Archivo de la categoría: .

Julio 2023

Escribo este artículo durante un frente lluvioso que afecta toda la zona centro sur de Chile, sin embargo, en el hemisferio norte, donde está Japón, es verano, y de esta estación es el haiku que les traigo.

夕顔の白ク夜ルの後架に紙燭とりて

yuugao no shiroku yoru no kouka ni shisoku torite

el blanco de la ipomoea alba, con una linterna de papel voy al baño

Comencemos por el kigo: “夕顔 yuugao o ipomoea alba”, planta trepadora del género Ipomoea, también conocida con los nombres vulgares de flor de luna, dama de noche, amole, entre otros. De flores blancas con forma de embudo, que florecen por la tarde y se marchitan en la mañana, de ahí proviene su nombre en japonés 夕 yuu, atardecer y 顔 kao (gao), rostro. Es un kigo de mediados de verano. Su utilización como tópico viene del mundo del waka o poesía clásica, sobre todo en la imagen que existe desde su aparición en el Genji monogatari.

En esta ocasión, el primer verso y la mitad del segundo “夕顔の白ク yuugao no shiroku, el blanco de la ipomoea alba” lo toma Bashou de la sección 19 del Tsuredzure gusa, zuihitsu escrito en el 1331 por Kenkou Houshi. En dicha sección, Kenkou habla de las cuatro estaciones, y cuando describe el verano dice lo siguiente:

“あやしき家に夕顔の白く見えて、蚊遣火ふすぶるもあはれなり”

“Se ve el blanco de la ipomoea alba y levantarse el humo de los fuegos para espantar los mosquitos.”

Por otra parte, el resto del haiku, Bashou lo toma de una escena al inicio del capítulo cuarto ‘Yuugao’ del Genji monogatari, redactado por Murasaki Shikibu en el año 1008. En este capítulo, Genji va a visitar a la que había sido su ama de cría. Llegando de noche, le llama la atención las flores que ve en el jardín de una casa cercana y pregunta por su nombre; le responden “yuugao”, y una de las damas de la casa le envía un abanico con el siguiente poema:

心あてにそれかとぞ見る白露の光そへたる夕顔の花

kokoro ate ni soreka to zo miru shiratsuyu no hikaru soetaru yuugao no hana

creo que es él a quien veo, la luz del blanco rocío para adornar la flor de la ipomoea

En el poema se juega con el nombre de Genji, Hikaru, que significa luz, y el rostro de la dama que él ve entre las persianas y que le llama la atención; lo que le hace preguntar por las flores como subterfugio para establecer contacto con las damas. Genji lee este poema a la luz de las antorchas caminando por el jardín hacia la residencia de la dama en cuestión, pero en el haiku, Bashou va al baño. Así, una vez más, el maestro trae algo del mundo clásico y lo pone en un contexto mundano. Aunque también podemos argumentar que toma algo del mundo frívolo, secular de la corte, pero que se puede disfrutar también desde una mirada más contemplativa, o en una situación más reflexiva, ya que “後架 kouka” se refiere a el baño en los templos budistas.

Dejo a ustedes la interpretación que más les agrade, y les propongo pensar en otras posibilidades; una de las bellezas que nos ofrece la poesía asiática, tan abierta a la interpretación personal.

Me despido desde un Santiago de Chile, que por lo menos por ahora, ha decidido entrar al invierno ¡Hasta el próximo artículo!

PREFACIO Y CONTENIDOS

HAIKU 1

 

Imagen de la portada: Se trata de una ilustración de Buson, 1715-1783, sobre el Oku no Hosomichi de Bashô, que muestra una reunión de haikai de cuatro poetas componiendo un largo poema enlazado en casa de Nagayama Shigeyuki en junio de 1689. Rogan se apoya en su abanico, componiendo un verso; Sora está dispuesto a escribirlo si Bashô (a la derecha del todo) lo aprueba, mientras Jūkō (Shigeyuki) aparece sentado (arriba, con su hijo detrás a la izquierda).

 

HAIKU (Por R.H. Blyth)

EN CUATRO VOLÚMENES

VOLUMEN I. CULTURA ORIENTAL

HOKUSEIDO

© 1949, by R. H. Blyth

Impreso en Japón

Dedicado a Sakuo Hashimoto, con agradecimiento porque su patriótica generosidad hizo posible la publicación de estos volúmenes.

NT: Este haiga que aparece en el interior de la portada de este volumen es de Miura Chora, 1729-1781. El poema también es de su autoría (se explica un poco más adelante, en este primer volumen).

呉竹のよよにあふひのまつりか な     樗良

Kuretake no yoyo ni auhi no matsuri kana

Hoy es el Festival de Aoi:
saludamos nuevamente a los bambúes de muchos nudos,
generación tras generación.

(Chora)

(NT: Aoi = las malvarrosas/alceas)

 

Sora se despide de Bashō (Buson)

 

PREFACIO

La historia de la humanidad, como historia del espíritu humano, puede concebirse formada de dos elementos: una huida de este mundo a otro, y un retorno a él. Cronológicamente hablando, estos dos movimientos, el ascenso y la caída, representan la historia de la humanidad; y ambos tienen lugar muchas veces, de forma microcósmica, en pueblos y naciones. Pero de forma simultánea o, mejor dicho, más allá del tiempo, constituyen una descripción ontológica de la naturaleza humana.

No me parece necesario, sin embargo, hacer un intento spengleriano para mostrar que, a partir de ejemplos históricos, ha habido un movimiento hacia las ideas, los ideales, las abstracciones; y también su correspondiente repulsión hacia ellas. En nuestras vidas individuales y en los movimientos más amplios del espíritu humano, estas dos tendencias contradictorias se manifiestan más o menos de la misma manera y son más o menos visibles siempre, en todas partes. Hay un flujo bastante notable hacia la religión en el mundo primitivo, y en la vida temprana de casi todas las personas, y un posterior reflujo de la misma, usando la palabra “’religión” en el sentido de un medio para escapar de esta vida.

Los japoneses, por un accidente de la geografía y por su carácter nacional, tomaron parte en el desarrollo de este “retorno a la naturaleza”, que en el Lejano Oriente comenzó (para darles un hábitat local y un nombre) con Enō, el 6º Patriarca chino del Zen, 637-713 d.C. Los chinos, quizás también por su geografía, siempre han tenido una fuerte tendencia en poesía y filosofía hacia lo vasto y vago, lo general y sentencioso. Por ello, a los japoneses les correspondió así emprender este “retorno a las cosas” en el haiku, pero debe entenderse claramente que a lo que volvemos nunca es lo mismo que lo que dejamos, porque nosotros mismos hemos cambiado mientras tanto. Así que volvemos al antiguo animismo salvaje, a la superstición y a la vida común del hombre y los espíritus, y los árboles y las piedras; y sin embargo hay una diferencia. Las cosas han adquirido algo de lo tenue de las abstracciones en que se convirtieron. De nuevo, en la primavera y el otoño, por ejemplo, hay distinciones inexistentes, arbitrarias, que han adquirido un cuerpo y una palpabilidad que nunca antes habían tenido. Nosotros también somos las cosas, y sin embargo somos nosotros mismos, en un limbo perpetuo de cielo e infierno.

