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Febrero de 2026

CONSTRUIR

Avanza el día
Sandalia de barquero.
¡Ah, la pobreza!

 

DECONSTRUIR

Acompaño fotografía para que el lector curioso pueda apreciar la sandalia que calza un pie gastado por el trabajo de muchos años a la intemperie. Es el pie de un trabajador. Pertenece al barquero de una faluca de un río ­–dicen que el más largo del mundo– obligado por la necesidad a transportar a turistas un día tras otro, sea o no festivo, a cualquier hora del día.

Los dos primeros versos se prestan a cierta ambigüedad porque el sujeto del verbo «avanzar» puede ser tanto «día» como «sandalia». En este último caso, «día» sería el objeto del verbo «avanzar». Una ambigüedad deliberada conseguida gracias a la ausencia de signo de puntuación detrás del primer verso.

Mi vista fue impactada por la sandalia y por la situación de pobreza que, me pareció, había detrás de quien la calzaba.  O tal vez no había tal situación. Pero, al menos, esa fue la impresión que me sugirió la visión de la sandalia. Una historia de pobreza. Al haijin las cosas le cuentan historias. Y se las cuentan porque el haijin intima con las cosas. Es el premio que estas le dan. Tal intimación es, desde mi punto de vista, la esencia del arte del haiku, poesía de intimación entre el poeta y las cosas, situaciones, momentos capturados por la retina del haijin.  Desde este punto de vista, se puede hablar de un doble viaje que hace este: un primer viaje al mundo de las sensaciones –en este haiku a través de la visión de una sandalia–, sin filtros intelectuales; un segundo viaje hacia el corazón de las cosas; un sencillo viaje de intimación con estas.

En este famoso poema de Buson, también con la pobreza como telón de fondo expresada en el tercer verso,  el primer viaje se produjo a través del sonido. Pero el segundo viaje fue el mismo: un trayecto hacia el corazón de un objeto: la sierra.

鋸の            nokogiri no
音貧しさよ         oto mazushisa yo
夜半の冬          yowa no fuyu

Se oye una sierra
A medianoche en invierno.
Es la pobreza.

En el comentario que hace R. Blyth sobre este verso, leemos: «Meisetsu afirma que se trata de la sierra de un carpintero; Hekigodō precisa que es un carpintero pobre obligado a entregar un pedido al día siguiente; Shimizu opina que es el sonido de una sierra que corta carbón y que quien usa la sierra es el mismo Buson, el cual  lamenta el ruido sin duda molesto para los vecinos a esa hora de la noche» (A History of Haiku, vol. 1, The Hokuseido Press, Tokio, 1963; pág.  282).

En mi haiku, fue la sandalia en un pie curtido la que me «contó» una historia de pobreza.  Una historia no fija en un momento del tiempo, sino inscrita en cualquier hora, es decir, cuando el día avanza. Una historia sin tiempo.

Febrero de 2026

Caligrafiado por Elena Hikari bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.

¡el cuclillo!
tira de mi caballo,
al otro lado de la llanura

野を横に
馬牽きむけよ
ほととぎす

–  En la caligrafía:

野を横に
馬ひきむけよ
ほとときす

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Comentado por Félix Arce (momiji):

Tan insistente como la conciencia. La antigua llamada. En todas las voces la voz que nos llama desde más allá de las montañas.

Primavera de 1898, Bashô avanza en su famoso viaje a Tohoku por la estrecha senda hacia la “profundidad del norte”. En esta ocasión a caballo, por la llanura de Nasu, con las montañas del mismo nombre al fondo. Quizá el camino no está muy definido, el haiku así lo insinúa. Campo abierto.

De pronto el canto del “hototogisu”, el cuclillo japonés. El ave migratoria que anuncia la llegada del verano. El melancólico canto protagonista de tantos poemas clásicos. Al amanecer, al atardecer, junto a los árboles que lindan con la llanura.

Escucha viajero. Detén tu camino. Déjalo todo.

Ven.

Y Bashô, el poeta, acepta la llamada. Parece invocar al propio hototogisu para que tome las riendas de su montura y lo lleve junto a él.

Hay un momento, en cada uno de todos los momentos, en que la llamada nos atraviesa tan claramente que solo nos queda soltar las riendas y dejarse llevar.

Quizá los poetas, como los niños en sus veranos ilimitados, mantienen todavía la transparencia del agua en sus ojos. En sus huesos la ligereza del aire, de los pájaros.

La decisión sincera de las primeras veces.

Quizá son ellos los elegidos por la luz. Dejarlo todo abandonado sobre la hierba. Sin peso. Entregarse a la facilidad del mundo.

Como jirón de nube que cede a la invitación del viento…

Somos pasajeros de la eternidad. Es cierto. Pero qué tristeza que en tantas ocasiones nuestra vida transcurra a lomos de la rutina más fatua… Solos, ensimismados, en campo abierto, ajenos a la llamada de lo otro. De todas las cosas que en todo momento están cantando en el mundo. Al amanecer, al atardecer. Al borde mismo de todos los veranos.

¿Escuchas la llamada? La antigua llamada, insistente como la conciencia, el melancólico susurro desde más allá de las montañas. Al otro lado de la ilimitada llanura.

