Todas las entradas de: el rincón del haiku

GORRIONES

«Los  gorriones son los niños del aire, la chiquillería de los arrabales, plazas y plazuelas del espacio. Son el pueblo pobre, la masa trabajadora que ha de resolver a diario de un modo heroico el problema de la existencia. Su lucha por existir en la luz, por llenar de píos y revuelos el silencio torvo del mundo, es una lucha alegre, decidida, irrenunciable…»

 Miguel Hernández

Mayo es el mes de los volanderos. Aprendices del vuelo, novatos de numerosas especies, entre otras, los paséridos, comúnmente denominados gorriones. Esas pequeñas aves de color parduzco y pico fuerte, que avanzan a saltitos, la mirada al acecho, picoteando unas miguitas que alguien ha dejado caer al suelo.

El gorrión

arrebata una miga

y echa a volar

 Fernando Rodríguez Izquierdo

En montes, campos, ciudades o pueblos, los gorriones nos siguen, allí donde el ser humano se halla, y encuentra refugio y alimento gracias a nuestras actividades, en una forma de interacción biológica  llamada comensalismo. Cuando los humanos abandonan un pueblo, los gorriones desaparecen.

verdea el pasto…

los gorriones picotean

olivas negras

 Xaro Ortolá (Destellos)

 

tras el recreo

almuerzan los gorriones

junto al columpio

 Félix Arce (Momiji)

Existen unas 49 especies diferentes de gorriones divididas en 11 géneros, presentes en todo el mundo a excepción de la Antártida. Son aves principalmente granívoras pero también hábiles insectívoras. Inteligentes, curiosos, poseen una gran memoria e increíble capacidad de reconocimiento.

Brisa en la hierba,

Dos gorriones beben

gotas de rocío.

 Pilar Carmona (Piluca)

 

Tarde estival…

al charquito del caño

van los gorriones

María Ángeles Millán (Hikari)

 

Son aves sociales que suelen vivir en grupo. Tras la época de cría se desplazan en pequeños bandos para protegerse y localizar el alimento con mayor facilidad.

Viento en los carrizos:

un bando de gorriones

viene a posarse

Gorka Arellano

 

Su presencia en la vida cotidiana ha inspirado a innumerables escritores y artistas. Véase, El libro de los gorriones de Gustavo Adolfo Béquer, o aquellos de Juan Ramón Jiménez en Platero y yo, a los que llamaba

¡Benditos pájaros sin fiesta fija!. Messiaen en la música, Nakayama Sugakudo en la pintura tradicional japonesa…

Cha no hana ni kakurenbo suru suzume kana

 

¡Bajo la flor de té

juegan al escondite

los gorriones…!

 Kobayashi Issa

 

En Japón, los gorriones se asocian a felicidad, amor y buena fortuna, pero también resaltan la confianza y la astucia. En el antiguo Egipto, eran considerados sagrados y simbolizaban el alma de los difuntos. En la mitología griega se asociaban a Afrodita, la diosa del amor. La Biblia los menciona como símbolo de protección y cuidado divino. En las culturas indígenas americanas, los gorriones están asociados a la amistad, la esperanza, la protección y el coraje en la adversidad.  En general, en todas las culturas representan la resiliencia y la capacidad de adaptarse a diferentes entornos.

Arroyo seco

en la lata oxidada

bebe un gorrión

 Ana Añón

 

Gorrión en la calle…

Son cuatro

las ramitas que recoge 

Niño: Elier Bazán Infante (9 años)

 

Anochecer

Gorriones a saltitos

entre las tumbas 

Rodolfo Langer

 

Un grupo de gorriones bañándose en un charco o piando alegremente en la rama de un árbol, aportan siempre una sensación de alegría y vivacidad. El canto del gorrión es una melodía compuesta por una serie de trinos cortos y rápidos, gorjeos fácilmente reconocibles que alegran pueblos y ciudades.

Lluvia temprana

En el alero del templo

canta un gorrión 

Al Agus

 

Será por ello que también a muchos conmueven en su lucha diaria por la supervivencia. Hablar de gorriones en el  haiku es hablar de haikus de compasión.

