Aquí tenemos, queridos lectores, una nueva remesa de fotohaikus (en puridad habría que denominarlos ya “shahai”, el acrónimo en el universo nipón de “shashin” -fotografía- y haiku), aunque en puridad también deberían ser foto y haiku más complementarios que autoexplicativos, pero vamos adentrándonos poco a poco en este neogénero tan fascinante como complejo. Poco a poco… Todas las composiciones equilibradas en fondo y forma. Y como viene siendo habitual en nuestro colaborador Franvi, su aportación fotográfica sugiere un haiku, en este caso de Santōka. Por lo demás… ¡adelante, a toda vuelapluma! Gracias a los participantes y a los lectores, sin cuya atenta lectura y mirada nada de lo aquí vertido tendría pleno significado.
Todas las entradas de: el rincón del haiku
Febrero de 2026
CONSTRUIR
Avanza el día
Sandalia de barquero.
¡Ah, la pobreza!
DECONSTRUIR
Acompaño fotografía para que el lector curioso pueda apreciar la sandalia que calza un pie gastado por el trabajo de muchos años a la intemperie. Es el pie de un trabajador. Pertenece al barquero de una faluca de un río –dicen que el más largo del mundo– obligado por la necesidad a transportar a turistas un día tras otro, sea o no festivo, a cualquier hora del día.
Los dos primeros versos se prestan a cierta ambigüedad porque el sujeto del verbo «avanzar» puede ser tanto «día» como «sandalia». En este último caso, «día» sería el objeto del verbo «avanzar». Una ambigüedad deliberada conseguida gracias a la ausencia de signo de puntuación detrás del primer verso.
Mi vista fue impactada por la sandalia y por la situación de pobreza que, me pareció, había detrás de quien la calzaba. O tal vez no había tal situación. Pero, al menos, esa fue la impresión que me sugirió la visión de la sandalia. Una historia de pobreza. Al haijin las cosas le cuentan historias. Y se las cuentan porque el haijin intima con las cosas. Es el premio que estas le dan. Tal intimación es, desde mi punto de vista, la esencia del arte del haiku, poesía de intimación entre el poeta y las cosas, situaciones, momentos capturados por la retina del haijin. Desde este punto de vista, se puede hablar de un doble viaje que hace este: un primer viaje al mundo de las sensaciones –en este haiku a través de la visión de una sandalia–, sin filtros intelectuales; un segundo viaje hacia el corazón de las cosas; un sencillo viaje de intimación con estas.
En este famoso poema de Buson, también con la pobreza como telón de fondo expresada en el tercer verso, el primer viaje se produjo a través del sonido. Pero el segundo viaje fue el mismo: un trayecto hacia el corazón de un objeto: la sierra.
鋸の nokogiri no
音貧しさよ oto mazushisa yo
夜半の冬 yowa no fuyu
Se oye una sierra
A medianoche en invierno.
Es la pobreza.
En el comentario que hace R. Blyth sobre este verso, leemos: «Meisetsu afirma que se trata de la sierra de un carpintero; Hekigodō precisa que es un carpintero pobre obligado a entregar un pedido al día siguiente; Shimizu opina que es el sonido de una sierra que corta carbón y que quien usa la sierra es el mismo Buson, el cual lamenta el ruido sin duda molesto para los vecinos a esa hora de la noche» (A History of Haiku, vol. 1, The Hokuseido Press, Tokio, 1963; pág. 282).
En mi haiku, fue la sandalia en un pie curtido la que me «contó» una historia de pobreza. Una historia no fija en un momento del tiempo, sino inscrita en cualquier hora, es decir, cuando el día avanza. Una historia sin tiempo.
Febrero de 2026
Caligrafiado por Elena Hikari bajo la copia de nuestro maestro Hikita “Sekiin” – Haiku de Matsuo Bashou.
¡el cuclillo!
tira de mi caballo,
al otro lado de la llanura
(Trad. Félix Arce, momiji)
野を横に
馬牽きむけよ
ほととぎす
– En la caligrafía:
野を横に
馬ひきむけよ
ほとときす
——————————————–
Comentado por Félix Arce (momiji):
Tan insistente como la conciencia. La antigua llamada. En todas las voces la voz que nos llama desde más allá de las montañas.
Primavera de 1898, Bashô avanza en su famoso viaje a Tohoku por la estrecha senda hacia la “profundidad del norte”. En esta ocasión a caballo, por la llanura de Nasu, con las montañas del mismo nombre al fondo. Quizá el camino no está muy definido, el haiku así lo insinúa. Campo abierto.
