Marzo de 2026

El otro día vi varios videos que reportaban no sólo el florecimiento de los ciruelos en los parques de Japón, lo que corresponde a la época del año, pero incluso algunos cerezos. Y he podido confirmar otro año más, que el otoño llega a los árboles del parque cercano a mi hogar en enero, a pesar de ser mitad del verano acá en Chile. Aunque son muestras del calentamiento global y cómo este afecta la manifestación de las estaciones, no deja de ser interesante y conmovedor ir notando y apreciando esos pequeños cambios que marcan el paso de nuestras vidas. Al leer poesía, sobre todo haikus, nos sentimos conectados con esos poetas de otros tiempos que también contemplaron el paso de las estaciones y que lo dejaron cristalizado en versos. El tiempo lineal y el tiempo circular de la mano.

Pero vamos a hablar primero del período estacional que cubre este artículo. Este es 仲春chuushun o mediados de primavera. Corresponde aproximadamente al tercer mes del calendario solar que se utiliza en la actualidad, o sea, marzo. Dependiendo de la zona, y del efecto del calentamiento global, se nota menos o más cómo los días se van poniendo tibios, hay más horas de luz solar, la flora comienza a despertar y las aves a practicar su canto. Desde el punto de vista de los 24 Términos Solares, adaptados a Japón desde China y que marcan el paso de las estaciones cada quince días aproximadamente, 仲春 chuushun comprende desde 啓蟄 keichitsu o despertar de los insectos, alrededor del 06 de marzo, hasta el día anterior al quinto término solar, 清明 seimei o puro y claro, alrededor de 05 de abril.

Los aniversarios que les traigo en esta ocasión corresponden a poetas que fallecieron ya sea en marzo o durante el Tercer Mes del calendario lunar.

仲春 Chuushun Mitad de primavera

人丸忌 hitomaru ki

Décimo octavo día del Tercer Mes del calendario lunar.

Kakinomoto no Hitomarou (segunda mitad del siglo VII) poeta del periodo Asuka, referido póstumamente como el Dios de la Poesía, ya era considerado en gran valía durante la época del Manyoushuu. Sirvió al Emperador Mombu y a la Emperatriz Jitou, sin embargo, no quedaron registros de sus fechas de nacimiento y defunción. A pesar de pertenecer a un bajo rango social gracias a sus habilidades poéticas acompañaba habitualmente a los emperadores y príncipes en sus viajes para inmortalizarlos en bellas composiciones.

El haiku que le conmemora fue compuesto por el haijin de mitad del período Edo, Kuroyanagi Shouha (1727-1772):

石見のや月も朧の人丸忌

iwami no ya tsuki mo oboro no hitomaru ki

Iwami, la luna también está neblinosa, aniversario de Hitomarou

小町忌 komachi ki

Décimo octavo día del Tercer Mes del calendario lunar.

Ono no Komachi (primera mitad del periodo Heian) fue la única mujer perteneciente al grupo de los “Rokkasen o Seis Grandes Poetas”, mencionados por Ki no Tsurayuki en el prefacio del Kokin Wakashuu. Sus trabajos se encuentran compilados, entre otros, en la mencionada primera antología imperial y el Ogura Hyakunin Isshu. A pesar de su habilidad literaria, no ha quedado prácticamente ninguna información fehaciente sobre su vida, lo que ha contribuido a la leyenda en torno a su figura.

El haiku que la conmemora fue compuesto por Saitou Shizue.

小町忌の褪せし押花詩集より

komachi ki no aseshi oshibana kashuu yori

de la antología poética de flores prensadas descoloridas del aniversario de Komachi

Dado que el aniversario de Kakinomoto no Hitomarou y Ono no Komachi se conmemoran el mismo día, Takahashi Mutsuo (1937) compuso este haiku en honor a ambos:

 

小町忌は人丸忌なり井水汲む

komachi ki wa hitomaru ki nari imizu kumu

el aniversario de Komachi es el aniversario de Hitomarou, sacando agua del pozo

立子忌 tatsuko ki

3 de marzo.

Hoshino Tatsuko (1903-1984) nació en Koujimachi, Tokyo, y fue hija de Takahama Kyoshi. Asistió a preparatoria en la escuela para Mujeres de la Universidad Cristiana de Tokyo. Se casó con el nieto del poeta, educador, calígrafo y artista marcial Hoshino Tenchi. Su padre fue quien la motivó a componer haiku después que ella se casó.