Ôzei no ko ni tsukarutaru suzume kona

 

Un exhausto gorrión

En medio

De un montón de niños

 Kobayashi Issa

 

Niebla en el río-

los gorriones, en fila,

acurrucados

 Aomame

 

yudachi ya kusaba wo tu kamu mura-suzume

 

el gorrión en un pueblo

escondido entre hojas caídas

(chaparrón de verano)

 Yosa Buson

 

Suzume no ko sokonoke sokonoke o-uma ga toru

 

Gorrioncillo

Apúrate, apúrate

Pasa el caballo

 Kobayashi Issa

 

El suelo helado…

los gorriones deshacen

excrementos de perro

 Mary Vidal

 

Se calcula que hay entre 1300 y 1600  millones de gorriones comunes en el mundo, y desapareciendo. Solo en Europa se han perdido 247 millones desde 1980. En grandes urbes como Londres o Berlín ya casi ni se les ve por las calles. En España ha descendido (sobre todo en entornos urbanos) casi un 20% desde que Seo/Birdlife comenzó a registrar datos en 1998. Necesario renaturalizar los espacios para poder así seguir disfrutando de su presencia, o como dice Karmelo C. Iribarren en su poema El gorrión:

 

…verlos por ahí

a su aire, en el aire, con ese aire

de pájaros normales, con su traje

de colores apagados, gastado por los años…

 

Y disfrutar como niños…

…con los niños del aire.

 

 

Ware to kite ya oyano nai suzume

 

Vente a jugar conmigo

gorrión sin padres

 Kobayashi Issa

De oficios y jacarandas

Roxana Dávila Peña
Mushi

Miles de brotes estallan. Algunos permanecen colgados a las ramas de las jacarandas y se mueven de acá para allá; otros ya cubren el suelo de color morado que suaviza los pasos de la niña descalza del globo rojo. Yo me niego a renunciar a mi infancia y recuerdo los andadores de Satélite llenos de flores en primavera.

Se escucha el susurro de los árboles. Un barrendero, escoba de vara en mano, con humildad, aparentemente fácil, lleva las flores que caen constantemente al suelo de un lado para otro. La brisa se las lleva otra vez. Pasa la escoba… también las sombras y mis apegos. Un barrido sereno continúa. En el haz de luz, motas de polvo.

Un azotador avanza rápidamente como esa pareja de vendedores de lotería que parece que va con prisa hacia la Puerta Francesa de la estación del metro Bellas Artes en la Alameda Central. Dos tórtolas se pierden entre la fronda.

La anciana encorvada bajo la jacaranda, estira su brazo y camina. Cualquier paso que da y hacia dónde lo dé, es un paso ligero en sus Adidas viejos.

Algo revolotea como mi corazón. ¿Será una polilla? Me invita a flotar, a mecerme en el viento cargado de imecas que van directo a mis pulmones.

Comienzan a sonar canciones mexicanas, como antídoto, al ritmo de esta ciudad. Los primeros acordes nostálgicos de La cucaracha y de Amorcito corazón alegran el día a los que pasamos por aquí cuando el organillero, que siempre está aquí, aunque sin lugar fijo, gira la manivela. Toca y toca y caen, dando vueltas, más flores de jacaranda.  Una moneda pega con otra cuando un niño coopera para que ese oficio nunca desaparezca. Para mi sorpresa, también aceptan transferencias electrónicas.

Más allá, en una banca, las hojas del periódico que alguien dejó.

Montoncitos de flores
que el viento vuelve
a deshacer.

II. No tan breve como parece

Córdoba, Argentina
Otoño
Mayo, 2025

 

  1. No tan breve como parece

El haiku:

 

天のはたてを舟ゆくすすき九重 原
Michiko Ishimure, haiku de la serie Ten

hasta dónde (la mirada) llega el cielo, el límite del cielo, el fin del cielo + navegar, un bote va + pasto chino, pasto plateado, eulalias, Miscanthus sinensis + nueve pliegues de origami para hacer una grulla + desierto, pampa, llano.

