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Octubre 2026

CONSTRUIR

Sin hacer ruido.
Hablando en la pared
Estas tres  hojas.

DECONSTRUIR

¿Cuál es el tema de este haiku?

No se menciona. ¿Por qué voy a mencionar lo evidente en una poesía tan austera como la del haiku, donde hasta se excluye el análisis de los sentimientos (aunque sean de unas hojas)?

¿Cuál es el tema de este haiku? ¿Por qué mencionarlo si está claro? Además, no mencionar lo evidente entronca con la vieja tradición de la estética de la alusividad que caracterizaba la poesía clásica japonesa de cuya genética comulga el moderno haiku.

¿Cuál es el tema de este haiku? No se menciona porque no se puede malgastar una palabra innecesaria en una poesía de tal brevedad, de solo diecisiete sílabas.  ¿Por qué mencionarlo, además, si el sentido está claro?

Cero sentimiento, máxima brevedad y alusividad al límite…, tres razones para no menciona el tema de este haiku. Hago mías estas palabras de Jacqueline Pigeot cuando escribe lo siguiente sobre el waka, el abuelo del haiku, perfectamente extrapolables a este último: «La brevedad del waka, que excluye el análisis del sentimiento, conduce a una estética de la alusión, siendo la marca de un buen poeta de waka dar a entender más que decir por medio de la administración del “excedente de sentido” (amari no kokoro)»[1].

El “excedente de sentido”, en este haiku, es el tema… ¿Lo revelo de una vez?

¡La sombra!   Es un haiku sobre sombras.

He aquí dos o tres haikus de ensayo que me condujeron al definitivo:

1.

La triste planta
Que vive en la pared
Con sus tres hojas.

2.

Solo tres hojas
Dando a la pared sombras.
Por la mañana.

3.

Blanca pared
Donde juegan las sombras
De tres hojas. 

 El primero lo deseché enseguida porque «triste» le daba un aire sentimental y en el haiku, los sentimientos se quedan a la puerta.

El segundo lo deseché por falta de ritmo poético y por mencionar ese “amari no kokoro” –la sombra–.

El tercero lo deseché igualmente por misma razón segunda del anterior.

Y me quedé con el de arriba, el de octubre.

Y, sin embargo, ¡qué poético es el término de «sombra»! Y en la historia de la cultura universal, ¡cuánto juego ha dado a poetas, novelistas, filósofos y teólogos! Y a estetas (ahí está el célebre breviario de estética nipona llamado Elogio de la sombra, del maestro Tanizaki: la sombra, la atmósfera que presta esa otra luz, más pura, más hermosa,  a las cosas.)

La sombra. La gran metáfora, como la del sueño, de la irrealidad del mundo o, diría un metafísico, de la interdependencia ontológica de las cosas y seres del mundo.

He aquí dos haikus sobre «sombra» en Bashō en la excelente versión de Francisco Serrano. Los dos son deslumbrantes, quizás porque las sombras están contrapuestas al sol, el creador de sombra.

Sol invernal.
Montado en el caballo,
Mi sombra, helada.

Y este otro maravilloso, por su dinamismo y poderosa luz:

La mariposa
Vuela en el campo sola.
Sombra bajo el sol.

Pero en mi haiku de este mes, que podría titularse «Diálogo en la pared», he deseado resaltar la resistencia  de esta triste planta, casi moribunda tras haber sufrido la embestida del calor estival. Una resistencia que, se me antoja a mí, intruso haijin, manifestada en el deseo de planta de comunicarse silenciosamente, “sin hacer ruido”, con la blanca pared, su única compañía en las mañanas de final del verano. De decirle a la pared algo así como «¡Eh, que aquí seguimos nosotras! No nos deis por muertas». Las sombras grises de estas tres huérfanas hojas proyectadas en la pared no son más que las palabras con que las tres se comunican, comunican su deseo de superviviencia.

Pero, insisto, el término de «sombra» no se menciona, aunque su realidad en el poema está tan presente que da vida y sentido al poema.

Ese sentido excesivo es el que yo he pretendido obviar en el haiku.

[1] La littérature japonaise, París, PUF, col. «Que sais-je?», 1983, pág. 16.

Octubre de 2026

Este año, Japón se ha visto afectado por una serie de tifones muy fuertes, que han dejado una cantidad de lluvia nunca vista en algunas zonas, con ciudades y pueblos convertidos en lagos. Por otra parte, al problema de los osos que invaden asentamientos del norte del país, este año se ha sumado el caso de los ciervos, que han destruido plantaciones completas mientras se reproducen a una velocidad increíble. Aunque suene a fantasía, distopia o teoría conspirativa, uno no puede evitar preguntarse si el planeta está tratando de recuperar aquello que le hemos quitado. En un futuro próximo la literatura puede ser el único registro que nos quede del mundo que una vez habitamos. En otras palabras, un haiku puede ser solo un hermoso pequeño poema, pero también puede ser mucho más.

En este artículo nos corresponde 晩秋 banshuu o fin del otoño, que abarca más o menos octubre en el calendario actual o 長月 Nagadzuki; Noveno Mes, en el calendario lunar. Si quisiéramos ser más precisos y considerar las 72 Pentadas (períodos de aproximadamente cinco días en que se dividen los doce meses para representar mejor los cambios estacionales), sería desde 寒露 kanro, el 10 de octubre, hasta el día anterior a 立冬 rittou o inicio del invierno, que sería el 07 de noviembre. Tradicionalmente, se comenzaba a notar la llegada del invierno, la baja de temperatura y la disminución de la luz solar. En la actualidad aun hay días en que se siente el calor residual del verano.

Los aniversarios luctuosos que seleccioné este mes corresponden a autores clásicos, y por lo tanto regidos por el calendario lunar, y modernos, a quienes aplica el calendario actual.

 

去来忌 kyorai ki

Décimo día del Noveno Mes del calendario lunar

Mukai Kyorai (1651-1704) fue un poeta de haikai de mediados del período Edo. Alrededor de los 24 años, abandonó la clase samurái y sirvió a la nobleza de la corte, recurriendo a su conocimiento del Onmyoudou (cosmología esotérica japonesa). Hacia la era Joukyou (1684-1688), se convirtió en discípulo de Matsuo Bashou a través de Kikaku. En 1691, Bashou se hospedó en Rakushisha, la villa de Kyorai en Saga, al oeste de Kioto, y escribió el Saga Nikki (Diario de Saga). Ese mismo año, coeditó Sarumino con Bonchou. Incluso después de la muerte de Bashou, defendió firmemente las enseñanzas de su maestro y no pudo permanecer impasible mientras sus compañeros discípulos se desviaban. Debatió con Kikaku y Kyouroku, y escribió obras como Oku Kikaku Sensei Shou (Una carta al maestro Kikaku). Era una persona sincera y respetada por sus compañeros discípulos, y Bashou era quien más confiaba en él, llamándolo el «Magistrado del Haikai de Chinzei». Dejó importantes obras sobre la teoría del haiku al estilo Bashou, como Haikai Mondo Aone ga Mine (1785), que contiene sus debates con Kyoroku, así como Kyorai Sho y Tabine Ron. Su hermanos y hermana, así como su esposa, también disfrutaban del haikai.

