La cigarra / está cantando, / y yo la estoy buscando
La cigarra / está cantando, / y yo la estoy buscando
veintinueve
Hace más calor que nunca. Y encima estoy empachado por comer tanto coco. Abuela me ha dado masajes en la barriga y las piernas con el aceite que guarda en un frasco de vidrio. En la vasija tiene hierbas y alacranes muertos. Casi tienen que amarrarme porque estaba seguro que el aceite ese quemaba, pero no.
Luego abuela ha hecho cruces en el aire y en mi frente y me ha hecho dar brincos, tomar agua y vomitar. Pero no vomité.
A esta magia, dice ella, se le llama sobar.
A Helem no le gusta la masa de coco; por eso me comía los suyos y los míos.
No quiero ver un coco más nunca en la vida.
Puesta de sol.
Lanzarnos cubos de agua
al pie del pozo.
treinta
En casa solo se escuchan llantos y hay gente que entra y sale constantemente del cuarto de mis abuelos. Nos han sentado en el portal, cada uno en un sillón, y no nos atrevemos a decir una palabra. Helem también llora. Yo no puedo.
Agosto.
Abuelo murió
a las cinco en punto.
treinta y uno
Solo quiero estar muy tranquilo viendo el atardecer.
Los colores del campo parecen de mentira. Por un lado, un rojo casi obscuro acompañado de nubes naranjas y al lado contrario los azules.
Pronto comenzarán a cantar los grillos. Una vez leí que el canto de los grillos proviene de un muchacho muy bello llamado Titono, del que se enamoró la diosa del amanecer. Ésta pidió a su padre, el dios Zeus, que hiciera al mozo un dios para que viviera con ella por siempre. Pero la diosa olvidó pedir que le diera también la juventud eterna. Titono fue haciéndose cada vez más viejo y arrugado, pero no se moría porque era un dios. Se encogió tanto que se convirtió en grillo. «Mori mori mori», pide Titono cada día a la diosa. Porque quiere morirse ya.
Tengo que tener cuidado cuando le pida de nuevo algo a la luna.
También sobre la yerba
atardece.
Hojas de almendro.
treinta y dos
¡Nos llevaron a una cueva! Fue genial. Entramos todos con dos
quinqués de los que usaban los alfabetizadores y que dan tremenda luz. Fue impresionante desde el principio por la altura de los techos y la cantidad de murciélagos. Y en esta cueva había agua. Muy fría. Me encantó ver por primera vez las estalactitas y estalagmitas que conocía solo por libros. Luego hicimos un picnic, en la entrada bajo los árboles. Hablaron del abuelo y de sus cosas cómicas.
«¿Por qué lo habrá hecho?», dijo mi madre de pronto.
De la cueva salió un ruido, como si algo hubiese caído en el agua. Seguro fue la caca de un murciélago o una estalactita.
Luego se hizo silencio. Me sentía muy bien, pero entonces vi que Helem estaba llorando.
treinta y tres
Ya sé ir solo al río. En casa estaban durmiendo la siesta, pero mi madre me dio permiso. La bajada al río está llena de matas de ateje. Por diversión, como algunos frutos. Dejan las manos muy pegajosas.
Risas apagadas
con flores de majagua.
Ellas lavándose el pelo.
Nihonga es el nombre que recibe la pintura tradicional japonesa en general. Su traducción más literal es “pintura al estilo japonés”. Según los materiales, especialmente las tintas y pigmentos que se empleen, existen distintas técnicas japonesas con características propias.
La utilización del sumi (tinta negra) no es exclusividad del sumie. Tambíen se utiliza para pintar obras Suibokuga y Tarashikomi. La diferencia entre el sumie y el Suibokuga radica específicamente en la cantidad de agua. Mientras el primero se pinta sobre el washi seco (papel absorbente de arroz) la técnica Suibokuga se ejecuta sobre el washi previamente humedecido o sea húmedo sobre húmedo, obteniendo así efectos más atmosféricos, más esfumados; aguados y sutiles. El Tarashikomi se realiza sobre washi encolado o cocido no permitiendo una absorción plena, por eso se puede regular la mancha a partir de la cantidad de agua. Otro soporte también utilizado es el papel de algodón (300 gramos aprox, el mismo que se usa para acuarela). Esta técnica se ejecuta colocando el agua previamente sobre el papel en el sector a pintar. Luego se vierte sobre ella la tinta en pequeñas gotas y con el pincel se va llevando el sumi al sector que se desee, dando más o menos intensidad dependiendo del sumi. Si bien el Tarashikomi cambia el soporte respecto al Sumie y Suibokuga, las tres técnicas utilizan el sumi, la tinta negra como único color.
Si en vez de utilizar el sumi se utiliza el color que brindan las pinturas gansai, que son acuarelas japonesas un poco más densas que las acuarelas comunes y menos que las témperas, encontramos dos técnicas posibles. Por un lado las obras Saibokuga y por otro las Kohitsuga. Las primeras se pintan sobre washi con las mismas pinceladas que se emplean en el sumie pero con color. Las Kohitsuga utilizan como soporte el mismo papel que el Tarashikomi, pero en este caso la particularidad es el uso de dos pinceles simultáneos. Con uno se coloca la tinta y con el otro, que solo tiene agua, se va esfumando el color para obtener más transparencia. Se pinta capa sobre capa pudiendo superar las treinta. En este caso puede dibujarse el motivo previamente y admite retoques. Por tal razón se la conoce como “pintura detalle”.
Cuando ambas técnicas, Saibokuga y Kohitsuga se ejecutan con pigmentos naturales, polvo de piedras preciosas o concha de ostra molidas, o polen de algunas flores; se les denomina Nihonga. Como su nombre es igual a las pinturas en general, se han generado algunas confusiones en las técnicas y sus nombres.
Por último están las obras Yoga, “pinturas al estilo occidental” que ilustran temáticas japonesas pintadas con óleos y acrílicos. Sin embargo por no respetar las características compositivas de la pintura oriental y sí poseer muchas características de la pintura occidental, se las reconoce fácilmente. Uno de los puntos más notorios es el lienzo totalmente pintado sin respetar los vacíos tan característicos.