Tres imágenes dispuestas en triangulo. Un lado, ama no hatate, ameno ha tate – límite del cielo, fin del cielo, hasta el fin del cielo, hasta donde el cielo se puede ver. La interrupción, fune yuku, que significa un barco navega, surca, muestra aquel limite. El otro lado, susuki es pampa plateada china, miscanthus sinesis, una herbácea perenne que forma densas matas en las pampas, que se despunta con la expresión expresión sustantiva acompañada con el furigana en su versión original. Primero, kuzyu, algo plegado muchas veces sobre sí mismo; segundo, a los nueve pliegues de origami con los que se forma una grulla; y, tercero, al Palacio de la Corte Imperial de la antigua capital de Nara. Por último, baru que es campo, plano, pradera, tundra, pero también un sufijo para denotar pluralidad. Una traducción conciliatoria, diría que este haiku describe un paisaje, un horizonte contorneado por el fin de la pampa. A nivel formal, contiene un kigo de otoño, susuki; y que no contiene una palabra de corte pero que el haiku se quiebra después de yuku, dividiendo las dos imágenes del poema. En base a estos saberes es posible interpretar que el haiku presenta un horizonte desde el cual se despliega un campo de espigas movido por la brisa de otoño. Este kigo de otoño tardío, por su sentido simbólico, tiñe al haiku de cierto sentimiento de desolación. Esta estética aprecia la belleza del espacio solitario, donde las matas se superponen y revelan su crecimiento desorganizado en el desierto que el haiku representa.

Una traducción amistosa -una amistad que aloja la contradicción de las imágenes- nos exige poner en ejercicio un imaginación nutrida por los fragmentos. El haiku abre con la panorámica visual que expone el límite del cielo, allí algo navega, pero de inmediato el objeto de la navegación se ausenta: eso que navega se puntualiza como el Matiz del haiku, marca un horizonte que inmediatamente se vuelve borde del sentido. Así, en la superficie material de la escritura se presenta un paisaje de olas terrestres: las densas matas de pasto plateado que se pliegan como origami desde el límite del cielo crean la amplitud del desierto que aparece con baru. Los pliegues se vuelven olas de susuki sobre las que algo navega, hacen que el desierto devenga mar. En el poema de Ishimure lo sensible se revela no solo en la visibilidad de una pampa que deviene mar, sino también en cierta cinestesia: en el movimiento de las espigas percibimos el movimiento de las olas.

Bibliografía

Ishimure, Michiko. (2015) 泣きなが原 Nakinagara [La llanura de los lamentos]. Tokio, 籐原書店.

Abril de 2025

El Museo de Arte Mizunoki, un espacio que trasciende el tiempo, el espacio y la discapacidad.                                                                                                   

Niños con ideas fuera de lo convencional

Las obras de arte creadas por personas con discapacidad no están atadas a géneros, conocimientos o técnicas. Por el contrario, están repletas de colorido y forma libres. El Museo de Arte Mizunoki, en Kioto, ha inaugurado un proyecto para ofrecer clases de arte a niños de primaria con necesidades especiales

Los artistas fueron 47 niños con necesidades especiales que asisten a la clase Sakura de la Escuela Primaria Municipal de Kameoka, Kioto y la artista contemporánea Yamamoto Makiko. Para crear esta obra, Yamamoto les mostró el árbol que había pintado y les preguntó si creían que un árbol tenía un “corazón”, qué forma tendría y dónde lo colocarían.

