Mojadas las hojas
que caen sobre el puente.
Grillos.
Matilde González
-.-
Tufo en el aire.
En la punta del cerro
dos zopilotes.
Álvaro Dávila
-.-
CONSTRUIR
Puerta cerrada.
Salen manitas verdes
Al cielo azul.
DECONSTRUIR
No es fácil imaginar lo que dice este haiku sin la foto. La saqué en un viaje reciente por Galicia: un muro, unas jambas y un dintel hechos con buenas piedras de sillería enmarcaban una puerta negra y cerrada; detrás, un terreno abandonado donde crecían con profusión hierbas y zarzas. Nada extraordinario, ¿verdad?
Lo que me llamó la atención fue el vigor irresistible de las zarzas en buscar espacio fuera del terreno. Sus puntas, como los dedos de las manos de un humano que se estuviera ahogando y que buscara con desesperación aire, asomaban por las rendijas que había entre la puerta y las piedras. Me pareció que el cielo azul, arriba, sonreía al ver este ejercicio de supervivencia.
Esta visión me inspiró varios haikus:
Felices brotan
Las hierbas del olvido.
La puerta negra.
El cielo azul.
Desesperadas buscan
Las zarzas aire.
Puerta negra.
Las zarzas detrás asoman
¿buscando qué?
Cerrada puerta.
Y las hierbas que sueñan
Con cielo azul.
Pero ninguno me gustaba. Me di cuenta de que eran construcciones demasiado tamizadas por un intelecto empeñado en hallar significados: el olvido, la desesperación, la búsqueda, el sueño. Artificios intelectuales. ¡Fuera con ellos!
Son conceptos centrales en cada una de esas cuatro versiones, pero precisamente por ser conceptos se apartan del alma de la visión inocente: unas hierbas buscándose la vida. Pero no unas hierbas cualquiera. Eran únicas y extraordinarias. Este aspecto de lo extraordinario es lo que me llamó la atención. Primero, por el lugar en que estaban: detrás de una puerta cerrada, y debajo, muy debajo, de un cielo azul. Segundo, por el ímpetu con que crecían en busca de espacio. Yo las vi no como hierbas o zarzas, sino como dedos o manos que, simplemente, habían crecido y en su crecimiento buscaban territorio al exterior del terreno exuberante en donde habían nacido y crecido. Querían más. Eso es lo que me estaban diciendo con los extremos de sus tallos. En mi visión, estos extremos o puntas habían dejado de ser extremos o puntas y se habían convertido en manos pidiéndome que me detuviera y les sacara una foto. Necesitaban ser oídas. Y trasmutados en sílabas de un haiku.
No necesitaban que yo interpretara su vitalidad en términos de metáforas sobre sueños, búsquedas u olvidos. Simplemente deseaban tener voz: «aquí estamos nosotras, que parecemos manos, entre una puerta y lejos de un cielo».
Algo hay que decir de las metáforas. No me gustan las metáforas abstractas, sean las llamadas puras o las impuras, en un haiku porque desvirtúan la esencia de este arte que es ser poesía de sensación, del aquí y del ahora. Pero hay metáforas que sí que me gustan: son las vivenciales, las espontáneas, las naturales. Las mismas que que usaría un niño, de vocabulario reducido, para decir que “las puntas de las zarzas eran como manitas o como dedos buscando algo”. Un niño no se referirá a esas puntas como “ápices vegetativos” o “puntos de crecimiento” porque su vocabulario no le llega a tanto por lo general. Pero sí que podría decir, por ejemplo, cuando se desliza por un tobogán del parque: “Mira, papá, soy una catarata cuando bajo!” Esta es la metáfora natural y creativa del haiku. Como las de un niño.
Matsuo Bashō, especialmente en los últimos años de su vida, insistía en que el haiku debe tener karumi, es decir, ligereza, sencillez. Enseñaba cómo conseguir karumi así: “Observa simplemente lo que hacen los niños”. Con esta bella metáfora explicaba el significado de karumi: “El estilo al que me refiero es ligero –karui– de forma y estructura, como la impresión que produce la contemplación de los bajíos arenosos de un río”. Ligereza para el maestro no era frivolidad –aunque algunas personas ajenas al espíritu del haiku lo confunden–, ni ordinariez, sino sencillez en lugar de complejidad, ingenuidad en lugar de sofisticación. La belleza de lo ligero tampoco implica falta de hondura. Al contrario.
