Entrega nº 42. 23 de junio

– Esta mañana cuando me desperté, había una carta para mí. Me ha sido enviada desde Hongô por alguien que no conozco y cuyo nombre no mencionaré. La carta dice:

“Querido señor,

Me conmovió ayer leer su entrega de Una cama de enfermo de seis pies de largo. Permítame dirigirme con estas pocas palabras.

  1. En casos como el suyo, puede ser reconfortante creer en la existencia de un Dios Creador o de El que así ha venido.
  2. Suponiendo que tal creencia sea imposible, debe comprender que se encuentra en una situación en la que no puede hacer nada y que debe aceptar. Debe confiar en que todo fluye. No debe luchar contra el sufrimiento. Debe aceptar lo que es, aceptar esta ley del universo de que todas las cosas, en la tierra como en el cielo, nacen y mueren, surgen y desaparecen.
  3. Suponiendo que ninguna de las dos opciones anteriores sea posible, debe gritar, atormentarse, colapsar. Y así ir a la muerte. Por mi parte, una vez me encontré en agonía y no pude evitar el tormento y el colapso del cuerpo. Pero gracias a la actitud que mencioné en el punto dos, pude encontrar tranquilidad. Quizás esa fue para mí la salvación que traen las religiones. Me atrevo a sugerir que eso puede aliviar su sufrimiento.

Entre dolor y dolor, le ruego que lo reflexione …”

 

Es claro que se trata de una carta muy amable y que me ha tocado muy profundamente.

Expone prácticamente lo mismo que yo pienso habitualmente. Sin embargo, en lo que a mi caso actual concierne, el dolor espiritual no tiene nada que ver con las más trascendentes preguntas que surgen entre la vida y la muerte. ¿Será porque la enfermedad me debilitó? ¿Será porque tengo afectada ya la columna vertebral? Es en el plano puramente fisiológico en el que mi mente es atormentada. Y en los momentos de dolor, no hay absolutamente nada que hacer.

Sin embargo, incluso cuando el dolor es fisiológico, no hay forma de evitar que se acabe introduciendo en ese propio “fluir de las cosas”. No hay nada más que hacer que gritar y sufrir hasta la muerte. El mismo dolor de ocho años en alguien, y el mío de diez, no tienen nada más en común que el que nos tenemos que resignar. Y si el dolor fuera de doce años pasaría lo mismo.

Sin embargo, puesto que el dolor es algo corporal, cuando afloja y no es demasiado fuerte, se puede paliar aún más y no darse uno por vencido. Pero cuando llega a ser muy intenso, no solo no podemos paliarlo, sino que ni siquiera me puedo resignar… se me antoja imposible. ¡De hecho lo es!

Puede reír, ¡y los demás! ¡Rían!

¡Reír, te sana!

¡Esa risa!, usted, ¡haga caso omiso de la enfermedad y ría, es feliz!

¡Conduzca un coche, mientras que sus piernas sean fuertes! y ¡ría!

Y usted, que se está preparando para robar un maletín que alguien dejó un momento, sin darse cuenta del policía que anda justo detrás, ¡ría!

A mí mismo, implacablemente sujeto a mi cama, día y noche, me complace contemplar desde abajo, el árbol enano de un metro que me supera, y, cuando mi dolor disminuye un poco, gracias a los tranquilizantes, me da como envidia y también me burlo del paciente atormentado.

Un enfermo es, realmente, una bestia estúpida. Y esto no sólo es cierto para mí: esta estupidez es la cosa más compartida del mundo. Aquellos que han comprendido que yo soy a la vez, tanto el hombre del que se ríen como el que le encanta reír a carcajadas, saben que un buen día, pase lo que pase, vamos a intercambiar nuestros papeles: ellos dejarán de reírse de mi sufrimiento y seré yo quien se ría de ellos. ¡Ja, ja, ja! (escrito el 21 de junio).