El autor del haiku que celebra a Kyorai es Matsune Touyoujou (1878-1964).

去来忌やこの頃藪の露しげく

kyorai ki ya kono koro yabu no tsuyu shigeku

Aniversario de Kyorai. Por ese entonces el rocío abundaba en los arbustos.

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蛇笏忌 dakotsu ki

3 de octubre.

Iida Dakotsu (1885-1962) fue un poeta de haiku. Su nombre real era Takeharu. Su seudónimo era Sanro. Nació en la aldea de Sakaigawa, distrito de Higashiyatsushiro, prefectura de Yamanashi (actual ciudad de Fuefuki). En 1905 (Meiji 38), ingresó en el Departamento de Inglés de la Universidad de Waseda. Se unió a la Waseda Ginsha (Sociedad de Haiku de Waseda) y envió poemas a las secciones de haiku de la revista Hototogisu y el periódico Kokumin Shimbun. Durante su estancia en la universidad, mantuvo una amistad con Wakayama Bokusui, y años más tarde colaboró ​​con la revista Sousaku. En 1909, abandonó sus estudios y regresó a su pueblo natal para vivir en el campo. En 1912 (Taisho 1), cuando Takahama Kyoshi regresó al mundo del haiku, envió poemas a la sección de poemas misceláneos de Hototogisu, y sus poemas tuvieron el honor de aparecer al comienzo de la columna. En 1917, se convirtió en editor de la revista de haiku Unmo, donde fue seleccionador de haikus hasta su muerte. A través de sus colecciones de haiku, como Sanro-shu (1932) y Hakugaku (1943), desarrolló un estilo de haiku digno, poderoso y profundo. También fue autor de numerosas colecciones de ensayos, obras críticas y traducciones. Perdió a su hijo mayor y a su tercer hijo en la Segunda Guerra Mundial, y su segundo hijo también murió de enfermedad, cargando con el peso de esta desafortunada tragedia; sin embargo, perseveró en el espíritu de la literatura haiku, y su legado fue continuado por su cuarto hijo, Ryuta.

Disfrutemos del bello haiku de Matsumura Souseki (1887-1982) que conmemora a Dakotsu.

蛇笏忌の老すこやかに初心なり

dakotsu ki no rou sukoyaka ni shoshin nari

En el aniversario de Dakotsu que el viejo sienta el vigor de la inocencia.

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爽波忌 souha ki

18 de octubre.

Hatano Souha (1923-1991) poeta de haiku nacido en Tokio, su nombre real era Yoshihide. Provenía de una antigua familia aristocrática. Se graduó en la Facultad de Economía de la Universidad Imperial de Kioto en 1947. Ingresó en el Banco Sanwa en 1943, donde fue gerente de la sucursal de Ashiya en 1966, gerente de la sucursal de Shijo-Omiya en 1969, gerente de la sucursal de Tokushima en 1970 y jefe de la oficina de consultoría de gestión en 1974. En 1977 se incorporó a Fujisawa Pharmaceutical Co., Ltd., donde trabajó como auditor. Renunció en 1983. También estudió con Kyoshi Takahama en la escuela secundaria Gakushuin y participó en la fundación de Mimizuko en 1946. Se convirtió en miembro de Hototogisu en 1949 y presidió la revista de haikus Ao desde 1953. Fundó una asociación de cuatro revistas en 1958 con Ryotei Fukuda, Keiji Hashimoto y Shucho Nomiyama. Sus colecciones de haikus incluyen Hodo no Hana, Yunomi, Saishi, Ippitsu y la colección de su obra completa, Hatano Souha Zenshuu (3 volúmenes).

El haiku que conmemora a Souha fue compuesto por la haijin Tsuji Momoko (1945-2025).

文書いて一日つかふ爽波の忌

bun kaite ichinichi tsukau souha no ki

Usaré todo el día escribiendo frases, aniversario de Souha.

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白秋忌 hakushuu ki

2 de noviembre.

Kitahara Hakushuu (1885-1942), poeta y autor de tankas. Nacido en la prefectura de Fukuoka, su nombre real era Ryuukichi. Fundador de la Pan no Kai (Sociedad del Pan), iniciando el Movimiento Literario Estético. Fundó revistas como Shuran, ARS y Kindai Fukei (Paisaje Moderno). Posteriormente fundó Tama e influyó en el mundo del tanka con su movimiento de poesía simbólica moderna. Su estilo poético era simbólico y sensual, mostrando exotismo. Miembro de la Academia de Arte de Japón. Entre sus obras destacan Jashumon (La Secta Herética), Omoide (Recuerdos) y Kiri no Hana (Flor de Paulownia).

Saitou Tsukiko compuso el haiku que conmemora a Hakushuu.

幾年も触れぬオルガン白秋忌

ikunen mo furenu orugan hakushuu ki

El órgano que no rocé en tantos años. Aniversario de Hakushuu.

…

La invitación este mes es a que compongan un haiku, u otro género poético de vuestra preferencia, o tomen una foto o escriban un par de frases de aquello que les llama la atención del mundo a su alrededor. En años venideros pueden ser registros que les permitan rememorar tiempos pasados. ¡Hasta el próximo artículo!

Septiembre de 2026

CONSTRUIR

El primer sol
En las hojas del roble.
Fin de verano.

DECONSTRUIR

  Caminar en medio de la naturaleza es para mí una gran fuente de inspiración para componer haikus. La naturaleza que me rodea no es espectacular: no tengo el mar, ni grandes montañas, ni vistas maravillosas, ni paisajes grandiosos. Es simplemente una sierra, la de San Vicente, primeras estribaciones de Gredos, en el macizo central de la península ibérica. Pero tiene un entorno muy arbolado de castaños, robles y enebros; y salpicado con cerros de alturas medias, entre 800 metros, donde está mi casa y 1.360, el punto más alto, el Alto de las Cruces. Ayer precisamente, 1 de septiembre, me llevaron mis pasos a este alto: una caminata, ida y vuelta, de unos 14 kilómetros, en los que empleé casi cinco horas.

     Salí muy temprano, casi de noche. Más de media hora después, cuando acababa de salir el sol a mi espalda, saqué la foto que acompaña el haiku de este mes: los primeros rayos del sol, detrás de mí, llegando a las copas de los robles que tenía enfrente. Y, para colmo de sorpresa, la luna menguante en lo alto. Me sobrecogió la emoción del instante.  

      En realidad, desde hacía un par de días tenía preparado otro haiku para celebrar el fin del verano. Era este:

Una hoja tiembla
Al final del verano.
La soledad.

   Pero, dándole vueltas, no me acababa de gustar. Tal vez intelectual, demasiado elaborado, buscando efecto con ese tercer verso. Lo deseché.

    Así que al final me decidí por este otro del primer sol en las ramas del roble. Quizás porque fue fruto de un visión tan… impactante e instantánea, sin tiempo apenas para la elaboración. Tenía claro que deseaba reflejar, fuera el haiku que fuera, el final del verano: el aire ya era fresco y el cielo tenía otro color. Sin embargo, estuve tentado de variarlo por este otro:

Se vierte el oro
En las hojas del roble.
Fin de verano.

