos centrales en cada una de esas cuatro versiones, pero precisamente por ser conceptos se apartan del alma de la visión inocente: unas hierbas buscándose la vida. Pero no unas hierbas cualquiera. Eran únicas y extraordinarias. Este aspecto de lo extraordinario es lo que me llamó la atención. Primero, por el lugar en que estaban: detrás de una puerta cerrada, y debajo, muy debajo, de un cielo azul. Segundo, por el ímpetu con que crecían en busca de espacio. Yo las vi no como hierbas o zarzas, sino como dedos o manos que, simplemente, habían crecido y en su crecimiento buscaban territorio al exterior del terreno exuberante en donde habían nacido y crecido. Querían más. Eso es lo que me estaban diciendo con los extremos de sus tallos. En mi visión, estos extremos o puntas habían dejado de ser extremos o puntas y se habían convertido en manos pidiéndome que me detuviera y les sacara una foto.  Necesitaban ser oídas.  Y trasmutados en sílabas de un haiku.

No necesitaban que yo interpretara su vitalidad en términos de metáforas sobre sueños, búsquedas u olvidos. Simplemente deseaban tener voz: «aquí estamos nosotras, que parecemos manos, entre una puerta y lejos de un cielo».

    Algo hay que decir de las metáforas. No me gustan las metáforas abstractas, sean las llamadas puras o las impuras, en un haiku porque desvirtúan la esencia de este arte que es  ser poesía de sensación, del aquí y del ahora. Pero hay metáforas que sí que me gustan: son las vivenciales, las espontáneas, las naturales. Las mismas que que usaría un niño, de vocabulario reducido, para decir que “las puntas de las zarzas eran como manitas o como dedos buscando algo”. Un niño no se referirá a esas puntas como “ápices vegetativos” o “puntos de crecimiento” porque su vocabulario no le llega a tanto por lo general. Pero sí que podría decir, por ejemplo, cuando se desliza por un tobogán del parque: “Mira, papá, soy una catarata cuando bajo!” Esta es la metáfora natural y creativa del haiku. Como las de un niño.

  Matsuo Bashō, especialmente en los últimos años de su vida, insistía en que el haiku debe tener karumi, es decir, ligereza, sencillez. Enseñaba cómo conseguir karumi así: “Observa simplemente lo que hacen los niños”. Con esta bella metáfora explicaba el significado de karumi: “El estilo al que me refiero es ligero –karui– de forma y estructura, como la impresión que produce la contemplación de los bajíos arenosos de un río”. Ligereza para el maestro no era frivolidad –aunque algunas personas ajenas al espíritu del haiku lo confunden–, ni ordinariez, sino sencillez en lugar de complejidad, ingenuidad en lugar de sofisticación. La belleza de lo ligero tampoco implica falta de hondura. Al contrario.

   He aquí dos haikus que me parecen que tienen el valor de karumi.

Uno es del propio Bashō:

El sexto mes.
Hay nubes en la cima
De Arashiyama.  

Otro de Masaoka Shiki:

Bajo la llovizna,
Camina lento un perro,
Meneando el rabo.

 

Ausencia de metáforas. Pura observación.

“Manitas” o “deditos”, aplicado a las puntas de las zarzas, es una metáfora creativa y espontánea. Aporta karumi al poema. Y le da vida. La metáfora abstracta, por el contrario, ahoga “las cosas”.

   En este haiku de julio, “las cosas” son tres: las puntas de la zarza, la puerta y el cielo. Tres cosas que, extraordinariamente, se han conjuntado en la visión del poeta para dejarse oír en diecisiete sílabas.

     Porque en el haiku deben hablar las cosas. No las emociones, no el ego, no la estética –lo más difícil–. Y sin las trampas del intelecto. Pura observación.

Julio de 2026

Este año la temporada de tifones en Japón se ha adelantado considerablemente, al punto de que tuvieron dos arrasando sus costas al mismo tiempo. En el Genji Monogatari hay dos capítulos en los que se mencionan este tipo de fenómenos climatológicos: Suma y Nowaki. La literatura, incluso cuando es ficción, refleja algo de realidad también. Mientras, en Santiago, aunque seguimos con mucho frío, después del solsticio de invierno la luz ha cambiado y se empieza a vislumbrar una lejana primavera. O eso quiero creer.

Este mes revisaremos 忌日 kinichi (aniversarios de muerte) que pertenecen al período conocido como 晩夏 banka o fines del verano. Este corresponde a julio o el sexto mes del calendario lunar, Minadzuki. A pesar de estar finalizando la temporada el calor sigue muy alto, sin embargo, la pronta venida del otoño se puede notar en el viento que sopla temprano en la mañana y al atardecer. Esa es por lo menos la descripción del período antes de la influencia del calentamiento global. En la actualidad las altas temperaturas siguen hasta bien avanzada la estación otoñal.

En julio partieron eminencias de las letras japonesas que legaron al mundo obras que se han vuelto parte de acervo cultural mundial. Los haikus que les conmemoran toman inspiración de la estación, fines del verano, o de las obras de quienes celebran.

鷗外忌 ougai ki

9 de julio.

Mori Ogai (1862-1922) fue un novelista, crítico, traductor y poeta de los periodos Meiji y Taishou. Tras estudiar en Alemania como médico militar, publicó la novela Maihime (La bailarina) e inició así su carrera literaria. Mientras continuaba ejerciendo como médico militar, produjo una serie de obras que perduran en la historia de la literatura japonesa. Como poeta, también fue amigo íntimo de Yosano Tekkan e Ishikawa Takuboku. Entre sus obras más reconocidas se encuentran Takasebune (El barco del río Takase), Abe Ichizoku (La familia Abe) y Sansho Dayu (El intendente Sansho).

El haiku que conmemora su aniversario luctuoso es de Ishisaki Soubin.

 

舞姫は死語となりしか鷗外忌

maihime wa shigo to narishi ka ougai ki

¿Se volvió bailarina un término obsoleto? Aniversario de Ougai.

