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Septiembre 2020

CONSTRUIR

El nuevo día

en la blanca cortina.

El cielo azul.

DECONSTRUIR

¿Hay dinamismo en este haiku? Aparentemente no. Sin embargo…
el movimiento, al lado de la pureza del nuevo día y de la alegría de la vivencia del instante, sí que está ahí: es un movimiento escondido. Bien, esas son, quizás, las dos o tres sensaciones que, sin proponérmelo, evoco en este haiku. ¿Su inspiración? Fue ayer cuando, temprano por la mañana, observaba cómo la cortina de la puerta que da acceso a la terraza del salón era movida suavemente inflándose, como si algún juguetón duende desde atrás la llenara de aire,  por una refrescante ráfaga de la brisa de la mañana. Ocurre, con frecuencia, a esa hora, pues el salón está en un séptimo piso y el viento se deja sentir.

Arriba, distante, el cielo a pesar de permanecer impasible envuelto en su majestuoso azul del verano, estaría –se me antojó pensar– entretenido con este suave movimiento de la blanca cortina del salón. O, más japonés, debía ser algún kami,  alguna juguetona divinidad dándome los buenos días.

Poco después, la persiana iba a ser bajada y la puerta cerrada para mantener el aire fresco de la mañana dentro de la habitación durante el resto del día estival. La cortina quedaría entonces inmóvil, triste, pensativa. Y la deidad o bien se alejaría de la cortina o bien actuaría en ella de otra forma inapreciable.

En estas diecisiete sílabas he pretendido, nuevamente afirmo, aunque suene paradójico, que sin proponérmelo, crear movimiento. Es más: es el diosecillo del movimiento el que  las ha escrito. No podía dejar de ser, por eso, un haiku dinámico. A pesar de la aparente quietud que parece evocar.

Haiku 18

出る杭をうたうとしたりや柳かな

deru kuhi o utau to shitari ya yanagi kana

Golpeando la pila de madera
que sobresale;
el sauce llorón.

 Un conocido proverbio japonés dice:  出る釘は打たれる [se clava el clavo/ el poste que sobresale; la persona que sobresale es castigada] y su variante:  出る釘は打たれる [los árboles altos atrapan mucho viento; las personas que sobresalen en algo se disgustan].

Buson parece golpear una pila de madera, un poste o un tocón de un árbol. Cuando se desecha una parte del material, el sauce en poco tiempo estirará las raíces y las ramas. Aquí coincide el trabajo manual con la madera (de un sauce) y la visión del mismo árbol, quizá lozano, frondoso y resplandeciente. La madera del ser y la madera del no ser.

Tanto Shiki como Naito Naoyuki- 1847 a 1926- (en la revista Hototogisu, ほととぎす発行所 明治33-34年) consideraron que se trataba, precisamente, de una pila de sauces.

Sobre esta cuestión Buson también escribe:

 

柳 から 日 の くれかかる 野路 かな

 Yanagi kara hi no kurekakaru nomichi kana

  A partir del sauce
comienza a ponerse el sol,
el camino del campo *.

 

 * La sombra del sauce se alarga por todas partes, se ennegrece su tronco y el día acaba. Un atardecer que se vislumbra a partir de aquel árbol.

Versos para esto días

El 18 de marzo de 2020, con el confinamiento, comencé a publicar en Facebook cada día un poema japonés, generalmente haiku, esperando que nos ayudara a pasar aquellos días. Al poco de comenzar la publicación y tratarse de clásicos japoneses, me di cuenta de que sería bueno que fuesen escritos también en kanji y en romaji, así como cuando disponía de la información, el nombre del traductor/a. Con el fin del confinamiento, finalizó la serie. Hay muchos comentarios en Facebook muy interesantes, más que los del compilador, pero impsible recoger todo aquí. Todo se puede consultar en Facebook. A continuación, aquí compilados y con pésima maquetación, aquellos versos y sus comentarios.

 – – VERSOS PARA ESTOS DIAS

ENCUENTRO ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE: TANEDA SANTŌKA

    En la segunda mitad del s. XIX los escritores japoneses sintieron inquietud por experimentar con estilos y motivos tomados de Occidente.

    En el artículo anterior, presentamos la restauración del haiku propuesta por Masaoka Shiki en la que queda patente su gran labor para articular tradición e intercambio cultural.

