Octavo día. 14 de mayo

Quien quiera evocar un lugar famoso* en waka o en haiku, tendrá que resaltar sus peculiaridades. Por lo tanto, no se deberían evocar en poesía lugares que no se hayan visto con los propios ojos, aunque, sin embargo, en lo que se refiere a algunos lugares muy comunes (como el Fuji por ejemplo), pareciera que no resulta difícil captar sus características, incluso aunque no los hayamos visto personalmente. Es tanto lo escuchado de todas las personas que hablan de ellos, son tantos y tan precisos los textos que los describen y, además, al tiempo, son innumerables las pinturas y fotografías que podemos observar de los mismos…

Pero finalmente, lo cierto es que, aun así, después de verlos en la vida real, es muy posible que sean muy diferentes de lo que previamente nos habíamos imaginado. Por ejemplo, no conozco personalmente el monte Yoshino. Además, no conozco ninguna pintura ni texto que represente con precisión el lugar para describirlo en detalle. Pero este año, al leer una historia sobre un viaje a Yoshino, pude dar rienda suelta a mi imaginación y me atreví a componer algunos versos. Aun suponiendo que no parezcan muy lejos de la realidad a los ojos de aquellos que realmente han visitado el lugar, la mayoría de ellos, finalmente, son bastante “del montón”. Pero, ¿son este tipo de versos subjetivos, realmente, los únicos con los que se corre el peligro de que esto ocurra?

pasada Seis Campos*

mientras corremos hacia las flores

¡aparece la costa!

.                -Muda koete Hana ni isogu ya Ichi no saka-

 

monte Yoshino,

en él brota

el primer cerezo

.                 -Yoshino-yama Daiip pon no Sakura kana-

 

aquí están las flores:

los pasos son más largos

conforme se escala

.                -Hana miete Ashifuminarasu Noboriguchi-

 

montaña de flores:

el avatar de Zao

no muestra enfado

.                -Hana no yama Zaó gongen Shizumarinu-

 

donde señala mi dedo…

entre las flores de cerezo

el templo de Nyoirin-ji

.                -Sasu yubi ya Hana no ko no ma no Nyoirin-ji

 

nuestra guía

habla de Kusunoki

¡ah, mirar los cerezos!

.                -Anaisha no Kusunoki kataru Hanami kana-

 

como nosotros,

nuestra guía también se empapa

bajo una lluvia de flores

.               -Anaisha mo Warera mo nurete Hana no ame-

 

guardan el rencor

de la Corte del Sur…

¡cerezos en flor!

.              -Nanchó no Urami o nokosu Sakura kana-

 

los Mil Árboles,

¿perderán en una sola noche

todas sus flores?

.              -Senbon ga Ichiji ni rakka Suru yo aran

 

en la ermita de Saigyô,

ni flores ni cerezos,

no hay nada.

.               -Saigyô-an Hana mo sakura mo nakarikeri-

 

  … notas de las fuentes y comentarios propios

 

* El término traducido aquí como “lugar famoso” (Meisho) hace referencia en Japón a algo más concreto de lo que pudiera entenderse. Se trata de un grupo de lugares que además de estar especialmente apreciados por su valor histórico, la calidad de sus paisajes o las actividades que los caracterizan (ya sean comerciales o religiosas), están de alguna manera vinculados a la poesía o la literatura en general. Estaban presentes en la poesía del siglo V, luego en la pintura del periodo Heian y fueron motivo de verdaderas guías de viaje (en el siglo XVII) que más tarde se ilustrarían en la segunda mitad del periodo Edo.

  • Yoshino es una ciudad especialmente conocida por su Monte, que es realmente espectacular en lo natural (y también en lo histórico) ubicado al sur de Nara, famoso por sus cerezos y sus restos del periodo Nanbokuchô o de las Dos Cortes (1336-1392). El monte Yoshino llegó a tener más de cien mil cerezos (en la actualidad algo más de treinta mil) plantados por un monje budista en el siglo VII y es lugar de frecuentes visitas, especialmente para la celebración del hanami. El tercer río más grande de Japón, también se llama Yoshino.
  •  Hasta 1983 Shiki vino refiriéndose al realismo necesario en el haiku con términos como ari no mama ni utsusu (representar como es) o shajitsu (realidad). Pero a partir de este año, emprendió un estudio profundo sobre el haiku y la tanka, y trabajó a fondo los principios estéticos, desarrollando principalmente el concepto de Shasei o bosquejo de vida; que más tarde extendería al realismo selectivo y luego a la autenticidad o veracidad poética (Makoto). A pesar de toda su teorización, muy extensa, sobre la importancia de la autenticidad en el haiku, ya hemos podido observar cómo el obligado confinamiento por cuestiones de salud, lleva al maestro a desarrollar juegos, escribiendo poemas imaginados o sobre asuntos sin asombro aparente. Aquí plantea si las carencias que suelen tener estos versos de origen imaginado, no podrían aparecen también en versos escritos sobre sucesos vividos.