De pronto el canto del “hototogisu”, el cuclillo japonés. El ave migratoria que anuncia la llegada del verano. El melancólico canto protagonista de tantos poemas clásicos. Al amanecer, al atardecer, junto a los árboles que lindan con la llanura.
Escucha viajero. Detén tu camino. Déjalo todo.
Ven.
Y Bashô, el poeta, acepta la llamada. Parece invocar al propio hototogisu para que tome las riendas de su montura y lo lleve junto a él.
Hay un momento, en cada uno de todos los momentos, en que la llamada nos atraviesa tan claramente que solo nos queda soltar las riendas y dejarse llevar.
Quizá los poetas, como los niños en sus veranos ilimitados, mantienen todavía la transparencia del agua en sus ojos. En sus huesos la ligereza del aire, de los pájaros.
La decisión sincera de las primeras veces.
Quizá son ellos los elegidos por la luz. Dejarlo todo abandonado sobre la hierba. Sin peso. Entregarse a la facilidad del mundo.
Como jirón de nube que cede a la invitación del viento…
Somos pasajeros de la eternidad. Es cierto. Pero qué tristeza que en tantas ocasiones nuestra vida transcurra a lomos de la rutina más fatua… Solos, ensimismados, en campo abierto, ajenos a la llamada de lo otro. De todas las cosas que en todo momento están cantando en el mundo. Al amanecer, al atardecer. Al borde mismo de todos los veranos.
¿Escuchas la llamada? La antigua llamada, insistente como la conciencia, el melancólico susurro desde más allá de las montañas. Al otro lado de la ilimitada llanura.
¿La aceptas? ¿Soltarás las riendas?
Febrero de 2026
Unas de las cosas que encuentro fascinantes respecto a los 忌日 kinichi o aniversarios literarios es la conexión entre autores y poesía. Tenemos por un lado los poetas y escritores que en vida crearon obras que hicieron que su memoria perdurara después de su paso por este mundo. Y luego de su partida, otros poetas utilizaron sus vidas, anécdotas, citas, etc. como inspiración para recordarles. Se forma, de esta manera, un círculo virtuoso, en el que los escritores sirven como inspiración a nuevas plumas. Tenemos así que el haijin se convierte en kigo que es luego utilizado para componer haikus. Poético, ¿no?
Y hablando del kigo, en ese respecto febrero corresponde a 初春 shoshun o inicio de primavera. Este período abarca desde el primer día de primavera o risshun (alrededor del 04 de febrero), hasta el día anterior a 啓蟄 keichitsu o despertar de los insectos, alrededor del 06 de marzo. Por lo tanto, es a este ciclo que corresponden los aniversarios que revisaremos en esta ocasión.
初春 Shoshun Inicio de primavera
西行忌 saigyou ki
Vigésimo quinto día del Segundo Mes del calendario lunar.
Saigyou (1118-1190), su nombre de nacimiento era Satou Norikiyo. Venía de una importante familia militar. Fue guardia del Emperador Retirado Toba junto a Taira no Kiyomori, quién había nacido en el mismo año. Por razones desconocidas, a los 23 años abandonó a su familia, esposa e hijos para convertirse en monje, irse a vivir al monte Koya, y, posteriormente, viajar por Mutsu no kuni y Shikoku. Sus trabajos más importantes son las antologías Sankashuu y Mimosu gawa uta awase. También encontramos sus poemas compilados en la octava antología imperial Shin Kokin Wakashuu y el Ogura Hyakunin Isshu. Falleció a los 72 años en el Templo Horikawa, en Kawachi, Osaka.
El siguiente haiku que conmemora su aniversario es de Takahama Kyoshi (1874-1959).
栞して山家集あり西行忌
shiori shite sankashuu ari saigyou ki
marcando la página del Sankashuu, aniversario de Saigyou
…
利休忌 rikyuu ki
Vigésimo octavo día del Segundo Mes del calendario lunar.
Sen no Rikyuu (1522-1591) nació en una familia de comerciantes de Sakai. Sirvió a los señores feudales Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi. Incluso se presentó frente al emperador Ogimachi en una ceremonia del té celebrada en el Palacio Imperial. En sus últimos años, perfeccionó el estilo wabicha, que se convirtió en la base de la ceremonia del té. A pesar de la cercanía con Hideyoshi, debido a las diferencias de opinión y dada su independencia, este le ordenó que cometiese suicidio ritual seppuku, el cual se llevó a efecto en el palacio de Hideyoshi en Kioto el 28 del Segundo Mes de 1591.
Este haiku que recuerda al más famoso de los maestros de té japoneses fue compuesto por Awano Seiho (1899-1992).