Ahora bien, independientemente de los pigmentos y las técnicas, hay un factor fundamental que hace que a simple vista una obra se reconozca como oriental. Sería lo equivalente a saborear el haimi en un haiku que no está presente en otras expresiones.
La sugerencia, los vacíos / lo no dicho, lo incompleto, la ausencia del yo son algunos de los aspectos que dan constitución a la pintura tradicional japonesa, y también al haiku.
Pintor de rosas.
Las flores no son difíciles
y las hojas peliagudas.
Shiki
Los Kireji son palabras que en japonés provocan explícitamente un corte gramatical y de contenido en un haiku y no tienen un equivalente directo en otros idiomas.
Según Inahata Teiko, Presidente de la Asociación Japonesa Tradicional Haiku, el kireji es la tercera condición básica en el haiku tradicional, y su función puede ser difícil de definir.
Se coloca normalmente en el extremo de uno de los tres versos. Dependiendo de la posición puede indicar una pausa, tanto gramatical como de sentido, y puede prestar un sabor emocional a la frase que lo precede.
Cuando se coloca al final del poema, el kireji atrae al lector de nuevo al principio, iniciando un patrón circular. Colocado dentro del poema un kireji realiza la función paradójica de corte y de unión; establece una correspondencia entre las dos partes que separa, lo que implica una comparación implícita entre los dos elementos separados.
Fernando Rodríguez-Izquierdo en su libro “El haiku japonés. Historia y traducción” dice con respecto a los kireji : “(…) es una especie de puntuación poética que tiene el fin de señalar o poner énfasis en los estados anímicos del poeta (…)”
Los kireji más conocidos
ya: Expresa admiración, incertidumbre, interrogación. Suele aparecer al final del primer verso. Da énfasis y divide al poema en dos partes que se yuxtaponen e inevitablemente se unen:
Haru-kase / ya
Tooshi / wo/ dakite
oka / ni / tatsu
Viento de primavera:
con todo mi coraje,
erguido en la colina.
Kyoshi
(Pág. 410, “El haiku japonés” Fernando Rodríguez-Izquierdo)
Otras veces el kireji “ya” da al verso una sensación de suspensión, como cuando ponemos puntos suspensivos.
Osoki / hi / ya Lento / día / :
kodama / kikoyuru eco / oírse
Kyoo / no / sumi Kyoto / (=poses.) / esquina
El lento día;
ecos que se escuchan
por las esquinas de Kyoto.
Buson
(Pág. 316, “El haiku japonés” Fernando Rodríguez-Izquierdo)
kana : indica el asombro del autor por el objeto, la escena, el lugar, o el suceso. Por lo general se puede encontrar al final de un poema. Da énfasis a las palabras que lo anteceden.
osoki hi no Los días lentos
tsumorite, tôki se apilan, evocando
mukashi kana un viejo antaño
Buson
(Pág. 67, “Jaikus inmortales” de Antonio Cabezas)
keri : Sufijo de verbo. Antigua forma de pasado. Muestra el paso del tiempo y su emoción consiguiente. Con frecuencia aparece al final del haiku.
Hana / no / kage Flor / (=poses.) / sombra
aka no / tanin / wa completo / extraño / (tópico)
nakari / keri no hay / (final)
A la sombra de los cerezos en flor,
personas del todo extrañas
no hay ya.
Issa
(Pág. 362, “El haiku japonés” Fernando Rodríguez-Izquierdo)
Un ejemplo donde aparece en mitad del haiku.
Ooyuki / to / narikeri / seki / no / tozashidoki
Se levanta
gran tempestad de nieve
al tiempo de cerrar la barrera
Buson
Otras palabras de corte:
“Ka”: Al final de una frase indica una pregunta.
“-ramu” : Sufijo verbal que indica probabilidad.
“-ran”: Igual que el anterior
“shi”: Sufijo de adjetivo; generalmente se usa para poner fin a una cláusula.
“-tsu”: Sufijo verbal; presente perfecto.
«nari»: y otras kireji añaden sentimientos del autor en el haiku.
© Isabel Pose, 2019
うぐひすや賢過たる軒の梅
uguisu ya kashiko sugitaru noki no ume
El ruiseñor
se cobija sabiamente
en las ramas del ciruelo.
La flor del ciruelo (ume) es uno de los elementos de referencia en el Japón tradicional, cuyo color rosado florece a mediados de febrero, simbolizando el comienzo de la primavera junto al año nuevo japonés (según el calendario lunar). El árbol (más cercano a la familia del albaricoque) y su flor son motivos recurrentes en numerosas obras pictóricas del Japón feudal y no pasa desapercibido para un poeta –y pintor- como Buson. De hecho, el título previo nos avisa: leyenda, motivo para un cuadro. A menudo la flor del ciruelo rodeaba las aldeas y los templos, con diversas tonalidades, desprendiendo un aroma delicado.
La curruca o ruiseñor japonés (ugüisu) está relacionado directamente con la flor del ciruelo (ume), tanto en la poesía japonesa tradicional como en pintura (recordemos que Buson también fue un pintor reconocido). Ya en la conocida antología “Man’yôshû” -siglo VIII- aparecen estrofas poéticas con el ruiseñor y el ciruelo como protagonistas, simbolizando la estación del año (el fin del invierno y el comienzo de la primavera, es decir, del año nuevo).
Onitsura inmortalizó esta asociación con un haiku:
鶯や梅にとまるは昔から
[Uguisu ya ume ni tomaru wa mukashi kara]
El ruiseñor/ posado en el ciruelo/ desde tiempos antiguos.
Regresando a nuestro poema, existe una ancestral leyenda conocida como “Ôshukubai” (“Ciruelo, hogar de ruiseñores”) la historia nos dice:
Bajo el mando del Emperador Murakami (946-967), se secó una vez el ciruelo del jardín del palacio imperial. Dolido por esta circunstancia, mandó buscar otro que pudiese sustituirlo. Los súbditos encuentran uno en el jardín de un poderoso noble, y consiguen trasplantarlo.