 

茅舎忌 bousha ki

17 de julio

Kawabata Bousha (1897-1941) cuyo nombre real era Shin’ichi, fue un poeta de haiku. Nacido en Tokio, hijo de un haijin amateur, pintor y calígrafo y medio hermano del pintor Kawabata Ryuushi, publicó haikus en revistas como Shibugaki y Kirara, y posteriormente se convirtió en discípulo de Takahama Kyoshi. A pesar de estar postrado en cama durante unos 20 años, creó su propio universo de expresión, conocido como «Bousha Jōdo» (La Tierra Pura de Bousha).

El bello haiku que le conmemora fue compuesto por el haijin Takano Sujuu (1893-1976).

 

茅舎忌の朝開きたる百合一花

bousha ki no asa hirakitaru yuri hito hana

En la mañana del aniversario de Bousha se abrió un lirio.

 

河童忌 kappa ki

24 de julio

Ryunosuke Akutagawa (1892-1927). Novelista. En 1916, siendo aún estudiante de la Universidad Imperial de Tokio, su cuento Hana (La nariz) recibió elogios de Natsume Soseki, marcando así su debut en el mundo literario. Tras graduarse, mientras impartía clases de inglés a tiempo parcial en la Escuela de Ingeniería Naval, publicó obras como Imogayu (Gachas de batatas, 1916), Houkyounin no shi (La muerte de un cristiano, 1918) y su primera colección de cuentos, Rashoumon (1917). En 1919, renunció a la Escuela de Ingeniería Naval y se dedicó a la escritura como empleado del Osaka Mainichi Shimbun. Se suicidó en 1927 a los 36 años. Fue padre del actor y director Akutagawa Hiroshi y del compositor y conductor Akutagawa Yasushi.

Su aniversario luctuoso se conoce como Kappaki, nombre que proviene del título de su cuento Kappa, publicado en la revista Kaizo en 1927.

El haiku que celebra el genio de este novelista fue compuesto por Tanaka Michiko (1945), y hace referencia a la escena inicial del cuento Touyou no aki (Otoño oriental).

 

河童忌や影の痩せたる竹箒

kappa ki ya kage no yasetaru takebouki

Aniversario del kappa, se adelgazó la sombra de la escoba de bambú.

 

谷崎忌 tanizaki ki

30 de julio

Tanizaki Jun’ichirou (1886-1965) fue un novelista de las eras Meiji, Taishou y Shouwa. Debutó en la literatura a instancias de Nagai Kafuu y dejó un legado de gran valor estético. Entre sus obras más representativas se encuentran Chijin no ai (El amor de un tonto), Tade kuu mushi (El insecto que come ortigas), Shunkinshou, Moumoku Monogatari (El cuento del ciego) y Sasameyuki (Las hermanas Makioka). También realizó una traducción del Genji Monogatari al japonés moderno.

El haiku que le conmemora es de Aoki Ayako.

 

夕萱に日のあかあかと谷崎忌

yuusuge ni hi no aka aka to tanizaki ki

Brillante el sol en el lirio de día, aniversario de Tanizaki.

Espero que los haikus que seleccioné este mes les ayuden a conocer un poco más a los genios literarios que Japón nos ha regalado y a celebrar como se merecen sus memorias, con poesía. ¡Hasta el próximo artículo!

 

Junio de 2026

CONSTRUIR

Enjalbegando
Entre flores de azahar.
Un día cualquiera.

 

DECONSTRUIR

Fue hace solo un par de semanas cuando compuse estos versos. ¿La ocasión?

Bueno, tiene su pequeña historia como todos los poemas. Disfruto haciendo algunas tareas de mantenimiento en mi casa  –en realidad, la casa de mi hija y su familia– de El Real de San Vicente, en la sierra de Gredos. Tareas fáciles, como quitar hierba, regar las flores… y a veces enjalbegar muros. «Enjalbegar» es un término que no se usa mucho. Me parece que se emplean más los de  «encalar» o «blanquear». Pero yo lo prefiero: tiene, por así decir, un sabor más tradicional y me evoca el recuerdo infantil de aquellas mujeres con pañuelos en la cabeza que al comienzo de todos los veranos años venían a «enjalbegar paredes» con cal viva. «Enjalbegando» es, pues, el primer verso del haiku de este mes. La actividad que yo hacía en ese momento.

    Aunque, en mi caso, no enjalbegaba con cal como solía hacerse antes, sino con pintura blanca para exteriores. Además, el muro en cuestión estaba alto, tan alto que tuve que pintar desde una escalera y tan alto que algunas ramas superiores de un naranjo plantado al lado del muro estorbaban mi trabajo. Un estorbo que me obligó a cortar algunas de esas ramas y, sin duda por mi incuria, a manchar algunas hojas  con alguna gota de la pintura.

       El naranjo, qué generoso, contestó a la poda y a mi descuido regalándome el perfume suave de sus blancas, diminutas flores, algunas todavía abiertas hace dos semanas. Son las flores de azahar que aparecen en el segundo verso del haiku.

   Leído ahora, se me antoja que este haiku es un homenaje a la cotidianidad: un día cualquiera. Es el tercero verso. Podía haber rematado el haiku con «en primavera», pero sería una obviedad –y la economía del haiku no aconseja caer en obviedades–, pues el azahar florece en primavera. Deseaba, más bien, resaltar esa cotidianidad del acto de enjalbegar.

    Y me salió eso.

   En una segunda lectura, veo que este haiku también es un homenaje al color blanco: el del color de la pintura y el de estas perfumadas flores. Pared blanca y blanco azahar. ¿Cuál es cual?  Para mí, habían perdido su identidad, por lo que la pregunta es ociosa. Sus identidades respectivas están fundidas tanto en la cotidianidad de la acción como en el suave aroma envolvente. Es un haiku aromático a pesar de que ni el color blanco ni el término de «perfume» o «fragancia» se mencionan. No se mencionan porque no son necesarios; mencionarlos sería la forma más eficaz de quitar gracia y sabor al poema.

