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Abril de 2025

El Museo de Arte Mizunoki, un espacio que trasciende el tiempo, el espacio y la discapacidad.                                                                                                   

Niños con ideas fuera de lo convencional

Las obras de arte creadas por personas con discapacidad no están atadas a géneros, conocimientos o técnicas. Por el contrario, están repletas de colorido y forma libres. El Museo de Arte Mizunoki, en Kioto, ha inaugurado un proyecto para ofrecer clases de arte a niños de primaria con necesidades especiales

Los artistas fueron 47 niños con necesidades especiales que asisten a la clase Sakura de la Escuela Primaria Municipal de Kameoka, Kioto y la artista contemporánea Yamamoto Makiko. Para crear esta obra, Yamamoto les mostró el árbol que había pintado y les preguntó si creían que un árbol tenía un “corazón”, qué forma tendría y dónde lo colocarían.

De inmediato, uno de los niños preguntó cuál era la diferencia entre el corazón del que ella hablaba y el órgano del cuerpo llamado corazón. Amablemente, le respondió que el órgano es el que da vida al cuerpo, pero que hay otro corazón que nos permite experimentar la felicidad o el disfrute. Los niños comenzaron a amasar la arcilla de colores y a expresar sus ideas: “El árbol es tan grande que debe tener muchos corazones. Hice uno con forma de racimo de uvas”, “Creo que el corazón debe ser parecido a las hojas, lo colocaré en las ramas”, cada uno iba colocando su “corazón” en el lugar de su preferencia.En el primer piso están colocados en el suelo y en estanterías, en diferentes ángulos, dibujos de esquejes que los niños hicieron en tablillas. Al lado de la imagen se les pidió que escribieran el sonido que imaginaban que harían estos esquejes al momento de aparecer las raíces y escribieron algunas onomatopeyas como nyoki-nyoki o goto-goto.

Las obras de Mizunoki son reconocidas dentro y fuera de Japón

Tanto Mizunoki como el Museo de Arte Mizunoki pertenecen a la institución de bienestar social Shōkaen. Las clases de pintura fueron inauguradas en 1964, cuando se invitó al pintor japonés Nishigaki Chūichi a impartir una clase. Nishigaki era un ferviente creyente de que el valor del arte no estaba relacionado con tener o no una discapacidad. Hasta su muerte, en el año 2000, siguió instruyendo a los alumnos.

En la década de los 80, algunas de las obras que surgieron en esta clase fueron premiadas en varios concursos. En 1994, la colección de Art Brut de Lausana, Suiza, eligió 31 obras de seis artistas para que formaran parte de la colección permanente. Fue la primera vez que se aceptaron obras de Asia. En 2012, gracias al reconocimiento que obtuvieron dentro y fuera de Japón, se inauguró el Museo de Arte Mizunoki con el objetivo de exponer y almacenar las obras creadas en las clases de pintura de Mizunoki.

Okuyama nos cuenta que creó el taller con la intención de que se convirtiera en un espacio donde los niños de la clase Sakura pudieran dejar volar su imaginación sin preocuparse por otras cosas. Okuyama afirma que en el arte no existen respuestas correctas ni erróneas, nadie gana ni pierde. Se trata de un mundo donde “ser diferente” se convierte en un halago.

Para los japoneses, cuando algo tiene wabi-sabi es que posee la belleza de la imperfección.

Nada dura,
nada está completo y nada es perfecto.

La estética japonesa, se basa, por tanto, en encontrar la belleza en la imperfección.

En definitiva, el Wabi Sabi es un estilo de vida, donde se concibe que la verdadera belleza no existe.

Wabi Sabi nos aporta la lección de disfrutar de los momentos tal y como vienen, sin expectativas

Abrazar el concepto Wabi Sabi nos permite mirar a la vida de una manera diferente, sin la presión de que todo esté bien, sino aceptando que la imperfección forma parte de la vida y celebrando que las cosas sean maravillosamente  imperfectas.

«La lluvia es un problema solo para quienes no quieren mojarse»   Proverbio japonés.

Tan frágil se vuelve el cuerpo
con ese viento de otoño.

 

Fuente:

https://www.nippon.com/es/japan-topics/b10803/

PAJARILLOS. El canto

PAJARILLOS

El canto

 

Un pájaro en  lo alto

en lo más fino

del árbol alto,

un tomeguín*

nervioso, breve, tan liviano

como un soplo de luz,

está cantando

su propia levedad,

la maravilla

de su increíble ser

su pura vida

minúscula, perfecta, iluminada.

Eliseo Diego

 

*tomeguín: pajarillo endémico de Cuba

 

Salgo ligera de casa con algo de prisa a hacer la compra. En la esquina, el trino insistente de un verdecillo en lo alto de un árbol me invita a detenerme y escuchar. A poca distancia, otro le responde, ni el ruido del tráfico impide un diálogo que reconforta y ubica.

