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Septiembre de 2026

CONSTRUIR

El primer sol
En las hojas del roble.
Fin de verano.

DECONSTRUIR

  Caminar en medio de la naturaleza es para mí una gran fuente de inspiración para componer haikus. La naturaleza que me rodea no es espectacular: no tengo el mar, ni grandes montañas, ni vistas maravillosas, ni paisajes grandiosos. Es simplemente una sierra, la de San Vicente, primeras estribaciones de Gredos, en el macizo central de la península ibérica. Pero tiene un entorno muy arbolado de castaños, robles y enebros; y salpicado con cerros de alturas medias, entre 800 metros, donde está mi casa y 1.360, el punto más alto, el Alto de las Cruces. Ayer precisamente, 1 de septiembre, me llevaron mis pasos a este alto: una caminata, ida y vuelta, de unos 14 kilómetros, en los que empleé casi cinco horas.

     Salí muy temprano, casi de noche. Más de media hora después, cuando acababa de salir el sol a mi espalda, saqué la foto que acompaña el haiku de este mes: los primeros rayos del sol, detrás de mí, llegando a las copas de los robles que tenía enfrente. Y, para colmo de sorpresa, la luna menguante en lo alto. Me sobrecogió la emoción del instante.  

      En realidad, desde hacía un par de días tenía preparado otro haiku para celebrar el fin del verano. Era este:

Una hoja tiembla
Al final del verano.
La soledad.

   Pero, dándole vueltas, no me acababa de gustar. Tal vez intelectual, demasiado elaborado, buscando efecto con ese tercer verso. Lo deseché.

    Así que al final me decidí por este otro del primer sol en las ramas del roble. Quizás porque fue fruto de un visión tan… impactante e instantánea, sin tiempo apenas para la elaboración. Tenía claro que deseaba reflejar, fuera el haiku que fuera, el final del verano: el aire ya era fresco y el cielo tenía otro color. Sin embargo, estuve tentado de variarlo por este otro:

Se vierte el oro
En las hojas del roble.
Fin de verano.

   Pero rápidamente lo deseché también. Por dos motivos: intelectual en exceso debido a la metáfora de «oro» para significar «la luz del sol recién salido», y demasiado… bello. Eran como dos “yo” –el yo intelectual y el yo estético– que se habían asomado, casi inconscientemente, en mi idea de lo debe ser un buen haiku.

   Hoy quiero detenerme en comenta el «yo estético». Y su peligro. La belleza. Es la gran tentación del haijin: la sirena que nos seduce con su canto. Pero yo me esfuerzo, con más éxito, creo, a medida que cumplo más años, en no hacerle mucho caso. No es fácil. Porque el yo estético siempre está, como un ángel de la guarda, a nuestro lado cada vez que componemos un haiku. Queremos, casi instintivamente, que sea bonito. Siento decepcionar a los que piensan que el haiku debe ser bello. Cada uno tiene su propia idea de lo que es un buen haiku, casi igual que cada tiene su propia idea de lo que es un buen vino.

    Para mí, el esfuerzo consciente de dotar de belleza a un haiku es un error de principio. La belleza debe brotar de manera inconsciente, de lo contrario, para mí, el haiku deja de ser bello.  Escribir «dorado» o «de oro» para representar el efecto cromático de la luz del sol a esa hora temprana sobre las hojas del árbol traiciona, por así decir, el espíritu ascético, espontáneo y libre del haiku. Por eso y no por otra cosa, lo deseché.

   El «yo estético» es enemigo jurado del haiku, como lo es el «yo intelectual», por no hablar del «yo moral o didáctico»…  ¿Os imagináis un haiku que dijera:

El primer sol
En las hojas del roble
Su verdad halla.

   ¡Horroroso! ¿Acaso hay una verdad en el hecho de cómo se derrama la luz del sol en las hojas?

   También es enemigo del haiku el «yo sentimental». ¿Os imagináis otro haiku que dijera:

El primer sol
En las hojas del roble.
Un viejo amor.

   O este:

Melancolía. 
En las hojas del roble
El primer sol.

   A mí me parecen los dos haikus sentimentales. Y el haiku, arte de ascesis, pura desnudez, no transmite sentimientos, como hace por lo general la poesía occidental, sino percepciones, instantáneas, visiones relampagueantes de una realidad superior.

