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series abiertas que se van actualizando, generalmente al mes

ZIHUATANEJO

Roxana Dávila Peña
mushi

Antes de que amanezca, la bahía todavía está en silencio. Las pangas aún en la arena ya casi están listas. No se ven sus colores. Alguien revisa un motor; otro acomoda las hieleras.

Las olas están tranquilas, pegan contra la madera. Huele a sal húmeda y a sudor. Nadie dice mucho. Se tensa un hilo. Por fin se alejan las embarcaciones. Cuando regresan, el sol ya pega de frente.  Busco la sombra de una parota. El agua del mar es de otro color.

Qué curtidas las manos del hombre que acomoda las redes.

Las pangas regresan una tras otra. La pintura de algunas ya tiene tiempo. Aquella lancha se llama “Mi linda Aurora”. Recuerdo a mis hijos.

El pescador del pantalón remangado, salta primero y jala una cuerda. Cada ola deja algo: un hilo de algas, una pluma de gaviota, escamas que brillan un segundo y luego se apagan.

Algunos peces golpean la cubierta; brillan.

Los compradores no tardan. Las mujeres llevan bandejas. Los niños siguen con la vista los peces que aún saltan. Ahora el pescado cambia de manos. Algo queda en las uñas.

Ahuyento las moscas.

El pescador del sombrero roído y sus hijos abren las atarrayas como abanico. Chocan los plomos. ¿Qué cenarán hoy?

Domingo de Ramos.
La niña trenza
hojas de palma.

VALLE DE BRAVO

Roxana Dávila Peña
mushi

Vuelvo al valle una y otra vez. Esta mañana, los gallos cantan. Primero uno. Luego otro que responde desde más lejos.

Los gatitos suben y bajan por entre las hortalizas de la plantación. Son cinco. Su madre parece cansada y apenas comienza el día. Está recogida sobre una manta doblada donde ya pega el sol. 

Se siente un poco de fresco y el agua que corre por el apantle hoy es abundante. La escuché toda la noche.

Al deshojar la menta, un pájaro carpintero picotea el álamo que sembró el abuelo. El viento mueve las hojas altas y deja caer una lluvia ligera de agujas de pino. De pronto, el canto profundo de un jilguero.

Dos mujeres bajo un encino cubren sus risas con las manos. Yo también guardo secretos.

Ya casi están listas las tortillas de maíz azul que se inflan sobre el comal bien caliente. El humo se levanta en espirales finas y se mezcla con el olor a café de olla y a tierra mojada. De vez en cuando, una chispa mínima salta desde la leña y crepita como si celebrara la cosecha de esta semana. Hay toronjil, manzanilla, albahaca y romero.

Una gallina rasguña el pasto bajo las ramas vencidas por el peso de los aguacates maduros que todavía no cortamos.

Quizá por eso uno vuelve: no al valle, sino a la sensación de pertenecer a algo más antiguo que el tiempo.

Hongos de invierno.
Cicatriz en la espalda
bajo la  lluvia.

PEÑASCO

Roxana Dávila Peña
mushi

Esta tarde de invierno salgo a descubrir la playa. Me gusta llegar por primera vez aquí. A cualquier lugar. Encontrarme una vez más en tierras nuevas.

Voy descalza. Piso las miles de conchas que el oleaje ha dejado en la orilla.

La marea se retira y deja su escritura sobre la arena. Pliegues sin principio ni fin. El sol bajo entra de lado y marca las crestas con luz y los surcos con sombra. Parecen escultóricos. ¿Será el azar? No lo creo. Son marcas visibles de un ritmo invisible —agua que pasó miles de veces por el mismo sitio.

Algo de la vida de mis padres llega hasta aquí.

El vuelo de los pelícanos suena como una sábana movida por el viento. Las olas se acercan y se alejan. Algunas gaviotas permanecen quietas.

Qué curioso: de un lado, el mar que pasa la página una y otra vez; del otro, el desierto que aprende de memoria sus formas.

Pequeños gusanos de mar han dejado sus excrementos en forma de espiral, son como montañitas hechas de cordones de arena. Sobre esto, también, el brillo del sol.

Va oscureciendo. Siento como mis pies no sienten del todo. El frío aprieta.

Ya nada me mira. Todas las aves se han ido. Me pregunto a dónde. Qué importa.

Silencio. Con cada paso, se escucha más el silencio. A lo lejos, los ojos de un coyote.

Última lluvia del año.
Huelen a sal
las redes tendidas.

