Todas las entradas de: el rincón del haiku

Febrero de 2026

巡礼は

昼間も夜間も

流れ行く

川の古かる

歌の如し也

 

Junrei wa

hiruma mo yoma mo

nagareyuku

Kawa no furukaru

uta no gotoshi ya

 

Como la vieja

canción del riachuelo,

así también

fluyen día y noche

regueros de peregrinos…

 

 

 

 

尺八を

吹き吹き吹けど

音がせず

俄の寒気

頭フラフラ

 

Shakuhachi wo

fuki fuki fukedo

oto ga sezu

Niwaka no samuke

Atama fura fura

 

Por mucho que soplo,

no suena el shakuhachi

¡Ay! De repente,

un escalofrío

y sensación de vértigo…

 

 

 

 

魅惑する

夜の香しき

涼しさ也

オーレとて彼の

南思ひ出

 

Miwakusuru

yo no kanbashiki

suzushisa ya

Oore tote kano

minami omoide

 

En el frescor

fragante de la noche

de embrujo, se oye un “¡ole!”,

y el recuerdo del sur

viene a mi mente…

 

 

 

 

君の身の

宝見付くる

ため君の

肌を滑る

水にならばや

 

Kimi no mi no

takara mitsukuru

tame kimi no

hadae wo suberu

mizu ni narabaya

 

¡Ah, si pudiera

ser el agua que resbala

por tu piel

para, así, hallar los tesoros

que esconde tu cuerpo…!

 

 

 

落葉にて

釦の如き

朝の露

震える玉は

空の鏡ぞ

 

Ochiba ni te

botan no gotoki

asa no tsuyu

Furueru tama wa

sora no kagami zo

 

¡Sus perlas trémulas,

el espejo del cielo!

Como botones

en la hojarasca,

el rocío de la mañana.

 

 

 

 

遥かなる

星の千歳の

音は深き

海の青にて

山彦しけり

 

Harukanaru

hoshi no chitose no

ne wa fukaki

umi no ao ni te

yamahiko shikeri

 

En el azul

del océano profundo,

resuena el eco

de la voz milenaria

de una estrella distante…

 

 

 

新しき

仏の顔は

あはれなる

時の流れの

重さ未だ無し

 

Atarashiki

hotoke no kao wa

awarenaru

toki no nagare no

omosa mada nashi

 

El nuevo buda

no muestra aún en su rostro

el sentimiento

que a las cosas procura

el peso de la historia.

 

 

 

 

雨上り

大聖堂は

塔出す

でんでん虫の

角の如しや

 

Ame agari

Daiseidô wa

tô idasu

Dendenmushi no

tsuno no gotoshi ya

 

Cesó la lluvia.

La catedral despunta

sus altas torres

igual que con sus cuernos

haría el caracol.

Febrero de 2026

Un año por delante, confiemos en que fecundo de fotohaikus. Lo será.

Los de Kotori y Momiji los envía nuestra compañera Xaro Ortolá de su parte. Dos grandes haijines, bien conocidos por nuestra comunidad, que aportan sendos fotohaikus con la sencillez como emblema. En el de Kotori asombra especialmente la permanencia de lo efímero, un don cotidiano de la naturaleza, como plasma también el de Momiji, cuya mirada trasciende el golpe de vista en el golpe de viento que propicia la visión sutil de lo desapercibido.

En el fotohaiku de Franvier, nuevamente sin haiku pero iluminado por otro de Chiyo al que nos apunta, despierta la emoción ese bello contraste entre luces y sombras.

Contraste luces-luna/ sombras-nubes que refleja la foto que ilustra el haiku de Hikari. Se siente el helor invernal de enero.

Todo luz lo que descuella en el fotohaiku de Encarna. Luz poniente, fulgor último de lo que decae hacia lo oscuro acentuando el arrebol.

El fotohaiku de Carmen plantea un cierto desequilibrio entre la foto algo plana y estereotipada y el haiku más rico en matices y detalles. Pero, en todo caso, abunda en el tema estrella del conjunto: la luz que se enseñorea del paisaje, de la haijín y de los lectores. Y de eso se trata.

