夜明けかな
修道院の
我が部屋の
蝋燭の火の
如く星消ゆ
Yoake kana
Shûdôin no
wa ga heya no
rôsoku no hi no
gotoku hoshi kiyu
Como la llama
del cirio de mi celda,
así también
se apagan las estrellas
en el cielo del alba…
君いなし
葉薊の
下にて呉れし
蛍袋は
今年咲けれど
Kimi inashi
Haazami no
moto ni te kureshi
hotarubukuro wa
kotoshi sakeredo
A pesar de tu ausencia,
este año han florecido
bajo el acanto
las campanillas
que tú me regalaste.
晴れ渡りたる
夏空の
如き心を
曇らす君の
思ひ出や
Harewataritaru
natsuzora no
gotoki kokoro wo
kumorasu kimi no
omoide ya
¡Ah! ¡Tu recuerdo
viene a nublar mi mente,
que estaba libre
de nubes como un cielo
despejado de estío!
霊感を
探して庭に
出でて美を
眺むれば詩を
書けなくなりつ
Reikan wo
sagashite niwa ni
idete bi o
nagamureba shi o
kakenakunaritsu
Buscando inspiración,
salí al jardín,
y, al ver tanta belleza,
fui incapaz de escribir
un solo verso.
東に日
西に月かな
真ん中に
夢を境に
するサイプレス
Higashi ni hi
nishi ni tsuki kana
Mannaka ni
yume o sakai ni
suru saipuresu
¡Al este, el Sol;
al oeste, la Luna!
En el centro, el ciprés
que marca la frontera
de los sueños…
日陰の
黒苺の
古道や
夏空の下にて
村は昼寝す
Hikage no
kuroichigo no
furumichi ya
Natsuzora no shita ni te
mura wa hirunesu
El pueblo sestea
bajo el cielo de verano.
¡Ah! ¡En la umbría,
el viejo caminito
de zarzamoras!
海原よ
体の怪我を
治せども
心の傷は?
なみ、なみ、なみだ
Unabara yo
Karada no kega o
naosedomo
kokoro no kizu wa?
Nami, nami, namida…[1]
Dicen que curas,
mar, las llagas del cuerpo.
¿Y las del alma?
我が庭に
ようこそ、君も!
未知の花!
Wa ga niwa ni
yôkoso, kimi mo!
Michi no hana!
¡Ignota flor!
¡Sé también bienvenida
a mi jardín!
[1] Hay en este último verso del poema un juego con los vocablos nami (“olas”) y namida (“lágrimas”) imposible de verter al castellano, pero para el que, no obstante, aventuramos la siguiente traducción: “Olas, olas… ¡Oh! ¡Las lágrimas!”. La repetición del término nami expresa el vaivén de las olas, y la palabra namida que la sigue expresa la manera en la que estas “desembocan en” (se funden con) las lágrimas.