Verdecillos, colirrojos, ruiseñores, jilgueros, mirlos, cucos, estorninos, mosquiteros, colibríes, currucas, petirrojos, mitos, alondras… Interminable la lista de estos pequeños seres alados que alegran nuestros días en calles, jardines, huertos, bosques o en lo alto de los montes. (1)

 

Frente a la aljaba

¡Que sí! ¡Que no! ¡Que sí…!

el picaflor*

Sandra Pérez

* colibrí

 

recogiendo la ropa

con la última luz del día

el canto del colirrojo

Félix Arce (Momiji)

 

Trina el jilguero

Se disipa la niebla

 de madrugada

 José Luis Vicent (Barlo)

La belleza sonora de estos cantores se ha visto plasmada de forma incesante, sin distinción, en haikus de todo tiempo y lugar, al igual que en cualquier otra de las expresiones artísticas que forman parte de todas las culturas. Ha sido fuente de inspiración para escritores, compositores, pintores, coreógrafos… Decía Beethoven: «Cuando voy caminando por el campo, los escribanos cerillos, los ruiseñores, las codornices y los cucos van componiendo conmigo

Cantos de hornero,

se despliega una hoja

en el banano

 Ariel Bartolini

 

Hototogisu

koe yokotan ya

nizu no me

 

La voz del cuco

se queda yaciendo

sobre el agua

 Bashô

Yosa Buson, poeta y pintor japonés del S. XVIII salía al campo con su mesita y sus pinceles a practicar «kachō-ga», el arte de pintar flores y pájaros. Con frecuencia en las pinturas así como en sus haikus, aparecerán pajarillos cantando.

 

uguisu no koe tonki hi mo kure ni keri

 

El canto distante

del ruiseñor-

también el día ha terminado

 Buson

En Japón, el uguisu o ruiseñor  es símbolo de belleza y pureza. Su canto puede curar enfermedades y traer felicidad.

 

uguisu no ni-do kuru hi ari konu hi ari

 

El ruiseñor

Unos días no viene

Otros, dos veces

 Kitô

Defender el territorio, atraer a las hembras, alertar de peligros o simplemente comunicarse con los suyos, son las funciones del canto. Para ello, las aves tienen un órgano vocal único denominado siringe, especialmente desarrollado en las aves cantoras, que funciona con el paso del aire.

En primavera, a primera hora de la mañana, una algarabía de aves es en realidad una orquesta, con sus pausas, coros, trinos cortos u otros largos, alternándose, adaptándose al entorno. El canto debe aprenderse.

 

gotas de rocío

entre las cañas, el canto

de una curruca

 Xaro Ortolá (Destellos)

 

Silbo del mirlo.

El gato que lo acecha

cierra los ojos.

Maria Victoria Porras (Mavi)

 

Sus movimientos rápidos, ese ir y venir de rama en rama, en cortos vuelos o a saltitos en busca de alimento, esos pequeños gestos nos alegran y sorprenden al igual que su canto.

 

Aomugi ya hibari ga agaru are sagaru

 

La alondra asciende

la alondra desciende

¡Qué verde la cebada!

 Onitsura

 

Uguisu ya doroashi nugun nume no hana

El ruiseñor

se limpia sus patas lodosas

en las flores del ciruelo

 Issa

 

Brisa en el cedro

cuando canta el mirlo

levanta la cola

 Sandra Pérez

Mucho se habla también del color del canto de las aves. «La vibración de las siringes calienta y colorea el aire», nos dice Joaquín Araujo.

 

Uguisu no coki ne o naku kozue kona

 

El canto verde

del ruiseñor

en la copa del árbol

 Onitsura

 

trinos de mosquitero…

aún más verde

la vereda del río

 Félix Arce (Momiji)

Su silencio,  su muerte nos inquieta, recoge o sorprende. Lo que no sucede como parte de lo que sucede.

 

luz de luna,

un silencio en el canto

de los zorzales

 Ariel Bartolini

 

Ichiwa kite nakanai tori dearu

 Viene un ave…

es un pájaro que no canta

 Santôka

 

Tsugumi shishite hane hiroguru ni makasetari

 Al morir, el zorzal

dejó a sus alas

abrirse por última vez

 Seishi

 

el mirlo muerto

y su pico amarillo

sigue amarillo

Luis Corrales

 

niños jugando,

el viento agita el ala

de un pájaro muerto

Félix Arce (Momiji)

Necesario defender un paisaje sonoro cada vez más empobrecido. Hacer silencio para escuchar, apreciar las distintas voces (2) de unas Primaveras cada vez más silenciosas. Ser silencio, canto… pájaro.

 

Hissori kuraseba misosazai

 Si vives

sin hacer ruido

el canto del misosazai*

 

Cuando se vive

sin ser observado

el canto del misosazai

 

Solo si tu vida

es algo no sabido

el canto del misosazai

 Santoka

*chochín

 

Koe bakari ochite ato naki hibari kana

 Así es la alondra:

una voz que cae en picado

y, cuando la busco, nada

 Ampû

 

Hototoguisu hototoguisu tote akeni keri

 ¡Cuco, cuco!
Toda la noche
Y al final ¡La aurora!

Chiyo-Ni

(1)  Gorriones, y golondrinas/vencejos/aviones serán tema de posteriores entradas.

(2)  Existen algunas apps de identificación de aves. Por ej. la app «Merlín», útil no solo para identificar un ave por imagen, sino también por su canto.

Abril de 2025

CONSTRUIR

Sin hacer ruido
La primavera asoma
Al vasto cielo

DECONSTRUIR

En la poesía clásica japonesa, hay un recurso técnico llamado makura kotoba que literalmente significa «palabras almohadilla». Es una especie de epíteto fijo que confiere dignidad al nombre al cual precede, y dota al poema de ritmo y tono.  Algunos piensan que es un vestigio del antiguo, preliterario kotodama o «alma, energía de las palabras» que ejercía un poder religioso o mágico en la palabra.  Muchas de estas «palabras almohadillas» ya habían perdido su significado cuando la poesía adquiere el soporte escrito en Japón allá por los siglos VII y VIII. Su función es, aparte de dar prestigio al poema emparentándolo con la antigüedad remota, intensificadora o amplificadora del nombre que le sigue, por emplear un término de la preceptiva poética occidental; es semejante, por tanto, a los conocidos epítetos que Homero utilizaba, cuando habla de “la de rosados dedos” para referirse a la aurora.