    Otro de los haijines que se une a esta nueva línea que se esfuerza en promover la renovación del espíritu del haiku y su modernización es Taneda Santōka 種田 山頭火 (1882-1940). Uno de los mayores logros del haijin es desvincularse de la tradición para focalizarse en la época contemporánea en la que vive, respondiendo con una nueva sensibilidad. Se suma, a la corriente del haiku de ritmo libre (“jiyū ritsu”) que forma parte en este momento de las nuevas tendencias en la poesía japonesa contemporánea.

    Santōka, entrelaza su vida atormentada (fluctuante entre el fracaso y la superación espiritual) con la de haijin, siendo uno de los mayores exponentes en la línea vanguardista del haiku libre, la espiritualidad (se ordenó monje budista) y la naturaleza, siempre desde la sinceridad de un corazón que luchó honestamente ante la adversidad.

    Interesado en el arte poético desde muy joven, comenzó a estudiar Literatura en la Universidad de Waseda en 1902; pero como consecuencia de su incipiente alcoholismo y los problemas familiares, sufrió una crisis nerviosa que le hizo abandonar la universidad. Regresó a su pueblo natal y se convirtió en seguidor del haijin Ogiwara Seisensui y comenzó a colaborar en la revista Sōun (1913).

    Los infortunios de su vida lo abocaron a un intento de suicidio en 1924 que afortunadamente fracasó. El prior del templo de Hōonji lo invitó a permanecer en él. Un año después, Taneda fue ordenado monje de la escuela Sōtun ō en las afueras de Kumamoto, encargándose entonces del pequeño templo de Mitori Kannon-dō. Como monje budista, realizó labores de mendicante o takuhatsu que le condujo en 1926 a una vida errante que afianzó su vocación de poeta, así como un camino personal de autosuperación. Cabe aclarar que la itinerancia forma parte del entrenamiento monástico y se llevaba a efecto por circuitos antiguos (por ejemplo, el Shikoku henro) que son reconocidas como rutas de peregrinación y que a su vez forman parte de la tradición literaria por haber sido recorridos por poetas reconocidos de Japón como Bashō y Saigyō Hōshi (1118-1190)

Estoy calado hasta los huesos…
(Y ¿qué es lo que tenemos aquí?)
Ah, la piedra que marca el camino

No tengo hogar,
el otoño se vuelve
inhóspito.

    En estos viajes a los que el poeta se refiere como gykotsu (la práctica de la mendicidad en el budismo), nos muestra su gran compasión por la realidad social de Japón en este momento.

Mi cuenco de mendigar
ha aceptado
las hojas que le han caído.

Mi país natal,
empapado por la lluvia
recorro descalzo   

    Taneda también desafió el espíritu de la época en el que la individualidad se sacrificaba en función de los intereses nacionales y de este modo explica el porqué de su vida peregrina: “Para hacer lo que quiero, y no hacer lo que no quiero”

No tengo dinero, no tengo cosas,
No tengo dientes…
Estoy completamente solo

    Como monje, los haikus de Santōka reflejan su actitud de aceptación y autosuperación desde la franqueza de corazón y la contemplación.

Ha envejecido
hasta el sonido
de las gotas de lluvia.

Nada de nada
solo sake en vaso.
Me embriagaré.

    Desde la espiritualidad profunda, su actitud ante la naturaleza proyecta su intención de disolverse en el propio paisaje, aunándose con él para convertirse en otro elemento más del mismo; lo cual expresa desde la abstracción de un lenguaje que concreta un camino de búsqueda.

Si de ésta me muero…
Los hierbajos,
Llueve…

Cuánto más me adentro…
más me adentro,
verdes montañas.

                                Trads. De Vicente Haya, Hiroko Tsuji y Akiko Yamada.

     Podríamos concluir que la obra de Taneda responde a los ideales de cambio y a una relectura de los ideales del haiku desde un gran impulso renovador del mismo, formando parte de este movimiento de transformación del haiku en el cual se incorpora lo nuevo y externo, sin renunciar a la tradición.

BIBLIOGRAFÍA

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Agosto 2020

CONSTRUIR

Feo y sin brillo.

De calores vencido,

viejo geranio.

DECONSTRUIR

Cuando hablo del amor del culto del pueblo japonés por la flor del cerezo (la famosa sakura),  que apenas dura dos o tres día en la rama, como encarnación de su amor a la belleza efímera, a menudo la opongo del gusto de los españoles por el geranio, tal vez por sus tonos frecuentemente vivos, intensos, por su fuerza, por la duración de su flor. Pero el calor ardiente de final de julio, vuelve mustia y sin brillo hasta al geranio. Como este en tiesto que hay en la terraza de mi casa y tal vez a muchos les parezca FEO.

