Entrega nº 22. 3 de junio

– Roseki, un amigo de Ôsaka, me regaló un álbum de Bunpô: Panorama de los paisajes elegantes de la capital imperial (Teito gakei ichiran). Estas son imágenes de sitios famosos de Kioto, todas con shasei (esbozadas del natural). Te llegan muy adentro por su elegancia, eso no hay ni que decirlo, pero, además, y sobre todo, te hacen sentir que se trata de sitios famosos que verdaderamente existen. Eso es al menos lo que me viene a la cabeza cuando los comparo con los paisajes reales que he tenido la oportunidad de ver con mis propios ojos. Podemos pensar pues, que es lo mismo para aquellos que no conozco. Cuando Ôkyo pintó Arashiyama, desarrolló también sashei, un boceto puro en vivo y al natural, pero, sin embargo, la mayoría de sus imágenes de montañas y agua, aunque firmadas por Ôkyo, no enfatizan en reproducir verdaderamente la vida.

Por otra parte, nos encontramos de vez en cuando paisajes reales en las pinturas de la Escuela Shijô, como las cerezas de Kiyomizu o el arce Toga-no-o; pero solo suponen una pequeña parte de su producción artística, y en general, los paisajes no están pintados en el acto. Ahora, sucede que en Bunpô siempre es el caso, lo cual es extremadamente raro en Japón. Posteriormente, en las imágenes de la escuela del mundo flotante, surgió Hiroshige, cuyos paisajes son absolutamente notables, como tuve la oportunidad de explicar. Podemos sostener que, Bunpô y él, son unos grandes maestros de la pintura de paisajes. Sin embargo, si consideramos cómo manejan el pincel, es obvio que no podemos poner en el mismo plano a Hiroshige, que tiene aspectos vulgares, frente a Bunpô, que suele ser de un estilo exquisito. Sin embargo, como Bunpô, en estos famosos lugares de Kioto, solo pinta desde puntos de vista estrechos, localizados, nada prueba en cualquier caso, que hubiera prevalecido el arte del paisaje Hiroshige, si Bunpô hubiera pintado escenas un poco más globales. Si Bunpô, por ejemplo, hubiera publicado un panorama de las vistas del lago Biwa, tal vez habría pintado vastas perspectivas, pero como todavía no he tenido la oportunidad de ver una obra de este tipo, no conozco realmente todo su potencial.

 

Notas del traductor y de las fuentes.

 

Mizuochi Roseki (1872-1919). Fue un poeta de waka y de haiku, una autoridad en Buson y amigo y discípulo de Shiki. Lideraba el grupo de haiku de Ôsaka en aquel tiempo.

– El Panorama de los paisajes elegantes de la capital imperial, es una colección de 4 volúmenes publicados en el año 13 de la Era Bunka (1816). La Era Bunka fue una era japonesa posterior a la Era Kyôwa y anterior a la Era Bunsei. Cuando se habla de “Capital imperial”, se hace referencia, en ese tiempo, a Kioto. Puede verse el tomo y una página doble de cada uno de estos volúmenes clicando aquí; y una colección mucho más completa accediendo aquí.

– La gran propuesta de Shiki para el haiku, pero también para todo arte en general, es el shasei.

Según Trumbull Ch., fue un concepto propuesto inicialmente por Nakamura Fusetsu, formado en Europa, para la pintura, y Shiki lo hace extensivo a la escritura. Rescata también a la biógrafa de Shiki, Janine Beichman, cuado comenta cómo se aconsejaba a los poetas un trabajo llamado Zuimon suitô (Preguntas aleatorias y respuestas aleatorias), escrita en 1899 que afirmaba: “Toma tus materiales de todo lo que te rodea; si ves un diente de león, escribe sobre un diente de león, si hay niebla, escribe sobre la niebla. Los materiales para la poesía se hallan, de manera abundante, a tu alrededor”. Más recientemente, el poeta Akiko Sakaguchi afirmó en la revista Blithe Spirit: “En la poesía china había un elemento llamado ganzen (ante los ojos), similar al shasei. Entonces, también podría haber una influencia inconsciente de la poesía china. En Japón había un elemento llamado keiki (estado de ánimo de una escena) anterior al período de Bashô, pero era algo diferente del Shasei propiamente dicho”. Es decir. La idea del shasei de pintar “en vivo”, “de la naturaleza”, “en el acto”; podría venir de un concepto de la pintura china: pinta lo que tienes ante tus ojos.