一本の茶杓に所思や利休の忌
ippon no chashaku ni shoshi ya rikyuu no ki
en una cucharadita de té mis pensamientos, aniversario de Rikyuu
…
其角忌 kikaku ki
Vigésimo noveno día del Segundo Mes del calendario lunar.
Takarai Kikaku (1661-1707), poeta de haiku de principios del período Edo. A pesar de que su padre era doctor, Kikaku decidió dedicarse al haikai y se convirtió en discípulo de Matsuo Bashou a los 14 años y compiló la antología Minashiguri a los 23 años. Desde entonces, se mantuvo activo como el discípulo principal de Bashou. Fue quien marcó los parámetros de este género poético en el período entre la muerte de su maestro y la aparición de Yosa Buson. Dejó registros sobre los últimos días de Bashou y la situación inmediata tras su fallecimiento.
Aonuma Osamu compuso este haiku para conmemorar su aniversario. Menciona a Katou Ikuya (1929-2012), quien fue un poeta, haijin y crítico de haikai. En 1998 estableció el Premio Katou Ikuya para apoyar a la nueva generación de haijin.
其角忌や加藤郁乎と飲むことも
kikaku ki ya katou ikuya to nomu koto mo
aniversario de Kikaku, también bebo con Katou Ikuya
…
多喜二忌 takiji ki
20 de febrero.
Kobayashi Tajiki (1903-1933), fue un autor de la llamada “literatura proletaria”. Su obra más conocida es Kani Kousen (1929), el que retrata la difícil vida de los trabajadores conserveros, pescadores y marineros a bordo de un barco y el comienzo de su revuelta contra la compañía y sus directivos. Nacido en una familia de agricultores de la prefectura de Akita, estudió en la Universidad Otaru de Comercio, durante este período comenzó a escribir ensayos para revistas. Dada la compleja situación financiera y la recesión del país en aquellos tiempos, se unió al Movimiento Obrero. En 1933, luego de ser arrestado por la Policía Superior Especial Tokkou y sometido a tortura, falleció a la edad de 29 años.
El haiku que seleccioné es de Suzuki Tomoko.
爪深くインク浸みをり多喜二の忌
tsume fukaku inku hitami ori tajiki ki
las uñas profundamente manchadas de tinta, aniversario de Takiji
…
不器男忌 fukio ki
24 de febrero.
Shiba Fukio (1903-1930) nació la prefectura de Ehime. Fue el poeta más destacado de la revista especializada en haiku, Ama no gawa (Vía Láctea), la cual fue fundada en 1918 por Yoshioka Zenjidou, y también llamó la atención en la revista Hototogisu. En 1928 se casó con Fumie, hija mayor de Dazai Magoku, político y vicepresidente de Iyo Railway Electric, y fue adoptado como heredero del clan Dazai. Falleció a los 26 años, con solo cuatro años de experiencia en el mundo del haiku.
El siguiente haiku que celebra su figura es de Ogawa Houmatsu.
みつけても紛るる星や不器男の忌
mitsukete mo magiruru hoshi ya fukio no ki
aunque las encuentres, las estrellas se apagaran, aniversario de Fukio
…
Espero haber ayudado a que agreguen nuevos nombres a su catálogo de autores y poetas. Nos encontramos en el próximo artículo de El mundo del kigo. ¡Que febrero sea un mes lleno de poesía!
Febrero de 2026
巡礼は
昼間も夜間も
流れ行く
川の古かる
歌の如し也
Junrei wa
hiruma mo yoma mo
nagareyuku
Kawa no furukaru
uta no gotoshi ya
Como la vieja
canción del riachuelo,
así también
fluyen día y noche
regueros de peregrinos…
尺八を
吹き吹き吹けど
音がせず
俄の寒気
頭フラフラ
Shakuhachi wo
fuki fuki fukedo
oto ga sezu
Niwaka no samuke
Atama fura fura
Por mucho que soplo,
no suena el shakuhachi…
¡Ay! De repente,
un escalofrío
y sensación de vértigo…
魅惑する
夜の香しき
涼しさ也
オーレとて彼の
南思ひ出
Miwakusuru
yo no kanbashiki
suzushisa ya
Oore tote kano
minami omoide
En el frescor
fragante de la noche
de embrujo, se oye un “¡ole!”,
y el recuerdo del sur
viene a mi mente…
君の身の
宝見付くる
ため君の
肌を滑る
水にならばや
Kimi no mi no
takara mitsukuru
tame kimi no
hadae wo suberu
mizu ni narabaya
¡Ah, si pudiera
ser el agua que resbala
por tu piel
para, así, hallar los tesoros
que esconde tu cuerpo…!