¿La aceptas? ¿Soltarás las riendas?

Febrero de 2026

Unas de las cosas que encuentro fascinantes respecto a los 忌日 kinichi o aniversarios literarios es la conexión entre autores y poesía. Tenemos por un lado los poetas y escritores que en vida crearon obras que hicieron que su memoria perdurara después de su paso por este mundo. Y luego de su partida, otros poetas utilizaron sus vidas, anécdotas, citas, etc. como inspiración para recordarles. Se forma, de esta manera, un círculo virtuoso, en el que los escritores sirven como inspiración a nuevas plumas. Tenemos así que el haijin se convierte en kigo que es luego utilizado para componer haikus. Poético, ¿no?

Y hablando del kigo, en ese respecto febrero corresponde a 初春 shoshun o inicio de primavera. Este período abarca desde el primer día de primavera o risshun (alrededor del 04 de febrero), hasta el día anterior a 啓蟄 keichitsu o despertar de los insectos, alrededor del 06 de marzo. Por lo tanto, es a este ciclo que corresponden los aniversarios que revisaremos en esta ocasión.

初春 Shoshun Inicio de primavera

西行忌 saigyou ki

Vigésimo quinto día del Segundo Mes del calendario lunar.

Saigyou (1118-1190), su nombre de nacimiento era Satou Norikiyo. Venía de una importante familia militar. Fue guardia del Emperador Retirado Toba junto a Taira no Kiyomori, quién había nacido en el mismo año. Por razones desconocidas, a los 23 años abandonó a su familia, esposa e hijos para convertirse en monje, irse a vivir al monte Koya, y, posteriormente, viajar por Mutsu no kuni y Shikoku. Sus trabajos más importantes son las antologías Sankashuu y Mimosu gawa uta awase. También encontramos sus poemas compilados en la octava antología imperial Shin Kokin Wakashuu y el Ogura Hyakunin Isshu. Falleció a los 72 años en el Templo Horikawa, en Kawachi, Osaka.

El siguiente haiku que conmemora su aniversario es de Takahama Kyoshi (1874-1959).

栞して山家集あり西行忌

shiori shite sankashuu ari saigyou ki

marcando la página del Sankashuu, aniversario de Saigyou

利休忌 rikyuu ki

Vigésimo octavo día del Segundo Mes del calendario lunar.

Sen no Rikyuu (1522-1591) nació en una familia de comerciantes de Sakai. Sirvió a los señores feudales Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi. Incluso se presentó frente al emperador Ogimachi en una ceremonia del té celebrada en el Palacio Imperial. En sus últimos años, perfeccionó el estilo wabicha, que se convirtió en la base de la ceremonia del té. A pesar de la cercanía con Hideyoshi, debido a las diferencias de opinión y dada su independencia, este le ordenó que cometiese suicidio ritual seppuku, el cual se llevó a efecto en el palacio de Hideyoshi en Kioto el 28 del Segundo Mes de 1591.

Este haiku que recuerda al más famoso de los maestros de té japoneses fue compuesto por Awano Seiho (1899-1992).

一本の茶杓に所思や利休の忌

ippon no chashaku ni shoshi ya rikyuu no ki

en una cucharadita de té mis pensamientos, aniversario de Rikyuu

 

其角忌 kikaku ki

Vigésimo noveno día del Segundo Mes del calendario lunar.

Takarai Kikaku (1661-1707), poeta de haiku de principios del período Edo. A pesar de que su padre era doctor, Kikaku decidió dedicarse al haikai y se convirtió en discípulo de Matsuo Bashou a los 14 años y compiló la antología Minashiguri a los 23 años. Desde entonces, se mantuvo activo como el discípulo principal de Bashou. Fue quien marcó los parámetros de este género poético en el período entre la muerte de su maestro y la aparición de Yosa Buson. Dejó registros sobre los últimos días de Bashou y la situación inmediata tras su fallecimiento.

Aonuma Osamu compuso este haiku para conmemorar su aniversario. Menciona a Katou Ikuya (1929-2012), quien fue un poeta, haijin y crítico de haikai. En 1998 estableció el Premio Katou Ikuya para apoyar a la nueva generación de haijin.

其角忌や加藤郁乎と飲むことも

kikaku ki ya katou ikuya to nomu koto mo

aniversario de Kikaku, también bebo con Katou Ikuya

多喜二忌 takiji ki

20 de febrero.

Kobayashi Tajiki (1903-1933), fue un autor de la llamada “literatura proletaria”. Su obra más conocida es Kani Kousen (1929), el que retrata la difícil vida de los trabajadores conserveros, pescadores y marineros a bordo de un barco y el comienzo de su revuelta contra la compañía y sus directivos. Nacido en una familia de agricultores de la prefectura de Akita, estudió en la Universidad Otaru de Comercio, durante este período comenzó a escribir ensayos para revistas. Dada la compleja situación financiera y la recesión del país en aquellos tiempos, se unió al Movimiento Obrero. En 1933, luego de ser arrestado por la Policía Superior Especial Tokkou y sometido a tortura, falleció a la edad de 29 años.

El haiku que seleccioné es de Suzuki Tomoko.