He aquí dos haikus que me parecen que tienen el valor de karumi.
Uno es del propio Bashō:
El sexto mes.
Hay nubes en la cima
De Arashiyama.
Otro de Masaoka Shiki:
Bajo la llovizna,
Camina lento un perro,
Meneando el rabo.
Ausencia de metáforas. Pura observación.
“Manitas” o “deditos”, aplicado a las puntas de las zarzas, es una metáfora creativa y espontánea. Aporta karumi al poema. Y le da vida. La metáfora abstracta, por el contrario, ahoga “las cosas”.
En este haiku de julio, “las cosas” son tres: las puntas de la zarza, la puerta y el cielo. Tres cosas que, extraordinariamente, se han conjuntado en la visión del poeta para dejarse oír en diecisiete sílabas.
Porque en el haiku deben hablar las cosas. No las emociones, no el ego, no la estética –lo más difícil–. Y sin las trampas del intelecto. Pura observación.
Haibun 71
El bosque y Don Quijote
Sentada en el jardín de este viejo caserón, el ir y venir de los caballos y el trote del potro me sacan de las páginas del Quijote. En estos días de descanso, este banco de piedra bajo el hórreo invita a la lectura. Hoy aún no he salido de entre estas paredes que tanta historia cuentan. Como la tarde es soleada, aquí en Galicia salgo a dar un paseo hasta la granja más cercana; en el camino, surcado de altos eucaliptos, el silencio y la soledad invaden el espíritu de paz.
En un cruce de caminos hay un cruceiro de piedra con la imagen labrada de una virgen, símbolo de la cultura de estas tierras. Hay muchas casas abandonadas que están cubiertas de madreselva, y la glicinia ha traspasado dentro a través de las tapias llenas de verdín. ¡Cuánto abandono!
Se nubla el cielo
por el verdín de la tapia
huye un gato
El bosque de eucaliptos va estrechando el camino y, al llegar a un recodo, se abre un claro donde se puede ver la granja de Felipa.
Al acercarme me saluda: está sentada a la sombra de un roble, rodeada de dos perros y de las gallinas que picotean acá y allá. Felipa, a sus 90 años, gusta de charlar; no es raro, pasa el día sola. Hoy, hasta más tarde, no llegará su hija, por eso se alegra de tener compañía. Como solamente habla gallego, hay veces que debo adivinar por sus gestos de qué me está hablando y seguir los derroteros de su conversación. Cuenta que poco o nada ha salido de este entorno.
En el camino de vuelta, los altos eucaliptos, con el viento del nordeste, se inclinan: una sensación extraña para el viajero que anda por aquí por primera vez.
Me viene otra vez la pregunta de Felipa: “¿Qué te ha traído por aquí?”. Y vuelvo a las páginas que escribió Cervantes, cuando Don Quijote le dice a Sancho: “El andar tierras y comunicar con gentes diversas hace a los hombres discretos”.
Crepúsculo.
Tras las huellas de zorro
corre el perro
La hiedra, madreselva y la ipomea glicinia
Encarna Ortiz
Recas (Toledo) España
Especial Festival Tanabata
Caligrafiado por Susana Rivera bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Basho.
incluso tras las hojas de mimosa,
el pálido fulgor
de las estrellas
(trad. Félix Arce, momiji)
合歓の木の
葉越もいとえ
星の影
合歓の木能
葉越もいとへ
星の影
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Comentado por Grego Dávila:
Se acerca la noche y “el caminante” que fue el maestro Basho se detiene junto al camino.
El cielo está claro y las estrellas se prestan a la contemplación. La mimosa (también llamado “árbol de seda”) cierra sus hojas al final del día y se convierte en un “árbol durmiente” que esparce sus sombras por el suelo.
Examinemos el haiku paso a paso:
El cielo de la noche estrellada desciende hacia la tierra sombreada a través del árbol, que hace de intermediario entre ambos espacios. El haijin (seguramente tumbado o acostado) contempla el universo entero pero baja siempre a la realidad concreta de la naturaleza.
