Sobre su tumba
retoña la flor de muerto
del año pasado
Sombras de nube
El viento lleva la orina
a mis zapatos
Plaza de Ixmiquilpan
Nadie aparta la vista
del atardecer
Sobre su tumba
retoña la flor de muerto
del año pasado
Sombras de nube
El viento lleva la orina
a mis zapatos
Plaza de Ixmiquilpan
Nadie aparta la vista
del atardecer
Entra el año en su ciclo más meditativo, y la espuma de los días fluye con los colores del otoño y con el resplandor de las primeras nieves. Un haiku de Kakei nos sitúa en la escena precisa: “mes de noviembre: / cigüeñas en hilera, / quietas, pensando”. El poema es del siglo XVII, pero ocho siglos antes, Izumi Shikibu y Ono no Komachi ya han sentido ese toque melancólico. La primera piensa en su amor ausente y compara la tristeza de su alma, enajenada en errante ansiedad, con la de una luciérnaga del pantano. Ono no Komachi -toda una belleza- se ve a sí misma devastada por el paso del tiempo y se lamenta en un waka memorable: “el color de las flores / se va desvaneciendo: / así pasa mi vida, vanamente, / envuelta en tristes pensamientos, / viendo caer las largas lluvias”.
Mucho más tarde, Chigetsu-ni, alumna tardía de Bashô, concentra en la brevedad de un haikai el mismo sentimiento de fugacidad: “todas las flores / están en su esplendor / y yo envejezco”. Pero esa misma mujer es capaz de observar cómo la nieve, al fundirse, aviva los brotes… La poesía japonesa es impensable sin ese toque femenino, que implica, al mismo tiempo, pasión y delicadeza. El haiku -como la verdadera atención- no excluye, sino que incluye la totalidad de la vida. En el convulso siglo XX, por ejemplo, una poeta como Tokiko Takahashi evoca la tragedia de Hiroshima en la visión de dos cadáveres besándose bajo el claro de luna… Hoy nos centramos la figura de Chiyo-jo o Chiyo-ni (1703-1775), famosa por su belleza -como lo fuera Ono no Komachi-. Nacida en una familia relacionada con la caligrafía y la pintura, Chiyo-jo se inicia desde muy joven en la composición poética. En 1754 se hace monja, firma como Chiyo-ni, adopta el nombre búdico de “Jardín desnudo” (soen) y se olvida de su lápiz de labios para saborear el agua pura… Chiyo-ni -como el ruiseñor que vuelve y vuelve a decirlo- nos sigue enamorando con su elegante naturalidad. Bullen imágenes y sensaciones en la memoria: la inesperada enredadera en el cubo del pozo, que la obliga a pedir agua en la casa vecina; o la dolorosa pregunta tras la pérdida de su hijo: “ese pequeño / cazador de libélulas, / ¿dónde habrá ido?”
Poesía y vida se entrelazan, se funden, en una secuencia prodigiosa: la primera bruma del año, velando y desvelando una y otra montaña; la lluvia primaveral que lo embellece todo; el brillo del agua resplandeciendo entre cada brizna de jóvenes hierbas; las flores del melocotonero dejándose ver, a través de las puertas abiertas, en la casa vacía…; la olla cubierta de hollín, avergonzada entre los iris… violetas, potrillos, mariposas que sueñan, campanas al atardecer, un templo abandonado, la gracia de las cosas ocultas, y todo cuanto puede decirse en apenas tres palabras: “cuco / página blanca / soledad”. Aún nos emociona la sencillez de su despedida. Poco antes de morir, Chiyo-ni escribe, de su puño y letra, “el agua es limpia y fresca, / se extinguen las luciérnagas, / no hay más”, y dicta su último poema: “vi una vez más la luna / en este mundo, / adiós…”
***
45
古寺やほうろく捨るせりの中
Furudera ya houroku suteru seri no naka
El viejo templo-
una olla de barro abandonada
en medio del perejil.
—
Desglose:
古 [furu: viejo, antiguo], 寺 [dera: templo] や[ya: partícula] ほうろく [houroku: olla de barro] 捨る [suteru: tirar, abandonar] せり[seri: perejil], の[no: partícula], 中[naka: medio].
Comentario y notas culturales:
Seri (perejil) es el kigo.