爪深くインク浸みをり多喜二の忌

tsume fukaku inku hitami ori tajiki ki

las uñas profundamente manchadas de tinta, aniversario de Takiji

不器男忌 fukio ki

24 de febrero.

Shiba Fukio (1903-1930) nació la prefectura de Ehime. Fue el poeta más destacado de la revista especializada en haiku, Ama no gawa (Vía Láctea), la cual fue fundada en 1918 por Yoshioka Zenjidou, y también llamó la atención en la revista Hototogisu. En 1928 se casó con Fumie, hija mayor de Dazai Magoku, político y vicepresidente de Iyo Railway Electric, y fue adoptado como heredero del clan Dazai. Falleció a los 26 años, con solo cuatro años de experiencia en el mundo del haiku.

El siguiente haiku que celebra su figura es de Ogawa Houmatsu.

みつけても紛るる星や不器男の忌

mitsukete mo magiruru hoshi ya fukio no ki

aunque las encuentres, las estrellas se apagaran, aniversario de Fukio

Espero haber ayudado a que agreguen nuevos nombres a su catálogo de autores y poetas. Nos encontramos en el próximo artículo de El mundo del kigo. ¡Que febrero sea un mes lleno de poesía!

Enero de 2026

CONSTRUIR

En Año Nuevo,
Espinacas con pasas.
Y en el alma, paz.

DECONSTRUIR

 Realmente fue esa mi cena en la víspera de Año Nuevo, en Nochevieja. ¿Qué más da? Total… unas horas antes o unas horas después. También pudo haber sido una digna comida en Año Nuevo.

   Hoy quiero comentar el aspecto dialógico de los haikus. No me refiero al diálogo inherente del haiku con que el haijin puede dirigirse a un lector desconocido, sino al establecido con alguien conocido. En nuestra sociedad la lectura de un poema suele ser una actividad casi siempre monológica, individual, casi íntima, por no decir minoritaria. Seguro que no era así en los comienzos brumosos de la poesía en aquellas ancestrales  sociedades ágrafas, donde la actividad poética todavía no había dado el salto a la escritura, y la transmisión era oral –canto, celebración, conjuro, gesta, plegaria, etc.–  compartida con la sociedad. En el caso de Japón, en el Japón premoderno (antes de 1868), cuando hacía siglos que se venía usando la escritura, la poesía cumplía una importante función social: comunicar sentimientos, despedir a un amigo, celebrar un encuentro o un paisaje, lamentar una pérdida, agradecer un favor, colaborar en un certamen poético. En la corte imperial del viejo Japón, hasta se usaba para informar de nombramientos y destituciones, para solicitar empleo, para exiliar a un enemigo. En los tiempos de los grandes maestros del haiku –Bashō, Buson, Issa– el haiku, aunque era producto de una sociedad plebeya, conservaba en gran medida esa función. Son célebres los haikus del primero de esos maestros para retribuir la generosidad de sus anfitriones cuando iba de viaje o simplemente para saludar a alguien. Como este dedicado a una discípula:

白菊の               shiragiku no
目にたてて見る           me ni tatete miru
ちりもなし             chiri mo nashi

Los ojos fijos
En blanco crisantemo.
Ni mota de polvo.

Pero también hay haikus en que el haijin interpela directamente a la situación, objeto o circunstancia del poema. Hablando de Año Nuevo, me viene a la memoria este de Natsume Sōseki que encontré en la magnífica selección de Fernando Rodríguez-Izquierdo publicada en «Maestros del Haiku» por Satori Ediciones (la traducción es mía).

我に許せ         ware ni yurase
元日なれば        ganjitsu nareba
朝寝坊                               asanebō

Hoy que es tu fiesta,
Año Nuevo, déjame estar
Un poco más en la cama.

¿Divertido, verdad? Podemos imaginar a Sōseki, al que en su vida doliente no le faltaron desdichas, remolonear felizmente en el futón un día tan festivo como ese.

Mi haiku es más serio y solemne con tantas «a» en los dos versos finales. El tercero me lo inspiró un maravilloso haiku de Issa Kobayashi:

何もないが          nani mo nai ga
心安さよ           kokoro yasusa yo
涼しさよ                                            suzushisa yo

Sin tener nada,
Pero con el corazón en paz y
Este frescor.

Paz en el corazón deseo a los lectores de El Rincón en el año que acaba de empezar. Y salud para cenar espinacas con pasas o para remolonear un rato en la cama antes de levantarse.

Enero de 2026

Caligrafiado por Rafael del Olmo bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.

Los ciruelos florecen.
Que no se toquen
por la mano del viento.

盛りなる
梅にすで引く
風も哉

– En la caligrafía:

さかりなる
うめにすてひく
風も哉
——————————————–

Comentado por Frutos Soriano:

A veces el haijín no puede evitarlo, da un paso adelante y toma partido. Le ocurre como a esos  reporteros de la naturaleza que, contraviniendo las reglas de su oficio, dan de comer a los cachorros de león hambrientos. En este caso el maestro Bashô se extasía ante el florecer de los ciruelos y, seguidamente, cede a la heterodoxia y simpatiza con el objeto de su haiku en un gesto compasivo o enamorado. “Que no se toquen / por la mano del viento”. ¿Esto qué es? ¿Un arrebato? ¿Una oración? Bashô se despoja de su traje de haijín y salta al ruedo a jugarse la vida. Ya le da igual todo (como les ocurre a todos los enamorados): que haya intervención del ego, que surja la metáfora, que se personifique la naturaleza… ¡qué más da! A veces nos desbordamos como un río y no hemos de pedir perdón por ello. A fin de cuentas, ¿qué sería de nuestra vida si no diésemos -siquiera de vez en cuando- ese paso adelante, si no tomásemos partido por aquello que nos enamora, si no protegiésemos del frío el cuerpo amado con nuestro propio cuerpo?

