Uno a uno,
la niña cuenta
cada pétalo de una azalea seca.
(Ángel Acosta)
Esporas en la niebla…
y el sonido
de las chicharras.
(Michelle Hakim)
CONSTRUIR
Sin hacer ruido.
Hablando en la pared
Estas tres hojas.
DECONSTRUIR
¿Cuál es el tema de este haiku?
No se menciona. ¿Por qué voy a mencionar lo evidente en una poesía tan austera como la del haiku, donde hasta se excluye el análisis de los sentimientos (aunque sean de unas hojas)?
¿Cuál es el tema de este haiku? ¿Por qué mencionarlo si está claro? Además, no mencionar lo evidente entronca con la vieja tradición de la estética de la alusividad que caracterizaba la poesía clásica japonesa de cuya genética comulga el moderno haiku.
¿Cuál es el tema de este haiku? No se menciona porque no se puede malgastar una palabra innecesaria en una poesía de tal brevedad, de solo diecisiete sílabas. ¿Por qué mencionarlo, además, si el sentido está claro?
Cero sentimiento, máxima brevedad y alusividad al límite…, tres razones para no menciona el tema de este haiku. Hago mías estas palabras de Jacqueline Pigeot cuando escribe lo siguiente sobre el waka, el abuelo del haiku, perfectamente extrapolables a este último: «La brevedad del waka, que excluye el análisis del sentimiento, conduce a una estética de la alusión, siendo la marca de un buen poeta de waka dar a entender más que decir por medio de la administración del “excedente de sentido” (amari no kokoro)»[1].
El “excedente de sentido”, en este haiku, es el tema… ¿Lo revelo de una vez?
¡La sombra! Es un haiku sobre sombras.
He aquí dos o tres haikus de ensayo que me condujeron al definitivo:
1.
La triste planta
Que vive en la pared
Con sus tres hojas.
2.
Solo tres hojas
Dando a la pared sombras.
Por la mañana.
3.
Blanca pared
Donde juegan las sombras
De tres hojas.
El primero lo deseché enseguida porque «triste» le daba un aire sentimental y en el haiku, los sentimientos se quedan a la puerta.
El segundo lo deseché por falta de ritmo poético y por mencionar ese “amari no kokoro” –la sombra–.
El tercero lo deseché igualmente por misma razón segunda del anterior.
Y me quedé con el de arriba, el de octubre.
Y, sin embargo, ¡qué poético es el término de «sombra»! Y en la historia de la cultura universal, ¡cuánto juego ha dado a poetas, novelistas, filósofos y teólogos! Y a estetas (ahí está el célebre breviario de estética nipona llamado Elogio de la sombra, del maestro Tanizaki: la sombra, la atmósfera que presta esa otra luz, más pura, más hermosa, a las cosas.)
La sombra. La gran metáfora, como la del sueño, de la irrealidad del mundo o, diría un metafísico, de la interdependencia ontológica de las cosas y seres del mundo.
He aquí dos haikus sobre «sombra» en Bashō en la excelente versión de Francisco Serrano. Los dos son deslumbrantes, quizás porque las sombras están contrapuestas al sol, el creador de sombra.
Sol invernal.
Montado en el caballo,
Mi sombra, helada.
Y este otro maravilloso, por su dinamismo y poderosa luz:
La mariposa
Vuela en el campo sola.
Sombra bajo el sol.
Pero en mi haiku de este mes, que podría titularse «Diálogo en la pared», he deseado resaltar la resistencia de esta triste planta, casi moribunda tras haber sufrido la embestida del calor estival. Una resistencia que, se me antoja a mí, intruso haijin, manifestada en el deseo de planta de comunicarse silenciosamente, “sin hacer ruido”, con la blanca pared, su única compañía en las mañanas de final del verano. De decirle a la pared algo así como «¡Eh, que aquí seguimos nosotras! No nos deis por muertas». Las sombras grises de estas tres huérfanas hojas proyectadas en la pared no son más que las palabras con que las tres se comunican, comunican su deseo de superviviencia.
Pero, insisto, el término de «sombra» no se menciona, aunque su realidad en el poema está tan presente que da vida y sentido al poema.