En 1930 fundó la revista de haiku sólo para mujeres, Tamamo. Dos años después se unió a Hototogisu. En 1937 publicó su primera antología.

Después del fallecimiento de su padre se convirtió en seleccionadora de haikus para el periódico Asahi Shinbun. Además de sus antologías de haiku, también publicó documentales de viaje.

El 3 de marzo se celebra el Hina Matsuri, también conocido como Día de las Niñas, en el cual se decora con muñecas hina, las cuales representan la corte Heian. Probablemente considerando esto, Yamamoto Tatsuo compuso este haiku:

立子忌と思へば雛の顔淋し

tatsuko ki to omoeba hina no kao samishi

al pensar en el aniversario de Tatsuko, los rostros de las muñecas hina están tristes

 

赤黄男忌 kakio ki

7 de marzo.

Tomizawa Kakio (1902-1962) fue un haijin originario de la prefectura de Ehime. Su verdadero nombre era Tomizawa Shouzou. Como parte del movimiento del haiku emergente, buscó un haiku modernista que se considerara una rama de la poesía contemporánea.

El haiku que le celebra es del haijin Origasa Bishuu (1934-1990).

ひと転げ落ちれば穴や赤黄男忌

hito koroge ochireba ana ya kaki oki

una vuelta y caes en el hoyo, aniversario de Kakio

Espero que hayan disfrutado de la selección de haikus de este mes y de conocer un poquito más sobre poetas de la historia de Japón ¡Hasta el próximo artículo!

Marzo de 2026

時の跡に

残れるエデンの

歌を

記憶の知らぬ

果てから歌ふ

 

Toki no ato ni

nokoreru Eden no

uta o

kioku no shiranu

hate kara utau

 

Desde el ignoto

confín de la memoria,

tu voz me canta

paraísos perdidos

en las huellas del tiempo…

 

 

 

 

村里の

灯が付く

日の入りの

仄かなる火へ

我は行きつつ

 

Murazato no

tomoshibi ga tsuku

Hi no iri no

honokanaru hi e

ware wa ikitsutsu

 

Mientras la aldea

va encendiendo sus luces,

yo me dirijo

hacia las tenues llamas

del ocaso del día…

 

 

 

 

死んだ後

どこでも姿

見せられる

君の裸の

体の上にも

 

Shinda ato

doko demo sugata

miserareru

Kimi no hadaka no

tai no ue ni mo

 

Cuando haya muerto,

podré manifestarme

donde yo quiera.

También sobre ti,

sobre tu cuerpo desnudo…

 

 

 

 

寒けども

彼の思ひ出で

温まる

夜明け烏は

我見付けけり

 

Samuke domo

kano omoide de

atatamaru

Yoakegarasu wa

ware mitsukekeri

 

Aun a pesar del frío,

me caliento al abrigo

de aquel recuerdo…

Y así es como los grajos

me sorprenden al alba.

 

 

 

 

蜜蜂は

無駄に木の花

探しつつ···

剪定の日の

こと未だ知らず

 

Mitsubachi wa

muda ni ki no hana

sagashitsutsu…

Sentei no hi no

koto mada shirazu

 

Inútilmente

busca la abeja

las flores de los árboles…

No sabe todavía

que hoy es día de poda.

 

 

 

 

鳩のふんの

下の白黒

テレビは

静かに夢を

片隅で見る

 

Hato no fun no

shita no shirokuro

terebi wa

shizuka ni yume o

katasumi de miru

 

La vieja tele

en blanco y negro sueña

en un rincón

sumida en el silencio,

llena de palomina…

 

 

 

 

ダイエットの

最初の日なり

冷蔵庫の

中は一番

哀れむべきよ

 

Daietto no

saisho no hi nari

Reizôko no

naka wa ichiban

awaremu beki yo

 

Primer día de dieta.

El interior

del frigorífico

es lo más lastimoso

que se haya visto nunca…

 

君の目で

命の神秘

祝いつつ

笑みで眠りの

住処に住まむ

 

Kimi no me de

inochi no shinpi

iwaitsutsu

emi de nemuri no

sumika ni sumamu

¡Quiero en tus ojos

celebrar los misterios

de la existencia

y habitar con tu risa

las moradas del sueño!

UNA MIRÍADA DE HOJAS

UNA MIRÍADA DE HOJAS

Después de un mes sin columna (estuve de mudanza, regresé de México a Chile: del invierno seco al verano seco), regreso para seguir intentando escuchar a las flores.