No en vano estamos combinando fotografías, el arte de la luz, con haikus, el arte connatural al verbo. El fruto: aquí lo tenéis, queridos lectores, para vuestro íntimo disfrute.

Gracias mil a los participantes.                 Paco Ayala.

 

 

 

 

 

 

 

Enero de 2026

CONSTRUIR

En Año Nuevo,
Espinacas con pasas.
Y en el alma, paz.

DECONSTRUIR

 Realmente fue esa mi cena en la víspera de Año Nuevo, en Nochevieja. ¿Qué más da? Total… unas horas antes o unas horas después. También pudo haber sido una digna comida en Año Nuevo.

   Hoy quiero comentar el aspecto dialógico de los haikus. No me refiero al diálogo inherente del haiku con que el haijin puede dirigirse a un lector desconocido, sino al establecido con alguien conocido. En nuestra sociedad la lectura de un poema suele ser una actividad casi siempre monológica, individual, casi íntima, por no decir minoritaria. Seguro que no era así en los comienzos brumosos de la poesía en aquellas ancestrales  sociedades ágrafas, donde la actividad poética todavía no había dado el salto a la escritura, y la transmisión era oral –canto, celebración, conjuro, gesta, plegaria, etc.–  compartida con la sociedad. En el caso de Japón, en el Japón premoderno (antes de 1868), cuando hacía siglos que se venía usando la escritura, la poesía cumplía una importante función social: comunicar sentimientos, despedir a un amigo, celebrar un encuentro o un paisaje, lamentar una pérdida, agradecer un favor, colaborar en un certamen poético. En la corte imperial del viejo Japón, hasta se usaba para informar de nombramientos y destituciones, para solicitar empleo, para exiliar a un enemigo. En los tiempos de los grandes maestros del haiku –Bashō, Buson, Issa– el haiku, aunque era producto de una sociedad plebeya, conservaba en gran medida esa función. Son célebres los haikus del primero de esos maestros para retribuir la generosidad de sus anfitriones cuando iba de viaje o simplemente para saludar a alguien. Como este dedicado a una discípula:

白菊の               shiragiku no
目にたてて見る           me ni tatete miru
ちりもなし             chiri mo nashi

Los ojos fijos
En blanco crisantemo.
Ni mota de polvo.

Pero también hay haikus en que el haijin interpela directamente a la situación, objeto o circunstancia del poema. Hablando de Año Nuevo, me viene a la memoria este de Natsume Sōseki que encontré en la magnífica selección de Fernando Rodríguez-Izquierdo publicada en «Maestros del Haiku» por Satori Ediciones (la traducción es mía).

我に許せ         ware ni yurase
元日なれば        ganjitsu nareba
朝寝坊                               asanebō

Hoy que es tu fiesta,
Año Nuevo, déjame estar
Un poco más en la cama.

¿Divertido, verdad? Podemos imaginar a Sōseki, al que en su vida doliente no le faltaron desdichas, remolonear felizmente en el futón un día tan festivo como ese.

Mi haiku es más serio y solemne con tantas «a» en los dos versos finales. El tercero me lo inspiró un maravilloso haiku de Issa Kobayashi:

何もないが          nani mo nai ga
心安さよ           kokoro yasusa yo
涼しさよ                                            suzushisa yo

Sin tener nada,
Pero con el corazón en paz y
Este frescor.

Paz en el corazón deseo a los lectores de El Rincón en el año que acaba de empezar. Y salud para cenar espinacas con pasas o para remolonear un rato en la cama antes de levantarse.

Enero de 2026

Este mes de diciembre ha supuesto un buen impulso para esta sección que, a decir verdad, conlleva cierta dificultad a la hora de componer fotohaikus en los que impere el equilibrio entre la foto y el haiku de creación propia. Para cada una de las colaboraciones hemos aportado sucintas valoraciones que orienten y en todo caso animen a seguir participando, adentrándose en este fascinante universo aún sin explorar lo suficiente y de posibilidades creativas tan ignotas como motivadoras. Que este nuevo año que da comienzo dé comienzo también una nueva era de hermosa convergencia entre el arte fotográfico y la bellísima sutileza del haiku. Así que ¡adelante y gracias mil a los participantes!

