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Haiku 31

燈をカで人あるさまや梅が宿

Hi o okade hito aru sama ya ume ga yado

No hay luz
pero alguien está dentro-
la casa del ciruelo.

Podemos desglosar este poema según su punto de vista gramatical y contextual:

燈 [hi: luz, lámpara], 置カで[okade: forma negativa de poner, colocar, dejar],  人[hito: hombre, persona], ある[aru: ser, tener], さま [sama: estado, apariencia; también forma de respeto propia del lenguaje honorífico –sonkeigo- que se emplea después del nombre de una persona. Implica respeto y su uso es obligatorio en diversas circunstancias sociales. Enfatizan la distancia social o la diferencia de rango.  Actualmente, se emplean formas como “san”, “shi”, etc. Para los niños, de forma coloquial se utiliza “chan”]. や[ya: partícula], 梅[ume: ciruelo], が[ga: partícula], 宿[yado: casa, posada, alojamiento].

Sin duda, la importancia del tono y aquello que “no hay, no existe todavía” y la técnica de yuxtaposición dominan el poema (luz, oscuridad, la nada y la presencia, la fugacidad del ciruelo y la presencia de la casa).

Septiembre 2021

Este mes les traigo un hermoso haiku de Bashou, que tiene su inspiración en un clásico del período Heian: el Makura no soushi de Sei Shounagon.

Sei Shounagon era hija de Kiyohara no Motosuke, erudito y poeta, y nieta de Kiyohara no Fukayabu, otro gran poeta de la época del Kokin Wakashuu.

Sirvió en Palacio como dama de compañía de la Emperatriz Teishi, y creó el estilo «zuihitsu», crónica autobiográfica ensayística con su Makura no soushi o Libro de la almohada, el cual comienza con su visión de las cuatro estaciones y las características que ella más aprecia en cada una. Hoy nos centraremos con la que precisamente abre el texto que es Primavera y que he traducido así:

春はあけぼの。やうやう白くなりゆく山ぎはすこしあかりて、紫だちたる雲のほそくたなびきたる。

Haru wa akebono. Youyou shiroku nari yuku yamagiwa sukoshi akarite, murasaki dachitaru kumo no hosoku tanabikitaru.

La primavera es el amanecer. El cielo de medianoche, sólo por sobre las montañas del este se va poniendo un poco blanco, y allí las nubes son de un violeta un poco más rojo.

Las palabras claves de este poema, y que son las que Bashou toma para el suyo, son akebono (amanecer) y murasaki (púrpura o violeta).

曙はまだむらさきにほとゝぎす

akebono wa nada murasaki ni hototogisu

en el amanecer aún púrpura el cuco chico

Vemos de nuevo una combinación de significados, o también podríamos llamarle proceso, entre el poema original y aquel que lo inspiró. Sei Shounagon está refiriéndose a la primavera, sin embargo, el poema de Bashou habla del verano dado el uso del kigo “hototogisu” o cuco chico. También puede interpretarse como una transición, en la que todavía queda algo de la primavera en las nubes, pero aun así el canto del cuco chico nos indica la llegada de la estación estival.

Existe, además, otra relación literaria, y es que, supuestamente, Bashou compuso este poema cuando visitaba Ishiyama-dera donde se dice que Murasaki Shikibu compuso parte de su Genji monogatari. Ahora bien, algunos estudiosos dicen que, en realidad, esa relación se creó para fomentar el turismo, sobre todo dado que la cita es del Libro de la almohada.

Septiembre 2021

La luna llena
No importa a donde vaya,
el cielo me es ajeno

– Chiyo-ni
(Tradc. Vicente Haya)

 

«11. Afirmar la igualdad y equidad de género como prerrequisitos para el desarrollo sostenible y asegurar el acceso universal a la educación, el cuidado de la salud y la oportunidad económica.

  1. Asegurar los derechos humanos de las mujeres y las niñas y terminar con toda la violencia contra ellas.
  2. Promover la participación activa de las mujeres en todos los aspectos de la vida económica, política, cívica, social y cultural, como socias plenas e iguales en la toma de decisiones, como líderes y como beneficiarias.
  3. Fortalecer las familias y garantizar la seguridad y la crianza amorosa de todos sus miembros.»