 

Notas del traductor y fuentes

– Hongô fue un antiguo barrio de Tokio, que más recientemente, junto con otros, ha formado el gran barrio de Bunkyô, hallándose al norte del Palacio Imperial de Tokio y al oeste de Ueno. En él se encuentra el campus de Hongô, de la Universidad (Imperial) de Tokio. Es muy conocido porque en él se puede desarrollar la actividad de observar las hojas rojas durante el otoño (especialmente el rojo de los arces aunque también el dorado de los ginkos), conocida como koyo (momiji-gari). Ahí se encuentra, en el campus, la antigua casa de una famosa familia de Tokio, la de los Maeda. A principios de siglo aquí se plantaron cientos de ginko biloba que durante la temporada del koyo se tornan dorados y luego rojizos.

– Quien escribe desde Hongô, ha leído sin duda las más recientes y dolientes entregas de Shiki.

El que así venido, Nyorai en japonés, Tathágata del sánscrito, es otra forma de designar a un «Despertado» (El que ha alcanzado La Verdad, la realidad tal como es), en otras palabras, un Buda (Zhiyi afirma que Tathágata es el título dado a los Budas de las diez direcciones).

– Sobre el dolor espiritual y las cuestiones que surgen entre la vida y la muerte, en la entrega 65 de 16 de julio, Shiki reflexionará sobre el rol del cuidador, o mejor dicho, de las cuidadoras, de las mujeres de su familia. Del mismo modo, en la entrega 75 de 26 de julio, Shiki reflexionará sobre el dolor y el sentido de la resignación como tal.

Entrega nº 41. 22 de junio

Hoy mi furia es extrema. Pero, he aquí algunas cosas que me han aplacado recientemente:

– veinte dibujos de frutas de colores

– un rollo (reproducción) de un pintor Ming que representa a los “Ocho inmortales del vino”.

– un rollo (reproducción) de plantas ornamentales pintadas por Aigai.

– un rollo (reproducción) de montañas y aguas copiadas a Wang Yuanqi.

– un rollo (reproducción) de pinturas de paisajes con los dieciocho métodos de trazados cun, de la mano de Kawamura.

– una cesta de cerezas.

– unos rollitos rellenos.

– Una lámpara giratoria con forma de diamante.

– Las visitas de Meisetsu, Kyoshi, Hekigotô y Kôroku.

– Algunos eventos como una convocatoria de escritos para Hototogisu y una lectura colectiva de la sección «Otoño» sobre una colección poética de Buson.

Comidas: por la mañana, pan y sopa. Al mediodía, avena, pescado crudo y huevos. Por la tarde, dos cuencos de arroz, pescado crudo y sopa. En una merienda, infusión de pueraria y panecillos rellenos.

Medicamentos: tres dosis de jarabe y dos tabletas de tranquilizantes (esto, el 20 de junio).

 

Notas del traductor y fuentes

– Shiki está “furioso” y para aplacar dicha furia, se obliga a escribir sobre las cosas que le han hecho bien en los últimos días, cortando así la serie de entregas en las que se centraba en narrar sus extremos dolores.

– Los rollos con reproducciones de pinturas a los que Shiki hace referencia, son los famosos emaki o «rollos ilustrados», objetos claves de la producción literaria y artística del antiguo Japón.

– En la tradición china hay diversos grupos de ocho personajes que son famosos. Por ejemplo, quizá el más conocido es el de Los Ocho Inmortales, que han servido de base a muchas obras de arte, tanto en el campo de la escultura como en la pintura o en la literatura. Dentro de este último destaca El viaje hacia el este de los Ocho Inmortales de tiempos de la dinastía Ming. Shiki, parece referirse a una pintura sobre Los ocho inmortales del vino, también famosos de la tradición oral china, cantados por ejemplo en un famoso poema de Tu Fu, también conocido como Du Fu (712-770 d. de c.), un destacado poeta durante la época de la dinastía Tang. Contemporáneo y amigo de Li Po y uno de los más grandes escritores de la historia china, cuya influencia se ha dejado sentir en generaciones posteriores de poetas tanto en China como en Japón. Una representación en rollo de estos Ocho, tal vez la que admiraba Shiki, puede verse clicando aquí.

Takaku Aigai (1796-1843), es un pintor japonés de bunjin-ga o nan-ga (pintura del sur), un tipo de pintura que se desarrolló en Japón a partir del siglo XVIII, inspirada en la Pintura de los letrados o Pintura de eruditos chinos. Pueden verse algunas obras suyas clicando aquí.

