Enero de 2026

CONSTRUIR

En Año Nuevo,
Espinacas con pasas.
Y en el alma, paz.

DECONSTRUIR

 Realmente fue esa mi cena en la víspera de Año Nuevo, en Nochevieja. ¿Qué más da? Total… unas horas antes o unas horas después. También pudo haber sido una digna comida en Año Nuevo.

   Hoy quiero comentar el aspecto dialógico de los haikus. No me refiero al diálogo inherente del haiku con que el haijin puede dirigirse a un lector desconocido, sino al establecido con alguien conocido. En nuestra sociedad la lectura de un poema suele ser una actividad casi siempre monológica, individual, casi íntima, por no decir minoritaria. Seguro que no era así en los comienzos brumosos de la poesía en aquellas ancestrales  sociedades ágrafas, donde la actividad poética todavía no había dado el salto a la escritura, y la transmisión era oral –canto, celebración, conjuro, gesta, plegaria, etc.–  compartida con la sociedad. En el caso de Japón, en el Japón premoderno (antes de 1868), cuando hacía siglos que se venía usando la escritura, la poesía cumplía una importante función social: comunicar sentimientos, despedir a un amigo, celebrar un encuentro o un paisaje, lamentar una pérdida, agradecer un favor, colaborar en un certamen poético. En la corte imperial del viejo Japón, hasta se usaba para informar de nombramientos y destituciones, para solicitar empleo, para exiliar a un enemigo. En los tiempos de los grandes maestros del haiku –Bashō, Buson, Issa– el haiku, aunque era producto de una sociedad plebeya, conservaba en gran medida esa función. Son célebres los haikus del primero de esos maestros para retribuir la generosidad de sus anfitriones cuando iba de viaje o simplemente para saludar a alguien. Como este dedicado a una discípula:

白菊の               shiragiku no
目にたてて見る           me ni tatete miru
ちりもなし             chiri mo nashi

Los ojos fijos
En blanco crisantemo.
Ni mota de polvo.

Pero también hay haikus en que el haijin interpela directamente a la situación, objeto o circunstancia del poema. Hablando de Año Nuevo, me viene a la memoria este de Natsume Sōseki que encontré en la magnífica selección de Fernando Rodríguez-Izquierdo publicada en «Maestros del Haiku» por Satori Ediciones (la traducción es mía).

我に許せ         ware ni yurase
元日なれば        ganjitsu nareba
朝寝坊                               asanebō

Hoy que es tu fiesta,
Año Nuevo, déjame estar
Un poco más en la cama.

¿Divertido, verdad? Podemos imaginar a Sōseki, al que en su vida doliente no le faltaron desdichas, remolonear felizmente en el futón un día tan festivo como ese.

Mi haiku es más serio y solemne con tantas «a» en los dos versos finales. El tercero me lo inspiró un maravilloso haiku de Issa Kobayashi:

何もないが          nani mo nai ga
心安さよ           kokoro yasusa yo
涼しさよ                                            suzushisa yo

Sin tener nada,
Pero con el corazón en paz y
Este frescor.

Paz en el corazón deseo a los lectores de El Rincón en el año que acaba de empezar. Y salud para cenar espinacas con pasas o para remolonear un rato en la cama antes de levantarse.