RAPACES

RAPACES

 

 Un nuevo orden

 

Distorsionada, quebrada está la escena en el ojo del

 águila

 pescadora

Como un ala de plumas blancas rasando la superficie

crespa,

corre el río en la pura transparencia del agua

Desde la arena tibia contemplo el vuelo soberano

y nada me atrevo a afirmar

 

Inés Aráoz

 

Quién no se ha dejado atrapar por el vuelo de un águila oteando su presa, o los bellos círculos de los buitres y tantas otras rapaces que, en lo alto de cañones o barrancos, en peñascos o en los riscos, aprovechan las corrientes ascendentes de aire desplegando al máximo sus alas. No olvido, todavía fascinada, la magia del Cañón del Río Lobos en la provincia de Soria con la imagen de los buitres sobrevolando la ermita templaria de San Bartolomé.

 

Cañón del río Lobos

la sombra de los buitres

sobre las rocas

 Ana María López

 

de los riscos a los tejados

en círculos,

la sombra de un buitre

 Miguel Ángel Alonso

 

Vuelo de rapaces –

El sonido del río

en el desfiladero

 José Luis Arcas (jlcarcas)

 

Migrando a zonas más cálidas, muchas rapaces llegan a España con el frío. Existen unas 150 especies con actividad nocturna y aproximadamente 300 con actividad diurna. Águilas, búhos, halcones, pigargos, milanos, azores, mochuelos, alcotanes, cernícalos, autillos, cárabos, esmerejones, buitres (buitre negro, buitre leonado, quebrantahuesos, alimoche, cóndor)…

En el aire frío

chilla un cernícalo-

Cientos de estrellas

 Gorka Arellano

 

 hinojo en flor

planea un ratonero

sobre el trigal

 Juan Antón Mencos (mencs6)

 

Se alza el milano;

de sus garras caen

yerbas y hojas

 Mercedes Pérez

 

Todas ellas tienen en común un estilo de vida depredador y unas características físicas marcadas. Poseen un pico fuerte y curvado y unas garras prensiles con las que cazan y sujetan a sus presas. Su presencia indica el buen estado de los hábitats en los que se encuentran, controlando plagas y saneando los campos. Aves de gran tamaño, son escasas y su reproducción es baja. Necesitan grandes extensiones de terreno.

 

Vuela un halcón-

la luz de la mañana

en los sembrados

 M.ª Ángeles Millán (Hikari)

 

Por un instante

las alas del cóndor

taparon el sol

 Daniel Mosquera

 

tama-arare yotaka wa tsuki ni kaerumeri

 granizo-

a la luz de la luna

los halcones nocturnos llegan a casa

 Ueshima Onitsura

 

El águila de San Juan, el dios Horus de los egipcios, los tótems de las tribus indígenas americanas…  Desde siempre, las aves rapaces han atraído el interés de los seres humanos, convirtiéndolas en deidades unas veces, otras en aves de mal agüero. Son alegoría de fuerza, poder y altanería, atributos que las han situado en escudos y estandartes por todo el mundo. El águila ha sido el ave más representada en heráldica, solamente merecida en aquellos caballeros que se distinguen en valor, generosidad y bravura.

 

Tarde de reyes-

Se aleja hacia el monte

el chillido del águila

 Gorka Arellano

 

ori no washi sabi shiku nareba ha-utsu ka mo

 El águila en la jaula

cuando está solitaria

bate las alas

 Jakiô

 

olas pequeñas

en los campos de arroz-

planea un águila

 Marga Alcalá

 

Las nocturnas, habitantes de las tinieblas, con su canto lúgubre y solitario se relacionaron a menudo con la magia o los espíritus malignos, aunque también, como en el caso del búho al conocimiento y la buena suerte.  Las diurnas con la clarividencia y la adivinación.

 

Nubes oscuras-

la lechuza del olivo

alza el vuelo

Encarna Ortiz  (Encarna)

 

fukurou ya hanabi no ato no usugumori

 Ligeramente nublado

tras los fuegos artificiales-

¡ulula un búho!

 Masaoka Shiki

 

Trillo enlodado.

Chillidos de lechuza

en la arboleda

 Aida Elizabeth Montonarro

 

Cañaverales.

Estirando las patas

desciende un búho

Leticia Sicilia (Hadaverde)

 

Espartal verde.

El quiebro de un mochuelo

hacia el resol*

* resol: Reverberación del sol

M.ª Victoria Porras (Mavi)

 

Por la vereda

clara la luz de luna

«¡uh, uh!» lejano…

 Carmen García Carnicer

 

Casi toca la luna

zigzagueando

esa lechuza blanca

 Pablo Albornoz

 

En declive en todo el mundo por la pérdida de hábitats y los tóxicos, las rapaces, portadoras del misterio, nos fascinan. Con ellas nos adentramos en un mundo en el que la naturaleza despliega su fuerza y equilibrio con admirable precisión. Que podamos seguir disfrutando siempre de sus vuelos con asombro y gratitud.

