Todas las entradas de: el rincón del haiku

Haiku 47

47  

肘白き僧のかり寢や宵の春

Hiji shiroki sou no karine ya yoi no haru

 El brazo blanco
de un monje en su siesta-
atardecer de primavera.

Desglose:

 肘 [hiji: codo], 白き[shiroki -actual shiroi 白い- : blanco], 僧 [sou: monje budista], の[no: partícula], かり寢[ karine: siesta], や[ya: partícula], 宵 [yoi:] の [no: partícula], 春 [haru: primavera]

Comentario y notas culturales:

 Un haiku sin verbo. Elegancia del haijin y atención al detalle, a aquello que suele pasar desapercibido para el corazón insensible. Sugerente y sobrio, sin adornos y en el juego tácito de los complementarios luz (blanco) y oscuridad (negro).

 

 

La estación más hermosa

A principios del siglo XIII, el poeta Kamo no Chomei -desencantado por los desastres de su época- escribía desde su choza de ermitaño: “mi único deseo en esta vida es ver la belleza de las estaciones».  Cinco siglos más tarde, otro monje -el vitalista y melancólico Ryôkan- desvelaba el enigma de su legado a la posteridad: “¿Cuál será mi legado? Las flores de cerezo en primavera, el cuco en las montañas y las hojas de arce en el otoño…” En el umbral de un nuevo año, la memoria se vuelve hacia el mundo de las “palabras estacionales” (kigo), compiladas en los Saijiki, farragosos diccionarios que acotan y ensanchan la imparable vitalidad del haiku. Dicen que el día de fin de año Eugenio d’Ors quemaba, su página más bella, recordando quizás un dicho zen: “Cuando llegues a la cima de la montaña, sigue subiendo”.

Desde el 1 de enero de 1873, Japón se rige por el calendario solar occidental, pero su celebración del año nuevo sigue evocando el comienzo de la primavera, conforme al antiguo calendario lunar, con sus ritos y símbolos: el primer sueño auspicioso -sobre todo, si se sueña con el Fuji y con el halcón-; los adornos con ramas de pino, que simbolizan la longevidad; la bienvenida a la primera mañana con el canto del gallo… En los glosarios clásicos, la ronda de las estaciones se rige por las lunas, y aquí las iremos evocando a partir de la primavera, que comenzaba hacia el 4 de febrero, anunciada por el canto del ruiseñor. Los poetas la cantan con verdadera pasión. Shiki la ve nacer bajo su almohada de enfermo con el olor de la lavanda; Bashô da gracias al ciruelo por brindarle tan pronto sus flores, porque en su corazón todavía es invierno… Y, de pronto, la incomparable floración de los cerezos, ebrios de rosada blancura… Los poemas nos traen y nos llevan por todos los caminos primaverales: primeras violetas, primeros narcisos amarillos, primeras golondrinas, el vibrante vuelo vertical de la alondra, el grito de celo del faisán, las cometas que se entrecruzan en el aire y la cometa que el bebé de Issa sostiene, dormido, entre sus dedos…

Del verano nos llega el delicado resplandor de un arcoiris doble, tras el aguacero del monzón: un mes de lluvias torrenciales, intermitentes, que -como observa Bashô- han respetado milagrosamente el Pabellón de Oro… Después, un cielo inmenso, con largos días de luz que se corresponden, hacia el solsticio, con las noches más cortas. Buson celebra la delicia de cruzar el río estival con las zapatillas en la mano. Estación de las fiestas y de los fuegos artificiales. Estación del azul: el mar, el, cielo, las hortensias, la imposible rosa soñada; del morado de las malvas y de algunos lirios; del rojo de las amapolas y del color vino, casi negro, de las moras… En las horas de más calor, las cigarras taladran con su chirrido las rocas, y al frescor de la noche, entre las matas de hierba, junto al agua, las luciérnagas emiten su fresca luz verdeazulada…

Otoño es la estación más contemplativa. De nuevo, como en la primavera, el equinoccio iguala las noches con los días y nos regala la noche más bella: la de la luna llena de septiembre. Poco a poco, las noches se van alargando y se ahonda el sentimiento de soledad, percibido por Shiki en el sonido de la campana, cuyo sonido llega en oleadas a través de la noche oscura. Resuena en el silencio el murmullo de las oraciones y el recuerdo de los seres queridos. En las noches más claras, se ahonda el fulgor de la Vía Láctea, evocando la leyenda de Tanabata, el reencuentro amoroso del Boyero y de la Hilandera (Altair y Vega), en el río de las estrellas. Otoño: estación de los mil colores en montes y praderas; estación del rocío, de la recolección del arroz y de los frutos, de los salmones que remontan los ríos para desovar, del cri-cri de los grillos, de las bandadas de aves migratorias, de la berrea de los ciervos y de la caza…. Y nos queda el invierno, con su frío, sus nieves, su bajada al abismo de la oscuridad en el día más corto del año y su conquista progresiva del reino de la luz…