En la literatura clásica japonesa hay listas de estas makura kotoba antepuestas a topónimos famosos, a verbos o a nombres. Por ejemplo, la de ashihiki, literalmente «arrastrando los pies», aplicado a «montaña». O la de hisakata, aplicado a «luz, cielo, nubes» para ponderar su grandiosidad, inmensidad. En el siguiente poema, el número 84, compuesto por Ki no Tomonori para la antología Kokinwakashū del año 905, la encontramos en este poema, un poema tal vez oportuno a este mes de abril porque nos habla también de flores:

En la vasta luz

De este día de primavera,

¿Por qué el cerezo

Sus flores pierde apenando

Los pobres corazones?

ひさかたの          hisakata no

光のどけき          hikari nodokeki

春の日に           haru no hi ni

しづ心なく                                             shizugokoro naku

 花の散るらむ                                        hana no chiru ramu

La luz, hikari, es el marco grandioso, vasto donde brotan las flores del cerezo o, más bien, donde se destaca la pena que siente el poeta al ver cómo los pétalos se caen.

En el haiku, donde el viejo kotodama se ha fosilizado en el actual kigo o «término estacional», no hay espacio para expresar directamente penas ni tristezas. Solo para registrar sensaciones. En el poema de este mes, es la sensación del silencio con que la primavera llega, de un silencio amplificado por la inmensidad del cielo.

   Por eso, en  la foto que acompaña este haiku se ve tanto cielo azul y tan pocas flores, las justas para presentir la llegada incontenible y silenciosa de la primavera.

Abril 2025

Escribo el artículo de este mes en un Santiago que le ha dado la bienvenida al otoño. Mientras los “inviernistas” se emocionan con las próximas bajas temperaturas, yo ya extraño el calor del verano. Así que me consuelo con videos de la floración de los cerezos en Japón y sueños de futuras primaveras.

Llegamos al último período en que se divide la estación primaveral desde el punto de vista del uso del kigo, con 晩春 banshun o fin de la primavera. Abarca desde el término solar 清明 seimei; puro y claro, alrededor de 05 de abril, hasta el día anterior al término solar 立夏 rikka o inicio del verano, el 06 de mayo aproximadamente. Para más información sobre los 24 Términos Solares les invito a revisar mi artículo de marzo. Si bien el término 晩春 banshuu significa fin de la primavera, en la parte norte de Japón la nieve se está derritiendo y la estación está en pleno apogeo. También marca el comienzo a tiempo completo de los trabajos agrícolas de arar los campos y sembrar las semillas. En la parte central y sur de Japón es el momento de la floración de los cerezos, y, por lo tanto, de los hanami o contemplación de los cerezos, ocasiones en que la gente se reúne en masa en parques y lugares públicos con su familias, amigos y colegas del trabajo, a comer, beber y disfrutar del ambiente festivo al que invitan estas bellas flores y las agradables temperaturas. En la actualidad implica el comienzo del año académico y fiscal, por lo que también tenemos kigos relacionados con estos eventos.

Si bien este período contiene mayoritariamente kigos en la categoría 植物 shokubutsu o vegetación, busqué, con mi selección de haikus, mostrar una perspectiva amplia de la vida al final de la estación y cómo esta ha sido manifestada por poetas a través del tiempo.

Kigo: 入学 nyuugaku; entrar a estudiar. A principios de abril se llevan a cabo las ceremonias de ingreso en las escuelas primarias, secundarias, preparatorias y universidades. La entrada a la escuela primaria es especialmente memorable para todos. En todos los casos, los nuevos estudiantes comienzan su nueva vida con expectativas y un poco de ansiedad en el corazón.

Período: 晩春 banshun; fines de primavera

Categoría: 生活 seikatsu; vida diaria

Haijin: Miyaguchi Torimu (¿? – ¿?)

次々に泣き始めたり入園児

tsugitsugi ni nakihajimetari nyuuenko

uno tras otro comenzaron a llorar los niños del jardín infantil

Kigo: 雀の子 suzume no ko; polluelos de gorrión. Los gorriones viven dondequiera que viva la gente, construyendo nidos de paja en los aleros o tejados de las casas. ¿Por qué es kigo de primavera, si los gorriones son aves que viven en Japón todo el año? Porque ponen huevos y crían polluelos entre marzo y abril. Los gorrioncitos, aún pequeños, juegan bajo la atenta mirada de sus padres.

Período: 晩春 banshun; fines de primavera

Categoría: 動物 doubutsu; animales

Haijin: Shouha (1727-1772)

すずめ子や書写の机のほとり迄

suzume ko ya shosha no tsukue no hotori made

gorrioncillos, vienen hasta el borde de mi escritorio

Kigo: 桜 sakura; flor del cerezo. La flor del cerezo es la flor entre las flores. Se ha compuesto sobre ella en poesía desde la antigüedad y ha sido muy apreciada por los japoneses. Originalmente era una especie silvestre que crecía de forma natural en las montañas y los campos, pero desde finales del período Edo hacia el período Meiji, nació el cerezo cultivado Somei Yoshino, y que es al que se hace referencia hoy en día. Las flores de cerezo han sido la flor que representa la primavera desde la era de la mitología, pero en un momento dado, fueron superadas por las flores de ciruelo, introducidas desde China. Incluso en los poemas recopilados en el Manyoshuu (759), hay más del doble de poemas sobre flores de ciruelo que sobre flores de cerezo. Fue durante el período Heian (794-1185) cuando las flores de cerezo reemplazaron a las flores de ciruelo y volvieron a ser la flor que representa la primavera, por lo que se pueden encontrar muchos poemas sobre las flores de cerezo en el Kokin Wakashuu (905).

