Archivo de la etiqueta: Artículo

Marzo de 2026

El otro día vi varios videos que reportaban no sólo el florecimiento de los ciruelos en los parques de Japón, lo que corresponde a la época del año, pero incluso algunos cerezos. Y he podido confirmar otro año más, que el otoño llega a los árboles del parque cercano a mi hogar en enero, a pesar de ser mitad del verano acá en Chile. Aunque son muestras del calentamiento global y cómo este afecta la manifestación de las estaciones, no deja de ser interesante y conmovedor ir notando y apreciando esos pequeños cambios que marcan el paso de nuestras vidas. Al leer poesía, sobre todo haikus, nos sentimos conectados con esos poetas de otros tiempos que también contemplaron el paso de las estaciones y que lo dejaron cristalizado en versos. El tiempo lineal y el tiempo circular de la mano.

Pero vamos a hablar primero del período estacional que cubre este artículo. Este es 仲春chuushun o mediados de primavera. Corresponde aproximadamente al tercer mes del calendario solar que se utiliza en la actualidad, o sea, marzo. Dependiendo de la zona, y del efecto del calentamiento global, se nota menos o más cómo los días se van poniendo tibios, hay más horas de luz solar, la flora comienza a despertar y las aves a practicar su canto. Desde el punto de vista de los 24 Términos Solares, adaptados a Japón desde China y que marcan el paso de las estaciones cada quince días aproximadamente, 仲春 chuushun comprende desde 啓蟄 keichitsu o despertar de los insectos, alrededor del 06 de marzo, hasta el día anterior al quinto término solar, 清明 seimei o puro y claro, alrededor de 05 de abril.

Los aniversarios que les traigo en esta ocasión corresponden a poetas que fallecieron ya sea en marzo o durante el Tercer Mes del calendario lunar.

仲春 Chuushun Mitad de primavera

人丸忌 hitomaru ki

Décimo octavo día del Tercer Mes del calendario lunar.

Kakinomoto no Hitomarou (segunda mitad del siglo VII) poeta del periodo Asuka, referido póstumamente como el Dios de la Poesía, ya era considerado en gran valía durante la época del Manyoushuu. Sirvió al Emperador Mombu y a la Emperatriz Jitou, sin embargo, no quedaron registros de sus fechas de nacimiento y defunción. A pesar de pertenecer a un bajo rango social gracias a sus habilidades poéticas acompañaba habitualmente a los emperadores y príncipes en sus viajes para inmortalizarlos en bellas composiciones.

El haiku que le conmemora fue compuesto por el haijin de mitad del período Edo, Kuroyanagi Shouha (1727-1772):

石見のや月も朧の人丸忌

iwami no ya tsuki mo oboro no hitomaru ki

Iwami, la luna también está neblinosa, aniversario de Hitomarou

小町忌 komachi ki

Décimo octavo día del Tercer Mes del calendario lunar.

Ono no Komachi (primera mitad del periodo Heian) fue la única mujer perteneciente al grupo de los “Rokkasen o Seis Grandes Poetas”, mencionados por Ki no Tsurayuki en el prefacio del Kokin Wakashuu. Sus trabajos se encuentran compilados, entre otros, en la mencionada primera antología imperial y el Ogura Hyakunin Isshu. A pesar de su habilidad literaria, no ha quedado prácticamente ninguna información fehaciente sobre su vida, lo que ha contribuido a la leyenda en torno a su figura.

El haiku que la conmemora fue compuesto por Saitou Shizue.

小町忌の褪せし押花詩集より

komachi ki no aseshi oshibana kashuu yori

de la antología poética de flores prensadas descoloridas del aniversario de Komachi

Dado que el aniversario de Kakinomoto no Hitomarou y Ono no Komachi se conmemoran el mismo día, Takahashi Mutsuo (1937) compuso este haiku en honor a ambos:

 

小町忌は人丸忌なり井水汲む

komachi ki wa hitomaru ki nari imizu kumu

el aniversario de Komachi es el aniversario de Hitomarou, sacando agua del pozo

立子忌 tatsuko ki

3 de marzo.

Hoshino Tatsuko (1903-1984) nació en Koujimachi, Tokyo, y fue hija de Takahama Kyoshi. Asistió a preparatoria en la escuela para Mujeres de la Universidad Cristiana de Tokyo. Se casó con el nieto del poeta, educador, calígrafo y artista marcial Hoshino Tenchi. Su padre fue quien la motivó a componer haiku después que ella se casó.

En 1930 fundó la revista de haiku sólo para mujeres, Tamamo. Dos años después se unió a Hototogisu. En 1937 publicó su primera antología.

Después del fallecimiento de su padre se convirtió en seleccionadora de haikus para el periódico Asahi Shinbun. Además de sus antologías de haiku, también publicó documentales de viaje.

El 3 de marzo se celebra el Hina Matsuri, también conocido como Día de las Niñas, en el cual se decora con muñecas hina, las cuales representan la corte Heian. Probablemente considerando esto, Yamamoto Tatsuo compuso este haiku:

立子忌と思へば雛の顔淋し

tatsuko ki to omoeba hina no kao samishi

al pensar en el aniversario de Tatsuko, los rostros de las muñecas hina están tristes

 

赤黄男忌 kakio ki

7 de marzo.

Tomizawa Kakio (1902-1962) fue un haijin originario de la prefectura de Ehime. Su verdadero nombre era Tomizawa Shouzou. Como parte del movimiento del haiku emergente, buscó un haiku modernista que se considerara una rama de la poesía contemporánea.

El haiku que le celebra es del haijin Origasa Bishuu (1934-1990).