De inmediato, uno de los niños preguntó cuál era la diferencia entre el corazón del que ella hablaba y el órgano del cuerpo llamado corazón. Amablemente, le respondió que el órgano es el que da vida al cuerpo, pero que hay otro corazón que nos permite experimentar la felicidad o el disfrute. Los niños comenzaron a amasar la arcilla de colores y a expresar sus ideas: “El árbol es tan grande que debe tener muchos corazones. Hice uno con forma de racimo de uvas”, “Creo que el corazón debe ser parecido a las hojas, lo colocaré en las ramas”, cada uno iba colocando su “corazón” en el lugar de su preferencia.En el primer piso están colocados en el suelo y en estanterías, en diferentes ángulos, dibujos de esquejes que los niños hicieron en tablillas. Al lado de la imagen se les pidió que escribieran el sonido que imaginaban que harían estos esquejes al momento de aparecer las raíces y escribieron algunas onomatopeyas como nyoki-nyoki o goto-goto.

Las obras de Mizunoki son reconocidas dentro y fuera de Japón

Tanto Mizunoki como el Museo de Arte Mizunoki pertenecen a la institución de bienestar social Shōkaen. Las clases de pintura fueron inauguradas en 1964, cuando se invitó al pintor japonés Nishigaki Chūichi a impartir una clase. Nishigaki era un ferviente creyente de que el valor del arte no estaba relacionado con tener o no una discapacidad. Hasta su muerte, en el año 2000, siguió instruyendo a los alumnos.

En la década de los 80, algunas de las obras que surgieron en esta clase fueron premiadas en varios concursos. En 1994, la colección de Art Brut de Lausana, Suiza, eligió 31 obras de seis artistas para que formaran parte de la colección permanente. Fue la primera vez que se aceptaron obras de Asia. En 2012, gracias al reconocimiento que obtuvieron dentro y fuera de Japón, se inauguró el Museo de Arte Mizunoki con el objetivo de exponer y almacenar las obras creadas en las clases de pintura de Mizunoki.

Okuyama nos cuenta que creó el taller con la intención de que se convirtiera en un espacio donde los niños de la clase Sakura pudieran dejar volar su imaginación sin preocuparse por otras cosas. Okuyama afirma que en el arte no existen respuestas correctas ni erróneas, nadie gana ni pierde. Se trata de un mundo donde “ser diferente” se convierte en un halago.

Para los japoneses, cuando algo tiene wabi-sabi es que posee la belleza de la imperfección.

Nada dura,
nada está completo y nada es perfecto.

La estética japonesa, se basa, por tanto, en encontrar la belleza en la imperfección.

En definitiva, el Wabi Sabi es un estilo de vida, donde se concibe que la verdadera belleza no existe.

Wabi Sabi nos aporta la lección de disfrutar de los momentos tal y como vienen, sin expectativas

Abrazar el concepto Wabi Sabi nos permite mirar a la vida de una manera diferente, sin la presión de que todo esté bien, sino aceptando que la imperfección forma parte de la vida y celebrando que las cosas sean maravillosamente  imperfectas.

«La lluvia es un problema solo para quienes no quieren mojarse»   Proverbio japonés.

Tan frágil se vuelve el cuerpo
con ese viento de otoño.

 

Fuente:

https://www.nippon.com/es/japan-topics/b10803/

PAJARILLOS. El canto

PAJARILLOS

El canto

 

Un pájaro en  lo alto

en lo más fino

del árbol alto,

un tomeguín*

nervioso, breve, tan liviano

como un soplo de luz,

está cantando

su propia levedad,

la maravilla

de su increíble ser

su pura vida

minúscula, perfecta, iluminada.

Eliseo Diego

 

*tomeguín: pajarillo endémico de Cuba

 

Salgo ligera de casa con algo de prisa a hacer la compra. En la esquina, el trino insistente de un verdecillo en lo alto de un árbol me invita a detenerme y escuchar. A poca distancia, otro le responde, ni el ruido del tráfico impide un diálogo que reconforta y ubica.