Fue necesario que nos postráramos ante el Buda, pasando nueve largos años mirando a la pared para nacer en el Paraíso Occidental. Pero ahora, ya no. Ahora tenemos que volver del Nirvana a este mundo, el único. Nosotros tenemos que vivir, no con Cristo en la gloria, sino con Jesús y su madre, su padre, hermanos y hermanas. Volvemos a los amigos de nuestra infancia, la lluvia en el cristal de la ventana; los largos caminos silenciosos de la noche; las olas de la orilla que no cesan de llegar; la luna, tan cerca y tan lejos a la vez; todas las sensaciones de la textura, el timbre, el peso y la forma, esos tesoros preciosos y riquezas inagotables de la vida cotidiana.

El haiku puede parecer a primera vista un pobre sustituto de las brillantes visiones del Cielo y el Paraíso de los ascetas paliduchos. Como dice Arnold:

“Alimentada por largo tiempo de ilimitadas esperanzas, oh especie humana, ¡Con qué rabia escupes todo lo que es más sencillo!”

El haiku es de una sencillez engañosa, tanto por la profundidad de su contenido como por su origen, y el objetivo de este volumen y el de los siguientes es mostrar que el haiku requiere más pura y profunda apreciación espiritual, ya que representa todo un mundo, el Mundo Oriental de la experiencia religiosa y poética. El haiku es la última flor de toda la cultura oriental; es también una forma de vida.

El haiku debe entenderse desde el punto de vista del Zen. Esto puede deducirse más o menos directamente de este volumen, y, perfectamente, de forma indirecta mediante los mismos poemas.

Debemos mencionar que la palabra “Zen” se utiliza de dos maneras diferentes, y el lector debe decidir a la que se hace referencia. Por lo general, a lo largo de estos volúmenes, significa ese estado mental en el que no estamos separados de otras cosas, sino que somos idénticos a ellas y, sin embargo, conservamos nuestra propia individualidad y peculiaridades personales. Ocasionalmente, como en el diagrama de la página 3 (el diagrama que veremos en breve y que representa las diversas corrientes de pensamiento-sentimiento), y en la Parte 2 de la primera Sección, significa un conjunto de experiencias y prácticas iniciadas por Daruma, (que llegó a China en 520 d.C.) como la aplicación práctica a la vida de las doctrinas del Mahayana, y continuó hasta nuestros días en los templos Zen y en los libros de instrucción Zen. El “haiku” se expresa también en dos sentidos diferentes: en plural, para referirse a los poemas; en singular, la actitud poética de los poetas de haiku, su modo de vida, su “religión”.

En Faiths Men Live By (La fe de los hombres) de Archer, hay una descripción del maná polinesio, que tiene cierta aproximación al Zen en su relación con la poesía:

<<El maná está en todas partes, es intangible y omnipresente como el éter. Todas las cosas lo tienen; más bien cada cosa por separado está manaizada, pues el maná no es una entidad espiritual en un cuerpo físico; es un dinamismo que impregna, matiza y colorea todo el objeto. Es, por ejemplo, de la flecha, del veneno en la punta de la flecha; y lo que mata no es el veneno ni la flecha, sino el maná. El maná, sin embargo, no es algo universal sino una porción que impregna cada objeto primitivo que no se ha elevado lo suficiente como para generalizar una realidad primera y universal. Actúa en respuesta a situaciones y cosas concretas e inmediatas, a objetos maná-saturados, ya sean arroyo, piedra, montaña, nube, planta o animal. Además, el maná en sí no tiene ninguna cualidad moral, sino que puede ser bueno o malo, favorable o peligroso, según el momento o el lugar; puede hacer el bien o el mal, según la voluntad del agente. Se ve en funcionamiento cuando un hombre, intentando lo extraño e “imposible”, lo consigue.>>

Aquí sentimos algo de la intangibilidad, la indefinibilidad, la no-cosa, la no-abstracción, la no-moralidad y la no-racionalidad del Zen.

Sin embargo, podemos afirmar rotundamente que el haiku es haiku, con sus propias leyes y normas no escritas, sus objetivos y logros. Tiene poco o nada que ver con la poesía, así llamada, o con el Zen, o cualquier otra cosa. Pertenece a una tradición de mirar, de ver las cosas, una forma de vivir, una cierta ternura y pequeñez de mente que evita lo magnífico, lo infinito y lo eterno. Sus defectos son la tendencia a la debilidad y al sentimentalismo, pero evita el lirismo y el colorido mental tanto instintiva como conscientemente.

Si decimos entonces que el haiku es una forma de Zen, no debemos afirmar que el haiku pertenece al Zen, sino que el Zen pertenece al haiku. En otras palabras, nuestras nociones del Zen deben cambiar para adaptarse al haiku, y no al revés. Puede que nos resulte difícil mostrar cómo el antiguo código de los samuráis, los golpes de los maestros Zen, la ausencia de palabras, la filosofía del Kegon Sutra son en el fondo uno con el haiku; pero se puede hacer.

El sentido del haiku, su franqueza, su sencillez y su falta de intelectualidad, no deben tergiversarse en modo alguno. No olvido, pues, las palabras de Arnold en Human Life (Vida humana):

¡Ah! ¡No reclamemos
en el incognoscible mar de la vida,
una dirección demasiado exacta de nuestro camino!

Entiendo que Zen y poesía son prácticamente sinónimos, pero como dije antes, si alguna vez se imagina que hay algún conflicto entre el Zen y la poesía del haiku, el Zen se va por la borda; la poesía es la norma suprema.

La vida del haiku, el estado de ánimo en que se escribe y en el que debe leerse, es la misma que la de Rōshi, la del Sutra del Diamante y los versos del Hekiganroku (Crónicas del acantilado azul). La diferencia estriba en la concreción y abstracción, respectivamente, de su visión de la realidad. En el haiku el elemento intelectual está ausente, o está tan completamente fusionado con lo intuitivo-poético que ningún análisis puede separarlos. Para expresarlo con otras palabras, los filósofos chinos estimulan a través de su “forma” intelectual ese “estado de ánimo sereno y bendito” que los poetas de haiku suscitan con su representación de las cosas de la naturaleza.

Estos dos grupos corresponden a los aspectos teóricos y prácticos del mismo que llamamos Vida. Sin embargo, en la mente de los japoneses, los comentarios sobre los poemas de este libro parecerían no sólo superfluos, sino un intento de separar elementos inseparables, un intento de sacar a la luz de la razón un organismo que sólo puede vivir en su propia y profunda oscuridad, de hecho, una negación de todo el espíritu del haiku.

Podemos decir que para comprender y leer correctamente un solo haiku se requieren años de absorción inconsciente de toda la cultura de la India, China y Japón, que se materializa en estos pequeños versos. Para ayudar al lector no japonés, se ofrece esta larga introducción con numerosas citas, y un comentario sobre cada haiku en los volúmenes sucesivos.

Pero el japonés medio no ha leído las obras de Rōshi, Sōshi o los maestros zen. Los comentarios le parecerán acartonados, demasiado intelectuales, más que innecesarios. Él entiende el haiku sin esfuerzo, por instinto, por la intuición heredada de siglos. En otras palabras, toda la introducción y los comentarios deben estar en la memoria, en la mente inconsciente, no en la página impresa entre el lector y el verso.