   Asimismo, es enemigo del haiku el «yo ansioso». Por eso, quiero significar el deseo natural de llenar con demasiadas cosas el haiku. Como un ansia. Obedece este deseo a la especie de necesidad de no dejar espacios vacíos, de llenar los espacios, como si se tratase de aquel horror vacui del que hablaban los escolásticos. Es mejor siempre lo incompleto en este arte ascético. Si yo hubiera escrito este otro haiku:

El primer sol
En las hojas del roble.
La luna arriba. / Luna menguante. 

habría incurrido en, para mí, este defecto. Primero, ¿no es bastante presencia ya la del sol y las hojas? ¿Para qué mencionarla? Segundo y traducido en términos formales, es mejor, a mi juicio, marcar una cesura, un kireji, hablando en un tercer verso de algo que no sea el paisaje. De cambiar de tema.  Aunque quien mire la foto podrá distinguir una bella luna menguante sobre el ramaje de los árboles. Su presencia, sin duda, añadía fuerza la belleza de la visión que recibí ayer mientras caminaba hacia el Alto de las Cruces. Pero, ¿para qué mencionarla, si lo que yo quería celebrar era la llegada del fin del verano? Dejaré la luna para otra ocasión. En tercer lugar, «luna» en el mismo haiku que «sol» ofrece, a mi juicio, una simetría paisajística demasiado evidente. No me convence. Mejor sin luna. El sol y las hojas se las arreglan muy bien solitos.

   Así, pues cinco enemigos contra los que hay que estar en guardia. De los cinco, el segundo, el «yo estético», me parece el más insidioso, el más difícil de evitar –aunque el «yo ansioso» también se las trae–. Como demostración de mi antipatía por los haikus «bonitos», remito al lector al «feo» haiku de la pala vieja abandonada en la cuneta de un camino que mandé al Rincón el pasado mes: ¿es que hay algo de bello en esa visión? No, nada.

   ¿Es que había algo de bello en una rana que saltaba? No, nada.

   Dicho esto, cada uno que escriba el haiku que quiera; y que san Pedro se lo bendiga.

Septiembre de 2026

Uno de los grandes regalos que nos ofrece la literatura es la oportunidad de vivir muchas vidas y contemplar el mundo desde distintos puntos de vista. Creo que profundizar en el uso del kigo cuando leemos haiku también nos abre una ventana al Japón que fue. Podemos ver qué cosas han cambiado y cuales permanecen intactas. Dentro de las que han sufrido alteraciones, el clima es, tal vez, lo más notorio. Incluso si consideramos el desface entre el calendario lunar y el actual, el clima definitivamente no se comporta como hace uno o dos siglos, ni siquiera como hace diez años. El otro día veía las noticias japonesas y el conductor decía “vamos a entrar a la temporada de tifones”, luego de dar la actualización del número 24 en lo que lleva del año. ¡Vaya discrepancia! Y así, estos pequeños poemas no solo nos ofrecen belleza sino una oportunidad de reflexión.

En el mundo del kigo, 仲秋 chuushuu o mitad del otoño; corresponde a septiembre en el calendario actual y en el a 葉月 Hadzuki u Octavo Mes. Abarca desde 白露 hakuro o blanco rocío, alrededor del 8 de septiembre, hasta el día anterior al comienzo de 寒露 kanro o rocío frío, alrededor del 8 de octubre. Se escuchan los insectos y la luna es más brillante que nunca. Cada mañana se ve más rocío sobre la vegetación al amanecer, el cual va haciéndose cada vez más frío con el avance de la estación. Esa es, cuando menos, la definición tradicional del período ya que, en la actualidad, con el calentamiento global todavía se vive temperaturas veraniegas y lluvias intensas. El 23 de septiembre sucede el 秋分 shuubun o equinoccio de otoño, durante el cual el día y la noche tienen prácticamente la misma duración.

En esta ocasión, la selección de todos los aniversarios luctuosos corresponde a autores del período clásico, así que las fechas son del Octavo Mes lunar.