Verdecillos, colirrojos, ruiseñores, jilgueros, mirlos, cucos, estorninos, mosquiteros, colibríes, currucas, petirrojos, mitos, alondras… Interminable la lista de estos pequeños seres alados que alegran nuestros días en calles, jardines, huertos, bosques o en lo alto de los montes. (1)

 

Frente a la aljaba

¡Que sí! ¡Que no! ¡Que sí…!

el picaflor*

Sandra Pérez

* colibrí

 

recogiendo la ropa

con la última luz del día

el canto del colirrojo

Félix Arce (Momiji)

 

Trina el jilguero

Se disipa la niebla

 de madrugada

 José Luis Vicent (Barlo)

La belleza sonora de estos cantores se ha visto plasmada de forma incesante, sin distinción, en haikus de todo tiempo y lugar, al igual que en cualquier otra de las expresiones artísticas que forman parte de todas las culturas. Ha sido fuente de inspiración para escritores, compositores, pintores, coreógrafos… Decía Beethoven: «Cuando voy caminando por el campo, los escribanos cerillos, los ruiseñores, las codornices y los cucos van componiendo conmigo

Cantos de hornero,

se despliega una hoja

en el banano

 Ariel Bartolini

 

Hototogisu

koe yokotan ya

nizu no me

 

La voz del cuco

se queda yaciendo

sobre el agua

 Bashô

Yosa Buson, poeta y pintor japonés del S. XVIII salía al campo con su mesita y sus pinceles a practicar «kachō-ga», el arte de pintar flores y pájaros. Con frecuencia en las pinturas así como en sus haikus, aparecerán pajarillos cantando.

 

uguisu no koe tonki hi mo kure ni keri

 

El canto distante

del ruiseñor-

también el día ha terminado

 Buson

En Japón, el uguisu o ruiseñor  es símbolo de belleza y pureza. Su canto puede curar enfermedades y traer felicidad.

 

uguisu no ni-do kuru hi ari konu hi ari

 

El ruiseñor

Unos días no viene

Otros, dos veces

 Kitô

Defender el territorio, atraer a las hembras, alertar de peligros o simplemente comunicarse con los suyos, son las funciones del canto. Para ello, las aves tienen un órgano vocal único denominado siringe, especialmente desarrollado en las aves cantoras, que funciona con el paso del aire.

En primavera, a primera hora de la mañana, una algarabía de aves es en realidad una orquesta, con sus pausas, coros, trinos cortos u otros largos, alternándose, adaptándose al entorno. El canto debe aprenderse.

 

gotas de rocío

entre las cañas, el canto

de una curruca

 Xaro Ortolá (Destellos)

 

Silbo del mirlo.

El gato que lo acecha

cierra los ojos.

Maria Victoria Porras (Mavi)

 

Sus movimientos rápidos, ese ir y venir de rama en rama, en cortos vuelos o a saltitos en busca de alimento, esos pequeños gestos nos alegran y sorprenden al igual que su canto.

 

Aomugi ya hibari ga agaru are sagaru

 

La alondra asciende

la alondra desciende

¡Qué verde la cebada!

 Onitsura

 

Uguisu ya doroashi nugun nume no hana

El ruiseñor

se limpia sus patas lodosas

en las flores del ciruelo

 Issa

 

Brisa en el cedro

cuando canta el mirlo

levanta la cola

 Sandra Pérez

Mucho se habla también del color del canto de las aves. «La vibración de las siringes calienta y colorea el aire», nos dice Joaquín Araujo.

 

Uguisu no coki ne o naku kozue kona

 

El canto verde

del ruiseñor

en la copa del árbol

 Onitsura

 

trinos de mosquitero…

aún más verde

la vereda del río

 Félix Arce (Momiji)

Su silencio,  su muerte nos inquieta, recoge o sorprende. Lo que no sucede como parte de lo que sucede.

 

luz de luna,

un silencio en el canto

de los zorzales

 Ariel Bartolini

 

Ichiwa kite nakanai tori dearu

 Viene un ave…

es un pájaro que no canta

 Santôka

 

Tsugumi shishite hane hiroguru ni makasetari

 Al morir, el zorzal

dejó a sus alas

abrirse por última vez

 Seishi

 

el mirlo muerto

y su pico amarillo

sigue amarillo

Luis Corrales

 

niños jugando,

el viento agita el ala

de un pájaro muerto

Félix Arce (Momiji)

Necesario defender un paisaje sonoro cada vez más empobrecido. Hacer silencio para escuchar, apreciar las distintas voces (2) de unas Primaveras cada vez más silenciosas. Ser silencio, canto… pájaro.

