Febrero de 2026

Caligrafiado por Elena Hikari bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.

¡el cuclillo!
tira de mi caballo,
al otro lado de la llanura

野を横に
馬牽きむけよ
ほととぎす

–  En la caligrafía:

野を横に
馬ひきむけよ
ほとときす

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Comentado por Félix Arce (momiji):

Tan insistente como la conciencia. La antigua llamada. En todas las voces las voz que nos llama desde más allá de las montañas.

Primavera de 1898, Bashô avanza en su famoso viaje a Tohoku por la estrecha senda hacia la “profundidad del norte”. En esta ocasión a caballo, por la llanura de Nasu, con las montañas del mismo nombre al fondo. Quizá el camino no está muy definido, el haiku así lo insinúa. Campo abierto.

De pronto el canto del “hototogisu”, el cuclillo japonés. El ave migratoria que anuncia la llegada del verano. El melancólico canto protagonista de tantos poemas clásicos. Al amanecer, al atardecer, junto a los árboles que lindan con la llanura.

Escucha viajero. Detén tu camino. Déjalo todo.

Ven.

Y Bashô, el poeta, acepta la llamada. Parece invocar al propio hototogisu para que tome las riendas de su montura y lo lleve junto a él.

Hay un momento, en cada uno de todos los momentos, en que la llamada nos atraviesa tan claramente que solo nos queda soltar las riendas y dejarse llevar.

Quizá los poetas, como los niños en sus veranos ilimitados, mantienen todavía la transparencia del agua en sus ojos. En sus huesos la ligereza del aire, de los pájaros.

La decisión sincera de las primeras veces.

Quizá son ellos los elegidos por la luz. Dejarlo todo abandonado sobre la hierba. Sin peso. Entregarse a la facilidad del mundo.

Como jirón de nube que cede a la invitación del viento…

Somos pasajeros de la eternidad. Es cierto. Pero qué tristeza que en tantas ocasiones nuestra vida transcurra a lomos de la rutina más fatua… Solos, ensimismados, en campo abierto, ajenos a la llamada de lo otro. De todas las cosas que en todo momento están cantando en el mundo. Al amanecer, al atardecer. Al borde mismo de todos los veranos.

¿Escuchas la llamada? La antigua llamada, insistente como la conciencia, el melancólico susurro desde más allá de las montañas. Al otro lado de la ilimitada llanura.

¿La aceptas? ¿Soltarás las riendas?