(de la Carta de la Tierra)

Septiembre 2021

Haibun 24

En este valle la temporada de lluvias dura poco más de dos meses, suelen ser mansas y espaciadas, pero este año han dado de qué hablar; hace unas semanas eran una bendición pero la inédita frecuencia e intensidad con que se han presentado ha cambiado el parecer de la gente, la ropa no se seca y las cosechas se empiezan a deteriorar.
Por la mañana las nubes altas auguran un buen día, así que sin perder el tiempo en cavilaciones ociosas salgo para rodearme del verdor renovado del cerro. El sol es de verano pero la humedad de la tierra atemperan el clima lo que hace agradable el paseo. Ya en la cima, solo tomo el tiempo necesario para recuperar fuerzas, mirar rápidamente el valle y empezar el descenso. No hay nadie pero tampoco estoy solo, las uñas de gato* parecen altavoces a su máxima potencia

Bajando el cerro
entre cantos de chicharra**
Nubes sin sombra

La premura por regresar al pueblo fue acertada, pues ya se asoman nubes grises, los árboles que aún no han sido recogidos me recuerdan el poder de los súbitos vendavales recientes. Entonces corto camino entre las milpas*** junto al río, cuyo estruendo no deja de aumentar.
El viento empieza a soplar, trayendo el olor del agua. Estando a minutos de casa, el impacto de algunas gotas en el suelo me hacen creer que he perdido la carrera, pero no, es solo que

Arrecia el viento
La fronda aún con agua
llovida ayer

                                                                    Jaspe Uriel Martínez Gonzalez  “Ajenjo”
México

*ocotillo https://es.wikipedia.org/wiki/Fouquieria_splendes
**cigarras.
***parcela

Las olas y el mar

¡Hombre libre, siempre adorarás el mar!
El mar es tu espejo; contemplas tu alma
En el desarrollo infinito de su oleaje,
Y tu espíritu no es un abismo menos amargo.
Baudelaire, Las flores del mal

El ancho mar le ofrece al infinito cielo su espejo. Lo mismo hace con el alma. “Limites al alma no podrás hallarle, aún cuando recorras todos los caminos” decía Heráclito. Algo comparten el cielo y el alma que se espejea en el mar.

Como Baudelaire señala, tanto el alma como el mar están en un constante vaivén. Día y noche las olas colisionan con la línea costera y regresan sobre sí para volver a lanzarse. Igualmente la conciencia se lanza al mundo y se devuelve reflexivamente sobre sí. Quien ha contemplado un rato el oleaje ha notado que a pesar de que este movimiento es infinito, cada ola es diferente. Unas apenas alcanzan la costa, otras son altas y rompen sobre sí mismas, otras parecen pequeñas pero logran alcanzar a mojar nuestros pies y hasta nuestras cosas que descansan en la arena. Las líneas en la playa son el libro donde se narran estos acontecimientos oceánicos, donde las más poderosas olas graban su nombre en sombras sobre la roca. Igual cada pensamiento, cada experiencia, cada volición, cada recuerdo son acontecimientos únicos, aunque sean todos expresiones del mismo fondo.

Además, así como en el océano, hay algo en el alma que se resiste a los límites. Es conmovedor dejar nuestra mirada perderse en el horizonte azul del mar y no ver frontera alguna. Lo mismo hacia abajo. El infinito movimiento del mar emerge de un fondo oscuro y profundo, un fondo insondable donde hacen su morada los seres más fantásticos. No hay que ser psicoanalista para reconocer en el alma también un fondo insondable habitado por monstruos más terribles que el leviatán.