Hay, sin embargo, dos excusas que pueden esgrimirse para las interpretaciones y las citas. La primera está implícita más arriba, la diferencia de bagaje cultural, de la weltanschauung (NT: forma de concebir el mundo y la vida).

La segunda es que el haiku no es sólo poesía, es decir, una representación en palabras del mundo real; es una forma de vida, un modo de vivir todo el día; es religión, y como tal, tiene que ver con la vida social, la política, la guerra, nuestros asuntos y con nosotros mismos.

La poesía, la cultura, la religión son una manera de vivir, y esta forma, como las maneras ordinarias, es hasta cierto punto una cuestión de educación, de pensamiento y de ideas, de hábito y de imitación. Todo haiku, pues, en la medida en que es representativo de un modo de vida, de una forma de vivir lo cotidiano, es involuntariamente didáctico, nos enseña por encima de nuestra voluntad. El gran peligro es confundir la explicación con la poesía, el dedo que señala con la luna, el sermón con la realidad. El objetivo de la explicación, como el del dedo que señala y el de las escrituras, es hacerse innecesaria. Una vez más llegamos a un hecho a través de una paradoja, que hay que deshacerse de lo indispensable para que pueda surgir la verdad.

El haiku registra lo que Wordsworth llama esos “puntos del tiempo”, esos momentos que por alguna razón bastante misteriosa tienen un significado peculiar. Hay una cualidad única en el estado de ánimo del poeta en esas ocasiones; puede ser muy profundo, puede ser más bien superficial, pero hay un “algo” en las cosas externas, un “algo” en la mente interior que es inconfundible. Donde los poetas de haiku superan a todos los demás es en reconocer ese “algo” en los lugares más inverosímiles y en los momentos más inesperados. Pertenece a lo que Pater llama, hablando de Wordsworth,

“la tranquila observación habitual de la existencia inanimada o imperfectamente animada.
El haiku es una especie de satori, o iluminación, en la que vemos la vida de las cosas.”

Captamos el significado inexpresable de alguna cosa o hecho bastante ordinario que hasta entonces habíamos pasado por alto. El haiku es la aprehensión de una cosa mediante la comprensión de nuestra propia unidad original y esencial con ella, y la palabra “comprensión” tiene aquí el significado literal de “hacer realidad” en nosotros mismos. La cosa se percibe a sí misma en nosotros; nosotros la percibimos por simple autoconciencia. La alegría de la reunión (aparente) de nosotros mismos con las cosas, es pues, la felicidad de ser nosotros mismos. Es con “todas las cosas” porque, como explica el Dr. Suzuki en sus obras sobre el Zen, cuando una cosa es tomada, todas las cosas son tomadas con ella. Una flor es la primavera; una hoja que cae tiene todo el otoño, de cada otoño, de lo eterno, el otoño intemporal de cada cosa y de todas las cosas.

El haiku es la creación de cosas que ya existen por derecho propio, pero que necesitan al poeta para que puedan “llegar a la estatura de un hombre”. Estas “cosas” pueden tener la forma de luz de luna, de una no-piedra y de un perro ladrando incluidos en ella:

犬を打つ石のさてなし冬の月      太祇

Inu o utsu / ishi no satenashi / fuyu no tsuki

Ni una sola piedra
que tirarle al perro…
¡la luna de invierno! 

(Taigi)

Puede ser el canto de una cigarra y el silencio que penetra en el sonido, como el sonido lo hace en la roca:

閑さや岩にしみ入る蝉の声     芭蕉

Shizukasa ya / iwa ni shimi iru / semi no koe

¡El silencio!
la voz de una cigarra
penetra en las rocas.

(Bashō)

Puede ser la brevedad de una noche o la duración de un día:

砂浜に足跡長き春日かな         子規

Sunahama ni ashiato nagaki haruhi kana

En la playa arenosa
unas pisadas:
largo día de primavera.

(Shiki)

Históricamente hablando, el haiku es la flor de todos los especuladores religiosos prebudistas, el Budismo Mahayana, el Zen chino y japonés, el Taoísmo y el Confucianismo. Los Upanishads dicen:

De dónde nacen esas cosas, por qué y cuándo nacen y viven, aquello en lo que a su muerte vuelven a ser, trata de saberlo. Eso es Brahman.                     Taitt. Up. 111.i.

El budismo Mahayana dice:

差別郎千等、準等部差別。

La diferencia es identidad; la identidad es diferencia.

El Taoísmo:

故有之以鴬利無之以震用。 老子、十一。

Por lo tanto, de lo que existe tenemos ganancia, y de lo que no existe, utilidad.

El Zen dice:

休有控杖子我輿称控杖子、

休無控杖子我奪休控杖子。無門闘、四ート四。

Si tienes un palo, te lo daré. Si no tienes un palo, te lo quitaré.

(La barrera sin puerta, IV-IV)

 

Nakae Tōju, 中江 藤樹, 1608-1648, famoso confucionista japonés, el primero en enseñar la filosofía de Oyomei, 王陽明, dijo:

El cielo y la tierra, y todas las cosas existen en mi mente…. No hay diferencia entre la vida y la muerte, el ser y el no ser…. La verdadera naturaleza de la mente del hombre es el deleite.

Bashō, nacido cuatro años antes de la muerte de Nakae Tōju, recibió todo esto, además de la poesía de los Tang y los Sung. Mezclando la espiritualidad india, el sentido práctico chino y la sencillez simplicidad japonesa, obtenemos…

落ざまに水とぼしけり花椿芭蕉       芭蕉

Ochizama ni mizu koboshikeri kana tusbaki

Una flor del árbol de la camelia
cae
derramando su agua.

(Bashō)

 

 

曙や麦の葉末の春の霜      鬼貫

Akebono ya mugi no hazue no haru no shimo

Amanece:
en la punta de las espigas de cebada
la escarcha de primavera.

(Onitsura)

 

牛もうもうもうと霧から出たりけり       一茶

Ushi mou mou mou to kiri kara detari keri

La vaca sale
¡muuu, muuu!
de la niebla.

(Issa)

El haiku no busca la belleza como hace el waka. Al igual que la música de Bach, aspira a la significación, y es posible que algún tipo especial de belleza se encuentre rondando cerca. La verdadera naturaleza de todas las cosas es poética. Es porque Cristo era un poeta por lo que los hombres le siguieron y le siguen, y no a Sócrates. Sócrates nos mostró nuestra ignorancia. El haiku nos muestra lo que sabíamos todo el tiempo, pero no sabíamos que sabíamos: nos muestra que somos poetas en la medida en que vivimos. Aquí está de nuevo la conexión entre el Zen y el haiku, el Zen dice…

平常心是道      無門開        十九

Tu mente normal, ¡ese es el camino!

(La barrera sin puerta, XIX)

Nunca debemos olvidar la simplicidad esencial del haiku y del zen. El sol brilla, la nieve cae, las montañas se elevan y los valles se hunden, la noche se hace más profunda y palidece en el día, pero muy pocas veces prestamos atención a estas cosas.