Alguien le preguntó a su maestro cuál era la estación más bella del año. Y el maestro contestó: ““En la primavera, la flor del cerezo; en el verano, el canto del cuco; en el otoño, la luna llena; en el invierno, la nieve… ¿Cuál? Esa: es decir, todas”.

***

Diciembre 2022

CONSTRUIR

Se fue noviembre.

Ajenos a la belleza,

los cables de la luz.

DECONSTRUIR

  La conjunción de belleza e indiferencia hacia esta no es infrecuente en el haiku japonés. He aquí dos muestras de Issa Kobayashi, el haijin de los animalitos más humildes, y de Matsuo Bashō:

Dedemushi ya                   El caracol

Akai hana ni wa               ni una sola vez mira

Me mo kakezu                   a la flor roja

 

Kashi no ki no                    Poco le importan

Hana ni kamawanu        las flores del cerezo

Sugata kana                       al viejo roble

 

  En el paseo por la ribera del río Tajo, en Talavera de la Reina, abundan los días en que se pueden capturar puestas de sol maravillosas. Como la de la foto que adjunto en esta entrega para los amigos de El Rincón del Haiku. Al final de un paseo dado la semana pasada, cuando ya no se veía el río, sino casas, me tropecé con los cables y las torretas de la luz eléctrica, con unos alambres que cortaban el espectacular fuego de las nubes en el poniente. A alguien, podrían parecerle estúpida o inoportuna esta presencia (cables, torres, tejados), puesta ahí por el hombre. A mí se me antojó que, por el contrario, estos cables anónimos embellecían el paisaje. Y se me ocurrió la pregunta: ¿serían conscientes del bello paisaje que se mostraba a esa hora delante de ellos?  Con nuestro característico orgullo, los seres humanos tendemos a pensar que la apreciación de la belleza es patrimonio exclusivo de la sensibilidad humana. No lo sé. Y, desde mi ignorancia, asumiré que no, que los cables no podían apreciar la belleza de la puesta de sol. El caracol del haiku de Issa ni siquiera alza la vista para apreciar el color rojo de la flor; ni al viejo roble del otro haiku le importa mucho la belleza de las flores del cerezo.

    La mente fotográfica del haijin es sensible a este desinterés, a este mostrarse ajeno a la belleza, y, tal vez por esto mismo y de esta manera indirecta, oblicua, enaltece aún más la belleza de la flor roja, de las flores del cerezo, de una coloreada puesta de sol sobre el río.

    La oblicuidad del haiku me parece una herencia del waka clásico japonés, en el cual la expresión directa y hasta el uso de los adjetivos calificativos se consideraban de pésimo o, cuanto menos, de dudoso gusto.

Por eso, no digamos que la luna es hermosa, sino más bien, en formato de haiku:

 

Ya son las tres,

Me he levantado cuatro veces

A ver la luna.  

Justamente este fue el ejemplo que, hace dos semanas y para definir qué un haiku, di a los asistentes a una charla titulada “Cosmovisión japonesa en 17 sílabas” organizada en Pravia (Asturias) por la Asociación de Escritores Asturianos.

Siempre me quedará la duda: la belleza de aquella puesta de sol, ¿habría sido percibida por los cables de la luz? De lo que no hay duda es de que noviembre se fue.

 Certeza del paso del tiempo contra incertidumbre de los fenómenos del mundo. Juntos en un cuadro de colores de fuego.

Diciembre 2022

Haibun 39 y 40

En el último mes del año quiero agradecer su colaboración a los autores que generosamente han participado para que la sección de haibun de ERDH se llene de contenido.

Colaboradores en 2022: Marga Alcalá, Enrique Linares Marti, Lester Flores López, Juan Lorenzo Collado Gómez, Paco Ayala Florenciano, Alfredo Benjamín Ramírez Sancho, Jorge Moreno Bulbarela, Julia Guzmán, Felix Arce Araiz Momiji.