Shiki, en cualquier caso, se referirá al shasei de forma más concreta en la entrega 45. El término, que se incluyó de pleno en el concepto de haiku moderno (o renovación del haiku), se viene traduciendo como “pintura abreviada (o simplificada) tomada de la vida” cuando se habla de imágenes, y en general como esbozos de vida, bosquejos del natural, dibujos sencillos de la naturaleza… en fin, todo lo que sea una reproducción fiel, realizada en directo, que represente lo vivido, y siempre sin entrar en una descripción meticulosa y extremadamente precisa, sino una reproducción o trasposición de la vida, realizada de manera sobria y sencilla.

Ya en las entregas 10, 11 y 12, podemos ver a Shiki emocionarse con los dibujos de Bunpô, y lo hace por tres motivos: son auténticos, los hace con esbozos de la vida real y en el acto, y no pretende representar el todo, sino solo un aparte. Esto es lo que sienta realmente las importantes aportaciones de Shiki, quien sugería 3 conceptos:

  1. Makoto: Se trata de un concepto anterior a él, y que tomó de Ônitsura. Viene a significar “veracidad poética” o, de forma más genérica, autenticidad. Se pinta y se escribe sobre lo que es.
  2. Shasei: Insistió mucho en él, es su idea principal y el eje de su propuesta, e implica “esbozar desde la naturaleza, desde la vida”. Huir del estudio, para pintar y escribir al natural y del natural, de forma sencilla y a grandes rasgos, en directo y de lo vivido.
  3. Sentaku: Shiki también se refirió al “realismo selectivo”, por el que conviene representar no siempre el todo, sino también las partes. Debemos evitar que el bosque nos impida disfrutar de los árboles.

Arashiyama es un lugar importante del oeste de la capital.

– De Maruyama Ôkyo, a Shiki le gusta su seriedad, y ya se refirió a él y a su obra en la entrega número 6.

– La Escuela Shijô, es una gran escuela de pintura japonesa nacida con Maruyama Ōkyo (fundador de la escuela Maruyama) y su antiguo estudiante Matsumura Goshun (1752-1811), a finales del siglo XVIII (mediados del período Edo).

– Son famosos los hanamis con los cerezos de Kiyomizu (lugar con famoso templo).

– Togano es un conocido sitio de Kioto, donde se encuentra el famoso templo Kôzan-ji y está rodeado de hermosos arces, cuyo color, intenso, confiere una gran peculiaridad al lugar.

El lago Biwa (Biwa-ko) es un lago de Japón, el más extenso (ocupa un área de 670 km²), más grande y más antiguo del país.

Entrega nº 21. 2 de junio

– Hasta ahora había malinterpretado eso a lo que llaman “comprensión” en las escuelas budistas zen. Creí que alcanzar la comprensión significaba que uno podía morir apaciblemente, fueran cuales fueran las circunstancias. Estaba equivocado: alcanzar la comprensión significa en realidad que uno puede vivir apaciblemente, sean cuales sean las circunstancias.

– Y entonces pregunto, así, a bote pronto: “¿El perro conoce la budeidad (Buddhahood)? Respuesta: “El dolor”.

– Entonces, pregunto de nuevo: “¿Qué significa la venida de Bodhidharma por el oeste?

¿respuesta?: “El dolor”… nuevamente, respuesta: “El dolor”.

 

Notas de las fuentes y comentarios propios

 

*A lo largo de toda la serie, frecuentemente los enlaces se hacen directamente a la fuente original, en idioma que no es el castellano, a fin de respetar dicha fuente y su posible lectura para quien, en caso de conocer el idioma, así lo prefiera. Cabe recordar que, en cualquier caso, todas las fuentes referidas en los enlaces permiten ser traducidas directamente on-line y leídas pues en castellano también.