ひと転げ落ちれば穴や赤黄男忌

hito koroge ochireba ana ya kaki oki

una vuelta y caes en el hoyo, aniversario de Kakio

Espero que hayan disfrutado de la selección de haikus de este mes y de conocer un poquito más sobre poetas de la historia de Japón ¡Hasta el próximo artículo!

UNA MIRÍADA DE HOJAS

UNA MIRÍADA DE HOJAS

Después de un mes sin columna (estuve de mudanza, regresé de México a Chile: del invierno seco al verano seco), regreso para seguir intentando escuchar a las flores.

Este mes me gustaría invitarles a revisar una de las raíces de la poesía japonesa: el Many’ōshū, la “colección de una miríada de hojas”.

Quisiera leer un par de poemas de Kakinomoto no Hitomaro. Hitomaro, que nació en el siglo VII y murió a comienzos del VIII, es uno de los principales poetas del Many’ōshū, así como uno de los “inmortales” de la poesía japonesa, que con el paso de los siglos comenzó a ser considerado el “dios de la poesía”.

Del primero, el 38, voy a tomar sólo algunos versos:

The overlapping mountains,
rising like green walls,
offer the blossoms in spring,
and with autumn, show their tinted leaves,
as godly tributes to the Throne.
The godo f the Yū River, to provide the royal table,
holds the cormorant-fishing
in its upper shallows,
and sinks the fishing-nets
in the lower stream.

 Thus the mountains and the river
serve our Sovereign, one in will;
it is truly the reign of a divinity.[1]

Y el 239:

El serenísimo, nuestro príncipe augusto,
hijo del sol altirresplandeciente,
juntó caballos y fue de cacería
a Val-Kariyi el de jóvenes luellos,
donde los ciervos postrados le adoraban,
las codornices le servían.
Como los ciervos postrados le adoramos;
cual codornices postrados le servimos;
respetuosos le atendíamos todos;
como el que mira los cielos sempiternos
vimos su rostro: espejo perpulido,
vivo frescor como el de los retoños
el del príncipe augusto.[2]

Desde fuera de Japón, solemos ver su literatura y su poesía como profundamente vinculadas con la naturaleza. Sin embargo, como podemos ver en estos poemas, compuestos entre los siglos VII y VIII (que es el periodo de formación del estado japonés), las relaciones con el mundo natural parecen ser mucho más complejas que lo que creemos en el archipiélago.

En 2012, Haruo Shirane publicó un libro que recomiendo muchísimo, Japan and the Culture of the Four Seasons: Nature, Literature, and the Arts. Shirane cuenta cómo el estudio del haiku y de los diccionarios de kigo (las palabras estacionales) lo llevó a una investigación ecopoética del desarrollo histórico de la cultura de las cuatro estaciones y la representación de la naturaleza en la literatura japonesa.

En la introducción y el primer capítulo, Shirane muestra cómo la naturaleza que aparece en la poesía japonesa clásica es la naturaleza que se percibe desde los jardines de las mansiones de la nobleza de Heian (Kioto), así como aquella que eligen contemplar en sus paseos de ocio. “El énfasis estaba no en lo que la naturaleza es sino en lo que debe ser; en el waka, particularmente, debía tener una forma grácil y elegante”[3]. Los cantos de los pájaros, el croar de las ranas, el melancólico bramido de los ciervos, las floraciones de los ciruelos, las wisterias y los cerezos, el verdor inmortal de los pinos, el rojo de las hojas de los arces.

La poesía clásica japonesa creó “una representación altamente estetizada e ideológica de las cuatro estaciones”, y las antologías imperiales (como el Kokin Wakashū, del s. XI) “tenían como propósito manifestar la armonía del estado y el cosmos”[4].

Y es que para el estado japonés se volvió clave presentarse y representarse como aquello que garantiza y sustenta la armonía de la naturaleza. Así, la armonía de la naturaleza refleja carácter armónico del gobierno del estado y la casa imperial.

Lo que se desprende de estas articulaciones ideológicas entre política y estética es que los estados y las élites pueden instrumentalizar la naturaleza para sus propósitos.

En estos dos poemas de Hitomaro, el poeta fundacional nos muestra cómo las montañas, los ríos y los animales honran, tributan y se ponen al servicio de la casa imperial. O, más bien, nos permite asomarnos al momento en que la casa imperial se declara gobernadora de todo lo que hay entre el cielo y la tierra, tanto de los seres humanos como de los ríos y los ciervos.

Y es que si Aristóteles clausuraba el espacio de lo político a los dioses y las bestias, el naciente estado de Yamato extendía su esfera de dominio político a los kami y los diez mil seres que habitaban el archipiélago japonés.

2

¿Por qué hablar del estado japonés y su instrumentalización de la naturaleza en una columna sobre poesía japonesa y animismo? ¿Por qué no simplemente escoger un haiku de Bashō o Buson y señalar cómo presentan a un ser vivo no como objeto sino como sujeto, persona, ser con agencia?

Porque, hasta donde entiendo, el animismo ha sido un campo de disputa. Lo que se denomina Shinto no es tanto un culto ancestral del pueblo japonés a los espíritus de la naturaleza, como muchas veces se dice desde occidente, sino (a grandes rasgos) una mezcla de la mitología de la casa imperial con diversas creencias populares, la cual terminó por articularse políticamente como “religión de estado” en el s. XIX para contrarrestar la posible influencia del cristianismo en Japón[5].

Los estados y las élites hablan fuerte y espectacularmente, y no dudan en utilizar a uno o muchos dioses. El Shinto de estado muestra que también una forma de animismo puede ser utilizada por un estado como marco ideológico para políticas autoritarias y colonialistas.