Gracias a tod@s. Espero que en el futuro podamos seguir disfrutando de vuestras obras.

Desde aquí invito a los lectores y amantes del haiku y el haibun a seguir cultivando e investigando esta forma de escritura japonesa. Los publicados en esta sección, que empezó su andadura en abril de 2020, son solo una pequeña muestra del trabajo que se viene desarrollando en los países  hispanohablantes en cuanto a esta forma de arte japonés tan unida al haiku.

El correo para enviar vuestros haibun a  la revista mensual de ERDH es: haibunelrincondelhaiku@gmail.com

Para despedir este año traigo a la sección un hermoso haibun de José Luís Vicent publicado en Enero de 2012 en el apartado correspondiente del foro junto a un pequeño homenaje al maestro Matsúo Basho con un fragmento de Sendas de Oku:

-.-

Hoy he vuelto a recordar aquella vieja higuera de la infancia; aquel bancal colmado de misterios, hogar de la inocencia, árbol entre los sueños. Todo allí eran hojas y ramas, sombras vertidas contra un muro cercano. Hierbas tenaces que florecían entre los resquicios de la piedra. Áspera piel la del tiempo. Después, el tedio de los días venideros, tiempo de cenizas, círculos y más círculos, pasillos sin salida; y un letargo…, el del agua aprisionada en el interior de oquedades de silencio.
Tronco, corteza de elefante: memoria de una rama que al partirse propagó su fragancia para siempre. Bajo aquella higuera de antaño… no existe recuerdo alguno que pueda marchitarse.


Ya tiene brotes
la rama de la higuera
Nieva otra vez

 José Luis Vicent
Valencia (España)

                                                  …………………………………

Dicen que el río Kurobe tiene cuarenta y ocho rabiones y yo creo que los cruzamos todos y otros más, hasta que al fin fuimos a dar a una rada que nombran Nago.

Aunque había pasado la primavera, nos dijimos que las célebres glicinas de Tako bien merecían que las contemplásemos en el otoño temprano. Indagamos con la gente y nos contestaron: <<Desde aquí son unos cinco ri. Hay que pasar por la playa y en la falda de la montaña las encontrarán; pero como no hay sino unas cuantas chozas de pescadores, será muy difícil que puedan hallar un lugar en donde pasar la noche>>. Me asusté y decidí seguir hasta la provincia de Kaga:

 Penetro en el aroma
del arrozal temprano
El mar de Ariso*, late a mi derecha.

 *Ariso Umi: el mar furioso

 

 Matsúo Basho
Sendas de Oku, pag.147
Edición de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya, Atalanta 2014

Os deseo una feliz salida y entrada de año.

Mari Ángeles Millán, Hikari

Diciembre 2022

Avui el dia es presenta ennuvolat. Surto a caminar per la vora del torrent, una ruta planera i relaxada, entre pollancres i faigs que van perdent la fulla. Encara que aquests núvols no sembla que hagin de descarregar, hi ha humitat a l’ambient.

A la riba de ponent, van creixent els nous pollancres, després de la tala de l’hivern passat. Els ocells estan esvalotats. Van d’aquí cap allà, entre piuladisses. Tal vegada intueixen pluja. Tant de bo! En saben més ells que no pas jo, això és segur.

1

matí embromat

les fulles dels pollancres

al torrent sec

M’enfilo cap als cingles. L’olor del romaní i la farigola m’acompanyen. Aquí i allà, els pins i roures morts acoloreixen el bosc. El corriol és ben cobert de fulles, i els fruits de l’arboç ressalten, vermells, escampats arreu.

El cel cobert no ha deixat que s’esvaneixi del tot la boira, però ja despunta el sol. Al meu davant, els turons i turonets sembla que llisquin entre la boira, empesa per la brisa.

2

sol de tardor

entre els colors del bosc

els arbres morts

Arribant a l’ermita de Sant Feliuet, faig parada per esmorzar, i, en uns minuts, ja em ronda un pit-roig. Li llenço unes engrunes i mengem plegats.

https://www.rutasconhistoria.es/loc/ermita-de-sant-feliuet-de-savassona

-.-

Hoy el día se presenta nublado. Salgo a caminar por la orilla del torrente, una ruta llana y relajada, entre chopos y hayas que van perdiendo la hoja. Aunque estas nubes no parece que vayan a descargar, hay humedad en el ambiente.