– Con “la comprensión”, Shiki se refiere al satori del zen, que a menudo se traduce como “iluminación” o “despertar“, pero cuyo significado literal es “comprensión” y hace referencia a eso y al “conocimiento”, a la “conciencia” o al “significado verdadero u oculto”.

– La Buddhahood, es entendida como budeidad, y se trata de la condición o rango de un “despertado” de Buda. La pregunta de si un perro conoce la budeidad, hace referencia a un kôan zen clásico llamado kushi busshô en japonés (Un monje le preguntó a Zhao Zhou, “¿Tiene el perro naturaleza Buddha? Zhao Zhou dijo, “Mu”). Shiki había leído la Colección del Acantilado Azul (Biyan Lu), una colección de 100 kōan en 10 fascículos del apogeo del budismo chân (zen en chino) de la dinastía Song.

– Cuando Shiki cita repetidamente el dolor, hace alusión transparente a la primera de las cuatro nobles verdades del budismo: todo es duckha, un término de difícil traducción   que puede incluir: dolor, tristeza, descontento, desilusión, insatisfacción, sufrimiento, incomodidad, sed, intranquilidad, imperfección, malestar, fricción, pesar, frustración, irritación, presión, ir contra corriente, agonía, vacío, tensión, angustia existencial, o “la carga o peso existencial inherente a la condición samsárica (humana)”.

– Cuando Shiki habla de la venida del Bodhidharma por el oeste, hace referencia a otro kôan clásico del zen llamado “La venida del patriarca occidental” (en japonés Soshi seirai), refiriéndose al viaje de Bodhidharma desde la India a China.

– Tal vez en el contexto de esta entrega de Shiki, merezca la pena recordar sus versos:

Akikaze ya / ware ni kami nashi / hotoke nashi

Algunas traducciones al castellano son:

de F Rodríguez-Izquierdo:

Viento de otoño;

no hay para mí dioses,

no hay budas.

 

de José María Bermejo:

viento de otoño:

no hay dioses para mí,

no hay budas

 

de Justino Rodríguez:

Ni budas ni dioses

para mí

vientos de otoño.

 

Solicito opinión para la comprensión profunda del texto, y me comentan que la conformación misma de la lengua japonesa permite lecturas, no excluyentes entre sí, de este haiku: ¿De qué habla Shiki? ¿Del viento en el que no percibe nada de los kamis ni de los budas? ¿Está simplemente haciendo declaración de su ateísmo? ¿Quiere decirnos que no hay para él ese “consuelo” de sentir que hay algo que sostiene la existencia? ¿O se nos muestra como alguien debilitado que no encuentra, en sí mismo, nada de la naturaleza de un kami o de un buda?

Poco más que añadir.

Entrega nº 20. 1 de junio

Cuando nos fijamos en la obra de Hiroshige titulada “Álbum de Ejercicios en Cursiva (Sôhitsu Gafu)”, entendemos que este pintor no posee la capacidad de invención que muestra en sus dibujos, a modo de esbozos, Keisai, que, aun dibujando unos bosquejos, están muy bien ejecutados. No obstante, pude obtener el segundo fascículo de ese libro y mirándolo desde el principio, he hallado en él mucho que apreciar, por lo que daré aquí dos o tres impresiones, sin hacer una crítica en regla.

Año tras año, para el 1 de enero, recibo un presente de Fumoto, que me ofrece una cesta de bambú con siete plantas y, por lo tanto, entiendo que estos deben ser los nuevos gustos de los floristas y jardineros de la era Meiji.

Ahora, descubro en el Álbum de ejercicios en cursiva, editada en el año 3 de la era Kaei -1851-, una obra que representa este tipo de decoraciones. Es una canasta de bambú con tres patas, en la que se han plantado pequeños brotes, en medio de los cuales se adivinan cuatro o cinco etiquetas. Lleva colocada en un lado, una pala. Siempre llevan exactamente siete plantas. Es un regalo muy refinado que parece que se hace en Edo desde hace mucho tiempo.