Esto de las identidades fundidas en un poema me recuerda algo.

La poesía cortesana, artificiosa y elegante del Kokinshū, la primera antología poética sobre waka –el bisabuelo del moderno haiku–, recurría a una figura retórica muy querida por aquellos lejanos poetas. Con ella expresaban también la fusión de las identidades de las cosas mencionadas en los versos.  Se llamaba mitate: tomar una cosa por otra, o bien, expresado en términos de poética, «una translocación identificativa». Se creaba así una especie de «elegante confusión» muy del agrado de los lectores de entonces. Precisamente, ya que el haiku de este mes tiene como protagonista al blancor, hay un poema también sobre la primavera que pivota en torno a este color. Figura como el número 5 de dicha antología y es anónimo:

梅が枝に                                                           ume ga eda ni

来いる鶯                                                           kiiru uguisu

春かけて                                                           haru kakete

鳴 けどもいまに                                             nakedomo imada

雪は 降りつつ                                                 yuki wa furitsutsu

 

Esta es mi torpe traducción:

El ruiseñor

En la rama del ciruelo

A la primavera

Que llega canta y canta.

Mientras, cae y cae la nieve.

Dos aclaraciones: la flor del ciruelo, del ume japonés (en el primer verso del original), se abre  por lo general a comienzos de la primavera cuyo comienzo, conforme al viejo calendario lunisolar empleado entonces ­–ss. IX-X–, caía en la primera quincena de febrero. El canto del ruiseñor estaba asociado tanto a la llegada de la primavera como a la floración de dicho árbol. Ahora bien, aunque no era infrecuente que por esa época –comienzo de febrero– nevara, el poema de estos versos recurre a la ficción poética de hacernos creer que los pétalos blancos de la flor de ciruelo son copos de nieve. En este intento del poeta de ficcionalizar la imagen descrita se cifraba aquella artística y celebrada elegante confusión. ¿Era nieve o eran simplemente los blancos pétalos? El lector «debe» estar confundido. ¡Mitate logrado!

     Hay otro poema de la misma antología, este de Fujiwara no Okikaze, con hojas del otoño sobre las aguas y barcos de pesca; unas y otros, por distintos que parezcan, pierden también sus perfiles identificativos y aparecen confundidos en un instante a través de una maravillosa profusión cromática:

Hojas de otoño

Que sobre blancas olas

Cabalgáis rojas.

En barcos plateados

Los pescadores vuelan.

 

Shiranami ni

Aki no ko no ha no

Ukaberu o

Ama no nagaseru

Fume ka to zo miru.

 

El haiku, al contrario de aquel retórico, elaborado waka de hace mil años, no busca ninguna elegante confusión, sino simplemente retratar al instante. Sin artificio, ni dobleces, ni alardes de ingenio.  El haiku no-mente busca hacer que hablen las cosas. En este haiku, desea que hable el COLOR BLANCO. Y que lo haga un día en que no hay ruiseñores posados en floridas ramas ni un bello paisaje de la costa con arces de hojas otoñales, sino en un DÍA CUALQUIERA.

 

Junio de 2026

Mirando las noticias niponas veo que el verano se adelantó, ya están con temperaturas por sobre los 30° y los japoneses sacando de la bodega los ventiladores. Mientras aquí, en Santiago, estamos con una ola polar que me tiene prácticamente abrazada a la estufa. La maravilla, que va más allá de la comprensión humana pero no de la capacidad del poeta, de que todo esto sucede al mismo tiempo dentro de nuestro querido y maltratado planeta.

Mejor entremos en materia. Todos los kinichi de este mes corresponden al período llamado en el mundo del kigo como 仲夏 chuuka, mitad del verano; el que transcurre durante junio en el calendario actual y Satsuki, el quinto mes del calendario lunar. Coincide con la temporada de lluvias, en la que el verdor de la vegetación parece brillar de lo intenso y la humedad y calor sofocan.

En esta ocasión les traigo una mezcla de aniversarios de muerte de personajes de hace algunos siglos como de otros más recientes, estoy segura de que más de alguno les resultará familiar, por lo que estos aniversarios cumplen con su misión de recordarnos estas importantes figuras y lo que contribuyeron en sus respectivas áreas al mundo.

信長忌 nobunaga ki

Segundo día del Sexto Mes del calendario lunar

Oda Nobunaga (1534-1582), fue uno de los Unificadores de Japón, junto a Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieiyasu. Era hijo de Oda Nobuhide, vasallo principal del gobernador de la provincia de Owari (actual prefectura de Aichi). Tras la muerte de su padre, heredó el poder familiar y unificó la provincia de Owari. En 1560, tras ganar la batalla de Okehazama, consolidó su poder y pacificó la provincia de Mino (actual prefectura de Gifu). En 1573, expulsó al shogun Yoshiaki, destruyendo así el shogunato Muromachi. En 1575, Nobunaga, aliado con Tokugawa Ieyasu, derrotó al clan Takeda en la batalla de Nagashino. Al año siguiente, construyó el castillo de Azuchi en la provincia de Omi (actual prefectura de Shiga) y lo convirtió en su base. Implementó medidas como la abolición de los puestos de control y el establecimiento de mercados libres y gremios, con el objetivo de desarrollar el comercio y la industria y facilitar el flujo de mercancías. En 1582, fue traicionado por su vasallo Akechi Mitsuhide y se suicidó a mitad de su proceso de unificación. Nobunaga fue el primero en usar armas de fuego en combate real y creó un nuevo sistema social mediante políticas como la catastro y el libre mercado. También protegió el cristianismo e hizo construir iglesias y escuelas en Kioto y Azuchi.

El haiku que conmemora su aniversario de fallecimiento fue compuesto por Maegawa Tatsuya.