   Pero rápidamente lo deseché también. Por dos motivos: intelectual en exceso debido a la metáfora de «oro» para significar «la luz del sol recién salido», y demasiado… bello. Eran como dos “yo” –el yo intelectual y el yo estético– que se habían asomado, casi inconscientemente, en mi idea de lo debe ser un buen haiku.

   Hoy quiero detenerme en comenta el «yo estético». Y su peligro. La belleza. Es la gran tentación del haijin: la sirena que nos seduce con su canto. Pero yo me esfuerzo, con más éxito, creo, a medida que cumplo más años, en no hacerle mucho caso. No es fácil. Porque el yo estético siempre está, como un ángel de la guarda, a nuestro lado cada vez que componemos un haiku. Queremos, casi instintivamente, que sea bonito. Siento decepcionar a los que piensan que el haiku debe ser bello. Cada uno tiene su propia idea de lo que es un buen haiku, casi igual que cada tiene su propia idea de lo que es un buen vino.

    Para mí, el esfuerzo consciente de dotar de belleza a un haiku es un error de principio. La belleza debe brotar de manera inconsciente, de lo contrario, para mí, el haiku deja de ser bello.  Escribir «dorado» o «de oro» para representar el efecto cromático de la luz del sol a esa hora temprana sobre las hojas del árbol traiciona, por así decir, el espíritu ascético, espontáneo y libre del haiku. Por eso y no por otra cosa, lo deseché.

   El «yo estético» es enemigo jurado del haiku, como lo es el «yo intelectual», por no hablar del «yo moral o didáctico»…  ¿Os imagináis un haiku que dijera:

El primer sol
En las hojas del roble
Su verdad halla.

   ¡Horroroso! ¿Acaso hay una verdad en el hecho de cómo se derrama la luz del sol en las hojas?

   También es enemigo del haiku el «yo sentimental». ¿Os imagináis otro haiku que dijera:

El primer sol
En las hojas del roble.
Un viejo amor.

   O este:

Melancolía. 
En las hojas del roble
El primer sol.

   A mí me parecen los dos haikus sentimentales. Y el haiku, arte de ascesis, pura desnudez, no transmite sentimientos, como hace por lo general la poesía occidental, sino percepciones, instantáneas, visiones relampagueantes de una realidad superior.

   Asimismo, es enemigo del haiku el «yo ansioso». Por eso, quiero significar el deseo natural de llenar con demasiadas cosas el haiku. Como un ansia. Obedece este deseo a la especie de necesidad de no dejar espacios vacíos, de llenar los espacios, como si se tratase de aquel horror vacui del que hablaban los escolásticos. Es mejor siempre lo incompleto en este arte ascético. Si yo hubiera escrito este otro haiku:

El primer sol
En las hojas del roble.
La luna arriba. / Luna menguante. 

habría incurrido en, para mí, este defecto. Primero, ¿no es bastante presencia ya la del sol y las hojas? ¿Para qué mencionarla? Segundo y traducido en términos formales, es mejor, a mi juicio, marcar una cesura, un kireji, hablando en un tercer verso de algo que no sea el paisaje. De cambiar de tema.  Aunque quien mire la foto podrá distinguir una bella luna menguante sobre el ramaje de los árboles. Su presencia, sin duda, añadía fuerza la belleza de la visión que recibí ayer mientras caminaba hacia el Alto de las Cruces. Pero, ¿para qué mencionarla, si lo que yo quería celebrar era la llegada del fin del verano? Dejaré la luna para otra ocasión. En tercer lugar, «luna» en el mismo haiku que «sol» ofrece, a mi juicio, una simetría paisajística demasiado evidente. No me convence. Mejor sin luna. El sol y las hojas se las arreglan muy bien solitos.

   Así, pues cinco enemigos contra los que hay que estar en guardia. De los cinco, el segundo, el «yo estético», me parece el más insidioso, el más difícil de evitar –aunque el «yo ansioso» también se las trae–. Como demostración de mi antipatía por los haikus «bonitos», remito al lector al «feo» haiku de la pala vieja abandonada en la cuneta de un camino que mandé al Rincón el pasado mes: ¿es que hay algo de bello en esa visión? No, nada.

   ¿Es que había algo de bello en una rana que saltaba? No, nada.

   Dicho esto, cada uno que escriba el haiku que quiera; y que san Pedro se lo bendiga.

Septiembre de 2026

Uno de los grandes regalos que nos ofrece la literatura es la oportunidad de vivir muchas vidas y contemplar el mundo desde distintos puntos de vista. Creo que profundizar en el uso del kigo cuando leemos haiku también nos abre una ventana al Japón que fue. Podemos ver qué cosas han cambiado y cuales permanecen intactas. Dentro de las que han sufrido alteraciones, el clima es, tal vez, lo más notorio. Incluso si consideramos el desface entre el calendario lunar y el actual, el clima definitivamente no se comporta como hace uno o dos siglos, ni siquiera como hace diez años. El otro día veía las noticias japonesas y el conductor decía “vamos a entrar a la temporada de tifones”, luego de dar la actualización del número 24 en lo que lleva del año. ¡Vaya discrepancia! Y así, estos pequeños poemas no solo nos ofrecen belleza sino una oportunidad de reflexión.

En el mundo del kigo, 仲秋 chuushuu o mitad del otoño; corresponde a septiembre en el calendario actual y en el a 葉月 Hadzuki u Octavo Mes. Abarca desde 白露 hakuro o blanco rocío, alrededor del 8 de septiembre, hasta el día anterior al comienzo de 寒露 kanro o rocío frío, alrededor del 8 de octubre. Se escuchan los insectos y la luna es más brillante que nunca. Cada mañana se ve más rocío sobre la vegetación al amanecer, el cual va haciéndose cada vez más frío con el avance de la estación. Esa es, cuando menos, la definición tradicional del período ya que, en la actualidad, con el calentamiento global todavía se vive temperaturas veraniegas y lluvias intensas. El 23 de septiembre sucede el 秋分 shuubun o equinoccio de otoño, durante el cual el día y la noche tienen prácticamente la misma duración.

En esta ocasión, la selección de todos los aniversarios luctuosos corresponde a autores del período clásico, así que las fechas son del Octavo Mes lunar.

 

鬼貫忌 onitsura ki

Segundo día del Octavo Mes del calendario lunar

Uejima Onitsura (1661-1738), haijin del período Edo (1603-1868), su nombre de pila era Munechika. Otros seudónimos fueron Inukoji y Satoe. Era originario de Itami, en la provincia de Settsu. De niño, estudió con Matsue Shigeyori y, posteriormente, se dedicó al estilo de la escuela Danrin, convirtiéndose en una figura central en definir y ejemplificar el estilo de Bashou. Sin embargo, en la primavera de sus 25 años, comprendió que «no hay haikai más allá de la verdad» y estableció la teoría del haikai de la verdad o de la autenticidad. Entre sus obras destacan Daigo Monogurui, Dokugen y Satoe Shichikuruma.

El haiku que utiliza el kinichi de Onitsura es de Shimada Gokuu (1875-1928).