Esta profunda conexión entre el mar y el alma está presente en la tradición budista. En su artículo “El despertar del sí mismo en el Buddhismo” Nishitani recuerda un pasaje de la vida de Buda. Cuentan que él le dijo a sus discípulos que así como todos los ríos de la India tienen su propio nombre pero, al desembocar en el océano, todos pasan a llamarse “el gran océano”; así todos los seguidores de la enseñanza budista pueden venir de distintas castas, contextos e identidades, pero el camino de la práctica los lleva a desembocar también al gran océano más allá de todos los nombres. A partir de esta historia algunas sectas adoptaron la práctica de cambiar el nombre de los jóvenes practicantes que ingresaban a los templos por el de “gran océano”.

Todos somos olas del mismo mar, ríos que desembocan en el mismo océano. Cada acto, cada poema, cada recuerdo, cada pensamiento, cada deseo emerge desde el mismo abismo. Esta analogía dice mucho sobre la interesante relación que el budismo sostiene entre mismidad absoluta e identidad singular. Cada acto  singular es un acontecimiento único pero que emerge desde el mismo fondo que, a su vez, no es más que sus manifestaciones singulares. No porque todos los ríos desemboquen al mismo océano dejan de ser ríos pero tampoco dejan de ser el mismo océano. Así cada acto que hacemos, y cada yo que lo acompaña, es en tanto que emerge de un mismo fondo que, a su vez, sólo halla su expresión en cada acontecimiento singular. No en vano decía Heráclito “Habiendo escuchado, no a mí, sino al logos, sabio es convenir que todo es uno”.

Agosto 2021

CONSTRUIR

Un tomate
escondido en la mata.
Acecha el mundo.

DECONSTRUIR

Entretengo las mañanas del verano cultivando un pequeño huerto. Y estos días de finales de julio, aquí en la sierra de Gredos de tierras frescas donde paso el verano,  han empezado a madurar los primeros tomates. Redondos, rojos, limpios, lisos. Regalos para la vista.  Como son los primeros de una cosecha largamente deseada, concedo particular atención a cada uno de ellos. Estoy feliz de que uno de ellos, por ejemplo el que cogí de la mata esta mañana temprano, me haya servido como motivo de inspiración para estos torpes versos que presento a la amable atención de los lectores de El Rincón de Haiku.

  Pues de inspiración quiero escribir hoy algo.

  El principio de inspiración poética es el quinto, recomendable para componer un haiku según el ideario de Matsuo Bashō (un ideario nunca escrito por el maestro pero sí formulado por sus discípulos directos). De los cuatro anteriores principios ya traté en entregas precedentes.  La idea de la inspiración es la responsable directa de la maravillosa brevedad del haiku, con sus diecisiete sílabas, por la sencilla razón de que los instantes de inspiración no se pueden sostener largo tiempo y el tiempo, en poética, se mide en sílabas. El haiku solo requiere presentar imágenes concretas en un mínimo de palabras. No es necesario comentar las relaciones de las imágenes entre sí –por ejemplo, del tomate con la mata o con el mundo–, pues hacer tal cosa sería precipitarse en el abismo tentador de la lógica, y la lógica, que es un proceso intelectual, es la antítesis de la inspiración poética.

     Para Bashō –sigo las explicaciones de Makoto Ueda en el artículo citado hace cuatro o cinco entregas– la inspiración poética se produce en dos fases: una perceptiva y otra expresiva. En primer lugar, se produce la percepción instantánea que el poeta realiza de la esencia de un objeto o de una situación. En segundo lugar, tiene lugar la espontaneidad del poeta para registrar tal percepción en el formato del haiku. En la primera fase, tocamos una de los eslóganes de la escuela de Bashō: «el objeto y el sujeto, una cosa (butsuga ichinyō)» que el maestro explica en el siguiente pasaje del libro de Dohō:

Cuando el maestro dijo «si hablas del pino, aprende del pino; si hablas del bambú, aprende del bambú», quería decir que se debe desechar todo deseo o intención personal. Sin embargo, algunos interpretan la palabra «aprender» a su modo y así nunca «aprenden». «Aprender» significa entrar en el objeto, percibir su vida delicada, sentir sus sensaciones y, a partir de esa triple experiencia, dar forma al poema. Aunque el poeta exprese claramente el objeto, si su emoción no brota directa y naturalmente del objeto, objeto y sujeto estarán divorciados y la emoción carecerá de verdad poética (makoto). El resultado será artificio verbal derivado de simple deseo o alarde personal (Citado por Haruo Shirane en Early Modern Japanese Literature, Nueva York, Columbia U.P., 2002, pág. 159).