Mi intención al empezar a hablar de estas cuestiones no es decir simplemente que la literatura clásica japonesa es una literatura imperial o cancelar al Many’ōshū y al Kokin Wakashū, sino algo que más bien se acerca a la experiencia que atravesó Hayao Miyazaki en los setenta. Me refiero a su encuentro con la obra del etnobotánico Nakao Sasuke[6].

La investigación de Sasuke sobre el área cultural del bosque perenne de hojas anchas[7] le mostró a Miyazaki que la cultura japonesa estaba conectada con el resto de Asia, que la historia del archipiélago no era sólo la historia del estado, los emperadores y los nobles, que había tradiciones e historias de profunda vinculación con la naturaleza, los espíritus, las montañas, las plantas y los animales.

Es esa otra historia la que quiero atender.

Porque mientras los poetas del Many’ōshū componían sus poemas y se inmortalizaban en una antología, el estado japonés estaba en plena campaña de exterminio y borramiento de los pueblos emishi, en el norte de Honshu[8].

Y sin embargo, atender a las otras historias tampoco significa, como decía, tener que dejar de leer y apreciar el Many’ōshū o el Kokin Wakashū, sino aproximarnos con un oído crítico.

Por lo mismo, quiero terminar esta columna con un tercer texto.

Es un extracto muy breve del prefacio en kana al Kokin Wakashū, escrito por Ki no Tsurayuki (uno de los principales compiladores y poetas de la antología, también parte de los “inmortales de la poesía”):

“Ya que oímos la voz del ruiseñor [ugüisu] cantando entre las flores, de la rana que vive en el agua, entre todos los seres vivientes, ¿acaso hay alguno que no componga poemas?”.

Leí este pasaje por primera vez cuando tenía 20 años y no entendía nada. Con el tiempo, y a medida que me fui interesando en la ecología y los pensamientos ambientales, he aprendido a escucharlo con asombro.

A pesar de todo lo dicho anteriormente, en este pasaje florece un mundo donde la poesía no es una actividad cultural exclusivamente humana, un mundo más amplio, que para un poeta occidental contemporáneo, implica detenerse y reconsiderar su propio mundo, y preguntarse quiénes componen poemas, quiénes pueden componer poemas.

La poesía japonesa puede ser generosa, abrir nuestros corazones, regalarnos una nueva escucha del mundo, por eso importa buscar también aquellos poemas que son como hojas que el estado no puede recopilar.

[1] The Manyoshu. The Nippon Gakujutsu Shinkōkai Translation of One Thousand Poems, Columbia University Press, 1965, p. 29.

[2] Manioshu. Colección para diez mil generaciones, traducción de Antonio Cabezas García, Hiperión, 1980, p. 46.

[3] Shirane, p. 8.

[4] Ibíd., p. 12.

[5] Para un estudio sobre la relación entre Shinto y estado: Isomae Jun’ichi, Religious Discourse in Modern Japan: Religion, State, and Shintō (2014).

[6] En una entrevista con Hiroaki Ikeda, Totoro was not made as a Nostalgia Piece (1988), en Hayao Miyazaki, Starting Point: 1979-1996 (2009). Podemos decir que gracias a Sasuke tenemos películas como Totoro, La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro.

[7] Que marca a la antropología japonesa de postguerra y la teoría del origen múltiple y la composición heterogénea de los grupos humanos de Japón. Al respecto, en castellano, puede revisarse el libro de Sasaki Kōmei, La estructura múltiple de la cultura japonesa. Repensando la cultura japonesa desde una perspectiva asiática (2009).

[8] Precisamente, una muestra de ese deseo de Miyazaki de contar las otras historias de Japón es que Ashitaka, el protagonista de La princesa Mononoke, sea un emishi. Es el primer y único protagonista emishi de la historia del cine japonés.

Marzo de 2026


Caligrafiado por Alberto García bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.

una casa de muñecas,

¡incluso para esta pobre choza

es tiempo de mudanza!

 

草の戸も

住み替わる代ぞ

ひなの家

 

–         En la caligrafía:

草の戸も

すみかはるよそ

ひ奈のいえ

——————————————–

Comentado por Félix Alcántara:

A veces, el instante no es suficiente y el haijin se sitúa en un futuro cercano, que puede ver con la claridad de lo que aparece ante sus ojos en el momento de escribir el haiku. Basho inicia su famoso viaje hacia las tierra del Norte colgando poemas en los pilares de su choza, este el primero, refiriéndose a los que la puedan emplear como refugio o residencia más adelante. Su morada humilde (”hasta en mi choza”) se dignifica con la presencia del otro, el desconocido, que engrosa el recuerdo del poeta aún sin conocerlo. Basho disfruta con la idea de su choza proveyendo de techo al que la encuentre; la imaginamos franca, ordenada en su sobriedad, como el hito de otro camino de otro viajero que tal vez solo la emplea como descanso antes de proseguir su camino o la considere el final de la última etapa y decida que ha encontrado el hogar. El 3 de marzo se celebra el hina matsuri, conocido como festival de las niñas, en el que la casa se decora con un altarcillo en el que se disponen muñecas en escalafón representando a miembros de la corte imperial. Antiguamente, el festival tenía un trasfondo de purificación. En ambos casos, coincide con la floración del melocotonero. En un solo verso se recogen todas estas referencias hacia el hogar, lo sagrado y la naturaleza. La choza de Basho aparece entonces ante el lector en una estampa nítida, tal vez con el toque melancólico de un viajero que se pierde en el horizonte, que se va haciendo diminuto hacia su destino.