鬼貫忌蕉風俗に堕ちにけり

onitsura ki shoufuu zoku ni ochi ni keri

Aniversario de Onitsura. El estilo de Bashou se ha degenerado.

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世阿弥忌 zeami ki

Octavo día del Octavo Mes del calendario lunar

Zeami fue un actor de Noh y dramaturgo a principios del período Muromachi. Fue el hijo mayor de Kan’ami y el segundo director de la escuela Kanze. Su nombre de infancia era Fujiwakamaru, más tarde Kanze Saburo Motokiyo. Zeami era su nombre artístico. Perfeccionó el Noh gracias a las enseñanzas de su padre y al mecenazgo del shogun Ashikaga Yoshimitsu. Tras la muerte de Yoshimitsu, cayó en desgracia y pasó sus últimos años exiliado en la isla de Sado. Escribió más de 20 tratados sobre Noh, entre ellos Fuushikaden y Kakyou, donde enfatizó la belleza del yuugen (profundidad misteriosa, belleza sutil) y analizó la teoría del hana (flor) y el rango artístico del ran’i. Entre sus obras destacan Takasago, Yorimasa, Izutsu, Hanjo, Kinuta y Tooru, entre muchas otras, obras de gran calidad como dramas poéticos.

El haiku en su honor fue compuesto por Sasaki Fura.

世阿弥忌の月白く上りけり

zeami ki no tsuki shiroku agari keri

La luna del aniversario de Zeami se elevó blanca.

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西鶴忌 saikaku ki

Décimo día del Octavo Mes del calendario lunar

Ihara Saikaku (1642-1693) nació en una acomodada familia de comerciantes de Osaka. Interesado desde adolescente en la literatura, aprendió haikai, dejando de lado los negocios familiares. Saikaku, a quien le gustaba competir y ver cuántos poemas podía componer en determinado tiempo, participó en la competencia llamada “Yakazu haikai” y compuso 23.500 versos en un día y una noche, estableciendo un récord. En 1682, después de la muerte de su maestro de haikai, Saikaku comenzó a escribir ukiyo zoushi, un tipo de novela que relata la vida de quienes pertenecían al llamado “mundo flotante”. Su primer ukiyo zoushi, Koushoku ichidai otoko (Hombre lascivo y sin linaje) se convirtió en todo un éxito. Continuó con la publicación de Koushoku gonin onna (Cinco amantes apasionadas) y Koushoku ichidai onna (Vida de una mujer galante), los cuales eran ampliamente leídos en Edo, Kyoto y Osaka.

El haiku que celebra a este gran novelista y poeta es de Kubota Mantarou (1889-1963).

西鶴忌うき世の月のひかりかな

saikaku ki ukiyo no tsuki no hikari kana

Aniversario de Saikaku. La luz de la luna del mundo flotante.

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定家忌 teika ki

Vigésimo día del Octavo Mes del calendario lunar

Fujiwara no Teika (1162-1241) aunque los kanjis de su nombre se leían “Sadaie”, también se podían leer “Teika”. Hijo de Fujiwara no Shunzei. Uno de los grandes poetas de fines del período Heian (794-1185) y principios de Kamakura (1185-1333), provenía de una familia de literatos y poetas, y se le conocía por ser muy estricto, no solo con la poesía de los demás, sino con la suya propia.

El Emperador Retirado Go-Toba, le encargó ser el compilador jefe de la octava antología imperial, Shin Kokin Wakashuu. Es también el compilador de la antología privada Ogura Hyakunin Isshu (Cien Poetas, Un Poema).

El haiku que conmemora a uno de lo más grandes poetas japoneses de todos los tiempos es de Aizawa Mayumi.

定家忌の反故であれどもうつくしく

teika ki no hogo de aredo mo utsukushiku

Incluso los papeles descartados en el aniversario de Teika, son hermosos.

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Espero que hayan disfrutado de conocer un poco más de estas figuras consulares del mundo de las letras nipón, y que, además, vayan sumando más nombres a su lista de haijines favoritos. ¡Hasta la próxima!

Agosto de 2026

Así como el ciclo de las estaciones le da un marco referencial y un orden al haiku, nuestras vidas también tienen distintos períodos, que a veces nos estructuran y en otras nos traen el caos de la creación. Me encuentro en uno de intensa actividad, que me ha absorbido hasta el punto de excluir casi todo de mi día a día. Y así, este artículo llega a reunirse con ustedes ya pasado el inicio del mes.

En el mundo del kigo este mes comienza una nueva estación: 初秋 shoshuu o inicio del otoño, agosto en el calendario solar, y 文月 Fumidzuki o Séptimo Mes, en el lunar. Aún se siente el calor veraniego, pero también la brisa otoñal. Por lo menos en el mundo idealizado de la literatura. En estos momentos, Japón está sufriendo un tifón tras otro, y lluvias y altas temperaturas que hacen la vida difícil.

Los aniversarios luctuosos que nos llevaran en un paseo por las vidas de grandes maestros del haiku corresponden a este período: inicio del otoño.

普羅忌 fura ki

8 de agosto

Maeda Fura (1884-1954) fue uno de los grandes poetas de haiku del período Taishou. Su verdadero nombre era Maeda Tadayoshi. Tras abandonar la universidad, trabajó como secretario judicial durante siete años antes de incorporarse al periódico Houchi Shimbun en 1916, donde ocupó, entre otros cargos, el de jefe de la sucursal de Toyama. Dejó la empresa en 1929 y a partir de entonces se dedicó al haiku. En 1913, sus haikus fueron seleccionados para su publicación en la sección de poemas misceláneos de la revista Hototogisu, y fue reconocido como uno de los cuatro grandes discípulos de Kyoshi, junto con Iida Dakotsu. Desde 1929, dirigió el grupo de haiku «Kobushi». Entre sus antologías de haikus destacan Fura Kushu, Shunkan Asama-yama, Hida Tsumugi y Noto Aoshi.

El haiku que le conmemora fue compuesto por Nakahara Sankirai.

秋に入る空を見上げて普羅忌なり

aki ni hairu sora wo miagete furaki nari

Mirando el cielo al que llega el otoño, aniversario de Fura.

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水巴忌 suiha ki

13 de agosto

Watanabe Suiha (1882-1946) poeta de haiku. Su verdadero nombre era Yoshi. Nació en Tokio, hijo de Seitei (1851-1918), maestro de la pintura de flores y pájaros. Estudió con Meisetsu y Kyoshi y fue muy activo a principios de la era Taishou en la revista de haikus Hototogisu. Su estilo distintivo se caracterizó por una estética del período Edo, y defendió el 生命の俳句 “el haiku de la vida”. En 1916, fundó y dirigió la revista de haiku Kiyokusui, pero tras la muerte de su padre en 1918, su estilo adquirió un matiz de profunda angustia. En 1927, Suiha escribió el haiku 「白日は我が霊なりし落葉かな」 hakujitsu wa waga tama narishi ochiba kana “El sol brillante era mi alma, las hojas caídas», y llegó a considerar «la claridad y la grandeza del sol brillante, que emite una luz espiritual infinita en el reino silencioso» (Prefacio a Zoku Suiha Kucho, 1929) como su ideal de vida y de haiku. Entre sus colecciones de haikus se encuentran Suiha Kushuu (1915) y Hakujitsu (1936), y entre sus colecciones de ensayos se incluye Imoto (1948), entre otras.

