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Haibun 69

Haibun 69

Cuando despierta el hayedo

En la suave marcha hacia el bosque hemos dejado atrás praderas llenas de vida, donde se producen pequeños arroyos que planean haciendo curvas -formando un cauce de “aguas torcidas”-, pequeños meandros zigzagueantes entre la hierba.
Junto a ellos brota fuerte la hierba centella, de hojas brillantes y flor luminosa; siempre cerca del agua.
Una rana se esconde bajo la roca…
Hay caballos que pacen tranquilos, con algún correteo de los juguetones potrillos, y entre la hierba lucen pequeñas mayas o margaritas, que invitan a pensar; “marzo mayea”.
Seguimos hasta entrar en el arbolado desnudo.

Aún sin hojas,
traspasan ramas y brotes
rayos de sol.

Arbustos y árboles muestran yemas en los extremos de las ramas; los amentos del sauce llenos de ‘pelillos’ amarillo-verdoso, el espino albar como botones rojos.
Al borde del camino unas violetas.
Más adelante las hayas de color rojizo y, desde la tierra, pequeños hayucos con alas de mariposa.
Entre el hayedo con orientación al sur, amarillea un tramo en el suelo…

Pálido sol,
en laderas, narcisos
y la dens canis.

De cerca se distinguen los narcisos que de tres variedades han nacido por todas partes.

Y una preciosa flor de formas un tanto desafiantes, de color fucsia a la que llaman ‘diente de perro’.

Ya sin árboles, ascendiendo hacia las ruinas del Fuerte…

Buen lugar para avistar el entorno, y en la antigüedad, otear a quien
pudiera acercarse.
Sobre sus viejos muros con fosos defensivos, mira hacia arriba la salamandra, y asoman entre grietas pequeños helechos, redes de araña, musgo, algunos insectos…

Todo de un tamaño diminuto.

Cauce sombrío…
en la humedad del musgo
la prímula.

Contemplo, dentro del ciclo de la naturaleza, el gran milagro del nacimiento.

Carmen García Carnicer
(Pamplona, España)

. . . …………… . . .

 

 

Mayo de 2026

Cuando empecé en el mundo del haiku, a sugerencia de uno de mis compañeros de cuando estudiaba en Japón, durante casi dos años compuse un haiku diario. El ejercicio no solo me permitió profundizar en el lenguaje y la técnica, sino que estar más presente, más consciente de lo que pasaba a mi alrededor. No es necesario componer haikus para lograr un resultado similar, podemos leer uno cada día, buscando aquel que mejor se ajuste al momento, o traducir alguno. Así como la poesía nos permite imaginar y viajar a otros mundos, también nos puede ayudar a anclarnos a esta realidad, a percibirla y disfrutarla. A vivir los cambios estacionales a medida que van sucediendo.

Y hablando de cambios estacionales, según el calendario lunar, que es el que rige la utilización del kigo, la estación estival comienza en 立夏 rikka o inicio del verano (alrededor del 06 de mayo) y a su primera división le llamamos 初夏 shoka o inicio del verano; de acuerdo con el calendario solar sería mayo, y con el lunar, Udzuki. El cielo es claro y despejado y el calor todavía no tan intenso, por lo que la gente aprovecha los largos feriados de la Golden Week (29 de abril al 5 de mayo) para vacacionar en las montañas o el mar.

Mayo se ha llevado a través de la historia grandes plumas niponas, pero en los kinichi se mantienen vivos. Algunos de los haikus conmemorativos de este mes hacen referencia a la estación a la que pertenecen y otros hacen alusiones a la obra de cada autor que recuerda.

 

万太郎忌 mantarou ki (傘雨の忌 san’u ki)

6 de mayo

Kubota Mantarou (1889-1963), fue un novelista, dramaturgo y haijin. Nacido en Tokio. Sus seudónimos literarios son Bou y San’u. Sus obras retratan la vida y las emociones de la gente común en el centro de Tokio. Galardonado con la Orden de la Cultura, entre sus obras destacan las novelas Suegare Uragare, Sabishikereba y Shundei, la obra de teatro Daiji Gakko y la colección de haikus Ryuugushou.