Franvier: una delicada fotografía impregnada de haimi (sabor a haiku), asombro y ligereza, tal como apunta el maestro Bashô. Para su composición, confiesa el autor, se inspiró en un haiku de Issa.

 

Encarna: buena combinación de foto y haiku, especialmente -y ahí radica una de las dificultades más comunes- por lo que aporta y complementa la propia foto al texto.

 

alberasAn:  aunque en el haiku cabría una cierta mejora en los 2 últimos versos, la fotografía expande el dictum esencial del texto para manifestar el contenido de lo contemplado.

 

C.Galiano:  buenas fotohaikus sin texto, pero que, a nuestro modo de ver, cumplen perfectamente con los criterios enunciados en las bases en cuanto a la propia composición estética de las fotos y los fundamentos básicos del haiku: sabi, haimi, yūgen especialmente.

-.-

Felicitaciones, pues, a los seleccionados, y lo dicho: animar a todos los seguidores y lectores de la Revista ERDH a embarcarse en esta asombrosa aventura.

PEÑASCO

Roxana Dávila Peña
mushi

Esta tarde de invierno salgo a descubrir la playa. Me gusta llegar por primera vez aquí. A cualquier lugar. Encontrarme una vez más en tierras nuevas.

Voy descalza. Piso las miles de conchas que el oleaje ha dejado en la orilla.

La marea se retira y deja su escritura sobre la arena. Pliegues sin principio ni fin. El sol bajo entra de lado y marca las crestas con luz y los surcos con sombra. Parecen escultóricos. ¿Será el azar? No lo creo. Son marcas visibles de un ritmo invisible —agua que pasó miles de veces por el mismo sitio.

Algo de la vida de mis padres llega hasta aquí.

El vuelo de los pelícanos suena como una sábana movida por el viento. Las olas se acercan y se alejan. Algunas gaviotas permanecen quietas.

Qué curioso: de un lado, el mar que pasa la página una y otra vez; del otro, el desierto que aprende de memoria sus formas.

Pequeños gusanos de mar han dejado sus excrementos en forma de espiral, son como montañitas hechas de cordones de arena. Sobre esto, también, el brillo del sol.

Va oscureciendo. Siento como mis pies no sienten del todo. El frío aprieta.

Ya nada me mira. Todas las aves se han ido. Me pregunto a dónde. Qué importa.

Silencio. Con cada paso, se escucha más el silencio. A lo lejos, los ojos de un coyote.

Última lluvia del año.
Huelen a sal
las redes tendidas.

Enero de 2026

Caligrafiado por Rafael del Olmo bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.

Los ciruelos florecen.
Que no se toquen
por la mano del viento.

盛りなる
梅にすで引く
風も哉

– En la caligrafía:

さかりなる
うめにすてひく
風も哉
——————————————–

Comentado por Frutos Soriano:

A veces el haijín no puede evitarlo, da un paso adelante y toma partido. Le ocurre como a esos  reporteros de la naturaleza que, contraviniendo las reglas de su oficio, dan de comer a los cachorros de león hambrientos. En este caso el maestro Bashô se extasía ante el florecer de los ciruelos y, seguidamente, cede a la heterodoxia y simpatiza con el objeto de su haiku en un gesto compasivo o enamorado. “Que no se toquen / por la mano del viento”. ¿Esto qué es? ¿Un arrebato? ¿Una oración? Bashô se despoja de su traje de haijín y salta al ruedo a jugarse la vida. Ya le da igual todo (como les ocurre a todos los enamorados): que haya intervención del ego, que surja la metáfora, que se personifique la naturaleza… ¡qué más da! A veces nos desbordamos como un río y no hemos de pedir perdón por ello. A fin de cuentas, ¿qué sería de nuestra vida si no diésemos -siquiera de vez en cuando- ese paso adelante, si no tomásemos partido por aquello que nos enamora, si no protegiésemos del frío el cuerpo amado con nuestro propio cuerpo?