Este mes me gustaría invitarles a revisar una de las raíces de la poesía japonesa: el Many’ōshū, la “colección de una miríada de hojas”.

Quisiera leer un par de poemas de Kakinomoto no Hitomaro. Hitomaro, que nació en el siglo VII y murió a comienzos del VIII, es uno de los principales poetas del Many’ōshū, así como uno de los “inmortales” de la poesía japonesa, que con el paso de los siglos comenzó a ser considerado el “dios de la poesía”.

Del primero, el 38, voy a tomar sólo algunos versos:

The overlapping mountains,
rising like green walls,
offer the blossoms in spring,
and with autumn, show their tinted leaves,
as godly tributes to the Throne.
The godo f the Yū River, to provide the royal table,
holds the cormorant-fishing
in its upper shallows,
and sinks the fishing-nets
in the lower stream.

 Thus the mountains and the river
serve our Sovereign, one in will;
it is truly the reign of a divinity.[1]

Y el 239:

El serenísimo, nuestro príncipe augusto,
hijo del sol altirresplandeciente,
juntó caballos y fue de cacería
a Val-Kariyi el de jóvenes luellos,
donde los ciervos postrados le adoraban,
las codornices le servían.
Como los ciervos postrados le adoramos;
cual codornices postrados le servimos;
respetuosos le atendíamos todos;
como el que mira los cielos sempiternos
vimos su rostro: espejo perpulido,
vivo frescor como el de los retoños
el del príncipe augusto.[2]

Desde fuera de Japón, solemos ver su literatura y su poesía como profundamente vinculadas con la naturaleza. Sin embargo, como podemos ver en estos poemas, compuestos entre los siglos VII y VIII (que es el periodo de formación del estado japonés), las relaciones con el mundo natural parecen ser mucho más complejas que lo que creemos en el archipiélago.

En 2012, Haruo Shirane publicó un libro que recomiendo muchísimo, Japan and the Culture of the Four Seasons: Nature, Literature, and the Arts. Shirane cuenta cómo el estudio del haiku y de los diccionarios de kigo (las palabras estacionales) lo llevó a una investigación ecopoética del desarrollo histórico de la cultura de las cuatro estaciones y la representación de la naturaleza en la literatura japonesa.

En la introducción y el primer capítulo, Shirane muestra cómo la naturaleza que aparece en la poesía japonesa clásica es la naturaleza que se percibe desde los jardines de las mansiones de la nobleza de Heian (Kioto), así como aquella que eligen contemplar en sus paseos de ocio. “El énfasis estaba no en lo que la naturaleza es sino en lo que debe ser; en el waka, particularmente, debía tener una forma grácil y elegante”[3]. Los cantos de los pájaros, el croar de las ranas, el melancólico bramido de los ciervos, las floraciones de los ciruelos, las wisterias y los cerezos, el verdor inmortal de los pinos, el rojo de las hojas de los arces.

La poesía clásica japonesa creó “una representación altamente estetizada e ideológica de las cuatro estaciones”, y las antologías imperiales (como el Kokin Wakashū, del s. XI) “tenían como propósito manifestar la armonía del estado y el cosmos”[4].

Y es que para el estado japonés se volvió clave presentarse y representarse como aquello que garantiza y sustenta la armonía de la naturaleza. Así, la armonía de la naturaleza refleja carácter armónico del gobierno del estado y la casa imperial.

Lo que se desprende de estas articulaciones ideológicas entre política y estética es que los estados y las élites pueden instrumentalizar la naturaleza para sus propósitos.

En estos dos poemas de Hitomaro, el poeta fundacional nos muestra cómo las montañas, los ríos y los animales honran, tributan y se ponen al servicio de la casa imperial. O, más bien, nos permite asomarnos al momento en que la casa imperial se declara gobernadora de todo lo que hay entre el cielo y la tierra, tanto de los seres humanos como de los ríos y los ciervos.

Y es que si Aristóteles clausuraba el espacio de lo político a los dioses y las bestias, el naciente estado de Yamato extendía su esfera de dominio político a los kami y los diez mil seres que habitaban el archipiélago japonés.

2

¿Por qué hablar del estado japonés y su instrumentalización de la naturaleza en una columna sobre poesía japonesa y animismo? ¿Por qué no simplemente escoger un haiku de Bashō o Buson y señalar cómo presentan a un ser vivo no como objeto sino como sujeto, persona, ser con agencia?