Período: 晩春 banshun; fines de primavera

Categoría: 植物 shokubutsu; vegetación

Haijin: Suzuki Kiyotsuki (¿? – ¿?)

哲学の道の流れに桜かな

tetsugaku no michi no nagare ni sakura kana

cerezos a lo largo del Camino del Filósofo

哲学の道 tetsugaku no michi o el Camino del Filósofo es un sendero peatonal que sigue un canal bordeado de cerezos en Kyoto, entre el Ginkaku-ji y el Nanzen-ji. Inaugurado en 1890 y ampliado en 1912, el sendero sigue el curso de un canal de riego poco profundo que trae agua del lago Biwa. Recibe este nombre porque se cree que dos filósofos japoneses del siglo XX y profesores de la Universidad de Kyoto, Nishida Kitaro y Tanabe Hajime, lo utilizaban para hacer ejercicio a diario. Es un lugar famoso para contemplar cerezos en flor, por lo que en la temporada de hanami es muy concurrido.

Kigo: 柳 yanagi; sauce. Cuando pensamos en sauces, pensamos en sauces llorones. En primavera, sus suaves hojas son tan hermosas como el humo, por lo que se consideran un término estacional para la primavera. Se plantan a lo largo de las calles, en jardines y cerca del agua, y desde hace mucho tiempo se les ha considerado árboles con poderes espirituales. Además de los sauces llorones, también existen poemas senryuu en los que las ramas crecen hacia arriba.

Período: 晩春 banshun; fines de primavera

Categoría: 植物 shokubutsu; vegetación

Haijin: Akutagawa Ryuunosuke (1892-1927)

雪どけの中にしだるる柳かな

yukidoke no naka ni shidaruru yanagi kana

en medio de la nieve derretida cuelga el sauce

Si bien Akutagawa es famoso en Occidente principalmente por sus historias cortas, como la gran mayoría de hombres y mujeres de letras en la extensa historia literaria japonesa, era también poeta.

Así cierro el artículo de este mes, el último de la primavera en el mundo del haiku y el kigo, y el primero según las estaciones actuales. Espero estos poemas les acompañen a disfrutar esta hermosa época a quienes viven en el hemisferio norte, y que para quienes vivimos en el sur nos recuerden primaveras pasadas y nos hagan soñar con aquellas por venir.

I. No tan breve como parece

Córdoba, Argentina
Otoño
Abril, 2025

I. No tan breve como parece

Ensayar una hipótesis para el haiku. Una acción que marca un destino: desentramar lo entramado, exponer una geología del haiku, de sus palabras, su historia, su interpretación. Pero el ensayo, en cuanto la exploración de un procesamiento se vuelve una invitación cuando el para se vuelve con el haiku. Quiero pensar el haiku escribiendo una invención (quien quisiera desbordando la geología). Borrando y reescribiendo mis propias traducciones, dejando que sus peligrosos signos invadan la zona imaginaria del deseo. Transitar la imposibilidad de ser fiel a una lengua que no pertenece. Pero, a veces, todo termina siendo un ejercicio de elongación de las posibilidades que alojan las palabras. Pero, finalmente, pareciera que el gesto más simple: convocarte, que en mi traducción advengas. Se dice que la traducción debe ser hospitalaria una lengua debe alojar las pretensiones de la lengua original. Pero, ese acto que olvida que ese poema mal logrado sea una falta de aliento y no un suspiro.

Azorada por sus enigmáticos signos: los párpados quisieran retener puntiagudas líneas rectas, esas curvas como garras, como restos de uña y huesos desperdigados sobre la tumba de la pagina en blanco. Desde la tribulación del pensamiento en vez de destramar, desentrañar, eso que el haiku dice, que nombra, sino desplegarlo cada una de las partes como quien desperdiga alfileres sobre un mapa para luego con el huso de una invención conectar un kun con un yon, una referencia antigua con una proporcionada por el poeta, una grafía que se asemeja a otra, o una exenta de significar que hace valer solo una sonoridad. En esas turbulencias que ocurren en la masa amorfa que es la lengua detenida ante la articulación, Saussure dibujó las olas. Una forma en el agua hecha de su fuerza vital, aquella que puede arrebatar ciudades o alcanzarles el cielo abierto. Si la lengua dentro de la boca solo se extasiase por decir lo aprendido de memoria solo seguimos echando tierra por encima de la tumba del poema. Ese aprendizaje esfuma la fuerza vital del haiku.

Escribir-pensando, traducir-escribiendo, un vivir en el intento. Dejar a las lengua intentar una caricia, demorarse en el tiempo que toma la artesanía, un pensamiento para hacer resonar el sonido débil, el eco del sentido disperso, jugar toda la baraja del signo. Como proyectaba De campos, una tirada al azar debe poder verse in fieri: suspender la conclusión o conciliación, sostener que la traducción sea irrealizable. Así podemos ejercitarnos en un ejercicio dentro entre las lenguas.