Pero yo, torpemente, he deseado capturar la esencia de la voz derrotada, intimar con el aspecto marchito de esta humilde flor.

Capturar esencias e intimar con las cosas. He ahí, para mí, las dos esencias del haiku.

Nos lo recuerda Akiko Yosano, la gran poeta del Midaregami (Pelo alborotado), de 1900, el libro de apasionados tanka con que revolucionó el mundo de la poesía tanka japonesa, como poco antes había hecho Masaoka Shiki en el mundo del haikai.

Estas son sus palabras, que aunque ella las aplicaba al waka, se pueden aplicar al haiku (el subrayado es mío).

«La poesía de Japón posee una forma particularmente breve diferente a cualquier otra del mundo. No solo no acepta una sola palabra o sonido en exceso, sino que busca eliminar las explicaciones tanto como le es posible, de tal manera que la combinación de palabras, limpia y sutil, consigue que flote la esencia de una flor o colorea la niebla de una montaña  con el color del sol naciente, dejando que estas imágenes intangibles produzcan un contorno de sentimiento claro y definido.  .   .   .»

Yo he experimentado que, cuando me siento a escribir poesía, mi “amor” se amplía y define. Es más, mi interés por la “belleza” se eleva y enriquece. La maleza y las flores a las que no había prestado atención, las hojas caídas, guijarros y piedras, árboles mustios –en estas cosas descubro líneas y ángulos interesantes, colores, delicadeza y muchos otros tipos de belleza que se me escapan­–. Y, entonces, surge en mí un sentimiento de amor hacia esas cosas; siento una intimación con ellas como si pudieran compartir conmigo las penas y alegrías de la vida. Para el ojo frío de la racionalidad, todo esto puede sonar a algo así como una emoción boba, pero la mayoría del tiempo vivimos inmersos en ese tipo de sentimiento, no en la razón».

 

[de “La mente de un poeta”, en La literatura japonesa en sus textos”, págs. 1158-1159]

 

HAIKU 17

青柳や芹生の里のせりの中

aoyagi ya seryuu no sato no seri no naka

Un sauce frondoso
rodeado de perejil
en el pueblo de Seryo.

 Es un poema que, según la mentalidad japonesa, se percibe de la siguiente forma: el sauce frondoso…. y se continúa en el final: en medio, rodeado, en…después una concatenación de relaciones con la partícula “no”: de perejil del pueblo de Seryo. Un poema colorido: el verde del sauce y el verde del perejil, de un pueblo que recibe el mismo nombre. Seryou es el antiguo nombre de la parte oeste de Ohara, al norte al norte de Kyoto. Este haiku contrasta con un waka del afamado bonzo y poeta Saigyō (1118-1190):

El perejil japonés (Oenanthe javanica) es una de las siete hierbas de la primavera. Crece en un suelo húmedo y se comen la raíz y las hojas (es la única variedad de Oenanthe comestible). En el perejil, hierba salvaje, brota una pequeña flor blanca durante la estación. Quizá Buson nos hable de dos variedades cromáticas, dada su faceta de pintor: el blanco del sauce y el blanco del perejil, por un lado; por otra parte, el verde de la hierba y del árbol.

Actualmente, el 7 de enero se celebra el Festival de las Siete Hierbas (七草の節句 nanakusa no sekku); el plato gastronómico por excelencia es el okayu, un tipo de arroz , que se consume para protegerse de los demonios, favorecer la longevidad y la buena suerte. Las siete hierbas son: perejil japonés (seri), jaramago blanco, borriza, pamplina, lampsana, nabo y rábano.

 Es llamativo el contraste con este otro poema de Buson:

 

柳ちり清水かれ石ところどころ

 yanagi chiri shimizu kareishi tokorodokoro

 El sauce desnudo-
la corriente seca,
las piedras por todas partes. *

 * Destaca la onomatopeya “tokorodokoro” (aquí y allí). Durante sus viajes al norte de Edo (1742-1751), Buson compuso en Ashino (un pueblo cercano a Utsunomiya) este poema. Él vio allí un viejo sauce reconocido por la literatura (un waka de Saigyô y un haiku de Bashô).