Ese sentido excesivo es el que yo he pretendido obviar en el haiku.
[1] La littérature japonaise, París, PUF, col. «Que sais-je?», 1983, pág. 16.
Haibun 73
Entre las brasas
Amanece un día espléndido. Vamos a pasar unos días al valle del río Ser. La casa donde nos alojaremos forma parte de una antigua masía reformada en diversas fases por Mari y Josep Maria. El matrimonio ha dedicado años de amor y trabajo para alcanzar sus sueños.
La temperatura ha subido y los campos se hallan en plena floración. La vivienda está rodeada por una oscura y fértil tierra de origen volcánico y un bosque frondoso. Mi hermano menor insistió en invitarnos. Aunque dudamos al principio, la realidad es que necesitamos tranquilidad y silencio después de unos meses difíciles.
A ambos lados del camino caballos y rebaños de vacas pastan en libertad. Una de ellas amamanta a un ternero. Nos vemos obligados a cruzar el río a través de vados intransitables en época de crecidas.
Una figura alta y delgada con una caña a modo de bastón nos saluda. Es mi hermano. Nos sonríe feliz. En una mano lleva un manojo de espárragos y en la otra una navaja multiusos. Es el manitas de la familia. Por un momento veo la cara alargada de mi abuelo. Era guarda forestal y también tenía una navaja antigua con el mango oscuro que usaba en sus largas jornadas de trabajo. Le recuerdo abriendo con ella las patatas que ponía a asar cada noche entre las brasas.
Sube con nosotros para indicarnos el camino. Se parece mucho al abuelo Ramón. ¡Además lleva su mismo nombre!
En el sendero que lleva a la casa dos asnos, uno blanco y otro gris claro, comen paja de un fardo. Luego nos enteramos que son madre e hijo. Dicen que al padre lo encontraron muerto hace un mes. La madre está preñada.
Iris en flor.
El burro mordisquea
la cola de su madre
María Ángeles Millán “Hikari”
Girona – España
Caligrafiado por Carolina Esteban bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Masaoka Shiki.
apenas sin hojas
entre las ramas del árbol
la noche estrellada
(Trad.: Félix Arce, momiji)
木によれば
枝葉疎らに
星月夜
– En la caligrafía:
木によれ八
枝葉疎らに
星月夜
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Comentado por Luis Elía Iranzu – luelir
Todo ser humano, como atestigua la tesis central de Kant, tiene en su estructura mental las categorías de espacio y tiempo, que condicionan toda experiencia posible y, como nos dice el pensamiento japonés, todo en la naturaleza posee una relación intrínseca.
El conjunto de este Haiku nos muestra que todo está relacionado. Es de noche, una persona se apoya en un árbol y, aprovechando que tiene pocas hojas, puede contemplar un cielo estrellado. Un espacio, quizás un jardín con uno o varios árboles y un tiempo concreto, una noche de otoño que señala un momento de no luz, pero que, en este caso, queda iluminado porque está lleno de estrellas.
Shiki no está bien de salud y, a veces, no duerme. Se levanta, sale al jardín de la casa, se apoya en un árbol con pocas hojas y se produce el prodigio que lo convierte en Haiku. Las estrellas, esa luz tenue, cuando no hay luna, genera en el que las contempla una sensación de perspectiva de su propia vida, haciéndole sentir pequeño pero conectado con algo inmenso y maravilloso. Mirar las estrellas produce un estado de relajación, una intensa conexión con la naturaleza, dado que en toda nuestra historia evolutiva, ellas han sido una referencia y suscita una emoción de asombro ante la belleza y el silencio de un cielo despejado.
Shiki ha encontrado un momento de emoción profunda, con solo apoyarse en un árbol y este le ha proporcionado, con su desnudez, el inmenso placer de contemplar lo infinito.
