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ZIHUATANEJO

Roxana Dávila Peña
mushi

Antes de que amanezca, la bahía todavía está en silencio. Las pangas aún en la arena ya casi están listas. No se ven sus colores. Alguien revisa un motor; otro acomoda las hieleras.

Las olas están tranquilas, pegan contra la madera. Huele a sal húmeda y a sudor. Nadie dice mucho. Se tensa un hilo. Por fin se alejan las embarcaciones. Cuando regresan, el sol ya pega de frente.  Busco la sombra de una parota. El agua del mar es de otro color.

Qué curtidas las manos del hombre que acomoda las redes.

Las pangas regresan una tras otra. La pintura de algunas ya tiene tiempo. Aquella lancha se llama “Mi linda Aurora”. Recuerdo a mis hijos.

El pescador del pantalón remangado, salta primero y jala una cuerda. Cada ola deja algo: un hilo de algas, una pluma de gaviota, escamas que brillan un segundo y luego se apagan.

Algunos peces golpean la cubierta; brillan.

Los compradores no tardan. Las mujeres llevan bandejas. Los niños siguen con la vista los peces que aún saltan. Ahora el pescado cambia de manos. Algo queda en las uñas.

Ahuyento las moscas.

El pescador del sombrero roído y sus hijos abren las atarrayas como abanico. Chocan los plomos. ¿Qué cenarán hoy?

Domingo de Ramos.
La niña trenza
hojas de palma.

Abril de 2026

火祭りの

爆竹の音と

香しき

花の光は

春目覚めさす

 

Hi-matsuri no

bakuchiku no ne to

kaguwashiki

hana no hikari wa

haru mezamesasu

 

Por San José,

el ruido de la pólvora

y el brillo perfumado

de las flores despiertan

a la primavera.

 

 

 

 

三月の

ウサギのように

この僕は

喜びで気が

狂っているよ

 

Sangatsu no

usagi no yô ni

kono boku wa

yorokobi de ki ga

kurutteiru yo

 

¡Como una liebre

de marzo! ¡Así me siento!

¡Enajenado!

¡Pletórico! ¡Exultante!

¡Rebosante de júbilo!

 

 

 

 

火祭りの

灰は朝風と

共に去りぬ

春の目覚めで

心痛む

 

Hi-matsuri no

hai wa asakaze to

tomo ni sarinu

Haru no mezame de

kokoro itamu

 

¡Ah! ¡Las cenizas

de las Fallas al viento

de la mañana!

¡Cuán triste es el despertar

de la primavera!

 

 

 

 

雨降りの

ヘネラリフェかな

暗闇で

夜は中庭を

あふれさせつつ

 

Amefuri no

Henerarife kana

Kurayami de

yo wa nakaniwa o

afuresasetsutsu

 

Cesó la lluvia.

La noche inunda el patio

en el Generalife…

 

 

 

 

 

 

もじゃもじゃの

黒猫ちゃんは

この寒い

午後に冷たく

春を迎える

 

Moja-moja no

kuroneko-chan wa

kono samui

gogo ni tsumetaku

haru o mukaeru

 

En esta tarde

fría, el micho negro

de pelo enmarañado

recibe con frialdad

a la primavera.

 

 

 

 

オレンジの

木の後ろから

出づる月

見つつフレンチ

トーストを食う

 

Orenji no

ki no ushiro kara

izuru tsuki

Mitsutsu Furenchi

tôsuto wo kuu

 

Tras los naranjos,

sale la luna.

Mientras la miro,

como torrijas.

 

 

 

 

春空を

彩る凧は

上がりけり

直ぐに患者の

気持ちも上がる

 

Haruzora o

irodoru tako wa

agarikeri

Sugu ni kanja no

kimochi mo agaru

 

La milocha

que colorea el cielo

de primavera

se eleva como el ánimo

del enfermo al divisarla.

 

 

 

 

オレンジの

花の夜かな

トリアーナ

橋から聞こゆ

ホルンの音は

 

Orenji no

hana no yoru kana

Toriâna

bashi kara kikoyu

Horun no oto wa

 

¡Noche de azahares!

Desde el puente de Triana,

son de cornetas.

 

Abril de 2026

Este año en Santiago, nos saltamos completamente el otoño y pasamos directamente del verano al invierno, con lluvias, días nublados y bajas temperaturas. A mi mente, sin ni siquiera mencionar mi cuerpo, le está costando aclimatarse. Mi refugio, como siempre, es la literatura. Gracias a ella puedo viajar a lugares más cálidos y disfrutar de la llegada de la primavera, la floración de los cerezos y los cielos azules.