 

Febrero de 2026

CONSTRUIR

Avanza el día
Sandalia de barquero.
¡Ah, la pobreza!

 

DECONSTRUIR

Acompaño fotografía para que el lector curioso pueda apreciar la sandalia que calza un pie gastado por el trabajo de muchos años a la intemperie. Es el pie de un trabajador. Pertenece al barquero de una faluca de un río ­–dicen que el más largo del mundo– obligado por la necesidad a transportar a turistas un día tras otro, sea o no festivo, a cualquier hora del día.

Los dos primeros versos se prestan a cierta ambigüedad porque el sujeto del verbo «avanzar» puede ser tanto «día» como «sandalia». En este último caso, «día» sería el objeto del verbo «avanzar». Una ambigüedad deliberada conseguida gracias a la ausencia de signo de puntuación detrás del primer verso.

Mi vista fue impactada por la sandalia y por la situación de pobreza que, me pareció, había detrás de quien la calzaba.  O tal vez no había tal situación. Pero, al menos, esa fue la impresión que me sugirió la visión de la sandalia. Una historia de pobreza. Al haijin las cosas le cuentan historias. Y se las cuentan porque el haijin intima con las cosas. Es el premio que estas le dan. Tal intimación es, desde mi punto de vista, la esencia del arte del haiku, poesía de intimación entre el poeta y las cosas, situaciones, momentos capturados por la retina del haijin.  Desde este punto de vista, se puede hablar de un doble viaje que hace este: un primer viaje al mundo de las sensaciones –en este haiku a través de la visión de una sandalia–, sin filtros intelectuales; un segundo viaje hacia el corazón de las cosas; un sencillo viaje de intimación con estas.

En este famoso poema de Buson, también con la pobreza como telón de fondo expresada en el tercer verso,  el primer viaje se produjo a través del sonido. Pero el segundo viaje fue el mismo: un trayecto hacia el corazón de un objeto: la sierra.

鋸の            nokogiri no
音貧しさよ         oto mazushisa yo
夜半の冬          yowa no fuyu

Se oye una sierra
A medianoche en invierno.
Es la pobreza.

En el comentario que hace R. Blyth sobre este verso, leemos: «Meisetsu afirma que se trata de la sierra de un carpintero; Hekigodō precisa que es un carpintero pobre obligado a entregar un pedido al día siguiente; Shimizu opina que es el sonido de una sierra que corta carbón y que quien usa la sierra es el mismo Buson, el cual  lamenta el ruido sin duda molesto para los vecinos a esa hora de la noche» (A History of Haiku, vol. 1, The Hokuseido Press, Tokio, 1963; pág.  282).

En mi haiku, fue la sandalia en un pie curtido la que me «contó» una historia de pobreza.  Una historia no fija en un momento del tiempo, sino inscrita en cualquier hora, es decir, cuando el día avanza. Una historia sin tiempo.

Febrero de 2026

Caligrafiado por Elena Hikari bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.

¡el cuclillo!
tira de mi caballo,
al otro lado de la llanura

野を横に
馬牽きむけよ
ほととぎす

–  En la caligrafía:

野を横に
馬ひきむけよ
ほとときす

——————————————–

Comentado por Félix Arce (momiji):

Tan insistente como la conciencia. La antigua llamada. En todas las voces la voz que nos llama desde más allá de las montañas.

Primavera de 1898, Bashô avanza en su famoso viaje a Tohoku por la estrecha senda hacia la “profundidad del norte”. En esta ocasión a caballo, por la llanura de Nasu, con las montañas del mismo nombre al fondo. Quizá el camino no está muy definido, el haiku así lo insinúa. Campo abierto.

De pronto el canto del “hototogisu”, el cuclillo japonés. El ave migratoria que anuncia la llegada del verano. El melancólico canto protagonista de tantos poemas clásicos. Al amanecer, al atardecer, junto a los árboles que lindan con la llanura.

Escucha viajero. Detén tu camino. Déjalo todo.

Ven.

Y Bashô, el poeta, acepta la llamada. Parece invocar al propio hototogisu para que tome las riendas de su montura y lo lleve junto a él.

Hay un momento, en cada uno de todos los momentos, en que la llamada nos atraviesa tan claramente que solo nos queda soltar las riendas y dejarse llevar.

Quizá los poetas, como los niños en sus veranos ilimitados, mantienen todavía la transparencia del agua en sus ojos. En sus huesos la ligereza del aire, de los pájaros.

La decisión sincera de las primeras veces.

Quizá son ellos los elegidos por la luz. Dejarlo todo abandonado sobre la hierba. Sin peso. Entregarse a la facilidad del mundo.

Como jirón de nube que cede a la invitación del viento…

Somos pasajeros de la eternidad. Es cierto. Pero qué tristeza que en tantas ocasiones nuestra vida transcurra a lomos de la rutina más fatua… Solos, ensimismados, en campo abierto, ajenos a la llamada de lo otro. De todas las cosas que en todo momento están cantando en el mundo. Al amanecer, al atardecer. Al borde mismo de todos los veranos.

¿Escuchas la llamada? La antigua llamada, insistente como la conciencia, el melancólico susurro desde más allá de las montañas. Al otro lado de la ilimitada llanura.

¿La aceptas? ¿Soltarás las riendas?

Febrero de 2026

Unas de las cosas que encuentro fascinantes respecto a los 忌日 kinichi o aniversarios literarios es la conexión entre autores y poesía. Tenemos por un lado los poetas y escritores que en vida crearon obras que hicieron que su memoria perdurara después de su paso por este mundo. Y luego de su partida, otros poetas utilizaron sus vidas, anécdotas, citas, etc. como inspiración para recordarles. Se forma, de esta manera, un círculo virtuoso, en el que los escritores sirven como inspiración a nuevas plumas. Tenemos así que el haijin se convierte en kigo que es luego utilizado para componer haikus. Poético, ¿no?