維草紙に鎮置く店の春の風凡童          几菫

Ezōshi ni shizu oku mise no haru no kaze

En la tienda,
los pisapapeles de los libros ilustrados:
¡viento de primavera!
(Kitō)

Cuando captamos el significado inexpresable de estas cosas, eso es la vida, eso es vivir. Hacer eso veinticuatro horas al día es el Camino del Haiku. Es tener vida en abundancia.

Podemos señalar de paso que todos los lectores japoneses tendrán traducciones y significados ligeramente diferentes para dar a la mayoría de estos versos. Este es a la vez el poder y la debilidad del haiku. Es una debilidad porque no estamos seguros del significado del escritor. Es un poder porque el haiku exige al lector una vida poética libre, paralela a la del poeta. Esta “libertad” no es la de la irresponsabilidad salvaje y la interpretación arbitraria, sino la de la creación de una experiencia poética similar a la que apunta el haiku. Corresponde en gran medida, en la poesía inglesa, a la manera diferente, muy diferente, de leer un mismo poema. En la interpretación de la música, los directores varían mucho en énfasis y tempo. Hay casos registrados en los que un director, por ejemplo, ha aumentado enormemente el tempo de un movimiento, con la asombrada aprobación del compositor (Beethoven).

A este respecto, puede ser interesante comparar dos traducciones y comentarios diferentes sobre el mismo haiku, realizados por el autor con un intervalo de algunos meses. Hasta la ortografía de la palabra veranda(h), todo se ve de forma diferente. La segunda es quizá mejor que la primera, en el sentido de que hay menos psicología y más poesía en ella.

二文なげて寺の橡かる凍みかな          子規

Ni-mon nagete    tera  no en karu    suzumi kana

 Echando medio penique,
tomé prestada la veranda del templo,
en el fresco de la tarde.

(Shiki)

Este tipo de versos provienen de Issa. Tienen su inocencia y delicadeza de sentimientos, combinadas con una leve burla de sí mismo.

Shiki va al templo (Sumadera須磨寺), arroja dos monedas de cobre, hace una reverencia y luego se sienta en la veranda del templo y disfruta de la brisa del atardecer.

Las personas sensibles, es decir, moralmente sensibles, saben que no tienen derechos, ningún derecho a nada en absoluto, ni siquiera a la vida misma. Y la naturaleza humana exige algún tipo de justificación para nuestra posesión o uso de las cosas. Esta justificación, una especie de “racionalización” psicológica, se ve en las dos monedas que Shiki arroja a la hucha del templo. Después, se sienta en la veranda con una especie de complacencia, sintiendo que ha hecho algo, por poco que sea, para ganarse el placer de la fresca brisa vespertina en un lugar tan tranquilo y sagrado.

二文投げて寺の椽借る涼み哉     子規

Ni-mon nagete    tera  no en karu    suzumi kana

Echando un par de monedas,
me refresqué
en la verandah del templo.

(Shiki)

Esto fue escrito en el Templo de Sumadera 須磨寺. Lo interesante de este haiku es percibir la secreta vida poética que habita en un lugar tan común. La poesía está en las palabras del verso; no en algo implícito, no en asociaciones o matices de significado. El poeta sube los escalones del templo, saca dos monedas de cobre de su monedero y las echa en la caja de las ofrendas. Se inclina ante Buda, y una vez terminada su devoción, se sienta en la larga, amplia y brillante veranda. Pero el tintineo de las monedas, el olor del incienso, la remota calma de los Budas le acompañan aún en la brisa fresca y sombreada. La poesía está en la esfera donde el tintineo del metal sobre la madera de la gran caja, y el frescor del viento racheado, son percibidos por el mismo órgano espiritual.

Además del haiku descrito anteriormente, debemos señalar también que algunos poetas se han servido de la forma del haiku para expresar pensamientos e ideas de importancia predominantemente intelectual. Tenemos en inglés mucha poesía didáctica que tiene un gran valor; este valor no es poético, pero indirectamente puede ayudar a nuestra comprensión poética de la vida, eliminando los errores de pensamiento que provienen de la costumbre, el interés propio o la abstracción excesiva.

El haiku, y no sólo el haiku, sino todo el arte y la literatura japonesas, apuntan al mismo infinito que el del mundo occidental de los últimos cinco siglos, pero no a través del espacio, no a través del horizonte. Es el infinito captado en la mano, ante los ojos, en el martilleo de un clavo, el tacto del agua fría, el olor de los crisantemos, el olor de este crisantemo. El haiku es la expresión de la unión de dos formas de vida que Spengler consideraba irreconciliables e incomprensibles: el sentimiento clásico del momento presente, del espacio restringido, y el sentimiento europeo moderno de la eternidad, del infinito. Es quizás a este último al que se refiere Matthew Arnold cuando dice.

En muchos aspectos, los antiguos están muy por encima de nosotros y, sin embargo, hay algo que nosotros exigimos y que ellos nunca podrán darnos.

Los interesados en el tema deberían leer la obra de Miyamori titulada An Anthology of Haiku, Ancient and Modern [una antología del haiku, antiguo y moderno], y mejor aún, The Bamboo Broom, An Introduction to Japanese Haiku [La escoba de bambú, una introducción al haiku japonés], de Henderson.

De la gran cantidad de libros japoneses a los que me refiero al escribir éste y los siguientes volúmenes, casi ninguno escapó a los ataques aéreos, pero de memoria o por nuevas compras, doy una lista en el Apéndice 1.

Una versión romanizada de los haiku contenidos en este volumen figura en el Apéndice 2 (NT: en esta traducción se han incluido debajo de cada haiku también en este primer volumen). En los demás volúmenes, la versión romanizada va debajo de cada haiku.

Las ilustraciones de este volumen han sido elegidas para mostrar cómo los poetas y artistas japoneses gradualmente “fueron atenuando” el misticismo y realismo de los artistas chinos orientándolo hacia el delicado humor y la tierna crudeza del haiga.

H. Blyth,
Tokio,
enero de 1947.

 

CONTENIDOS

 Prefacio

 Sección I

Los orígenes espirituales del haiku

  1. El budismo
  2. Zen
    – Bashō y el Zen
  1. Taoísmo
  2. Poesía china
  3. Confucianismo
  4. Arte oriental
  5. Waka
  6. Renku
  7. Nō, Ikebana, Cha no Yu
  8. Shinto

 

Sección II

Zen, el estado mental para el Haiku 

  1. Desinterés
  2. La soledad
  3. Aceptación agradecida
  4. Despreocupación
  5. No intelectualidad
  6. Contradicción
  7. Humor
  8. Libertad
  9. No moralidad
  10. Simplicidad
  11. Materialidad
  12. Amor
  13. Valentía

 

Sección III

Haiku y poesía

Haiku y Poesía
El haiku en la poesía inglesa
Poesía

 

Sección IV

Los cuatro grandes poetas del haiku

Bashō
Buson
Issa
Shiki

 

Sección V

La técnica del haiku 

  1. El humor y los juegos de palabras
  2. Brevedad
  3. La lengua japonesa
  4. Onomatopeyas
  5. La forma del haiku
  6. Kireji
  7. Secuencias de Haiku
  8. Las estaciones
  9. Traducción

Apéndices

  1. Obras consultadas
  2. Haiku Romanizado
  3. Fuentes del Haiku

Índice de escritores

Tabla de ilustraciones

Presentación de Haiku 1 de RH Blyth

LA MÍTICA OBRA DE BLYTH EN EL RINCÓN DEL HAIKU

Se irá publicando semanalmente hasta completar los 6 tomos que la conforman

¡¡Comenzamos el lunes 19 de junio con el clarificador Prefacio!!