 

Hissori kuraseba misosazai

 Si vives

sin hacer ruido

el canto del misosazai*

 

Cuando se vive

sin ser observado

el canto del misosazai

 

Solo si tu vida

es algo no sabido

el canto del misosazai

 Santoka

*chochín

 

Koe bakari ochite ato naki hibari kana

 Así es la alondra:

una voz que cae en picado

y, cuando la busco, nada

 Ampû

 

Hototoguisu hototoguisu tote akeni keri

 ¡Cuco, cuco!
Toda la noche
Y al final ¡La aurora!

Chiyo-Ni

(1)  Gorriones, y golondrinas/vencejos/aviones serán tema de posteriores entradas.

(2)  Existen algunas apps de identificación de aves. Por ej. la app «Merlín», útil no solo para identificar un ave por imagen, sino también por su canto.

HAIBUN 60

Haibun 60

Había algo allí tras la lluvia, en la madera mojada de la torre. Cuando él hablaba de Alaska y los castores de Alaska.
–Es el color del cielo que más me gusta– dijo justo cuando la garceta pasó volando sobre nosotros. Justo cuando yo pensaba en San Francisco.
Entre el hastío y la gloria media el vuelo de un ave blanca.
También al contrario. Pensé.
No recuerdo lo que siguió entonces. Alaska, los castores, la lluvia… no sé. La conversación se perdió en algún lugar entre la torre de madera y el pueblo. Justo al lado del mar. Parecía incendiado, el cielo. Hermoso.
Era verdad. Él tenía razón. A su manera solía tener razón. De una manera muy sencilla, como un niño. Sobrevolando la realidad a baja altura. Quizá.
Cuando después hablábamos de las acampadas, las viejas acampadas, mientras tomábamos un coctel en La Posada, los cuatro, pensé en un camino y un manojo de hierbabuena. Y las gotas de lluvia, pocas, sonando como con tristeza, en la claraboya de un baño. Es extraña la memoria. Es muy extraña en la luz tenue de una tarde de otoño.
Es un camino que nunca recorrí. El del manojo de hierbabuena. Y sin embargo tan real como todos los demás, como todos los que me llevaron a ninguna parte. A este preciso momento.
Quizá no lo recuerdo. El camino que no iba ni venía, pero olía a hierbabuena. Quizá no recuerdo bien todo eso que cuenta él y ríen ellas. Quizá yo ya no estuve allí. Este yo que dice ahora y vivía entonces.
No sé. No estoy seguro, pero hay algo allí. Hay algo en la madera mojada por la lluvia. Sin saber explicar cómo, pero me gustaría pensar que algo de mí sí queda, de alguna manera. Entonces, ahora, una gota, dos, como la perezosa lluvia sobre una claraboya transparente.

gira hacia el ocaso
una de las garcetas,
la marisma, en silencio

 

       Félix Arce Araiz “Momiji”

Abril de 2025

CONSTRUIR

Sin hacer ruido
La primavera asoma
Al vasto cielo

DECONSTRUIR

En la poesía clásica japonesa, hay un recurso técnico llamado makura kotoba que literalmente significa «palabras almohadilla». Es una especie de epíteto fijo que confiere dignidad al nombre al cual precede, y dota al poema de ritmo y tono.  Algunos piensan que es un vestigio del antiguo, preliterario kotodama o «alma, energía de las palabras» que ejercía un poder religioso o mágico en la palabra.  Muchas de estas «palabras almohadillas» ya habían perdido su significado cuando la poesía adquiere el soporte escrito en Japón allá por los siglos VII y VIII. Su función es, aparte de dar prestigio al poema emparentándolo con la antigüedad remota, intensificadora o amplificadora del nombre que le sigue, por emplear un término de la preceptiva poética occidental; es semejante, por tanto, a los conocidos epítetos que Homero utilizaba, cuando habla de “la de rosados dedos” para referirse a la aurora.