El último período en que se divide la estación primaveral desde el punto de vista del uso del kigo, corresponde a 晩春 banshun o fin de la primavera. Abarca desde el término solar 清明 seimei; puro y claro, alrededor de 05 de abril, hasta el día anterior al término solar 立夏 rikka o inicio del verano, el 06 de mayo aproximadamente. Si bien el término 晩春 banshuu significa fin de la primavera, en la parte norte de Japón la nieve se está derritiendo, sobre todo este año en que la cantidad de nieve caída en Japón fue sin precedentes. En la parte central y sur de archipiélago nipón es el momento de la floración de los cerezos, los cuales este año se han adelantado casi diez días en algunas zonas.

Eso en cuanto al momento de la estación en la que se encuentra el haiku. Respecto a los 忌日 kinichi o aniversarios de muerte, es interesante analizar cómo los haijines los utilizan. Ya que constituyen kigo, esa parte del haiku ya está cubierta, por lo que el resto del poema hace referencia o a la estación en la que se conmemora el aniversario o a eventos de la vida y el trabajo del autor fallecido. De esta forma, es una celebración de la historia literaria que nos han dejado estos hombres y mujeres de letras, y que a través de la brevedad propia de esté género poético japonés, permite mantenerla viva en la memoria colectiva.

En esta ocasión, los haikus que seleccioné corresponden a kinichi de autores, novelistas y poetas, que fallecieron en el período de fin de primavera o 晩春 banshun.

三鬼忌 sanki ki

1 de abril.

Saitou Sanki (1900-1962) fue un poeta de haiku originario de la prefectura de Okayama. Su nombre real era Saitou Keichoku. En 1933, mientras ejercía como dentista, comenzó a escribir haikus por sugerencia de un paciente. Se dice que el seudónimo Sanki (tres demonios) surgió de forma espontánea (algunas fuentes afirman que es un juego de palabras con «thank you»). En 1937, se dedicó a escribir haikus sin kigo, centrándose especialmente en la guerra. En 1938, una dolencia pulmonar previa reapareció y desarrolló caries lumbares, enfermándose gravemente durante un tiempo, pero recuperándose milagrosamente. Esto lo impulsó a abandonar la medicina y, apoyándose en conocidos, consiguió trabajo en una pequeña empresa comercial. En marzo de 1940, fundó Tenko. En agosto de ese mismo año, fue arrestado en relación con el llamado Incidente del Haiku de la Universidad de Kioto. Luego de dos meses de prisión, fue liberado y se le ordenó cesar sus actividades de escritura. Dejó de escribir haikus durante cinco años, hasta después de la guerra. En 1942, renunció a su empresa comercial y se mudó solo a Kobe, dejando a su esposa e hijos en Tokio. Al año siguiente, se mudó a una casa de estilo occidental que más tarde se conocería como «Sankikan».

Recibió póstumamente el premio de la Asociación de Poetas de Haiku.

El haiku que conmemora su aniversario de muerte es de Kusumoto Kenkichi (1921-1988).

三鬼忌のハイボール胃に鳴りて落つ

sanki ki no haibo-ru i ni narite otsu

aniversario de Sanki, el highball resuena en mi estómago y me duermo

 

“ハイボール Highball” es un término general para los cócteles que se preparan mezclando bebidas alcohólicas con refrescos. A menudo se refiere específicamente a «whisky y soda». Sin embargo, existen muchos tipos de highball con diferentes bases y mezcladores, como el llamado «酎ハイ chuhai» que se prepara mezclando shochu (aguardiente japonés) con soda; y el «コークハイ co-kuhai» que es whisky mezclado con Coca-Cola.

虚子忌 kyoshi ki

4 de abril.

 

Takahama Kyoshi (1874-1959). Poeta de haiku y novelista. Durante su adolescencia, conoció a Masaoka Shiki a través de su compañero de clase Kawahigashi Hekigotou, y posteriormente se trasladó a Tokio para apoyar la reforma del haiku de Shiki junto a Hekigoto. En 1898, asumió la dirección de la revista Hototogisu, y ​​fue pionero en la prosa descriptiva, aplicando el realismo de Shiki a su escritura. En 1905, publicó por entregas 吾輩は猫である Soy un gato de Natsume Souseki en Hototogisu, e, influenciado por ello, aspiró a convertirse en novelista, publicando obras como Fuuryuu Senpou (1907). En 1912, regresó al mundo del haiku, defendiendo el haiku descriptivo que se ajustaba a las diecisiete sílabas y a temas estacionales. Desde 1927, defendió la teoría del Kachou Fuuei, que se caracterizaba por un retorno a la tradición japonesa, y mantuvo esta convicción durante toda su vida. Recibió la Orden de la Cultura en 1954.