 

鬼貫忌 onitsura ki

Segundo día del Octavo Mes del calendario lunar

Uejima Onitsura (1661-1738), haijin del período Edo (1603-1868), su nombre de pila era Munechika. Otros seudónimos fueron Inukoji y Satoe. Era originario de Itami, en la provincia de Settsu. De niño, estudió con Matsue Shigeyori y, posteriormente, se dedicó al estilo de la escuela Danrin, convirtiéndose en una figura central en definir y ejemplificar el estilo de Bashou. Sin embargo, en la primavera de sus 25 años, comprendió que «no hay haikai más allá de la verdad» y estableció la teoría del haikai de la verdad o de la autenticidad. Entre sus obras destacan Daigo Monogurui, Dokugen y Satoe Shichikuruma.

El haiku que utiliza el kinichi de Onitsura es de Shimada Gokuu (1875-1928).

鬼貫忌蕉風俗に堕ちにけり

onitsura ki shoufuu zoku ni ochi ni keri

Aniversario de Onitsura. El estilo de Bashou se ha degenerado.

世阿弥忌 zeami ki

Octavo día del Octavo Mes del calendario lunar

Zeami fue un actor de Noh y dramaturgo a principios del período Muromachi. Fue el hijo mayor de Kan’ami y el segundo director de la escuela Kanze. Su nombre de infancia era Fujiwakamaru, más tarde Kanze Saburo Motokiyo. Zeami era su nombre artístico. Perfeccionó el Noh gracias a las enseñanzas de su padre y al mecenazgo del shogun Ashikaga Yoshimitsu. Tras la muerte de Yoshimitsu, cayó en desgracia y pasó sus últimos años exiliado en la isla de Sado. Escribió más de 20 tratados sobre Noh, entre ellos Fuushikaden y Kakyou, donde enfatizó la belleza del yuugen (profundidad misteriosa, belleza sutil) y analizó la teoría del hana (flor) y el rango artístico del ran’i. Entre sus obras destacan Takasago, Yorimasa, Izutsu, Hanjo, Kinuta y Tooru, entre muchas otras, obras de gran calidad como dramas poéticos.

El haiku en su honor fue compuesto por Sasaki Fura.

世阿弥忌の月白く上りけり

zeami ki no tsuki shiroku agari keri

La luna del aniversario de Zeami se elevó blanca.

西鶴忌 saikaku ki

Décimo día del Octavo Mes del calendario lunar

Ihara Saikaku (1642-1693) nació en una acomodada familia de comerciantes de Osaka. Interesado desde adolescente en la literatura, aprendió haikai, dejando de lado los negocios familiares. Saikaku, a quien le gustaba competir y ver cuántos poemas podía componer en determinado tiempo, participó en la competencia llamada “Yakazu haikai” y compuso 23.500 versos en un día y una noche, estableciendo un récord. En 1682, después de la muerte de su maestro de haikai, Saikaku comenzó a escribir ukiyo zoushi, un tipo de novela que relata la vida de quienes pertenecían al llamado “mundo flotante”. Su primer ukiyo zoushi, Koushoku ichidai otoko (Hombre lascivo y sin linaje) se convirtió en todo un éxito. Continuó con la publicación de Koushoku gonin onna (Cinco amantes apasionadas) y Koushoku ichidai onna (Vida de una mujer galante), los cuales eran ampliamente leídos en Edo, Kyoto y Osaka.

El haiku que celebra a este gran novelista y poeta es de Kubota Mantarou (1889-1963).

西鶴忌うき世の月のひかりかな

saikaku ki ukiyo no tsuki no hikari kana

Aniversario de Saikaku. La luz de la luna del mundo flotante.

定家忌 teika ki

Vigésimo día del Octavo Mes del calendario lunar

Fujiwara no Teika (1162-1241) aunque los kanjis de su nombre se leían “Sadaie”, también se podían leer “Teika”. Hijo de Fujiwara no Shunzei. Uno de los grandes poetas de fines del período Heian (794-1185) y principios de Kamakura (1185-1333), provenía de una familia de literatos y poetas, y se le conocía por ser muy estricto, no solo con la poesía de los demás, sino con la suya propia.

El Emperador Retirado Go-Toba, le encargó ser el compilador jefe de la octava antología imperial, Shin Kokin Wakashuu. Es también el compilador de la antología privada Ogura Hyakunin Isshu (Cien Poetas, Un Poema).