El haiku que conmemora su fallecimiento es de Suzuki Masajo (1906-2003).

 

あぢさゐの色には遠し傘雨の忌

ajisai no iro ni wa tooshi san’u no ki

lejos del color de las hortensias, el aniversario de San’u

 

朔太郎忌 sakutarou ki

11 de mayo

Hagiwara Sakutarou (1886–1942) fue uno de los grandes poetas de la primera mitad del siglo pasado. Nació en la prefectura de Gunma. Sus dos primeros poemarios, 月に吠ほえる (Aullando a la luna) y 青猫 (Gato azul), completando así la poesía simbólica moderna en verso libre coloquial e influyendo notablemente en el panorama poético posterior. Otras de sus obras incluyen los poemarios Colección de poemas breves de corazón puro e Isla de hielo, la teoría poética Los principios de la poesía y las colecciones de aforismos Nuevos deseos y Justicia ilusoria.

El haiku que le conmemora fue compuesto por Ojima Hiro.

 

遠く重く朔太郎忌の犬の声

tooku omoku sakutarou ki no inu no koe

lejana y pesada la voz del perro en el aniversario de Sakutarou

 

たかし忌 takashi ki

11 de mayo

Matsumoto Takashi (1906-1956) fue un haijin que nació en Tokio. Pertenecía a una familia de actores de Noh de la escuela Hosho-ryu. Era el hijo mayor del actor Matsumoto Nagashi. Debido a problemas de salud, abandonó el Noh. Alrededor de los 18 años, comenzó a escribir haikus bajo la tutela de Takahama Kyoshi y colaboró ​​activamente con la revista Hototogisu tras la formación de los Cuatro Grandes (Shuoshi, Seishi, Seiho y Suju). En 1946, fundó y dirigió la revista Fue (Flauta). Fue descrito como un «príncipe con talento artístico innato» y mantuvo un estilo elegante y evocador conocido como «El Paraíso de Takashi». Entre sus colecciones de haikus destacan Matsumoto Takashi Haiku-shuu (1935), Taka (1938) y Sekikon (1953, ganador del Premio Literario Yomiuri). También escribió numerosas recopilaciones de ensayos críticos y personales.

El haiku en su honor fue compuesto por Shimomura Hibun (1902-1987).

 

遅れ咲く牡丹白したかしの忌

okure saku botan shiroshi takashi no ki

blanca peonía de floración tardía, aniversario de Takashi

 

晶子忌 akiko ki

29 de mayo

Yosano Akiko (1878-1942) fue una de las grandes poetas de la primera mitad del siglo pasado. Nació en Sakai. Su nombre real era Shou. Su apellido de soltera era Hou. Fue la esposa del poeta Yosano Tekkan. Se unió a la Shinshisha (Nueva Sociedad de Poesía) y publicó sus poemas en la revista Myojo (Estrella de la Mañana). Compuso a la liberación de la sensualidad audaz, y su estilo desenfrenado y apasionado marcó una época en el Romanticismo japonés. También dejó importantes contribuciones al estudio de la literatura clásica. Entre sus obras destacan Midaregami (Cabellos Revueltos), Kosen» (Pequeño Abanico), Hakuzakura-shuu (Colección de Flores de Cerezo Blancas) y Shin’yaku Genji Monogatari, que fue la primera traducción a japonés moderno del Genji Monogatari.

El haiku que conmemora esta figura consular de las letras niponas es de Fune Madohi.