El haiku que le conmemora fue compuesto por el haijin Ishizuka Tomoji (1906-1986).

 

虚子の忌のさくら漾ふ水の面

kyoshi no ki no sakura tadayou mizu no men

aniversario de Kyoshi, los cerezos flotando en la superficie del agua

 

啄木忌 takuboku ki

13 de abril.

Ishikawa Takuboku (1886-1912) fue un poeta de tanka y verso libre. En 1902, conoció a Yosano Tekkan, esposo de la gran poeta Yosano Akiko, y comenzó a colaborar con la revista Myoujou. En 1905, publicó su primer poemario, Akogare (Nostalgia), que atrajo la atención del público. Casi al mismo tiempo, regresó a su ciudad natal, Morioka, y contrajo matrimonio, pero debido a dificultades económicas, tuvo que trabajar como profesor sustituto en su antigua escuela. En 1908, se trasladó a Tokio y se dedicó a la escritura creativa, escribiendo novelas, pero estas no fueron reconocidas y vivió en la pobreza. Al año siguiente, consiguió un trabajo en el periódico Tokyo Asahi Shimbun. En 1910, publicó Ichiaku no Suna (Un puñado de arena), consolidándose como poeta tanka. Ese mismo año, el llamado Incidente de Alta Traición lo impactó profundamente y se inclinó hacia el socialismo, dejando obras como Kanashiki Omocha (Juguetes tristes) del año 1912.

El haiku dedicado a su aniversario fue compuesto por Mae Jujin.

世渡りの下手な吾なり啄木忌

yowatari no heta na ware nari takuboku ki

no soy bueno para sobrevivir en este mundo, aniversario de Takuboku

荷風忌 kafuu ki

30 de abril.

Nagai Kafuu (1879-1959) fue un novelista y ensayista. En 1898, se convirtió en discípulo de Hirotsu Ryuurou, con la aspiración de ser novelista, al tiempo que se formaba como narrador de rakugo y dramaturgo de kabuki. A partir de 1903, pasó cinco años estudiando en Estados Unidos y Francia, y basándose en estas experiencias, escribió obras como America Monogatari (1908) y France Monogatari (1909), aportando una perspectiva novedosa al mundo literario. En 1910, se convirtió en profesor de la Universidad de Keio y fundó la revista Mita Bungaku. En 1916, se retiró a una vida de reclusión y se dedicó a la estética del período Edo, y en 1917 comenzó a escribir su diario Danchoutei Nichijou. En la era Showa, publicó obras como Tsuyu no Atosaki (1931) y Hikage no Hana (1934), que mostraban su curiosidad por las nuevas costumbres, y Bokutou Kidan (1937), que satirizaba la época.

El haiku que conmemora a este novelista fue compuesto por la haijin Yamada Tomoyo (1920-1993).

 

独り身の自由が淋し荷風の忌

hitorimi no jiyuu ga sabishi kafuu no ki

la libertad de la soltería es solitaria, aniversario de Kafuu

Y así termino el artículo de este mes, espero que les ayude a conocer nuevas figuras de las letras niponas que puedan incorporar a su catálogo de autores por descubrir. El haiku, como siempre, va mucho más allá de sus diecisiete sonidos. Que tengan un maravilloso abril ¡Hasta la próxima!

Marzo de 2026

CONSTRUIR

El día rompe
En copas de los árboles
La algarabía.

¿Rompe el día a la algarabía o es la algarabía la que rompe al día? ¡Qué importa! Sujeto y objeto, fundidos en el abrazo de la ambigüedad del haiku.

DECONSTRUIR

Deconstruir es eso, romper un poco el encanto de la indefinición, de la ambigüedad del haiku. Por eso, esta sección de DECONSTRUIR es perfectamente innecesaria para degustar el placer de la lectura del haiku. Pero… mi compromiso con la vocación analítica, racional –en suma con el parloteo de un ocioso– me obliga a rendir cuentas de las circunstancias de composición de este extraño haiku. Quedará claro, con este deconstructivo comentario, quién es el sujeto y quién es el objeto de estos tres versos.

Me los inspiró el oír el canto estridente, alborotado de los pájaros en las copas de media docena pinos que hay junto a la piscina municipal de Talavera de la Reina adonde cada mañana acudo temprano a nadar. A eso de las siete y media estos días de fines de febrero, cuando apenas empieza a clarear el día. Ya está: ya lo he revelado: el sujeto del haiku es «algarabía»; el objeto de la acción de romper es el «día». Pero me gusta siempre que puedo crear ambigüedad en mis versos, pues la indefinición, a mi juicio, es una cualidad del haiku. Tampoco menciono en esos tres versos el verdadero agente de la algarabía: los pájaros. Es innecesario. Y no mencionar lo innecesario en una poesía de economía léxica como es el haiku, me parece otra buena cosa a la hora de escribir haikus. Se entiende de sobra que quien arma alboroto en lo alto de los árboles no pueden ser más que aves.

