Haibun 67

Haibun 67

Milagro inesperado

   Cada año volvemos al Sur de nuestra Patagonia, nunca faltamos a la cita en nuestro lugar secreto: Alum Nehuen, el viejo hotel de piedra y su magia.

   Cruzamos la ruta y vamos deteniéndonos en los miradores de madera rústica que nos muestran una panorámica del paisaje, los cerros, el brazo Tristeza del lago, los pájaros de vuelo rasante y, a veces, el sabor de las fresas salvajes.

   Ya en la bahía, la pared gigante del Cerro López, recta, escarpada es límite, también protección.

  El oleaje del lago en la playa desierta es casi un bordado. Los troncos ya roídos de lo que fueron árboles interrumpe la soledad de la playa y las piedras doradas la transforman en un paisaje lunar.

  Silencio y viento. Soledad que invita a la contemplación de lo sagrado.

   A unos metros, un pequeño zorro nos observa. Es un milagro inesperado. Me siento en la tierra cenicienta, lo miro, le hablo, lo espero.

   Se va acercando, al principio con cautela, luego se pone casi al alcance de mi mano, no lo toco, pero durante un tiempo que no puedo medir, nos miramos a los ojos sin curiosidad, confiados como antiguos amigos.

  Recuerdo al Principito diciendo: Los ritos son necesarios

  Al día siguiente vuelvo al lugar del milagro, el zorrito sale de un zarzal y se me acerca confiado

 Lo bauticé con el nombre del cerro. Sé que nos entendimos.

Viento y silencio…
la mirada de un zorro
fija en mis ojos

María Rosalía Gila
Buenos Aires (Argentina)