Wang Yuanqi (1642-1715) es un pintor importante del comienzo de la dinastía Qing, de hecho es conocido como uno de “Los seis Maestros del período Qing temprano”. Algunas de sus obras, algunas con montañas y agua como las que cita Shiki, pueden verse clicando aquí.

– La técnica pictórica con trazado “cun”, dota de textura de arrugado o rizado (Shunpo) a cada pincelada, es la base de la pintura “al lavado” o sumi-e al estilo chino, que con mayor frecuencia representa todo tipo de rocas y montañas o naturaleza en general. Para profundizar en el tema de este tipo y otro de pinturas similares, recomendamos consultar la tesis doctoral “La pintura de paisaje: del taoísmo chino al romanticismo europeo, paralelismos plásticos y estéticos” de Mª Teresa González Linaje y que puedes descargar clicando aquí.

Kawamura Jakushi (1638-1707) fue un pintor que comenzó en la Escuela de Hokuga y se trasladó más tarde a la Escuela China de Nagasaki. Algunas de sus obras pueden apreciarse clicando aquí.

– Shiki habla de rollitos dulces. Hay una gran variedad de panes dulces en Japón desde el período Meiji. Unos se glasean por fuera, y otros se rellenan con el dulce. Los dulces típicos japoneses tienen como base la harina de arroz glutinoso y el anko (pasta de judías dulces azuki)

– Shiki recibía visita de los amigos/discípulos de tanka y haiku. Ya se ha hablado en otras notas de entregas anteriores de los que cita hoy, a excepción de Kôroku. Satû Kôroku (o Eihei Kôroku) (1874-1949), fue haijin y novelista. Fue también periodista del Nihon. Vicente Haya tradujo hace un tiempo uno de sus haikus para la Revista Clásica de El Rincón del Haiku.

– La sección de poesía del diario Nihon y la revista Hototogisu, desarrollaron un sistema en el que se hacía un llamamiento a los lectores para que escribieran sobre un tema dado y para una fecha tope determinada (se hizo mucho con los senryû o zappais en el tiempo Edo). La tarea del director de la sección era revisar todo lo recibido y clasificarlo. Shiki ya comentó esa labor en Una gota de tinta, el 12 de febrero de 1901, en la que además cargaba, incluso con nombres y apellidos, contra participantes que no cribaban sus escritos (Por su interés, reproducimos dicha entrada al final de este texto*).

– La revista Hototogisu, imprescindible para el desarrollo del haiku, fue fundada en Matsuyama, lejos de todo foco de la cultura, en enero de 1897 por Yanagihara Kyokudô y otros amigos de Shiki. Se instaló ya en Tokio en octubre de 1898 y Takahama Kyoshi se hizo cargo de ella. Este último asumirá la dirección del grupo después de la muerte de Shiki en septiembre de 1902. La revista publicará el célebre “Soy un gato” de Natsume Sôseki en 1905. Todavía hoy existe y también está en la red (http://www.hototogisu.co.jp).

– Es alrededor de 1893 que Shiki descubre la poesía de Buson. Este último era conocido como pintor, pero sus haikus, dispersos en las innumerables colecciones del período Edo, eran completamente desconocidos. El interés de Shiki en este poeta se intensificó en 1895 y le dedicó un libro “Buson, poeta del haiku (Haijin Buson, 1899)”, publicado por primera vez en forma de crónicas en el diario Nihon en 1897. La reevaluación de Buson (y de Bashô, pero en este caso con un sentido crítico) es inseparable de la reforma del haiku dirigida por Shiki y sus discípulos. Continúa, a partir de 1898, mediante sesiones de lectura colectiva organizadas en el propio domicilio del poeta y hasta pocos días antes de su muerte. Estas sesiones culminaron con la publicación de escritos de un Curso sobre las colecciones de Buson (Buson kushu kogi). En mayo de 1900, fueron los Versos de invierno, en septiembre de 1900 los Versos de primavera, en enero de 1902 los Versos de verano y, Meisetsu, publicará un último volumen en junio de 1903: Versos de otoño. Aprovechamos estas líneas para insistir en la gran importancia que tendría el que se pudieran traducir a algún idioma occidental los textos teóricos que Shiki escribió sobre el haiku, Buson o Bashô.