 

髪屋に髢たつぷり晶子の忌

kami no ya ni kamoji tappuri akiko no ki

la peluquería llena de pelucas, aniversario de Akiko

 

多佳子忌 takako ki

29 de mayo

Hashimoto Takako (1899-1963) fue una haijin nacida en Tokio. Su nombre real era Tama. Comenzó a escribir haikus en 1922 y estudió con Yamaguchi Seishi desde 1935. Fue particularmente activa en la revista de haiku Tenrou, fundada en 1948, y es considerada una poeta de haiku representativa de la posguerra. En sus inicios, antes de 1935, mostró una audacia notable, como en Umitsubame (1941), la que se consolidó como su estilo característico en su tercera colección, Koshi (1951). La audacia de Takako era singular, pues presentaba la existencia misma. Su obra se encuentra recopilada en La colección completa de haikus de Takako Hashimoto (1973).

El siguiente haiku en conmemoración de su aniversario es de Kuroki Shigusa.

 

死ぬことは悲しくないと多佳子の忌

shinu koto wa kanashikunai to takako no ki

morir no es triste, aniversario de Takako

 

Espero hayan disfrutado de la selección de autores y haikus conmemorativos que les traje este mes. ¡Nos leemos en el próximo artículo!

KANEKO MISUZU

KANEKO MISUZU

Abril llega a su final. Aquí en Santiago el otoño ha sido un cambio a veces brusco, a veces vacilante, desde el calor hacia el frío del invierno, muy diferente del otoño en la ciudad de México, donde más bien es una estación posterior a la temporada de lluvias, en la que el cielo se queda azul, inmenso y vibrátil después de tanto lavarse, y las temperaturas se mantienen relativamente cálidas.

Aquí hace cada vez más frío, hay muchos días nublados, las hojas de los árboles han anaranjado, enrojecido y otras ya se caen. Los picaflores chicos han regresado de sus viajes por el sur y los archipiélagos de la Patagonia.

La columna anterior hablaba del Man’yoshu y la instrumentalización de la naturaleza, de la producción de una segunda naturaleza (Shirane) por parte de la clase de los nobles. A pesar de que mi plan original para estas columnas era más o menos diacrónico, voy a preferir desviarme de la senda, como decía Saigyo (que es de quien iba a escribir), para ir en busca de otras flores, más recientes.

Porque quiero desviarme de la poesía imperial japonesa y el canon histórico para ir hacia la poesía niña de Kaneko Misuzu. Porque, como dice:

Más allá de este camino,
hay algo, hay algo, esperando.

*

La vida de Kaneko Misuzu fue en algún momento prometedora. Su familia tenía una pequeña librería en el pueblo pesquero de Senzaki, y le permitió concluir sus estudios escolares. Comenzó a escribir, y luego a frecuentar círculos literarios, y mandar sus poemas a revistas. No alcanzó a publicar un libro. Su matrimonio con uno de los trabajadores de la librería sería el final de su carrera literaria.

El esposo de Misuzu le prohibió escribir y seguir su carrera, le obligó a dedicarse a su hija y las labores domésticas, mientras él la engañaba. Acabó por contagiarle una enfermedad de transmisión sexual. A los cuatro años de matrimonio, Misuzu lograría divorciarse, sin embargo, esto implicó perder la custodia de su hija. Desesperada, se quita la vida como protesta, y le envía una carta a su exesposo para pedirle que deje que su madre se quede con su hija.

Sus poemas, la mayoría inéditos, fueron descubiertos (y redescubiertos) en la década de los 80, gracias a la investigación de Setsuo Yazaki (y a su hermano menor, que había conservado sus cuadernos). Son el testimonio de que su vida no sólo fue una historia de sufrimiento ni se limitó al mandato de su esposo.

En sus poemas, Misuzu nos revela una apuesta radical por una práctica poética centrada en la compasión y en la dignidad de todas las formas de vida.

Mientras su vida se llenaba de prohibiciones y sufrimientos, Misuzu consideraba con una ternura abarcadora el dolor de todos los seres vivos.

En la tierra oscura y solitaria
¿qué mira el pez dorado?
Las flores del estanque, en verano,
y los fantasmas parpadeantes de la luz.

En la tierra quieta y quieta,
¿qué escucha el pez dorado?
El sonido de llovizna en la noche,
que pisa despacio las hojas caídas.