   Originalmente había escrito:

  Rompe el día
   En lo alto de los árboles
   La algarabía.  

Pero lo deseché enseguida porque me parecía malsonante la rima producida en el primer y tercer verso.  Por otro lado también, juzgué más precisa y, sobre todo, más evocadora la palabra «copa» que «alto».

    Que con su piar estridente, un ave rompa o quiebre el día, es una imagen venerable en la poesía épica castellana. Concretamente, en el Cantar de Mío Cid. Está en un verso que es ejemplo de los retazos líricos que, de vez en cuando, asoman en este célebre poema épico. Dice así: «Apriessa cantan los gallos; quieren quebrar albores». En su grafía original:

Sin darnos cuentas, el acervo de metáforas –a pesar de la antipatía natural que el haiku japonés siente hacia estas figuras retóricas–, imágenes y asociaciones en el que nos hemos criado y realizado nuestras primeras lecturas está ahí, en nuestra mente, en nuestra memoria inconsciente. Y cuando el estímulo o la inspiración poética empujan, se cuela en nuestros versos. Como se coló la imagen del día roto por el canto de un ave. Hace mil años para el autor anónimo del Cantar fueron los gallos; hace una semana, unos gorriones con su estridente canto, alborotados por la felicidad de un nuevo día, por el barrunto de la próxima primavera.

Por eso, es un haiku de primavera este que hoy presento a la paciencia de los lectores de El Rincón. Un haiku sin sujeto, ni objeto claramente formulados. Sin mención de «pájaro» ni de «ave». Este agente innombrado, el ruido que arma, el naciente día y el lugar desde donde pía… fundidos en una sensación.

Una sensación acústica percibida en un instante único de un amanecer cualquiera.

VALLE DE BRAVO

Roxana Dávila Peña
mushi

Vuelvo al valle una y otra vez. Esta mañana, los gallos cantan. Primero uno. Luego otro que responde desde más lejos.

Los gatitos suben y bajan por entre las hortalizas de la plantación. Son cinco. Su madre parece cansada y apenas comienza el día. Está recogida sobre una manta doblada donde ya pega el sol. 

Se siente un poco de fresco y el agua que corre por el apantle hoy es abundante. La escuché toda la noche.

Al deshojar la menta, un pájaro carpintero picotea el álamo que sembró el abuelo. El viento mueve las hojas altas y deja caer una lluvia ligera de agujas de pino. De pronto, el canto profundo de un jilguero.

Dos mujeres bajo un encino cubren sus risas con las manos. Yo también guardo secretos.

Ya casi están listas las tortillas de maíz azul que se inflan sobre el comal bien caliente. El humo se levanta en espirales finas y se mezcla con el olor a café de olla y a tierra mojada. De vez en cuando, una chispa mínima salta desde la leña y crepita como si celebrara la cosecha de esta semana. Hay toronjil, manzanilla, albahaca y romero.

Una gallina rasguña el pasto bajo las ramas vencidas por el peso de los aguacates maduros que todavía no cortamos.

Quizá por eso uno vuelve: no al valle, sino a la sensación de pertenecer a algo más antiguo que el tiempo.

Hongos de invierno.
Cicatriz en la espalda
bajo la  lluvia.

Marzo de 2026

El otro día vi varios videos que reportaban no sólo el florecimiento de los ciruelos en los parques de Japón, lo que corresponde a la época del año, pero incluso algunos cerezos. Y he podido confirmar otro año más, que el otoño llega a los árboles del parque cercano a mi hogar en enero, a pesar de ser mitad del verano acá en Chile. Aunque son muestras del calentamiento global y cómo este afecta la manifestación de las estaciones, no deja de ser interesante y conmovedor ir notando y apreciando esos pequeños cambios que marcan el paso de nuestras vidas. Al leer poesía, sobre todo haikus, nos sentimos conectados con esos poetas de otros tiempos que también contemplaron el paso de las estaciones y que lo dejaron cristalizado en versos. El tiempo lineal y el tiempo circular de la mano.