 Presentación de la traducción

Blyth es considerado el eslabón a través del cual el conocimiento del haiku llegó a Occidente. Su amplísima obra desgrana en profundidad y aporta un extenso conocimiento sobre el haiku, visto preferentemente desde su perspectiva zen.

No sólo la teoría, también la traducción de sus cientos de haikus de decenas y decenas de diferentes poetas a un idioma occidental (el inglés) sirvió para que durante décadas pudiéramos saber del haiku. Sus haikus recogidos, durante décadas igualmente, han sido una y otra vez traducidos a los diferentes idiomas occidentales, aunque a veces no se citaran (o se ocultaran) debidamente las fuentes…

En español, tuvimos la suerte de contar con el enorme y clarificador trabajo de Fernando Rodríguez Izquierdo, que, en buena medida, tal y como él mismo cita, bebió de aquellas fuentes. Siempre fue un sueño acceder a la obra original de Blyth, pero permanentemente la hallábamos descatalogada, y las compras de segunda mano ofrecían unos precios realmente exagerados. Fue hace unos quince años que finalmente por un préstamo interbibliotecario de la UCLM con una biblioteca pública de Múnich, desde la AGHA (Asociación de la gente del haiku en Albacete) terminamos recibiendo Haiku 1, 2, 3 y 4, y la Historia del haiku 1 y 2. Tener en nuestras manos aquellos libros… Pronto empezaron las sorpresas… esas tapas de lino, las transparencias de sus páginas de papel de seda intercaladas para confeccionar haigas por superposición… en fin, una delicadeza exquisita. Y más allá de la presentación, su ansiado contenido, imprescindible para entender el haiku. Nos prometimos que de una u otra forma habría que traducirlo al español si ninguna editorial se animaba a hacerlo formalmente. Hubo intento de formar grupos para realizarlo que, finalmente, no cuajaron (en cualquier caso, gracias a quienes en su día mostraron su disposición). Hoy, comienza a ser una realidad.

La presente traducción no es profesional y en ningún caso se permitirá la más mínima retribución de cualquier tipo o por cualquier vía, siendo su uso exclusivamente para fines didácticos/pedagógicos y siempre gratuito, publicándose online en El Rincón del Haiku y en el sello de publicación Sabi-shiori en edición no venal, no comercial.

Si bien en la obra original, en el volumen 1 no figura bajo la versión en kanji de los haikus el texto romanizado, sino en un apéndice aparte, se ha preferido incluirlo para mayor comodidad en la lectura. Por otro lado, Blyth emplea mayúscula al inicio de cada verso del poema, mientras que en nuestro caso recurriremos generalmente a la minúscula salvo que vaya precedida de un punto. También se ha reemplazado el británico (–) guion medio por el punto y coma ( ; ) más frecuente en español. Se hará uso del punto y coma o puntos suspensivos ( … ) según proceda.

Esperando que sea provechosa, os dejamos disfrutando de esta maravillosa y mítica obra de la que semanalmente, se irá publicando una pequeña parte.

Elías Rovira Gil.

Jaime Lorente.

-.-

  1. En escasas ocasiones, se ha introducido en el texto alguna pequeña explicación no incluida en el texto original. Siempre va precedida de las siglas NT (nota del traductor).

Olor a guayabas

Olor a guayabas
no pude comer del cordero
que jugó conmigo

Sr. González (México)

La quebrada
En el árbol de mangos
un barranquero.

Esteban Sánchez Agudelo (Colombia)

 

Olor a guayaba.
El sonido del arroyo
entre la niebla

Pilar Carmona (España)

 

Viento en las ramas-
Del sauce a la palmera
gorjea el mirlo

Xaro Ortolá (España)

 

Olor a estiércol.
Bajo el cielo sin nubes
los dátiles maduros

Mari Ángels Millán (España)

 

Guayabo en flor,
ante la ira del maestro
ríen los niños

José Luis Solis (México)

 

Campo de limoneros
Dos perros ladran
en la distancia

Elsa Pascual (España)

 

Troza hojas de limón
mientras espera su turno
para saltar la cuerda

Jaspe Uriel Martínez (México)

 

Limón tardío.
Las nubes van tomando
color de lluvia

Mavi Porras (España)

 

Llenan el cielo
los trinos de la tarde…
Limonero en flor

José Luis Vicent (España)

 

Ya se desprenden
los limones maduros;
cuánto azahar

Juan Francisco Pérez (España)

-.-

 

 

El cielo azul de Shiki-an – El mundo de Shiki visto tumbado

(puedes descargar todo el diario en un solo pdf clicando aquí)

 

『子規庵の青空」 ―臥して見る子規の世界

Masako Hirai    平井雅子

Como decíamos en la entrada pasada, la profesora Hirai añadió a la traducción del diario de Shiki, la de algún otro documento y también un artículo de su autoría que incluye algunos fragmentos de Shiki, también traducidos por ella misma. Incluimos dicho artículo para cerrar el diario y este pequeño homenaje de gratitud a la profesora Hirai.

El cielo de la habitación de Shiki: ¡Boca arriba, observa y registra!

por Masako Hirai

La última casa de Shiki en Negishi, Tokio, estaba ubicada en un tranquilo barrio tradicional de casas pequeñas, entre las montañas de Ueno y el área de entretenimiento tradicional; y el tren urbano de la línea Yamate se podía escuchar de manera intermitente incluso en aquellos días de Shiki. La casa era uno de esos edificios adosados en alquiler, que solían estar habitados por samuráis de clase baja durante la Era Edo que inmediatamente precedió al tiempo de Shiki. Tenía una sala de estar, un dormitorio pequeño (el de Shiki), dos dormitorios aún más pequeños (los de su madre y su hermana), una pequeña cocina y un pequeño jardín modesto con algunos árboles y plantas, que Shiki cuidaba.

 

Imagen.-Croquis del jardín y la casa de Shiki-an cuando éste vivía, basado en escritos, tankas, haikus, dibujos y fotografías de Shiki y las personas de su entorno.

 

Shiki tenía veintiocho años cuando se mudó a esta casa, dejó la Universidad de Tokio y comenzó su carrera como periodista y crítico dos años antes, y aquí pasó sus últimos ocho años, excepto durante su breve visita a China como corresponsal de guerra que terminó con su tos con sangre, su hospitalización en Kobe y varios meses de descanso con Sōseki en Matsuyama. Poco después de su regreso a Tokio, Shiki se vio obligado a permanecer en cama, por lo que durante seis años y medio estuvo acostado y sufrió dolores cada vez mayores, casi interminables. Continuó escribiendo haiku, ensayos y críticas que sentaron las bases del haiku moderno e influyeron en la poesía en general, y él hizo esas acuarelas, cuyo secreto quería encontrar en su habitación.