 

Bibliografía

De Campos, A. y H. (1968) Traduzir & Trovar. São Paulo, Payrus

Marzo de 2025

CONSTRUIR

Bajo el paraguas.
Gotas en los oídos,
Entre mimosas.

DECONSTRUIR

Este fin de semana ha sido lluvioso en la Sierra de San Vicente, con aguanieve ayer tarde. Pero fue anteayer, sábado, cuando al caer la tarde, salí a pasear. Botas en pies y paraguas en la mano.  Hay un tramo, ya en el camino de descenso que discurre por una carretera apenas transitada, en donde crecen las mimosas.  La lluvia,  aunque fina, caía sobre la tela negra del paraguas produciendo unos sonidos sordos, profundos, redondos.

    A la derecha, los altos arbustos de las mimosas, con sus flores mojadas, trémulas y amarillas, se doblaban hacia el camino saludando a este solitario paseante.

    Paseante que tuvo la extraña ocurrencia de soltar el paraguas en el asfalto de la carretera y corresponder al saludo de las mimosas capturándolas en una foto para los amigos de El Rincón. Capturar el instante dentro del corazón de uno mismo. El secreto del haiku.

 

… y qué?

Córdoba, Argentina
Verano
2025

      … y qué?

Un haiku que hable de la luna no es la luna misma

      Jim Kacian en “El realismo está muerto (y siempre lo estuvo)” (2016) observa que muchos estudios sobre haiku en habla inglesa han reivindicado la correspondencia del haiku con el mundo real y que, incluso, tiene un término para ello, sono-mama (lo tal como es). Para Kacian esta idea ha dado lugar a una fantasía de realidad en el haiku, lo que ha potenciado el mito de que el haiku es una expresión de la naturaleza no mediada por el lenguaje. De allí afirma: “La luna es un objeto real, pero el haiku es solo un artefacto literario” (Kacian, 2016: 57).

      En alguna otra entrada escribiré sobre lo que considero dos mitos en torno al haiku (la creencia que se defina por su relación con la naturaleza, o bien, con el zen). Pero, lo que quiero traer este mes es el problema del realismo del haiku. Algo que parece desacelerar la posibilidad crítica en torno a las poéticas. Siguiendo a Kacian, pareciera no poder decirse demasiado del haiku cuando simplemente recorta una escena realista. El realismo en el haiku fue fundamental para su establecimiento como forma a principios de siglo, y ese realismo no fue solo una mención de la realidad, tenia muchos matices. Shiki cumple un papel fundamental, problema que se nota con las distintas traducciones que ha recibido el termino shasei. Algunos traducen esbozo, otros boceto. Pero eso, no deja de tener un tinte vital derivado la mirada subjetiva (estoy siendo reduccionista) de quien escribe. Esto trajo otro problema, sumado al falso realismo de Shiki, y fue para mediados de siglo XX, que el ensayo “Haiku: arte de segunda clase” de Kuwabara Takeo para quien el haiku sólo debía su prestigio a quien lo firmaba. Shiki para ese entonces llevaba cuatro décadas y años muerto y sus precursores o detractores defendieron las ideas de un haiku estilizado e intelectual (como fue el caso de Kyoshi) o de fuerza ideológica o libre (como el caso de Shūōshi Mizuhara o Shūson Katō).   De todos maneras, el problema del realismo persistió, una haiku que nombra la luna no es la luna, aunque quisiéramos ver en el espejismo de esas letras manuscritas y estilizadas un soplo de vida.

     Sin embargo, si hay algo de realismo en el haiku ya no esas pequeñas escenas de palabras y ritmo exacto sino la literalidad del artefacto verbal, algo hecho con la destreza de quien pellizca la seda del lenguaje, como diría Barthes. Una arruga en la expectativa, una ilusión imprevista: leemos queriendo predecir lo que la brevedad inmediatamente nos devolverá a nuestra ilusión, a ese mundo donde se nos deshacen los marcos de comprensión para reclamarnos, un vistazo detenido, detenido ya no al pie de la letra como en la estrategia de lectura literal para nosotros no hablantes de japonés, sino una lectura que sigue la curvatura del trazo, sus enredos, su remanencias con los demás caracteres que conviven en la misma línea, en la misma página.

      Ante el haiku solo tenemos un puñado de trazos que hacen valer su significado de diversas formas. Cuando el haiku no hace más que mención a un hecho o configura una imagen que en apariencia podríamos relacionar con alguno de nuestros paseos a los parques citadinos o en nuestra imaginación literaria, con esos haiku Kacian expide una interrogante sobre el realismo, el cual resume un tipo de pregunta retórica desafiante de la apariencia anodina del haiku: ¿y qué?

大根の花紫野大徳寺

daikon no hana murasakino daitokuji

Flores de daikon, los campos púrpuras de Daitoku-ji

(Kyoshi, 2016: s/n)

Dos nombres propios enmarcan los campos púrpura: murasakino. Leído a primera vista, claro, no hay nada que decir de lo que aparenta ser un paisaje perfecto, una forma acatada.
¿y qué?
La perspectiva, un pequeño cuadro donde en apariencia los campos purpurasen.

      Para Kacian hay que buscar otra manera de tratar esos artefactos verbales. Algo que intente contestar a esa pregunta o bien la anule por completo. Sin embargo, en una lengua que no pertenece como escribía Derrida, difícilmente podamos acceder no solo a la realidad evocada sino tampoco a codificación de las imágenes evocadas sino haciendo un sumo esfuerzo intelectual por reponer significados, una y otra, y otra vez.

