Septiembre de 2026

CONSTRUIR

El primer sol
En las hojas del roble.
Fin de verano.

DECONSTRUIR

  Caminar en medio de la naturaleza es para mí una gran fuente de inspiración para componer haikus. La naturaleza que me rodea no es espectacular: no tengo el mar, ni grandes montañas, ni vistas maravillosas, ni paisajes grandiosos. Es simplemente una sierra, la de San Vicente, primeras estribaciones de Gredos, en el macizo central de la península ibérica. Pero tiene un entorno muy arbolado de castaños, robles y enebros; y salpicado con cerros de alturas medias, entre 800 metros, donde está mi casa y 1.360, el punto más alto, el Alto de las Cruces. Ayer precisamente, 1 de septiembre, me llevaron mis pasos a este alto: una caminata, ida y vuelta, de unos 14 kilómetros, en los que empleé casi cinco horas.

     Salí muy temprano, casi de noche. Más de media hora después, cuando acababa de salir el sol a mi espalda, saqué la foto que acompaña el haiku de este mes: los primeros rayos del sol, detrás de mí, llegando a las copas de los robles que tenía enfrente. Y, para colmo de sorpresa, la luna menguante en lo alto. Me sobrecogió la emoción del instante.  

      En realidad, desde hacía un par de días tenía preparado otro haiku para celebrar el fin del verano. Era este:

Una hoja tiembla
Al final del verano.
La soledad.

   Pero, dándole vueltas, no me acababa de gustar. Tal vez intelectual, demasiado elaborado, buscando efecto con ese tercer verso. Lo deseché.

    Así que al final me decidí por este otro del primer sol en las ramas del roble. Quizás porque fue fruto de un visión tan… impactante e instantánea, sin tiempo apenas para la elaboración. Tenía claro que deseaba reflejar, fuera el haiku que fuera, el final del verano: el aire ya era fresco y el cielo tenía otro color. Sin embargo, estuve tentado de variarlo por este otro:

Se vierte el oro
En las hojas del roble.
Fin de verano.

   Pero rápidamente lo deseché también. Por dos motivos: intelectual en exceso debido a la metáfora de «oro» para significar «la luz del sol recién salido», y demasiado… bello. Eran como dos “yo” –el yo intelectual y el yo estético– que se habían asomado, casi inconscientemente, en mi idea de lo debe ser un buen haiku.

   Hoy quiero detenerme en comenta el «yo estético». Y su peligro. La belleza. Es la gran tentación del haijin: la sirena que nos seduce con su canto. Pero yo me esfuerzo, con más éxito, creo, a medida que cumplo más años, en no hacerle mucho caso. No es fácil. Porque el yo estético siempre está, como un ángel de la guarda, a nuestro lado cada vez que componemos un haiku. Queremos, casi instintivamente, que sea bonito. Siento decepcionar a los que piensan que el haiku debe ser bello. Cada uno tiene su propia idea de lo que es un buen haiku, casi igual que cada tiene su propia idea de lo que es un buen vino.

    Para mí, el esfuerzo consciente de dotar de belleza a un haiku es un error de principio. La belleza debe brotar de manera inconsciente, de lo contrario, para mí, el haiku deja de ser bello.  Escribir «dorado» o «de oro» para representar el efecto cromático de la luz del sol a esa hora temprana sobre las hojas del árbol traiciona, por así decir, el espíritu ascético, espontáneo y libre del haiku. Por eso y no por otra cosa, lo deseché.

   El «yo estético» es enemigo jurado del haiku, como lo es el «yo intelectual», por no hablar del «yo moral o didáctico»…  ¿Os imagináis un haiku que dijera:

El primer sol
En las hojas del roble
Su verdad halla.

   ¡Horroroso! ¿Acaso hay una verdad en el hecho de cómo se derrama la luz del sol en las hojas?

   También es enemigo del haiku el «yo sentimental». ¿Os imagináis otro haiku que dijera:

El primer sol
En las hojas del roble.
Un viejo amor.

   O este:

Melancolía. 
En las hojas del roble
El primer sol.

   A mí me parecen los dos haikus sentimentales. Y el haiku, arte de ascesis, pura desnudez, no transmite sentimientos, como hace por lo general la poesía occidental, sino percepciones, instantáneas, visiones relampagueantes de una realidad superior.