 En 1689 Bashô visitó este lugar y escribió:

 

田一枚植ゑて立去る柳かな

ta ichimai uete tachisaru yanagi kana

En todo el campo plantan arroz;
antes de separarme
el sauce.

 Es evidente que el haiku de Buson es pesimista y refleja, en palabras de Ueda (The Path, p. 17) su punto de vista negativo sobre la poesía contemporánea y el marco cultural de su época; se hallaba desolado sin hombres cercanos a la altura de Bashô y Saigyô.

LA MELODÍA DEL GRAN CORAZÓN

El impulso del corazón es imparable. Nunca hubo ni habrá nada que contenga tanta energía, tanta pasión y tanta capacidad transformadora. Aquello que llegue a rozar al corazón, será perseguido por él una y otra vez, puede que durante una vida entera, hasta que deje de latir. Nuestra emoción es nuestro impulso: nuestro movimiento.

¿Qué nos emociona? ¿Un coche, un trabajo, una casa o un viaje? El mundo nunca fue tan pequeño entonces. Quizás alguien nos haya dicho que esas cosas son las más emocionantes que podríamos encontrar.

Todavía queda vida

en el cuerpo

que estoy rascando[1].

Desde luego, nadie nos aseveró que rascarnos debería ser considerado como algo emocionante. Así que le arrancamos a nuestro corazón ese pedacito que quizás una vez tuvo. El cuerpo debía ser lucido, vestido, paseado, engordado y gozado: nos lo mostraron, nos lo dijeron, nos lo repitieron durante tanto tiempo… ¿Cómo pensar que habría algo más?¿O algo menos?

Con eso tengo más que suficiente

barrer las hojas caídas[2].

Hubo un tiempo en el que pisamos las hojas caídas por primera vez, entonces crujieron y, ese sonido, esa conexión entre nosotros y el mundo, nos asombró: sentir algo nuevo en el mundo por primera vez nos colmó. Y nuestro corazón se alegró y sonrío y, con él, todo el cuerpo. Aún lo podemos contemplar en los niños, cuando viven esa misma experiencia, no desde las ideas, sino desde la vida misma: para nosotros, los cultos, los que nos envolvemos en estas letras, ya sólo es un recuerdo perdido. Le quitamos al corazón ese pedacito que quizás una vez tuvo, se lo empañamos con nuestra “idea” y la dejamos anquilosarse en nuestra mente, para que esa emoción nunca pudiera volver a fluir por nosotros, como una charca de agua sucia en la que nadie puede volver a contemplarse ni a sumergirse. Nadie nos mostró cómo pisar las hojas caídas debía de ser vivido como algo emocionante, siempre: sencillamente, nos enseñamos unos a otros a arrancar y a empañar cientos de trozos del corazón, como un único atardecer.

El sol, la luz, el viento, los árboles y los animales cambiaron y cambiarán junto a las hojas secas y, mientras vivamos, nosotros podremos cruzar ese momento del universo, cuando venga, con cientos de crujidos: ¡cruzar el universo crujiendo…!

Así, tal cual,

como hierbas que son,

los brotes se abren[3].

Otras existencias son portadoras del silencio, esa puerta hacia lo absoluto. Están rebosando vida, pero su naturaleza es modesta y sencilla: no hacen gala de nada, no hay vanidad en ellas. Son como son, porque ser ya es todo: ¿qué más esperar? ¿Qué más desear? Pero, si aceptásemos esto, toda nuestra vida y sociedad se derrumbaría ahora mismo: “¿sólo ser?”. Sólo ser, así tal cual: “como hierbas que son”, “como humanos que son”, “como estrellas que son”, “como nubes que son”… ¿Acaso no les basta a las estrellas existir tal cual son para hincharnos el corazón al contemplarlas? Esas luces eternas en el cielo siguen cada noche rozando nuestro corazón.

Pero nadie nos mostró cómo vivir emocionados ante las hierbas, ante el crujido de las hojas ni ante la vida que fluye por el propio cuerpo: arrancamos esos pedacitos del corazón o los empañamos con ideas de cotidianidad y menosprecio. Nos dijeron, nos aconsejaron, nos encandilaron, nos chantajearon con otros objetivos, otras metas y otras patrañas. Como si nunca vivir hubiera sido suficiente. Pero vivir y morir es el único y gran misterio; y es el único, porque la vida y la muerte son lo mismo y no están separadas una de la otra, sino dándose al unísono, como una sola melodía en cada una de las existencias, aquí, ahora mismo:

Dentro de la vida y la muerte

la nieve cae incesantemente[4].