落葉にて
釦の如き
朝の露
震える玉は
空の鏡ぞ
Ochiba ni te
botan no gotoki
asa no tsuyu
Furueru tama wa
sora no kagami zo
¡Sus perlas trémulas,
el espejo del cielo!
Como botones
en la hojarasca,
el rocío de la mañana.
遥かなる
星の千歳の
音は深き
海の青にて
山彦しけり
Harukanaru
hoshi no chitose no
ne wa fukaki
umi no ao ni te
yamahiko shikeri
En el azul
del océano profundo,
resuena el eco
de la voz milenaria
de una estrella distante…
新しき
仏の顔は
あはれなる
時の流れの
重さ未だ無し
Atarashiki
hotoke no kao wa
awarenaru
toki no nagare no
omosa mada nashi
El nuevo buda
no muestra aún en su rostro
el sentimiento
que a las cosas procura
el peso de la historia.
雨上り
大聖堂は
塔出す
でんでん虫の
角の如しや
Ame agari
Daiseidô wa
tô idasu
Dendenmushi no
tsuno no gotoshi ya
Cesó la lluvia.
La catedral despunta
sus altas torres
igual que con sus cuernos
haría el caracol.
Febrero de 2026
Febrero de 2026
Un año por delante, confiemos en que fecundo de fotohaikus. Lo será.
Los de Kotori y Momiji los envía nuestra compañera Xaro Ortolá de su parte. Dos grandes haijines, bien conocidos por nuestra comunidad, que aportan sendos fotohaikus con la sencillez como emblema. En el de Kotori asombra especialmente la permanencia de lo efímero, un don cotidiano de la naturaleza, como plasma también el de Momiji, cuya mirada trasciende el golpe de vista en el golpe de viento que propicia la visión sutil de lo desapercibido.
En el fotohaiku de Franvier, nuevamente sin haiku pero iluminado por otro de Chiyo al que nos apunta, despierta la emoción ese bello contraste entre luces y sombras.
Contraste luces-luna/ sombras-nubes que refleja la foto que ilustra el haiku de Hikari. Se siente el helor invernal de enero.
Todo luz lo que descuella en el fotohaiku de Encarna. Luz poniente, fulgor último de lo que decae hacia lo oscuro acentuando el arrebol.
El fotohaiku de Carmen plantea un cierto desequilibrio entre la foto algo plana y estereotipada y el haiku más rico en matices y detalles. Pero, en todo caso, abunda en el tema estrella del conjunto: la luz que se enseñorea del paisaje, de la haijín y de los lectores. Y de eso se trata.
No en vano estamos combinando fotografías, el arte de la luz, con haikus, el arte connatural al verbo. El fruto: aquí lo tenéis, queridos lectores, para vuestro íntimo disfrute.
Gracias mil a los participantes. Paco Ayala.
Enero de 2026
CONSTRUIR
En Año Nuevo,
Espinacas con pasas.
Y en el alma, paz.
DECONSTRUIR
Realmente fue esa mi cena en la víspera de Año Nuevo, en Nochevieja. ¿Qué más da? Total… unas horas antes o unas horas después. También pudo haber sido una digna comida en Año Nuevo.
Hoy quiero comentar el aspecto dialógico de los haikus. No me refiero al diálogo inherente del haiku con que el haijin puede dirigirse a un lector desconocido, sino al establecido con alguien conocido. En nuestra sociedad la lectura de un poema suele ser una actividad casi siempre monológica, individual, casi íntima, por no decir minoritaria. Seguro que no era así en los comienzos brumosos de la poesía en aquellas ancestrales sociedades ágrafas, donde la actividad poética todavía no había dado el salto a la escritura, y la transmisión era oral –canto, celebración, conjuro, gesta, plegaria, etc.– compartida con la sociedad. En el caso de Japón, en el Japón premoderno (antes de 1868), cuando hacía siglos que se venía usando la escritura, la poesía cumplía una importante función social: comunicar sentimientos, despedir a un amigo, celebrar un encuentro o un paisaje, lamentar una pérdida, agradecer un favor, colaborar en un certamen poético. En la corte imperial del viejo Japón, hasta se usaba para informar de nombramientos y destituciones, para solicitar empleo, para exiliar a un enemigo. En los tiempos de los grandes maestros del haiku –Bashō, Buson, Issa– el haiku, aunque era producto de una sociedad plebeya, conservaba en gran medida esa función. Son célebres los haikus del primero de esos maestros para retribuir la generosidad de sus anfitriones cuando iba de viaje o simplemente para saludar a alguien. Como este dedicado a una discípula:
白菊の shiragiku no
目にたてて見る me ni tatete miru
ちりもなし chiri mo nashi
Los ojos fijos
En blanco crisantemo.