Frutos Soriano

Presentación. LA TINTA RESPIRA. Selección de haikus caligrafiados.

LA TINTA RESPIRA. Selección de haikus caligrafiados.

Shodo Creativo es proyecto dirigido por Elena Hikari (caligrafía) y Luciana Rago (pintura) y que nace en el año 2001 en Madrid. Destinado al desarrollo, el estudio, la creación y la difusión de las Artes del Pincel: Caligrafía y Pintura de Japón y China, con el fin de acercar estas disciplinas a un público cada vez más interesado en la materia.

Shodo Creativo comienza su colaboración con El Rincón del Haiku y se extenderá a lo largo del 2026 con una entrega mensual de un haiku caligrafiado a la manera tradicional japonesa por un grupo avanzado de alumnos de las clases regulares y de su profesora Elena Hikari, quien imparte las clases de caligrafía japonesa en Shodo Creativo desde hace 20 años.

 

ALGUNAS ANOTACIONES SOBRE LA ESCRITURA DEL HAIKU

El vacío habla
La tinta respira
La mano no se exhibe
El instante aparece y desaparece.

Hace años aprendí que, escribir un haiku a pincel no consiste en “pasar” un poema a un papel, sino habiéndolo practicado tantas veces que su interiorización permite que la expresión resulte auténtica y sensible al mismo tiempo.

Cada trazo ocurre una sola vez y deja, alrededor, un espacio que también nos habla.

Al igual que el haiku, su caligrafía debe poseer brevedad y está despojada de erudición. Pero debe causar atención al instante, ser preciso. El gesto no se repite y se ausenta la corrección.

Ese papel en blanco, ese vacío que a veces abruma… es también poema. Quizás si lo vemos como una pausa, como una respiración, nos ayude a dejar de sentir vértigo para verlo y sentirlo con alivio.

La musicalidad de su escritura nos habla con líneas dispares en velocidad y nos muestra diversidad y expresión cuando vemos al negro de la tinta ir disipándose al gris, para luego casi desaparecer… y volver a aparecer con fuerza e intensidad.

No todos los haikus piden el mismo trazo, cambia como las estaciones del año. Debe ser diverso como la propia naturaleza.

El haiku ya ha ocurrido y el papel que lo contiene conserva solo una huella. Lo esencial queda fuera del marco.

Para que la vida de un haiku aparezca con su escritura a pincel y tinta, conviene pensar como poeta además de como calígrafo. El haiku no se “ilustra”: se encarna en el gesto.

El tipo de caligrafía que usamos para escribir el haiku son la combinación de los caracteres kanji y los kana, sílabas japonesas fonéticas.

En el momento de escribir el haiku con tinta y pincel fino, algunas consideraciones se vuelven necesarias. Iré desde lo más general hasta lo sutil, siguiendo la tradición sino-japonesa pero adaptándola a la práctica de cada persona:

  1. COMPOSICIÓN o KOUZU構図 – El haiku es breve, así que la composición debe respirar.
  • Formato: el vertical es el más tradicional, como el tanzaku 短冊 (tira de papel 36x6cm.) o el hanshi半紙 (24x33cm.)
  • Distribución del texto: no centrarlo, la asimetría es un parámetro central en la estética japonesa. El poema suele ocupar entre 1/3 y 2/3 del espacio total a escribir. El resto es silencio.
  • Orden de los versos: Tres líneas verticales (una por verso) es común, pero eso podemos variarlo, si el ritmo lo sostiene.
  1. VACÍOS y LLENOS o YOHAKU 余白 – El vacío no es fondo, es parte del poema.
  • El vacío, el blanco, sugiere una estación del año, una atmósfera o MA 間, pausa. Evitemos “rellenar” por inseguridad.
  • El último verso suele quedar con más espacio debajo, como un eco.
  1. LÍNEA DE ESCRITURA y RITMO – La línea es el aliento del haiku.
  • Vertical descendente: natural, meditativa.
  • Ritmo: no igualar todos los caracteres. Variar velocidad, presión y tamaños.
  • Imperfección consciente: una ligera inclinación da vida, demasiada regularidad mata el gesto. Hablamos de la escritura en Chirashigaki 散らし書き (lit. “escritura dispersa o esparcida”), un método de composición único en la escritura kana que, entre muchas características, se diferencia por inclinar las líneas de escritura hacia un punto de fuga en la parte inferior derecha de nuestro soporte.
  1. TINTA y CARGA DEL PINCEL – La tinta en barra sólida expresa el estado interior.
  • Moler la barra de tinta: debes elegir una barra especial para la escritura kana ya que éstas tienen las partículas de hollín de pino más finas que las barras para la escritura de kanji en mayor tamaño. Esto nos facilita la escritura y consigue una tinta con diversos tonos de negro.
  • Dejar que la carga de nuestro pincel se agote con naturalidad y que den paso los tonos grises hasta casi desaparecer.
  1. PINCEL y GESTO 
  • Kofude 小筆, o pincel pequeño.
  • Gesto decidido, continuo y sin correcciones.
  1. ESTILO CALIGRÁFICO – Menos virtuoso y más honesto.
  • Sousho 草書o Estilo de “hierba”, origen del kana. El estilo cursivo del cual nació el silabario hiragana es el más apropiado.
  1. FIRMA y SELLO– Es habitual caligrafiar el nombre del autor que compuso el haiku, pero no es necesario caligrafiar nuestro nombre ni poner nuestro sello, pero si lo quisieras hacer o usar:
  • Discreción: El sello acompaña y forma parte de la composición caligráfica, sin que compita con la escritura. Un tamaño pequeño, de 1,5 o 1 cm.
  • Colocación: a la izquierda, al acabar la escritura que comienza desde la derecha o en el lado opuesto al peso visual del texto.