¿Cuántos trozos de nuestro corazón sobreviven empañados? ¿Cuántos han sido arrancados? ¿Qué tipo de vida tendremos en el mundo con un corazón tan pequeño? Minúscula, miedosa, insegura, desconsolada… No vemos que portamos un corazón tan grande como el universo, que puede albergar dentro todo cuanto existe, porque todo le hace o le ha hecho vibrar al rozarlo: un picor, una hoja, una hierba, la nieve…

Es la melodía del gran corazón, donde todo cabe, la que se está produciendo aquí y ahora.

Para el beneficio y la felicidad de todos mis amigos de “El Rincón del Haiku”.

Viento.

 


[1] SANTÔKA, Taneda, en “Final”, en Saborear el agua. Cien haikus de un monje zen, Poesía Hiperión, traducción de Vicente Haya y Hiroko Tsuji, p. 153.

[2] Ibídem, “Rito cotidiano”, p. 135.

[3] Ibídem, “Contemplación”, p.69.

[4] Ibídem, “La puerta”, p.34.

UNA MELODÍA EN DESCOMPOSICIÓN

A veces nos olvidamos de qué somos realmente. Es entonces cuando nos sentimos pletóricos o indignos de nosotros. Nos avocamos así a sobrevivir en los extremos de la existencia, en aquellos lugares o parámetros con los que nos han enseñado a etiquetar todo cuanto existe a nuestro alrededor: blanco, negro, felicidad, tristeza, éxito, fracaso… El consabido paso que se ejecuta a continuación solo posee dos posibles alternativas: aferrar o rechazar, en función del extremo que estemos pululando. Necesitamos sacarle el mayor provecho a nuestra existencia.
Y es que, a veces, nos olvidamos de qué somos realmente. Porque, sacarle el mayor provecho a nuestra existencia significa que aún no lo tiene; que aún no se lo hemos otorgado; y que siempre habrá algo más que tengamos que hacer para poder alcanzar nuestra “mejor meta”… Siempre será el momento de hacer “algo por algo”: “algo para salir de esto” o “algo para seguir como hasta ahora” o “algo para mejorar eso”. Jamás se nos pasará por la mente que merezca la pena contemplar qué ocurre a nuestro alrededor, sin más, siendo un testigo agradecido en medio de un prodigio: cómo nacen las flores del jazmín o cómo las hormigas se alimentan del cuerpo de una abeja muerta… Esas cosas, claramente, nos estorbarían en nuestros esfuerzos por alcanzar nuestros propósitos. Justamente, porque aún no somos lo que tenemos que ser…

Otras veces, no nos olvidamos de qué somos realmente.

No tengo dinero, no tengo cosas, 
No tengo dientes…
Estoy completamente solo1

¿Acaso el dinero que poseemos ahora se quedará con nosotros? ¿Acaso las cosas que protegemos no se desgastarán? ¿Acaso nuestro cuerpo no irá mermando sus facultades? ¿Hasta dónde, hasta cuándo queremos que nuestras “cosas” y nuestros “logros” persistan? ¿Por qué correr tras ellos como locos? ¿Por qué nos hemos de sentir vacíos sin ellos? Tan sólo deberíamos de sentir con el corazón esta melodía que se está descomponiendo.
Deberíamos sentarnos, “completamente solos”, sin miedo de convivir con nosotros mismos y lo que somos, y comenzar a apreciar verdaderamente este conjunto del que formamos parte: sin olvidar un solo instante qué somos realmente. Somos Todo lo que existe, porque Todo lo que existe es Una misma cosa: Existencia, Energía,

Buda, Dios… No importa el nombre que le queramos dar… ¿Acaso hay algo “fuera” de este Universo?¿Algo que no sea ya este Universo?

El Tao que puede ser expresado
no es el verdadero Tao.
El nombre que se le puede dar 
no es su verdadero nombre.
Sin nombre, es el principio del universo; 
y con nombre, es la madre de todas las cosas2.

Entre otras notas, que flotan en esta brisa, nos estamos descomponiendo: ¿qué alcanzar?

¿Esperar qué?
Día a día se amontonan 
las hojas caídas3

Estas pocas palabras han sido escritas pensando en esos momentos en los que olvidamos qué somos, realmente. Quizás, en ese instante, podamos sentir un haiku.

Para el beneficio y la felicidad de todos mis amigos de “El Rincón del Haiku”.