Ya hablamos, en el haiku número 17, sobre este Festival de las Siete Hierbas (七草の節句 nanakusa no sekku); el plato gastronómico por excelencia es el okayu, un tipo de arroz, que se consume para protegerse de los demonios, favorecer la longevidad y la buena suerte. Tiene un valor diurético, depurativo, tras las comidas de Año Nuevo. Las siete hierbas son: perejil japonés (seri), jaramago blanco, borriza, pamplina, lampsana, nabo y rábano. Este festival se celebraba el séptimo día del primer mes lunar y cambió al 7 de enero tras la revolución Meiji.
Una traducción más poética y libre podría ser:
El viejo templo-
una olla de barro abandonada
en el campo de perejil.
CONSTRUIR
Las castañas
sin que haya Dios ni dioses,
tan sorprendidas.
DECONSTRUIR
Como el haiku del pasado mes, este nació en el curso del paseo que di por los alrededores de El Real de San Vicente, en la ruta que llaman aquí La Tejea, especialmente pintoresca por los viejos castaños. Fue uno de estos días otoñales en que los frutos de estos árboles, de hermoso porte, abren sus erizos y, por las aberturas de estos, por primera vez se asoman al mundo. Como en la foto que adjunto.
Se asoman al mundo sin acabar de creérselo. Debido a la acción desalmada de la naturaleza, son expulsados de la seguridad y confort del erizo donde han crecido, viéndose empujados, sin ningún miramiento, al aire fresco del exterior. Una vez en contacto con el aire, por una extraña ley llamada de la gravedad que rige en el naturaleza, los frutos caen al suelo.
Y, ya en tierra, quedarán a merced de los humanos, de no muy diferente modo a como un recién nacido queda a merced de quienes lo rodean cuando sale del útero materno.
La castaña se asoma al mundo desde la seguridad efímera del erizo. Tan sorprendida al contacto con el aire, al ver el mundo que la espera.
Esta sorpresa de la castaña es la impresión que me ha movido a escribir estos tres versos. Pero entre la sorpresa de la castaña y conciencia de la misma, se ha colado, sin casi yo quererlo, una reflexión: No hace falta Dios (realidad trascendente), ni tampoco dioses (realidades intrascendentes, pero conceptualmente avasalladoras: agnosticismo, ateísmo, materialismo, panteísmo, animismo, religiones politeístas, etc.) para que la castaña experimente la sorpresa, ni para que nazca, ni para que perezca, ni para que se transforme.
La castaña y su sorpresa al salir del erizo de la rama es una religión sin Dios ni dioses, con el mismo derecho con que la naturaleza es una realidad sin Dios ni dioses, una realidad impersonal y fría. Una religión espontánea e inocente, no constituida ni, mucho menos, manipulada con dogmas o creencias. Una religión pura como la visión de un niño.
El haiku, como la castaña, es una religión sin Dios ni dioses. Es la religión de la naturaleza. En este sentido, sí, se puede afirmar que hay ateísmo en el haiku.
Masaoka Shiki, el creador del haiku moderno, tiene unos versos famosos que son a la vez profundamente religiosos y rabiosamente anti religión constituida. Son estos:
Para los oídos
ensuciados por sermones,
¡el canto del cuco!
Sekkyō ni 説教に
kegareta mimi o 汚れた耳をや
hototogisu ほととぎす
La castaña de mi torpe haiku aspira a ejercer la misma función que el cuco de Shiki. O bien, ¿se sorprende la castaña, al asomarse al mundo, de la inexistencia de Dios o de dioses? ¿Una castaña a contracorriente de la famosa frase evangélica de que no se mueve la hoja de un árbol sin la voluntad divina? ¡Qué bien, la ambigüedad del haiku!
Shiki tiene otro haiku, más famoso aún, en el que se ha visto la profesión de la fe religiosa, pero sin dioses (sintoísmo) ni Buda, del poeta, es decir –y expresado en la paradoja de un término religioso– el ateísmo del haijin. Su religión, la del haijin, era la religión de la poesía, «el viento de otoño»:
Viento de otoño.
Para mí no hay dioses,
tampoco Buda.
Akikaze ya 秋風や
ware ni kami nashi 我に神なし
hotoke nashi 仏なし
El rechazo del haiku a todo teísmo que no sea el de la naturaleza, y este con mucha reserva, me recuerda la famosa frase del Maestro Eckhart: «Rogamos a Dios que nos libre (nos vacíe) de Dios» o la de Dōgen, el maestro zen del siglo XIII, «si encuentras a Buda, mátalo». Con estas expresiones, estos dos místicos describen el estado normal de la experiencia religiosa del ser humano. La experiencia religiosa del haijin consiste en vivir una vida de religión, pero prescindiendo de los conceptos y abstracciones vinculados a la religión. Es la vía del místico. Es la poesía de la sensación. Es el ateísmo del haiku. La castaña que se asoma al mundo es mi dios. Y el erizo del que está saliendo. Y el árbol, y la tierra en el que crece. ¿Qué dios?