Leer, interpretar y experimentar el haiku no como forma, sino como gesto, es un aprendizaje continuado gracias al estudio desde hace ya una década con nuestro maestro Hikita “Sekiin” (Kyoto, Japón). Incluso algunos de nuestros alumnos me han podido acompañar en la práctica del Shodo durante sus valiosas clases en su ciudad natal. Poder aprender desde él, desde su gran conocimiento y generosidad nos ha abierto un mundo infinito.

Artículo de Elena Hikari  

Presentación. Enero 2026

EL ALMA DE LAS FLORES

 El alma de las flores es el título de un poema de Kaneko Misuzu que quiero tomar prestado para florearle un nombre a esta columna.

Hace unas semanas, el equipo de El rincón del haiku me propuso escribir una columna mensual sobre haiku y animismo, o más ampliamente, sobre poesía japonesa y animismo.

Antes que partir dando definiciones sobre qué es el animismo y referir historias, me gustaría más bien comenzar con un gesto que nos conduzca hacia los mundos animistas: la escucha.

Este 2025 las vociferaciones de los poderosos parecieron saturar el mundo entero: como si sólo sus voces, sus intereses, sus vidas y sus futuros importaran.

Por lo mismo, se hace cada vez más necesario escuchar la diversidad de voces que el ruido más furioso silencia. Y sostener, también, el poema y su posibilidad de ser un espacio de escucha. Un ámbito donde escuchar las voces de los innumerables seres vivos con los que cohabitamos y componemos este planeta.

Pensando en las vidas que son consideradas silenciables y descartables, quisiera partir invitándoles a leer la segunda entrada del haibun más famoso de Kobayashi Issa, el Ora ga haru (“Primavera mía” en la traducción de Rubén Silva y Gonzalo Marquina, y “La primavera de mi vida” en la de Sam Hamill)[1].

Aquí, Issa cuenta la historia de un novicio de 11 años, Takamaru, que al comenzar la primavera fue junto con un monje a recoger flores y hierbas, pero en el camino de regreso, mientras cruzaban un puente, resbaló y cayó al río. El río lo arrastró sin que su compañero pudiera hacer nada. Al enterarse, la gente del pueblo lo busca durante horas hasta que lo encuentran entre unas rocas, y descubren un puñado de flores de petacita en uno de sus bolsillos.

“Probablemente el niño las había guardado para dárselas a sus padres cuando volviera a casa. Fue en ese instante que todos rompimos a llorar”

Luego cuenta cómo sus padres, “seguidores del Camino”, que “siempre habían hablado sobre la trascendencia del dolor y las miserias de este mundo”, lloran amargamente y sin contención. “El amor hacia su hijo los había destrozado. Por eso lloraban. Por eso…”

Sin embargo, a continuación, Issa intercala un waka en el que se desplaza de la muerte del niño, el dolor de los padres y los habitantes del pueblo, hacia las hierbas:

¿Quién lo habría imaginado?
Tantas hierbas, aún tiernas,
que apenas comenzaban a brotar,
entregadas al fuego, alzándose en humo
que flota sobre el campo.

Y luego, pasando de las hierbas a las flores, nos hace ver que:

“Al igual que los padres del pequeño Takamaru, acaso también las flores lloran al presentir que pueden ser cortadas o quemadas justo cuando abren su rostro al sol de primavera tras la nieve invernal. ¿No son sus vidas tan frágiles y breves como las nuestras? Y si comparten el destino de todo ser que nace y se extingue, ¿no podrían, también ellas, alcanzar el nirvana al final?”

En Japón, los debates entre las escuelas budistas sobre la posibilidad de la iluminación de las plantas y los árboles son bien conocidos y comenzaron alrededor del s. XII[2], sin embargo, Issa no se está refiriendo a los debates teológicos, sino a la experiencia de la compasión, la apertura al valor de las vidas de las plantas y de todos los seres. Nos habla de su fragilidad, su miedo, sus rostros que anhelan el sol.

También las flores, las plantas, tienen vidas, y esas vidas importan tanto como todas las otras vidas.