Y hablando del kigo, en ese respecto febrero corresponde a 初春 shoshun o inicio de primavera. Este período abarca desde el primer día de primavera o risshun (alrededor del 04 de febrero), hasta el día anterior a 啓蟄 keichitsu o despertar de los insectos, alrededor del 06 de marzo. Por lo tanto, es a este ciclo que corresponden los aniversarios que revisaremos en esta ocasión.

初春 Shoshun Inicio de primavera

西行忌 saigyou ki

Vigésimo quinto día del Segundo Mes del calendario lunar.

Saigyou (1118-1190), su nombre de nacimiento era Satou Norikiyo. Venía de una importante familia militar. Fue guardia del Emperador Retirado Toba junto a Taira no Kiyomori, quién había nacido en el mismo año. Por razones desconocidas, a los 23 años abandonó a su familia, esposa e hijos para convertirse en monje, irse a vivir al monte Koya, y, posteriormente, viajar por Mutsu no kuni y Shikoku. Sus trabajos más importantes son las antologías Sankashuu y Mimosu gawa uta awase. También encontramos sus poemas compilados en la octava antología imperial Shin Kokin Wakashuu y el Ogura Hyakunin Isshu. Falleció a los 72 años en el Templo Horikawa, en Kawachi, Osaka.

El siguiente haiku que conmemora su aniversario es de Takahama Kyoshi (1874-1959).

栞して山家集あり西行忌

shiori shite sankashuu ari saigyou ki

marcando la página del Sankashuu, aniversario de Saigyou

利休忌 rikyuu ki

Vigésimo octavo día del Segundo Mes del calendario lunar.

Sen no Rikyuu (1522-1591) nació en una familia de comerciantes de Sakai. Sirvió a los señores feudales Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi. Incluso se presentó frente al emperador Ogimachi en una ceremonia del té celebrada en el Palacio Imperial. En sus últimos años, perfeccionó el estilo wabicha, que se convirtió en la base de la ceremonia del té. A pesar de la cercanía con Hideyoshi, debido a las diferencias de opinión y dada su independencia, este le ordenó que cometiese suicidio ritual seppuku, el cual se llevó a efecto en el palacio de Hideyoshi en Kioto el 28 del Segundo Mes de 1591.

Este haiku que recuerda al más famoso de los maestros de té japoneses fue compuesto por Awano Seiho (1899-1992).

一本の茶杓に所思や利休の忌

ippon no chashaku ni shoshi ya rikyuu no ki

en una cucharadita de té mis pensamientos, aniversario de Rikyuu

 

其角忌 kikaku ki

Vigésimo noveno día del Segundo Mes del calendario lunar.

Takarai Kikaku (1661-1707), poeta de haiku de principios del período Edo. A pesar de que su padre era doctor, Kikaku decidió dedicarse al haikai y se convirtió en discípulo de Matsuo Bashou a los 14 años y compiló la antología Minashiguri a los 23 años. Desde entonces, se mantuvo activo como el discípulo principal de Bashou. Fue quien marcó los parámetros de este género poético en el período entre la muerte de su maestro y la aparición de Yosa Buson. Dejó registros sobre los últimos días de Bashou y la situación inmediata tras su fallecimiento.

Aonuma Osamu compuso este haiku para conmemorar su aniversario. Menciona a Katou Ikuya (1929-2012), quien fue un poeta, haijin y crítico de haikai. En 1998 estableció el Premio Katou Ikuya para apoyar a la nueva generación de haijin.

其角忌や加藤郁乎と飲むことも

kikaku ki ya katou ikuya to nomu koto mo

aniversario de Kikaku, también bebo con Katou Ikuya

多喜二忌 takiji ki

20 de febrero.

Kobayashi Tajiki (1903-1933), fue un autor de la llamada “literatura proletaria”. Su obra más conocida es Kani Kousen (1929), el que retrata la difícil vida de los trabajadores conserveros, pescadores y marineros a bordo de un barco y el comienzo de su revuelta contra la compañía y sus directivos. Nacido en una familia de agricultores de la prefectura de Akita, estudió en la Universidad Otaru de Comercio, durante este período comenzó a escribir ensayos para revistas. Dada la compleja situación financiera y la recesión del país en aquellos tiempos, se unió al Movimiento Obrero. En 1933, luego de ser arrestado por la Policía Superior Especial Tokkou y sometido a tortura, falleció a la edad de 29 años.

El haiku que seleccioné es de Suzuki Tomoko.

爪深くインク浸みをり多喜二の忌

tsume fukaku inku hitami ori tajiki ki

las uñas profundamente manchadas de tinta, aniversario de Takiji

不器男忌 fukio ki

24 de febrero.

Shiba Fukio (1903-1930) nació la prefectura de Ehime. Fue el poeta más destacado de la revista especializada en haiku, Ama no gawa (Vía Láctea), la cual fue fundada en 1918 por Yoshioka Zenjidou, y también llamó la atención en la revista Hototogisu. En 1928 se casó con Fumie, hija mayor de Dazai Magoku, político y vicepresidente de Iyo Railway Electric, y fue adoptado como heredero del clan Dazai. Falleció a los 26 años, con solo cuatro años de experiencia en el mundo del haiku.

El siguiente haiku que celebra su figura es de Ogawa Houmatsu.