– La pueraria es una planta leguminosa usada en la medicina tradicional oriental, y Shiki la tomaba en forma de infusión de raíz de pueraria.

 

*Una gota de tinta. 12 de febrero

Caballeros que presentan haikus a Nihon:

Como resultado de su siempre creciente y vertiginosa actividad literaria, una montaña de sus manuscritos se está formando en mi cama. En solo este invierno, ha aumentado a más de diez mil poemas. Me regocijo por su enorme diligencia y les ofrezco mis felicitaciones.

Sin embargo, me duele encontrar proporcionalmente pocos poemas buenos entre los muchos que envían. Hay bastantes que no me sirven para llenar las columnas de haiku de Nihon. Con los trabajos de Kakudô y Kanrô, la relación entre lo que acepto y lo que rechazo es menos de uno a diez.

Además de ellos, hay algunos para los que ni siquiera es de uno a cien. Puede decirse que el Sr. Yaezakura escribe más. Él envía miles de poemas en cada estación, y por lo general, escribe entre veinte y cincuenta sobre cada tema (tópico). Pero él los pone juntos al azar, ajenos a si son mediocridades banales o no más que meros plagios, como si buscara la cantidad a cualquier precio. Me hace sentir bastante enfermo.

Otras personas envían varias series de cien poemas, cada uno sobre un único tema.

Estos son ejercicios extremadamente útiles para principiantes, pero encontrar un buen poema entre ellos es una tarea tediosa. Y cuando sus temas son kotatsus, bufandas, braseros o colchas; sé con un solo vistazo que no valen nada. Por lo tanto, en tales casos, si no encuentro un buen poema entre los diez primeros, descarto el lote. Continúo debilitándome día a día y no puedo soportar el dolor de mi enfermedad si tengo que pasar por más de mil poemas para encontrar veinte buenos. Por favor, tengan la amabilidad de enviar sus manuscritos después de haber seleccionado los mejores poemas entre ellos.

Atentamente, Masaoka Shiki.

 

Entrega nº 40. 21 de junio

Entrega nº 40. 21 de junio

– ¿En qué ocupar mis días? ¿No hay nadie que pueda ayudarme a superar este sufrimiento? Cuando se está así, uno debe enfrentarse a la cuestión religiosa, diría sin duda un hombre religioso. Pero para mí, que no soy creyente, la religión resulta inútil. La salvación queda fuera del alcance de aquellos que no creen en Dios. Aquellos que no creen en el Buda no pueden pasar sus días repitiendo la «Invocación a Amitâbha”. A veces miro álbumes de pintura para disipar mi sufrimiento. Pero incluso el más seductor de ellos, cuando se examina diariamente, pierde completamente su interés después de diez días, y no tiene más utilidad como medio para luchar contra el dolor. También me he divertido con las vistas estereoscópicas para pasar el tiempo, pero igualmente, repetirlo diariamente, es una ocupación que pierde gradualmente su interés, y más tarde, cuando llegan los dolores de cabeza, provocan lo contrario, y me aumentan más aún el dolor.

Lo que me proporciona el mayor placer es cuando mis queridos amigos vienen a verme, pero también cuando se los ve a menudo y no tienen nada especial que contar, ambos quedamos cara a cara: uno, simplemente sufre, y el otro sufre por verme sufrir. Hasta el año pasado, mi único placer era mi deseo de beber y comer, pero hoy en día, no solo eso ha desaparecido, sino que, además, cruelmente, me atormenta beber o comer, por lo que no es infrecuente para mí luchar con los dolores tanto al mediodía como por la tarde.

El año pasado, disfruté cantando canciones o tarareando Gidayû, pero ahora, tan solo oír hablar de algunas distracciones que los buenos amigos me habían preparado (habían ideado traer un narrador de historias de guerra o pasarme alguna película de cine), me pone dolor de cabeza.