Issa, que además de haijin era sacerdote del Jodo Shinshu, sabía bien que los seres no tienen una esencia propia, y que comparten una existencia de sufrimiento. El camino hacia la cesación, en lo profundo del corazón de Issa, era necesariamente colectivo. Una red, pero también, como nos recordaba hace un tiempo Yaxkin Melchy aquí mismo[3], un vecindario, una comunidad.

Para Issa todos los seres buscan el despertar, la iluminación, y el cese del sufrimiento: las mariposas, las moscas, los gatos, la nieve, las hierbas. A veces se detienen para escuchar el Dharma, otras frotan sus patitas rezando, y hay pájaros, como el ugüisu, que pueden recitar el Sutra del Loto[4].

De manera más amplia, y saliéndonos del marco budista, podríamos decir que cada ser vivo busca, desea y expresa un futuro.

Tantos seres y futuros se han perdido en este año y los años recientes que la desazón pesa como una gruesa capa de nieve sobre nuestros corazones.

Mientras la Tierra inclina su órbita en relación al sol, y en el hemisferio sur es solsticio de verano, y en el hemisferio norte es solsticio de invierno, los corazones de los diversos seres de este planeta volverán a intentar abrirse, y yo, siguiendo a Issa, voy a intentar confiar una vez más en el oído de los pueblos, las flores y la nieve. Porque todavía nadie conoce todo lo que puede el alma de las flores.

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[1] Aquí voy a seguir la traducción de Silva y Marquina, la única en español, que actualmente se está publicando en Retama Escuela de haiku.

[2] Al respecto, William Lafleur, Saigyo and the Buddhist Value of Nature, o el más breve Sattva. Enlightenment for Plants & Trees, en Dharma Gaia: A Harvest of Essays in Buddhism and Ecology.

[3] La bella verdad del mundo. Haikus de insectos y otros animales de Issa Kobayashi.

[4] La asociación del canto del ugüisu con el Sutra del Loto precede, por supuesto, a Issa, pero forma parte importante de la siguiente entrada del Ora ga haru.

Enero de 2026

¡Feliz 2026! Espero que este año sea excelente para todos y que nuestros días estén siempre acompañados de poesía y libros.

Para este tercer año de “El mundo del kigo” he decido un tema general: los 忌日 kinichi o aniversarios literarios (literal: aniversario de fallecimiento). Creo que es una hermosa forma de celebrar a famosos poetas y escritores en general, haciendo perdurar su memoria en lo que ellos amaban: la poesía. Mes a mes veremos algunos de los aniversarios correspondientes, mientras vamos profundizando en diversas figuras del mundo literario japonés y disfrutando de los haikus que los celebran.

Comenzaré por explicar qué es un 忌日 kinichi. Es un día dedicado a los logros literarios de un escritor, generalmente en el aniversario de su muerte (con algunas excepciones), basado en su seudónimo, nombre artístico u obra maestra. En el haiku, los aniversarios de la muerte de poetas y otras personas famosas se utilizan como kigo. Los orígenes del uso de aniversarios literarios se remontan a los saijiki (diccionarios de uso de kigo) del período Edo. El Hinamikiji (1685), una guía de los eventos anuales de Kioto, incluía información sobre el aniversario de la muerte de un escritor. El aniversario de la muerte de Bashou, por ejemplo, se hizo ampliamente conocido. A partir del período Meiji, el aniversario de la muerte de un escritor se estableció como una palabra estacional, principalmente el de aquellos escritores asociados con el haiku, como Natsume Souseki y Akutagawa Ryuunosuke, pero también para poetas que componían en otros géneros e, incluso, figuras históricas que habían dejado un impacto en el mundo poético. Después de la Segunda Guerra Mundial, la práctica se extendió a escritores no relacionados con la poesía, como Dazai Osamu, cuyo aniversario es 桜桃忌outou ki; aniversario de los cerezos.

Dependiendo del saijiki, se clasifican dentro de 行事 gyouji o eventos, mientras que otros le otorgan su propia categoría.

Como todos los kigos, los aniversarios también se rigen por los períodos en que se divide el uso de las palabras estacionales. Siendo enero, les traigo aniversarios que corresponden a Año Nuevo y fin del invierno.

新年 Shinnen Año Nuevo

良寛忌 ryoukan ki

Sexto día del Primer Mes del calendario lunar.

Ryoukan Taigu (1758-1831) nació en la villa de Izumozaki en Echigo no kuni (actual Prefectura de Niigata). A los 18 años tomó los hábitos de monje de la secta Soutou y a los 34 años, siguiendo las palabras de su maestro Kokusen, quien acababa de fallecer, comenzó a recorrer el territorio. Pasó mucho tiempo en comunión con la naturaleza, escribiendo poesía y practicando caligrafía. Se dice que le gustaba jugar con los niños de las villas que visitaba ya que veía a Buda en sus inocentes corazones. En 1826 tras caer enfermo se trasladó a vivir a la residencia de Kimura Motouemon en Shimazaki. Allí fue cuidado por la monja Teishin, con quien intercambió haikus hasta el fin de sus días.

El siguiente haiku fue compuesto por Taguchi Hiina.