Sin embargo, pronto descubre el Emperador una hoja de papel atada en una rama del mismo árbol, con un poema firmado por la esposa del noble, que dice así:
Acato su ley, como súbdita que soy.
Pero ¿qué les respondo yo a los ‘ugüisu’ de mi jardín
cuando me pregunten
por su hogar amado?
El Emperador devuelve el árbol (un ciruelo rojo) para que los ruiseñores siguieran disponiendo de un hogar.
El hombre, las personas, han ganado mucho en los últimos años. Muchos canales de televisión, contacto instantáneo a través de internet o el teléfono móvil, posibilidad de saber lo que ocurre en cualquier lugar del mundo casi al momento, posibilidad de llegar a un lugar lejano de la Tierra en varias horas, tantas y tantas cosas…
Pero también se conserva, de vez en cuando, quizá en un lugar remoto, esas cosas que nos hacen, por un momento, alejarnos del contacto instantáneo, de la rapidez, de mirar el reloj cada minuto, de consultar el correo electrónico cada segundo y medio…Esos lugares son los pueblos. Las casas de los pueblos…Donde uno aún se tiene que abrigar en invierno, porque en invierno solía hacer frío fuera y dentro de las casas. Un lugar donde tengo que acercarme a la fuente de calor para sentir el calor: la estufa o el fuego.
Un lugar adecuado para relajarse, hablar, contar cuentos o, simplemente, mirar, observar…como el fuego se va consumiendo poco a poco e incluso, para hacer la comida. Una comida que se va haciendo lentamente…pausada, porque aquí no hay prisa.
vestida de luto –
da vueltas a las gachas
junto a la lumbre
UN POCO DE HISTORIA: LA RELACIÓN ENTRE CUBA Y JAPÓN
El primer grupo de japoneses llegó al archipiélago cubano a mediados del siglo XVII. Relata la historia que el 23 de Julio de 1614 el samurái Hasekura Tsunenaga, con un grupo de 180 japoneses desembarcó en la Bahía de La Habana bajo órdenes del señorío de Sendai, Masamune Date. El principal propósito de estos japoneses que andaban de paso, era establecer un comercio directo entre Japón y México y tras una corta estancia en Cuba se dirigieron a España.
Pero esta no sería la última visita que recibiría Cuba por parte de los samuráis del lejano oriente. En el registro migratorio del “Diario de la Marina” está inscrita, en 1898, la llegada de Y. Osuna, el primer japonés que emigró a la Isla, llegando a bordo del vapor “Orizawa”, desde México.
Asimismo, en 1908 llegó otro emigrante japonés a la Isla de la Juventud, su nombre era Misaro Miyaki, un okinawés que llegó a La Habana desde México. Y es que, ya para 1914 el número de inmigrantes japoneses rodeaba a las 130 personas. Se establecieron por todo el país, pero principalmente en la Isla de Pinos.
Sin embargo, fue entre 1924 y 1926 cuando se registró un aumento significativo del número de inmigrantes japoneses a Cuba. Durante esta época, una compañía de viajes titulada “Oversea” se encargó de facilitar el tránsito hacia la mayor de las Antillas.
La emigración japonesa a Cuba estaba compuesta básicamente por hombres, muchos de los cuales formaron familia con mujeres cubanas y se adaptaron a la vida cotidiana de la Isla. Los primeros japoneses asentados en la Isla se dedicaron a la administración de pequeños negocios u otras actividades. Durante la década de los años veinte, llegaron contratados para ejercer labores agrícolas en los cultivos de caña de azúcar como braceros.
Llegaron a establecerse en 46 sitios de las seis provincias cubanas trabajando fundamentalmente en tareas como la agricultura, las minas, la industria azucarera, la pesca, la mecánica y los servicios.
Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial la emigración japonesa se paralizó y los radicados en Cuba fueron detenidos en campos de concentración en La Isla de Pinos y en La Habana desde 1942 hasta 1945.
Entre las manifestaciones de las relaciones interculturales cubano-japonesas podemos citar algunos artistas nipones que trabajaron en Cuba:
Kokichi Shimizuentre, artista circense, estuvo trabajando en la isla entre 1911 y 1920. Mokutaro Kinoshita (1885-1945, en 1939 se divulgaron en Japón dibujos suyos que complementaban el ensayo “Viaje a Cuba”, sobre sus impresiones de la visita a esta isla. Estos dibujos se tienen como los primeros de factura nipona sobre paisajes cubanos; sus títulos son: La Habana, Restaurante Florida, Vendedor de periódico, Llanura de las afueras de La Habana y La noche de La Habana.
Hiroshi Kambara (1892- 1970). Ingresó a la Academia de San Alejandro, escuela de pintura de la Habana, en 1916. Durante su paso por la Habana se relacionó profesionalmente con Manuel Cortina, secretario del entonces presidente del país y posteriormente Secretario de Estado, y que luego devendría su mecenas. Cortina le propuso ejecutar un proyecto en su hacienda de Pinar del Río que fuera representativo de la cultura nipona.
De esta forma, allí dirigió una obra de alto sentido estético que incluyó un lago artificial, muelles y pasos en forma de arco sobre los arroyos, una piscina techada junto al río, fuentes, estanques, esculturas, jardines, glorietas, bancos, jaulas para aves, sitio para baños medicinales, y una casa japonesa para la ceremonia del té con la finalidad de alojar las colecciones de arte que Cortina atesoraba. El artista dibujó 10 cuadros de paisajes campestres y costumbristas de Japón en las puertas corredizas de aquella cabaña, algunas se conservan en el Museo Provincial de Pinar del Río. La obra se llevó a cabo entre 1920 y 1940 por artesanos cubanos y un constructor japonés de apellido Nakagawa. En la actualidad, la Hacienda Cortina en Pinar del Río conserva su diseño, símbolos y estatuas con técnicas japonesas.
En 1922, la VII Exposición de Arte de Kobe incluyó dos de sus obras realizadas en la Isla: Las afueras de La Habana y el Bohío de María. Desafortunadamente, ambas desaparecieron durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial a esa ciudad portuaria.