En la tierra fría y fría,
¿en qué piensa el pez dorado?
Viejos, viejos amigos,
entre las mercancías del vendedor de peces.

 

*

En Japón, por diversas razones, el budismo empezó a mezclarse e impregnarse de las diversas creencias animistas. Acaso este contacto con las creencias en los kami influyera en ciertas corrientes del budismo japonés que ampliaron el Dharma a seres que antes no se consideraban sintientes, como los árboles y las plantas, las piedras, las montañas y los ríos. Esta veta, a la que pertenecen tanto Dogen como Issa, es la que parece seguir Misuzu.

Misuzu propone, de una manera incluso más consistente y radical que Issa, una poética de la compasión mediante una escritura niña. Una escritura que no se trata tanto de ser una niña o un niño, sino de abrirse a y seguir una perspectiva niña, un tono de asombro, inocencia y amplitud. Una escritura que insiste en la alianza de la imaginación y la ternura.

La ética de Misuzu no es emanada del deber, no solicita a la razón sino a la imaginación, y lo que busca es hacer visibles las perspectivas, mundos y afectos de los otros seres vivos.

Los poemas de Misuzu nos ponen de súbito, de un verso a otro, en los mundos y en las lágrimas de las ballenas, en los funerales de los peces, en los anhelos de las flores. Los animales y distintos los seres vivos (o la lluvia y la nieve) tienen sentimientos, pensamientos, y mundos tan diversos y complejos como los de los seres humanos. Y al contrario de lo que la mayoría de los humanos adultos creen, no estamos fundamentalmente separados, sino íntima, ética y afectivamente implicados con la nieve, las flores y las sardinas.

*

Nacida en un pueblo pesquero, Misuzu dedica varios poemas a dar testimonio de los sufrimientos de los seres del mar, y gracias a un súbito cambio de perspectiva, nos muestra cómo una gran pesca, que es motivo de alegría para la gente que vive de ella, son experimentadas como tragedias por parte de los peces y las ballenas.

Amanecer,
espléndido amanecer.
Gran captura,
gran captura de sardinas.

Arriba en la playa
hay una fiesta,
pero en el mar
celebrarán funerales
por decenas de miles.

En este poema, Misuzu revela como los peces no sólo sufren, sino que también le dan una forma ritual a su sufrimiento. Al decir que los peces celebran funerales, al igual que los seres humanos, está diciendo que atraviesan procesos de duelo, que realizan rituales, que sus mundos son culturalmente densos y complejos. Que sus relaciones son importantes y significativas para ellos, y las honran de diversas maneras. No son simples seres que viven en la ceguera de los instintos, sino, como decíamos, personas con sentimientos y pensamientos, con agencia.

Para Misuzu, no obstante, la consciencia de la interdependencia entre todos los seres no sólo está marcada por el sufrimiento, sino que también implica que el mundo se compone de una diversidad de perspectivas, de formas de vivir y hacer mundo. Y la relación de todos los seres entre sí es asimismo una red infinita de belleza. Un entretejimiento en el que los diferentes seres se complementan[1]:

Por más que extienda mis brazos,
nunca podré volar por el cielo.
Y el pájaro que vuela no podrá correr
rápido por la tierra, como yo.

Por más que me balancee
no se producirá un bello sonido.
Y la campana que suena,
nunca podrá saber tantas canciones como yo.

 

La campana, el pájaro y yo,
todos diferentes, todos buenos.

*

Como decía al principio, quería desviarme de la poesía aristocrática japonesa, y para ello quería recurrir a Misuzu como una persona que encarna un desvío radical en su compasión, su ternura y su imaginación.