El haiku que conmemora a uno de lo más grandes poetas japoneses de todos los tiempos es de Aizawa Mayumi.

定家忌の反故であれどもうつくしく

teika ki no hogo de aredo mo utsukushiku

Incluso los papeles descartados en el aniversario de Teika, son hermosos.

Espero que hayan disfrutado de conocer un poco más de estas figuras consulares del mundo de las letras nipón, y que, además, vayan sumando más nombres a su lista de haijines favoritos. ¡Hasta la próxima!

Septiembre de 2026

黄昏の

紫に

ジャカランダの

花の紫は

混ざり合いつつ

 

Tasogare no

murasaki ni

jakaranda no

hana no murasaki wa

mazariaitsutsu

 

Con el color

morado del crepúsculo

se va fundiendo

el morado de las flores

de la jacaranda…

 

 

 

 

人間は

神のくれたる

空想で

如何にも神を

不朽にしけり

 

Ningen wa

kami no kuretaru

kûsô de

ikani mo kami o

fukyû ni shikeri

 

Ciertamente,

el ser humano hace

inmortales a los dioses

con la imaginación

que estos le han dado.

 

 

 

 

ブルースを
聞きながら君の
写真は
アルバムから

いま消してしまう

Burûsu o

kikinagara kimi no

shashin wa

arubamu kara

ima keshite shimau

 

Mientras escucho

un blues, borro del álbum

todas tus fotos.

 

 

 

 

古に

消えたる星の

光かな

我我の今の

関係の如し

 

Inishie ni

kietaru hoshi no

hikari kana

Wareware no ima no

kankei no gotoshi

 

Nuestra relación

es ahora el brillo

de una estrella extinta.

 

 

 

 

 

 

釜の横にて

のどをゴロゴロ

鳴らしける

猫は如何なる

夢を見るらむ

 

Kama no yoko ni te

nodo wo goro-goro

narashikeru

neko wa ikanaru

yume o miruramu

 

¿Qué soñará

el gato ronroneante

junto al caldero?

 

 

 

 

目を開けて

朝を迎える

また君を

覚えていない

ことを忘れた

 

Me o akete

asa o mukaeru

Mata kimi o

oboeteinai

koto wo wasureta

 

Abro los ojos,

saludo a la mañana

y, una vez más,

mi corazón olvida

que no ha de recordarte…

 

 

 

 

 

風車

メロン畑

回れど

啄む鳥は

あちこちありけり

 

Kazaguruma

Meronbata de

mawaredomo

tsuibamu tori wa

achi-kochi arikeri

 

Un melonar.

Giran en él en vano

los molinillos;

¡aquí y allá, los pájaros

lo picotean todo…!

 

 

 

 

そよ風に

揺るる緑の

田の中の

小道に傘の

の赤かな

 

Soyokaze ni

yururu midori no

ta no naka no

komichi ni kasa no

retsu no aka kana

 

¡Ah! ¡El bermellón

de una fila de sombrillas

en el camino

que cruza el verde arrozal

mecido al viento!

Septiembre de 2026

Caligrafiado por Emilio Delgado bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.

 

templo Mii,

llamaría a sus puertas,

la luna de esta noche

(trad. Félix Arce, momiji)

 

三井寺の

門敲かばや

今日の月

 

En la caligrafía:

三井寺の

門たゝかはや

けふの月

——————————————-

Comentado por Sandra Pérez

 

Hoy está particularmente deslumbrante…

Llamaría a sus puertas…

Que los monjes salgan a contemplarla conmigo.

Llamaría… pero…

Si entro me perderé su esplendor.

¿Quién no ha tenido momentos de indecisión?  ¿Cuántas veces nos permitimos disfrutar de aquello que nos conmueve profundamente?  Momentos en los que desearíamos detener el tiempo, alargar el disfrute, convocar para compartir el milagro del instante.

Hoy es la luna, nada más

Dicen que la luna llena en el Templo Miidera se conoce desde la antigüedad porque tiene la particularidad de permitir que todo su brillo pueda contemplarse a través del cielo abierto. Actualmente, frente al estanque de lotos, se encuentra un largo monumento con el poema «Mii-dera no mon tatakabaya, la luna de hoy», se dice tiene 1000 años y fue inaugurado en 1994 para conmemorar el 300 aniversario de la muerte de Basho.