El haiku compuesto en su honor es de Nakajima Getsuryuu (1899-1987).

天上も天下もあらず白日忌

tenjou mo tenka mo arazu hakujitsu ki

Ni el cielo ni la tierra, aniversario del sol brillante.

…

 

林火忌 rinka ki

21 de agosto

Oono Rinka (1904-1982) nació en Hinode, ciudad de Yokohama, prefectura de Kanagawa, su verdadero nombre era Oono Masashi. Comenzó a escribir haikus durante su estancia en la Primera Escuela Secundaria de Yokohama, y ​​en 1921, mientras estudiaba en la Cuarta Escuela Superior, se convirtió en discípulo de Usuda Arou. Publicó haikus y críticas en Shakunage y rápidamente ganó reconocimiento. En 1939, publicó su primera colección de haikus, Kaimon, y en 1941, Gendai no Shuuku, consolidando su reputación como escritor a los treinta años. Después de la guerra, se dedicó al haiku, fundando y dirigiendo la revista Hama en 1946. En 1969, recibió el Premio Jakotsu por Sensenshuu, así como el Premio de Cultura de Yokohama y el Premio de Cultura de Kanagawa. En 1978, se convirtió en presidente de la Asociación de Poetas de Haiku.

El haiku que celebra su vida y obra fue compuesto por Matsuda Hiromu (1938).

傘差さず横浜の雨粒林火の忌

kasa sasazu Yokohama no amatsubu rinka no ki

Sin abrir el paraguas, las gotas de lluvia en Yokohama, aniversario de Rinka.

…

夜半忌 yahan ki

29 de agosto

Gotou Yahan (1895-1976) poeta de haiku de los periodos Taishou y Showa. Nació el 30 de enero de 1895 en Osaka. Era hermano del actor de teatro Noh, Gotou Tokuzou. Desde 1923, mientras trabajaba en una empresa de valores, estudió con Kyoshi y se unió al grupo Hototogisu en 1932. En 1948, fundó y dirigió la revista de haiku Kachoshu (más tarde Fuuei). Falleció el 29 de agosto de 1976, a los 81 años. Entre sus colecciones de haiku destacan Aoki Shishi y Saishiki.

El haiku que utiliza como tema su aniversario luctuoso fue compuesto por Kurokawa Katou.

夜半忌にはつきり夏の果つるかな

Yahan ki ni hatsukiri natsu no hatsuru kana

En el aniversario de Yahan comienza definitivamente a terminar el verano.

…

Espero disfruten de profundizar en su conocimiento de la vida y obra de diversos haijines, así como de los haikus que seleccioné para celebrar su legado. ¡Hasta la próxima!

Agosto de 2026

CONSTRUIR

¿Ardiente sol
al lado de un camino
o vieja pala?

 

DECONSTRUIR

 En el curso de un paseo, uno de estos días calurosos de fines de julio, me sorprendió, a la vera del camino, una vieja pala, oxidada, sin el mango, tirada entre los hierbajos secos. Hay foto. Su presencia absurda, para muchos fea, en ese lugar me dejó perplejo. Merecía ser transfigurada. Me imaginé que era también, aparte de su identidad como vieja pala inservible, el mismo sol ardiente de esa tarde del verano castellano. Y en un momento, no supe bien cuál era cuál.

   Y quise dar vida a esta transfiguración por medio de las diecisiete sílabas de este haiku. Pala y sol aparecen en estos tres versos con sus respectivas identidades confundidas, a pesar de que opinará con razón el lector de que no se parecen en nada: oxidada una, refulgente el otro;  en la tierra una, en el cielo el otro; vagamente circulares, eso sí, los dos.  Pero ese día de verano, a mí me pareció divertido jugar a eso que, en la poética japonesa clásica, denominaban «elegante confusión». De hecho, había un recurso retórico para expresarla: se llamaba mitate o transposición identificativa.

    Consistía, simplemente, en tomar un cosa por otra.  Su uso, frecuente en la antología Kokin waka shū, el canon del clasicismo en poesía japonesa, de inicios del siglo X, se insertaba en esa especie de estética de la perplejidad cultivada por aquellos poetas asociados a la corte imperial. Los mitate eran verdaderos alardes de ingenio, virtud apreciada en aquella lejana poesía cortesana.

     Justamente, pensará con razón alguien que lea estas líneas, lo opuesto al espíritu intuitivo, espontáneo, rabiosamente natural del haiku. Aquel arte poético, por el contrario, era preciosista, estaba rígidamente encorsetado en un código de temas, tenía un léxico reducido. Pero… podemos aprender mucho de ella. Poseía, por ejemplo, un refinamiento sorprendente, era de una exquisita alusividad lírica, de un exuberante crecimiento interior…

  «Mitates» frecuentes en muchos de los 1.111 poemas de aquella antología era tomar las flores del ciruelo por copos de nieve, las nubes por nieve, la bruma de primavera por un vestido, los crisantemos por estrellas, las olas del mar por cerezos floridos y… hasta barcos transformados en hojas de otoño, etc. No eran metáfora, sino objetos de identidad confundida. Pero basta de palabras. He aquí un par de ejemplos de waka (el abuelo del haiku, con su estructura de 5/7/5/7/7 sílabas) con mitate.

   En el primero, el número 301 de la antología y  firmado por Fujiwara no Okikaze, las hojas de otoño y los barcos de pesca, aunque aparentemente sin mucho en común, para el poeta pierden sus perfiles identificativos y se le muestran confundidos en un instante y en una interesante combinación cromática:

Empurpuradas
Hojas de otoño cabalgando
En blancas olas
¿O  barcas de pescadores
Flotando a la deriva?

En el segundo, el número 59, de  Ki no Tsurayuki, el poeta se muestra perplejo: ¿Tiene el poeta ante sus ojos nubes blancas o cerezos en flor? , ¿cuál es cuál? 

¿Son nubes blancas
Entre fragosos montes,
Las que allá flotan?
¿O más bien son los pétalos
De la flor del cerezo?

¡Cuánta razón tendrá el paciente lector o lectora del Rincón en pensar que eso está muy bien, pero que una pala vieja y un sol no tienen casi nada en común! Y que una pala oxidada no es nada elegante, a diferencia de cerezos floridos o nubes blancas u hojas de color carmín o pintorescos barcos de pesca. Toda la razón del mundo.

    Pero el haiku, no lo olvidemos es poesía de la sinrazón, y también de las cosas feas. Por eso, una fea pala abandonada se ha convertido en un radiante sol. Todo merced a la varita mágica del poeta, transfigurador de realidades aparentes y humilde creador de absurdos mitate.

Gorriones y gusanos

1

Comienzan las lluvias fuertes en gran parte de Chile mientras las condiciones de vida empeoran rápidamente con el gobierno de Kast.

La columna de este mes nace de un error: quería hablar de un haiku que creía que era de Bashō pero no, era de Issa.