Luis Elía Iranzu – luelir
Este año, Japón se ha visto afectado por una serie de tifones muy fuertes, que han dejado una cantidad de lluvia nunca vista en algunas zonas, con ciudades y pueblos convertidos en lagos. Por otra parte, al problema de los osos que invaden asentamientos del norte del país, este año se ha sumado el caso de los ciervos, que han destruido plantaciones completas mientras se reproducen a una velocidad increíble. Aunque suene a fantasía, distopia o teoría conspirativa, uno no puede evitar preguntarse si el planeta está tratando de recuperar aquello que le hemos quitado. En un futuro próximo la literatura puede ser el único registro que nos quede del mundo que una vez habitamos. En otras palabras, un haiku puede ser solo un hermoso pequeño poema, pero también puede ser mucho más.
En este artículo nos corresponde 晩秋 banshuu o fin del otoño, que abarca más o menos octubre en el calendario actual o 長月 Nagadzuki; Noveno Mes, en el calendario lunar. Si quisiéramos ser más precisos y considerar las 72 Pentadas (períodos de aproximadamente cinco días en que se dividen los doce meses para representar mejor los cambios estacionales), sería desde 寒露 kanro, el 10 de octubre, hasta el día anterior a 立冬 rittou o inicio del invierno, que sería el 07 de noviembre. Tradicionalmente, se comenzaba a notar la llegada del invierno, la baja de temperatura y la disminución de la luz solar. En la actualidad aun hay días en que se siente el calor residual del verano.
Los aniversarios luctuosos que seleccioné este mes corresponden a autores clásicos, y por lo tanto regidos por el calendario lunar, y modernos, a quienes aplica el calendario actual.
去来忌 kyorai ki
Décimo día del Noveno Mes del calendario lunar
Mukai Kyorai (1651-1704) fue un poeta de haikai de mediados del período Edo. Alrededor de los 24 años, abandonó la clase samurái y sirvió a la nobleza de la corte, recurriendo a su conocimiento del Onmyoudou (cosmología esotérica japonesa). Hacia la era Joukyou (1684-1688), se convirtió en discípulo de Matsuo Bashou a través de Kikaku. En 1691, Bashou se hospedó en Rakushisha, la villa de Kyorai en Saga, al oeste de Kioto, y escribió el Saga Nikki (Diario de Saga). Ese mismo año, coeditó Sarumino con Bonchou. Incluso después de la muerte de Bashou, defendió firmemente las enseñanzas de su maestro y no pudo permanecer impasible mientras sus compañeros discípulos se desviaban. Debatió con Kikaku y Kyouroku, y escribió obras como Oku Kikaku Sensei Shou (Una carta al maestro Kikaku). Era una persona sincera y respetada por sus compañeros discípulos, y Bashou era quien más confiaba en él, llamándolo el «Magistrado del Haikai de Chinzei». Dejó importantes obras sobre la teoría del haiku al estilo Bashou, como Haikai Mondo Aone ga Mine (1785), que contiene sus debates con Kyoroku, así como Kyorai Sho y Tabine Ron. Su hermanos y hermana, así como su esposa, también disfrutaban del haikai.
El autor del haiku que celebra a Kyorai es Matsune Touyoujou (1878-1964).
去来忌やこの頃藪の露しげく
kyorai ki ya kono koro yabu no tsuyu shigeku
Aniversario de Kyorai. Por ese entonces el rocío abundaba en los arbustos.
…
蛇笏忌 dakotsu ki
3 de octubre.
Iida Dakotsu (1885-1962) fue un poeta de haiku. Su nombre real era Takeharu. Su seudónimo era Sanro. Nació en la aldea de Sakaigawa, distrito de Higashiyatsushiro, prefectura de Yamanashi (actual ciudad de Fuefuki). En 1905 (Meiji 38), ingresó en el Departamento de Inglés de la Universidad de Waseda. Se unió a la Waseda Ginsha (Sociedad de Haiku de Waseda) y envió poemas a las secciones de haiku de la revista Hototogisu y el periódico Kokumin Shimbun. Durante su estancia en la universidad, mantuvo una amistad con Wakayama Bokusui, y años más tarde colaboró con la revista Sousaku. En 1909, abandonó sus estudios y regresó a su pueblo natal para vivir en el campo. En 1912 (Taisho 1), cuando Takahama Kyoshi regresó al mundo del haiku, envió poemas a la sección de poemas misceláneos de Hototogisu, y sus poemas tuvieron el honor de aparecer al comienzo de la columna. En 1917, se convirtió en editor de la revista de haiku Unmo, donde fue seleccionador de haikus hasta su muerte. A través de sus colecciones de haiku, como Sanro-shu (1932) y Hakugaku (1943), desarrolló un estilo de haiku digno, poderoso y profundo. También fue autor de numerosas colecciones de ensayos, obras críticas y traducciones. Perdió a su hijo mayor y a su tercer hijo en la Segunda Guerra Mundial, y su segundo hijo también murió de enfermedad, cargando con el peso de esta desafortunada tragedia; sin embargo, perseveró en el espíritu de la literatura haiku, y su legado fue continuado por su cuarto hijo, Ryuta.
