Caligrafiado por Guillermo Alcaide bajo la copia de nuestro maestro HIkita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.
desde los cerezos (en flor)
tres meses han pasado
hasta el pino de dos troncos*
(*Pino de Takekuma)
(Trad.: Félix Arce, momiji)
桜より
松は二木を
三月越し
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Comentado por Coriolano González Montañez:
Bashō comienza su viaje en Edo (actual Tokio) al principio de primavera (cuando los cerezos florecen) y tres meses más tarde llega al Pino de Takekuma en el norte, famoso enclave de la literatura japonesa al que dedica un poema el monje Noin Hoshi. Un discípulo despide a Bashō dedicándole ese poema y el haijin le responde con este haiku.
¿Qué es lo efímero y qué lo eterno? ¿La belleza de los cerezos en flor y la permanencia del pino de dos troncos? Estamos ante una mirada de lo dejado atrás y de lo que se presenta delante en un viaje físico, pero a la vez temporal. No es solo el cambio estacional; es un cambio emocional, de crecimiento del caminante que llega a un lugar que lo reconforta. No es un trayecto; es un instante que une dos momentos de una misma mirada. Bashō no nombra el viaje sino la transformación del espíritu en un continuo que acepta con naturalidad el camino, su camino. El tiempo apenas se mide; no existe sino que se atraviesa en la enseñanza del que pasea por la aceptación de aquello que viene a su encuentro.
El haiku comienza con la exuberancia de los cerezos y termina (o continúa) con la solidez del pino. En el medio, este tiempo medido (y no medido) de una estación que se hace necesario para asentar el viaje interior y el viaje exterior que apenas se distinguen el uno del otro.
Acaso eso sea este haiku: una indistinción de la mirada que llega, pero que partió habiendo ya llegado.