En la literatura clásica japonesa hay listas de estas makura kotoba antepuestas a topónimos famosos, a verbos o a nombres. Por ejemplo, la de ashihiki, literalmente «arrastrando los pies», aplicado a «montaña». O la de hisakata, aplicado a «luz, cielo, nubes» para ponderar su grandiosidad, inmensidad. En el siguiente poema, el número 84, compuesto por Ki no Tomonori para la antología Kokinwakashū del año 905, la encontramos en este poema, un poema tal vez oportuno a este mes de abril porque nos habla también de flores:

En la vasta luz

De este día de primavera,

¿Por qué el cerezo

Sus flores pierde apenando

Los pobres corazones?

ひさかたの          hisakata no

光のどけき          hikari nodokeki

春の日に           haru no hi ni

しづ心なく                                             shizugokoro naku

 花の散るらむ                                        hana no chiru ramu

La luz, hikari, es el marco grandioso, vasto donde brotan las flores del cerezo o, más bien, donde se destaca la pena que siente el poeta al ver cómo los pétalos se caen.

En el haiku, donde el viejo kotodama se ha fosilizado en el actual kigo o «término estacional», no hay espacio para expresar directamente penas ni tristezas. Solo para registrar sensaciones. En el poema de este mes, es la sensación del silencio con que la primavera llega, de un silencio amplificado por la inmensidad del cielo.

   Por eso, en  la foto que acompaña este haiku se ve tanto cielo azul y tan pocas flores, las justas para presentir la llegada incontenible y silenciosa de la primavera.

Abril 2025

Escribo el artículo de este mes en un Santiago que le ha dado la bienvenida al otoño. Mientras los “inviernistas” se emocionan con las próximas bajas temperaturas, yo ya extraño el calor del verano. Así que me consuelo con videos de la floración de los cerezos en Japón y sueños de futuras primaveras.

Llegamos al último período en que se divide la estación primaveral desde el punto de vista del uso del kigo, con 晩春 banshun o fin de la primavera. Abarca desde el término solar 清明 seimei; puro y claro, alrededor de 05 de abril, hasta el día anterior al término solar 立夏 rikka o inicio del verano, el 06 de mayo aproximadamente. Para más información sobre los 24 Términos Solares les invito a revisar mi artículo de marzo. Si bien el término 晩春 banshuu significa fin de la primavera, en la parte norte de Japón la nieve se está derritiendo y la estación está en pleno apogeo. También marca el comienzo a tiempo completo de los trabajos agrícolas de arar los campos y sembrar las semillas. En la parte central y sur de Japón es el momento de la floración de los cerezos, y, por lo tanto, de los hanami o contemplación de los cerezos, ocasiones en que la gente se reúne en masa en parques y lugares públicos con su familias, amigos y colegas del trabajo, a comer, beber y disfrutar del ambiente festivo al que invitan estas bellas flores y las agradables temperaturas. En la actualidad implica el comienzo del año académico y fiscal, por lo que también tenemos kigos relacionados con estos eventos.

Si bien este período contiene mayoritariamente kigos en la categoría 植物 shokubutsu o vegetación, busqué, con mi selección de haikus, mostrar una perspectiva amplia de la vida al final de la estación y cómo esta ha sido manifestada por poetas a través del tiempo.

Kigo: 入学 nyuugaku; entrar a estudiar. A principios de abril se llevan a cabo las ceremonias de ingreso en las escuelas primarias, secundarias, preparatorias y universidades. La entrada a la escuela primaria es especialmente memorable para todos. En todos los casos, los nuevos estudiantes comienzan su nueva vida con expectativas y un poco de ansiedad en el corazón.

Período: 晩春 banshun; fines de primavera

Categoría: 生活 seikatsu; vida diaria

Haijin: Miyaguchi Torimu (¿? – ¿?)