Puede verse también en la colección, una ilustración del Santuario de Kameido: se observa pórtico y capilla, pero también hay un río y un pequeño bosque. No hay nada a su alrededor, ni una sola casa. Parece que los lugares presentaban entonces un aspecto muy diferente de lo que se han convertido hoy.

En el mismo trabajo, hay cañas pintadas dentro de cuadrados pequeños separados por dos pulgadas. De las que están delante, solo está pintada la parte superior, es decir, la flor. En cuanto a las que están en la parte posterior de la imagen, por el contrario, solo pinta la parte baja, es decir, el tallo y las hojas. Me parece realmente algo muy raro, y quizás es un invento de Hiroshige, a menos que Korin ya lo haya hecho, o que provenga de una pintura occidental.

También en esta colección, hay un dibujo titulado Ôtsuki Plain. En primer plano, las montañas escarpadas bloquean el horizonte, y sobre ellas se destaca un monte Fuji alto en toda su blancura. Las imágenes del Fuji tienden a estar muy vistas, o parecer artificiales; son pocas las que, como esta, traducen toda la enormidad de Fuji sin recurrir a una combinación excepcional.

Se incluye asimismo en la obra, una imagen de pesca con cormorán. Un pescador, subido en su barca, sostiene unas cuerdas de seguridad en su mano izquierda, y una antorcha en su mano derecha. No sé cómo se practica la pesca con cormoranes, pero tengo la impresión de que es imposible en las condiciones que la imagen refleja, sacar los peces más grandes. ¿O realmente sí que es posible que los sacaran de esa manera?

 

Notas de las fuentes y comentarios propios

 

– El Álbum de Ejercicios en Cursiva (Sôhitsu Gafu) fue publicado en cuatro volúmenes entre 1848 y 1851.

Kuwagata Keisai (1764-1824), fue un pintor e ilustrador, famoso por su arte de “dibujo abreviado” (boceto, bosquejo) que tanto proclamó Shiki con sus teorías del sashei. Hace unos años, se ha publicado en Europa unas recopilaciones de su obra: “Bosquejos de Keisai. Aves, animales, personajes”, editado por C. Marquet, París, Institut national d’histoire de l’art/Arles, Picquier, 2011.

– Oka Fumoto (1877-1951), fue un poeta de waka. Janine Beichman, la biógrafa de Shiki, en su obra “Masaoka Shiki: His Life and Works” refiere que Fumoto era gran amigo de Shiki, que lo visitaba con frecuencia, y en cualquier caso no fallaba en las reuniones literarias que se hacían en casa de Shiki sobre tanka. En ellas, se comentaba y se motivaba a los más jóvenes a escribir tankas. Kyoshi llegó a comentar con cierta petulancia en Shiki Koji a Yo (Shiki y yo, 1915) que una pieza criticada negativamente por Shiki en una de estas reuniones, tenía pocas posibilidades de ser publicada en Hototogisu; pero admitió que las reuniones fueron un buen estímulo para escribir y así perpetuar la revista. Los miembros de esas reuniones, además de Kyoshi y Shiki, incluyeron a muchos de los discípulos y admiradores de Shiki en el haiku y la tanka: Kawahigashi Hekigoto, Sakamoto Shihoda –Shota- (1873-1917), Matsuse Seisei (1869-1938), Samukawa Sokotsu (1875-1954), Ito Sachio (1864-1913), Sato Koroku (1874- 1949), el propio Oka Fumoto, y Natsume Soseki (1867 – 1916).

– El Santuario de Kameido, en Tokio, es conocido por sus glicinas y por celebrarse en él el Festival de las Glicinas.

– Cuando habla de Kôrin, se refiere a Ogata Kôrin, pintor y lacador, sobre todo de biombos. Se hablará de él más extensamente en la entrega 27.

Ôtsuki Plain es un lugar de Ôtsuki, en el departamento de Yamanashi.