Haibun 38
Caen las hojas de los árboles mientras anochece en el parque.
Por el camino se perfila la silueta de una mujer que pasea con un perrillo a su lado.
Se detienen a mirar las ramas, tal vez sea el azul oscuro del cielo mientras las tonalidades anaranjadas, que anuncian el ocaso del sol, son una línea perfilada sobre el suelo.
Solo son sombra a la luz de las farolas y ruido de pisadas.
Hace frío y no quedan pájaros que adornen, como bolas de navidad, los árboles.
Estamos en otoño.
Hojas de almez.
Bebe el perro en el charco
del grifo roto
Juan Lorenzo Collado Gómez
Albacete (España)
Halcón…
Salida durante un atardecer, temperatura agradable, no puedo decir caluroso.
Antes de llegar a la zona de lomadas, encuentro un álamo y a su lado un zanjón que no se distingue bien, pues las últimas lluvias permitieron el crecimiento abundante de mostacillas silvestres que muestra una flor de amarillo intenso, pequeña, simple y muy bella.
La vida se exhibe con creces, los lagartos que van de mata en mata, matuastos, más difíciles de encontrar, abejas, arañas…
Entre el alfilerillo
estridula
un cascarudo
La martineta, se deleita en baños de arena, aprovechando la tibieza del sol.
Es la hora que salen en busca de alimento y agua. No se aleja aunque mira que me acerco; decido no molestarla y continuar por otro sendero.
Me detengo cerca de un alambrado ante el movimiento de un pájaro: ¡¡¡es una calandria!!! Picoteando no sé qué en la aridez del suelo, pero sigue, ágil y atenta.
Hacia mi espalda, un ruido entre las matas me invita a darme vuelta, una liebre asciende por la colina sin detenerse hasta llegar a lo alto y se pierde rumbo al oeste.
Ahora: chillidos, vista al cielo; un halcón peregrino en este escenario de pocas nubes. Sigo sus movimientos en la que hace una demostración elegante de vuelos: en espiral, en picado, para ascender nuevamente, luego, sereno planeo en círculos, va…viene, se eleva otra vez, entre giros cortos y nuevos planeos.
De repente hacia el sur, hacia el este, en esos momentos baja la cabeza, mira hacia un lado y otro como si buscara algo. Otros giros, gritos…
Un viento repentino se dirige hacia el mar, se une a la cresta espumosa de las olas.
En la orilla, un grupo de gaviotas capucha negra y gaviotas blancas, atraen por un momento mi atención, es época de migraciones
Atrapante: el halcón peregrino, qué belleza y misterio, en lo alto apenas un pajarillo y cercano su esplendor de ave rapaz; cazadora en el aire.
Y entonces se decide: desciende en el faldeo este de la loma para desaparecer en uno de los huecos de entre una serie de ellos.
Es el lugar donde anidan…
Ese faldeo arcilloso, sin rastros de vegetación es el lugar elegido.
Subiendo por otro cerro veo el encanto del espacio, con rastros de lluvias que dibujaron profundos surcos que descienden fusionándose con el color arcilloso, unidos a afloramientos de matices blancos; estructuras que sobresalen como estantes apilados a distinta altura, espacio de deliciosos fósiles de Ostrea máxima .
En algunos espacios tímidamente aparecen algunas matas achaparradas, espinosas: los quilimbay.
http://buscador.floraargentina.edu.ar/species/details/16393/33471
El ocaso comienza a revelar la magnitud de colores rojos, amarillos, blancos, azules que se reflejan tiñendo las alturas de las mesetas, el mar, el pecho de las gaviotas que en bandadas se desplazan entre una variante de graznidos y silencios.
xisclets –
a recer del temporal
un cranc
-.-
graznidos –
a resguardo del temporal
un cangrejo
riu Mundo –
gairebé en silenci
cau sobre la molsa
-.-
río Mundo –
casi en silencio
cae sobre el musgo
https://viajes.nationalgeographic.com.es/a/viaje-a-riopar-y-asombroso-nacimiento-rio-mundo_18511
Si bien en el hemisferio norte están recién entrando a otoño, según el calendario lunar, desde el décimo mes hasta el doceavo correspondía a invierno. Dado que era el calendario que se utilizaba en la época de Bashou, el haiku que les traigo para noviembre pertenece a esta estación.