研ぎ上げし刃うつくし信長忌

togiageshi yaiba utsukushi nobunaga ki

bella hoja afilada, aniversario de Nobunaga

光琳忌 kourin ki

Segundo día del Sexto Mes del calendario lunar

Ogata Kourin (1658-1716), fue un pintor representativo de Kioto del período Genroku (1680-1709) en la era Edo. Era el hermano mayor del ceramista Kenzan. Profundamente devoto de Tawaraya Sōtatsu, revivió su estilo con una sensibilidad propia y singular, y la escuela Sōtatsu-Kōrin (Rinpa) alcanzó gran renombre. Dejó excelentes obras en diversos campos, pero sus «Kakitsubata-zu (Lirios)» y «Kohakubai-zu (Flores de Ciruelo Rojas y Blancas)» son especialmente conocidas como obras maestras que exploran con profundidad los aspectos decorativos y pictóricos de la pintura sobre biombo. También demostró un talento excepcional en el diseño artesanal.

El haiku que le conmemora es obra de Takahama Kyoshi.

群青をゆたかに溶かし光琳忌

gunjou wo yutaka ni tokashi kourin ki

rica mezcla de azul ultramarino, aniversario de Kourin

桜桃忌 outou ki

13 de junio

Dazai Osamu (1909-1948). Novelista, nació el 19 de junio en la aldea de Kanagi, prefectura de Aomori (actual ciudad de Goshogawara), en el seno de una familia acomodada. Su nombre real era Tsushima Shuji. Comenzó a publicar novelas en 1933, y en 1935, su novela Gyakkō (Viaje al revés) fue nominada al primer Premio Akutagawa. Entre sus obras más representativas se encuentran Shayō (El sol poniente), Fugaku Hyakkei (Cien vistas del monte Fuji), Hashire, Merosu (¡Corre, Melos!), Tsugaru, y Ningen Shikkaku (Indigno de ser humano). El 13 de junio de 1948, se suicidó ahogándose en el acueducto de Tamagawa en Mitaka, Tokio. Fue descubierto el 19 de junio, el mismo día de su cumpleaños. El primer «Outou-ki» (Día Conmemorativo del Cerezo) se celebró en el Templo Zenrinji el 19 de junio de 1949, un año después del fallecimiento de Dazai. El nombre «Outou -ki» fue acuñado por Kon Kan’ichi, un escritor de Tsugaru, ciudad natal de Dazai, que residía en Mitaka. Outou (Árbol del cerezo) era el título de una de las obras maestras de Dazai, escrita poco antes de su muerte, y la imagen de la brillante flor roja, semejante a una joya, que madura en las regiones del norte durante esta época de junio, se consideró la más apropiada para su intensa vida y su imagen como maestro del relato corto.

El haiku compuesto en conmemoración de esta fecha es de Sahoda Nobu.

ため息の息の長さや桜桃忌

tameiki no iki no nagasa ya outou ki

la duración de un suspiro, aniversario del cerezo

 

芙美子忌 fumiko ki

28 de junio

Hayashi Fumiko (1903-1951), nació en el distrito de Moji, prefectura de Fukuoka. En 1918, ingresó en la Escuela Superior Femenina Onomichi. Tras graduarse en 1922, se trasladó a Tokio para estar con su amante. Al año siguiente, su compromiso se rompió y, para sobrellevar el desamor, escribió un diario que se convirtió en el prototipo de Hourouki (Crónica de una vagabunda). Su vida se estabilizó tras casarse con Tezuka Ryokubin, un estudiante de arte, y en 1928, comenzó a publicar por entregas Aki ga kitanda (Ha llegado el otoño), subtitulada «Crónica de una vagabunda», en la revista «Arte de mujeres». En 1930, Hourouki (Crónica de una vagabunda) se publicó y se convirtió en un éxito de ventas. Entre sus otras obras se incluyen Fūkin to sakana no machi (La ciudad de los órganos y los peces), Seihin no sho (El libro de la vida sencilla), Kaki (Ostras), Inazuma (Relámpagos) y Ukigumo (Nubes flotantes), y se mantuvo a la vanguardia de las escritoras a lo largo de toda su carrera.

El haiku que recuerda a esta gran escritora fue compuesto por Shikata Itaru.

あてどなき旅に出でたし芙美子忌

atedonaki tabi ni idetashi fumiko ki

quiero emprender un viaje sin destino, aniversario de Fumiko

Espero que hayan disfrutado de conocer un poco más de estas figuras de la historia y el arte japonés, así como de los haikus que les conmemoraban. Les deseo que tengan un maravilloso junio y nos encontramos en el próximo artículo.

Junio de 2026

Caligrafiado por Isabel Martínez bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.

Me quedo un rato

detrás de la cascada.

Entra el verano.

 

暫時は

瀧に籠るや

夏の初め

 

–         En la caligrafía:

 

しはらくは

瀧に籠るや

夏の初め

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Comentado por Rafael García Bidó:

Unas sencillas palabras que mueven a tantas evocaciones. La cascada es un lugar y muchas sensaciones. Un surtidor de agua que lo es de frescura, de sonido, de visiones del líquido y su luz, inasibles como la vida, como el tiempo. Con la presencia acaso de aves y animales.

   Y ese rato, que se puede controlar, son unos minutos o muchos minutos, cuando entra el verano y nos introduce en un tiempo expansivo (como la cascada) que forma parte del período de un año en que nuestro planeta completa una vuelta alrededor del sol, que también se mueve alrededor de un astro mayor, que…

   Un juego de tiempos que nos inserta en los ciclos de la vida. Donde hay cosas que controlamos y otras que no. Como esa agua que se despeña con sonido manso o embravecido y que atrajo a ese testigo que con unas palabras dejó constancia de lo inasible.

RGB

Santo Domingo, 14.05.2026

Mayo de 2026

CONSTRUIR

 

Un caracol
En ruta de peregrinos.
¡Qué despacio anda!

 

DECONSTRUIR

¡Es un haiku infantil! Obedece a la simple visión que de este animal hace un niño o una niña que, en el mismo camino por el que a diario ve pasar personas cargadas de mochila –“peregrinos” le han dicho que son estas personas en camino a Santiago de Compostela–, observa cómo se desliza por el suelo un caracol.