Porque hay poemas suyos que despejan con versos los nubarrones con los que históricamente han cubierto los cielos las clases explotadoras. En “El rey que amaba el oro”, un rey transforma todo el mundo en oro, sin embargo, el poema cierra diciendo:

Pero, pero…
todo ese tiempo
el cielo se mantuvo azul

Misuzu nos muestra que la poesía puede ser un camino diferente al del poder, un camino que tiene múltiples formas y está abierto para todos los seres. Como en este poema, que es mi favorito, porque en él vibra en el lenguaje la invitación hacia una realización colectiva: un bosque, un océano, una gran ciudad —un mundo mejor:

ESTE CAMINO

Más allá de este camino,
hay un gran bosque.
Oye, arce solitario,
vamos por este camino.

Más allá de este camino,
hay un gran océano.
Oye, rana, en tu estanque de lotos,
vamos por este camino.

Más allá de este camino,
hay una gran ciudad.
Oye, espantapájaros triste,
vamos por este camino.

Más allá de este camino,
hay algo, hay algo, esperando.
Todos, vamos, todos juntos.
Vamos por este camino.

[1] Una idea no muy lejana de la noción de incompletitud y complementariedad que el PRATEC distingue en el mundo andino.

Mayo de 2026

Si te seduce la fotografía y te apasiona el haiku, no dejes de experimentar, componer y enviar tus shahais. A pesar de la aparente dificultad combinatoria de ambos géneros, el visual y el verbal, de pronto, de forma insólita e imprevisible, saltará la chispa, a modo de repentino satori, que esclarecerá la verdadera naturaleza del shahai, su radical belleza y simplicidad. Todo un descubrimiento que te hará exclamar, cual renovado Arquímedes: ¡eureka!

Mayo de 2026

Indiferente
al pincel que la roza…
la mariquita

Luezei
Luis Plaquín

Compartimos en esta oportunidad dos haigas.

Las obras que lo conforman son autoría de Claudia Morikone, discípula de la sensei Cristina Ishikawa. Los peces están realizados con la técnica Kōhitsuga.

Los haiku corresponden al monje budista Diagu Ryōkan y al poeta Yamaguchi Sodō.

 

 

Abril de 2026

CONSTRUIR

Soñando ¿qué?
Un árbol de Navidad
En la basura.

DECONSTRUIR

En estos días abrileños de Semana Santa y de Pascua, con la primavera entrando por puertas y ventanas, ¿quién se acuerda de la pasada Navidad? Si acaso, pensamos en el próximo verano. Pero en la Navidad…

Sin embargo, fue solo hace unos pocos días, cuando en uno de los contenedores para basura que hay en la calle, estaba un pequeño árbol de Navidad. Tirado, botado como objeto inservible. Sí, ese pequeño árbol de Navidad que hace solo tres meses, seguramente, era imán de ilusiones, esperanzas y buenos deseos en las personas de una casa cualquiera. ¡Qué cambios trae el destino!

   Hoy, tirado a la basura por inservible, quise pensar que este arbolito seguía con vida. Y como vivir es soñar, ¿por qué no iba a tener sus propios sueños?

  El sueño. No conozco una tradición literaria que no se haya servido del sueño como metáfora de la vida. Sin embargo, en las tradiciones orientales asiáticas acunadas por el taoísmo y fermentadas por el budismo, es un tema central. Tal vez no haya una historia que mejor ilustre la desconfianza oriental por la realidad percibida por los sentidos que la célebre reflexión del filósofo chino Zhuang Zhou cuando una mañana despierta y no sabe si es él quien ha soñado que era una mariposa revoloteando en el campo o si, más bien, es una mariposa que está soñando que ahora es un hombre.

   En el Japón ancestral, la voz del sueño, ajena por naturaleza a la voluntad y responsabilidad del durmiente, era interpretada  como voluntad del cielo y, en consecuencia, ciegamente obedecida. El oficio de oniromantes profesionales (yume toki) gozaba del respeto que, en nuestra sociedad, puede tener el de psicoanalista. La obra para muchos cimera de las letras niponas, El relato de Genji,  está transida de la idea del sueño, tanto que sus personajes parecen estar siempre soñando. «Una noche de sueños interminable es la vida mía», escribe la dama Akashi en uno de sus poemas al príncipe Genji. «El puente flotante de los sueños», una de las metáforas de la vida más entrañables en la tradición cultural de Japón, da nombre a uno de los capítulos de ese libro y durante siglos se creyó que en tal título, de hondas raíces budistas, estaba la clave secreta de la obra.