Comencemos por el tanka en el cual se inspira Matsuo Bashou, y que pertenece a Gokyougoku Sesshou Saki no Daijou Daijin (su cargo en la Corte), quien vivió entre 1169 y 1206 y cuyo nombre era Fujiwara no Yoshitsune. Fue hijo del Consejero Jefe Kujou Kanesada y sobrino del monje poeta Jien. Estudió poesía con los grandes maestros de fines de la era Heian e inicios de Kamakura, Fujiwara no Toshinari y su hijo Sadaie. El emperador Go-Toba le encomendó que fuera uno de los compiladores del Shin Kokin Wakashuu, la octava antología imperial del año 1205.
El poema que sirve de inspiración al haiku que analizaremos este mes es uno de otoño, dado el uso de きりぎりす “kirigirisu” o “grillos”, en el cual el poeta expresa la tristeza de dormir sin la amada. Está compilado en el rollo 5 del Shin Kokin Wakashuu, que es el Segundo rollo de Otoño, con el número 518, y también en la antología privada del año 1235 compilada por Fujiwara no Sadaie Ogura Hyakunin Isshu con el número 91.
きりぎりす 鳴くや霜夜の さむしろに
衣かたしき ひとりかも寝む
kirigirisu naku ya shimo yo no samu shiro ni
koromo katashiki hitori kamo nemu
los grillos cantan y en la escarchada noche sobre la fría estera abro la mitad de mi túnica a solas dormiré
En los encuentros amorosos los amantes colocaban sus túnicas abiertas en el piso y se acostaban sobre ellas, por lo que la imagen de extender la mitad implica que se está durmiendo a solas. Este tanka, esencialmente romántico, es la base para el siguiente haiku:
霜を着て風を敷寝の捨子哉
shimo wo kite kaze wo shiki ne no sutego kana
vistiendo la escarcha y el viento como cobijas el niño abandonado
En él, Bashou cambia de estación a invierno, ya que el kigo es 霜 “shimo” o “escarcha”. También cambia el foco de una escena amorosa a la visión de un niño abandonado. Muchos estudiosos consideran este último cambio como una estrategia poética propia de la escuela Danrin, en la cual se toma un poema muy conocido y se contrasta con una imagen más cotidiana, por lo tanto, el niño en el caso de este haiku puede ser imaginario.
En otro haiku que Bashou incluye en su Nozarashi kikou, el cual compone en la presencia de un niño real: 猿を聞く人捨子に秋の風いかに “saru wo kiku hito sutego ni aki no kaze ika ni” “aquellos que escuchan a los monos ¿qué de este niño abandonado en el viento otoñal?”, se puede percibir una crítica más directa utilizando la famosa leyenda china y japonesa de que los viajeros lloraban al escuchar los gritos de los monos, contrastando esa actitud con la indiferencia frente a estos niños. También es importante considerar que en el período Edo (1603 – 1868) los niños abandonados eran un paisaje común dada la pobre economía del país.
Y así, viajando de texto en texto, de poema en poema, actividad ideal para los meses más fríos, me despido deseándoles un maravilloso noviembre desde un Santiago de Chile cada vez más primaveral.
CONSTRUIR
Largo paseo
con Zarca sorda y vieja.
Primeros fríos.
DECONSTRUIR
¿Quién es Zarca? Quizás vaya contra el espíritu del haiku, decirlo. Sí, sería más poético dejar en el misterio la identidad de Zarca. Sin embargo, “deconstruir” es eso: una traviesa aguja que pincha la fantasía de la burbuja multicolor del poema. Por eso, hago justicia a esta sección de Deconstruir revelándolo.
Zarca es mi perra. Tiene una particularidad: un ojo de cada color. Además, tiene diecisiete años, una edad muy avanzada para su raza Pointer (adjunto foto). Ya no oye cuando la llamo para comer ni para sacarla de paseo y debo buscarla alrededor de la casa. Pero como sé que le gusta pasear todavía, la llevo conmigo estas mañanas de principios de otoño en que ya sentimos en la piel la bajada de la temperatura y los erizos de las castañas amarillean. Mi haiku es para ella.
Aún quedan flores
en el atajo del monte
Luna de otoño
Escribir un nombre
en el relente del maguey
Canto de grillo