Sufro por estar en compañía de muchas personas en una habitación. Las voces que cantan el Nô, el sonido del shamisen, todos los sonidos que me gustan en la distancia, resuenan en mi cabeza cuando están cerca de la almohada; y lo peor es cuando escucho sobre mi propia respiración la de otra persona: eso me provoca un dolor insoportable. En resumen, me resulta extremadamente difícil encontrar un equilibrio armonioso entre mi entorno y yo. Cuando la acción de los anestésicos era suficiente, esta armonía fue relativamente fácil de encontrar, pero ahora su efecto es insuficiente. He ahí hasta qué extremos me encuentro incapacitado. ¡Una y otra vez las mismas historias sempiternas de sufrimiento! Esto debe ser absolutamente insoportable para aquellos que lo escuchan, pero cuando siento dolor, no tengo nada más de lo que hablar que de mi dolor, nada más que contar, tan solo historias de mi sufrimiento; mediocres e inevitables.

¿En qué ocupar mis días? ¿No hay nadie que pueda ayudarme a superar estos dolores? Si las personas compasivas estuvieran dispuestas a venir a mi lado para contarme algunas historias en particular, sería muy respetuoso y reconocería el que fueran tan amables de venir y reducir mis dolores. Las historias que me cautivan no son necesariamente historias de haiku o literatura; también lo hacen las historias de religión, arte, ciencia, agronomía, … todo o nada es probable que me conmueva, a mí, que no sé nada. Solo hay algo que no quiero: personas que vengan y se sienten frente a mí en silencio.

 

Notas del traductor y las fuentes

 

  • La Invocación que Shiki refiere al Buda Amitâbha, es una práctica fundamental en las escuelas budistas de la Tierra Pura.
  • El Gidayû Bushi que refiere Shiki, es un tipo de narración cantada dentro del estilo Jôruri empleado en Kabuki y en el teatro de títeres Bunraku. Desde la Edad Media, cuando los trovadores deambulaban por Japón cantando historias tomadas de las dos más importantes crónicas de la época, la Historia de los Genji (Genji Monogatari) y la Historia de los Heike (Heike Monogatari), la historia de la princesa Jôruri se hizo tan popular que la gente empezó a asociar esta palabra -Jôruri- con el estilo de narración.
  • Sobre la relación del dolor y asuntos religiosos, Shiki ya escribió en su entrega 21.
  • Con respecto al dolor, y también a lo que le gustaba más, Shiki ya había escrito en su anterior diario “Una gota de tinta” una entrada expresamente sobre todo esto. La entrega, de 15 de marzo del año anterior, y decía lo siguiente:

<< Placeres:

Caminar, viajar, acudir al teatro Nô; asistir a un rakugo, a dramas, a espectáculos; visitar exposiciones o cualquier entretenimiento; contemplar los cerezos en flor, la luna o la nieve; viajar a una fuente termal con la esposa; reposar la cabeza en el regazo de una chica guapa del barrio gay; hincharse a comer arroz de castaño (Kuri gohan) en la reunión de una sociedad de haiku en una casa de té de Meguro; mirar desde arriba la llanura de Musashino, mientras se mordisquean caquis en una casa de té ubicada en lo alto del monte Dôkan.

Libertades:

Estar sentado y estar de pie, durmiendo, estirando las piernas; visitar a los amigos, asistir a reuniones, ir al baño; buscar libros, salir de la casa para descargar la ira cuando a uno lo pierde el temperamento; correr a toda prisa a los gritos de “¡Eh, hay un incendio!” o bien “¡Oídme, un terremoto!”. Todos los placeres y todas las libertades me han sido arrebatados. Los únicos que me quedan son el placer de comer y la libertad de escribir. Y, sin embargo, la intensidad de mi dolor en estos días, casi me ha privado de esto último; y el deterioro de mi estómago, me ha robado más de la mitad de lo primero. Oh, ¿de qué placeres podré disfrutar durante los días y meses que me esperan?

El otro día un cristiano vino a darme un sermón:

“Esta vida es corta. La siguiente es larga. Podrías alcanzar la felicidad a través de la fe en la Resurrección de Cristo”.

Sentí una profunda gratitud por su amabilidad. ¿Pero qué puedo hacer? Mi dolor en este mundo es tan severo que no me queda tiempo libre para planear felicidad en la próxima. Mi oración es: «Primero dame un respiro, o un día, Señor, para poder moverme libremente y comer todo lo que quiera durante veinticuatro horas».