Este haiku me lo inspiró la visión hace dos semanas de este simpático animal, con su concha a cuestas, por el mismo que yo seguía, cargado de una mochila, antes de llegar a Boadilla del Camino, en la provincia de Palencia. Esta población suele ser final de etapa del llamado «Camino francés» de la Ruta Jacobea. Acababa de llover y los caracoles salían de la fronda de la hierba, en la cuneta del camino, en busca seguramente de comida. Había tantos que yo tenía que mirar atentamente al suelo para evitar aplastarlos.  Acompaño foto.

Lo trivial divinizado, eso es el haiku. Y los niños, con una retina más sensible al asombro sensorial que los adultos, poseen la mirada limpia para descubrir sin artificio escenas cotidianas, triviales cargadas de religiosidad. La religiosidad de la unión con la naturaleza, en donde “yo veo un caracol” no es una secuencia sintáctica compuesta de sujeto –el yo que observa– y objeto –el caracol observado–, sino que es la vivencia del acto de VER. En el acto concreto de VER, la impresión de la lentitud con que se mueve un caracol ha sido el detonante del haiku. Podría haberlo sido la suavidad de su avance o la suposición de que ese caracol salía a comer o a buscar novia o a relajarse un rato.  Al niño no le importa no saber muy bien qué es un “peregrino”, porque la fuerza de su percepción visual –en este caso concentrada en la lentitud del avance de un caracol– ha eclipsado en él cualquier otra consideración. Nada le distrae, ni nada se interpone –ni comparaciones ni metáforas– en su visión. Él mismo se ha convertido en VER y en “caracol”. E, incidentalmente, también en “ruta” y en “peregrino”.

Volvernos niños para habitar aunque sea un instante en la casa donde no hay escisión entre sujeto y objeto es mi propuesta a los amables lectores de El Rincón para este mes de mayo.

 

Caligrafiado por Carlos P. Ehrenspeck bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.

«se va la primavera,

son lágrimas los ojos de los peces

el canto de los pájaros»

(Trad. Félix Arce, momiji)

 

行く春や
鳥啼き魚の
目は泪

– En la caligrafía:

行く春や
鳥なき魚の
目は泪

 

Comentado por Jorge Braulio:

Agua en el agua. Un sumergirse para despedir a quienes nos dan sus flores. Aire en el aire. Gorjeos impregnando de tristeza la partida. Y todo en un fluir que nos devuelve al pez, al ave en que reconocernos, como extensiones de lo que somos. Sin desdoblamientos. Lo que se va nos lleva. Las despedidas no siempre separan: somos sustancia compartida. Entonces no es extraño que, en un adiós, los ojos de los peces sean lágrimas. Y el cantar de las aves… Disueltos en el agua y en el aire, reconociéndonos en cuanto nos rodea. En lo que dejamos. Bien lo sabe el poeta, a punto de iniciar su viaje: agua en el agua. Aire en el aire. Así, las despedidas.

 

 

KANEKO MISUZU

KANEKO MISUZU

Abril llega a su final. Aquí en Santiago el otoño ha sido un cambio a veces brusco, a veces vacilante, desde el calor hacia el frío del invierno, muy diferente del otoño en la ciudad de México, donde más bien es una estación posterior a la temporada de lluvias, en la que el cielo se queda azul, inmenso y vibrátil después de tanto lavarse, y las temperaturas se mantienen relativamente cálidas.

Aquí hace cada vez más frío, hay muchos días nublados, las hojas de los árboles han anaranjado, enrojecido y otras ya se caen. Los picaflores chicos han regresado de sus viajes por el sur y los archipiélagos de la Patagonia.

La columna anterior hablaba del Man’yoshu y la instrumentalización de la naturaleza, de la producción de una segunda naturaleza (Shirane) por parte de la clase de los nobles. A pesar de que mi plan original para estas columnas era más o menos diacrónico, voy a preferir desviarme de la senda, como decía Saigyo (que es de quien iba a escribir), para ir en busca de otras flores, más recientes.

Porque quiero desviarme de la poesía imperial japonesa y el canon histórico para ir hacia la poesía niña de Kaneko Misuzu. Porque, como dice:

Más allá de este camino,
hay algo, hay algo, esperando.

*

La vida de Kaneko Misuzu fue en algún momento prometedora. Su familia tenía una pequeña librería en el pueblo pesquero de Senzaki, y le permitió concluir sus estudios escolares. Comenzó a escribir, y luego a frecuentar círculos literarios, y mandar sus poemas a revistas. No alcanzó a publicar un libro. Su matrimonio con uno de los trabajadores de la librería sería el final de su carrera literaria.

El esposo de Misuzu le prohibió escribir y seguir su carrera, le obligó a dedicarse a su hija y las labores domésticas, mientras él la engañaba. Acabó por contagiarle una enfermedad de transmisión sexual. A los cuatro años de matrimonio, Misuzu lograría divorciarse, sin embargo, esto implicó perder la custodia de su hija. Desesperada, se quita la vida como protesta, y le envía una carta a su exesposo para pedirle que deje que su madre se quede con su hija.

Sus poemas, la mayoría inéditos, fueron descubiertos (y redescubiertos) en la década de los 80, gracias a la investigación de Setsuo Yazaki (y a su hermano menor, que había conservado sus cuadernos). Son el testimonio de que su vida no sólo fue una historia de sufrimiento ni se limitó al mandato de su esposo.

En sus poemas, Misuzu nos revela una apuesta radical por una práctica poética centrada en la compasión y en la dignidad de todas las formas de vida.

Mientras su vida se llenaba de prohibiciones y sufrimientos, Misuzu consideraba con una ternura abarcadora el dolor de todos los seres vivos.

En la tierra oscura y solitaria
¿qué mira el pez dorado?
Las flores del estanque, en verano,
y los fantasmas parpadeantes de la luz.