    Hay otro libro, el Soga monogatari (en español traducido como La historia de los hermanos Soga) donde una mujer, Masako, le compra a su amiga un sueño fausto que esta había tenido. Se lo compra a cambio de un objeto valioso para su amiga.

   ¿Y en la tradición literaria moderna?  El sueño, ese pasadizo íntimo e impúdico del subconsciente por el que se cuelan los susurros, ora de dioses ora de monstruos, ha figurado de forma destacada en la literatura japonesa también contemporánea. Ahí está el famoso Haruki Murakami muchos de cuyos personajes se mueven por las páginas mecidos por los sueños con la misma naturalidad con que los azores se mecen en el aire de un cielo azul: blanda y silenciosamente. Yasunari Kawabata, este sí Premio Nobel, usaba los sueños como un recurso narrativo de primer orden, por ejemplo, en El lago o en País de nieve, por no hablar de La casa de las bellas durmientes.

   ¿Y en poesía? Es célebre, y no solo por su belleza, la poeta Ono no Komachi por poemas como estos dos (el 552 y 553 de la antología Kokinshū, del año 905):

 

Durmiendo vi

A mi amado a mi vera.

De haber sabido

Que no era más que un sueño,

¿Iba yo a despertar?

おもひつつ                                                   omoitsutsu

寝ればや人の              nureba ya hito no

見えつらむ                                                   mietsuramu

夢と知りせば                                               yume to shiriseba

覚めざらましを                                          samezaramashi o

 

Medio dormida,

He visto a quien yo amo.

¿No es un motivo

para confiar desde ahora

en cualquier fugaz sueño?

 

うたたねに                                                         utatane ni

恋しき人を           koishiki hito o

見てしより           miteshi yori

夢てふものは          yume te fu mono wa

頼みそめてき          tanomisometeki

 

Filosóficas o literarias… ¿no son razones suficientes para pensar, si miramos bien (el yoku mireba que recomendaba Bashō), que este arbolito de Navidad aunque haya sido tirado a la basura, sigue soñando? No importa qué. Al haijin le basta saber que tiene vida y que, como todo ser viviente, sueña. Y es digno de figurar en un torpe haiku como este.

ABRIL DE 2026

Llega con la primavera una nueva hornada de shahais (ya sabéis que es la denominación adecuada al origen japonés del fotohaiku). Pocos, a decir verdad, pero ahí están para estimular la participación y en especial la inspiración y la creatividad. Aún queda camino por recorrer, especialmente en lo relativo a la composición de la fotografía (que ha de estar imbuida de haimi, sabor a haiku, y servir de complemento más que de simple descripción). Y en cuanto a la composición también del propio haiku, en particular en la vía del haiku-dō, aunque abierto, por qué no, a la innovación en su justa medida. En este sentido, aprovecho para invitar a los participantes a inscribirse en la sección del Foro de Haikus de la Revista de ERDH, un medio excepcional para aprender, intercambiar, comentar y disfrutar del haiku en español. Ya lo predica una máxima oriental: la práctica hace al maestro. Y en ello estamos: práctica y ensayo en este neogénero, en muchos aspectos terra incognita por descubrir y fundamentar. Continuemos, pues, con este viaje que apasiona y gracias renovadas a los participantes.

 

 

 

 

 

 

 

Abril de 2026

Caligrafiado por Susana Rivera bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Taneda Santouka.

mansamente,

las islas extendiéndose

en el cielo claro de otoño

(trad. Félix Arce, momiji)

 

秋晴れの

島をばらまいて

おだやかに

 

–         En la caligrafía:

秋晴れの

島をばら万いて

おだや可に

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Comentado por Ángel Aguilar:

 

Por fin la serenidad.