Pero vamos a hablar primero del período estacional que cubre este artículo. Este es 仲春chuushun o mediados de primavera. Corresponde aproximadamente al tercer mes del calendario solar que se utiliza en la actualidad, o sea, marzo. Dependiendo de la zona, y del efecto del calentamiento global, se nota menos o más cómo los días se van poniendo tibios, hay más horas de luz solar, la flora comienza a despertar y las aves a practicar su canto. Desde el punto de vista de los 24 Términos Solares, adaptados a Japón desde China y que marcan el paso de las estaciones cada quince días aproximadamente, 仲春 chuushun comprende desde 啓蟄 keichitsu o despertar de los insectos, alrededor del 06 de marzo, hasta el día anterior al quinto término solar, 清明 seimei o puro y claro, alrededor de 05 de abril.

Los aniversarios que les traigo en esta ocasión corresponden a poetas que fallecieron ya sea en marzo o durante el Tercer Mes del calendario lunar.

仲春 Chuushun Mitad de primavera

人丸忌 hitomaru ki

Décimo octavo día del Tercer Mes del calendario lunar.

Kakinomoto no Hitomarou (segunda mitad del siglo VII) poeta del periodo Asuka, referido póstumamente como el Dios de la Poesía, ya era considerado en gran valía durante la época del Manyoushuu. Sirvió al Emperador Mombu y a la Emperatriz Jitou, sin embargo, no quedaron registros de sus fechas de nacimiento y defunción. A pesar de pertenecer a un bajo rango social gracias a sus habilidades poéticas acompañaba habitualmente a los emperadores y príncipes en sus viajes para inmortalizarlos en bellas composiciones.

El haiku que le conmemora fue compuesto por el haijin de mitad del período Edo, Kuroyanagi Shouha (1727-1772):

石見のや月も朧の人丸忌

iwami no ya tsuki mo oboro no hitomaru ki

Iwami, la luna también está neblinosa, aniversario de Hitomarou

小町忌 komachi ki

Décimo octavo día del Tercer Mes del calendario lunar.

Ono no Komachi (primera mitad del periodo Heian) fue la única mujer perteneciente al grupo de los “Rokkasen o Seis Grandes Poetas”, mencionados por Ki no Tsurayuki en el prefacio del Kokin Wakashuu. Sus trabajos se encuentran compilados, entre otros, en la mencionada primera antología imperial y el Ogura Hyakunin Isshu. A pesar de su habilidad literaria, no ha quedado prácticamente ninguna información fehaciente sobre su vida, lo que ha contribuido a la leyenda en torno a su figura.

El haiku que la conmemora fue compuesto por Saitou Shizue.

小町忌の褪せし押花詩集より

komachi ki no aseshi oshibana kashuu yori

de la antología poética de flores prensadas descoloridas del aniversario de Komachi

Dado que el aniversario de Kakinomoto no Hitomarou y Ono no Komachi se conmemoran el mismo día, Takahashi Mutsuo (1937) compuso este haiku en honor a ambos:

 

小町忌は人丸忌なり井水汲む

komachi ki wa hitomaru ki nari imizu kumu

el aniversario de Komachi es el aniversario de Hitomarou, sacando agua del pozo

立子忌 tatsuko ki

3 de marzo.

Hoshino Tatsuko (1903-1984) nació en Koujimachi, Tokyo, y fue hija de Takahama Kyoshi. Asistió a preparatoria en la escuela para Mujeres de la Universidad Cristiana de Tokyo. Se casó con el nieto del poeta, educador, calígrafo y artista marcial Hoshino Tenchi. Su padre fue quien la motivó a componer haiku después que ella se casó.

En 1930 fundó la revista de haiku sólo para mujeres, Tamamo. Dos años después se unió a Hototogisu. En 1937 publicó su primera antología.

Después del fallecimiento de su padre se convirtió en seleccionadora de haikus para el periódico Asahi Shinbun. Además de sus antologías de haiku, también publicó documentales de viaje.

El 3 de marzo se celebra el Hina Matsuri, también conocido como Día de las Niñas, en el cual se decora con muñecas hina, las cuales representan la corte Heian. Probablemente considerando esto, Yamamoto Tatsuo compuso este haiku:

立子忌と思へば雛の顔淋し

tatsuko ki to omoeba hina no kao samishi

al pensar en el aniversario de Tatsuko, los rostros de las muñecas hina están tristes

 

赤黄男忌 kakio ki

7 de marzo.

Tomizawa Kakio (1902-1962) fue un haijin originario de la prefectura de Ehime. Su verdadero nombre era Tomizawa Shouzou. Como parte del movimiento del haiku emergente, buscó un haiku modernista que se considerara una rama de la poesía contemporánea.

El haiku que le celebra es del haijin Origasa Bishuu (1934-1990).