Sandra Pérez

Agosto de 2026

Así como el ciclo de las estaciones le da un marco referencial y un orden al haiku, nuestras vidas también tienen distintos períodos, que a veces nos estructuran y en otras nos traen el caos de la creación. Me encuentro en uno de intensa actividad, que me ha absorbido hasta el punto de excluir casi todo de mi día a día. Y así, este artículo llega a reunirse con ustedes ya pasado el inicio del mes.

En el mundo del kigo este mes comienza una nueva estación: 初秋 shoshuu o inicio del otoño, agosto en el calendario solar, y 文月 Fumidzuki o Séptimo Mes, en el lunar. Aún se siente el calor veraniego, pero también la brisa otoñal. Por lo menos en el mundo idealizado de la literatura. En estos momentos, Japón está sufriendo un tifón tras otro, y lluvias y altas temperaturas que hacen la vida difícil.

Los aniversarios luctuosos que nos llevaran en un paseo por las vidas de grandes maestros del haiku corresponden a este período: inicio del otoño.

普羅忌 fura ki

8 de agosto

Maeda Fura (1884-1954) fue uno de los grandes poetas de haiku del período Taishou. Su verdadero nombre era Maeda Tadayoshi. Tras abandonar la universidad, trabajó como secretario judicial durante siete años antes de incorporarse al periódico Houchi Shimbun en 1916, donde ocupó, entre otros cargos, el de jefe de la sucursal de Toyama. Dejó la empresa en 1929 y a partir de entonces se dedicó al haiku. En 1913, sus haikus fueron seleccionados para su publicación en la sección de poemas misceláneos de la revista Hototogisu, y fue reconocido como uno de los cuatro grandes discípulos de Kyoshi, junto con Iida Dakotsu. Desde 1929, dirigió el grupo de haiku «Kobushi». Entre sus antologías de haikus destacan Fura Kushu, Shunkan Asama-yama, Hida Tsumugi y Noto Aoshi.

El haiku que le conmemora fue compuesto por Nakahara Sankirai.

秋に入る空を見上げて普羅忌なり

aki ni hairu sora wo miagete furaki nari

Mirando el cielo al que llega el otoño, aniversario de Fura.

水巴忌 suiha ki

13 de agosto

Watanabe Suiha (1882-1946) poeta de haiku. Su verdadero nombre era Yoshi. Nació en Tokio, hijo de Seitei (1851-1918), maestro de la pintura de flores y pájaros. Estudió con Meisetsu y Kyoshi y fue muy activo a principios de la era Taishou en la revista de haikus Hototogisu. Su estilo distintivo se caracterizó por una estética del período Edo, y defendió el 生命の俳句 “el haiku de la vida”. En 1916, fundó y dirigió la revista de haiku Kiyokusui, pero tras la muerte de su padre en 1918, su estilo adquirió un matiz de profunda angustia. En 1927, Suiha escribió el haiku 「白日は我が霊なりし落葉かな」 hakujitsu wa waga tama narishi ochiba kana “El sol brillante era mi alma, las hojas caídas», y llegó a considerar «la claridad y la grandeza del sol brillante, que emite una luz espiritual infinita en el reino silencioso» (Prefacio a Zoku Suiha Kucho, 1929) como su ideal de vida y de haiku. Entre sus colecciones de haikus se encuentran Suiha Kushuu (1915) y Hakujitsu (1936), y entre sus colecciones de ensayos se incluye Imoto (1948), entre otras.

El haiku compuesto en su honor es de Nakajima Getsuryuu (1899-1987).

天上も天下もあらず白日忌

tenjou mo tenka mo arazu hakujitsu ki

Ni el cielo ni la tierra, aniversario del sol brillante.