Disfrutemos del bello haiku de Matsumura Souseki (1887-1982) que conmemora a Dakotsu.
蛇笏忌の老すこやかに初心なり
dakotsu ki no rou sukoyaka ni shoshin nari
En el aniversario de Dakotsu que el viejo sienta el vigor de la inocencia.
…
爽波忌 souha ki
18 de octubre.
Hatano Souha (1923-1991) poeta de haiku nacido en Tokio, su nombre real era Yoshihide. Provenía de una antigua familia aristocrática. Se graduó en la Facultad de Economía de la Universidad Imperial de Kioto en 1947. Ingresó en el Banco Sanwa en 1943, donde fue gerente de la sucursal de Ashiya en 1966, gerente de la sucursal de Shijo-Omiya en 1969, gerente de la sucursal de Tokushima en 1970 y jefe de la oficina de consultoría de gestión en 1974. En 1977 se incorporó a Fujisawa Pharmaceutical Co., Ltd., donde trabajó como auditor. Renunció en 1983. También estudió con Kyoshi Takahama en la escuela secundaria Gakushuin y participó en la fundación de Mimizuko en 1946. Se convirtió en miembro de Hototogisu en 1949 y presidió la revista de haikus Ao desde 1953. Fundó una asociación de cuatro revistas en 1958 con Ryotei Fukuda, Keiji Hashimoto y Shucho Nomiyama. Sus colecciones de haikus incluyen Hodo no Hana, Yunomi, Saishi, Ippitsu y la colección de su obra completa, Hatano Souha Zenshuu (3 volúmenes).
El haiku que conmemora a Souha fue compuesto por la haijin Tsuji Momoko (1945-2025).
文書いて一日つかふ爽波の忌
bun kaite ichinichi tsukau souha no ki
Usaré todo el día escribiendo frases, aniversario de Souha.
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白秋忌 hakushuu ki
2 de noviembre.
Kitahara Hakushuu (1885-1942), poeta y autor de tankas. Nacido en la prefectura de Fukuoka, su nombre real era Ryuukichi. Fundador de la Pan no Kai (Sociedad del Pan), iniciando el Movimiento Literario Estético. Fundó revistas como Shuran, ARS y Kindai Fukei (Paisaje Moderno). Posteriormente fundó Tama e influyó en el mundo del tanka con su movimiento de poesía simbólica moderna. Su estilo poético era simbólico y sensual, mostrando exotismo. Miembro de la Academia de Arte de Japón. Entre sus obras destacan Jashumon (La Secta Herética), Omoide (Recuerdos) y Kiri no Hana (Flor de Paulownia).
Saitou Tsukiko compuso el haiku que conmemora a Hakushuu.
幾年も触れぬオルガン白秋忌
ikunen mo furenu orugan hakushuu ki
El órgano que no rocé en tantos años. Aniversario de Hakushuu.
…
La invitación este mes es a que compongan un haiku, u otro género poético de vuestra preferencia, o tomen una foto o escriban un par de frases de aquello que les llama la atención del mundo a su alrededor. En años venideros pueden ser registros que les permitan rememorar tiempos pasados. ¡Hasta el próximo artículo!
CONSTRUIR
El primer sol
En las hojas del roble.
Fin de verano.