      Kacian reconoce que en el haiku moderno las imágenes de la naturaleza están codificadas dentro de una herencia cultural y traen consigo un peso emocional. Sin embargo, señala que el peso emocional o el universo simbólico que evocan dichas imágenes varía en haikus que ya no se escriben en la estela de la tradición. Ante este panorama, propone la siguiente definición de haiku:

      Los haikus son composiciones muy breves de letras, signos de puntuación y otros símbolos, o bien sonidos y pausas. Su intención es casi siempre comunicar, aunque lo que comunican puede variar mucho. Emplean una o varias estrategias para lograr sus fines, y estas estrategias suelen ser literarias, es decir, se basan en la tradición lingüística de una cultura para indicar su significado. (Kacian, 2016: 57).

      Pero recordemos que seguimos en una lengua y, especialmente, una escritura que no pertenece. Y de momento, solo captaríamos ese recuerdo inútil que emerge cuando leemos un haiku que nos simpatiza y nos resuena. Cada lector tendría así su catálogo personal de haikus con los que podría construir una memoria humilde de su propia vida. Pero, creo que el haiku visto, no de frente sino una poco en su borde nos muestra otras figuras. Poner el ojo al borde del discurso, escribía Lyotard, para ver ahí supurar la figura (que no es la figuración ni nada tiene que ver con lo figurativo). Esa supuración es una especie de espectro sensible que se entierra en la densidad de esa escritura: ya sea haciendo resonar un verbo y una onomatopeya, o bien, en la aspereza de la arena que inunda las imágenes.

砂濱きらゝの光る春日かな

sunahama kirara no hikaru haruhi kana

La arena de la playa destellando, el sol de primavera.

(Shiki, 1975: 399)

      Kirara no hikaru, literalmente, el brillo de la mica (mineral silicatado).  En el haiku describe la superficie ondulada de la arena para luego señalar el efecto visual. Un suelo refractario, la mica inherente de la arena ofrece sus minúsculos brillos de forma intermitente. Casi imperceptibles, los diminutos fragmentos de la mica elevan su presencia gracias a su centelleo. Esta cualidad refractaria de la arena nos brinda un suelo con cierto ritmo visual, lo que parece coincidir con la sonoridad del verso: kirara no hikaru. La refracción proyecta la suavidad del sol de primavera. Incluso, si damos un paso más en esta imaginación sensible, se vuelve posible sentir ese hormigueo en la garganta.

     Tal vez el haiku no sea un objeto literario susceptible de teorización y crítica, pero creo que nos abre muchas vías para pensar un modo de operar propio de la literatura pero, especialmente, de la poesía japonesa. El realismo, finalmente, siempre es ilusión. Ilusión referencial: un añadido a favor del verosímil. Un haiku ha sido arrojado al mar de la poesía y no sirve para nada, hasta que el paciente pescador de ilusiones lo encuentre y obnubilado por su espejismo pueda dejarse seducir los sentidos por eso que la forma breve entrama en su escritura.

Marzo 2025

Les saludo viviendo vicariamente a través de esta columna la bella estación de las flores, las aves, el sol suave y la brisa agradable, mientras en la vida real sufro con el calor agobiante de Santiago.

En esta ocasión abordaremos el período medio de la estación primaveral. Recordemos que esta se divide en 三春 sanshun o tres primaveras, que comprende toda la estación; 初春shoshun o inicio de primavera, 仲春chuushun o mediados de primavera, 晩春banshun o finales de primavera. Específicamente, 仲春 chuushun, corresponde aproximadamente al tercer mes del calendario solar. Al principio la nueva estación se percibe de forma superficial, pero a medida que pasan los días, el espíritu de la primavera comienza a asentarse. Abarca desde el tercero de los 24 Términos Solares, 啓蟄 keichitsu o despertar de los insectos, alrededor del 06 de marzo, hasta el día anterior al quinto término solar, 清明 seimei o puro y claro, alrededor de 05 de abril.

Es momento de hablar con algo más de detalle de los 24 Términos Solares. Como hemos visto en esta columna mientras en Occidente estamos acostumbrados a dividir el año en las cuatro estaciones, en Asia consideraban que, dados los cambios que se producen en el clima, la fauna y la flora dentro de cada estación, se necesitaba otra forma de medir el paso del año. Así fue que, al notar el desfase que existía entre el calendario lunar y las estaciones, en China se idearon los 24 Términos Solares, adaptados posteriormente a Japón, donde se denominaron 二十四節気 nijuuyon sekki. Cada uno dura, aproximadamente, unos quince días, lo que permite marcar de forma mucho más precisa las características estacionales del momento.

Después de toda esta información, disfrutemos de algunos haikus correspondientes a 仲春chuushun.

Kigo: 鳥雲に入る tori kumo ni iru; entran las aves en las nubes. En primavera, cuando vuelven al norte, bandadas de gansos y cisnes desaparecen uno a uno detrás de las nubes y se vuelven invisibles.