Frutos Soriano

Presentación. LA TINTA RESPIRA. Selección de haikus caligrafiados.

LA TINTA RESPIRA. Selección de haikus caligrafiados.

Shodo Creativo es proyecto dirigido por Elena Hikari (caligrafía) y Luciana Rago (pintura) y que nace en el año 2001 en Madrid. Destinado al desarrollo, el estudio, la creación y la difusión de las Artes del Pincel: Caligrafía y Pintura de Japón y China, con el fin de acercar estas disciplinas a un público cada vez más interesado en la materia.

Shodo Creativo comienza su colaboración con El Rincón del Haiku y se extenderá a lo largo del 2026 con una entrega mensual de un haiku caligrafiado a la manera tradicional japonesa por un grupo avanzado de alumnos de las clases regulares y de su profesora Elena Hikari, quien imparte las clases de caligrafía japonesa en Shodo Creativo desde hace 20 años.

 

ALGUNAS ANOTACIONES SOBRE LA ESCRITURA DEL HAIKU

El vacío habla
La tinta respira
La mano no se exhibe
El instante aparece y desaparece.

Hace años aprendí que, escribir un haiku a pincel no consiste en “pasar” un poema a un papel, sino habiéndolo practicado tantas veces que su interiorización permite que la expresión resulte auténtica y sensible al mismo tiempo.

Cada trazo ocurre una sola vez y deja, alrededor, un espacio que también nos habla.

Al igual que el haiku, su caligrafía debe poseer brevedad y está despojada de erudición. Pero debe causar atención al instante, ser preciso. El gesto no se repite y se ausenta la corrección.

Ese papel en blanco, ese vacío que a veces abruma… es también poema. Quizás si lo vemos como una pausa, como una respiración, nos ayude a dejar de sentir vértigo para verlo y sentirlo con alivio.

La musicalidad de su escritura nos habla con líneas dispares en velocidad y nos muestra diversidad y expresión cuando vemos al negro de la tinta ir disipándose al gris, para luego casi desaparecer… y volver a aparecer con fuerza e intensidad.

No todos los haikus piden el mismo trazo, cambia como las estaciones del año. Debe ser diverso como la propia naturaleza.

El haiku ya ha ocurrido y el papel que lo contiene conserva solo una huella. Lo esencial queda fuera del marco.

Para que la vida de un haiku aparezca con su escritura a pincel y tinta, conviene pensar como poeta además de como calígrafo. El haiku no se “ilustra”: se encarna en el gesto.

El tipo de caligrafía que usamos para escribir el haiku son la combinación de los caracteres kanji y los kana, sílabas japonesas fonéticas.

En el momento de escribir el haiku con tinta y pincel fino, algunas consideraciones se vuelven necesarias. Iré desde lo más general hasta lo sutil, siguiendo la tradición sino-japonesa pero adaptándola a la práctica de cada persona:

  1. COMPOSICIÓN o KOUZU構図 – El haiku es breve, así que la composición debe respirar.
  • Formato: el vertical es el más tradicional, como el tanzaku 短冊 (tira de papel 36x6cm.) o el hanshi半紙 (24x33cm.)
  • Distribución del texto: no centrarlo, la asimetría es un parámetro central en la estética japonesa. El poema suele ocupar entre 1/3 y 2/3 del espacio total a escribir. El resto es silencio.
  • Orden de los versos: Tres líneas verticales (una por verso) es común, pero eso podemos variarlo, si el ritmo lo sostiene.
  1. VACÍOS y LLENOS o YOHAKU 余白 – El vacío no es fondo, es parte del poema.
  • El vacío, el blanco, sugiere una estación del año, una atmósfera o MA 間, pausa. Evitemos “rellenar” por inseguridad.
  • El último verso suele quedar con más espacio debajo, como un eco.
  1. LÍNEA DE ESCRITURA y RITMO – La línea es el aliento del haiku.
  • Vertical descendente: natural, meditativa.
  • Ritmo: no igualar todos los caracteres. Variar velocidad, presión y tamaños.
  • Imperfección consciente: una ligera inclinación da vida, demasiada regularidad mata el gesto. Hablamos de la escritura en Chirashigaki 散らし書き (lit. “escritura dispersa o esparcida”), un método de composición único en la escritura kana que, entre muchas características, se diferencia por inclinar las líneas de escritura hacia un punto de fuga en la parte inferior derecha de nuestro soporte.
  1. TINTA y CARGA DEL PINCEL – La tinta en barra sólida expresa el estado interior.
  • Moler la barra de tinta: debes elegir una barra especial para la escritura kana ya que éstas tienen las partículas de hollín de pino más finas que las barras para la escritura de kanji en mayor tamaño. Esto nos facilita la escritura y consigue una tinta con diversos tonos de negro.
  • Dejar que la carga de nuestro pincel se agote con naturalidad y que den paso los tonos grises hasta casi desaparecer.
  1. PINCEL y GESTO 
  • Kofude 小筆, o pincel pequeño.
  • Gesto decidido, continuo y sin correcciones.
  1. ESTILO CALIGRÁFICO – Menos virtuoso y más honesto.
  • Sousho 草書o Estilo de “hierba”, origen del kana. El estilo cursivo del cual nació el silabario hiragana es el más apropiado.
  1. FIRMA y SELLO– Es habitual caligrafiar el nombre del autor que compuso el haiku, pero no es necesario caligrafiar nuestro nombre ni poner nuestro sello, pero si lo quisieras hacer o usar:
  • Discreción: El sello acompaña y forma parte de la composición caligráfica, sin que compita con la escritura. Un tamaño pequeño, de 1,5 o 1 cm.
  • Colocación: a la izquierda, al acabar la escritura que comienza desde la derecha o en el lado opuesto al peso visual del texto.

Leer, interpretar y experimentar el haiku no como forma, sino como gesto, es un aprendizaje continuado gracias al estudio desde hace ya una década con nuestro maestro Hikita “Sekiin” (Kyoto, Japón). Incluso algunos de nuestros alumnos me han podido acompañar en la práctica del Shodo durante sus valiosas clases en su ciudad natal. Poder aprender desde él, desde su gran conocimiento y generosidad nos ha abierto un mundo infinito.

Artículo de Elena Hikari  

Enero de 2026

«COORDINACIÓN DE LA SECCIÓN Y AUTORÍA Y TRADUCCIÓN DE LAS OBRAS: RAÚL FORTES GUERRERO (UNIVERSITAT DE VALÈNCIA)

Inauguramos, dentro de ‘El Rincón del Haiku’, ‘El diván japonés’, un espacio dedicado exclusivamente a la tanka, ilustre predecesora del haiku. El sugerente nombre de esta sección alude al histórico «café-concert» parisino de finales del XIX, y, por ende, al japonismo, tan de moda en aquella época como lo está, en realidad, hoy día. Por otro lado, un «diván» es una colección de poemas escritos originalmente en una lengua oriental, y de ahí que todas las tankas de esta sección aparezcan en versión bilingüe japonés-español. Su cantidad tampoco es casual, dada la simbología del 8 en la cultura sino-japonesa, para la que este número resulta sumamente auspicioso. Por último, la temática de las obras está íntimamente ligada a la estación del año en la que han sido escritas, en este caso, el invierno, y, más concretamente, el período navideño. Esperamos que disfrutéis de ellas. ¡Larga vida a la poesía nipona! ¡Larga vida a la ‘waka’!»

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冬至の日の

光を浴ぶる

眠りばば

銀の髪

黄金なりけり

 

Tôji no hi no

hikari wo aburu

nemuri-baba

Gin no kami wa

kin ni narikeri

 

Sobre la anciana

durmiente, el sol de invierno.

En el solsticio,

¡sus cabellos de plata

se convierten en oro!