Sin embargo, mientras buscaba sin suerte en los diarios de viaje y antologías, encontré un haiku de Bashō que me pareció que podía acompañar al de Issa:

En un campo de canola,
gorriones
con cara de hanami[1]

El de Issa, en traducción de Sam Hamill:

El perro viejo escucha
atento, como si oyera las
canciones de trabajo de los gusanos[2]

2

El haiku de Bashō es como una semilla de lo que será la poética de Issa. Nos revela de súbito que el mundo no consiste únicamente en las percepciones, sensaciones y emociones de los seres humanos, que hay otros seres que observan, sienten, escuchan, se emocionan y viven sus vidas.

Si bien Bashō no es un poeta animista, su camino poético busca aproximarse de una forma más directa y abierta al mundo natural. A diferencia de la poesía clásica aristocrática, en la que los animales y las plantas tienden a aparecer para expresar las emociones humanas, Bashō insiste en que “para saber del pino hay que aprender del pino; para saber del bambú hay que aprender del bambú”. Su haiku busca captar la verdad íntima, la sinceridad, del mundo.

En el haiku de Bashō se nos presenta una escena que para otro poeta podría ser trivial, pero él distingue en los gorriones, al ver la canola en flor, la cara de hanami. El hanami[3] es la tradición de contemplar flores en Japón, especialmente los cerezos, y nace el s. VIII cuando la clase aristocrática copia la costumbre china de recitar poesía y beber vino contemplando los ciruelos en flor[4].  En este haiku Bashō vincula esta actividad cultural de la nobleza con la forma de hacer mundo de un ave tan común y corriente como el gorrión.

Uno de los aspectos más importantes del proyecto poético de Bashō es su búsqueda por hablar del mundo cotidiano, el mundo de los plebeyos y los campesinos, con un lenguaje en el que resuenen Sogi, Saigyo, Du Fu o Li Bai. A diferencia del haiku popular, que “rebajaba” lo “alto”, su propósito es “elevar” lo “bajo”[5].

Siguiendo con el haiku del que hablamos, me parece muy bello el gesto de Bashō al ver en los rostros de los gorriones una expresión similar a la de los humanos que miran fascinados los cerezos. De pronto nos abre un mundo donde no sólo los humanos pueden practicar el hanami, sino también los gorriones y todos los seres vivos. También los caballos, los ratones y las moscas desean ver flores. Podríamos decir acaso que el hanami es una intensidad que pueden todos los rostros al contemplar las flores.

3

Bashō busca contemplar, escuchar, aprender directamente de los seres y las cosas, y muchas veces anula su perspectiva como sujeto, pero Issa es distinto de él y la mayoría de los haijin, e interviene directamente en los acontecimientos.

Por ejemplo, frente al famoso haiku sobre el viejo estanque (“Un viejo estanque; / salta una rana, / ruido de agua”[6]), Issa responde:

El viejo estanque…
¡déjenme adelantarme!
ranas que saltan[7]

Issa interviene en el mundo porque quiere aliviar el sufrimiento, acompañar la soledad, expandir la alegría, prestar atención a la belleza y celebrarla.

Vicente Haya dice: “Los haijin no hablan con los seres vivos en sus haikus, no intervienen en las escenas que recogen, no enjuician la realidad. (…) Pero es imposible controlar a Issa. Él habla con los seres fuera y dentro de sus haikus”[8].

En el caso del haiku que estaba buscando para esta columna, un perro pone atención, quizá pega la oreja al suelo, como si escuchara los cantos de trabajo de los gusanos.

De los gorriones con cara de hanami de Bashō pasamos a unos gusanos que cantan mientras trabajan. Podríamos decir que hay un desplazamiento en las formas de traducir los mundos animales: mientras Bashō vincula a los gorriones con una actividad de ocio de la aristocracia, Issa vincula a los gusanos con las prácticas y costumbres de los trabajadores[9].

Sin embargo, este haiku de Issa me recuerda a uno de Bashō en Sendas de Oku:

Aquí en Oku
plantan arroz cantando:
¡nace la poesía![10]

Y de pronto, entre los cantos de los campesinos y los de los gusanos puede nacer la poesía.

Creo que esa es la semilla de Bashō. En la cara de hanami de los gorriones hay una intuición: ve en ellos la posibilidad de la poesía.

Dos siglos más tarde, Issa, que parte del hecho de que todos los seres están vivos, piensan, sufren, dudan o se alegran, se vincula y dialoga con ellos como seres capaces de hacer belleza, de hacer poemas.

Si para Bashō el poeta debe deponer su propia intención para captar directamente el mundo, en Issa el mundo está lleno de intenciones y puntos de vista. Todos tienen algo que decir, así como sus propias formas de contemplar y hacer mundo. Todos siguen creativamente lo creador, todos pueden hacer poemas.

Frente a la realidad del sufrimiento que revela Buda, Issa insiste en una poética del “sin embargo”[11], que radicaliza la concepción de la dignidad ontológica de todo lo existente. Todos los seres sufren, pero también todos los seres buscan el alivio de ese sufrimiento.

Así, para Issa el poema es también un tejido ético donde tejer entre los diversos seres vivos el mundo desde la compasión, la compañía, la ternura y la belleza.

Issa escucha, como el perro, a los seres trabajar, esforzarse, pero también escucha los cantos que crean para acompañar el trabajo. Y siguiendo el haiku de Bashō sobre el nacimiento de la poesía, podríamos decir que Issa comprende que la poesía es aquello que nace cuando los seres se esfuerzan por crear un mundo mejor.

Quizá Issa también nos está diciendo que tenemos que volver a aprender a escuchar el mundo. En ese sentido, me recuerda a la señora Tokue Yoshii, de la novela Dorayaki, de Durian Sukegawa. En una carta le cuenta al protagonista, Sentaro, qué entiende ella por Escuchar:

“Presto atención al lenguaje de las cosas que existen en el mundo pero que no pueden usar palabras. (…) Cuando hago pasta de azuki miro de cerca el color de la cara de cada poroto. Les doy mi consentimiento para que me hablen. Imagino un día de lluvia o uno despejado del que ellos han sido testigos. Escucho lo que tienen para contarme sobre el viento que los hizo llegar hasta mí.

Creo que todas las cosas de este mundo tienen su lenguaje propio. (…) Creo que no hay nada que nuestros oídos no sean capaces de escuchar”

Más tarde, en otra carta, cuenta cómo una noche vio de pronto la luna llena:

“¡Cuánta belleza! Estaba extasiada, incluso me olvidé de todo lo que había sufrido (…). Después sentí que escuchaba una voz muy parecida a los susurros de la luna. Decía: Quería que me vieras. Por eso brillo de esta forma”.

Quizá también los gusanos querían que el perro los escuchara cantar mientras trabajaban la tierra: “escucha el canto de los que remueven por amor los suelos”.

Quizá Issa y el perro están escuchando cómo todos los seres trabajan para transformar este mundo, para que vuelva a ser una canción de las trabajadoras y los trabajadores.