En la orilla de poniente, van creciendo los nuevos chopos, después de la tala del pasado invierno. Los pájaros están alborotados. Van de aquí para allá, entre trinos. Tal vez intuyen lluvia. ¡Ojalá! Saben más ellos que yo, eso es seguro.

1

mañana nublada

las hojas de los chopos

en el torrente seco

Subo hacia los riscos. El olor del romero y el tomillo me acompañan. Aquí y allá, los pinos y robles muertos colorean el bosque. El sendero está bien cubierto de hojas, y los frutos del madroño resaltan, rojos, esparcidos por todas partes.

El cielo cubierto no ha dejado que se desvanezca por completo la niebla, pero ya despunta el sol. Delante de mí, colinas y lomas parecen deslizarse entre la niebla, empujada por la brisa.

2

sol de otoño

entre los colores del bosque

los árboles muertos

Llegando a la ermita de Sant Feliuet, hago parada para el desayuno y, en unos minutos, ya me ronda un petirrojo. Le tiro unas migajas y comemos juntos.

https://www.rutasconhistoria.es/loc/ermita-de-sant-feliuet-de-savassona

HAIKU 46

46  

筋違にふとん敷たり宵の春

Sujikai ni futon shikitari yoi no haru

 Los futones en diagonal
para la habitación-
Atardecer de primavera

Desglose:

筋違 [sujikai: diagonal, oblícuo], に[ni: partícula], ふとん [futon: futón], 敷たり[shikitari: tamaño de la habitación], 宵 [yoi:] の[no: partícula], 春 [haru: primavera]

Comentario y notas culturales:

El futón es una tipo de edredón japonés. Las personas durante el período de Edo, especialmente los pobres, solo tenían un colchón relleno de shikubuton 団 き 布 団 o una especie de esteras tejidas para recostarse. En primavera cada uno en su futón, pero en invierno solía compartirse para obtener el calor del cuerpo ante unas temperaturas gélidas. Esto nos recuerda a estas 3 composiciones de Buson:

A.- 燭の火を燭に移すや春の夕

Shoku no hi wo shoku ni utsusu ya haru no yû

Encender un candil
con otro candil-
noche de primavera.

 

B.- 等閑に香たく春の夕かな

Naozari ni kô taku haru no yûbe kana

Con indiferencia
quemo el incienso-
atardecer de primavera.

 

C.- においある衣も疊まず春の暮 

nioi aru kinu mo tatamazu haru no kure

La ropa perfumada
aún sin doblar-
atardecer de primavera.

Campanas

          En el tañido de la campana de Gion resuena el eco de la impermanencia de todo. El color de las flores de sarai anuncia ya el inevitable declive de los poderosos. Dentro de poco, los arrogantes serán como sueños de una noche de primavera, y hasta los más valientes desaparecerán como polvo en el viento”. Así comienza el “Heike monogatari”, anónimo relato del ascenso y caída de un clan que parecía invencible, el de los Taira, frente al clan Genji. La campana de ese monasterio de Kioto sigue resonando en nuestra memoria y aviva su melancolía ante las ya inminentes campanadas del Año nuevo. Una vez más, tomamos conciencia del tiempo que vivimos y que nos vive. En una ventana del palacio de Mirabel de Plasencia hay un lema que resume, con dos palabras, el sentimiento de fugacidad: “Todo pasa”. Y sin embargo, para Izumi Shikibu, la genial poeta de la era Heian, “todo es eterno: perlas de rocío, sueños, mundo, quimeras…”.

                Hace ahora un siglo, nos dejaba el incomparable y sensitivo Marcel Proust, el escritor que, saliendo “en busca del tiempo perdido”, encontró así el tiempo recobrado: “Cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo.” Era el sabor de la magdalena que su tía Leoncia le ofrecía los domingos por la mañana; el perfume de los espinos en flor; la sonata de Vinteuil; el sonido de las campanas de Combray… También yo rescataba en mi “Soliloquio” algunos sonidos de la infancia perdida, como el del reloj de la plaza del pueblo: aquel sonido metálico y antiguo que seguía resonando, con precisión mágica, en el fondo de la memoria: “ese mismo reloj que –enloquecido por la nevada– perdía el pulso y empezaba a dar treinta o cuarenta campanadas, y tú abajo, con los niños, contándolas a coro. O se quedaba parado durante meses y era una suspensión de todo, como si estuviera fermentando el vacío…”