   Asimismo, es enemigo del haiku el «yo ansioso». Por eso, quiero significar el deseo natural de llenar con demasiadas cosas el haiku. Como un ansia. Obedece este deseo a la especie de necesidad de no dejar espacios vacíos, de llenar los espacios, como si se tratase de aquel horror vacui del que hablaban los escolásticos. Es mejor siempre lo incompleto en este arte ascético. Si yo hubiera escrito este otro haiku:

El primer sol
En las hojas del roble.
La luna arriba. / Luna menguante. 

habría incurrido en, para mí, este defecto. Primero, ¿no es bastante presencia ya la del sol y las hojas? ¿Para qué mencionarla? Segundo y traducido en términos formales, es mejor, a mi juicio, marcar una cesura, un kireji, hablando en un tercer verso de algo que no sea el paisaje. De cambiar de tema.  Aunque quien mire la foto podrá distinguir una bella luna menguante sobre el ramaje de los árboles. Su presencia, sin duda, añadía fuerza la belleza de la visión que recibí ayer mientras caminaba hacia el Alto de las Cruces. Pero, ¿para qué mencionarla, si lo que yo quería celebrar era la llegada del fin del verano? Dejaré la luna para otra ocasión. En tercer lugar, «luna» en el mismo haiku que «sol» ofrece, a mi juicio, una simetría paisajística demasiado evidente. No me convence. Mejor sin luna. El sol y las hojas se las arreglan muy bien solitos.

   Así, pues cinco enemigos contra los que hay que estar en guardia. De los cinco, el segundo, el «yo estético», me parece el más insidioso, el más difícil de evitar –aunque el «yo ansioso» también se las trae–. Como demostración de mi antipatía por los haikus «bonitos», remito al lector al «feo» haiku de la pala vieja abandonada en la cuneta de un camino que mandé al Rincón el pasado mes: ¿es que hay algo de bello en esa visión? No, nada.

   ¿Es que había algo de bello en una rana que saltaba? No, nada.

   Dicho esto, cada uno que escriba el haiku que quiera; y que san Pedro se lo bendiga.

Septiembre de 2026

Uno de los grandes regalos que nos ofrece la literatura es la oportunidad de vivir muchas vidas y contemplar el mundo desde distintos puntos de vista. Creo que profundizar en el uso del kigo cuando leemos haiku también nos abre una ventana al Japón que fue. Podemos ver qué cosas han cambiado y cuales permanecen intactas. Dentro de las que han sufrido alteraciones, el clima es, tal vez, lo más notorio. Incluso si consideramos el desface entre el calendario lunar y el actual, el clima definitivamente no se comporta como hace uno o dos siglos, ni siquiera como hace diez años. El otro día veía las noticias japonesas y el conductor decía “vamos a entrar a la temporada de tifones”, luego de dar la actualización del número 24 en lo que lleva del año. ¡Vaya discrepancia! Y así, estos pequeños poemas no solo nos ofrecen belleza sino una oportunidad de reflexión.

En el mundo del kigo, 仲秋 chuushuu o mitad del otoño; corresponde a septiembre en el calendario actual y en el a 葉月 Hadzuki u Octavo Mes. Abarca desde 白露 hakuro o blanco rocío, alrededor del 8 de septiembre, hasta el día anterior al comienzo de 寒露 kanro o rocío frío, alrededor del 8 de octubre. Se escuchan los insectos y la luna es más brillante que nunca. Cada mañana se ve más rocío sobre la vegetación al amanecer, el cual va haciéndose cada vez más frío con el avance de la estación. Esa es, cuando menos, la definición tradicional del período ya que, en la actualidad, con el calentamiento global todavía se vive temperaturas veraniegas y lluvias intensas. El 23 de septiembre sucede el 秋分 shuubun o equinoccio de otoño, durante el cual el día y la noche tienen prácticamente la misma duración.

En esta ocasión, la selección de todos los aniversarios luctuosos corresponde a autores del período clásico, así que las fechas son del Octavo Mes lunar.