Tamiji Kitagawa (1894- 1989, Tetsuo Hama. o Tsuguharu Foujita fueron otros pintores japoneses que también trabajaron en la isla.
Además de la pintura, diferentes manifestaciones socioculturales como las artes marciales japonesas, especialmente el judo, o deportes como el béisbol fueron compartidos por cubanos y japoneses a lo largo de todos estos años.
«La migración de japoneses a Cuba fue escasa con relación a otros países, pero lo que sí ha sido relevante es el ejemplo que nos inculcaron de sencillez, honestidad, honradez, espíritu de sacrificio y amor al trabajo y a la patria», expresó recientemente Francisco Miyasaka, presidente del Comité Organizador del Aniversario 120 de la Migración Japonesa.
EL DESARROLLO DEL HAIKU EN CUBA
El término haiku ( haikai) aparece por primera vez en el país de la mano de Eduardo Benet y Castellón (1879-1965) escritor cubano que destacó principalmente en el campo de la poesía.
En la mar dormida
un tamiz de agua
los luceros criba.
En dos de sus obras, “Ensayo de haikai antillano” y “Un jabuquito de haikais”, Benet fue el primero que relacionó el breve poema japonés con uno de los escritores y políticos más importantes de Cuba, José Martí.
Según Benet, la obra de Martí está llena de fragmentos, que si bien no llegan a ser haikus, están impregnados de su esencia.
Vuela el polen…
se aparejan las ramas;
busca el sol las hojas
Años más tarde, Samuel Feijóo (1914-1992) conocido por su poesía y narrativa, así como por su trabajo como crítico, traductor, dibujante y pintor, dedicó un extenso y completo ensayo al haiku, “Asuntos del haikú”
Tarde de Otoño
Truenos enormes.
Camino frío.
Granizo con un tambor.
En este ensayo, Feijóo hace un recorrido por el haiku japonés, que él mismo había traducido, relacionándolo con poemas de escritores españoles y latinoamericanos. Según su opinión, en Cuba muchos escritores y poetas habían insertado haiku en sus obras aunque no fueran conscientes de ello ni conocieran esta forma japonesa: Martí, Dulce María Loynaz, Miguel Barnet, etc.
Fue el primer autor en abrir el camino del haiku en tierras cubanas.
Nicolás Guillén (1902-1989) afamado poeta cubano, también incursionó en el mundo del haiku. De su autoría es
Sola, en su jaula mínima,
dormitando,
La pajarita de Papel.
Y lo mismo sucede con otros autores:
Inútil ocultarlo.
El gato deshace la noche
de un salto.
Ana Rosa Núñez
El toro de Guisando
no pregunta cómo ni cuándo,
va creciendo y temblando.
José Lezama Lima
Los gallos cantan.
Miden de pico a pico
la madrugada.
Jesús Orta Ruiz
Aire de otoño,
cuando quedan los árboles
en pura forma.
Eugenio Florit
Cactus resplandecientes
con una flor en cada espina.
Nancy Morejón
Pero a pesar de estos intentos de aproximación al haiku japonés, en Cuba no se comenzó a profundizar en éste hasta bien entrado el siglo XXI gracias a estudiosos y haijines cubanos que están realizando una gran labor didáctica y divulgativa de este género.
UNA MUESTRA DEL HAIKU CONTEMPORÁNEO EN CUBA
Existe un nexo común a todos los autores cubanos: el amor por su tierra, por la exótica naturaleza que les rodea. Aunque las estaciones no son tan marcadas como en Japón, el cubano logra plasmar en sus versos la explosión de colores de la primavera, el bochorno tropical del verano, la humedad del viento otoñal o el frío y el gris del invierno.
Con una fauna y flora únicas, los haikus cubanos están repletos de mangles, zunzunes, ceibas, vicarias, majaguas, totíes, y un sinfín de sonidos, colores y aromas isleños.
Es de destacar el entusiasmo y esfuerzo con el que un puñado de hombres y mujeres están dando a conocer esta forma literaria japonesa en tierras cubanas, llevando a cabo charlas, talleres, encuentros y certámenes, no sólo dedicados a los adultos, sino también a niños y adolescentes que descubren poco a poco el camino del haiku.
A continuación pueden disfrutar de una selección de autores contemporáneos:
De especial relevancia es la aportación del profesor Jorge Braulio Rodríguez Quintana (La Habana, 1950) Escritor, pintor y poeta cubano, es decano de la Facultad de Artes Plásticas y Facultad de Artes Visuales de la Universidad de las Artes (ISA). A través de su labor de investigación y traducción, la impartición de talleres, y su propia cosecha de haikus, ha logrado que en Cuba se reconozca este género y que cada vez tenga más seguidores. Además de ello, su esfuerzo ha permitido conocer el trabajo de numerosos autores cubanos en el resto del mundo.
Es autor de una selección y traducción de senryus del norteamericano Richard Wright, publicada por la editorial Arte y Literatura y del libro de haikus “Todo en Tres líneas”, publicado por la editorial Gente Nueva. Ha impartido talleres y conferencias sobre el haiku en Suecia, Bolivia, Brasil y Cuba.
Integrante del equipo redactor de la gaceta de haiku “Hojas en la acera” es considerado “el maestro” por sus compatriotas haijines.
Todo aquel que desee aprender y empaparse del haiku escrito en Cuba puede visitar su blog “En clave de haiku” https://enclavedehaiku.cubava.cu/
Seco maizal
Una vaca lamiendo
a su ternera
Rallo en silencio
el par de zanahorias
Relampaguea
Leve, la sombra
de la nube a través
del campo en llamas
Mierda en las hojas
Abandonaron el nido
los zunzunes.
Amarillean
los calabazares
Un diente menos
Mar invernal
Retrocede el palomo
ante la ola
Cielo sin nubes
Limpia sus viejos zancos
el saltimbanqui
Yulier Canuto Pérez (Mella, Santiago de Cuba, 1980). Narrador y poeta. Licenciado en Cultura Física y Deportes. Es miembro de los Talleres Municipal y Provincial de Literatura. Autor del libro “Páginas de otoño” (Ediciones Santiago, Cuba) Es además promotor de la Peña Literaria “Pensar en Haiku” de la Biblioteca Municipal Abel Santamaría en el municipio y provincia de Santiago de Cuba que se encarga de organizar el certamen internacional de haiku “La luna roja”.
