Leticia Sicilia Saavedra

 

 

 

 

 

Unas palabras de la autora

Crecer y vivir en esta isla (Gran Canaria) ha sido y es para mí un regalo para los sentidos: el océano que nos rodea, los amaneceres, las puestas de sol en la playa, las cumbres rodeadas del mar de nubes, el bosque de helechos, la tierra volcánica… una infinidad de instantes y sensaciones irrepetibles que llegan al alma.

Y qué mejor forma de dejar constancia de todo ello que a través del haiku. Su aparente sencillez y su belleza me cautivaron hace casi diez años, buscando la manera de expresar lo mejor posible todo eso que me emocionaba.

Desde entonces sigo esta vereda, mirando con los ojos del corazón y aprendiendo cada día.

***

Pasan las nubes…

la yegua amamantando

a su potrillo.

 *

 Viento del sur,

la hilera de zapatos

junto a la fuente.

 *

 calabacera,

la brisa en los pelillos

de tallo y hojas.

 *

 Calla el pinzón,

el bosque todavía

huele a quemado.

 *

 alba de mayo,

con las alas mojadas

una libélula.

 *

 Atardecer,

el peso de la calima

sobre las hojas.

 *

 Bosque en otoño,

la hilera de chiquillos

cruzando el puente.

 *

 tarde invernal,

el graznar de unos patos

cruzando el cielo.

 *

 Siembra de otoño,

se agitan las mangas

del espantapájaros.

 *

luna de enero,

un gato de puntillas

entre los charcos.

 *

 Atardecer…

se llena de sonidos

la vieja charca.

 *

 El vecino apaga

la fuente del jardín,

la luna llena.

 *

 Tarde de invierno,

el chirriar de un columpio

en la neblina.

 *

 Cielo estrellado,

se curva la hoja

bajo la escarcha.

 *

Agua que fluye,

en el reflejo del árbol

los renacuajos…