Eran unos días despejados, tanto el cuatro como el cinco de mayo, cuando visité la casa de Shiki, que ahora es un museo. Con cuidado me quité los zapatos y me acerqué a la pequeña entrada. Justo en frente, pude ver la sala de estar, que debe haber estado llena cuando se juntaron hasta 22 personas para hacer haiku, como en el retrato de Izan. Desde esta sala de estar se podía observar el dormitorio de Shiki, pero en el umbral había un cartel que decía “No entrar”. Era una habitación sagrada donde murió el poeta. Afortunadamente, me concedieron un permiso especial para entrar en la sala después de que cerraran el museo.

Tan pronto como entré en la habitación, me acosté, primero imitando la postura de Shiki en una fotografía que estaba expuesta. Estaba acostado sobre su lado derecho, ya que su lado izquierdo y su cadera finalmente tenían siete heridas abiertas que supuraban pus, mientras que su rodilla izquierda, doblada, nunca podía estirarse por el dolor. Desde esta posición terriblemente limitada, primero observé el cielo azul, un azul que ocupaba hasta dos tercios de la vista, tanto desde el espacio abierto como a través de las puertas corredizas de vidrio que Kyoshi logró conseguir para él. Dado que su ropa de cama acolchada estaba extendida sobre el suelo del tatami, miré hacia arriba y tuve una vista que era inimaginable para cualquiera que estuviera de pie o sentado en la habitación, o para cualquiera que estuviera al aire libre. Saqué mi libreta y una pluma estilográfica, pero mi mano derecha estaba entumecida por el dolor de estar presionada contra el tatami, un piso enmarañado. Decidí recostarme, levantando ligeramente el lado izquierdo y la cadera.

De esta manera, observé y dibujé el cielo, el enrejado de ramas de bambú que sobresalía recortando filas triples de cuadrados azules o trapecios en el cielo, lo que debía impresionar a Shiki con la perspectiva, los cristales cuadrados de las ventanas que también se alinearon cuidadosamente para mostrar el cielo, un cielo azul, y los arbustos verdes tan bajos y pequeños que parecían que estaban cerca.

Imagen: Jardín de Shiki, pintado por Akira Masaoka

La habitación estaba medio a oscuras, con rayos de sol oblicuos que iluminaban, como para tallar, la malla de junco del tatami, y destacando sus cenefas de tela negra que dividen el suelo. Lo más sorprendente fue el azul y el brillo del cielo que parecía venir a través del gran espacio lleno de luz bailando en la brisa. Algo se estremeció en el cielo, solo unas pocas hojas en el enrejado, pero, oh, cómo bailaban en la brisa, tan libres y llenas de luz.

Todo esto mientras dibujaba, sosteniendo mi cuaderno con fuerza en mi mano izquierda. Mantenerlo así requería un esfuerzo. Si Shiki quería dibujar una flor, la sostenía con su tablero de dibujo en su mano. Mi dibujo se interrumpía con frecuencia por el secado de la pluma porque tenía que sostenerla hacia arriba, recostada en el suelo. Constantemente tenía que sacudir la pluma estilográfica para dejar caer la tinta. Shiki debe haber tenido un problema similar, y me di cuenta de la cantidad de problemas y paciencia que tuvo Shiki para mojar su pincel o pedirle a alguien que lo hiciera por él. Comenzaron a dolerme el cuello y los hombros, y mis manos y codos se estaban poniendo rígidos, pero estaba decidida a dibujar al menos durante media hora para poder tener una idea de cómo debe haber sido para Shiki “observar y registrar”, el significado de Gyouga-Manroku.

Entonces recordé que en su autorretrato Shiki se dibujó a sí mismo sobre sus manos y rodillas, sosteniendo un pincel para pintar un cuadro.

 

 

También pintó una mantis que, con grandes ojos, largas rodillas articuladas y un gran trasero que se asomaba a través de sus alas, levantaba su mano en forma de hoz como si estuviera a punto de ofrecer algo, una semejanza simbólica de su propia figura pictórica.

Tumbado en la cama durante diez años,
yo, como una mantis,
pongo esos brazos
y cojo un pincel.

«Coraje y espíritu de lucha»: pintura y escritura de Shiki

De cara al jardín, me acosté de frente y me levanté un poco, arrastrando la rodilla rígida y torcida que, sabía, le causaba tanto dolor a Shiki. Mis manos, que notaba cómo soportaban la mayor parte de mi peso, pronto se entumecieron, y un dolor agudo y eléctrico me recorrió los codos cuando los retiré a la vez, para sacudirlos. Si asumió esta posición durante el período de su observación y pintura, no pudo hacerlo hasta el final, cuando ya su hermana o un amigo debían sostenerle el tablero de dibujo.

Hay puntos de vista contrastantes del diario de Shiki. Algunas personas se sienten atraídas por su alegría, sencillez y valentía. Otros enfatizan el largo sufrimiento, la soledad y la autocompasión que trajo la enfermedad. Un crítico señala su efecto doloroso como el “frío desapego” de Shiki, incluso en su ensayo sobre su paseo favorito. Previamente, pero ya unos veinte años después de Shiki, un crítico romántico interpretó el efecto como la “hermosa refracción” de sus ojos que convirtió su enfermedad en un sacrificio simbólico al espíritu de su época: la devoción de su talento poético más fino al “casi-esfuerzo inútil” de vivir en una era que pedía prosa, la Era Meiji con su emperador simbólico que exigía dicho servicio. Desafortunadamente, no tengo espacio para discutir el contexto histórico, pero tengo algo que decir sobre la vida de Shiki, que no puede descartarse como un sacrificio heroico y romántico. No es la “distorsión” de su visión, sino su simple y directa comunicación con el cielo lo que observé desde su posición postrada en su habitación. Esto no fue escapismo ni mera ingenuidad, como ilustraré a continuación.

Encuentro una sencillez terrible tanto en Gyouga-Manroku como en algunos otros ensayos en los que Shiki describe su enfermedad y la vista desde su habitación.

Me acuesto de nuevo, exhausto por el cambio de vendajes. “Hoy hace mucho calor, ¿debería limpiar tu habitación?” pregunta mi madre. Sí, me parece bien. La madre coloca otra ropa de cama en la sala de estar y dice: “Ve tú”. La mera distancia menor a 2 metros me parece de 4.000 km, lo que me intimida. Eventualmente me decido, me levanto y logro estar a cuatro patas. Pero mi pierna izquierda está inmóvil debido al dolor. Coloco una “almohada para los pies”, del tamaño de un pie, debajo de la articulación de la rodilla izquierda, y me arrastro así, centímetro a centímetro. Habiendo cruzado el peligroso umbral, no tengo ningún percance en el camino antes de llegar hasta la ropa de cama en la sala de estar, me subo al futón y me acuesto, esta vez poniendo mis pies hacia las puertas corredizas de papel (hacia el jardín) y mi almohada en el norte. Después de este ejercicio inusual, de repente siento hambre, me alegro. Mamá está abstraída en el borde de mi habitación, mirando hacia afuera, con una escoba en las manos con la que pretendía barrer el suelo. “Escucho las voces de un encuentro de atletismo en Ueno”, murmura para sí misma.