 

林火忌 rinka ki

21 de agosto

Oono Rinka (1904-1982) nació en Hinode, ciudad de Yokohama, prefectura de Kanagawa, su verdadero nombre era Oono Masashi. Comenzó a escribir haikus durante su estancia en la Primera Escuela Secundaria de Yokohama, y ​​en 1921, mientras estudiaba en la Cuarta Escuela Superior, se convirtió en discípulo de Usuda Arou. Publicó haikus y críticas en Shakunage y rápidamente ganó reconocimiento. En 1939, publicó su primera colección de haikus, Kaimon, y en 1941, Gendai no Shuuku, consolidando su reputación como escritor a los treinta años. Después de la guerra, se dedicó al haiku, fundando y dirigiendo la revista Hama en 1946. En 1969, recibió el Premio Jakotsu por Sensenshuu, así como el Premio de Cultura de Yokohama y el Premio de Cultura de Kanagawa. En 1978, se convirtió en presidente de la Asociación de Poetas de Haiku.

El haiku que celebra su vida y obra fue compuesto por Matsuda Hiromu (1938).

傘差さず横浜の雨粒林火の忌

kasa sasazu Yokohama no amatsubu rinka no ki

Sin abrir el paraguas, las gotas de lluvia en Yokohama, aniversario de Rinka.

夜半忌 yahan ki

29 de agosto

Gotou Yahan (1895-1976) poeta de haiku de los periodos Taishou y Showa. Nació el 30 de enero de 1895 en Osaka. Era hermano del actor de teatro Noh, Gotou Tokuzou. Desde 1923, mientras trabajaba en una empresa de valores, estudió con Kyoshi y se unió al grupo Hototogisu en 1932. En 1948, fundó y dirigió la revista de haiku Kachoshu (más tarde Fuuei). Falleció el 29 de agosto de 1976, a los 81 años. Entre sus colecciones de haiku destacan Aoki Shishi y Saishiki.

El haiku que utiliza como tema su aniversario luctuoso fue compuesto por Kurokawa Katou.

夜半忌にはつきり夏の果つるかな

Yahan ki ni hatsukiri natsu no hatsuru kana

En el aniversario de Yahan comienza definitivamente a terminar el verano.

Espero disfruten de profundizar en su conocimiento de la vida y obra de diversos haijines, así como de los haikus que seleccioné para celebrar su legado. ¡Hasta la próxima!

Agosto de 2026

CONSTRUIR

¿Ardiente sol
al lado de un camino
o vieja pala?

 

DECONSTRUIR

 En el curso de un paseo, uno de estos días calurosos de fines de julio, me sorprendió, a la vera del camino, una vieja pala, oxidada, sin el mango, tirada entre los hierbajos secos. Hay foto. Su presencia absurda, para muchos fea, en ese lugar me dejó perplejo. Merecía ser transfigurada. Me imaginé que era también, aparte de su identidad como vieja pala inservible, el mismo sol ardiente de esa tarde del verano castellano. Y en un momento, no supe bien cuál era cuál.

   Y quise dar vida a esta transfiguración por medio de las diecisiete sílabas de este haiku. Pala y sol aparecen en estos tres versos con sus respectivas identidades confundidas, a pesar de que opinará con razón el lector de que no se parecen en nada: oxidada una, refulgente el otro;  en la tierra una, en el cielo el otro; vagamente circulares, eso sí, los dos.  Pero ese día de verano, a mí me pareció divertido jugar a eso que, en la poética japonesa clásica, denominaban «elegante confusión». De hecho, había un recurso retórico para expresarla: se llamaba mitate o transposición identificativa.

    Consistía, simplemente, en tomar un cosa por otra.  Su uso, frecuente en la antología Kokin waka shū, el canon del clasicismo en poesía japonesa, de inicios del siglo X, se insertaba en esa especie de estética de la perplejidad cultivada por aquellos poetas asociados a la corte imperial. Los mitate eran verdaderos alardes de ingenio, virtud apreciada en aquella lejana poesía cortesana.