-.-

[1] Esta es una adaptación de la traducción de Alberto Silva y Masateru Ito: he cambiado colza por canola, y “con cara de admirar las flores” por “con cara de hanami”. El original dice: Nabatake ni / hanamigao naru / suzume kana. En Diario de una calavera a la intemperie (1684).

[2] Furu inu ya / mimizu no uta ni / kanji-gao. En Kobayashi Issa, The Spring of my life.

[3] Literalmente “ver flores”. Se escribe con los kanjis de flor y ojo: 花見

[4] En los primeros siglos, las flores predilectas de la aristocracia japonesa eran los ciruelos y las wisterias. Es en la era Heian, y con la antología Kokin Wakashu (s. XI), que la contemplación de flores comienza a referirse especialmente a los cerezos.

[5] Este aspecto de la poesía de Bashō, que se denomina Kogo Kizaku (“despertar a lo alto, volver a lo bajo”), se suele tomar en occidente como si fuera una característica propia del haiku como género.

[6] En traducción de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya

[7] Traducción de Yaxkin Melchy

[8] Vicente Haya, “Haiku-dō: el haiku como camino espiritual”

[9] Aquí quisiera aclarar que el original sólo habla de las canciones de los gusanos (mimizu no uta), es Robert Hass quien introduce lo de las “canciones de trabajo”, pero creo que cualquiera que haya leído a Issa podrá comprender que se ajusta profundamente a su poética

[10] Traducción de Paz y Hayashiya

[11] Su haiku más famoso, escrito tras la muerte de su pequeña hija: “Este mundo de rocío / es sólo el mundo de rocío / y sin embargo… y sin embargo…” (siguiendo la traducción de Sam Hamill)

Julio de 2026

CONSTRUIR

Puerta cerrada.
Salen manitas verdes
Al cielo azul.

DECONSTRUIR

No es fácil imaginar lo que dice este haiku sin la foto. La saqué en un viaje reciente por Galicia: un muro, unas jambas y un dintel hechos con buenas piedras de sillería enmarcaban una puerta negra y cerrada; detrás, un terreno abandonado donde crecían con profusión hierbas y zarzas. Nada extraordinario, ¿verdad?

   Lo que me llamó la atención fue el vigor irresistible de las zarzas en buscar espacio fuera del terreno. Sus puntas, como los dedos de las manos de un humano que se estuviera ahogando y que buscara con desesperación aire, asomaban por las rendijas que había entre la puerta y las piedras. Me pareció que el cielo azul, arriba, sonreía al ver este ejercicio de supervivencia.

    Esta visión me inspiró varios haikus:

  Felices brotan
Las hierbas del olvido.
La puerta negra.

El cielo azul.
Desesperadas buscan
Las zarzas aire.

Puerta negra.
Las zarzas detrás asoman
¿buscando qué?

Cerrada puerta.
Y las hierbas que sueñan
Con cielo azul.

Pero ninguno me gustaba. Me di cuenta de que eran construcciones demasiado tamizadas por un intelecto empeñado en hallar significados: el olvido, la desesperación, la búsqueda, el sueño. Artificios intelectuales. ¡Fuera con ellos!

    Son conceptos centrales en cada una de esas cuatro versiones, pero precisamente por ser conceptos se apartan del alma de la visión inocente: unas hierbas buscándose la vida. Pero no unas hierbas cualquiera. Eran únicas y extraordinarias. Este aspecto de lo extraordinario es lo que me llamó la atención. Primero, por el lugar en que estaban: detrás de una puerta cerrada, y debajo, muy debajo, de un cielo azul. Segundo, por el ímpetu con que crecían en busca de espacio. Yo las vi no como hierbas o zarzas, sino como dedos o manos que, simplemente, habían crecido y en su crecimiento buscaban territorio al exterior del terreno exuberante en donde habían nacido y crecido. Querían más. Eso es lo que me estaban diciendo con los extremos de sus tallos. En mi visión, estos extremos o puntas habían dejado de ser extremos o puntas y se habían convertido en manos pidiéndome que me detuviera y les sacara una foto.  Necesitaban ser oídas.  Y trasmutados en sílabas de un haiku.

No necesitaban que yo interpretara su vitalidad en términos de metáforas sobre sueños, búsquedas u olvidos. Simplemente deseaban tener voz: «aquí estamos nosotras, que parecemos manos, entre una puerta y lejos de un cielo».

    Algo hay que decir de las metáforas. No me gustan las metáforas abstractas, sean las llamadas puras o las impuras, en un haiku porque desvirtúan la esencia de este arte que es  ser poesía de sensación, del aquí y del ahora. Pero hay metáforas que sí que me gustan: son las vivenciales, las espontáneas, las naturales. Las mismas que que usaría un niño, de vocabulario reducido, para decir que “las puntas de las zarzas eran como manitas o como dedos buscando algo”. Un niño no se referirá a esas puntas como “ápices vegetativos” o “puntos de crecimiento” porque su vocabulario no le llega a tanto por lo general. Pero sí que podría decir, por ejemplo, cuando se desliza por un tobogán del parque: “Mira, papá, soy una catarata cuando bajo!” Esta es la metáfora natural y creativa del haiku. Como las de un niño.

  Matsuo Bashō, especialmente en los últimos años de su vida, insistía en que el haiku debe tener karumi, es decir, ligereza, sencillez. Enseñaba cómo conseguir karumi así: “Observa simplemente lo que hacen los niños”. Con esta bella metáfora explicaba el significado de karumi: “El estilo al que me refiero es ligero –karui– de forma y estructura, como la impresión que produce la contemplación de los bajíos arenosos de un río”. Ligereza para el maestro no era frivolidad –aunque algunas personas ajenas al espíritu del haiku lo confunden–, ni ordinariez, sino sencillez en lugar de complejidad, ingenuidad en lugar de sofisticación. La belleza de lo ligero tampoco implica falta de hondura. Al contrario.

   He aquí dos haikus que me parecen que tienen el valor de karumi.

Uno es del propio Bashō:

El sexto mes.
Hay nubes en la cima
De Arashiyama.  

Otro de Masaoka Shiki:

Bajo la llovizna,
Camina lento un perro,
Meneando el rabo.

 

Ausencia de metáforas. Pura observación.

“Manitas” o “deditos”, aplicado a las puntas de las zarzas, es una metáfora creativa y espontánea. Aporta karumi al poema. Y le da vida. La metáfora abstracta, por el contrario, ahoga “las cosas”.

   En este haiku de julio, “las cosas” son tres: las puntas de la zarza, la puerta y el cielo. Tres cosas que, extraordinariamente, se han conjuntado en la visión del poeta para dejarse oír en diecisiete sílabas.

     Porque en el haiku deben hablar las cosas. No las emociones, no el ego, no la estética –lo más difícil–. Y sin las trampas del intelecto. Pura observación.

Julio de 2026

Especial Festival Tanabata

Caligrafiado por Susana Rivera bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Basho.

 

incluso tras las hojas de mimosa,

el pálido fulgor

de las estrellas

(trad. Félix Arce, momiji)

 

合歓の木の

葉越もいとえ

星の影

 

  • En la caligrafía:

合歓の木能

葉越もいとへ

星の影

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Comentado por Grego Dávila:

Se acerca la noche y “el caminante” que fue el maestro Basho se detiene junto al camino.