Ni mota de polvo.
Pero también hay haikus en que el haijin interpela directamente a la situación, objeto o circunstancia del poema. Hablando de Año Nuevo, me viene a la memoria este de Natsume Sōseki que encontré en la magnífica selección de Fernando Rodríguez-Izquierdo publicada en «Maestros del Haiku» por Satori Ediciones (la traducción es mía).
我に許せ ware ni yurase
元日なれば ganjitsu nareba
朝寝坊 asanebō
Hoy que es tu fiesta,
Año Nuevo, déjame estar
Un poco más en la cama.
¿Divertido, verdad? Podemos imaginar a Sōseki, al que en su vida doliente no le faltaron desdichas, remolonear felizmente en el futón un día tan festivo como ese.
Mi haiku es más serio y solemne con tantas «a» en los dos versos finales. El tercero me lo inspiró un maravilloso haiku de Issa Kobayashi:
何もないが nani mo nai ga
心安さよ kokoro yasusa yo
涼しさよ suzushisa yo
Sin tener nada,
Pero con el corazón en paz y
Este frescor.
Paz en el corazón deseo a los lectores de El Rincón en el año que acaba de empezar. Y salud para cenar espinacas con pasas o para remolonear un rato en la cama antes de levantarse.
Enero de 2026
Este mes de diciembre ha supuesto un buen impulso para esta sección que, a decir verdad, conlleva cierta dificultad a la hora de componer fotohaikus en los que impere el equilibrio entre la foto y el haiku de creación propia. Para cada una de las colaboraciones hemos aportado sucintas valoraciones que orienten y en todo caso animen a seguir participando, adentrándose en este fascinante universo aún sin explorar lo suficiente y de posibilidades creativas tan ignotas como motivadoras. Que este nuevo año que da comienzo dé comienzo también una nueva era de hermosa convergencia entre el arte fotográfico y la bellísima sutileza del haiku. Así que ¡adelante y gracias mil a los participantes!
Franvier: una delicada fotografía impregnada de haimi (sabor a haiku), asombro y ligereza, tal como apunta el maestro Bashô. Para su composición, confiesa el autor, se inspiró en un haiku de Issa.
Encarna: buena combinación de foto y haiku, especialmente -y ahí radica una de las dificultades más comunes- por lo que aporta y complementa la propia foto al texto.
alberasAn: aunque en el haiku cabría una cierta mejora en los 2 últimos versos, la fotografía expande el dictum esencial del texto para manifestar el contenido de lo contemplado.
C.Galiano: buenas fotohaikus sin texto, pero que, a nuestro modo de ver, cumplen perfectamente con los criterios enunciados en las bases en cuanto a la propia composición estética de las fotos y los fundamentos básicos del haiku: sabi, haimi, yūgen especialmente.
-.-
Felicitaciones, pues, a los seleccionados, y lo dicho: animar a todos los seguidores y lectores de la Revista ERDH a embarcarse en esta asombrosa aventura.
PEÑASCO
Roxana Dávila Peña
mushi
Esta tarde de invierno salgo a descubrir la playa. Me gusta llegar por primera vez aquí. A cualquier lugar. Encontrarme una vez más en tierras nuevas.
Voy descalza. Piso las miles de conchas que el oleaje ha dejado en la orilla.

La marea se retira y deja su escritura sobre la arena. Pliegues sin principio ni fin. El sol bajo entra de lado y marca las crestas con luz y los surcos con sombra. Parecen escultóricos. ¿Será el azar? No lo creo. Son marcas visibles de un ritmo invisible —agua que pasó miles de veces por el mismo sitio.
Algo de la vida de mis padres llega hasta aquí.
El vuelo de los pelícanos suena como una sábana movida por el viento. Las olas se acercan y se alejan. Algunas gaviotas permanecen quietas.
Qué curioso: de un lado, el mar que pasa la página una y otra vez; del otro, el desierto que aprende de memoria sus formas.
Pequeños gusanos de mar han dejado sus excrementos en forma de espiral, son como montañitas hechas de cordones de arena. Sobre esto, también, el brillo del sol.
Va oscureciendo. Siento como mis pies no sienten del todo. El frío aprieta.
Ya nada me mira. Todas las aves se han ido. Me pregunto a dónde. Qué importa.
Silencio. Con cada paso, se escucha más el silencio. A lo lejos, los ojos de un coyote.
Última lluvia del año.
Huelen a sal
las redes tendidas.



