DECONSTRUIR
Caminar en medio de la naturaleza es para mí una gran fuente de inspiración para componer haikus. La naturaleza que me rodea no es espectacular: no tengo el mar, ni grandes montañas, ni vistas maravillosas, ni paisajes grandiosos. Es simplemente una sierra, la de San Vicente, primeras estribaciones de Gredos, en el macizo central de la península ibérica. Pero tiene un entorno muy arbolado de castaños, robles y enebros; y salpicado con cerros de alturas medias, entre 800 metros, donde está mi casa y 1.360, el punto más alto, el Alto de las Cruces. Ayer precisamente, 1 de septiembre, me llevaron mis pasos a este alto: una caminata, ida y vuelta, de unos 14 kilómetros, en los que empleé casi cinco horas.
Salí muy temprano, casi de noche. Más de media hora después, cuando acababa de salir el sol a mi espalda, saqué la foto que acompaña el haiku de este mes: los primeros rayos del sol, detrás de mí, llegando a las copas de los robles que tenía enfrente. Y, para colmo de sorpresa, la luna menguante en lo alto. Me sobrecogió la emoción del instante. 
En realidad, desde hacía un par de días tenía preparado otro haiku para celebrar el fin del verano. Era este:
Una hoja tiembla
Al final del verano.
La soledad.
Pero, dándole vueltas, no me acababa de gustar. Tal vez intelectual, demasiado elaborado, buscando efecto con ese tercer verso. Lo deseché.
Así que al final me decidí por este otro del primer sol en las ramas del roble. Quizás porque fue fruto de un visión tan… impactante e instantánea, sin tiempo apenas para la elaboración. Tenía claro que deseaba reflejar, fuera el haiku que fuera, el final del verano: el aire ya era fresco y el cielo tenía otro color. Sin embargo, estuve tentado de variarlo por este otro:
Se vierte el oro
En las hojas del roble.
Fin de verano.
Pero rápidamente lo deseché también. Por dos motivos: intelectual en exceso debido a la metáfora de «oro» para significar «la luz del sol recién salido», y demasiado… bello. Eran como dos “yo” –el yo intelectual y el yo estético– que se habían asomado, casi inconscientemente, en mi idea de lo debe ser un buen haiku.
Hoy quiero detenerme en comenta el «yo estético». Y su peligro. La belleza. Es la gran tentación del haijin: la sirena que nos seduce con su canto. Pero yo me esfuerzo, con más éxito, creo, a medida que cumplo más años, en no hacerle mucho caso. No es fácil. Porque el yo estético siempre está, como un ángel de la guarda, a nuestro lado cada vez que componemos un haiku. Queremos, casi instintivamente, que sea bonito. Siento decepcionar a los que piensan que el haiku debe ser bello. Cada uno tiene su propia idea de lo que es un buen haiku, casi igual que cada tiene su propia idea de lo que es un buen vino.
Para mí, el esfuerzo consciente de dotar de belleza a un haiku es un error de principio. La belleza debe brotar de manera inconsciente, de lo contrario, para mí, el haiku deja de ser bello. Escribir «dorado» o «de oro» para representar el efecto cromático de la luz del sol a esa hora temprana sobre las hojas del árbol traiciona, por así decir, el espíritu ascético, espontáneo y libre del haiku. Por eso y no por otra cosa, lo deseché.
El «yo estético» es enemigo jurado del haiku, como lo es el «yo intelectual», por no hablar del «yo moral o didáctico»… ¿Os imagináis un haiku que dijera:
El primer sol
En las hojas del roble
Su verdad halla.
¡Horroroso! ¿Acaso hay una verdad en el hecho de cómo se derrama la luz del sol en las hojas?
También es enemigo del haiku el «yo sentimental». ¿Os imagináis otro haiku que dijera:
El primer sol
En las hojas del roble.
Un viejo amor.
O este:
Melancolía.
En las hojas del roble
El primer sol.
A mí me parecen los dos haikus sentimentales. Y el haiku, arte de ascesis, pura desnudez, no transmite sentimientos, como hace por lo general la poesía occidental, sino percepciones, instantáneas, visiones relampagueantes de una realidad superior.