Viento.

 

1 SANTÔKA, Taneda, en “Soledad del hombre”, en El monje desnudo. 100 haikus , Miraguano Ediciones. Libro de los Malos Tiempos, edición y tra-ducción de Vicente Haya, Akiko Yamada y José Manuel Martín Portales, p. 35.
2 Lao Tse, Tao Te King .
3 SANTÔKA, Taneda, en “Las hojas caídas”, en Idem , p. 63.

INTERCAMBIOS Y RELACIONES ENTRE ASIA Y EUROPA E INFLUENCIA EN LA TRANSFORMACIÓN DEL HAIKU.

El pino vive cien años,
el suave viento de la montaña solo un día.
Pero ambos cumplen su destino
(Poema Zen, anónimo).

Este artículo pretende continuar con la presentación de la evolución del haiku, así como su conocimiento y estudio en el momento en que Occidente y Japón establecieron sus primeros contactos en época de la Restauración Meiji (“gobierno de las luces o gobierno ilustrado”).
En la segunda mitad del S. XIX fue cuando los escritores japoneses sintieron inquietud por experimentar con estilos y motivos tomados de Occidente; de este modo, comienzan por familiarizarse con diferentes estéticas como la del realismo ruso, la poesía inglesa del S. XIX y especialmente Shakespeare, Cervantes…; fue en este momento, en el que Yosano Tekkan[1] comienza a defender la occidentalización del haiku y apoya la subjetividad de la voz poética, así como la expresión individualista, alejándose de este modo de voces interpersonales.
Masaoka Shiki por su parte, también apoya los cambios en la escritura del haiku y propugna en él, un realismo de corte occidental; de este modo la obra del haijin pasaba a ser una pintura de las cosas. Por lo tanto, requería de una lectura más mimética en la cual, el texto se encontraba total o parcialmente desprovisto de referentes externos y, era a través de la lengua y lo expresado con ella como se lograba esclarecer semejanzas inmateriales. De ahí, proviene el prolífico uso de las onomatopeyas en los haikus japoneses donde el lenguaje pasa a adquirir matices imitativos por encima de los simbólicos. En ocasiones, este haiku modernizado también podía carecer del kire y el kireji.

Comiendo kaki
replicó la campana
templo Hōryūji

Shiki

Muu, muu, muu…,
Muge la vaca, y sale
de entre la niebla.
Issa

A su vez, Taneda Santōka (1882-1940) y Ozaki Hōsai (1885-1926) muestran una consideración moderna de la naturaleza, en su poesía el individuo establece una contienda por la autosuperación y la sinceridad de espíritu.

Mojada hasta los huesos…
la piedra que señala
el camino.
Santōka

Mientras más me adentro…
más me adentro…
verdes montañas.
Santōka

En la penumbra de un pozo
reconozco mi cara.
Hōsai

Pero, a finales del S.XIX y a principios del S.XX, las corrientes de vanguardia japonesas encabezadas por el poeta Tekkan vuelven la vista nuevamente a la tradición, tanto oriental como occidental; aunque aclarando que no pueden “cavar campos ya cultivados” y, dejan de publicar en la revista literaria Myōjō [2] adaptaciones de géneros literarios occidentales para pasar a actualizar los géneros y las formas clásicos como el haiku.
El arte y en este caso el haiku, ha sido siempre un puente entre culturas, Mientras los japoneses se occidentalizaban y usaban vestimentas ajenas a sus costumbres ancestrales, adoptaban el verso libre y surgían las vanguardias; los occidentales exploraban la renovación de las formas y el pensamiento mirando hacia los enfoques artísticos orientales.
Resumiendo lo planteado, cabe destacar que a principios del S. XX sucederá una reversión de la corriente intercultural y la estética asiático-japonesa ejercerá una mayor influencia en occidente y no viceversa.

[1] Yosano fue discípulo de Ochiai Naobumi, y un destacado miembro fundador de la sociedad Asaka.
En 1900, Yosano fundó la revista literaria Myojo fue discípulo de Ochiai Naobumi.
[2] Myojo ( 明星Myojo ) era una revista mensual literaria publicada en Japón entre febrero de 1900 y noviembre de 1908. El
nombre Myojo significaba“estrella de la mañana”. La revista fue inmediatamente popular entre los poetas jóvenes que
compartieron el entusiasmo de Yosano por revitalizar el waka a través de la poesía de tanka.

 

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