ひと転げ落ちれば穴や赤黄男忌

hito koroge ochireba ana ya kaki oki

una vuelta y caes en el hoyo, aniversario de Kakio

Espero que hayan disfrutado de la selección de haikus de este mes y de conocer un poquito más sobre poetas de la historia de Japón ¡Hasta el próximo artículo!

Marzo de 2026

時の跡に

残れるエデンの

歌を

記憶の知らぬ

果てから歌ふ

 

Toki no ato ni

nokoreru Eden no

uta o

kioku no shiranu

hate kara utau

 

Desde el ignoto

confín de la memoria,

tu voz me canta

paraísos perdidos

en las huellas del tiempo…

 

 

 

 

村里の

灯が付く

日の入りの

仄かなる火へ

我は行きつつ

 

Murazato no

tomoshibi ga tsuku

Hi no iri no

honokanaru hi e

ware wa ikitsutsu

 

Mientras la aldea

va encendiendo sus luces,

yo me dirijo

hacia las tenues llamas

del ocaso del día…

 

 

 

 

死んだ後

どこでも姿

見せられる

君の裸の

体の上にも

 

Shinda ato

doko demo sugata

miserareru

Kimi no hadaka no

tai no ue ni mo

 

Cuando haya muerto,

podré manifestarme

donde yo quiera.

También sobre ti,

sobre tu cuerpo desnudo…

 

 

 

 

寒けども

彼の思ひ出で

温まる

夜明け烏は

我見付けけり

 

Samuke domo

kano omoide de

atatamaru

Yoakegarasu wa

ware mitsukekeri

 

Aun a pesar del frío,

me caliento al abrigo

de aquel recuerdo…

Y así es como los grajos

me sorprenden al alba.

 

 

 

 

蜜蜂は

無駄に木の花

探しつつ···

剪定の日の

こと未だ知らず

 

Mitsubachi wa

muda ni ki no hana

sagashitsutsu…

Sentei no hi no

koto mada shirazu

 

Inútilmente

busca la abeja

las flores de los árboles…

No sabe todavía

que hoy es día de poda.

 

 

 

 

鳩のふんの

下の白黒

テレビは

静かに夢を

片隅で見る

 

Hato no fun no

shita no shirokuro

terebi wa

shizuka ni yume o

katasumi de miru

 

La vieja tele

en blanco y negro sueña

en un rincón

sumida en el silencio,

llena de palomina…

 

 

 

 

ダイエットの

最初の日なり

冷蔵庫の

中は一番

哀れむべきよ

 

Daietto no

saisho no hi nari

Reizôko no

naka wa ichiban

awaremu beki yo

 

Primer día de dieta.

El interior

del frigorífico

es lo más lastimoso

que se haya visto nunca…

 

君の目で

命の神秘

祝いつつ

笑みで眠りの

住処に住まむ

 

Kimi no me de

inochi no shinpi

iwaitsutsu

emi de nemuri no

sumika ni sumamu

¡Quiero en tus ojos

celebrar los misterios

de la existencia

y habitar con tu risa

las moradas del sueño!

UNA MIRÍADA DE HOJAS

UNA MIRÍADA DE HOJAS

Después de un mes sin columna (estuve de mudanza, regresé de México a Chile: del invierno seco al verano seco), regreso para seguir intentando escuchar a las flores.

Este mes me gustaría invitarles a revisar una de las raíces de la poesía japonesa: el Many’ōshū, la “colección de una miríada de hojas”.

Quisiera leer un par de poemas de Kakinomoto no Hitomaro. Hitomaro, que nació en el siglo VII y murió a comienzos del VIII, es uno de los principales poetas del Many’ōshū, así como uno de los “inmortales” de la poesía japonesa, que con el paso de los siglos comenzó a ser considerado el “dios de la poesía”.

Del primero, el 38, voy a tomar sólo algunos versos:

The overlapping mountains,
rising like green walls,
offer the blossoms in spring,
and with autumn, show their tinted leaves,
as godly tributes to the Throne.
The godo f the Yū River, to provide the royal table,
holds the cormorant-fishing
in its upper shallows,
and sinks the fishing-nets
in the lower stream.