Se disuelven en el cuenco vacío de Santoka: un intento de suicidio, el nombre de su madre muerta y los 45.000 kilómetros buscando un sentido a tanto dolor. Ya no pregunta, contempla el mar, la luz que se reparte entre el agua, las islas, el cielo limpio.

Esta paz. En la madurez esta claridad, este refugio efímero y seguro en medio de la inmensidad.

Se acabaron las tormentas y surgen las islas: ya no escarba entre las nubes, se sabe una gota en el mar inmenso, tranquilo. Desde una de las islas mira a las otras, sin preguntarse por qué esta siembra de felicidad.

La luz se refleja en sus gafas, en sus ojos gastados, conmovidos. Ah ¿quién habla de no sentir, cuando el sake antes, y la belleza ahora, han respondido a todo?

Se ha parado el mundo ¿hace falta que siga?

Haibun 68

Haibun 68

Ruta de los Morcillos

Nuestra segunda ruta del curso, nos lleva por el paraje de Los Morcillos, cerca de Munera.
El viaje transcurre entre la niebla de primeros días de otoño, aunque de repente, al pasar la aldea de El Cornudillo, la niebla desaparece, y un cielo azul y limpio de nubes, cambia el color del paisaje.

Campos de trigo
el canto de la calandria,
se detiene.

La tierra de ambiente seudoestepario, con apenas lluvias este verano, es marrón- rojiza y seca, con rastrojos, lindes y bolos de sílice en grandes extensiones de campos de cultivo de secano.

Nuestro profesor, nos explica la transformación de la agricultura de secano a regadío con las fatales consecuencias de pérdida del acuífero y de aguas fósiles, y la modificación del hábitat, con la consiguiente amenaza para las aves esteparias para nidificar en el suelo o en los linderos.
Seguimos con nuestro objetivo de ver alguna avutarda. Pero la reina de la estepa hoy no se deja ver, no encontramos ninguna, tal vez necesitemos más tiempo y otra ocasión, pero el autobús nos espera.


El sol de mediodía de octubre nos recuerda que aunque ya es otoño parece verano, y miramos con nostalgia el campo. El campo de nuestros abuelos, que lo cultivaron, y donde anidan sisones, alondras, calandrias, cogujadas… tan importantes para el control de plagas que repercuten en las cosechas.
Al final, sin esperarlo, unas rapaces aparecen por el horizonte, destacando en el cielo sin nubes de la mañana.

Cambia el viento
el quebrantahuesos
extiende sus alas.

Eulogia Jiménez Juárez
Albacete, La Mancha, España.

ZIHUATANEJO

Roxana Dávila Peña
mushi

Antes de que amanezca, la bahía todavía está en silencio. Las pangas aún en la arena ya casi están listas. No se ven sus colores. Alguien revisa un motor; otro acomoda las hieleras.

Las olas están tranquilas, pegan contra la madera. Huele a sal húmeda y a sudor. Nadie dice mucho. Se tensa un hilo. Por fin se alejan las embarcaciones. Cuando regresan, el sol ya pega de frente.  Busco la sombra de una parota. El agua del mar es de otro color.

Qué curtidas las manos del hombre que acomoda las redes.

Las pangas regresan una tras otra. La pintura de algunas ya tiene tiempo. Aquella lancha se llama “Mi linda Aurora”. Recuerdo a mis hijos.

El pescador del pantalón remangado, salta primero y jala una cuerda. Cada ola deja algo: un hilo de algas, una pluma de gaviota, escamas que brillan un segundo y luego se apagan.

Algunos peces golpean la cubierta; brillan.

Los compradores no tardan. Las mujeres llevan bandejas. Los niños siguen con la vista los peces que aún saltan. Ahora el pescado cambia de manos. Algo queda en las uñas.

Ahuyento las moscas.

El pescador del sombrero roído y sus hijos abren las atarrayas como abanico. Chocan los plomos. ¿Qué cenarán hoy?

Domingo de Ramos.
La niña trenza
hojas de palma.