Basho es un gran caminante y esto le permite, incluso de noche, contemplar muchas escenas interesantes que se reflejan en bastantes haikus suyos:
“vagar toda la noche alrededor del lago”
La noche se ilumina con la luz de la mirada y la expresión en el haiku.
El haiku es esa penumbra (entre la luz y la sombra) que la realidad deja impresa en nuestro corazón.
ああ古き
カスティーリャかな
出し抜けに
ニューワールドを
思ひ出させる
Aa furuki
Kasutîrya kana
Dashinuke ni
Nyû Wârudo wo
omoidasaseru
¡Vieja Castilla!
De pronto, me recuerdas
al Nuevo Mundo…
黄昏の
近所の路地の
向こうには
藍色の空
瞬く灯
Tasogare no
kinjo no roji no
mukô ni wa
ai-iro no sora
matataku tomoshi
Cae sobre el barrio
el manto de la noche…
Añil allá al final
de la calleja
y luces titilantes.
マントラの
如く名を
繰り返し言う
「トレド トレドや
トレド トレドや」
Mantora no
gotoku na o
kurikaeshi-iu
Toredo Toredo ya
Toredo Toredo ya
Tu nombre repito
una y otra vez
como si fuera un mantra:
¡Toledo!, ¡Toledo!,
¡Toledo!, ¡Toledo!…
古小屋に
羊の匂ひは
未だ残りたり
昔から
有らざれども
Furugoya ni
hitsuji no nioi wa
mada nokoritari
Mukashi kara
arazaredomo
El viejo establo
aún guarda el olor
de las ovejas,
aunque hace mucho tiempo
que en él ya no hay ninguna…
聞こえて来る
バグパイプの
音や
ウリャ川の谷で
雲も起き上がる
Kikoete kuru
bagupaipu no
oto ya
Uryagawa no tani de
kumo mo okiagaru
¡Suena una gaita!
En el Valle del Ulla,
se alzan las nubes.
「南無阿弥陀
仏南無阿弥陀…」
角虫を
見れば全ての
良き意図は消ゆ
“Namu Amida
Butsu Namu Amida…”
Tsunomushi o
mireba subete no
yoki ito wa kiyu
“Namu Amida
Butsu, Namu Amida…”
Se esfuman todas
las buenas intenciones
al ver la cucaracha.
過ぎし日の
恋の思ひ出や
夜よ来
わが涙ほど
空の星無し
Sugishi hi no
koi no omoide ya
Yoru yo! Ko!
Wa ga namida hodo
sora no hoshi nashi
¡Ah! ¡El recuerdo
del amor que se fue…!
¡Ven pronto, noche!
Hay en mí más lágrimas
que estrellas hay en el cielo…
蝶蝶の
標本箱を
引き出せば
色とりどりの
粉ばかりかな
Chôchô no
hyôhonbako wo
hikidaseba
iro toridori no
kona bakari kana
Al sacar la vitrina
de mariposas,
en ella, ¡solo un polvo
multicolor!
Este año la temporada de tifones en Japón se ha adelantado considerablemente, al punto de que tuvieron dos arrasando sus costas al mismo tiempo. En el Genji Monogatari hay dos capítulos en los que se mencionan este tipo de fenómenos climatológicos: Suma y Nowaki. La literatura, incluso cuando es ficción, refleja algo de realidad también. Mientras, en Santiago, aunque seguimos con mucho frío, después del solsticio de invierno la luz ha cambiado y se empieza a vislumbrar una lejana primavera. O eso quiero creer.
Este mes revisaremos 忌日 kinichi (aniversarios de muerte) que pertenecen al período conocido como 晩夏 banka o fines del verano. Este corresponde a julio o el sexto mes del calendario lunar, Minadzuki. A pesar de estar finalizando la temporada el calor sigue muy alto, sin embargo, la pronta venida del otoño se puede notar en el viento que sopla temprano en la mañana y al atardecer. Esa es por lo menos la descripción del período antes de la influencia del calentamiento global. En la actualidad las altas temperaturas siguen hasta bien avanzada la estación otoñal.
En julio partieron eminencias de las letras japonesas que legaron al mundo obras que se han vuelto parte de acervo cultural mundial. Los haikus que les conmemoran toman inspiración de la estación, fines del verano, o de las obras de quienes celebran.