Asimismo, es enemigo del haiku el «yo ansioso». Por eso, quiero significar el deseo natural de llenar con demasiadas cosas el haiku. Como un ansia. Obedece este deseo a la especie de necesidad de no dejar espacios vacíos, de llenar los espacios, como si se tratase de aquel horror vacui del que hablaban los escolásticos. Es mejor siempre lo incompleto en este arte ascético. Si yo hubiera escrito este otro haiku:
El primer sol
En las hojas del roble.
La luna arriba. / Luna menguante.
habría incurrido en, para mí, este defecto. Primero, ¿no es bastante presencia ya la del sol y las hojas? ¿Para qué mencionarla? Segundo y traducido en términos formales, es mejor, a mi juicio, marcar una cesura, un kireji, hablando en un tercer verso de algo que no sea el paisaje. De cambiar de tema. Aunque quien mire la foto podrá distinguir una bella luna menguante sobre el ramaje de los árboles. Su presencia, sin duda, añadía fuerza la belleza de la visión que recibí ayer mientras caminaba hacia el Alto de las Cruces. Pero, ¿para qué mencionarla, si lo que yo quería celebrar era la llegada del fin del verano? Dejaré la luna para otra ocasión. En tercer lugar, «luna» en el mismo haiku que «sol» ofrece, a mi juicio, una simetría paisajística demasiado evidente. No me convence. Mejor sin luna. El sol y las hojas se las arreglan muy bien solitos.
Así, pues cinco enemigos contra los que hay que estar en guardia. De los cinco, el segundo, el «yo estético», me parece el más insidioso, el más difícil de evitar –aunque el «yo ansioso» también se las trae–. Como demostración de mi antipatía por los haikus «bonitos», remito al lector al «feo» haiku de la pala vieja abandonada en la cuneta de un camino que mandé al Rincón el pasado mes: ¿es que hay algo de bello en esa visión? No, nada.
¿Es que había algo de bello en una rana que saltaba? No, nada.
Dicho esto, cada uno que escriba el haiku que quiera; y que san Pedro se lo bendiga.
Uno de los grandes regalos que nos ofrece la literatura es la oportunidad de vivir muchas vidas y contemplar el mundo desde distintos puntos de vista. Creo que profundizar en el uso del kigo cuando leemos haiku también nos abre una ventana al Japón que fue. Podemos ver qué cosas han cambiado y cuales permanecen intactas. Dentro de las que han sufrido alteraciones, el clima es, tal vez, lo más notorio. Incluso si consideramos el desface entre el calendario lunar y el actual, el clima definitivamente no se comporta como hace uno o dos siglos, ni siquiera como hace diez años. El otro día veía las noticias japonesas y el conductor decía “vamos a entrar a la temporada de tifones”, luego de dar la actualización del número 24 en lo que lleva del año. ¡Vaya discrepancia! Y así, estos pequeños poemas no solo nos ofrecen belleza sino una oportunidad de reflexión.
En el mundo del kigo, 仲秋 chuushuu o mitad del otoño; corresponde a septiembre en el calendario actual y en el a 葉月 Hadzuki u Octavo Mes. Abarca desde 白露 hakuro o blanco rocío, alrededor del 8 de septiembre, hasta el día anterior al comienzo de 寒露 kanro o rocío frío, alrededor del 8 de octubre. Se escuchan los insectos y la luna es más brillante que nunca. Cada mañana se ve más rocío sobre la vegetación al amanecer, el cual va haciéndose cada vez más frío con el avance de la estación. Esa es, cuando menos, la definición tradicional del período ya que, en la actualidad, con el calentamiento global todavía se vive temperaturas veraniegas y lluvias intensas. El 23 de septiembre sucede el 秋分 shuubun o equinoccio de otoño, durante el cual el día y la noche tienen prácticamente la misma duración.
En esta ocasión, la selección de todos los aniversarios luctuosos corresponde a autores del período clásico, así que las fechas son del Octavo Mes lunar.