– La pesca con cormorán es una forma de pescar en agua dulce, usando cormoranes atados, muy usada en Japón desde 1300. Puede verse un vídeo clicando aquí.

LETICIA SICILIA SAAVEDRA

 

 

 

 

 

Unas palabras de la autora

Crecer y vivir en esta isla (Gran Canaria) ha sido y es para mí un regalo para los sentidos: el océano que nos rodea, los amaneceres, las puestas de sol en la playa, las cumbres rodeadas del mar de nubes, el bosque de helechos, la tierra volcánica… una infinidad de instantes y sensaciones irrepetibles que llegan al alma.

Y qué mejor forma de dejar constancia de todo ello que a través del haiku. Su aparente sencillez y su belleza me cautivaron hace casi diez años, buscando la manera de expresar lo mejor posible todo eso que me emocionaba.

Desde entonces sigo esta vereda, mirando con los ojos del corazón y aprendiendo cada día.

***

Pasan las nubes…

la yegua amamantando

a su potrillo.

 *

 Viento del sur,

la hilera de zapatos

junto a la fuente.

 *

 calabacera,

la brisa en los pelillos

de tallo y hojas.

 *

 Calla el pinzón,

el bosque todavía

huele a quemado.

 *

 alba de mayo,

con las alas mojadas

una libélula.

 *

 Atardecer,

el peso de la calima

sobre las hojas.

 *

 Bosque en otoño,

la hilera de chiquillos

cruzando el puente.

 *

 tarde invernal,

el graznar de unos patos

cruzando el cielo.

 *

 Siembra de otoño,

se agitan las mangas

del espantapájaros.

 *

luna de enero,

un gato de puntillas

entre los charcos.

 *

 Atardecer…

se llena de sonidos

la vieja charca.

 *

 El vecino apaga

la fuente del jardín,

la luna llena.

 *

 Tarde de invierno,

el chirriar de un columpio

en la neblina.

 *

 Cielo estrellado,

se curva la hoja

bajo la escarcha.

 *

Agua que fluye,

en el reflejo del árbol

los renacuajos…

febrero

 

Árbol sin hojas- / ya no se oye el canto / de los pájaros

 

Entre la niebla  / las cañas de invierno;  / ruido de agua

 

Viento del norte, / en mitad del camino / un viejo nido

 

WABI-SABI

En el invierno los árboles pierden la hoja, los pájaros casi parecen desaparecer y el frío silencio lo inunda todo. Ante las ramas desnudas del árbol que fue frondoso en primavera nos encontramos ahora con la inquietante imperfección, la desnuda crudeza y el espíritu austero de esta época del año que nos recuerda el silencio y al vacío de nuestra propia alma.

Todo parece volver a su más pura esencia y muestra sin adornos la arquitectura esencial, despojada y desnuda de la belleza de la misma manera que lo hace el haiku.

Guiados por nuestra incansable búsqueda de la belleza esta época de vacíos y silencios nos lleva de forma casi imperceptible al encuentro con la raíz que sostiene el acontecimiento estético del aware y que en su imperfecta manifestación sugiere, sin embargo, una nueva comprensión que nos puede acercar al espíritu esquivo e inasible del propio haiku.

Es el espíritu del Wabi-Sabi que emanando del silencio y la ausencia se manifiesta a través del haiku para contar de manera humilde y concisa lo que acontece dotando a este del espíritu imperecedero del zen.

Este espíritu del Wabi-Sabi cultiva todo lo que es verdadero, esencial y puro reconociendo que todo es impermanente, todo es incompleto y todo se manifiesta a través de una perfecta imperfección.

Wabi nos indica el camino de lo simple, de lo natural de lo que es sin artificio y posee la frescura o quietud de lo sencillo. Es también el espíritu ascético de soledad y silencio del que vive en la naturaleza lejos de la sociedad.

Sabi es aquello que es frío, flaco o marchito, la belleza o serenidad que aparece incolora y sencilla resultado del sol, el viento, la lluvia, el calor y el frío en un lenguaje de decoloración, torsión, despojamiento e imperfecciones.