鷗外忌 ougai ki
9 de julio.
Mori Ogai (1862-1922) fue un novelista, crítico, traductor y poeta de los periodos Meiji y Taishou. Tras estudiar en Alemania como médico militar, publicó la novela Maihime (La bailarina) e inició así su carrera literaria. Mientras continuaba ejerciendo como médico militar, produjo una serie de obras que perduran en la historia de la literatura japonesa. Como poeta, también fue amigo íntimo de Yosano Tekkan e Ishikawa Takuboku. Entre sus obras más reconocidas se encuentran Takasebune (El barco del río Takase), Abe Ichizoku (La familia Abe) y Sansho Dayu (El intendente Sansho).
El haiku que conmemora su aniversario luctuoso es de Ishisaki Soubin.
舞姫は死語となりしか鷗外忌
maihime wa shigo to narishi ka ougai ki
¿Se volvió bailarina un término obsoleto? Aniversario de Ougai.
…
茅舎忌 bousha ki
17 de julio
Kawabata Bousha (1897-1941) cuyo nombre real era Shin’ichi, fue un poeta de haiku. Nacido en Tokio, hijo de un haijin amateur, pintor y calígrafo y medio hermano del pintor Kawabata Ryuushi, publicó haikus en revistas como Shibugaki y Kirara, y posteriormente se convirtió en discípulo de Takahama Kyoshi. A pesar de estar postrado en cama durante unos 20 años, creó su propio universo de expresión, conocido como «Bousha Jōdo» (La Tierra Pura de Bousha).
El bello haiku que le conmemora fue compuesto por el haijin Takano Sujuu (1893-1976).
茅舎忌の朝開きたる百合一花
bousha ki no asa hirakitaru yuri hito hana
En la mañana del aniversario de Bousha se abrió un lirio.
…
河童忌 kappa ki
24 de julio
Ryunosuke Akutagawa (1892-1927). Novelista. En 1916, siendo aún estudiante de la Universidad Imperial de Tokio, su cuento Hana (La nariz) recibió elogios de Natsume Soseki, marcando así su debut en el mundo literario. Tras graduarse, mientras impartía clases de inglés a tiempo parcial en la Escuela de Ingeniería Naval, publicó obras como Imogayu (Gachas de batatas, 1916), Houkyounin no shi (La muerte de un cristiano, 1918) y su primera colección de cuentos, Rashoumon (1917). En 1919, renunció a la Escuela de Ingeniería Naval y se dedicó a la escritura como empleado del Osaka Mainichi Shimbun. Se suicidó en 1927 a los 36 años. Fue padre del actor y director Akutagawa Hiroshi y del compositor y conductor Akutagawa Yasushi.
Su aniversario luctuoso se conoce como Kappaki, nombre que proviene del título de su cuento Kappa, publicado en la revista Kaizo en 1927.
El haiku que celebra el genio de este novelista fue compuesto por Tanaka Michiko (1945), y hace referencia a la escena inicial del cuento Touyou no aki (Otoño oriental).
河童忌や影の痩せたる竹箒
kappa ki ya kage no yasetaru takebouki
Aniversario del kappa, se adelgazó la sombra de la escoba de bambú.
…
谷崎忌 tanizaki ki
30 de julio
Tanizaki Jun’ichirou (1886-1965) fue un novelista de las eras Meiji, Taishou y Shouwa. Debutó en la literatura a instancias de Nagai Kafuu y dejó un legado de gran valor estético. Entre sus obras más representativas se encuentran Chijin no ai (El amor de un tonto), Tade kuu mushi (El insecto que come ortigas), Shunkinshou, Moumoku Monogatari (El cuento del ciego) y Sasameyuki (Las hermanas Makioka). También realizó una traducción del Genji Monogatari al japonés moderno.
El haiku que le conmemora es de Aoki Ayako.
夕萱に日のあかあかと谷崎忌
yuusuge ni hi no aka aka to tanizaki ki
Brillante el sol en el lirio de día, aniversario de Tanizaki.
…
Espero que los haikus que seleccioné este mes les ayuden a conocer un poco más a los genios literarios que Japón nos ha regalado y a celebrar como se merecen sus memorias, con poesía. ¡Hasta el próximo artículo!