線香は檜のにほひ良寛忌

senkou wa hinoki no nioi ryoukan ki

el incienso es de olor a ciprés, aniversario de Ryoukan

義仲忌 yoshinaka ki

Vigésimo día del Primer Mes del calendario lunar.

Minamoto no Yoshinaka (1154-1184), guerrero del clan Shinano Genji a finales del período Heian. Una de las figuras históricas en la crónica guerrera Heike Monogatari. Derrotó a un gran ejército del clan Taira en la batalla del Paso de Kurikara y avanzó hacia Kioto. Encarceló a los emperadores Goshirakawa y Gotoba y se convirtió en shogun, pero posteriormente fue derrotado en Awazu, provincia de Omi, por las fuerzas de Minamoto no Yoshitsune, enviadas por Minamoto no Yoritomo. Su tumba se encuentra en el templo Gichuu-ji de Otsu. La tumba de Bashou, quien admiraba a Yoshinaka, también se encuentra aquí.

El haiku que elegí fue compuesto por la poeta Tsuji Momoko, quien falleció en noviembre del año pasado, 2025, a los 80 años.

義仲の忌の義仲寺の寒さかな

yoshinaka no ki no gichuu ji no samusa kana

en el aniversario de Yoshinaka ¡oh, el frío del templo Gichuu!

実朝忌 sanetomo ki

Vigésimo séptimo día del Primer Mes del calendario lunar.

Minamoto no Sanetomo (1192-1219) fue hijo de Minamoto no Yoritomo y Houjou Masako. Se convirtió en shogun a los 12 años, pero posteriormente fue asesinado por Kugyo en el Santuario Tsurugaoka Hachimangu. Estudió poesía con Fujiwara no Teika, quien incluyó uno de sus tankas en el Ogura Hyakunin Isshu. Sanetomo dejó una colección de poemas titulada Kinkai Wakashuu.

El haiku que utiliza su aniversario como kigo fue compuesto por Hirai Sono.

今は富士見えぬお庭や実朝忌

ima wa fuji mienu o niwa ya sanetomo ki

ahora en el jardín no se ve el Fuji, aniversario de Sanetomo

晩冬 Bantou Fin del Invierno

久女忌 hisajo ki

21 de enero.

Sugita Hisajo (1890-1946) fue una haijin, nacida en la prefectura de Kagoshima. Su verdadero nombre era Sugita Hisa. Estudió con Takahama Kyoshi. Junto con Hasegawa Kanajo y Takeshita Shizunojo, fue una de las primeras haijin del haiku moderno, y fue conocida por sus poemas, tan elegantes como los de sus homólogos masculinos. Su trágica vida, que incluyó discordias familiares y una disputa con su maestro Kyoshi, ha sido a menudo tema de novelas.

El haiku dedicado a su aniversario es de Shirai Bara.

久女忌や筆からまりし沼の庭

hisajo ki ya fude karamarishi numa no niwa

aniversario de Hisajo, jardín del pantano donde se enredó el pincel

草城忌 soujou ki

29 de enero.

Hino Soujou (1901-1956). Nacido en Tokio, su verdadero nombre era Katsunobu. Fundó el Club de Haiku del Tercer Instituto de la Universidad de Kioto y posteriormente se unió a Hototogisu. Fundó la revista Kikan y desarrolló el 新興俳句 shinkou haiku o haiku emergente. Tras la guerra, fundó y dirigió Seigen.

El siguiente haiku lo compuso Saitou Sanki (1900-1962)

薔薇色のまゝに富士凍て草城忌

bara iro no mama ni fuji koote soujou ki

aún rosado se congela el Fuji, aniversario de Soujou

Espero disfruten de esta nueva propuesta para mi columna y que me acompañen mes a mes a profundizar en “El mundo del kigo” y a expandir la lista de haijines y poetas que admirar.

¡Hasta el próximo artículo!

SHIKI Y LA METÁFORA DE LAS NUTRIAS

       Por Elías Rovira Gil

De joven, Shiki fue estudiando y haciendo interesantes planteamientos que volcó en Dassai Shooku Haiwa (Charlas sobre haiku desde la guarida de la nutria), una serie de ¡treinta y ocho! artículos publicados en el periódico Nihon del 26 de junio al 2 de octubre de 1892. Aquellas “Charlas sobre haiku desde la guarida de la nutria” fueron el planteamiento contundente de Shiki para la reforma del haiku, dirigido a llamar la atención sobre el hecho de que debería ser tratado como una forma de arte seria, atacando al mismo tiempo a los antiguos maestros del haiku, a quienes Shiki consideraba en gran medida responsables de su manifiesta degradación, así como a los jóvenes que, sin apenas preparación, pero creyéndose autosuficientes, lo banalizaban.

Siempre me pregunté de dónde y por qué saldría aquello de “… desde la guarida de la nutria”.

Mira tú por dónde, ha sido leyendo las traducciones y breves notas de Earl Trotter (1200 haikus de Shiki seriados en El Rincón del haiku) que creo haber encontrado la respuesta.