El sicomoro
En la próxima luna
No tendrá flores.
Apenas tiemblan
Entre el agua y las nubes
Dos o tres hojas.
Majagua azul
A la hora exacta llegan
Los dos zumbetes.
Siempre camino
Olvidado de todo
Entre los robles.
El cocodrilo
Abriendo más la boca
Bajo la luna.
Vas por la senda
Callada de los lirios
Luna de otoño.
Ahora que hace frío
La guácima se cubre
De varias garzas.
Mayra Rosa Sorís Santos (Santa Clara) Licenciada en Educación Informática, reside en Santa Clara, Villa Clara. Le apasiona el haiku y participa en los foros de haiku por internet: “El Rincón del Haiku” y “Paseos.net” Obtuvo el segundo premio en el III Concurso Internacional de Haiku “La Luna Roja”
alba invernal
en el polvo de tiza
huellas de gato
llueve con sol
sobre el pañal tendido
la mariquita
claro del monte
cabecea el chivito
tras su madre
desayuno
el primero que se arrima:
un gorrioncillo
nubarrones
tiñosas en ruedos
y no llovió
amanece
entre ramas del mamey
cachos de luna
tarde de otoño
las hojas del caimito
loma arriba
José Antonio Martínez Coronel: Nacido en Güines, provincia Mayabeque, el 20 de septiembre de 1966, es licenciado en Lengua y Literatura Francesa (Traducción e Interpretación) por la Universidad de La Habana. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
El canto del guineo,
en medio del valle,
hace más profunda la noche.
Una garza sobre los techos;
los hombres
ante el fogón.
Fin de año.
Las hojas caen
en el silencio.
Este cayo,
bajo el cielo estrellado,
diminuto planeta.
El pino,
siempre con hojas
siempre perdiéndolas.
Bruma del agua.
Arena que la lluvia
sacudió al fondo del mar.
Lánguida casuarina
sobre el mangle
bajo las nubes.
Rafael Jorge Carballosa. Nació el 24 de febrero de 1975 en San Germán, Holguín, Cuba. Entre 1993 y 1998 cursó hasta el quinto año de Licenciatura en Filología en la Universidad de La Habana. Desde el 2010 preside la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en la Isla de la Juventud y dirige La Casa del Joven Creador. Ha publicado textos poéticos en la Revista Caimán Barbudo (AHS), Videncia (Ciego de Ávila) y Carapachibey (Isla de la Juventud).
El marabú.
También a sus espinas
moja el rocío.
Junto a la cerca
una vaca ha rumiado
toda la noche.
Riega las fotos
el viento de Diciembre
sobre la mesa.
Últimos rayos
del sol en la ventana.
Juegan los niños.
Quién paseará
al perro del ausente
por el jardín.
Todo está oscuro
pero sabes que el mar
aún sigue allí.
Bajo la cama
el par de botas viejas
del forastero.
Yordán Rey Oliva (Ciudad de La Habana, Cuba, 11 de Agosto de 1982) Poeta y narrador, tiene publicados: “Teresa Valdés del Pueblo de Quita y pon” (Literatura para niños y jóvenes. Unicornio, 2016); “El caserón de la curva” (Literatura para niños y jóvenes. Áncoras, 2017); “El Asteroide B600” (Literatura para niños y jóvenes. Unicornio, 2018); “Cantar del niño nunca robado” (Poesía, 2018) y “Grutesco” (Novela, editorial. Capiro 2019). Textos suyos pueden ser encontrados además en diversas publicaciones periódicas y antologías
Día de la Candelaria
alguien podando
las ramas del pino.
Amanecer
devuelve el oleaje
tres marpacíficos.
Risas apagadas
con flores de majagua
ellas lavándose el pelo
Sobre el sillón de mi madre
ya no da el sol.
Fin del verano.
Casa en ruinas
en el pozo sin brocal
crecen los helechos
Noche invernal
el farol del cementerio
bajo la llovizna.
Madrugada.
ya son seis
las mariposas del techo.
José Manuel Rodríguez Quintana (La Habana) Sus haikus han merecido reconocimientos en diversos certámenes, entre los que se encuentra ser ganador del VII Concurso de haiku de la Facultad de Derecho de Albacete, primer premio al mejor haiku individual, en el II Concurso de Haiku Ciudad de Medellín 2014 donde también obtuvo una mención a la mejor colección. También ha sido seleccionado en el Concierto de haiku Los Cuatro Elementos, Ser Agua.
sol en las cañas
sobre el agua del tinajón
un sapo inflado
titila a ratos
un hilo de araña
que pende del flamboyán
día de lluvia
nadie con quien hablar
ni a dónde ir
al pie del plátano
temblequeando un pichón
lleno de hormigas
Año Nuevo
hoy regalé un gladiolo
a alguien que no conozco
altar mayor
sólo murciélagos
después del fuego
Puente en penumbras
Un ramo de girasoles
llegando al mar
goteando lluvia
a trechos el gorrión
alza el mendrugo
Alberto Armenteros (Jaruco)
calabazar
atraviesa el cercado
un tallo tierno
patio en calma
echó una flor la piña
entre guijarros
Un triplaris florecido:
desde sus ramas sin hojas,
el canto de dos zorzales
sopor diurno
un cangrejo ermitaño
entre mis pies
cielo cerrado
el zorzal mira al viejo
antes de irse
nada me dicen
las olas de este mar
hondo respiro
Aida Elizabeth Montanarro Torres (La Habana) Es licenciada en Cibernética Matemática y miembro del Grupo de Creación Literaria Expedición. Ha recibido premios y menciones en el género cuento y su poesía ha sido publicada en “Instantes como islas” (haiku), por el Grupo Expedición, Ediciones Latin Heritage Foundation, 2012.
Sol naciente.
Aún cubre la neblina
el arrozal.