みつけても紛るる星や不器男の忌

mitsukete mo magiruru hoshi ya fukio no ki

aunque las encuentres, las estrellas se apagaran, aniversario de Fukio

Espero haber ayudado a que agreguen nuevos nombres a su catálogo de autores y poetas. Nos encontramos en el próximo artículo de El mundo del kigo. ¡Que febrero sea un mes lleno de poesía!

Enero de 2026

CONSTRUIR

En Año Nuevo,
Espinacas con pasas.
Y en el alma, paz.

DECONSTRUIR

 Realmente fue esa mi cena en la víspera de Año Nuevo, en Nochevieja. ¿Qué más da? Total… unas horas antes o unas horas después. También pudo haber sido una digna comida en Año Nuevo.

   Hoy quiero comentar el aspecto dialógico de los haikus. No me refiero al diálogo inherente del haiku con que el haijin puede dirigirse a un lector desconocido, sino al establecido con alguien conocido. En nuestra sociedad la lectura de un poema suele ser una actividad casi siempre monológica, individual, casi íntima, por no decir minoritaria. Seguro que no era así en los comienzos brumosos de la poesía en aquellas ancestrales  sociedades ágrafas, donde la actividad poética todavía no había dado el salto a la escritura, y la transmisión era oral –canto, celebración, conjuro, gesta, plegaria, etc.–  compartida con la sociedad. En el caso de Japón, en el Japón premoderno (antes de 1868), cuando hacía siglos que se venía usando la escritura, la poesía cumplía una importante función social: comunicar sentimientos, despedir a un amigo, celebrar un encuentro o un paisaje, lamentar una pérdida, agradecer un favor, colaborar en un certamen poético. En la corte imperial del viejo Japón, hasta se usaba para informar de nombramientos y destituciones, para solicitar empleo, para exiliar a un enemigo. En los tiempos de los grandes maestros del haiku –Bashō, Buson, Issa– el haiku, aunque era producto de una sociedad plebeya, conservaba en gran medida esa función. Son célebres los haikus del primero de esos maestros para retribuir la generosidad de sus anfitriones cuando iba de viaje o simplemente para saludar a alguien. Como este dedicado a una discípula:

白菊の               shiragiku no
目にたてて見る           me ni tatete miru
ちりもなし             chiri mo nashi

Los ojos fijos
En blanco crisantemo.
Ni mota de polvo.

Pero también hay haikus en que el haijin interpela directamente a la situación, objeto o circunstancia del poema. Hablando de Año Nuevo, me viene a la memoria este de Natsume Sōseki que encontré en la magnífica selección de Fernando Rodríguez-Izquierdo publicada en «Maestros del Haiku» por Satori Ediciones (la traducción es mía).

我に許せ         ware ni yurase
元日なれば        ganjitsu nareba
朝寝坊                               asanebō

Hoy que es tu fiesta,
Año Nuevo, déjame estar
Un poco más en la cama.

¿Divertido, verdad? Podemos imaginar a Sōseki, al que en su vida doliente no le faltaron desdichas, remolonear felizmente en el futón un día tan festivo como ese.

Mi haiku es más serio y solemne con tantas «a» en los dos versos finales. El tercero me lo inspiró un maravilloso haiku de Issa Kobayashi:

何もないが          nani mo nai ga
心安さよ           kokoro yasusa yo
涼しさよ                                            suzushisa yo

Sin tener nada,
Pero con el corazón en paz y
Este frescor.

Paz en el corazón deseo a los lectores de El Rincón en el año que acaba de empezar. Y salud para cenar espinacas con pasas o para remolonear un rato en la cama antes de levantarse.

Enero de 2026

Caligrafiado por Rafael del Olmo bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.

Los ciruelos florecen.
Que no se toquen
por la mano del viento.

盛りなる
梅にすで引く
風も哉

– En la caligrafía:

さかりなる
うめにすてひく
風も哉
——————————————–

Comentado por Frutos Soriano:

A veces el haijín no puede evitarlo, da un paso adelante y toma partido. Le ocurre como a esos  reporteros de la naturaleza que, contraviniendo las reglas de su oficio, dan de comer a los cachorros de león hambrientos. En este caso el maestro Bashô se extasía ante el florecer de los ciruelos y, seguidamente, cede a la heterodoxia y simpatiza con el objeto de su haiku en un gesto compasivo o enamorado. “Que no se toquen / por la mano del viento”. ¿Esto qué es? ¿Un arrebato? ¿Una oración? Bashô se despoja de su traje de haijín y salta al ruedo a jugarse la vida. Ya le da igual todo (como les ocurre a todos los enamorados): que haya intervención del ego, que surja la metáfora, que se personifique la naturaleza… ¡qué más da! A veces nos desbordamos como un río y no hemos de pedir perdón por ello. A fin de cuentas, ¿qué sería de nuestra vida si no diésemos -siquiera de vez en cuando- ese paso adelante, si no tomásemos partido por aquello que nos enamora, si no protegiésemos del frío el cuerpo amado con nuestro propio cuerpo?

Frutos Soriano

Presentación. LA TINTA RESPIRA. Selección de haikus caligrafiados.

LA TINTA RESPIRA. Selección de haikus caligrafiados.

Shodo Creativo es proyecto dirigido por Elena Hikari (caligrafía) y Luciana Rago (pintura) y que nace en el año 2001 en Madrid. Destinado al desarrollo, el estudio, la creación y la difusión de las Artes del Pincel: Caligrafía y Pintura de Japón y China, con el fin de acercar estas disciplinas a un público cada vez más interesado en la materia.