En la tierra quieta y quieta,
¿qué escucha el pez dorado?
El sonido de llovizna en la noche,
que pisa despacio las hojas caídas.

En la tierra fría y fría,
¿en qué piensa el pez dorado?
Viejos, viejos amigos,
entre las mercancías del vendedor de peces.

 

*

En Japón, por diversas razones, el budismo empezó a mezclarse e impregnarse de las diversas creencias animistas. Acaso este contacto con las creencias en los kami influyera en ciertas corrientes del budismo japonés que ampliaron el Dharma a seres que antes no se consideraban sintientes, como los árboles y las plantas, las piedras, las montañas y los ríos. Esta veta, a la que pertenecen tanto Dogen como Issa, es la que parece seguir Misuzu.

Misuzu propone, de una manera incluso más consistente y radical que Issa, una poética de la compasión mediante una escritura niña. Una escritura que no se trata tanto de ser una niña o un niño, sino de abrirse a y seguir una perspectiva niña, un tono de asombro, inocencia y amplitud. Una escritura que insiste en la alianza de la imaginación y la ternura.

La ética de Misuzu no es emanada del deber, no solicita a la razón sino a la imaginación, y lo que busca es hacer visibles las perspectivas, mundos y afectos de los otros seres vivos.

Los poemas de Misuzu nos ponen de súbito, de un verso a otro, en los mundos y en las lágrimas de las ballenas, en los funerales de los peces, en los anhelos de las flores. Los animales y distintos los seres vivos (o la lluvia y la nieve) tienen sentimientos, pensamientos, y mundos tan diversos y complejos como los de los seres humanos. Y al contrario de lo que la mayoría de los humanos adultos creen, no estamos fundamentalmente separados, sino íntima, ética y afectivamente implicados con la nieve, las flores y las sardinas.

*

Nacida en un pueblo pesquero, Misuzu dedica varios poemas a dar testimonio de los sufrimientos de los seres del mar, y gracias a un súbito cambio de perspectiva, nos muestra cómo una gran pesca, que es motivo de alegría para la gente que vive de ella, son experimentadas como tragedias por parte de los peces y las ballenas.

Amanecer,
espléndido amanecer.
Gran captura,
gran captura de sardinas.

Arriba en la playa
hay una fiesta,
pero en el mar
celebrarán funerales
por decenas de miles.

En este poema, Misuzu revela como los peces no sólo sufren, sino que también le dan una forma ritual a su sufrimiento. Al decir que los peces celebran funerales, al igual que los seres humanos, está diciendo que atraviesan procesos de duelo, que realizan rituales, que sus mundos son culturalmente densos y complejos. Que sus relaciones son importantes y significativas para ellos, y las honran de diversas maneras. No son simples seres que viven en la ceguera de los instintos, sino, como decíamos, personas con sentimientos y pensamientos, con agencia.

Para Misuzu, no obstante, la consciencia de la interdependencia entre todos los seres no sólo está marcada por el sufrimiento, sino que también implica que el mundo se compone de una diversidad de perspectivas, de formas de vivir y hacer mundo. Y la relación de todos los seres entre sí es asimismo una red infinita de belleza. Un entretejimiento en el que los diferentes seres se complementan[1]:

Por más que extienda mis brazos,
nunca podré volar por el cielo.
Y el pájaro que vuela no podrá correr
rápido por la tierra, como yo.

Por más que me balancee
no se producirá un bello sonido.
Y la campana que suena,
nunca podrá saber tantas canciones como yo.

 

La campana, el pájaro y yo,
todos diferentes, todos buenos.

*

Como decía al principio, quería desviarme de la poesía aristocrática japonesa, y para ello quería recurrir a Misuzu como una persona que encarna un desvío radical en su compasión, su ternura y su imaginación.

Porque hay poemas suyos que despejan con versos los nubarrones con los que históricamente han cubierto los cielos las clases explotadoras. En “El rey que amaba el oro”, un rey transforma todo el mundo en oro, sin embargo, el poema cierra diciendo:

Pero, pero…
todo ese tiempo
el cielo se mantuvo azul

Misuzu nos muestra que la poesía puede ser un camino diferente al del poder, un camino que tiene múltiples formas y está abierto para todos los seres. Como en este poema, que es mi favorito, porque en él vibra en el lenguaje la invitación hacia una realización colectiva: un bosque, un océano, una gran ciudad —un mundo mejor:

ESTE CAMINO

Más allá de este camino,
hay un gran bosque.
Oye, arce solitario,
vamos por este camino.

Más allá de este camino,
hay un gran océano.
Oye, rana, en tu estanque de lotos,
vamos por este camino.

Más allá de este camino,
hay una gran ciudad.
Oye, espantapájaros triste,
vamos por este camino.

Más allá de este camino,
hay algo, hay algo, esperando.
Todos, vamos, todos juntos.
Vamos por este camino.

[1] Una idea no muy lejana de la noción de incompletitud y complementariedad que el PRATEC distingue en el mundo andino.

Abril de 2026

CONSTRUIR

Soñando ¿qué?
Un árbol de Navidad
En la basura.

DECONSTRUIR

En estos días abrileños de Semana Santa y de Pascua, con la primavera entrando por puertas y ventanas, ¿quién se acuerda de la pasada Navidad? Si acaso, pensamos en el próximo verano. Pero en la Navidad…

Sin embargo, fue solo hace unos pocos días, cuando en uno de los contenedores para basura que hay en la calle, estaba un pequeño árbol de Navidad. Tirado, botado como objeto inservible. Sí, ese pequeño árbol de Navidad que hace solo tres meses, seguramente, era imán de ilusiones, esperanzas y buenos deseos en las personas de una casa cualquiera. ¡Qué cambios trae el destino!

   Hoy, tirado a la basura por inservible, quise pensar que este arbolito seguía con vida. Y como vivir es soñar, ¿por qué no iba a tener sus propios sueños?