Porque, hasta donde entiendo, el animismo ha sido un campo de disputa. Lo que se denomina Shinto no es tanto un culto ancestral del pueblo japonés a los espíritus de la naturaleza, como muchas veces se dice desde occidente, sino (a grandes rasgos) una mezcla de la mitología de la casa imperial con diversas creencias populares, la cual terminó por articularse políticamente como “religión de estado” en el s. XIX para contrarrestar la posible influencia del cristianismo en Japón[5].

Los estados y las élites hablan fuerte y espectacularmente, y no dudan en utilizar a uno o muchos dioses. El Shinto de estado muestra que también una forma de animismo puede ser utilizada por un estado como marco ideológico para políticas autoritarias y colonialistas.

Mi intención al empezar a hablar de estas cuestiones no es decir simplemente que la literatura clásica japonesa es una literatura imperial o cancelar al Many’ōshū y al Kokin Wakashū, sino algo que más bien se acerca a la experiencia que atravesó Hayao Miyazaki en los setenta. Me refiero a su encuentro con la obra del etnobotánico Nakao Sasuke[6].

La investigación de Sasuke sobre el área cultural del bosque perenne de hojas anchas[7] le mostró a Miyazaki que la cultura japonesa estaba conectada con el resto de Asia, que la historia del archipiélago no era sólo la historia del estado, los emperadores y los nobles, que había tradiciones e historias de profunda vinculación con la naturaleza, los espíritus, las montañas, las plantas y los animales.

Es esa otra historia la que quiero atender.

Porque mientras los poetas del Many’ōshū componían sus poemas y se inmortalizaban en una antología, el estado japonés estaba en plena campaña de exterminio y borramiento de los pueblos emishi, en el norte de Honshu[8].

Y sin embargo, atender a las otras historias tampoco significa, como decía, tener que dejar de leer y apreciar el Many’ōshū o el Kokin Wakashū, sino aproximarnos con un oído crítico.

Por lo mismo, quiero terminar esta columna con un tercer texto.

Es un extracto muy breve del prefacio en kana al Kokin Wakashū, escrito por Ki no Tsurayuki (uno de los principales compiladores y poetas de la antología, también parte de los “inmortales de la poesía”):

“Ya que oímos la voz del ruiseñor [ugüisu] cantando entre las flores, de la rana que vive en el agua, entre todos los seres vivientes, ¿acaso hay alguno que no componga poemas?”.

Leí este pasaje por primera vez cuando tenía 20 años y no entendía nada. Con el tiempo, y a medida que me fui interesando en la ecología y los pensamientos ambientales, he aprendido a escucharlo con asombro.

A pesar de todo lo dicho anteriormente, en este pasaje florece un mundo donde la poesía no es una actividad cultural exclusivamente humana, un mundo más amplio, que para un poeta occidental contemporáneo, implica detenerse y reconsiderar su propio mundo, y preguntarse quiénes componen poemas, quiénes pueden componer poemas.

La poesía japonesa puede ser generosa, abrir nuestros corazones, regalarnos una nueva escucha del mundo, por eso importa buscar también aquellos poemas que son como hojas que el estado no puede recopilar.

[1] The Manyoshu. The Nippon Gakujutsu Shinkōkai Translation of One Thousand Poems, Columbia University Press, 1965, p. 29.

[2] Manioshu. Colección para diez mil generaciones, traducción de Antonio Cabezas García, Hiperión, 1980, p. 46.

[3] Shirane, p. 8.

[4] Ibíd., p. 12.

[5] Para un estudio sobre la relación entre Shinto y estado: Isomae Jun’ichi, Religious Discourse in Modern Japan: Religion, State, and Shintō (2014).

[6] En una entrevista con Hiroaki Ikeda, Totoro was not made as a Nostalgia Piece (1988), en Hayao Miyazaki, Starting Point: 1979-1996 (2009). Podemos decir que gracias a Sasuke tenemos películas como Totoro, La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro.

[7] Que marca a la antropología japonesa de postguerra y la teoría del origen múltiple y la composición heterogénea de los grupos humanos de Japón. Al respecto, en castellano, puede revisarse el libro de Sasaki Kōmei, La estructura múltiple de la cultura japonesa. Repensando la cultura japonesa desde una perspectiva asiática (2009).