(Shiki, “Mi enfermedad” – traducción propia)

Aquí, hay algo así como una visión ampliada de una mosca herida, haciendo un ejercicio desesperado para alcanzar su objetivo. No existe heroísmo, ni romanticismo, ni siquiera autocompasión en este simple registro de detalles, aunque nos atraigan como una poderosa realidad. ¡Qué suspiro de alivio y logro cuando llega al futón! No muy lejos de él, su madre está abstraída, mirando hacia afuera con una escoba en las manos, y murmura a medias sobre las voces de los jóvenes atletas que escucha en la distancia. Algo en esta madre, y en el espacio detrás de ella, supera todas las ideas y sentimientos. Ella se ha mantenido al margen y ha observado, impotente, todos los sufrimientos y esfuerzos por los que ha pasado su hijo. Ya no llora dramáticamente por la pérdida o la ganancia, sino que simplemente se preocupa por su hijo y toma y siente cada día según vienen las cosas. Es la voz y el alma de una madre así lo que oímos en las palabras: “Oigo la voz del encuentro atlético…”. ¿La madre y el hijo están celosos de los atletas? ¿Las voces jóvenes les provocan dolor y desesperación? No lo creo. Como si olvidaran sus dolores diarios y su estado desmoronado, la madre y el hijo miran hacia el cielo brillante, respirando el aire por donde vienen las voces. Hay ondas de libertad y gratitud en el aire. El momento debe haber caído sobre la mente humana extraordinariamente sencilla de Shiki que podría estar “contenta” con el “hambre de este ejercicio inusual”. La figura abstracta de la madre, sus palabras simples y los ojos de Shiki que, involuntariamente, siguen sus ojos al espacio, creo, componen una de las imágenes más memorables de la prosa japonesa.

En otro ensayo, Shiki describe su jardín. Al principio, el jardín era pequeño y casi desnudo, con algunos árboles y flores comunes traídas por sus vecinos, pero lo llama “mi cielo y mi tierra” cuando regresa después de un año, después de haber sobrevivido a una grave hemoptisis a su regreso de China. También nombra sus últimos ensayos breves “Una cama de enfermo de seis pies de largo” para significar su mundo, ahora confinado al tamaño de su cama.

El jardín ahora tiene una sombra más atractiva que el año pasado, y uno o dos grupos de crisantemos blancos florecen torcidos en su forma salvaje. Frente a esta vista y recordando los días pasados, me siento abrumado por las emociones. Mi frágil cuerpo vencido por la alegría de simplemente haber sobrevivido, murmura un canto-oración, pero las lágrimas caen sin darme cuenta. Estas flores comunes y este pequeño y estrecho jardín, ¡cómo podría soñar que me iban a conmover tanto!

(Shiki, “Mi pequeño jardín” – traducción propia)

Por un lado, su mundo es extremadamente pequeño; por otro, afirma haber encontrado “el cielo y la tierra” en su jardín. Creo que no fue sólo el alivio de su supervivencia lo que le hizo pensar así. Tampoco escapó a un mundo sentimental o estético centrado en sí mismo. Algunos de nosotros hemos tenido la experiencia de regar una maceta que parece muerta, y seguir cuidándola por si acaso tuviera algo de vida, y ¡oh! la sorpresa y la alegría un día cuando notamos un brote joven, frágil pero con pequeñas hojas verdes. “Bien hecho, pequeña planta. ¡Eres hermosa!” Nosotros lloramos. Aquí hay una pista de la experiencia de Shiki.

En esos “uno o dos grupos de crisantemos blancos torcidos”, Shiki descubrió el cielo y la tierra, porque “recordar los días pasados” también significaba recordar los días en que esos crisantemos perseveraron a través de las estaciones, viviendo desconocidos, y florecieron con tal vitalidad “salvaje” para afrontar su regreso. Lloró porque se conmovió. En esos uno o dos grupos de crisantemos, Shiki encontró ojos para ver toda la vida en la tierra, que respira el aire y la luz bajo el cielo ilimitado.

Obviamente Shiki no siempre vio el cielo azul. Gyouga-Manroku registra su deseo de muerte en el dibujo de un cuchillo y un punzón, con las palabras “Kohaku dice, ven”. Sin embargo, el cielo que vio y registró, estando tendido, era espacioso, vívido y lleno de luz. Respirando esa luz y ese aire de libertad, vivían las flores de Shiki y su literatura.

Masako Hirai
平井雅子

Kohaku llamó. “Ven”

古白日来

13 de octubre de 1901

 

…Mi mente cambió de repente. Bueno, no puedo soportarlo ¿Qué debo hacer? Puedo ver a mano un cuchillo desafilado de unas dos pulgadas de largo y un punzón de unas dos pulgadas de largo. Aparece una fiebre suicida de forma irregular …Pero no puedes morir con esta espada desafilada o un punzón. Sé que hay una navaja en la habitación de al lado. Si tuviera esa navaja, sería capaz de cortar mi garganta, pero lamentablemente, ahora ni siquiera puedo gatear. No hay forma de que pueda cortar la nuez de la garganta con este cuchillo. Pero si me atravieso el corazón con un punzón, estoy seguro de que moriré. Pero no puedo. La muerte no da miedo, pero el sufrimiento sí. Es aterrador pensar que incluso el dolor de la enfermedad es insoportable y que la muerte está por encima de eso. Eso no es todo. Después de todo, cuando miro un cuchillo, siento una sensación de pavor brotando del fondo de mi corazón. Cuando volví a ver este cuchillo hoy, me sentí mareado y asustado. Traté de levantarlo con mis manos, pero me contuve, pensando que ese era el lugar. En mi corazón, dos cosas están peleando: si quiero tomarlo o no. Mientras pensaba en ello, sollocé… comencé a llorar. Para entonces mi madre había regresado. Debía de ser tan temprano que había salido al porche.

Cuando la sangre se me sube a la cabeza, no puedo abrir los ojos. Como no puedo abrir los ojos, no puedo leer los periódicos. Como no puedo leer periódicos, sigo pensando. Como sigo pensando, sé que la muerte se acerca. Como sé que la muerte se acerca, quiero divertirme antes de eso. Como quiero divertirme, me apetece probar algún festín excepcional. Como tengo ganas de probar un festín excepcional, necesito algo en lo que ocuparme. Como necesito algo en qué ocuparme, llego a pensar en vender mis libros. No, no, no quiero vender mis libros. Pues bien, estoy en problemas. Como estoy en problemas, la sangre se me sube a la cabeza aún más.

Kohaku llamó. «Ven».

Cuando volvía a sollozar, me visitó Shihouta. Mientras me quejaba con él de Hototogisu, del dinero y de otras cosas, se hizo de noche y me sentí mejor.

 

14 de octubre de 1901

Nadie me llamó.

15 de octubre de 1901

Como no pude dormir la noche anterior a ayer, me quedé dormido ayer temprano por la noche. Me desperté y dormí, me desperté y dormí hasta el amanecer; y pronto tuve una deposición.

Como me sentía fatal, escribí a mi tío de Matsuyama.

 

Notas:

Las imágenes del Gyoga Manroku se corresponden con la página final del Volumen 1 y el comienzo del Volumen 2 .

Puedes conocer más a fondo todo lo que rodea esta historia clicando aquí.