Ambos conceptos, wabi y sabi, sugieren sentimientos de soledad que nos recuerda el espíritu esencial del haiku que, en su simplicidad, busca expresar la belleza en su mínima expresión, en su más pura y descarnada esencia.

Así entramos en ese mundo de lo natural, lo esencial, lo austero e incluso lo imperfecto para expresar esa parte de nuestra alma que se despoja de lo superfluo para encontrar su esencia.

Así en los haikus de motocicleta de este mes he utilizado de manera premeditada los mínimos recursos técnicos y estilísticos para expresar el sentimiento de soledad y contemplación que ha inundado nuestra alma en su encuentro con el Wabi-Sabi.

La imagen en su mínima expresión acompañando al haiku que también es la mínima expresión para trazar un camino que trasmite el mensaje silencioso de lo que ya no está…

 

 

dos

Arrancamos hojas del calendario como si el tiempo fuese algo que se pueda desvanecer… pero el tiempo es memoria… es la urdimbre de la que todo está hecho.

Bajo el orbayu*… paso a paso, de sur a norte, recorro las calles… las observo, las siento… las vivo hasta no diferenciar su pulso del mío; la ciudad es como una sombra de la que no te puedes separar.

Voy camino del Cerro de Santa Catalina –origen de la ciudad de Gijón-, una roca cortada por la mar. Mi primer recuerdo del paraje es de muy niño… allí arriba parecían soplar todos los vientos mientras la mano de mi abuelo apretaba la mía con fuerza. Nunca sé con certeza lo que me lleva hasta ese lugar… quizás no soy más que un péndulo que siempre termina por detenerse en el mismo punto.

Asciendo la cuesta que por tramos llega a ser muy empinada. La lluvia se intensifica, me gusta sentir como cae sobre mí. Una vez en lo más alto, la frontera en la que ciudad y mar comparten silencios, diviso unas gaviotas que flotan en el aire ajenas a todo. En soledad, contemplo la mar… la eternidad. Busco… tal vez tratando de encontrar el paso del tiempo. Doy la espalda al Cantábrico y escudriño entre miles de tejados que parecen achicarse al pie de lejanas montañas. Lo miro todo hasta llenarme… llenarme de nada.

Y así, igual que llegué, regreso con la lluvia resbalando por mi cara, con el sonido de la hierba al ser pisada… He dejado de buscar… el tiempo reposa, adormecido, entre mi mano y la mano de mi abuelo.

Pronto se hará de noche…

mi corazón atrapado

en el vaivén de las olas

 Asturias, donde la tierra siempre es verde.

 

*En Asturias, lluvia muy menuda.

EL CAMINO DE LA SINCERIDAD

Miscelánea en torno al haiku

俳人の山小

No sé quién es el autor de esta preciosa fotografía. Siempre que la veo me hace sonreír con el corazón y me alegra el alma. Me atrapa su curiosa perspectiva, esa desde la que nos observan los gatos, las ranas y puede que hasta las hormigas. Y cómo no, imposible evitar que me evoque al Onitsura niño, que con tan sólo siete años escribió el que, según Blyth, fue “el primer haiku real”:

Koi koi to iedo hotaru ga tonde yuku

 

“ven, ven”, le dije

pero la luciérnaga

se fue volando

 

Fue Onitsura (1661-1738) el que habló de la necesidad de “sinceridad del arte” del haiku:

makoto no hoga ni haikai nashi.

 Sin autenticidad no hay haiku.

Y curiosamente, coincidía con Bashô (1644-1694) en este punto de vista con respecto al haiku, aunque no se conocían. La aparición en el S. XVII de estos dos haijines , “Bashô en el Este y Onitsura en el Oeste”, supuso un punto de inflexión que marcaría el comienzo del Haiku-dô tal y como lo conocemos hoy en día.