鬼貫忌 onitsura ki
Segundo día del Octavo Mes del calendario lunar
Uejima Onitsura (1661-1738), haijin del período Edo (1603-1868), su nombre de pila era Munechika. Otros seudónimos fueron Inukoji y Satoe. Era originario de Itami, en la provincia de Settsu. De niño, estudió con Matsue Shigeyori y, posteriormente, se dedicó al estilo de la escuela Danrin, convirtiéndose en una figura central en definir y ejemplificar el estilo de Bashou. Sin embargo, en la primavera de sus 25 años, comprendió que «no hay haikai más allá de la verdad» y estableció la teoría del haikai de la verdad o de la autenticidad. Entre sus obras destacan Daigo Monogurui, Dokugen y Satoe Shichikuruma.
El haiku que utiliza el kinichi de Onitsura es de Shimada Gokuu (1875-1928).
鬼貫忌蕉風俗に堕ちにけり
onitsura ki shoufuu zoku ni ochi ni keri
Aniversario de Onitsura. El estilo de Bashou se ha degenerado.
…
世阿弥忌 zeami ki
Octavo día del Octavo Mes del calendario lunar
Zeami fue un actor de Noh y dramaturgo a principios del período Muromachi. Fue el hijo mayor de Kan’ami y el segundo director de la escuela Kanze. Su nombre de infancia era Fujiwakamaru, más tarde Kanze Saburo Motokiyo. Zeami era su nombre artístico. Perfeccionó el Noh gracias a las enseñanzas de su padre y al mecenazgo del shogun Ashikaga Yoshimitsu. Tras la muerte de Yoshimitsu, cayó en desgracia y pasó sus últimos años exiliado en la isla de Sado. Escribió más de 20 tratados sobre Noh, entre ellos Fuushikaden y Kakyou, donde enfatizó la belleza del yuugen (profundidad misteriosa, belleza sutil) y analizó la teoría del hana (flor) y el rango artístico del ran’i. Entre sus obras destacan Takasago, Yorimasa, Izutsu, Hanjo, Kinuta y Tooru, entre muchas otras, obras de gran calidad como dramas poéticos.
El haiku en su honor fue compuesto por Sasaki Fura.
世阿弥忌の月白く上りけり
zeami ki no tsuki shiroku agari keri
La luna del aniversario de Zeami se elevó blanca.
…
西鶴忌 saikaku ki
Décimo día del Octavo Mes del calendario lunar
Ihara Saikaku (1642-1693) nació en una acomodada familia de comerciantes de Osaka. Interesado desde adolescente en la literatura, aprendió haikai, dejando de lado los negocios familiares. Saikaku, a quien le gustaba competir y ver cuántos poemas podía componer en determinado tiempo, participó en la competencia llamada “Yakazu haikai” y compuso 23.500 versos en un día y una noche, estableciendo un récord. En 1682, después de la muerte de su maestro de haikai, Saikaku comenzó a escribir ukiyo zoushi, un tipo de novela que relata la vida de quienes pertenecían al llamado “mundo flotante”. Su primer ukiyo zoushi, Koushoku ichidai otoko (Hombre lascivo y sin linaje) se convirtió en todo un éxito. Continuó con la publicación de Koushoku gonin onna (Cinco amantes apasionadas) y Koushoku ichidai onna (Vida de una mujer galante), los cuales eran ampliamente leídos en Edo, Kyoto y Osaka.
El haiku que celebra a este gran novelista y poeta es de Kubota Mantarou (1889-1963).
西鶴忌うき世の月のひかりかな
saikaku ki ukiyo no tsuki no hikari kana
Aniversario de Saikaku. La luz de la luna del mundo flotante.
…
定家忌 teika ki
Vigésimo día del Octavo Mes del calendario lunar
Fujiwara no Teika (1162-1241) aunque los kanjis de su nombre se leían “Sadaie”, también se podían leer “Teika”. Hijo de Fujiwara no Shunzei. Uno de los grandes poetas de fines del período Heian (794-1185) y principios de Kamakura (1185-1333), provenía de una familia de literatos y poetas, y se le conocía por ser muy estricto, no solo con la poesía de los demás, sino con la suya propia.
El Emperador Retirado Go-Toba, le encargó ser el compilador jefe de la octava antología imperial, Shin Kokin Wakashuu. Es también el compilador de la antología privada Ogura Hyakunin Isshu (Cien Poetas, Un Poema).