 Thus the mountains and the river
serve our Sovereign, one in will;
it is truly the reign of a divinity.[1]

Y el 239:

El serenísimo, nuestro príncipe augusto,
hijo del sol altirresplandeciente,
juntó caballos y fue de cacería
a Val-Kariyi el de jóvenes luellos,
donde los ciervos postrados le adoraban,
las codornices le servían.
Como los ciervos postrados le adoramos;
cual codornices postrados le servimos;
respetuosos le atendíamos todos;
como el que mira los cielos sempiternos
vimos su rostro: espejo perpulido,
vivo frescor como el de los retoños
el del príncipe augusto.[2]

Desde fuera de Japón, solemos ver su literatura y su poesía como profundamente vinculadas con la naturaleza. Sin embargo, como podemos ver en estos poemas, compuestos entre los siglos VII y VIII (que es el periodo de formación del estado japonés), las relaciones con el mundo natural parecen ser mucho más complejas que lo que creemos en el archipiélago.

En 2012, Haruo Shirane publicó un libro que recomiendo muchísimo, Japan and the Culture of the Four Seasons: Nature, Literature, and the Arts. Shirane cuenta cómo el estudio del haiku y de los diccionarios de kigo (las palabras estacionales) lo llevó a una investigación ecopoética del desarrollo histórico de la cultura de las cuatro estaciones y la representación de la naturaleza en la literatura japonesa.

En la introducción y el primer capítulo, Shirane muestra cómo la naturaleza que aparece en la poesía japonesa clásica es la naturaleza que se percibe desde los jardines de las mansiones de la nobleza de Heian (Kioto), así como aquella que eligen contemplar en sus paseos de ocio. “El énfasis estaba no en lo que la naturaleza es sino en lo que debe ser; en el waka, particularmente, debía tener una forma grácil y elegante”[3]. Los cantos de los pájaros, el croar de las ranas, el melancólico bramido de los ciervos, las floraciones de los ciruelos, las wisterias y los cerezos, el verdor inmortal de los pinos, el rojo de las hojas de los arces.

La poesía clásica japonesa creó “una representación altamente estetizada e ideológica de las cuatro estaciones”, y las antologías imperiales (como el Kokin Wakashū, del s. XI) “tenían como propósito manifestar la armonía del estado y el cosmos”[4].

Y es que para el estado japonés se volvió clave presentarse y representarse como aquello que garantiza y sustenta la armonía de la naturaleza. Así, la armonía de la naturaleza refleja carácter armónico del gobierno del estado y la casa imperial.

Lo que se desprende de estas articulaciones ideológicas entre política y estética es que los estados y las élites pueden instrumentalizar la naturaleza para sus propósitos.

En estos dos poemas de Hitomaro, el poeta fundacional nos muestra cómo las montañas, los ríos y los animales honran, tributan y se ponen al servicio de la casa imperial. O, más bien, nos permite asomarnos al momento en que la casa imperial se declara gobernadora de todo lo que hay entre el cielo y la tierra, tanto de los seres humanos como de los ríos y los ciervos.

Y es que si Aristóteles clausuraba el espacio de lo político a los dioses y las bestias, el naciente estado de Yamato extendía su esfera de dominio político a los kami y los diez mil seres que habitaban el archipiélago japonés.

2

¿Por qué hablar del estado japonés y su instrumentalización de la naturaleza en una columna sobre poesía japonesa y animismo? ¿Por qué no simplemente escoger un haiku de Bashō o Buson y señalar cómo presentan a un ser vivo no como objeto sino como sujeto, persona, ser con agencia?

Porque, hasta donde entiendo, el animismo ha sido un campo de disputa. Lo que se denomina Shinto no es tanto un culto ancestral del pueblo japonés a los espíritus de la naturaleza, como muchas veces se dice desde occidente, sino (a grandes rasgos) una mezcla de la mitología de la casa imperial con diversas creencias populares, la cual terminó por articularse políticamente como “religión de estado” en el s. XIX para contrarrestar la posible influencia del cristianismo en Japón[5].

Los estados y las élites hablan fuerte y espectacularmente, y no dudan en utilizar a uno o muchos dioses. El Shinto de estado muestra que también una forma de animismo puede ser utilizada por un estado como marco ideológico para políticas autoritarias y colonialistas.

Mi intención al empezar a hablar de estas cuestiones no es decir simplemente que la literatura clásica japonesa es una literatura imperial o cancelar al Many’ōshū y al Kokin Wakashū, sino algo que más bien se acerca a la experiencia que atravesó Hayao Miyazaki en los setenta. Me refiero a su encuentro con la obra del etnobotánico Nakao Sasuke[6].

La investigación de Sasuke sobre el área cultural del bosque perenne de hojas anchas[7] le mostró a Miyazaki que la cultura japonesa estaba conectada con el resto de Asia, que la historia del archipiélago no era sólo la historia del estado, los emperadores y los nobles, que había tradiciones e historias de profunda vinculación con la naturaleza, los espíritus, las montañas, las plantas y los animales.

Es esa otra historia la que quiero atender.