Como veremos en la próxima entrega, en la primavera de 1902, a escasos meses de su fallecimiento, Shiki escribió:

茶器どもを獺の祭の並べ方
chakidomo o oso no matsuri no narabekata

los utensilios del té,
alineados
como el festival de la nutria

Se cuenta en la tradición china, que las nutrias son animales muy meticulosos y suelen colocar los peces que atrapan en una línea ordenada en la orilla del río antes de comérselos, como si fuera una ofrenda para los dioses (un “festival” o “ceremonia”). De ahí proviene el nombre poético “El Festival de la Nutria” aunque no exista como tal Festival público.

Shiki pues, usaba este ceremonial de las nutrias como una metáfora para referirse a los escritores que, como él, esparcen y disponen a su alrededor los textos que son sus referencias, de manera previa para ponerse a componer.

Remontándose al poeta chino Li Shangyin (c. 813-858), Shiki usaba la pronunciación china y a veces se llamó a sí mismo Dassaigyo o Dassai*. También se llegó a referir a sí mismo como el dueño de la Librería (guarida, estudio…) Dassai, y a su aniversario conmemorativo (子規忌  Shiki-ki) a veces se le llamó Dassaiji.

Y así, a su colección de históricos artículos le llamó “Charlas sobre haiku desde la guarida de la nutria”.

* “Dassai” (獺祭) se escribe con dos caracteres kanji: 獺 (Dassu): Significa “nutria de río” y 祭 (Matsuri/Sai): Significa “festival” o “ceremonia”.

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La buena amiga Kayoko Ijiri (universidad de Kyoto) me envía sobre este tema del Festival de la nutria el sumi-e «Kawauso uo wo matsuru» (Una nutria hace ofrenda de peces), de Ogawa Usen, haijin y pintor de la misma generación que Shiki.
Fuente: El sumi-e original «Uo o matsuru» está en el Museo de la Provincia de Ibaragui. Ogawa Usen, «Uo o matsuru», Tomo de Primavera de Gran Saijiki de Japón, Kodansha, 1982.

Diciembre de 2025

CONSTRUIR

¡Qué blandamente
se han sentado unas hojas
en este banco!

 

DECONSTRUIR

Estas dos últimas semanas de noviembre, durante las que en estas latitudes celebramos la caída de las hojas de los árboles caducifolios, son una fiesta para los sentidos y un acicate para la sensibilidad. No solo por los colores con que se tiñen las hojas antes de caer al suelo, sino por todo lo que este fenómeno natural puede evocar en las personas: el paso del tiempo, la proximidad del fin del año, el recuerdo de la transitoriedad de las cosas de este mundo, la luz menguante de los días, la languidez del otoño, la melancolía de los estados de ánimo asociados a esta estación, etc. Una invitación constante a esa sensibilidad hacia las cosas que los japoneses llamaban aware.

Pero las hojas no solo caen al suelo. Pueden caer sobre cualquier objeto. Por ejemplo, sobre un colchón puesto a secar en el balcón de una casa. Como en ese haiku de Masaoka Shiki (1867-1902):

Hojas caídas
En un futón que se orea
En la barandilla.

En ni hosu
Futon no ue ni
Ochiba kana

えんに干す
布団の上に
落ち葉かな

O, en una imagen favorita de la poesía clásica japonesa, sobre una superficie de agua. Como en el siguiente tanka anónimo que aparece en la antología Kokinshū del año 905. Las hojas caídas de los arces, esas que los japoneses llaman momiji, emblema poético del otoño, cubren de color escarlata las aguas del río Tatsuta.

Teñidas hojas
Cubren el río Tatsuta.
Si lo cruzara,
¡Qué precioso brocado
En dos yo partiría!

Tatsuta gawa
Momiji midarete
Nagarumeri
Wataraba nishiki
Naka ya taenamu

En el haiku que hoy presento a la bondad de los lectores de El Rincón y que ilustra una fotografía tomada por la noche, he deseado destacar no el efecto preciosista de las hojas amarillentas u ocres, sino dos cosas: la suavidad –blandamente– como han caído las hojas, y la actitud personalizada –sentarse– con que yo las he visto posadas en el humilde banco de cualquier parque. En un haiku, las cosas actúan como personas o como animales, y las personas o animales como cosas o fenómenos de la naturaleza. Es la impersonalidad del haiku. Reginald Blyth decía que nosotros, personas, somos más humanos cuando nos damos cuenta de que no solamente las piedras y los árboles y los dioses están vivos, sino que hasta nosotros lo estamos.  Los hojas, como unos seres vivos más, se nos muestran sentadas en un banco en donde lo común es que se sienten personas, que “también” son-somos seres vivos (más o menos vivos que una hoja caída es una pregunta improcedente en el mundo del haiku). Algo nada extraño en el universo performántico de esta poesía donde los roles comunes se invierten, en donde objeto y sujeto conviven en un espacio común.

Sobre la forma de caer con suavidad –blandamente–, Masaoka Shiki, ya citado, tiene otro maravilloso haiku, en este caso con la nieve como protagonista:

Cae blandamente
La nieve sobre las alas de un pato.
¡Ah, esta calma!

Oshi no ha ni
Usu yuki tsumoru
Shizukasa yo

 

おしの羽に
うす雪つもる
静かさよ

El pato es nieve y la nieve es pato. Como las hojas son un banco y el banco es unas hojas. El adverbio «blandamente» ha sido solo la varita mágica para que, en uno y otro caso, se haya operado tan misteriosa identificación.