Se escribe una sentencia espantosa. Shiki, que estaba solo, consideró suicidarse con un pequeño cuchillo y un punzón de la caja de la piedra de tinta. Sabía que había una navaja ideal para el suicidio por la casa, pero no podía buscar y llegar tan lejos. Cuando estaba pensando, «La muerte no da miedo, pero el sufrimiento sí», Yae volvió. En el entorno de Shiki aún se preguntan ¿Fue el espíritu de Kohaku, que vino del inframundo, lo que llevó a Shiki a tales pensamientos?

Kohaku vuelve del inframundo y sale de su tumba para incitar a Shiki

Nota de Rie Yamanouchi. Creo que el texto transmite fuertemente la irritación y la impaciencia de Shiki con su enfermedad. Al mismo tiempo, muestra una fuerza mental extraordinaria al hacer que suene humorístico, repitiendo la misma estructura de la oración en broma y representando cómicamente su apego a los banquetes y los libros. Rie Yamanouchi

Sentados a la izquierda Kohaku y a la derecha Shiki

Cuando casi había terminado el primer volumen de Gyouga-Manroku, Shiki estaba tan deprimido por el final de su vida que le asaltaron pensamientos suicidas. Así que dibujó un cuchillo y un punzón; junto a ellos escribió: «Kohaku llamó, ‘Ven'». El primo y antiguo aprendiz de Shiki, Kohaku Fujino, que estudió con Shōyō Tsubouchi en el Senmon Gakko de Tokio, escribió novelas y obras de teatro, así como haiku, que Shiki editó en su honor después de que éste se disparara en 1895. Shiki confesó a su mejor amigo, el gran novelista Sōseki Natsume, que por aquel entonces estudiaba en Londres, que la vida le resultaba demasiado penosa, «de hecho, sufro el dolor de no poder vivir. En mi diario, hay un lugar donde los cuatro caracteres «Kohaku llamó: Ven».’ están escritos en caracteres especiales«. (Carta de Shiki a Soseki, fechada el 6 de noviembre de 1901).

Nota de Hiroe Moriguchi. En la simple frase «Nadie me llamó», podemos sentir lo encantado que estaba Shiki cuando recibía visitas. Como no podía salir, hablar con ellos era probablemente el único momento en que sentía conexión con la sociedad.  Hiroe Moriguchi

Septiembre 2022

CONSTRUIR

Acaba agosto
y carretera abajo,
cantan los grillos.

 DECONSTRUIR

Compuesto ayer, o quizá anteayer, mientras descendía por la carretera El Real-Navamorcuende a la hora en que la tarde ya ha sido vencida y se acerca el crepúsculo, pero aún hay luz suficiente para disparar la foto que acompaño.

   La voz de los grillos, cuya fatiga ya se percibe al final del verano, acompasaba mis pasos en el paseo vespertino de cuarenta minutos que realizo a diario desde mi casa. Castaños y robles flanquean esta carretera sinuosa, que baja del puerto El Piélago, en las primeras estribaciones de la Sierra de Gredos.

  Nada más comentarios deconstructores. Solo una sensación –la del sonido y la de mis pasos hacia abajo- y una leve conmoción: el paso del tiempo.

EL PEREJIL Y LAS SIETE HIERBAS. Haiku 43

43  

七くさや袴の紐の片むすび

Nanakusa ya hakama no himo no katamusubi

El festival de las siete hierbas-
el nudo imperfecto
de su pantalón.

Desglose:

 七くさ [nanakusa: día de las siete hierbas], [ya: partícula], [hakama: falda o pantalón tradicional, hasta los tobillos, atado a la cintura], [no: partícula], [himo: cuerda], [no: partícula], [kata: incompleto, imperfecto], むすび [musubi: nudo],

Comentario y notas culturales:

Ya hablamos, en el haiku número 17, sobre este Festival de las Siete Hierbas (七草の節句 nanakusa no sekku); el plato gastronómico por excelencia es el okayu, un tipo de arroz, que se consume para protegerse de los demonios, favorecer la longevidad y la buena suerte. Tiene un valor diurético, depurativo, tras las comidas de Año Nuevo. Las siete hierbas son: perejil japonés (seri), jaramago blanco, borriza, pamplina, lampsana, nabo y rábano. Este festival se celebraba el séptimo día del primer mes lunar y cambió al 7 de enero tras la revolución Meiji.

El hakama es una especie de falda o pantalón hasta los tobillos, utilizado, en su origen, sólo por los hombres: se ata a la cintura. Pronto se convirtió en una prenda nobiliaria, utilizada por los samuráis, hasta que en el periodo Edo comenzó a ser utilizada también por mujeres de alta posición. Actualmente se emplea sobre un kimono. Esta prenda se fija con cuatro tiras: dos largas y dos cortas. Para anudarla, existen dos métodos fundamentales: “la forma del guerrero o sin musubi, nudo correcto” (un nudo cuadrado simple) y el “método común o jumonji musubi” (diez nudos).  Día solemne y aquella persona con el nudo imperfecto: hay belleza en la asimetría, wabi-sabi, pero también preguntas sobre el motivo.

Haiku 41

41  

秩父入や鉄漿もらひ來る傘の下

 

yabuiri ya kane morai kuru kasa no shita

 

Las vacaciones de la criada-
bajo el parasol

el tinte negro de los dientes.

 

 

Yamauba con los dientes negros y Kintarô,
obra de Kitagawa Utamaro.

  Desglose:

 秩父入 [yabuiri: vacaciones del criado], [ya: partícula], 鉄漿 [kane: ohaguro o tinte negro de los dientes],もらひ 來る[morai y kuru: recibir, venir, regresar], [kasa: paraguas, parasol], [no: partícula], [shita: abajo, debajo].

Comentario y notas culturales:

 “Ohaguro” 鉄漿 [literalmente “bebida de hierro”] fue una costumbre ancestral, sobre todo en el oeste de Japón: una mujer casada debía tintar sus dientes de color negro, pues con esta acción reforzaba su belleza. El canon establecido para la mujer, en el periodo Edo, se fundamentaba en 3 colores: blanco (polvos para la cara), rojo (los labios) y negro (dientes y cejas).

Regresando al color negro, el ingrediente estaba formado por un líquido marrón oscuro, con hierro disuelto en él, polvos de nuez y tanino, e incluso protegía de las caries. El propio término es de uso aristocrático y en el palacio imperial de Kioto recibía otro nombre: 五倍子水 [fushimizu]. En el Genji Monogatari ya hay referencias al Ohaguro. Aunque a menudo se asocia exclusivamente a las mujeres casadas de la nobleza, la familia imperial  y los samuráis también pudieron ennegrecer sus dientes. Tras el periodo Edo, esta práctica se centró en mujeres solteras mayores de 18 años, casadas, cortesanas y geishas; en el mundo rural sólo en ocasiones concretas se realizaba (bodas, funerales), etc.

Según Basil Hall Chamberlain (1850-1935) en Things japanese (1905. En páginas 63-64), esta costumbre de ennegrecer los dientes es tan antigua como el 920 a.C, aunque se desconoce su razón. Finalmente fue prohibida para los hombres en 1870, incluso las mujeres lo han abandonado en Tokyo y Kyoto; para verlo hay que reparar en ciertos distritos rurales y remotos, como la costa noroeste o el extremo noreste (…) El líquido se pinta sobre los dientes por medio de un cepillo suave con plumas hasta obtener el color deseado.