Quizás entonces tendría la paciencia para contemplar la dicha eterna. (hago una corrección: creo que, en el momento de su operación quirúrgica, Kuan Yû estaba jugando, no leyendo un libro.) >>

 

Entrega nº 39. 20 de junio

Cuando estaba acostado sobre mi cama de enfermo, pero todavía podía moverme, no encontraba la enfermedad tan amarga y me quedaba tranquilamente así, acostado. Pero ahora perdí esa libertad de moverme. Así, ahora lo que tengo es, además, dolor espiritual y cada día me resulta más insoportable este sufrimiento sin sentido.

Para escapar, me invento varios subterfugios e intento en vano mover de alguna manera este cuerpo impotente. Solo logro aumentar mi tormento. Mi cerebro está enteramente confundido. Cuando todo se vuelve insoportable, esa cuerda que tenso cede a la presión, y finalmente todo explota. Entonces nada va bien. Llegan los gritos. Llegan los sollozos. Y luego más gritos. Y luego más sollozos. Este sufrimiento… estos dolores… son incalificables. Me digo a mí mismo que sería un consuelo que me volviera realmente loco, pero también eso es imposible. Si pudiera morir … Eso es lo que más aspiro; pero eso es imposible para mí, tanto como encontrar a alguien que tenga la amabilidad de poner fin a mis días.

Los sufrimientos del día van disminuyendo levemente cuando llega la noche, y cuando me invade el deseo de dormir, cuando cesan los dolores del día, no puedo evitar entrar en pánico pensando en los dolores de cuando despierte.

Ese es para mí el momento más doloroso. ¿No hay nadie que pueda ayudarme a superar este sufrimiento? ¿No hay nadie que pueda ayudarme a superar este sufrimiento?

 

Notas del traductor y las fuentes

  • El traductor al francés, comenta que la escena de Shiki le recuerda el libro Takasebune, de Ôgai Mori. Este libro ha sido traducido al español por Elena Gallego como El barco del río Takase (Edit: Luna Books, 2000). Debe referirse al final de la historia, en la que Kisuke, el protagonista, es detenido por una muerte. Cuando es interrogado, Kisuke, trabajador, educado y sin perfil de criminal, cuenta que sus padres murieron jóvenes, quedando huérfanos él y su hermano pequeño. Los hermanos vivieron y trabajaron juntos hasta la edad adulta, pero el hermano de Kisuke se enfermó tanto que ya no podía trabajar. Kisuke se vio obligado a trabajar para los dos, incurriendo en grandes deudas. Un día, regresó a su casa y descubrió a su hermano en mal estado porque había intentado suicidarse. Aún vivo, su hermano le ruega a Kisuke que termine el trabajo y lo saque de su dolor, explicando que quería morir para que ya no pudiera ser una carga para su hermano mayor.
  • Shiki, en su anterior diario “Una gota de tinta” cuenta un sueño que le permitió escapar de sus tormentos. Es la entrega de 24 de abril de 1901:

Anoche, creyéndome despierto, llegué a un lugar donde una gran cantidad de animales estaban flotando, suspendidos. Uno de ellos, como si su agonía estuviera cerca, se retorcía en el suelo en todas direcciones, en medio de terribles dolores. Fue entonces cuando apareció un lindo conejito, que se le acercó. El animal sufriente recibió algo en su pata. Lo metió en su boca y comenzó a lamer con alegría: pronto cesaron sus sufrimientos pasados y murió como si se hubiera hundido en el sueño más placentero. Otros animales se acercaron igualmente porque ellos también estaban en agonía, y el conejo recomenzó su conducta. Murieron a su vez como si se estuvieran hundiendo en el sueño más agradable. Salí de mi sueño y, de ahora en adelante, nunca podré olvidar a este conejo”.

Bien, tras escribir esto, Shiki, apenas dos semanas depués, el 13 de mayo de 1901, publicó una nota muy sibilina: «Hoy, nada. Sólo treinta y dos signos escritos por mi mano«.

Al principio, nadie pudo entender bien qué quiso decir Shiki con estas palabras, pero luego, se hizo un descubrimiento póstumo de una nota con fecha del 11 de mayo. En ella había exactamente treinta y dos signos que se podrían traducir como: «Deje, por favor, un poco veneno en mi cabecera y compruebe que me lo tomo”.

Igualmente, en otra nota de 13 de octubre de 1901, hallada en su diario particular, Shiki mostraba abiertamente un deseo de suicidio.