En la segunda fase, la fase expresiva, lo importante es reproducir adecuadamente la percepción en forma poética. La cualidad de instantánea es la que mejor la define. «Si vislumbras en un instante el alma del objeto, regístrala antes de que se evapore en tu mente», recomienda Bashō, que no escatima bellas imágenes para expresar esta espontaneidad fulminante: «Como el derrumbe de un gigantesco árbol, como lanzarse contra un formidable enemigo, como cortar una sandía, como morder una pera».

    En el siguiente poema del diario poético Senda hacia tierras hondas, parece verse cómo la chispa de la inspiración salta y taladra las rocas:

Todo está en calma.
Chirríos de cigarras
la roca horadan.

Es la inspiración poética. El tomate, el trivial tomate, cuya vida ha sido percibida por mí como central en el cosmos; sí, en el centro del cosmos, pese a la aparente  insignificancia de este objeto; en el centro desde su humilde posición en el fondo de la verde mata de mi pequeño huerto. Entrar en él, percibir su vida, sentir como él. Y la relación de este tomate con el cosmos, con el mundo, la he significado con la palabra de “acechar”. Pero una relación ambivalente: el tomate acecha al mundo y a la vez es acechado por él. El tercer verso, de hecho, registra la ambigüedad de tal relación. ¿Quién acecha a quién? No lo sé y tampoco importa. He disuelto la intrascendencia de la lógica y de la sintaxis en la personalidad rotunda de un objeto, de un tomate. Un simple tomate. En el centro del cosmos.

Agosto 2021

Este mes no nos enfocaremos en un verso del que Bashou hubiera tomado inspiración o influencia, como hacemos habitualmente, sino en un lugar en particular y en todo el peso de significado que éste conlleva. Me refiero a la playa de Suma, actual Prefectura de Hyogo, que ya desde tiempos antiguos era considerada un “uta makura” 歌枕. Estas consistían en palabras poéticas que hacían referencia, principalmente, a lugares famosos y a todo el significado de contexto literario que se les había atribuido desde tiempos del Manyoushuu, la primera antología imperial, allá por los siglos VII y VIII.

Suma es muy reconocida por los lectores de literatura clásica japonesa, ya que tiene un papel importante en el Genji monogatari de Murasaki Shikibu, considerada la primera novela del mundo. Uno de sus capítulos, el correspondiente al destierro de Genji, transcurre en esta playa. En él vemos su sufrimiento por verse obligado a apartarse de su vida en la capital imperial y de todos sus afectos. Para ejemplificar lo doloroso de esta situación he elegido los poemas de despedida de Genji y Murasaki no ue.

Genji:

生きる世の別れも知らず命かけ愛しあったよいついつまでもと

ikiru yo no wakare mo shirazu inochi kake aishi atta yoitsu itsu mademo to

sin saber que en este mundo existía la separación te prometí mi vida pero ahora veo el fin de ese voto

 

Murasaki no ue:

惜しくないわたしの命と引きかえにいまのお別れのばしたいもの

oshikunai watashi no inochi to hikikae ni ima no owakare no bashi tai mono

preferiría dejar esta vida mía si con eso pudiera detener aunque fuera un momento esta separación

Y Bashou, haciéndose eco del dolor generado por esta separación forzosa, y de cómo Genji la sufre en Suma, compone un haiku que se encuentra recopilado en su obra más famosa, el “kikou” o crónica viajera Oku no hosomichi:

寂しさや須磨にかちたる浜の秋

Sabishisa ya suma ni kachitaru hama no aki

¡Tristeza! Supera hasta Suma, playa de otoño.

Y así vemos como un lugar y su carga emotiva conmueven a través de los siglos los corazones sensibles.