 

 

 

 

眩しかる

花の溢るる

広場かな

ポインセチアも

どこでも有りけり

 

Mabushikaru

hana no afururu

hiroba kana

Poinsechia mo

doko demo arikeri

 

¡Oh, plazas rebosantes

de refulgentes

flores de luz!

¡También la nochebuena

está por todas partes!

 

 

 

 

冬嵐

芝の上に

倒れたる

ツリーの飾りは

雨で照りけり

 

Fuyu arashi

Shiba no ue ni

tafuretaru

tsurî no kazari wa

ame de terikeri

 

Borrasca invernal.

Bajo la lluvia, ¡el brillo

de los adornos

del árbol navideño

caído sobre el césped!

 

 

 

 

猫の背に

沈みたる日や

夢どこへ

大晦日ほど

悲しき日なし

 

Neko no se ni

shizumitaru hi ya

Yume doko he

Oomisoka hodo

kanashiki hi nashi

 

¡Se hunde en el lomo

del gato el sol poniente!

¿Dónde los sueños?

No hay día más triste

que el de Nochevieja…

 

 

 

 

祭壇の

塩に落ちたる

大年の

夕日隠れの

最後の光

 

Saidan no

shio ni ochitaru

ootoshi no

yûhigakure no

saigo no hikari

 

Sobre la sal

del altar, se derrama

la luz postrera

del ocaso del último

día del año.

 

 

 

 

アルバムに

去りたる年の

思ひ出を

張りつつ我は

初春迎ふ

 

Arubamu ni

saritaru toshi no

omohide wo

haritsutsu ware wa

hatsuharu mukafu

 

Mientras adhiero

al álbum los recuerdos

del viejo año,

te doy la bienvenida,

¡oh, nueva primavera!

 

 

 

 

元朝の

に梅花は

香り付く

昔も今も

ああ舞鶴や

 

Ganchô no

moya ni baika wa

kaori tsuku

Mukashi mo ima mo

aa maitzuru ya

 

Flores de pruno

perfuman la mañana

brumosa de Año Nuevo,

y hoy, como ayer,

¡también danzan las grullas!

 

 

 

 

扁桃

枝の新芽に

正月の

静かなる日差し

胡蝶ならばや

 

Hentô ga

e no shinme ni

shôgatsu no

shizukanaru hizashi

Kochô naraba ya

 

En los retoños

de las ramas de almendro,

la luz serena

del sol del nuevo año.

¡Quién fuera mariposa…!

Presentación. Enero 2026

EL ALMA DE LAS FLORES

 El alma de las flores es el título de un poema de Kaneko Misuzu que quiero tomar prestado para florearle un nombre a esta columna.

Hace unas semanas, el equipo de El rincón del haiku me propuso escribir una columna mensual sobre haiku y animismo, o más ampliamente, sobre poesía japonesa y animismo.

Antes que partir dando definiciones sobre qué es el animismo y referir historias, me gustaría más bien comenzar con un gesto que nos conduzca hacia los mundos animistas: la escucha.

Este 2025 las vociferaciones de los poderosos parecieron saturar el mundo entero: como si sólo sus voces, sus intereses, sus vidas y sus futuros importaran.

Por lo mismo, se hace cada vez más necesario escuchar la diversidad de voces que el ruido más furioso silencia. Y sostener, también, el poema y su posibilidad de ser un espacio de escucha. Un ámbito donde escuchar las voces de los innumerables seres vivos con los que cohabitamos y componemos este planeta.

Pensando en las vidas que son consideradas silenciables y descartables, quisiera partir invitándoles a leer la segunda entrada del haibun más famoso de Kobayashi Issa, el Ora ga haru (“Primavera mía” en la traducción de Rubén Silva y Gonzalo Marquina, y “La primavera de mi vida” en la de Sam Hamill)[1].

Aquí, Issa cuenta la historia de un novicio de 11 años, Takamaru, que al comenzar la primavera fue junto con un monje a recoger flores y hierbas, pero en el camino de regreso, mientras cruzaban un puente, resbaló y cayó al río. El río lo arrastró sin que su compañero pudiera hacer nada. Al enterarse, la gente del pueblo lo busca durante horas hasta que lo encuentran entre unas rocas, y descubren un puñado de flores de petacita en uno de sus bolsillos.