Período: 仲春 chuushun; mitad de la primavera

Categoría: 動物 doubutsu; animales

Haijin: Takakuwa Rankou (1726-1798)

鳥雲に入りて草木の光りかな

tori kumo ni irete kusaki no hikari kana

el brillo de árboles y hierba al desaparecer las aves en las nubes

Kigo: 雛祭 hina matsuri; festival de las muñecas. Festividad celebrada el 3 de marzo para rogar por la salud de las niñas. Se celebra desplegando muñecas hina, las cuales representan la corte Heian, y se sirve sake blanco y dulces hina-arare. Se dice que el Hina matsuri nació como una combinación del ritual de purificación 上巳の祓 Joushi no harae ―en el cual muñecas a las que se han transferido las impurezas de los humanos son lanzadas en el río― con la costumbre de jugar con muñecas. Durante el período Muromachi (1334-1573) se introdujeron nuevas técnicas de confección de muñecas desde China, y se creó el prototipo de las que conocemos hoy en día. Durante el período Edo (1603-1868) el shogunato comenzó a celebrar el Hina matsuri y, eventualmente, este pasó de la casta de los guerreros a la gente del pueblo. Se volvió muy popular junto al Kodomo no hi o Día de los niños, durante el período Genroku (1688-1704).

Utilizado como kigo desde 1716.

Período: 仲春 chuushun; mitad de la primavera

Categoría: 行事 gyouji; eventos

Haijin: Nomiyama Asuka (1917-1970)

子なき人さびしからめと雛まつる

ko naki hito sabishikarame to hina matsuru

aquellos sin hijos al sentirse solos veneran las muñecas hina

Kigo: 雪解 yuki doke; derretimiento de la nieve. Los rayos del sol de primavera comienzan a derretir la nieve, pero el viento que sopla desde el este, que reemplaza al ártico viento del norte o kita kaze, tiene un impacto mucho mayor. Utilizado como kigo desde 1667, aunque ya desde el Manyoushuu, la primera antología de poesía japonesa (759), que se utiliza en poemas.

Período: 仲春 chuushun; mitad de la primavera

Categoría: 地理 chiri; geografía

Haijin: Kobayashi Issa (1763-1828)

雪とけて村一ぱいの子どもかな

yuki tokete mura ippai no kodomo kana

al derretirse la nieve el pueblo se llena de niños

No podía dejar de incluir uno de mis haikus favoritos de Issa, el haijin clásico más amado por los japoneses. Recuerdo que en las librerías, en la sección de haiku, los libros dedicados a Issa correspondían a, cuando menos, un tercio del total. Este haiku en particular, aunque habla de otra época, pinta en nuestra mente una imagen tan precisa y real que podríamos estarla viendo con nuestros propios ojos: se derrite la nieve marcando el fin del invierno y del aislamiento obligatorio por el frío, y los niños, a quienes les debe haber costado el encierro más que a nadie, salen felices a jugar con sus amigos. Siento que es de esos haikus atemporales.

Me despido por este mes, esperando que cada uno de ustedes pueda disfrutar la estación correspondiente al lugar del planeta donde se encuentren, amenizada con bellos haikus ¡Hasta la próxima!

Anátidas

…»Las nubes se acumulaban ahora
para el viento alisio y él miró hacia adelante
y vio un vuelo de patos salvajes
que se grababan contra el cielo sobre el agua,
luego se desdibujaban, luego volvían a grabarse
y supo que ningún hombre estaba nunca sólo en el mar.»

Ernest Hemingway

 

Quién no se ha sentido fascinado alguna vez viendo a un pato flotar imperturbable sobre las tranquilas aguas de un estanque. O el armonioso desfile acuático en el que mamá pato se desliza seguida de sus polluelos en una hilera perfecta venciendo la resistencia que el agua ofrece a su avance. Tal vez, ese cisne que aterriza majestuosamente en el lago…

Dejan su estela

en el lago los ánades.

También se borra.

Martín López-Vega

Las anátidas pertenecen al grupo de las llamadas aves acuáticas. Su hábitat natural son los estanques, lagos, pantanos, ríos y arroyos. Ánades (=patos, no confundir anadae con anatidae), cucharas, cisnes, gansos, ocas, tarros, cercetas, porrones o malvasías, eideres, barnaclas o cauquenes, son aves migratorias en su mayoría, adaptadas al medio acuático.

Bajo la lluvia…

en silencio los patos

volando al sur

 

Leti Sicilia (Hadaverde)

tarde nublada-

el cisne que aletea

vuelve a flotar

Mary Vidal

Esta capacidad de flotar es producto de una serie de factores: Las plumas suaves y flexibles que repelen el agua, su reserva de grasa, y las patas palmeadas que hacen de timón natural ayudándoles a mantener el equilibrio y la dirección.

Se mueve el juncal

los patos apresuran

su vuelta al agua

 

Jaspe Uriel (Ajenjo)

En culturas que desarrollaron una conexión profunda con los cuerpos de agua, como China, Japón o Egipto, los patos aparecen como símbolos de prosperidad, paz, amor, fidelidad y también de renovación. (Los patos mandarines son tradicional regalo y amuleto del feng shui para el amor).

oshi no ha ni

usu yuki tsumurozu

skizukesa yo

 

En las plumas del pato

cae tenue la nieve

serenidad

 

Shiki

 

Cisnes dormidos

flotan bajo la lluvia.

Noche de otoño.

 

Fernando Mora

El símbolo del cisne aparece en Europa y Asia en forma de cuentos y leyendas, representando el poder de la luz. Para Pitágoras el cisne era semejante al alma que nunca muere, de la misma forma que en India, los gansos, blancos, (previos a la introducción de los cisnes por los ingleses) representaban el ātman, el principio espiritual que transmigra de un cuerpo a otro.

Invierno.