                Y las campanas de la iglesia, escuchadas desde la distancia, perdidas en una maraña de sensaciones en el rodar del año: “pequeñas alegrías del verano; luz de octubre (melaza y uva negra) concentrada en un vidrio que fulge todavía, al oreo del recuerdo, sobre el canto de una calleja; un remolino de hojas secas levantado en las trochas de lodo; todo el otoño concentrado en los redondos ojos quietos de una mula; la magia ubicua del plenilunio que enciende los regatos lejanos, allí donde los arenales y el verde tierno de los viajes de agua ofrecen a los muertos la doble tentación de la sequedad y la lujuria; primeras flores del cerezo cuya noticia sabes por un ramo blanquísimo, abandonado en la penumbra de una cuadra; velones en las puertas de los atardeceres de junio; rosas cayendo sobre un muro de piedras incendiadas y manojos de orégano que se cogen por San Lorenzo y cuelgan de las vigas y defienden las casas del fuego (ramos verdifloridos, con su cogollo blanco y su aroma fortísimo de lluvia, en creciente viraje hacia una verdinegra sequedad desgranándose); más rosas –ahora rojas– de un día de primera comunión, cortadas en el huerto de la tía Eugenia; rabos de lagartija delirando en el polvo y camisas de culebra en el camino de la Nava; campanas en la umbría tocando a muerto o a las flores de mayo, a misa de alba o de doce, a muertos y a bautizos, a “pascualeja” cuando se muere un niño…”  Sí. Esos toques manuales que la UNESCO acaba de declarar Patrimonio Cultural Inmaterial.

 

 

***

 

DICIEMBRE 2022

Llegamos al último mes del año y también al último artículo, en el que les traigo un haiku invernal, con una sensación de calma, paz y esperanza incluso. Perfecto, en mi opinión, para esta época.

Este haiku es un 画讃句 gasanku o poema escrito en una pintura, la que en este caso muestra un bosque de bambúes inmóviles, pues el bosque pacifica el caos del mundo exterior absorbiendo el viento glacial.

木枯やたけにかくれてしづまりぬ

kogarashi ya take ni kakurete shidzumarinu

viento invernal, escondido en el bambú se calma

El primer verso “木枯や, kogarashi ya: viento invernal” está inspirado en una frase del Sumiyoshi monogatari, texto de fines del período Heian (794-1185), considerado junto al Ochikubo monogatari uno de los primeros representantes del género monogatari o cuento ficticio, y que relata, al igual que ese, una historia tipo Cenicienta. Atormentada por las maquinaciones de su madrastra, la protagonista, Himejime, huye a refugiarse con la antigua acompañante de su fallecida madre ―quien es ahora una monja― al santuario de Sumiyoshi. Cuando tiempo después, el Shoushou, interés romántico de la protagonista, se entera de lo sucedido a través de un sueño y corre a buscarla, al llegar a Sumiyoshi oye a alguien que canta junto a un koto “en la playa de Sumiyoshi sopla el viento entre los pinos, y espera, siempre espera, por quien llega a esta playa, a la que nunca el hombre viene”, reconoce entonces la voz de Himejime y comprende que por fin ha encontrado a su amada.

El segundo verso “たけにかくれて, take ni kakurete: escondido en el bambú” hace referencia a los Siete Sabios del Bosque de Bambú, grupo de filósofos, poetas y músicos chinos del tercer siglo de nuestra era, varios de ellos relacionados con la escuela Qingtan de Taoísmo. Según la tradición, ellos querían escapar de las intrigas, la corrupción y las maniobras políticas de la vida en la corte durante el período de los Tres Reinos. Se reunían en un bosquecillo de bambú cerca del hogar de uno de ellos, Ji Kang, donde disfrutaban de la poesía, del elogio de sus obras y de la vida simple y rústica. Es interesante el contraste entre la imagen de este grupo de hombres divirtiéndose en el bosque de bambú, con el silencio y la calma de el del haiku.

En este poema Bashou utiliza personificación, y representa de forma tan precisa y completa la sensación de movimiento del viento y el paso del tiempo, que es perfectamente comprensible incluso sin la pintura a la que acompaña.

Y así terminamos un año más de haiku, literatura y los cambios en la naturaleza que nos traen las estaciones, y que nos acompañan en nuestro diario vivir. Gracias por acompañarme mes a mes en esta aventura en la cual vamos viajando a través de los siglos y los textos, de la mano del maestro Matsuo Bashou.

Les deseo a todos unas hermosas Fiestas de Fin de Año desde Santiago de Chile.