* La estación de Muda era llamada “Seis Campos” y se encuentra en el valle al pie del monte Yoshino. Estos versos pretender acompañar la marcha del viajero por el lugar, hasta llegar a la lejana ermita de Saigyô, ermita en honor de Saigyô Hôshi (1118 –1190), un monje y poeta japonés de finales de la era Heian y comienzos de la era Kamakura, que vivió como ermitaño en largos períodos en Saga, el Monte Koya, el Monte Yoshino, Ise y otros lugares, pero es mayormente conocido su largo viaje al norte de Honshu, en donde realizó varios viajes poéticos, hecho que más tarde inspiraría a Bashô en su obra Sendas de Oku (que puedes descargar desde aquí). Vicente Haya se refiere a Saigyô como “el poeta japonés de waka que actúa de eslabón intermedio entre el Man’yôshû y Bashô”.

  • Como parte del sincretismo Shinto-Budista, los “avatares”, “encarnaciones” o “apariencias circunstanciales” (Gongen) son deidades sintoístas consideradas como suijakus de Budas y Bodhisattvas, o kamis manifestados en Japón para convencer y salvar a su población.
  • Zao es una deidad importante de la “vía de la adquisición del poder por el ascetismo” (Shuguendo), movimiento religioso centrado en el culto a las deidades (kami) de montañas, que se representan con una expresión de enojo.
  • El Templo de Nyoirin-ji, quedó establecido en el siglo X, y es un templo tranquilo y de tamaño mediano del budismo japonés Jodo (o budismo de la Tierra Pura). Entre otros sitios de Yoshino, era el lugar donde el emperador Go-Daigo rendía culto después de transferir su capital a Yoshino durante la época en que Japón tenía dos tribunales imperiales, el periodo de las dos Cortes (1336-1392). El templo estaba vinculado a la Corte Sur.
  • Kusunoki Masashige (1294-1336) es un famoso general del período de las Dos Cortes. Curiosamente, kusunoki también es como se llama el árbol de alcanfor.
  • De 1333 a 1392, Japón experimentó una guerra civil entre los partidarios del emperador Go-Daigo, que dirigía la Corte del Sur, con base en Yoshino, y los del emperador Komyo, de la Corte del Norte, ubicada en Heiankyo, y que finalmente prevalecería.
  • Los Mil Árboles (son en realidad en la actualidad más de treinta mil) es el nombre que recibe la parte del monte llena de cerezos de Yoshino. La mayoría de estos cerezos están agrupados en cuatro densas acumulaciones de árboles que reciben el nombre de senbon (mil árboles) localizadas a diferentes altitudes para favorecer su florecimiento en diferentes partes de la primavera lo que hace que desde que los primeros empiecen a florecer en la parte inferior hasta que florezcan los últimos puedan pasar hasta dos semanas. Estos agrupamientos (de mayor a menor altitud) reciben el nombre de oku-, kami-, naka- y shimo-senbon.
  • La ermita recibe este nombre porque el monje y poeta Saigyô (1118-1190) se quedó en ella.
  • Afirma Lozerand que el término Sakura Hana mo mo / Nakarikeri (flores o árboles de Ni (cereza) / no hay nada) es claramente una alusión al famoso poema de Teika, recogido en la nueva colección de poemas de ayer y Hoy (Shin Kokin-shu, Otoño, No. 363):

Miro a lo lejos:

¡Ni flores de cerezo

ni hojas rojas!

Las cabañas de la bahía

en el crepúsculo otoñal

(Miwataseba/ Hana mo momiji mo/ Nakarikeri/ Ura no tomaya no/ Aki no yûgure)

(traducción al francés de Michel Vieillard-Baron)

Este poema es parte de una serie de tres “crepúsculos de otoño”, entre los que se encuentra un poema de… ¡Saigyô! (nº 362):

 

Aunque he dejado

el apego terrenal

qué profundamente me impresiona

la belleza del atardecer de otoño

cuando el shigi echa a volar desde el pantano

Kokoro naki / Mi ni mo aware wa / Shirarekeri / Shigi tatsu sawa no / Aki no yûgure

(traducción de Vicente Haya).

Precisamente, este poema es tomado por V. Haya como ejemplo, en su prólogo del libro Haiku Tsumami-Gokoro, para hablar del aware, afirmando que “es otro ejemplo donde no encaja la traducción de aware como tristeza sino como «honda impresión poética» que causa al monje un gran placer, puesto que no puede decirse que haya tristeza alguna en que un pájaro alce el vuelo en un atardecer de otoño”.

  • Para finalizar, cabe decir que numerosos haijines japoneses han dedicado versos (arcaicos, clásicos y modernos) al monte Yoshino. He aquí unos ejemplos:

 BASHÔ (1644-1694)

allá en Yoshino,

te haré ver los cerezos,

sombrero mío

 

YOSA BUSON (1716-1783)

bebe las nubes

mientras vomita las flores:

monte Yoshino

 

YASUHARA TEISHITSU (1609-1673)

¡ah! dije ¡ah!

ante las flores de cerezo

del monte Yoshino

 

REKISEN (1748-1834)

cerezos en Yoshino:

florecen… luego mueren:

da lo mismo.

 

TAGAMI KIKUSHA-NI (1753-1826)

desde las colinas de verano,

¡qué hermosa la nube

que cubre Yoshino!

(En verano, sin cerezos, Yoshino sigue siendo hermoso)

 

KITAMURA KIGIN (1624-1705) -sobre el río, no el monte-

 las aguas turbias

fluyen bajo las flores:

el río Yoshino