A Onitsura se le atribuyen estas palabras:

“Un buen poeta es alguien que puede hacer un verso interesante. 
Un maestro es alguien cuyo verso no suena interesante, pero tiene un sabor profundo.
Una etapa aún más alta es cuando un poeta ha alcanzado lo máximo del arte y su poema no presenta ni color ni fragancia. Sólo en esa etapa se puede acreditar que ha alcanzado la quintaesencia de haikai. “

 

Sora ni naku ya mizuta no soko no hototogisu

 

canta el cuco

desde el fondo del arrozal

y su canto resuena en el cielo

 

Me pregunto si este valiente y original haijin, que optó por alejarse del juego de palabras y de superficialidad, encontró al final de sus días su camino de sinceridad para poder plasmar lo que él mismo describe como la quintaesencia del haikai: un poema sin color ni fragancia.

 

Al despedirse de la vida, dejó para la posteridad su haiku jisei:

Yume kase karasu nosamasu kiri no tsuki

 

¡devolvedme el sueño!

me han despertado los cuervos

la neblina de la luna

 

Mercedes Pérez para ERDH 2018

 

*Fuentes:

– Palabras de Luz (Tomoshibi no kotoba) 90 Haikus Ueshima Onitsura Edición de Yoshihiko Uchida, Vicente Haya y Akiko Yamada.   Miraguano Ediciones.

wkdhaikutopics.blogspot.com

 

LADRONES

Reginald Horace Blyth

Traducción y selección: Jorge Braulio

 

Mitsukatte uma nusubito wa notte nige

Cuando sorprendieron

al ladrón del caballo,

escapó montado en él.

Hay algo cómico, incluso profundo, en el hecho de que el hombre use el objeto de su crimen para escapar de las consecuencias.

***

ANÓNIMO

Nusubito wo   toraete haha wa   koe wo sage

 

Al sorprender al ladrón

la madre

baja la voz.

La virtud de este verso está en la manera en que el escritor del senryu percibe y expresa lo más significativo, la parte más simbólica de la historia, el descenso de la voz, desde el grito hasta el susurro, la súbita conversión de una mujer en madre.

***

ANÓNIMO

 

Hana-nusuto   chô wa mugon de   okkakeru

Ladrón de flores.

Le persigue en silencio

la mariposa.

***

ANÓNIMO

Kaki-nusuto   me wo mitsuketa to   shiri wo fuki

“¡Al fin descubro

al que roba los nísperos!”

Se limpia el trasero.

 

Posiblemente está en una letrina, con la puerta entreabierta, o quizás tras un seto. En cualquier caso, se encuentra por azar en una posición privilegiada para descubrir al ladrón.

***

YASHARÔ

Dorobô no   kaeri ni marui   tsuki wo home

Al regreso del robo,

ensalza la redondez

de la luna.

 

La sátira aquí es muy delicada. Este hombre ha robado, se ha introducido en algunas casas para apropiarse de cuanto pueda convertirse en dinero. Una vez satisfechas sus necesidades más groseras y materiales, aflora su naturaleza espiritual y contempla la encantadora redondez de la luna con la mente tranquila, apaciguada.

 

Fuentes:

H. Blyth

Oriental Humour. Hokuseido Press. Tokyo, 1959 [I]

Japanese Life and Character in Senryu. Hokuseido Press. Tokyo, 1960 [II]

 

 

TARDE DE FEBRERO

En la tarde anduve con los perros por el área verde en las cercanías del río Isabela.

Me interné por sendas que sólo ahora, en la época de sequía, se hacen transitables. Los matojos conservan sus flores secas y el verdor de la yerba comienza a marchitarse.

Aún así hay espacios de yerba tupida, donde Bu, el galguito joven, parecía flotar en los brincos de su veloz carrera.

Y entre la maleza, qué bueno encontrar una corriente de agua, clara y silenciosa, que deja ver las piedrecitas tranquilas de su fondo.

Ya cayendo el sol retornamos. Acompañados por la brisa.

 

Canto de ciguas.

Los perros, detenidos,

olfatean.

 

El agua clara.

Donde se ve la tierra

y se ve el cielo.