El haiku que conmemora a uno de lo más grandes poetas japoneses de todos los tiempos es de Aizawa Mayumi.
定家忌の反故であれどもうつくしく
teika ki no hogo de aredo mo utsukushiku
Incluso los papeles descartados en el aniversario de Teika, son hermosos.
…
Espero que hayan disfrutado de conocer un poco más de estas figuras consulares del mundo de las letras nipón, y que, además, vayan sumando más nombres a su lista de haijines favoritos. ¡Hasta la próxima!
黄昏の
紫に
ジャカランダの
花の紫は
混ざり合いつつ
Tasogare no
murasaki ni
jakaranda no
hana no murasaki wa
mazariaitsutsu
Con el color
morado del crepúsculo
se va fundiendo
el morado de las flores
de la jacaranda…
人間は
神のくれたる
空想で
如何にも神を
不朽にしけり
Ningen wa
kami no kuretaru
kûsô de
ikani mo kami o
fukyû ni shikeri
Ciertamente,
el ser humano hace
inmortales a los dioses
con la imaginación
que estos le han dado.
ブルースを
聞きながら君の
写真は
アルバムから
いま消してしまう
Burûsu o
kikinagara kimi no
shashin wa
arubamu kara
ima keshite shimau
Mientras escucho
un blues, borro del álbum
todas tus fotos.
古に
消えたる星の
光かな
我我の今の
関係の如し
Inishie ni
kietaru hoshi no
hikari kana
Wareware no ima no
kankei no gotoshi
Nuestra relación
es ahora el brillo
de una estrella extinta.
釜の横にて
のどをゴロゴロ
鳴らしける
猫は如何なる
夢を見るらむ
Kama no yoko ni te
nodo wo goro-goro
narashikeru
neko wa ikanaru
yume o miruramu
¿Qué soñará
el gato ronroneante
junto al caldero?
目を開けて
朝を迎える
また君を
覚えていない
ことを忘れた
Me o akete
asa o mukaeru
Mata kimi o
oboeteinai
koto wo wasureta
Abro los ojos,
saludo a la mañana
y, una vez más,
mi corazón olvida
que no ha de recordarte…
風車
メロン畑で
回れども
啄む鳥は
あちこちありけり
Kazaguruma
Meronbata de
mawaredomo
tsuibamu tori wa
achi-kochi arikeri
Un melonar.
Giran en él en vano
los molinillos;
¡aquí y allá, los pájaros
lo picotean todo…!
そよ風に
揺るる緑の
田の中の
小道に傘の
列の赤かな
Soyokaze ni
yururu midori no
ta no naka no
komichi ni kasa no
retsu no aka kana
¡Ah! ¡El bermellón
de una fila de sombrillas
en el camino
que cruza el verde arrozal
mecido al viento!
Caligrafiado por Emilio Delgado bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.
templo Mii,
llamaría a sus puertas,
la luna de esta noche
(trad. Félix Arce, momiji)
三井寺の
門敲かばや
今日の月
En la caligrafía:
三井寺の
門たゝかはや
けふの月
——————————————-
Comentado por Sandra Pérez
Hoy está particularmente deslumbrante…
Llamaría a sus puertas…
Que los monjes salgan a contemplarla conmigo.
Llamaría… pero…
Si entro me perderé su esplendor.
¿Quién no ha tenido momentos de indecisión? ¿Cuántas veces nos permitimos disfrutar de aquello que nos conmueve profundamente? Momentos en los que desearíamos detener el tiempo, alargar el disfrute, convocar para compartir el milagro del instante.
Hoy es la luna, nada más
Dicen que la luna llena en el Templo Miidera se conoce desde la antigüedad porque tiene la particularidad de permitir que todo su brillo pueda contemplarse a través del cielo abierto. Actualmente, frente al estanque de lotos, se encuentra un largo monumento con el poema «Mii-dera no mon tatakabaya, la luna de hoy», se dice tiene 1000 años y fue inaugurado en 1994 para conmemorar el 300 aniversario de la muerte de Basho.
Sandra Pérez