 

Alba estrellada

¡Uh…,uh…! una lechuza

sigue despierta

 Roxana Dávila Peña

 

iwa-hana no washi fuki hanatsu nowaki kana

 Arranca al águila

del filo del peñasco

el vendaval

Oshima Ryota

 

shin-shin to yuki furu sora ni tobi no fue

 Desde unos cielos

donde nieva suave

el silbo de un milano

 Matsuo Bashô

 

Misa de Ramos.

Silencio en el nido

del gavilán

 Rodolfo Langer

 

Traza el milano

un círculo, en su centro

recojo boniatos

 Nishiguchi Sachiko

 

claro entre nubes…

escuchando al mochuelo

se hizo la noche

 Mercedes Pérez

 

planea el águila…

va pasando la niebla

de un valle a otro

 Elías Rovira

 

El año acaba.

Un halcón otea

el campo labrado

 M.ª Ángeles Millán (Hikari)

 

A MODO DE EPÍLOGO

 Mientras siguen llegando en aleteo constante, sin descanso, esos maravillosos seres del aire, termina el año, y con él esta serie. Agradezco lo aprendido en el camino y el gozo que brota tras ir al encuentro de aquellos que en la brevedad de tres escuetas líneas (a veces menos), ofrecen testimonio de la grandeza de estos bellos seres que conectan cielo y tierra.

Y entre estas líneas y su relación con las aves, no he querido dejar de lado tantos y tantos haikus que nos hablan de ese personaje curioso, solitario, inerte pero tan vivo cuando el viento sopla desgastando su ropaje, dando buena cuenta del paso del tiempo. Defensor de los campos, freno de las aves, el espantapájaros, siempre en la mirada del haijín atento. Este «Alas del Haiku» termina con una muestra de ellos.

Queman rastrojos.

El espantapájaros

último en arder

 Elías Dávila Silva

 

siembra de arroz,

se agitan las mangas

del espantapájaros

 Marga Alcalá

 

dochira kare mite mo ushiro no kokashi kana

 Mires desde donde mires

siempre ves su espalda:

¡el espantapájaros!

 Masaoka Shiki

 

Algo se mueve,

sobre el espantapájaros

dos mariposas

Marcos Andrés Miguell (Maramín)

 

Qué pesada es la lluvia

sobre el kase robado

al espantapájaros

Kyoshi

 

Llueve en silencio

sobre el espantapájaros.

Tarde de otoño

Javier Sancho (Javinchi)

 

Luna creciente,

se ilumina el rostro

del espantapájaros

Leticia Sicilia  (Hadaverde)

 

kakashi ni mo mehara ari keru ukiyo kana

 El espantapájaros

¡también tiene su propia casa

en este mundo transitorio!

 Masaoka Shiki

 

Declaración por las Aves de Joaquín Araujo

COLUMBIDAE. PALOMAS, TÓRTOLAS Y AFINES.

COLUMBIDAE

PALOMAS, TÓRTOLAS Y AFINES

 

Cantadora sencilla de una gran pesadumbre,

entre ocultos follajes, la paloma torcaz,

acongoja las selvas con su blanda quejumbre,

picoteando arrazanas y pepitas de agraz…

 

José Eustaquio Rivera

 

De nuevo, llueve a cántaros en Valencia. Aquí, como Raimon dice en su canción: «La lluvia no sabe llover». En un rincón del balcón, acurrucadas, dos palomas muy juntas esponjan su plumaje y aguantan impertérritas el temporal. Cuando salga el sol revolotearán por el barrio acudiendo a su cita con las migas del asfalto.

 

Revuelo de palomas.

Un pajarillo

les quita el pan.

 Luis Elías Iranzu (Luelir)

 

Palomas, tórtolas y formas afines, forman parte de la familia Columbidae, en total unas 358 especies distribuidas por todo el mundo, a excepción de la Antártida y el Ártico. Son aves inteligentes, monógamas, con un gran sentido de la orientación, aguda visión y alta velocidad de vuelo. Ejemplo de ello, su utilización como palomas mensajeras. Aquí en Valencia, antaño, los pescadores enviaban palomas mensajeras a la costa, para avisar de cuánta pesca habían obtenido y así se podía vender la captura antes de que llegara y no se estropease. «Ja està tot el peix venut», «ya está todo el pescado vendido», decían las mujeres de los pescadores cuando éstos llegaban a la orilla.