     Justamente, pensará con razón alguien que lea estas líneas, lo opuesto al espíritu intuitivo, espontáneo, rabiosamente natural del haiku. Aquel arte poético, por el contrario, era preciosista, estaba rígidamente encorsetado en un código de temas, tenía un léxico reducido. Pero… podemos aprender mucho de ella. Poseía, por ejemplo, un refinamiento sorprendente, era de una exquisita alusividad lírica, de un exuberante crecimiento interior…

  «Mitates» frecuentes en muchos de los 1.111 poemas de aquella antología era tomar las flores del ciruelo por copos de nieve, las nubes por nieve, la bruma de primavera por un vestido, los crisantemos por estrellas, las olas del mar por cerezos floridos y… hasta barcos transformados en hojas de otoño, etc. No eran metáfora, sino objetos de identidad confundida. Pero basta de palabras. He aquí un par de ejemplos de waka (el abuelo del haiku, con su estructura de 5/7/5/7/7 sílabas) con mitate.

   En el primero, el número 301 de la antología y  firmado por Fujiwara no Okikaze, las hojas de otoño y los barcos de pesca, aunque aparentemente sin mucho en común, para el poeta pierden sus perfiles identificativos y se le muestran confundidos en un instante y en una interesante combinación cromática:

Empurpuradas
Hojas de otoño cabalgando
En blancas olas
¿O  barcas de pescadores
Flotando a la deriva?

En el segundo, el número 59, de  Ki no Tsurayuki, el poeta se muestra perplejo: ¿Tiene el poeta ante sus ojos nubes blancas o cerezos en flor? , ¿cuál es cuál? 

¿Son nubes blancas
Entre fragosos montes,
Las que allá flotan?
¿O más bien son los pétalos
De la flor del cerezo?

¡Cuánta razón tendrá el paciente lector o lectora del Rincón en pensar que eso está muy bien, pero que una pala vieja y un sol no tienen casi nada en común! Y que una pala oxidada no es nada elegante, a diferencia de cerezos floridos o nubes blancas u hojas de color carmín o pintorescos barcos de pesca. Toda la razón del mundo.

    Pero el haiku, no lo olvidemos es poesía de la sinrazón, y también de las cosas feas. Por eso, una fea pala abandonada se ha convertido en un radiante sol. Todo merced a la varita mágica del poeta, transfigurador de realidades aparentes y humilde creador de absurdos mitate.

Agosto 2026

Canta un querequeté
El sonido del fude
en la madrugada

 Manglerojo

 

Los haiga que compartimos este mes vienen de la mano de dos haijinas entrañables: Cristina Noemí Ghiringhelli -Panda- y Mercedes Pérez Pérez  -Kotori-

Las ilustraciones que los acompañan pertenecen al libro “Haiku de los animales” que pueden encontrar en el siguiente enlace:

https://drive.google.com/file/d/1Kiu5vXITiLHu6cj9ouK8UjFOZ596lGF7/view

Haibun 72

 Haibun 72

 

Papá ha parado en la cuneta y mira hacia unos árboles florecidos cerca del cruce. Melocotoneros o almendros, quizá albaricoqueros. Nos dice lo que son antes de que bajemos del coche.

 El aire huele a tierra. Se ve de lejos con detalle la ladera del Cabezo*. Papá ajusta los cuellos de nuestros abrigos y caminamos entre los árboles.

 A cuatro pasos hay unas ramas cargadísimas de flores. Nos coloca debajo, muy juntas, como para una foto. No vamos a visitar a nadie ni hay a la vista ninguna de esas casas con rejas azules y dompedros que tanto me gustan. Él, que apenas retrocede un par de metros, nos sonríe tranquilo con su bigote de galán de los 50, los brazos en jarras y la ropa de diario.

 Se queda ahí, mirándonos. Atisbo su cara de contento entre el rosa claro de una infinidad de pétalos. Hace frío y también nosotras le sonreímos impacientes. ¿A qué espera? Antes de que podamos preguntar, nos está diciendo que nos vamos. Canturrea por el camino y enseguida nos contagia su humor.

 Yo ya sabía que a veces él se pone a mirarnos. Como cuando jugamos a las cartas. O como cuando nos subió al poyete alto y esperó a que le pidiéramos bajar. Y no creo que en casa hablemos de esta parada junto al cruce, ni siquiera con el tiempo. Lo de hoy es solo una foto que no hemos echado. Una de esas fotos que papá y yo vamos guardando sin hacer.

Almendro en flor.
Sonriendo a mis hijas,
pienso en mi padre

*Cabezo Gordo, Campo de Cartagena.

M.ª Victoria Porras
Murcia (España)