 

鬼貫忌 onitsura ki

Segundo día del Octavo Mes del calendario lunar

Uejima Onitsura (1661-1738), haijin del período Edo (1603-1868), su nombre de pila era Munechika. Otros seudónimos fueron Inukoji y Satoe. Era originario de Itami, en la provincia de Settsu. De niño, estudió con Matsue Shigeyori y, posteriormente, se dedicó al estilo de la escuela Danrin, convirtiéndose en una figura central en definir y ejemplificar el estilo de Bashou. Sin embargo, en la primavera de sus 25 años, comprendió que «no hay haikai más allá de la verdad» y estableció la teoría del haikai de la verdad o de la autenticidad. Entre sus obras destacan Daigo Monogurui, Dokugen y Satoe Shichikuruma.

El haiku que utiliza el kinichi de Onitsura es de Shimada Gokuu (1875-1928).

鬼貫忌蕉風俗に堕ちにけり

onitsura ki shoufuu zoku ni ochi ni keri

Aniversario de Onitsura. El estilo de Bashou se ha degenerado.

世阿弥忌 zeami ki

Octavo día del Octavo Mes del calendario lunar

Zeami fue un actor de Noh y dramaturgo a principios del período Muromachi. Fue el hijo mayor de Kan’ami y el segundo director de la escuela Kanze. Su nombre de infancia era Fujiwakamaru, más tarde Kanze Saburo Motokiyo. Zeami era su nombre artístico. Perfeccionó el Noh gracias a las enseñanzas de su padre y al mecenazgo del shogun Ashikaga Yoshimitsu. Tras la muerte de Yoshimitsu, cayó en desgracia y pasó sus últimos años exiliado en la isla de Sado. Escribió más de 20 tratados sobre Noh, entre ellos Fuushikaden y Kakyou, donde enfatizó la belleza del yuugen (profundidad misteriosa, belleza sutil) y analizó la teoría del hana (flor) y el rango artístico del ran’i. Entre sus obras destacan Takasago, Yorimasa, Izutsu, Hanjo, Kinuta y Tooru, entre muchas otras, obras de gran calidad como dramas poéticos.

El haiku en su honor fue compuesto por Sasaki Fura.

世阿弥忌の月白く上りけり

zeami ki no tsuki shiroku agari keri

La luna del aniversario de Zeami se elevó blanca.

西鶴忌 saikaku ki

Décimo día del Octavo Mes del calendario lunar

Ihara Saikaku (1642-1693) nació en una acomodada familia de comerciantes de Osaka. Interesado desde adolescente en la literatura, aprendió haikai, dejando de lado los negocios familiares. Saikaku, a quien le gustaba competir y ver cuántos poemas podía componer en determinado tiempo, participó en la competencia llamada “Yakazu haikai” y compuso 23.500 versos en un día y una noche, estableciendo un récord. En 1682, después de la muerte de su maestro de haikai, Saikaku comenzó a escribir ukiyo zoushi, un tipo de novela que relata la vida de quienes pertenecían al llamado “mundo flotante”. Su primer ukiyo zoushi, Koushoku ichidai otoko (Hombre lascivo y sin linaje) se convirtió en todo un éxito. Continuó con la publicación de Koushoku gonin onna (Cinco amantes apasionadas) y Koushoku ichidai onna (Vida de una mujer galante), los cuales eran ampliamente leídos en Edo, Kyoto y Osaka.

El haiku que celebra a este gran novelista y poeta es de Kubota Mantarou (1889-1963).

西鶴忌うき世の月のひかりかな

saikaku ki ukiyo no tsuki no hikari kana

Aniversario de Saikaku. La luz de la luna del mundo flotante.

定家忌 teika ki

Vigésimo día del Octavo Mes del calendario lunar

Fujiwara no Teika (1162-1241) aunque los kanjis de su nombre se leían “Sadaie”, también se podían leer “Teika”. Hijo de Fujiwara no Shunzei. Uno de los grandes poetas de fines del período Heian (794-1185) y principios de Kamakura (1185-1333), provenía de una familia de literatos y poetas, y se le conocía por ser muy estricto, no solo con la poesía de los demás, sino con la suya propia.

El Emperador Retirado Go-Toba, le encargó ser el compilador jefe de la octava antología imperial, Shin Kokin Wakashuu. Es también el compilador de la antología privada Ogura Hyakunin Isshu (Cien Poetas, Un Poema).

El haiku que conmemora a uno de lo más grandes poetas japoneses de todos los tiempos es de Aizawa Mayumi.