  El sueño. No conozco una tradición literaria que no se haya servido del sueño como metáfora de la vida. Sin embargo, en las tradiciones orientales asiáticas acunadas por el taoísmo y fermentadas por el budismo, es un tema central. Tal vez no haya una historia que mejor ilustre la desconfianza oriental por la realidad percibida por los sentidos que la célebre reflexión del filósofo chino Zhuang Zhou cuando una mañana despierta y no sabe si es él quien ha soñado que era una mariposa revoloteando en el campo o si, más bien, es una mariposa que está soñando que ahora es un hombre.

   En el Japón ancestral, la voz del sueño, ajena por naturaleza a la voluntad y responsabilidad del durmiente, era interpretada  como voluntad del cielo y, en consecuencia, ciegamente obedecida. El oficio de oniromantes profesionales (yume toki) gozaba del respeto que, en nuestra sociedad, puede tener el de psicoanalista. La obra para muchos cimera de las letras niponas, El relato de Genji,  está transida de la idea del sueño, tanto que sus personajes parecen estar siempre soñando. «Una noche de sueños interminable es la vida mía», escribe la dama Akashi en uno de sus poemas al príncipe Genji. «El puente flotante de los sueños», una de las metáforas de la vida más entrañables en la tradición cultural de Japón, da nombre a uno de los capítulos de ese libro y durante siglos se creyó que en tal título, de hondas raíces budistas, estaba la clave secreta de la obra.

    Hay otro libro, el Soga monogatari (en español traducido como La historia de los hermanos Soga) donde una mujer, Masako, le compra a su amiga un sueño fausto que esta había tenido. Se lo compra a cambio de un objeto valioso para su amiga.

   ¿Y en la tradición literaria moderna?  El sueño, ese pasadizo íntimo e impúdico del subconsciente por el que se cuelan los susurros, ora de dioses ora de monstruos, ha figurado de forma destacada en la literatura japonesa también contemporánea. Ahí está el famoso Haruki Murakami muchos de cuyos personajes se mueven por las páginas mecidos por los sueños con la misma naturalidad con que los azores se mecen en el aire de un cielo azul: blanda y silenciosamente. Yasunari Kawabata, este sí Premio Nobel, usaba los sueños como un recurso narrativo de primer orden, por ejemplo, en El lago o en País de nieve, por no hablar de La casa de las bellas durmientes.

   ¿Y en poesía? Es célebre, y no solo por su belleza, la poeta Ono no Komachi por poemas como estos dos (el 552 y 553 de la antología Kokinshū, del año 905):

 

Durmiendo vi

A mi amado a mi vera.

De haber sabido

Que no era más que un sueño,

¿Iba yo a despertar?

おもひつつ                                                   omoitsutsu

寝ればや人の              nureba ya hito no

見えつらむ                                                   mietsuramu

夢と知りせば                                               yume to shiriseba

覚めざらましを                                          samezaramashi o

 

Medio dormida,

He visto a quien yo amo.

¿No es un motivo

para confiar desde ahora

en cualquier fugaz sueño?

 

うたたねに                                                         utatane ni

恋しき人を           koishiki hito o

見てしより           miteshi yori

夢てふものは          yume te fu mono wa

頼みそめてき          tanomisometeki

 

Filosóficas o literarias… ¿no son razones suficientes para pensar, si miramos bien (el yoku mireba que recomendaba Bashō), que este arbolito de Navidad aunque haya sido tirado a la basura, sigue soñando? No importa qué. Al haijin le basta saber que tiene vida y que, como todo ser viviente, sueña. Y es digno de figurar en un torpe haiku como este.

Abril de 2026

Este año en Santiago, nos saltamos completamente el otoño y pasamos directamente del verano al invierno, con lluvias, días nublados y bajas temperaturas. A mi mente, sin ni siquiera mencionar mi cuerpo, le está costando aclimatarse. Mi refugio, como siempre, es la literatura. Gracias a ella puedo viajar a lugares más cálidos y disfrutar de la llegada de la primavera, la floración de los cerezos y los cielos azules.

El último período en que se divide la estación primaveral desde el punto de vista del uso del kigo, corresponde a 晩春 banshun o fin de la primavera. Abarca desde el término solar 清明 seimei; puro y claro, alrededor de 05 de abril, hasta el día anterior al término solar 立夏 rikka o inicio del verano, el 06 de mayo aproximadamente. Si bien el término 晩春 banshuu significa fin de la primavera, en la parte norte de Japón la nieve se está derritiendo, sobre todo este año en que la cantidad de nieve caída en Japón fue sin precedentes. En la parte central y sur de archipiélago nipón es el momento de la floración de los cerezos, los cuales este año se han adelantado casi diez días en algunas zonas.

Eso en cuanto al momento de la estación en la que se encuentra el haiku. Respecto a los 忌日 kinichi o aniversarios de muerte, es interesante analizar cómo los haijines los utilizan. Ya que constituyen kigo, esa parte del haiku ya está cubierta, por lo que el resto del poema hace referencia o a la estación en la que se conmemora el aniversario o a eventos de la vida y el trabajo del autor fallecido. De esta forma, es una celebración de la historia literaria que nos han dejado estos hombres y mujeres de letras, y que a través de la brevedad propia de esté género poético japonés, permite mantenerla viva en la memoria colectiva.

En esta ocasión, los haikus que seleccioné corresponden a kinichi de autores, novelistas y poetas, que fallecieron en el período de fin de primavera o 晩春 banshun.

三鬼忌 sanki ki

1 de abril.