Rayos de sol
sobre el banco del parque.
La fuente seca.
Tarde de agosto.
El gato duerme
junto al nido vacío.
Rachas de huracán.
La hojarasca del patio
tras los sillones.
Trillo enlodado.
Chillidos de lechuza
en la arboleda.
Laurel del parque.
Entre las quietas ramas
fulgor de luna.
Maleza húmeda.
Arrastra el viento
aroma de azahar.
Lázaro Orihuela Martínez (Batabanó) Licenciado en Estudios Socioculturales. Miembro de los dos reconocidos foros de haiku Paseos.net y El Rincón del Haiku. Ha colaborado con la gaceta “Hojas en la Acera” y participado en varios kukai de dicha publicación. Fue incluido en el “Concierto -Ser Tierra-“organizado por “Fundación Zen Montaña de Silencio” Ha publicado en la revista “Haiku & Haibun Magazine”. Mantiene activo el blog de Haiku-Dô: “Decir la Nada” http://decirlanada.cubava.cu/ Es creador del foro -Tu Zona Haiku- http://somostuzona.nat.cu/comunidad/index.php. Es además el organizador del Primer Concurso Internacional de haiku “Senda del Sur”
Brisa.
En un mangle seco
el cascarón de una chicharra.
Meses sin lluvia.
Descargo la leña
al lado de las vicarias.
Puerto pesquero.
Bajo la raya muerta
escaramujos.
Costa quemada.
Recojo entre el vapor
unas semillas.
Zanjas de San Vicente.
En la brisa el olor
a estiércol de vaca.
Atardece.
Por el cabo de amarra
fila de hormigas.
Jardín del bohío.
Entre el racimo de fongo
un nido de tojosas.
Idalberto Tamayo (ciudad de Manzanillo, Oriente, 1952) En la década de los 90 comenzó a escribir poesía y participar en concursos auspiciados por la Facultad de Ciencias Médicas de La Habana, obteniendo premios en los géneros de paremias, cuento y poesía a nivel municipal y provincial. Actualmente vive en Estados Unidos y desde el año 2017 practica el haiku.
.
Vuelo de gallinuelas –
Tiembla la luz
en el pantano
Salto de agua
Canta el tocororo
cerca del curujey
Gotean las hojas
No han salido esta noche
los caracoles
Termina el alba
Posado en un cardo
canta el jilguero
Sauces del río
Silbando muy cerca
el petirrojo
Hormigas bravas
Con un palito el niño
empuja la oruga
Luna llena
Con hojas y sin hojas
la bibijaua
María Elena Quintana Freire (La Habana, 1968) Graduada en Ingeniería en Control Automático. Ha impartido talleres literarios para niños en La Casa de La Poesía en La Habana Vieja. Ganadora del premio de poesía nacional de Haiku “El vuelo del Samandar” , 2012, del primer premio de Haiku de la Universidad de Albacete ( 2012), del tercer lugar del premio Farraluque en cuento (2015), y del Accesit Félix Pita Rodríguez de literatura infantil (2015). Fue mención en el X Encuentro de Estudios Literarios (La Habana, 2015). Se incluyeron algunos de sus cuentos y poesías en la antología infantil Mis escritos (Editorial Mis escritos, Argentina, 2015) Es co-autora de “Instantes como islas” y ha publicado para los niños “Carmicuentos de Maruka” (Ediciones Montecallado, 2016).
Luna en el río.
El olor a jazmín
de la otra orilla.
Sopor de agosto.
Un limón ha caído
en los tablones.
Patio inundado.
Canta una vieja copla
mi abuelo ciego.
Se ha detenido
en el claro de luna,
un cangrejo.
Diez campanadas.
Las flores del framboyán
siguen cayendo.
Hierba marchita
La sombra del pescador
quieta en el río
Rafael Álvarez Rosales (La Habana, 1983). Graduado de Letras.
Truena, y salen
de sus guaridas
tres jicoteas.
Aguacero.
Tirita el cundeamor
ante la bruma.
Lázaro Alfonso Díaz Cala (La Habana, 1970) estudió Contabilidad, profesión que desempeña desde 1988 en el Sistema Bancario Cubano. Es además poeta, narrador y compilador; miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y fundador del Proyecto de Creación Literaria Expedición y del Proyecto de Haiku Monte Yoshino.
Textos suyos han sido incluidos en publicaciones periódicas y en diversas antologías de narrativas y poesía, en Cuba y el extranjero. Ha sido premiado en numerosos concursos nacionales e internacionales, como el David de novela, en Cuba, y el Julia Guerra de poesía, en Algeciras, España.
Pomarrosas maduras.
Dos tomeguines
cantan al alba.
Gotas de rocío.
La leche de la ubre
cae en la vasija.
Sol intenso.
Un solo pelicano
flotando en la bahía.
Mediodía.
En la rama del guayabo
reposa el zunzún.
Crecido el arroyo.
El tronco del almendro
cierra el camino.
Tarde nublada.
Entre las dos palomas
vuela un gorrión.
Una crisálida
aferrada al horcón.
Jadea el perro.
Maikel Iglesias Rodríguez Pinar del Río, Cuba (1980) Escritor, médico y fotógrafo.
Varias jornadas
se ocultan las espinas
en los zapatos.
Abunda el pasto,
no berrean las cabras
ni las ovejas.
Vacío establo:
salvo un corcel sudado.
¿A quién relincha?
La más endeble
entre todas las casas
provee rosas.
Sobre la rama
truncada de la ceiba
se oye un gorjeo.
Cantan los grillos,
ya es noche y los cangrejos
voraces tañen.
En plenilunio
la bandada de pavos
salta las vallas.
Marcel Lueiro La Habana, 1977. Poeta y editor, estudió Periodismo en la Universidad de la Habana.
Cae el moscón
en el vaso de leche.
Estamos solos.
No se inmuta,
con el viento de la ciudad,
mi sonajero.
Lucrecia Linares (Consolación del Norte, Pinar del Río)
Río en otoño
Para cruzar el puente
aúpa al niño
Cálida noche.