Shodo Creativo comienza su colaboración con El Rincón del Haiku y se extenderá a lo largo del 2026 con una entrega mensual de un haiku caligrafiado a la manera tradicional japonesa por un grupo avanzado de alumnos de las clases regulares y de su profesora Elena Hikari, quien imparte las clases de caligrafía japonesa en Shodo Creativo desde hace 20 años.

 

ALGUNAS ANOTACIONES SOBRE LA ESCRITURA DEL HAIKU

El vacío habla
La tinta respira
La mano no se exhibe
El instante aparece y desaparece.

Hace años aprendí que, escribir un haiku a pincel no consiste en “pasar” un poema a un papel, sino habiéndolo practicado tantas veces que su interiorización permite que la expresión resulte auténtica y sensible al mismo tiempo.

Cada trazo ocurre una sola vez y deja, alrededor, un espacio que también nos habla.

Al igual que el haiku, su caligrafía debe poseer brevedad y está despojada de erudición. Pero debe causar atención al instante, ser preciso. El gesto no se repite y se ausenta la corrección.

Ese papel en blanco, ese vacío que a veces abruma… es también poema. Quizás si lo vemos como una pausa, como una respiración, nos ayude a dejar de sentir vértigo para verlo y sentirlo con alivio.

La musicalidad de su escritura nos habla con líneas dispares en velocidad y nos muestra diversidad y expresión cuando vemos al negro de la tinta ir disipándose al gris, para luego casi desaparecer… y volver a aparecer con fuerza e intensidad.

No todos los haikus piden el mismo trazo, cambia como las estaciones del año. Debe ser diverso como la propia naturaleza.

El haiku ya ha ocurrido y el papel que lo contiene conserva solo una huella. Lo esencial queda fuera del marco.

Para que la vida de un haiku aparezca con su escritura a pincel y tinta, conviene pensar como poeta además de como calígrafo. El haiku no se “ilustra”: se encarna en el gesto.

El tipo de caligrafía que usamos para escribir el haiku son la combinación de los caracteres kanji y los kana, sílabas japonesas fonéticas.

En el momento de escribir el haiku con tinta y pincel fino, algunas consideraciones se vuelven necesarias. Iré desde lo más general hasta lo sutil, siguiendo la tradición sino-japonesa pero adaptándola a la práctica de cada persona:

  1. COMPOSICIÓN o KOUZU構図 – El haiku es breve, así que la composición debe respirar.
  • Formato: el vertical es el más tradicional, como el tanzaku 短冊 (tira de papel 36x6cm.) o el hanshi半紙 (24x33cm.)
  • Distribución del texto: no centrarlo, la asimetría es un parámetro central en la estética japonesa. El poema suele ocupar entre 1/3 y 2/3 del espacio total a escribir. El resto es silencio.
  • Orden de los versos: Tres líneas verticales (una por verso) es común, pero eso podemos variarlo, si el ritmo lo sostiene.
  1. VACÍOS y LLENOS o YOHAKU 余白 – El vacío no es fondo, es parte del poema.
  • El vacío, el blanco, sugiere una estación del año, una atmósfera o MA 間, pausa. Evitemos “rellenar” por inseguridad.
  • El último verso suele quedar con más espacio debajo, como un eco.
  1. LÍNEA DE ESCRITURA y RITMO – La línea es el aliento del haiku.
  • Vertical descendente: natural, meditativa.
  • Ritmo: no igualar todos los caracteres. Variar velocidad, presión y tamaños.
  • Imperfección consciente: una ligera inclinación da vida, demasiada regularidad mata el gesto. Hablamos de la escritura en Chirashigaki 散らし書き (lit. “escritura dispersa o esparcida”), un método de composición único en la escritura kana que, entre muchas características, se diferencia por inclinar las líneas de escritura hacia un punto de fuga en la parte inferior derecha de nuestro soporte.
  1. TINTA y CARGA DEL PINCEL – La tinta en barra sólida expresa el estado interior.
  • Moler la barra de tinta: debes elegir una barra especial para la escritura kana ya que éstas tienen las partículas de hollín de pino más finas que las barras para la escritura de kanji en mayor tamaño. Esto nos facilita la escritura y consigue una tinta con diversos tonos de negro.
  • Dejar que la carga de nuestro pincel se agote con naturalidad y que den paso los tonos grises hasta casi desaparecer.
  1. PINCEL y GESTO 
  • Kofude 小筆, o pincel pequeño.
  • Gesto decidido, continuo y sin correcciones.
  1. ESTILO CALIGRÁFICO – Menos virtuoso y más honesto.
  • Sousho 草書o Estilo de “hierba”, origen del kana. El estilo cursivo del cual nació el silabario hiragana es el más apropiado.
  1. FIRMA y SELLO– Es habitual caligrafiar el nombre del autor que compuso el haiku, pero no es necesario caligrafiar nuestro nombre ni poner nuestro sello, pero si lo quisieras hacer o usar:
  • Discreción: El sello acompaña y forma parte de la composición caligráfica, sin que compita con la escritura. Un tamaño pequeño, de 1,5 o 1 cm.
  • Colocación: a la izquierda, al acabar la escritura que comienza desde la derecha o en el lado opuesto al peso visual del texto.

Leer, interpretar y experimentar el haiku no como forma, sino como gesto, es un aprendizaje continuado gracias al estudio desde hace ya una década con nuestro maestro Hikita “Sekiin” (Kyoto, Japón). Incluso algunos de nuestros alumnos me han podido acompañar en la práctica del Shodo durante sus valiosas clases en su ciudad natal. Poder aprender desde él, desde su gran conocimiento y generosidad nos ha abierto un mundo infinito.