“Probablemente el niño las había guardado para dárselas a sus padres cuando volviera a casa. Fue en ese instante que todos rompimos a llorar”

Luego cuenta cómo sus padres, “seguidores del Camino”, que “siempre habían hablado sobre la trascendencia del dolor y las miserias de este mundo”, lloran amargamente y sin contención. “El amor hacia su hijo los había destrozado. Por eso lloraban. Por eso…”

Sin embargo, a continuación, Issa intercala un waka en el que se desplaza de la muerte del niño, el dolor de los padres y los habitantes del pueblo, hacia las hierbas:

¿Quién lo habría imaginado?
Tantas hierbas, aún tiernas,
que apenas comenzaban a brotar,
entregadas al fuego, alzándose en humo
que flota sobre el campo.

Y luego, pasando de las hierbas a las flores, nos hace ver que:

“Al igual que los padres del pequeño Takamaru, acaso también las flores lloran al presentir que pueden ser cortadas o quemadas justo cuando abren su rostro al sol de primavera tras la nieve invernal. ¿No son sus vidas tan frágiles y breves como las nuestras? Y si comparten el destino de todo ser que nace y se extingue, ¿no podrían, también ellas, alcanzar el nirvana al final?”

En Japón, los debates entre las escuelas budistas sobre la posibilidad de la iluminación de las plantas y los árboles son bien conocidos y comenzaron alrededor del s. XII[2], sin embargo, Issa no se está refiriendo a los debates teológicos, sino a la experiencia de la compasión, la apertura al valor de las vidas de las plantas y de todos los seres. Nos habla de su fragilidad, su miedo, sus rostros que anhelan el sol.

También las flores, las plantas, tienen vidas, y esas vidas importan tanto como todas las otras vidas.

Issa, que además de haijin era sacerdote del Jodo Shinshu, sabía bien que los seres no tienen una esencia propia, y que comparten una existencia de sufrimiento. El camino hacia la cesación, en lo profundo del corazón de Issa, era necesariamente colectivo. Una red, pero también, como nos recordaba hace un tiempo Yaxkin Melchy aquí mismo[3], un vecindario, una comunidad.

Para Issa todos los seres buscan el despertar, la iluminación, y el cese del sufrimiento: las mariposas, las moscas, los gatos, la nieve, las hierbas. A veces se detienen para escuchar el Dharma, otras frotan sus patitas rezando, y hay pájaros, como el ugüisu, que pueden recitar el Sutra del Loto[4].

De manera más amplia, y saliéndonos del marco budista, podríamos decir que cada ser vivo busca, desea y expresa un futuro.

Tantos seres y futuros se han perdido en este año y los años recientes que la desazón pesa como una gruesa capa de nieve sobre nuestros corazones.

Mientras la Tierra inclina su órbita en relación al sol, y en el hemisferio sur es solsticio de verano, y en el hemisferio norte es solsticio de invierno, los corazones de los diversos seres de este planeta volverán a intentar abrirse, y yo, siguiendo a Issa, voy a intentar confiar una vez más en el oído de los pueblos, las flores y la nieve. Porque todavía nadie conoce todo lo que puede el alma de las flores.

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[1] Aquí voy a seguir la traducción de Silva y Marquina, la única en español, que actualmente se está publicando en Retama Escuela de haiku.

[2] Al respecto, William Lafleur, Saigyo and the Buddhist Value of Nature, o el más breve Sattva. Enlightenment for Plants & Trees, en Dharma Gaia: A Harvest of Essays in Buddhism and Ecology.

[3] La bella verdad del mundo. Haikus de insectos y otros animales de Issa Kobayashi.

[4] La asociación del canto del ugüisu con el Sutra del Loto precede, por supuesto, a Issa, pero forma parte importante de la siguiente entrada del Ora ga haru.