[8] Precisamente, una muestra de ese deseo de Miyazaki de contar las otras historias de Japón es que Ashitaka, el protagonista de La princesa Mononoke, sea un emishi. Es el primer y único protagonista emishi de la historia del cine japonés.

Haibun 67

Haibun 67

Milagro inesperado

   Cada año volvemos al Sur de nuestra Patagonia, nunca faltamos a la cita en nuestro lugar secreto: Alum Nehuen, el viejo hotel de piedra y su magia.

   Cruzamos la ruta y vamos deteniéndonos en los miradores de madera rústica que nos muestran una panorámica del paisaje, los cerros, el brazo Tristeza del lago, los pájaros de vuelo rasante y, a veces, el sabor de las fresas salvajes.

   Ya en la bahía, la pared gigante del Cerro López, recta, escarpada es límite, también protección.

  El oleaje del lago en la playa desierta es casi un bordado. Los troncos ya roídos de lo que fueron árboles interrumpe la soledad de la playa y las piedras doradas la transforman en un paisaje lunar.

  Silencio y viento. Soledad que invita a la contemplación de lo sagrado.

   A unos metros, un pequeño zorro nos observa. Es un milagro inesperado. Me siento en la tierra cenicienta, lo miro, le hablo, lo espero.

   Se va acercando, al principio con cautela, luego se pone casi al alcance de mi mano, no lo toco, pero durante un tiempo que no puedo medir, nos miramos a los ojos sin curiosidad, confiados como antiguos amigos.

  Recuerdo al Principito diciendo: Los ritos son necesarios

  Al día siguiente vuelvo al lugar del milagro, el zorrito sale de un zarzal y se me acerca confiado

 Lo bauticé con el nombre del cerro. Sé que nos entendimos.

Viento y silencio…
la mirada de un zorro
fija en mis ojos

María Rosalía Gila
Buenos Aires (Argentina)

Marzo de 2026


Caligrafiado por Alberto García bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.

una casa de muñecas,

¡incluso para esta pobre choza

es tiempo de mudanza!

 

草の戸も

住み替わる代ぞ

ひなの家

 

–         En la caligrafía:

草の戸も

すみかはるよそ

ひ奈のいえ

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Comentado por Félix Alcántara:

A veces, el instante no es suficiente y el haijin se sitúa en un futuro cercano, que puede ver con la claridad de lo que aparece ante sus ojos en el momento de escribir el haiku. Basho inicia su famoso viaje hacia las tierra del Norte colgando poemas en los pilares de su choza, este el primero, refiriéndose a los que la puedan emplear como refugio o residencia más adelante. Su morada humilde (”hasta en mi choza”) se dignifica con la presencia del otro, el desconocido, que engrosa el recuerdo del poeta aún sin conocerlo. Basho disfruta con la idea de su choza proveyendo de techo al que la encuentre; la imaginamos franca, ordenada en su sobriedad, como el hito de otro camino de otro viajero que tal vez solo la emplea como descanso antes de proseguir su camino o la considere el final de la última etapa y decida que ha encontrado el hogar. El 3 de marzo se celebra el hina matsuri, conocido como festival de las niñas, en el que la casa se decora con un altarcillo en el que se disponen muñecas en escalafón representando a miembros de la corte imperial. Antiguamente, el festival tenía un trasfondo de purificación. En ambos casos, coincide con la floración del melocotonero. En un solo verso se recogen todas estas referencias hacia el hogar, lo sagrado y la naturaleza. La choza de Basho aparece entonces ante el lector en una estampa nítida, tal vez con el toque melancólico de un viajero que se pierde en el horizonte, que se va haciendo diminuto hacia su destino.

 

Marzo de 2026

Aquí tenemos, queridos lectores, una nueva remesa de fotohaikus (en puridad habría que denominarlos ya “shahai”, el acrónimo en el universo nipón de “shashin” -fotografía- y haiku), aunque en puridad también deberían ser foto y haiku más complementarios que autoexplicativos, pero vamos adentrándonos poco a poco en este neogénero tan fascinante como complejo. Poco a poco… Todas las composiciones equilibradas en fondo y forma. Y como viene siendo habitual en nuestro colaborador Franvi, su aportación fotográfica sugiere un haiku, en este caso de Santōka. Por lo demás… ¡adelante, a toda vuelapluma! Gracias a los participantes y a los lectores, sin cuya atenta lectura y mirada nada de lo aquí vertido tendría pleno significado.