Artículo de Elena Hikari  

Presentación. Enero 2026

EL ALMA DE LAS FLORES

 El alma de las flores es el título de un poema de Kaneko Misuzu que quiero tomar prestado para florearle un nombre a esta columna.

Hace unas semanas, el equipo de El rincón del haiku me propuso escribir una columna mensual sobre haiku y animismo, o más ampliamente, sobre poesía japonesa y animismo.

Antes que partir dando definiciones sobre qué es el animismo y referir historias, me gustaría más bien comenzar con un gesto que nos conduzca hacia los mundos animistas: la escucha.

Este 2025 las vociferaciones de los poderosos parecieron saturar el mundo entero: como si sólo sus voces, sus intereses, sus vidas y sus futuros importaran.

Por lo mismo, se hace cada vez más necesario escuchar la diversidad de voces que el ruido más furioso silencia. Y sostener, también, el poema y su posibilidad de ser un espacio de escucha. Un ámbito donde escuchar las voces de los innumerables seres vivos con los que cohabitamos y componemos este planeta.

Pensando en las vidas que son consideradas silenciables y descartables, quisiera partir invitándoles a leer la segunda entrada del haibun más famoso de Kobayashi Issa, el Ora ga haru (“Primavera mía” en la traducción de Rubén Silva y Gonzalo Marquina, y “La primavera de mi vida” en la de Sam Hamill)[1].

Aquí, Issa cuenta la historia de un novicio de 11 años, Takamaru, que al comenzar la primavera fue junto con un monje a recoger flores y hierbas, pero en el camino de regreso, mientras cruzaban un puente, resbaló y cayó al río. El río lo arrastró sin que su compañero pudiera hacer nada. Al enterarse, la gente del pueblo lo busca durante horas hasta que lo encuentran entre unas rocas, y descubren un puñado de flores de petacita en uno de sus bolsillos.

“Probablemente el niño las había guardado para dárselas a sus padres cuando volviera a casa. Fue en ese instante que todos rompimos a llorar”

Luego cuenta cómo sus padres, “seguidores del Camino”, que “siempre habían hablado sobre la trascendencia del dolor y las miserias de este mundo”, lloran amargamente y sin contención. “El amor hacia su hijo los había destrozado. Por eso lloraban. Por eso…”

Sin embargo, a continuación, Issa intercala un waka en el que se desplaza de la muerte del niño, el dolor de los padres y los habitantes del pueblo, hacia las hierbas:

¿Quién lo habría imaginado?
Tantas hierbas, aún tiernas,
que apenas comenzaban a brotar,
entregadas al fuego, alzándose en humo
que flota sobre el campo.

Y luego, pasando de las hierbas a las flores, nos hace ver que:

“Al igual que los padres del pequeño Takamaru, acaso también las flores lloran al presentir que pueden ser cortadas o quemadas justo cuando abren su rostro al sol de primavera tras la nieve invernal. ¿No son sus vidas tan frágiles y breves como las nuestras? Y si comparten el destino de todo ser que nace y se extingue, ¿no podrían, también ellas, alcanzar el nirvana al final?”

En Japón, los debates entre las escuelas budistas sobre la posibilidad de la iluminación de las plantas y los árboles son bien conocidos y comenzaron alrededor del s. XII[2], sin embargo, Issa no se está refiriendo a los debates teológicos, sino a la experiencia de la compasión, la apertura al valor de las vidas de las plantas y de todos los seres. Nos habla de su fragilidad, su miedo, sus rostros que anhelan el sol.

También las flores, las plantas, tienen vidas, y esas vidas importan tanto como todas las otras vidas.

Issa, que además de haijin era sacerdote del Jodo Shinshu, sabía bien que los seres no tienen una esencia propia, y que comparten una existencia de sufrimiento. El camino hacia la cesación, en lo profundo del corazón de Issa, era necesariamente colectivo. Una red, pero también, como nos recordaba hace un tiempo Yaxkin Melchy aquí mismo[3], un vecindario, una comunidad.

Para Issa todos los seres buscan el despertar, la iluminación, y el cese del sufrimiento: las mariposas, las moscas, los gatos, la nieve, las hierbas. A veces se detienen para escuchar el Dharma, otras frotan sus patitas rezando, y hay pájaros, como el ugüisu, que pueden recitar el Sutra del Loto[4].

De manera más amplia, y saliéndonos del marco budista, podríamos decir que cada ser vivo busca, desea y expresa un futuro.

Tantos seres y futuros se han perdido en este año y los años recientes que la desazón pesa como una gruesa capa de nieve sobre nuestros corazones.

Mientras la Tierra inclina su órbita en relación al sol, y en el hemisferio sur es solsticio de verano, y en el hemisferio norte es solsticio de invierno, los corazones de los diversos seres de este planeta volverán a intentar abrirse, y yo, siguiendo a Issa, voy a intentar confiar una vez más en el oído de los pueblos, las flores y la nieve. Porque todavía nadie conoce todo lo que puede el alma de las flores.

:::::::::::::::::::::::::::::::::

[1] Aquí voy a seguir la traducción de Silva y Marquina, la única en español, que actualmente se está publicando en Retama Escuela de haiku.

[2] Al respecto, William Lafleur, Saigyo and the Buddhist Value of Nature, o el más breve Sattva. Enlightenment for Plants & Trees, en Dharma Gaia: A Harvest of Essays in Buddhism and Ecology.

[3] La bella verdad del mundo. Haikus de insectos y otros animales de Issa Kobayashi.

[4] La asociación del canto del ugüisu con el Sutra del Loto precede, por supuesto, a Issa, pero forma parte importante de la siguiente entrada del Ora ga haru.