Porque mientras los poetas del Many’ōshū componían sus poemas y se inmortalizaban en una antología, el estado japonés estaba en plena campaña de exterminio y borramiento de los pueblos emishi, en el norte de Honshu[8].

Y sin embargo, atender a las otras historias tampoco significa, como decía, tener que dejar de leer y apreciar el Many’ōshū o el Kokin Wakashū, sino aproximarnos con un oído crítico.

Por lo mismo, quiero terminar esta columna con un tercer texto.

Es un extracto muy breve del prefacio en kana al Kokin Wakashū, escrito por Ki no Tsurayuki (uno de los principales compiladores y poetas de la antología, también parte de los “inmortales de la poesía”):

“Ya que oímos la voz del ruiseñor [ugüisu] cantando entre las flores, de la rana que vive en el agua, entre todos los seres vivientes, ¿acaso hay alguno que no componga poemas?”.

Leí este pasaje por primera vez cuando tenía 20 años y no entendía nada. Con el tiempo, y a medida que me fui interesando en la ecología y los pensamientos ambientales, he aprendido a escucharlo con asombro.

A pesar de todo lo dicho anteriormente, en este pasaje florece un mundo donde la poesía no es una actividad cultural exclusivamente humana, un mundo más amplio, que para un poeta occidental contemporáneo, implica detenerse y reconsiderar su propio mundo, y preguntarse quiénes componen poemas, quiénes pueden componer poemas.

La poesía japonesa puede ser generosa, abrir nuestros corazones, regalarnos una nueva escucha del mundo, por eso importa buscar también aquellos poemas que son como hojas que el estado no puede recopilar.

[1] The Manyoshu. The Nippon Gakujutsu Shinkōkai Translation of One Thousand Poems, Columbia University Press, 1965, p. 29.

[2] Manioshu. Colección para diez mil generaciones, traducción de Antonio Cabezas García, Hiperión, 1980, p. 46.

[3] Shirane, p. 8.

[4] Ibíd., p. 12.

[5] Para un estudio sobre la relación entre Shinto y estado: Isomae Jun’ichi, Religious Discourse in Modern Japan: Religion, State, and Shintō (2014).

[6] En una entrevista con Hiroaki Ikeda, Totoro was not made as a Nostalgia Piece (1988), en Hayao Miyazaki, Starting Point: 1979-1996 (2009). Podemos decir que gracias a Sasuke tenemos películas como Totoro, La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro.

[7] Que marca a la antropología japonesa de postguerra y la teoría del origen múltiple y la composición heterogénea de los grupos humanos de Japón. Al respecto, en castellano, puede revisarse el libro de Sasaki Kōmei, La estructura múltiple de la cultura japonesa. Repensando la cultura japonesa desde una perspectiva asiática (2009).

[8] Precisamente, una muestra de ese deseo de Miyazaki de contar las otras historias de Japón es que Ashitaka, el protagonista de La princesa Mononoke, sea un emishi. Es el primer y único protagonista emishi de la historia del cine japonés.

Haibun 67

Haibun 67

Milagro inesperado

   Cada año volvemos al Sur de nuestra Patagonia, nunca faltamos a la cita en nuestro lugar secreto: Alum Nehuen, el viejo hotel de piedra y su magia.

   Cruzamos la ruta y vamos deteniéndonos en los miradores de madera rústica que nos muestran una panorámica del paisaje, los cerros, el brazo Tristeza del lago, los pájaros de vuelo rasante y, a veces, el sabor de las fresas salvajes.

   Ya en la bahía, la pared gigante del Cerro López, recta, escarpada es límite, también protección.

  El oleaje del lago en la playa desierta es casi un bordado. Los troncos ya roídos de lo que fueron árboles interrumpe la soledad de la playa y las piedras doradas la transforman en un paisaje lunar.

  Silencio y viento. Soledad que invita a la contemplación de lo sagrado.

   A unos metros, un pequeño zorro nos observa. Es un milagro inesperado. Me siento en la tierra cenicienta, lo miro, le hablo, lo espero.

   Se va acercando, al principio con cautela, luego se pone casi al alcance de mi mano, no lo toco, pero durante un tiempo que no puedo medir, nos miramos a los ojos sin curiosidad, confiados como antiguos amigos.

  Recuerdo al Principito diciendo: Los ritos son necesarios

  Al día siguiente vuelvo al lugar del milagro, el zorrito sale de un zarzal y se me acerca confiado

 Lo bauticé con el nombre del cerro. Sé que nos entendimos.

Viento y silencio…
la mirada de un zorro
fija en mis ojos

María Rosalía Gila
Buenos Aires (Argentina)