定家忌の反故であれどもうつくしく

teika ki no hogo de aredo mo utsukushiku

Incluso los papeles descartados en el aniversario de Teika, son hermosos.

Espero que hayan disfrutado de conocer un poco más de estas figuras consulares del mundo de las letras nipón, y que, además, vayan sumando más nombres a su lista de haijines favoritos. ¡Hasta la próxima!

Septiembre de 2026

黄昏の

紫に

ジャカランダの

花の紫は

混ざり合いつつ

 

Tasogare no

murasaki ni

jakaranda no

hana no murasaki wa

mazariaitsutsu

 

Con el color

morado del crepúsculo

se va fundiendo

el morado de las flores

de la jacaranda…

 

 

 

 

人間は

神のくれたる

空想で

如何にも神を

不朽にしけり

 

Ningen wa

kami no kuretaru

kûsô de

ikani mo kami o

fukyû ni shikeri

 

Ciertamente,

el ser humano hace

inmortales a los dioses

con la imaginación

que estos le han dado.

 

 

 

 

ブルースを
聞きながら君の
写真は
アルバムから

いま消してしまう

Burûsu o

kikinagara kimi no

shashin wa

arubamu kara

ima keshite shimau

 

Mientras escucho

un blues, borro del álbum

todas tus fotos.

 

 

 

 

古に

消えたる星の

光かな

我我の今の

関係の如し

 

Inishie ni

kietaru hoshi no

hikari kana

Wareware no ima no

kankei no gotoshi

 

Nuestra relación

es ahora el brillo

de una estrella extinta.

 

 

 

 

 

 

釜の横にて

のどをゴロゴロ

鳴らしける

猫は如何なる

夢を見るらむ

 

Kama no yoko ni te

nodo wo goro-goro

narashikeru

neko wa ikanaru

yume o miruramu

 

¿Qué soñará

el gato ronroneante

junto al caldero?

 

 

 

 

目を開けて

朝を迎える

また君を

覚えていない

ことを忘れた

 

Me o akete

asa o mukaeru

Mata kimi o

oboeteinai

koto wo wasureta

 

Abro los ojos,

saludo a la mañana

y, una vez más,

mi corazón olvida

que no ha de recordarte…

 

 

 

 

 

風車

メロン畑

回れど

啄む鳥は

あちこちありけり

 

Kazaguruma

Meronbata de

mawaredomo

tsuibamu tori wa

achi-kochi arikeri

 

Un melonar.

Giran en él en vano

los molinillos;

¡aquí y allá, los pájaros

lo picotean todo…!

 

 

 

 

そよ風に

揺るる緑の

田の中の

小道に傘の

の赤かな

 

Soyokaze ni

yururu midori no

ta no naka no

komichi ni kasa no

retsu no aka kana

 

¡Ah! ¡El bermellón

de una fila de sombrillas

en el camino

que cruza el verde arrozal

mecido al viento!

Septiembre de 2026

Caligrafiado por Emilio Delgado bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.

 

templo Mii,

llamaría a sus puertas,

la luna de esta noche

(trad. Félix Arce, momiji)

 

三井寺の

門敲かばや

今日の月

 

En la caligrafía:

三井寺の

門たゝかはや

けふの月

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Comentado por Sandra Pérez

 

Hoy está particularmente deslumbrante…

Llamaría a sus puertas…

Que los monjes salgan a contemplarla conmigo.

Llamaría… pero…

Si entro me perderé su esplendor.

¿Quién no ha tenido momentos de indecisión?  ¿Cuántas veces nos permitimos disfrutar de aquello que nos conmueve profundamente?  Momentos en los que desearíamos detener el tiempo, alargar el disfrute, convocar para compartir el milagro del instante.

Hoy es la luna, nada más

Dicen que la luna llena en el Templo Miidera se conoce desde la antigüedad porque tiene la particularidad de permitir que todo su brillo pueda contemplarse a través del cielo abierto. Actualmente, frente al estanque de lotos, se encuentra un largo monumento con el poema «Mii-dera no mon tatakabaya, la luna de hoy», se dice tiene 1000 años y fue inaugurado en 1994 para conmemorar el 300 aniversario de la muerte de Basho.

Sandra Pérez