次々に泣き始めたり入園児

tsugitsugi ni nakihajimetari nyuuenko

uno tras otro comenzaron a llorar los niños del jardín infantil

Kigo: 雀の子 suzume no ko; polluelos de gorrión. Los gorriones viven dondequiera que viva la gente, construyendo nidos de paja en los aleros o tejados de las casas. ¿Por qué es kigo de primavera, si los gorriones son aves que viven en Japón todo el año? Porque ponen huevos y crían polluelos entre marzo y abril. Los gorrioncitos, aún pequeños, juegan bajo la atenta mirada de sus padres.

Período: 晩春 banshun; fines de primavera

Categoría: 動物 doubutsu; animales

Haijin: Shouha (1727-1772)

すずめ子や書写の机のほとり迄

suzume ko ya shosha no tsukue no hotori made

gorrioncillos, vienen hasta el borde de mi escritorio

Kigo: 桜 sakura; flor del cerezo. La flor del cerezo es la flor entre las flores. Se ha compuesto sobre ella en poesía desde la antigüedad y ha sido muy apreciada por los japoneses. Originalmente era una especie silvestre que crecía de forma natural en las montañas y los campos, pero desde finales del período Edo hacia el período Meiji, nació el cerezo cultivado Somei Yoshino, y que es al que se hace referencia hoy en día. Las flores de cerezo han sido la flor que representa la primavera desde la era de la mitología, pero en un momento dado, fueron superadas por las flores de ciruelo, introducidas desde China. Incluso en los poemas recopilados en el Manyoshuu (759), hay más del doble de poemas sobre flores de ciruelo que sobre flores de cerezo. Fue durante el período Heian (794-1185) cuando las flores de cerezo reemplazaron a las flores de ciruelo y volvieron a ser la flor que representa la primavera, por lo que se pueden encontrar muchos poemas sobre las flores de cerezo en el Kokin Wakashuu (905).

Período: 晩春 banshun; fines de primavera

Categoría: 植物 shokubutsu; vegetación

Haijin: Suzuki Kiyotsuki (¿? – ¿?)

哲学の道の流れに桜かな

tetsugaku no michi no nagare ni sakura kana

cerezos a lo largo del Camino del Filósofo

哲学の道 tetsugaku no michi o el Camino del Filósofo es un sendero peatonal que sigue un canal bordeado de cerezos en Kyoto, entre el Ginkaku-ji y el Nanzen-ji. Inaugurado en 1890 y ampliado en 1912, el sendero sigue el curso de un canal de riego poco profundo que trae agua del lago Biwa. Recibe este nombre porque se cree que dos filósofos japoneses del siglo XX y profesores de la Universidad de Kyoto, Nishida Kitaro y Tanabe Hajime, lo utilizaban para hacer ejercicio a diario. Es un lugar famoso para contemplar cerezos en flor, por lo que en la temporada de hanami es muy concurrido.

Kigo: 柳 yanagi; sauce. Cuando pensamos en sauces, pensamos en sauces llorones. En primavera, sus suaves hojas son tan hermosas como el humo, por lo que se consideran un término estacional para la primavera. Se plantan a lo largo de las calles, en jardines y cerca del agua, y desde hace mucho tiempo se les ha considerado árboles con poderes espirituales. Además de los sauces llorones, también existen poemas senryuu en los que las ramas crecen hacia arriba.

Período: 晩春 banshun; fines de primavera

Categoría: 植物 shokubutsu; vegetación

Haijin: Akutagawa Ryuunosuke (1892-1927)

雪どけの中にしだるる柳かな

yukidoke no naka ni shidaruru yanagi kana

en medio de la nieve derretida cuelga el sauce

Si bien Akutagawa es famoso en Occidente principalmente por sus historias cortas, como la gran mayoría de hombres y mujeres de letras en la extensa historia literaria japonesa, era también poeta.

Así cierro el artículo de este mes, el último de la primavera en el mundo del haiku y el kigo, y el primero según las estaciones actuales. Espero estos poemas les acompañen a disfrutar esta hermosa época a quienes viven en el hemisferio norte, y que para quienes vivimos en el sur nos recuerden primaveras pasadas y nos hagan soñar con aquellas por venir.