El azul de la noche

en las plumas de un ganso

 

Maria Victoria Porras (Mavi)

 

El vuelo bajo

de un ganso por el río…

flores de colza

 

Xaro Ortolá (Destellos)

Haikus alegres, con la mirada de un niño que se acerca a estas aves coloridas, de andar gracioso y grácil nado, que parecen sonreir. Haikus sagrados, haikus de compasión…

Risas de niños,

una hilera de patos

cruza el sendero

 

Leti Sicilia (Hadaverde)

 

kamo no hashi yori

tara-tara to

haru no doro

 

Del pico de los patos

¡chas,chas! gotea el barro

de primavera

 

Kioshi

 

yû-shimo ni

hima nakioshi no

ha-oto kana

 

Noche de escarcha:

y sin cesar los patos

dan aleteos

 

Sôgui

 

 

yamu kari no

yo-samu ni ochite

tabi-ne kana

 

Enfermo el ánsar

cae en la noche fría.

Yo, de viaje.

 

Matsuo Bashô

Cada año se pierde en el mundo una cantidad ingente de humedales.  La desecación para «el desarrollo», las contínuas sequías, la acción de especies animales y vegetales invasoras, la polución por plásticos, sobreexplotación de acuíferos o la pérdida de alimentos, entre otras, serán las causas.

«Una gota de agua

qué poco es

y qué pronto se acaba.»

Decía así el poeta José María Hinojosa.

Proteger los cuerpos de agua se hace necesario, y así poder seguir disfrutando de esa hermosa vida alada que conecta cielo y agua…y nos arrastra.

wari kurete

kamo no koe

honokanishirosi

 

El mar ya oscuro:

los gritos de los patos

apenas blancos

 

Matsuo Bashô

La casa sosegada

Queridos amigos del Rincón del Haiku: Con esta colaboración para el mes de febrero, “La casa sosegada”, doy por completada mi serie. Feliz por haber contribuido a un proyecto tan hermoso, quiero expresar mi gratitud a mis lectores y, sobre todo, a ese equipo que, de manera tan constante y tan cálida, me ha dado su confianza y su aliento. Mil gracias y un gran abrazo para todos.
José María Bermejo

Jardín de Ryoan-ji. Una mariposa sale volando del alero del templo. Sujû Takano capta ese instante en un haiku que intensifica, a través del vuelo, la quietud del jardín. El contraste dinámico -tan ligado a la sensibilidad japonesa- explica también la obsesión del arquitecto Tadao Ando por las correlaciones entre la luz y la sombra; la luz que surge de la oscuridad, la luz “cuya belleza en el corazón de la noche evoca la de una joya en la palma de la mano”: una luz matizada por materiales concretos: la madera, el vidrio, el papel “suave como seda”.  Autor del pabellón de té de Oyodo, de un espacio de meditación en la sede de la Unesco en París y del Pabellón de Japón en la Expo de Sevilla, Tadao Ando ha creado otros espacios de vida y de contemplación, como la iglesia de la Luz, en Osaka, y la iglesia del Agua, en Tomamu, porque -según sus propias palabras- “en nuestra cultura contemporánea, en la que todos estamos sometidos a una intensa estimulación exterior, en especial por el medio electrónico, resulta crucial el papel del espacio arquitectónico como refugio del espíritu.”

                En la iglesia de Osaka, la luz penetra por una abertura en forma de cruz recortada en una caja de profundas tinieblas. Tadao Ando asume la “misteriosa fusión” de su propia cultura con la tradición occidental de una manera muy explícita: “El rayo de luz que se filtra por una abertura sin vidrio en el seno de las abadías europeas de la Edad Media, es de una intensidad que se puede calificar de sublime. Por otra parte, en la arquitectura japonesa -en los pabellones de té, por ejemplo- se introduce en el espacio una luz sutil con refinados procedimientos técnicos…” Sobre la iglesia del Agua, el arquitecto comenta: “Colocando una cruz en un cuerpo de agua fluyendo, yo buscaba expresar la idea de Dios como existiendo en un único corazón y pensamiento. También buscaba crear un espacio en el que uno pudiera sentarse y meditar.” El altar es el espacio exterior, la naturaleza que se extiende y refleja fuera, sobre el entorno y la lámina de agua, con toda la riqueza cromática del paso de las estaciones.

                El wabi-cha -compendio de valores estéticos y éticos del “camino del té” o cha-do– incluye la simplicidad, la belleza rústica, la elegancia sutil, el espacio o intervalo, el desapego, la no-mente… En la sala de té, esos valores se concretan en paredes de barro, en techos de bambú sin revestimiento y en detalles como este: que al menos una de las columnas sea un tronco sin pulimentar. El espacio, la decoración y los objetos utilizados en la ceremonia se relacionan y se potencian a través de la pobreza material, la asimetría dinámica, la naturalidad que evita la repetición. Hay otros “caminos” -el de las flores, el del arco, el de la espada, el de la poesía- que comparten esa misma filosofía vital, que aflora, con una riqueza inmensa, en el haiku. En un mundo tan agitado, tan bronco, ese breve poema nos recuerda, una y otra vez, el valor de la quietud -que no es resignación, sino íntima resistencia en el regazo del ser-. Issa Kobayashi lamenta la cantidad de querellas que se encrespan y nos desazonan en este mundo fugaz como el rocío, y celebra la vida (“estamos vivos / sencillamente: yo / y la amapola”). Otros poetas asumen, con valentía, su soledad o su pobreza, y admiran incluso el valor de las cosas inanimadas: esa piedra que aguanta el frío, inmóvil, esperando la primavera… La casa sosegada que San Juan de la Cruz había dejado atrás, antes de emprender su vuelo místico hacia la Noche oscura, es hoy nuestro desafío.