 

el fondeadero-

zurean las palomas

entre la niebla

Cecilia Iunnisso Fernández

 

romero en flor-

el pico de la paloma

entre las plumas

 Bibiana Varela (Bibi)

 

Aire de lluvia

dos torcazas picotean

un mango podrido.

 Miguel Ángel González

Paloma bravía (ancestro de la paloma doméstica), torcaz, zurita, de alas blancas, crestada…, tórtola turca, común, europea, senegalesa, mexicana, oriental, estriada, coquita…Algunas de estas especies se han adaptado a la vida en entornos urbanos, siendo controlada su población en algunas ciudades, no siempre con métodos éticos.  Nada fácil sobrevivir.

 

Tórtola herida,

cerca de ella otra

que viene y va…

 José Luis Vicent (Barlo)

 

La luz del alba.

En el cable una tórtola

que anda de lado

 Xaro Ortolá (Destellos/Xaro La)

 

mesas de café –

la paloma otea el cielo

desde la silla

Claudia Bakún

 

Se reconocen como seres individuales y entre ellos. Igualmente saben diferenciar a los seres humanos que las ayudan de los que las agreden.

Hato no koe mini shimi wataru iwato kana

 El canto de la paloma

me cala hondo en el cuerpo –

la cueva rocosa

Matsuo Bashô

 

Sopor de estío.

Una torcaza arrulla

en plena siesta

 Juan Carlos Durilén

 

Ha vuelto la paloma

que arrastra el ala.

Almendro en flor.

Mª Ángeles Millán (Hikari)

 

La paloma es emblema de pureza, de fidelidad y de amor. Siempre ha sido signo de buena esperanza. Generalmente se le suele representar volando. Con una rama de olivo en el pico, es símbolo de paz en las sociedades occidentales.

Mar invernal

Retrocede el palomo

ante la ola

 Jorge Braulio Rodríguez

 

La llovizna

empapando sus alas…

canta la tórtola

 Leticia Sicilia (Hadaverde)

 

Tejados húmedos.

Caminan muy erguidas

varias palomas.

 Lucho Aguilar

 

En el Cristianismo como en el Islam se mantiene la tradición de las palomas como ángeles o símbolo del Espíritu Santo. En la antigua Roma, la paloma estaba consagrada a Venus, que la llevaba en su mano y la ataba a su carro. Comerlas estaba reservado a los sacerdotes. Los asirios les tenían mucho respeto pues creían que era el alma de Semirámide, su reina, que ascendió al cielo en forma de paloma.

 

Sol de la tarde,

resplandor de palomas

 en pleno vuelo…

 José Luis Vicent (Barlo)

 

El vuelo de una tórtola –

Cantan más fuerte

los abejarucos

 Gorka Arellano

 

fu ni isogu suzume hato nado tobitatase

 Me apresuro por la noticia de la muerte de alguien,

Gorriones y palomas

levantan vuelo al mismo tiempo.

 Kaneko Tôta

 

En la cultura nativa americana suelen representar el amor eterno, transmiten mensajes importantes y son símbolos del perdón. En Japón, las palomas se asocian con la paz y el fin de una guerra. Es el ave que se usa para honrar a las personas que murieron en Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Hora de siesta.

Un canto de torcaza

en soledad

 Juan Carlos Durilén

 

Prado de tréboles.

La paloma caída

entre las piedras

 Rodolfo Langer

 

Ondas en el agua

Dos palomas muertas

flotan entre hojas

 Niña de 10 años: Camila Aricochi

 

En azoteas, balcones, cornisas, las grietas de los muros, campanarios, plazas, parques o jardines, palomares, semáforos, farolas o en el bosque; siempre cerca, arrullando a cualquier hora, nuestras amigas, no siempre bien tratadas, las palomas. Digamos pues, como Pablo Neruda en uno de sus sonetos: «Yo digo amor, y el mundo se puebla de palomas.»

 

Alba de verano

el arrullo de una tórtola

en la penumbra

 Leticia Sicilia (Hadaverde)

 

tocaron suelo

a la vez: la paloma

y la hoja seca

 Frutos Soriano

 

Arde la tarde.

Sestean en la fuente

unas palomas.

 Susana Benet

 

desde el enebro

el arrullo de una tórtola…

Luna de Navidad

 Mercedes Pérez

 

Puesta de sol

el silencio de las tórtolas

mientras se alejan

 Leticia Sicilia (Hadaverde)

 

muzuka shiki hato no reigi ya kaukodori

 Todo el prestigio para las palomas

¿y qué pasa con el cuclillo del Himalaya?

 Yosa Buson