El cielo está claro y las estrellas se prestan a la contemplación. La mimosa (también llamado “árbol de seda”) cierra sus hojas al final del día y se convierte en un “árbol durmiente” que esparce sus sombras por el suelo.

Examinemos el haiku paso a paso:

  • “incluso”: da a entender que la escena se da en otras situaciones o espacios.
  • “tras”: suena a “atravesar”, un verbo de rico contenido semántico: traspasar la luz, pasar por algún sitio, etc. Implica movimiento de un lado a otro.
  • “las hojas”: el haiku se concreta en objetos concretos, no se va por las ramas.
  • “de mimosa”: un árbol precioso que sugiere muchas cosas al lector, como el hecho del cerrar sus hojas por la noche.
  • “el pálido fulgor”: todo lo que tiene luz decrece con la sombra.
  • “de las estrellas”: indican la noche, la oscuridad.

El cielo de la noche estrellada desciende hacia la tierra sombreada a través del árbol, que hace de intermediario entre ambos espacios. El haijin (seguramente tumbado o acostado) contempla el universo entero pero baja siempre a la realidad concreta de la naturaleza.

Basho es un gran caminante y esto le permite, incluso de noche, contemplar muchas escenas interesantes que se reflejan en bastantes haikus suyos:

“vagar toda la noche alrededor del lago”

La noche se ilumina con la luz de la mirada y la expresión en el haiku.

El haiku es esa penumbra (entre la luz y la sombra) que la realidad deja impresa en nuestro corazón.

Julio de 2026

Este año la temporada de tifones en Japón se ha adelantado considerablemente, al punto de que tuvieron dos arrasando sus costas al mismo tiempo. En el Genji Monogatari hay dos capítulos en los que se mencionan este tipo de fenómenos climatológicos: Suma y Nowaki. La literatura, incluso cuando es ficción, refleja algo de realidad también. Mientras, en Santiago, aunque seguimos con mucho frío, después del solsticio de invierno la luz ha cambiado y se empieza a vislumbrar una lejana primavera. O eso quiero creer.

Este mes revisaremos 忌日 kinichi (aniversarios de muerte) que pertenecen al período conocido como 晩夏 banka o fines del verano. Este corresponde a julio o el sexto mes del calendario lunar, Minadzuki. A pesar de estar finalizando la temporada el calor sigue muy alto, sin embargo, la pronta venida del otoño se puede notar en el viento que sopla temprano en la mañana y al atardecer. Esa es por lo menos la descripción del período antes de la influencia del calentamiento global. En la actualidad las altas temperaturas siguen hasta bien avanzada la estación otoñal.

En julio partieron eminencias de las letras japonesas que legaron al mundo obras que se han vuelto parte de acervo cultural mundial. Los haikus que les conmemoran toman inspiración de la estación, fines del verano, o de las obras de quienes celebran.

鷗外忌 ougai ki

9 de julio.

Mori Ogai (1862-1922) fue un novelista, crítico, traductor y poeta de los periodos Meiji y Taishou. Tras estudiar en Alemania como médico militar, publicó la novela Maihime (La bailarina) e inició así su carrera literaria. Mientras continuaba ejerciendo como médico militar, produjo una serie de obras que perduran en la historia de la literatura japonesa. Como poeta, también fue amigo íntimo de Yosano Tekkan e Ishikawa Takuboku. Entre sus obras más reconocidas se encuentran Takasebune (El barco del río Takase), Abe Ichizoku (La familia Abe) y Sansho Dayu (El intendente Sansho).

El haiku que conmemora su aniversario luctuoso es de Ishisaki Soubin.

 

舞姫は死語となりしか鷗外忌

maihime wa shigo to narishi ka ougai ki

¿Se volvió bailarina un término obsoleto? Aniversario de Ougai.

…

 

茅舎忌 bousha ki

17 de julio

Kawabata Bousha (1897-1941) cuyo nombre real era Shin’ichi, fue un poeta de haiku. Nacido en Tokio, hijo de un haijin amateur, pintor y calígrafo y medio hermano del pintor Kawabata Ryuushi, publicó haikus en revistas como Shibugaki y Kirara, y posteriormente se convirtió en discípulo de Takahama Kyoshi. A pesar de estar postrado en cama durante unos 20 años, creó su propio universo de expresión, conocido como «Bousha Jōdo» (La Tierra Pura de Bousha).

El bello haiku que le conmemora fue compuesto por el haijin Takano Sujuu (1893-1976).

 

茅舎忌の朝開きたる百合一花

bousha ki no asa hirakitaru yuri hito hana

En la mañana del aniversario de Bousha se abrió un lirio.

…

 

河童忌 kappa ki

24 de julio

Ryunosuke Akutagawa (1892-1927). Novelista. En 1916, siendo aún estudiante de la Universidad Imperial de Tokio, su cuento Hana (La nariz) recibió elogios de Natsume Soseki, marcando así su debut en el mundo literario. Tras graduarse, mientras impartía clases de inglés a tiempo parcial en la Escuela de Ingeniería Naval, publicó obras como Imogayu (Gachas de batatas, 1916), Houkyounin no shi (La muerte de un cristiano, 1918) y su primera colección de cuentos, Rashoumon (1917). En 1919, renunció a la Escuela de Ingeniería Naval y se dedicó a la escritura como empleado del Osaka Mainichi Shimbun. Se suicidó en 1927 a los 36 años. Fue padre del actor y director Akutagawa Hiroshi y del compositor y conductor Akutagawa Yasushi.

Su aniversario luctuoso se conoce como Kappaki, nombre que proviene del título de su cuento Kappa, publicado en la revista Kaizo en 1927.

El haiku que celebra el genio de este novelista fue compuesto por Tanaka Michiko (1945), y hace referencia a la escena inicial del cuento Touyou no aki (Otoño oriental).

 

河童忌や影の痩せたる竹箒

kappa ki ya kage no yasetaru takebouki

Aniversario del kappa, se adelgazó la sombra de la escoba de bambú.

…

 

谷崎忌 tanizaki ki

30 de julio

Tanizaki Jun’ichirou (1886-1965) fue un novelista de las eras Meiji, Taishou y Shouwa. Debutó en la literatura a instancias de Nagai Kafuu y dejó un legado de gran valor estético. Entre sus obras más representativas se encuentran Chijin no ai (El amor de un tonto), Tade kuu mushi (El insecto que come ortigas), Shunkinshou, Moumoku Monogatari (El cuento del ciego) y Sasameyuki (Las hermanas Makioka). También realizó una traducción del Genji Monogatari al japonés moderno.

El haiku que le conmemora es de Aoki Ayako.

 

夕萱に日のあかあかと谷崎忌

yuusuge ni hi no aka aka to tanizaki ki

Brillante el sol en el lirio de día, aniversario de Tanizaki.

…

Espero que los haikus que seleccioné este mes les ayuden a conocer un poco más a los genios literarios que Japón nos ha regalado y a celebrar como se merecen sus memorias, con poesía. ¡Hasta el próximo artículo!