El macao que barrí
vuelve al umbral.
liba el zunzún
en la flor que le ofrezco
los dos temblamos
vuela al encuentro
de su sombra en el barro
una paloma
Sí, lagartija,
nada fuera del círculo
que hacen las aguas
La luz del alba…
Un cuerpo que encontró
ya su silencio.
qué resplandor
una plumita blanca
en el helecho
La fuente al alba:
en el muro un peón
olvidó un guante.
mariposa diurna,
¿esta noche también
tú estás insomne?
Mucho más joven
que mañana, despierto.
Día de luz
Al despertar,
la primera llovizna
de este año.
Lester Flores López (La Habana, 1981) Escritor y poeta, es licenciado en Historia, profesor y librero. Entre otros premios, sus haikus han recibido mención en el VI y VIII Concurso de Haiku de la Facultad de Derecho de la Universidad de Castilla La Mancha, en Albacete, España, en 2012 y en 2016, mención en el II Concurso de Haikus de la Biblioteca Manuel Siurot de Huelva, España, en 2013. Premio a la mejor selección cubana en el II concurso Internacional de Haiku “El Vuelo del Samandar” de la Casa de la Poesía de La Habana, Cuba, en 2014. Seleccionado en el Concierto de Haiku Los Cuatro Elementos, Ser Agua y Ser Fuego-Luz, antologado en Haikool, en 2013; en Au fil de l’eau y Jours d’Ecole, en 2014, Editions L’iroli, Francia.
En 2018 este haiku suyo recibió el Tercer Premio al mejor haiku en español en el IV Concurso de Haiku de la librería Haiku Barcelona:
El mediodía.
Un caballo bebiendo
lluvia de ayer.
Es además editor de Ediciones Yoshino http://eyoshino.cubava.cu/
Su sitio web, “Con luz reflejada”: http://fleures.cubava.cu/
Dos en silencio.
En la acera un montoncito
de vicarias.
Humareda:
posándose alrededor
las garzas blancas.
La lluvia amaina.
Un hombre se persigna
al ver la ceiba.
Lavo mis dientes.
Unas pencas marchitas
en la sábila.
Otro pollo muerto
entre las rocas.
Vuelo de pelícanos.
La tarde yéndose.
Dicen que es olor
a ají quemado.
Nochebuena.
En el techito dos gatos
se dan la espalda.
Miguel González (1976) (Cárdenas)
Largo camino
a la luz de la luna
se hace más corto.
Tras la lluvia
la rana vuelve a cantar
sobre el nenufar.
Marea baja
sobre las rocas los percebes
se cierran.
Las hojas secas
lucen aún más rojas
en el ocaso.
Raonel Cruz Díaz (Sancti Spiritus) microbiólogo de profesión, escribe haiku, senryu y tanka. Algunos de sus haikus aparecen en el libro recopilatorio del III Certamen de haikus «Jorge Luis Borges» y ha sido el ganador del V Concurso Literario de Haikus «Mundo Escritura» y del II Concurso Literario de Haikus «Al claro de la luna»
Asoma el sol,
rojo en el horizonte
sube al camino.
La red de araña
alberga en la mañana
gotas de lluvia.
En la distancia
sobre olas del mar
haces de luz.
Bajo la lluvia
la garza imperturbable
sobre la roca.
Las hojas secas
cubren la senda antigua.
Pasos sin rumbo.
Ondea el rostro
que refleja el estanque
al caer la hoja.
Bajo granizo
llegan en la tormenta
cantos de ranas.
Juan Carlos Domínguez Camps (La Habana)
Amanecer junto al mar.
La mujer preñada
tararea.
En el estante
más alto de la farmacia:
¡un nido!
Mañana de abril.
Polvo y gallinas
alza un niño encuero.
Encallado,
junto al malecón,
un velo de novia.
Noche fría.
Contra el pecho del loco
su jolongo de sobras.
Octubre.
Sobre los arrecifes
una muñeca rota.
Noche cerrada.
Muestra un relámpago
el camino.
Erich Estremera (Ciego de Ávila, Cuba, 1979). Poeta. Ha obtenido los premios de Poesía «Eliécer Lazo», «Mangle rojo»» y «Poesía de primavera», todos en 2007. Ediciones Ávila publicó sus poemarios “Granos de cebada” (2008) y “Fuegos fatuos” (2010). Actualmente reside en Islas Canarias, España.
Caído a tierra
el tronco del naranjo.
Racha de viento.
Seca la charca,
y un niño lleva aprisa
un balde de agua.
No vives solo:
aún cantan los gorriones
bajo tu techo.
Rocas sin filo,
adornando la senda
del riachuelo.
Vuelo, corte, giro,
y entre las garras del zorzal
una libélula.
Sube el ratón
sus crías a las piedras.
Río crecido.
Miguel Ángel Ochoa Cruz (Palma Soriano, Santiago de Cuba, 1979) Escritor y promotor cultural.
Por el estero
la corriente lleva
hojas marchitas.
Dentellea el perro,
en una tarde otoñal
vuela el moscardón.
Una por una
las patas del ciempiés
van por el trillo.
Último intento.
De un salto a otro salto,
el dienteperro.
En la bahía
los peces nadan lejos
del alcatraz.
Viento de otoño
y hojas que se arrastran
por esta calle.
Croa una rana,
al borde de la charca
una libélula.
Orlando Víctor Pérez Cabrera (Cumanayagua, Cienfuegos, 1950) Maestro titular de Enseñanza Primaria y poeta.
La garza pica
granos que va dejando
el campesino.
Ernesto Hernández Busto (La Habana, 1968) es escritor y traductor. Desde 1999 reside en Barcelona, donde ha publicado varios libros (ensayo, poesía) y numerosas traducciones del inglés, latín, italiano, ruso y francés. Sus tres últimos libros recogen versiones japonesas: “La sombra en el espejo” (Bokeh, Leiden, 2016) “Jardín de grava (Cuadrivio, México, 2017, Godall Edicions, Barcelona, 2018) y “Hoguera y abanico, versiones de Bashô (Editorial Pre-textos, Valencia, 2018).
Anzuelo, a veces,
y otras noches guadaña:
luna menguante.