Saitou Sanki (1900-1962) fue un poeta de haiku originario de la prefectura de Okayama. Su nombre real era Saitou Keichoku. En 1933, mientras ejercía como dentista, comenzó a escribir haikus por sugerencia de un paciente. Se dice que el seudónimo Sanki (tres demonios) surgió de forma espontánea (algunas fuentes afirman que es un juego de palabras con «thank you»). En 1937, se dedicó a escribir haikus sin kigo, centrándose especialmente en la guerra. En 1938, una dolencia pulmonar previa reapareció y desarrolló caries lumbares, enfermándose gravemente durante un tiempo, pero recuperándose milagrosamente. Esto lo impulsó a abandonar la medicina y, apoyándose en conocidos, consiguió trabajo en una pequeña empresa comercial. En marzo de 1940, fundó Tenko. En agosto de ese mismo año, fue arrestado en relación con el llamado Incidente del Haiku de la Universidad de Kioto. Luego de dos meses de prisión, fue liberado y se le ordenó cesar sus actividades de escritura. Dejó de escribir haikus durante cinco años, hasta después de la guerra. En 1942, renunció a su empresa comercial y se mudó solo a Kobe, dejando a su esposa e hijos en Tokio. Al año siguiente, se mudó a una casa de estilo occidental que más tarde se conocería como «Sankikan».

Recibió póstumamente el premio de la Asociación de Poetas de Haiku.

El haiku que conmemora su aniversario de muerte es de Kusumoto Kenkichi (1921-1988).

三鬼忌のハイボール胃に鳴りて落つ

sanki ki no haibo-ru i ni narite otsu

aniversario de Sanki, el highball resuena en mi estómago y me duermo

 

“ハイボール Highball” es un término general para los cócteles que se preparan mezclando bebidas alcohólicas con refrescos. A menudo se refiere específicamente a «whisky y soda». Sin embargo, existen muchos tipos de highball con diferentes bases y mezcladores, como el llamado «酎ハイ chuhai» que se prepara mezclando shochu (aguardiente japonés) con soda; y el «コークハイ co-kuhai» que es whisky mezclado con Coca-Cola.

虚子忌 kyoshi ki

4 de abril.

 

Takahama Kyoshi (1874-1959). Poeta de haiku y novelista. Durante su adolescencia, conoció a Masaoka Shiki a través de su compañero de clase Kawahigashi Hekigotou, y posteriormente se trasladó a Tokio para apoyar la reforma del haiku de Shiki junto a Hekigoto. En 1898, asumió la dirección de la revista Hototogisu, y ​​fue pionero en la prosa descriptiva, aplicando el realismo de Shiki a su escritura. En 1905, publicó por entregas 吾輩は猫である Soy un gato de Natsume Souseki en Hototogisu, e, influenciado por ello, aspiró a convertirse en novelista, publicando obras como Fuuryuu Senpou (1907). En 1912, regresó al mundo del haiku, defendiendo el haiku descriptivo que se ajustaba a las diecisiete sílabas y a temas estacionales. Desde 1927, defendió la teoría del Kachou Fuuei, que se caracterizaba por un retorno a la tradición japonesa, y mantuvo esta convicción durante toda su vida. Recibió la Orden de la Cultura en 1954.

El haiku que le conmemora fue compuesto por el haijin Ishizuka Tomoji (1906-1986).

 

虚子の忌のさくら漾ふ水の面

kyoshi no ki no sakura tadayou mizu no men

aniversario de Kyoshi, los cerezos flotando en la superficie del agua

 

啄木忌 takuboku ki

13 de abril.

Ishikawa Takuboku (1886-1912) fue un poeta de tanka y verso libre. En 1902, conoció a Yosano Tekkan, esposo de la gran poeta Yosano Akiko, y comenzó a colaborar con la revista Myoujou. En 1905, publicó su primer poemario, Akogare (Nostalgia), que atrajo la atención del público. Casi al mismo tiempo, regresó a su ciudad natal, Morioka, y contrajo matrimonio, pero debido a dificultades económicas, tuvo que trabajar como profesor sustituto en su antigua escuela. En 1908, se trasladó a Tokio y se dedicó a la escritura creativa, escribiendo novelas, pero estas no fueron reconocidas y vivió en la pobreza. Al año siguiente, consiguió un trabajo en el periódico Tokyo Asahi Shimbun. En 1910, publicó Ichiaku no Suna (Un puñado de arena), consolidándose como poeta tanka. Ese mismo año, el llamado Incidente de Alta Traición lo impactó profundamente y se inclinó hacia el socialismo, dejando obras como Kanashiki Omocha (Juguetes tristes) del año 1912.

El haiku dedicado a su aniversario fue compuesto por Mae Jujin.

世渡りの下手な吾なり啄木忌

yowatari no heta na ware nari takuboku ki

no soy bueno para sobrevivir en este mundo, aniversario de Takuboku

荷風忌 kafuu ki

30 de abril.

Nagai Kafuu (1879-1959) fue un novelista y ensayista. En 1898, se convirtió en discípulo de Hirotsu Ryuurou, con la aspiración de ser novelista, al tiempo que se formaba como narrador de rakugo y dramaturgo de kabuki. A partir de 1903, pasó cinco años estudiando en Estados Unidos y Francia, y basándose en estas experiencias, escribió obras como America Monogatari (1908) y France Monogatari (1909), aportando una perspectiva novedosa al mundo literario. En 1910, se convirtió en profesor de la Universidad de Keio y fundó la revista Mita Bungaku. En 1916, se retiró a una vida de reclusión y se dedicó a la estética del período Edo, y en 1917 comenzó a escribir su diario Danchoutei Nichijou. En la era Showa, publicó obras como Tsuyu no Atosaki (1931) y Hikage no Hana (1934), que mostraban su curiosidad por las nuevas costumbres, y Bokutou Kidan (1937), que satirizaba la época.

El haiku que conmemora a este novelista fue compuesto por la haijin Yamada Tomoyo (1920-1993).

 

独り身の自由が淋し荷風の忌

hitorimi no jiyuu ga sabishi kafuu no ki

la libertad de la soltería es solitaria, aniversario de Kafuu

Y así termino el artículo de este mes, espero que les ayude a conocer nuevas figuras de las letras niponas que puedan incorporar a su catálogo de autores por descubrir. El haiku, como siempre, va mucho más allá de sus diecisiete sonidos. Que tengan un maravilloso abril ¡Hasta la próxima!