Azuzo sombras
mientras la luna duerme
sola en mi cuarto.
Camilo José Noa Rodríguez (Gibara, Holguín, 1990)
entre las olas
casi descompuesto
flota un perro
ya sin carne
huesos de vaca
en el potrero
Sinecio Verdecia (La Habana, Cuba, 1974) Poeta, performático, promotor cultural, narrador oral y cantautor, ejerce su labor en la Casa de la poesía de La Habana.
Un gato muerto
la lluvia matutina
borra su sangre
Tarde nublada
mi vecino ciego
fríe pescado
Dalila León Meneses (Sancti Spíritus, 1980). Graduada de Contabilidad y Finanzas en 1998, es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Pertenece al Consejo Provincial de la Editorial Luminaria y trabaja en la Casa de Cultura de Sancti Spíritus como Instructora de Literatura. Ha publicado los poemarios “Sin buenas nuevas”, “Bon Appétit”, “Pop Art Collection, “Antes que amanezca y su libro inédito “Bon Voyage” ha recibido Mención en el Premio de poesía “Calendario”
Oscuras ramas
meciéndose en el patio
toda la noche.
Brota el jardín
y en sí mismo se pierde
con su maleza.
Mónica Ramos Pérez. Poeta y narradora. Natural de Gibara, municipio de Holguín. Licenciada en Comunicación Social, ha obtenido multitud de premios en distintos certámenes literarios de países como España, Argentina o Venezuela. En 2014 obtuvo el segundo premio en el II Concurso Internacional de Haiku Samurai Hasekura,
Llega la brisa
arrullando la Fūrin
de mi ventana.
El haiku tiene un futuro muy prometedor en Cuba, sirvan esto ejemplos como muestra de lo que está por llegar:
En la playa
las olas van y vienen
de todos los tamaños
Sofía Calvo Reyes (7 años)
( Taller de Mizu, Casa de la Poesía, La Habana)
–
Tarde nublada
Los pájaros huyendo
De la tormenta.
Talía Torres Cortina (14 años)
–
Ojos de vaca
Ligeramente me miran
Muy desganados.
María Fernanda Rivero Ortiz (14 años)
–
Las estrellas brillan
alrededor de mi patio.
Un perro ladra a un gato.
Shanti Macías Santí (5 años)
–
De día y noche
En el fondo marino
Peces nadando.
Talía Badel Saiz (14 años)
–
Leticia Sicilia, 2019 ©
– Un cierto monje de la escuela Tendai vino a visitarme y, al observar un mandala chino colgado en mi habitación de enfermo, me explicó que al principio los mandalas eran brahmánicos, que no eran venerados en el budismo, y que tenían aproximadamente el mismo significado que esas figuras de Buda que los niños hacen y que alinean para divertirse.
Notas del traductor y las fuentes
– La escuela Tendai fue introducida en Japón por Saicho en el siglo IX y tuvo una influencia decisiva en el budismo japonés. Tiene dos enseñanzas, una esotérica y otra exotérica.
– En la entrega 26 de 7 de junio, Shiki ya describió ese mandala del que habla con un detalle extraordinario (medía aproximadamente unos noventa centímetros por un metro con cincuenta).
– El brahmanismo es una religión de transición entre la religión védica (terminada hacia el siglo VI a. C.) y la religión hinduista (que comenzó hacia el siglo III d. C.). Según otros autores, el brahmanismo (o religión brahmánica) es lo mismo que el vedismo (o religión védica).
– En sus artículos sobre frutas, el Dr. Tamari se pregunta por qué las peras de Occidente, cuyo sabor es mejor, no son las más apreciadas, y explica que es porque no se pueden conservar por mucho tiempo. Sin embargo, sería de esperar que, en el futuro, poco a poco, ese tipo de peras vayan siendo más apreciadas. Pero es que también hay otra causa, y es que las peras de Occidente tienen el defecto de ser poco jugosas, y en verano tendemos a querer fruta llena de jugo refrescante, de modo que las peras japonesas nashi superan a las peras occidentales desde este punto de vista, y ello hace que hoy por hoy, no puedan competir.
Las frutas, en virtud de ser cultivadas, van mejorando y las de carne dura tienden a volverse gradualmente más tiernas. De hecho, como se dice en los artículos del Dr. Tamari, si es cierto que los gustos cambian y se prefieren los alimentos blandos a los platos duros, también es cierto que antes apenas había fruta blanda y que, sin embargo, ahora sí la hay. Por otro lado, es bien sabido que, también para otros alimentos, generalmente existe una fuerte tendencia a apreciar los más tiernos. Desde hace algún tiempo, hemos visto que el arroz de las posadas se vuelve gradualmente menos duro. Inicialmente, se alegaban razones de higiene, pero a fuerza de comer arroz más suave, llegamos a encontrarle más sabor. En el caso de las frutas, los grandes melocotones de China son extremadamente tiernos y, además, muy jugosos, lo cual es perfecto, mientras que las manzanas, aunque es cierto que algunas combinan dulzura y acidez, lo cual las hace deliciosas de sabor, en general y aunque tengan la carne tierna, tienden a ser poco jugosas, difíciles de tragar, no muy sabrosas y, por lo tanto, no podemos comer en grandes cantidades. Las bananas, por su parte, no tienen jugo, pero, cuando son maduras, son suaves y fáciles de comer. La regla habitual es que la fruta más agradable de masticar es la más húmeda y jugosa.
Notas del traductor y las fuentes
– Ya se habló de Tamari Kizô (1856-1931) en la entrega 80, de 31 de julio. Shiki leía su columna en el periódico. Fue el primer doctor en Agronomía (1899) de Japón.
– La Pyrus pyrifolia o Nashi es una especie arbórea perteneciente a la familia de las Rosáceas. Otros nombres comunes con los que se conoce a este peral originario de Asia son: pera asiática, pera nashi o pera japonesa.
Hemos realizado este sencillo cuaderno con una semblanza, unos haibun y haikus de Cristina Noemí Ghiringhelli (Panda).
A Cristina Noemí Ghiringhelli En memoria